Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 7 de junio de 2026

Extraterrestres

            Me asaltó la noticia de que la Casa Blanca, cada vez más oscura, había lanzado una web sobre extraterrestres, en la que identifica a estos seres del más allá con personas migrantes. En ella se afirma que los seres de otros mundos están ya entre nosotros. Me quedé pensando y cambié de cadena. Retransmitían la final de la Liga de Campeones de fútbol. Y, claro, empecé a ver extraterrestres.

            Para empezar, el locutor encargado de la retransmisión se expresaba en una lengua extraña y repetía constantemente que estábamos viendo la final de la championlí. En el terreno de juego corrían y saltaban algunos seres singulares, al menos poco comunes, nada habituales en mi barrio. Por ejemplo, un portero rubio vestido de verde de arriba abajo, como un paje del siglo XVI, un árbitro con micro incorporado o un entrenador gesticulante y bailarín. Me fijé en el público. A pesar de que todos parecían tener pasaporte francés o británico y varias generaciones de ancestros puros y cristianos en algún sentido, sus expresiones, sus gritos, sus indumentarias, sus abrazos y cortes de mangas, sus formas de estar en general, todo en ellos, sobre todo ellos, les mostraba como verdaderos alienígenas. Y, en fin, cuando la euforia estalló en París y hubo disturbios y detenciones y caos, supe que sí, definitivamente, la web del gobierno estadounidense tenía razón, aunque errara el objetivo.

            A la mañana siguiente paseé por las calles de mi barrio. Me encontré con gentes diversas, con lenguas diferentes, con indumentarias distintas, pero no había estrépito. En la terraza del bar de la esquina convivían gentes de todo origen, condición o edad, contentas de sentarse al fresco en un día de calor. En el centro de salud no había ancianitas pisoteadas por extranjeros para adelantarlas en la cola de la consulta y en el patio del colegio jugaban juntos niños y niñas de todo tipo sin mayor complicación y sin miedo. Concluí que en mi barrio no hay extraterrestres, sino gente corriente. Y regresé a casa tranquilo. 

 Publicado en La Nueva Crónica, 7 junio 2026

domingo, 31 de mayo de 2026

Sopa

            No tuve la suerte de estudiar periodismo, pero supongo que en algún momento de esa formación académica se atiende a la prosodia, un conocimiento más que necesario para una buena dicción. Cuando decimos prosodia nos referimos a la parte de la gramática que enseña una recta pronunciación, es decir, todo lo relativo a melodía, ritmo, entonación y acento. En la lectura en voz alta, en los informativos por ejemplo, una buena prosodia asegura una buena comprensión y a la inversa.

 

            Esa televisión autonómica que hay por aquí se fija con frecuencia en los asuntos del campo y da cabida, para ello, a las llamadas organizaciones profesionales agrarias (OPA, en singular, pues es una sigla). Su presencia es frecuente en las noticias, sobre todo en los últimos tiempos, por los más diversos motivos: Mercosur, lluvias o sequías, precios, PAC (otra sigla), etc. Y suele ocurrir entonces que locutores y locutoras nos hablan de lasopas, así, de corrido, como si todo el mundo conociese la tal sigla, y nombrándolas en plural para más lío, como si abarcase una cuarta palabra que comenzara en s. Quizá por eso, porque sienten el desliz, enfatizan el enlace inútil y pronuncian lasopas. El resultado es, sí, una sopa. De letras.

 

            Tiempos hubo en que los medios de comunicación, los escritos fundamentalmente, disponían de una persona que se encargaba de las correcciones. Esto ya no se estila, es un gasto superfluo; y esa ausencia ocasiona, entre otros daños, este tipo de comunicación defectuosa. La anécdota que citamos más arriba es sólo una muy pequeña muestra. Pero el mundo está lleno de informaciones groseras, falsas, oscuras, ambivalente, erróneas… no importan ni la forma ni el contenido la mayor parte de las veces. Y no hablemos de las redes.

 

            Ciertamente, la comunicación se parece cada vez más a una sopa, no importa tanto la precisión como el espectáculo, sobra el estilo, obvia la confusión o la aviva, triunfa el titular impactante, prevalece la imagen efectista y, además, se ignora la prosodia.

