Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

viernes, 3 de julio de 2026

JOSEBA ECEOLAZA: Las voces de la República


EL AUTOR

    
Joseba Eceolaza fue miembro del Parlamento de Navarra entre 2007 y 2011 y recibió el Premio Parlamentario Revelación por la Asociación de Prensa de Navarra. En los últimos años ha sido una de las caras visibles de Batzarre y de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (AFFNA36). En mayo de 2017 se incorporó a la Ejecutiva de CCOO de Navarra y actualmente se encarga de los temas de memoria democrática en la Confederación Sindical de CCOO. Es autor de libros como Camino Oscoz y otras historias del 36, Tras la pista de Federico García Lorca y el poemario Apuntes de servilleta.
 
EL LIBRO
 
      Las voces de la República muestra que lo ocurrido en España en 1936 no fue simplemente una operación militar contra el legítimo Gobierno de la República, sino un acto deliberado de limpieza ideológica. La violencia fue el hecho constitutivo del franquismo y tuvo su reflejo durante los cuarenta años de dictadura. Este libro parte de una idea esencial: no hay posibilidad de empatía sin el conocimiento de los detalles de la represión. Frente al mito del olvido, las voces muestran que muchas familias no callaron por elección, sino por necesidad. Rescatar estas voces de la República tiene, a partes iguales, un sentido de justicia histórica y una vocación pedagógica. Recordar no es reabrir heridas, sino darles nombre para que puedan cerrarse: “Las voces de la República” es una invitación a transformar la memoria en enseñanza.
 
EL TEXTO
 
    "Nos cuesta ver en aquella gente sencilla que hizo esas barbaridades a un asesino, porque creemos que eso es algo extraordinario; sin embargo, en determinadas situaciones y tras un proceso de fanatización, una persona normal puede convertirse en alguien cruel y devastador".
 

domingo, 28 de junio de 2026

Manzanero

            Estaba a punto de concluir el concierto, andábamos ya por los bises, cuando la cantante francesa Zaz se arrancó con un bolero: “La otra tarde vi llover” de Armando Manzanero. Y casi fue el acabose, a no ser porque el remate de todo, como no podía ser de otra forma, lo protagonizó una interpretación desparramada y jovial de su canción más popular: “Je veux”.

 

            Pero nos interesa lo del bolero y la pervivencia de ese cantable del compositor mejicano, la superación de las barreras temporales y estilísticas y la apropiación universal del mismo. Nos interesa más todavía a la luz del vértigo de la creación y difusión musical en estos tiempos de fugacidad y de consumo más que acelerado, cuando diariamente, por poner un ejemplo, se suben a plataformas de streaming como Spotify aproximadamente 120.000 canciones, unas 83 por minuto. Por no mencionar lo que la IA va colonizando.

 

            ¿Cuándo una canción, una película, un libro adquieren la condición de lo clásico? Evidentemente cuando perduran casi sin tacha, pero no como una reliquia ni como arqueología sentimental, sino cuando su audición, su visión o su lectura gozan de la frescura primera o, incluso, cuando se reinterpretan con plena vigencia a la luz de las nuevas actualidades. Si Rosalía recrea, y todos nos conmovemos, la canción de Los Chunguitos que identificamos con una película de Carlos Saura, eso quiere decir que no estamos ante algo efímero, con independencia de la gloriosa versión que quiso regalarnos esa cantante a veces un tanto desperdiciada. No, el “Me quedo contigo” es ya para siempre nutriente esencial de la cultura.

 

            La canción de Manzanero no es otra cosa que el reflejo de un estado de soledad absoluto y total, como él mismo la definió. Por lo tanto, es un estado perenne, creciente tal vez, inmarchitable. A la par, es simple, no necesita mayores consideraciones y se percibe desde la epidermis. Por último, su interpretación, sea la del autor o la de Zaz, es absolutamente emocionante y sensible. Sólo queda rendirse.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 28 junio 2026

domingo, 21 de junio de 2026

Cuevas

            Confieso que no me gustó el concierto de Rodrigo Cuevas de la pasada semana. Al menos lo que vi del concierto porque abandoné el recinto mediada la sesión. Quizá me perdí lo mejor, no sé, hay quien ha derramado elogios para el artista. Y no digo que no los merezca, no digo que no se deban reconocer sus méritos musicales e incluso su mensaje en defensa de la diversidad. Pero, francamente, sus intervenciones entre canción y canción me parecieron demasiado burdas y un tanto cansinas. Aunque lo que en verdad me irritó fue el espacio elegido para un concierto titulado “La belleza”, su incomodidad, sus condiciones nada amables, el desaliño del entorno, una chatarrería. Sabrá el artista y sabrán sus representantes el porqué de esa elección, pero a mí me acabó de matar.