 

 Publicado en La Nueva Crónica, 31 mayo 2026

domingo, 24 de mayo de 2026

Librerías

            El salvajismo inmobiliario y otras ingenierías financieras no sólo acosan y maltratan a las personas, sino también a numerosos negocios, buena parte de ellos tradicionales y con historia, que se ven condenados al cierre en muchos casos o al traspaso y cambio de actividad. Hemos sabido en fechas recientes de dos librerías que así les ha ocurrido.

 

            En Burgos la librería de toda la vida, Hijos de Santiago Rodríguez, y en Mogarraz la librería dinamizadora de la localidad, Tu librería de siempre, se han visto obligadas a recurrir al llamado crowdfunding para sobrevivir. La primera ha conseguido recaudar lo necesario para asegurar su futuro. La segunda continúa en proceso de llegar al mismo punto. Es la generosidad de sus clientes lectores la que ha permitido regatear al destino. En el primer caso se trataba de solventar una deuda que ha conllevado el concurso de acreedores. En el segundo, nos encontramos ante un vicio inmobiliario. Tanto da lo uno que lo otro, lo cierto es que la muerte de una librería es un poco nuestra propia muerte, la de quienes aún mantenemos la costumbre de comprar libros, degustarlos en papel y leerlos a la antigua usanza.

 

            No obstante lo anterior, es verdad que el sector de las librerías es uno de los que más ha crecido en nuestra Comunidad últimamente, no solo por el número, sino también por la calidad de las mismas, alcanzando una de las mayores densidades de librerías por habitante en España. Así sucede con la ciudad de León, que es la que más librerías tiene por habitante, como recogen distintos estudios, entre otros el firmado por la Fundación Jesús Pereda el pasado año. En diciembre de 2023, había 226 librerías en Castilla y León, lo que representa el 8,10% del total nacional. Esto se traduce en una densidad de 9,48 librerías por cada 100.000 habitantes, situando a esta comunidad autónoma a la cabeza en este aspecto.

 

            Luces y sombras, como se suele decir ahora. Reflexiones que coinciden con la clausura de la Feria del Libro en nuestra ciudad.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 24 mayo 2026

domingo, 17 de mayo de 2026

Burbujas

            Si una palabra de nuestra lengua se ha cargado en los últimos tiempos con un significado más que negativo, posiblemente no sea otra que burbuja. Cuando la escuchamos o leemos, nadie piensa ya en su acepción primera, la que remite a un globo de aire u otro gas; si acaso, la tenemos en cuenta en tal sentido tan solo cuando nos advierten de los males que entrañan para la salud ciertas bebidas gaseosas, lo cual también atemoriza, aunque no mucho porque las seguimos consumiendo. Pero el miedo a las burbujas, debidamente alimentado desde cualquier ángulo que consideremos, viene de sus otras acepciones de día en día más presentes.

 

            La primera mala burbuja nos asaltó a finales de los años 90 a causa del crecimiento bursátil de los valores apellidados puntocom, es decir, las primeras empresas vinculadas a la primitiva Internet. La especulación que se sumó a aquellas inversiones hizo saltar por los aires el globo y estalló. Se inició un nuevo mundo, no sólo en lo tecnológico/digital, sino, y sobre todo, en el lucro asalvajado. Lo supimos bien, y lo padecimos, a finales de la década siguiente con la doble burbuja financiera e inmobiliaria. Fue una explosión general y durísima, cuya resaca permanece aún en muchos campos; lo que no evita tentaciones de repetición, en particular en lo inmobiliario. La vivienda es la gran burbuja de hoy en día.

 

            Luego nos llegó el ébola, la pandemia y ahora el hantavirus y supimos que una burbuja es también un habitáculo hermético y aislado del exterior o que, vinculada a una persona, se trata de alguien sometido a terapia con aislamiento absoluto. Y el drama fue sobresaliente. Es escuchar el término burbuja y desatarse todo tipo de pánicos, por no mencionar todas las barbaridades a que da lugar en opiniones que se vierten con la más absoluta frivolidad o mala baba. Esto de las opiniones es quizá una enfermedad tan letal como las propiamente dichas.

 

            Lo cual que pobres burbujas. Algo aparentemente inocuo, pero que produce un daño de mucho cuidado.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 17 mayo 2026

domingo, 10 de mayo de 2026

Desregulación


            Es costumbre que se pongan de moda, por lo general efímera, ciertos términos pomposos venidos, bien desde el ámbito de la política, bien desde el mundo de los medios de comunicación. En el primer caso, suelen responder a razones de grandilocuencia, de eufemismos, de decir sin decir nada, puro significante vacío. En el segundo, nacen más bien de un afán de notoriedad, de distinción, de modernidad vulgar. Llegan, están un tiempo con nosotros y se van. El último de estos términos, si bien cargado de peligro, es desregulación.

 

            Se trata de la acción consistente en eliminar total o parcialmente las reglas o normas a las que debe ajustarse algo, en especial una actividad económica; y eso es, pues, lo que han pactado las derechas en los gobiernos autonómicos recién constituidos y que ha dado lugar a la creación de novedosas consejerías con ese nombre. Traducido a lenguaje corriente, no es otra cosa que la consagración de la ley del más fuerte o del sálvese quien pueda. Porque, no lo ignoremos, las reglas y normas pactadas democráticamente ordenan, equilibran, organizan, acompasan, sistematizan la existencia en común. Lo contrario, es decir, lo que persiguen esas consejerías y sus impulsores, es desorganizar, hacerlo al menos en el sentido contrario al de los modelos concertados. En suma, una anarquía de extrema derecha solo pendiente de la motosierra.

 

            Estamos, por tanto, no ante un término hueco, como decíamos al principio, sino ante una acción política del tipo bomba de fragmentación social, de cuyos perjuicios ya tenemos noticia por estas tierras si recordamos lo que dio de sí la intervención de los bárbaros en el anterior gobierno autonómico: vaciado del diálogo social, estrangulamiento de los servicios de mediación laboral y maldición de los débiles, entre otros abusos propios del mal obrar. No otra es, en realidad, la auténtica prioridad nacional:  la primacía de los fuertes por encima de toda ley y sobre los que no son o no aspiran a ser de esa ralea. Conviene saberlo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 10 mayo 2026

domingo, 3 de mayo de 2026

Disparates

            Un disparate es un dicho o un hecho contrario a la razón. Si consideramos que vivimos tiempos y maneras poco razonables, no es difícil convenir que soportamos una época contaminada por los despropósitos. Los hay para todos los gustos y con todo tipo de protagonismos. Curiosamente, aunque sean flores de cualquier estación, ha querido el calendario resaltarlos muy en especial durante los finales de abril. Veamos algunas muestras gloriosas.

 

            Si ese individuo malencarado que habita transitoriamente en la Casa Blanca persiste en su estrategia de maltratar a los que llama sus aliados, de poco habrán servidos manifestaciones, marchas, manifiestos y otras multitudes clamando contra la OTAN y las bases. Él solito liquidará todo ese entramado militar. Lo mismo que sucederá con las tonterías de ese otro individuo que fue rey, que regatea en Sanxenxo y que, gracias a su mal obrar, sus chocheces y su deriva narcisista, conseguirá, también él solito, garantizar el advenimiento de la III República.

 

            ¿Y qué decir de la Conferencia Episcopal? Su justo posicionamiento a favor de la regularización de personas migrantes y frente a la prioridad nacional ha puesto a las derechas todas, sus socios políticos, en un brete. De tal modo que hasta el más bruto de ellas les ha acusado de negocios oscuros en esa materia. Habrá que valorar si una injuria de ese tipo es motivo de excomunión, así para él como para el resto de acólitos insumisos.

 

            Y, finalmente, un poco más de folclore. Si lo castellano no es leonés, como se ha insistido en fechas recientes, qué de leonés tiene lo sevillano. O que alguien me explique las celebraciones de la feria de abril en localidades como Santa María del Páramo, Reliegos o Ciñera. Y, sobre todo, por qué en un bar de mi barrio. Ha sido el colmo de mi desolación.