 

            Curiosamente, otra forma estética de matar sobrevino al día siguiente con la toma de posesión del nuevo-viejo gobierno de Castilla y León. No era una cueva, era la caverna, y no platónica precisamente. Ofendía el boato, algunos trajes de boda, la carpa estilo palio gigante, las biblias, los tapices… por no entrar en los discursos. En especial, el muy entusiasta discurso del Presidente y el muy ofensivo del Consejero de Cultura. Vino éste a decir que había que “desideologizar” la cultura, lo que traducido históricamente es la misma frase que erróneamente se atribuye a Goebbels: “cuando oigo la palabra cultura saco la pistola”. Sabemos que no fue él el autor de tan elevado pensamiento, sino un dramaturgo alemán no menos nazi que el Ministro para la ilustración pública y propaganda del Tercer Reich. Así que todo se andará.

 

            Son importantes los escenarios y comunican. La cueva de Cuevas fue más que inapropiada, como hemos dicho, para presumir de belleza y para disfrutar de los elementos menos bailables de la actuación. La caverna del Gobierno fue puro significante de lo que se puede esperar en este próximo ciclo político, un mucho de apariencia, vieja en todo caso, y un poco de gestión prehistórica. No da para más.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 21 junio 2026

domingo, 14 de junio de 2026

Compañías


            Las estadísticas del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 han confirmado con cifras lo que ya era una evidencia: en España hay más de quince millones de animales de compañía. Casi la mitad de ellos son del tipo perro, les siguen los del tipo gato y muy por detrás un sinfín de animalitos del tipo conejos, aves, tortugas, otros reptiles… Todo un zoológico doméstico en gran medida urbano.

 

            Esa es una de las curiosidades del asunto: cuanto más se concentran las personas en las ciudades y mayores son las dificultades para la movilidad en ellas de cualquier ser vivo, más crece el número de mascotas. O animales de compañía, dicho con mayor corrección. Es decir, que los animales en cuestión, que solían andar libres como la burra del guarda por campos, pajares y montes, viven hoy encerrados en pisos como dios manda. Para hacer compañía a sus dilectos dueños y dueñas, que cumplen también con esa misma regla. Todos bien acompañados.

 

            Confesaré aquí que yo siempre quise tener un lince, pero resulta bastante complicado. No sólo porque es una especie protegida, sino porque, además, salieron corretones y no hay quien los sujete en ningún redil. Tanto es así que en el último año más de 200 han sido atropellados, el 78% del total de la mortalidad de esa especie. Se verá que también los linces tienen serios problemas de movilidad. Pero esta cifra no produce alarma, quizá porque no se trata de animales de compañía, quizá porque ellos se lo han buscado a base de correrías y por no hacer uso de los pasos de cebra como los bichos estabulados en las ciudades.

 

            Celebraremos, no obstante, que crece el número de linces en España y llega ya a los 2.633 ejemplares. Incluso se sabe que uno de ellos se ha instalado en la comunidad de Madrid, se llama Uraclio y anda buscando pareja y piso. Sinceramente, lo va a tener complicado, para lo uno y para lo otro, salvo que alguien, disparatado como un servidor, lo asimile a los animales de compañía, le eche un lazo y le proponga amores.


Publicado en La Nueva Crónica, 14 junio 2026

domingo, 7 de junio de 2026

Extraterrestres

            Me asaltó la noticia de que la Casa Blanca, cada vez más oscura, había lanzado una web sobre extraterrestres, en la que identifica a estos seres del más allá con personas migrantes. En ella se afirma que los seres de otros mundos están ya entre nosotros. Me quedé pensando y cambié de cadena. Retransmitían la final de la Liga de Campeones de fútbol. Y, claro, empecé a ver extraterrestres.