 

            En fin, sabio fue Cicerón al afirmar: o tempora o mores (¡oh tiempos, oh costumbres!). A saber hasta dónde habría extendido su exclamación si hubiera tenido la oportunidad de asistir a todos estos disparates.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 3 mayo 2026

domingo, 26 de abril de 2026

Ormuz

            Todos somos Ormuz. Me refiero a los humildes, cuya existencia es un estrecho que unos y otros bloquean a conveniencia mientras ensanchan sus cuentas y balances sin piedad. Todo somos Ormuz porque, al cabo, así como a través nuestro viajan mercancías y recursos energéticos, sin los humildes y sin nuestras vidas estrechas nada sería posible, las economías se tambalearían, el comercio se detendría y el mundo en general tendería a la parálisis. Por eso, si fuésemos conscientes del poder de ese Ormuz figurado, no menor que el real, quizá el paisaje sería otro y serían nuestras vidas las que habrían de extenderse. Pensar en esto en vísperas de un nuevo 1º de mayo no es mala idea.

 

            Hubo un tiempo en que atravesar estrechos o doblar cabos era un signo de distinción. Tanto es así que se contaba que aquellos marinos que eran capaces de superar los cabos de Hornos, de Buena Esperanza y Leeuwin conquistaban el derecho a colocarse un aro en la oreja, a no quitarse el sombrero ante el rey y a mear contra el viento. Eran audaces. Todas las conquistas requieren audacia, sobre todo aquellas en las que nos jugamos ensanchar nuestras vidas y las de quienes son nuestros iguales, tengan el origen que tengan, provengan del cabo que provengan y superen en patera el estrecho que hayan de superar. La audacia es el polo opuesto del miedo. Por eso precisamente quienes bloquean estrechos lo que hacen es sembrar miedo para combatir nuestro coraje y domesticarnos. Tanto da el imperio del que hablemos.

 

            Miremos, pues, a Ormuz como quien se mira al espejo y se fija un propósito para el futuro y se niega a la resignación.  Ormuz estaba ahí mucho antes de que llegasen los petroleros, antes de que cayesen las bombas, antes de que se diseminaran las minas, antes de que el caos fuera el orden. Y así será después. Volvamos a ser navegantes de nuestro propio destino y no consintamos que los criminales perturben el rumbo de los humildes, que es el rumbo de la humanidad. Honremos de ese modo el Día del Trabajo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 26 abril 2026

domingo, 19 de abril de 2026

Valores

            Desconfío en general cuando se habla de valores como si de un comodín se tratase. Desconfío más aún cuando se le añaden adjetivos también generalistas, por lo habitual a favor de parte. Y desconfío así mismo cuando los valores dan nombre a un premio, a un galardón, a alguna mención honorífica del tipo que sea. Pongamos por caso los Premios Castilla y León que la Junta entrega en estas fechas, una de cuyas categorías es precisamente la de los Valores Humanos y Sociales, así, todo con mayúsculas. También los que acaba de convocar un periódico local con la denominación Premio al Desarrollo Social y los Valores Humanos, igualmente con mayúsculas más que enfáticas.

 

            ¿De qué valores hablamos? ¿Qué es lo social, qué lo humano? Entre mis contradicciones figura la de haber formado parte del jurado de la versión autonómica en dos ocasiones y debo confesar mi resaca agridulce por esa labor. No sé cómo caí ahí, pero sí sé que lo primero que me correspondió, como miembro de esos jurados, fue abrir el horizonte, ensanchar el contorno de lo que tradicionalmente se venía entendiendo por social y humano, que se limitaba, salvo excepciones, a lo caritativo, a personas y entidades entregadas a la beneficencia, a presuntas actuaciones filantrópicas siempre con un evidente acento religioso católico. Basta repasar la nómina de quienes han recibido esos laureles.

 

            No desvelo ningún secreto de las deliberaciones si cuento que el primer año defendí, y fracasé, a las escuelas municipales de música encarnadas en la candidatura de la Agrupación Musical de Guardo. Triunfó, al final, en 2020. A mi modo de ver, poco había más humano y social, entre las propuestas, que el aprendizaje de la música de un modo no profesional por parte de cientos de personas anónimas en numerosas localidades de la Comunidad Autónoma. No fue fácil encajarlo en la denominación del premio, lo confieso. Por eso precisamente desconfío de la utilización del término valores y más si lleva coletillas. Es muy fácil de manipular.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 19 abril 2026

domingo, 12 de abril de 2026

Dicasterio


            Cuentan los estudios de prospección del mercado laboral que en las siguientes décadas existirán numerosos puestos de trabajo que hoy ni conocemos. Otros desaparecerán. Será así. Basta con mirar atrás y preguntarnos dónde han quedado los oficios de arriero, fogonero, peón caminero o sereno, entre otros muchos. Del mismo modo, tareas que hoy nos son comunes resultaban insospechadas para nuestros abuelos y abuelas: presentadora de telediario, analista de seguridad, árbitra, astronauta, etc. También es verdad que muchas otras labores, aunque a veces cambien su denominación, permanecen a pesar del paso del tiempo.

 

            Por ejemplo, encargado del dicasterio para el culto divino y la disciplina de los sacramentos del Vaticano. Ni en los mejores servicios de orientación laboral nos advirtieron ni nos advierten todavía de que uno pude llegar a ser algo en un dicasterio, y mira que, por su perdurabilidad, tiene posibilidades el asunto. Bastantes, seguramente. En realidad, lo de dicasterio no es tanto un título personal como un departamento donde, no obstante, alguien trabaja. Y así se nombran desde Juan Pablo II los organismos especializados de la curia romana. Hasta dieciséis dicasterios tengo localizados, los hay para todos los gustos y para todo tipo de vocaciones profesionales, no se deberían desdeñar a la hora de buscar un futuro laboral con posibles.

 

            Lo que vengo a decir es que, así como existen los dicasterios y no tenemos ni idea de ellos, bueno es saber también que hay otros oficios escondidos que no entran en nuestro horizonte ni por lo más remoto. Pero están. Yo tuve un amigo que se dedicaba a exportar puertas a San Petersburgo. Es decir, guiaba el proceso de fábrica a consumidor, entre La Mancha y Rusia. Así de simple. Y en Japón acaba de ponerse de moda, con gran éxito, el profesional de no hacer nada, se limitan a escuchar, comer y acompañar. Y, para los más adictos a la tecnología, cabe dedicarse a fotografiar en bici o a pie para Google Maps o Street View Trekker.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 12 abril 2026

domingo, 5 de abril de 2026

Catecismo

            En tiempos remotos, siendo aún mocosos, el estudio obligado del catecismo no era tanto fuente de luz como alimento del temor. Había pasajes en aquel manual de instrucciones que alentaban un especial desasosiego y que, con el tiempo, se convirtieron muy posiblemente en el estímulo para la incredulidad. Por ejemplo, lo de que Dios estuviese en todas partes. No había escapatoria, era como el ojo del gran hermano que todo lo ve, lo analiza y lo anota, ¿para qué decir los pecados al confesor si todo constaba ya en el inventario divino? Sí, con los años aprendimos a relativizar eso y lo demás y, afortunadamente, dejamos atrás esas servidumbres religiosas.

 

            Sin embargo, el país entero no fue tan espabilado, no lo es todavía al parecer, y aquellas prédicas no sólo permanecen en algún sentido, sino que tienden a extenderse en su representación más teatral. Quizá por eso, por lo teatral, que siempre, sin saberlo, fue muy del gusto popular. Me refiero a la ocupación de nuestras calles a lo largo de los últimos días con un sinfín de catecismos en formato procesión, otra forma de aleccionar, otro modo de explicar que está por todas partes, que es un dios ocupa. Yo, desde la no fe, no conozco otra forma de explicarlo.

 

            Ahora bien, este nuevo catecismo callejero es, sin duda, lo menos religioso que uno pueda contemplar. Responde más bien a otro tipo de catecismo mucho más impío. Me refiero al espectáculo, al jolgorio, a la frivolidad. Lo saben bien los servidores de limonada, quienes, no obstante, se quejarán a la postre de que la semana no les salió como preveían. Lo saben también hoteleros y otros dueños del negocio para estabular viajeros, quienes, no obstante, se quejarán a la postre de que la semana no les salió como preveían. Y lo saben las propias cofradías, las guardianas del catecismo riguroso, cuyos desfiles más parece en muchos casos un ejercicio de exhibicionismo que una auténtica contrición penitente y que, a la postre, se quejarán del mismo mal que sus otros colegas.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 5 abril 2026