            Para empezar, el locutor encargado de la retransmisión se expresaba en una lengua extraña y repetía constantemente que estábamos viendo la final de la championlí. En el terreno de juego corrían y saltaban algunos seres singulares, al menos poco comunes, nada habituales en mi barrio. Por ejemplo, un portero rubio vestido de verde de arriba abajo, como un paje del siglo XVI, un árbitro con micro incorporado o un entrenador gesticulante y bailarín. Me fijé en el público. A pesar de que todos parecían tener pasaporte francés o británico y varias generaciones de ancestros puros y cristianos en algún sentido, sus expresiones, sus gritos, sus indumentarias, sus abrazos y cortes de mangas, sus formas de estar en general, todo en ellos, sobre todo ellos, les mostraba como verdaderos alienígenas. Y, en fin, cuando la euforia estalló en París y hubo disturbios y detenciones y caos, supe que sí, definitivamente, la web del gobierno estadounidense tenía razón, aunque errara el objetivo.

            A la mañana siguiente paseé por las calles de mi barrio. Me encontré con gentes diversas, con lenguas diferentes, con indumentarias distintas, pero no había estrépito. En la terraza del bar de la esquina convivían gentes de todo origen, condición o edad, contentas de sentarse al fresco en un día de calor. En el centro de salud no había ancianitas pisoteadas por extranjeros para adelantarlas en la cola de la consulta y en el patio del colegio jugaban juntos niños y niñas de todo tipo sin mayor complicación y sin miedo. Concluí que en mi barrio no hay extraterrestres, sino gente corriente. Y regresé a casa tranquilo. 

 Publicado en La Nueva Crónica, 7 junio 2026

domingo, 31 de mayo de 2026

Sopa

            No tuve la suerte de estudiar periodismo, pero supongo que en algún momento de esa formación académica se atiende a la prosodia, un conocimiento más que necesario para una buena dicción. Cuando decimos prosodia nos referimos a la parte de la gramática que enseña una recta pronunciación, es decir, todo lo relativo a melodía, ritmo, entonación y acento. En la lectura en voz alta, en los informativos por ejemplo, una buena prosodia asegura una buena comprensión y a la inversa.

 

            Esa televisión autonómica que hay por aquí se fija con frecuencia en los asuntos del campo y da cabida, para ello, a las llamadas organizaciones profesionales agrarias (OPA, en singular, pues es una sigla). Su presencia es frecuente en las noticias, sobre todo en los últimos tiempos, por los más diversos motivos: Mercosur, lluvias o sequías, precios, PAC (otra sigla), etc. Y suele ocurrir entonces que locutores y locutoras nos hablan de lasopas, así, de corrido, como si todo el mundo conociese la tal sigla, y nombrándolas en plural para más lío, como si abarcase una cuarta palabra que comenzara en s. Quizá por eso, porque sienten el desliz, enfatizan el enlace inútil y pronuncian lasopas. El resultado es, sí, una sopa. De letras.

 

            Tiempos hubo en que los medios de comunicación, los escritos fundamentalmente, disponían de una persona que se encargaba de las correcciones. Esto ya no se estila, es un gasto superfluo; y esa ausencia ocasiona, entre otros daños, este tipo de comunicación defectuosa. La anécdota que citamos más arriba es sólo una muy pequeña muestra. Pero el mundo está lleno de informaciones groseras, falsas, oscuras, ambivalente, erróneas… no importan ni la forma ni el contenido la mayor parte de las veces. Y no hablemos de las redes.

 

            Ciertamente, la comunicación se parece cada vez más a una sopa, no importa tanto la precisión como el espectáculo, sobra el estilo, obvia la confusión o la aviva, triunfa el titular impactante, prevalece la imagen efectista y, además, se ignora la prosodia.

 

 Publicado en La Nueva Crónica, 31 mayo 2026

domingo, 24 de mayo de 2026

Librerías

            El salvajismo inmobiliario y otras ingenierías financieras no sólo acosan y maltratan a las personas, sino también a numerosos negocios, buena parte de ellos tradicionales y con historia, que se ven condenados al cierre en muchos casos o al traspaso y cambio de actividad. Hemos sabido en fechas recientes de dos librerías que así les ha ocurrido.

 

            En Burgos la librería de toda la vida, Hijos de Santiago Rodríguez, y en Mogarraz la librería dinamizadora de la localidad, Tu librería de siempre, se han visto obligadas a recurrir al llamado crowdfunding para sobrevivir. La primera ha conseguido recaudar lo necesario para asegurar su futuro. La segunda continúa en proceso de llegar al mismo punto. Es la generosidad de sus clientes lectores la que ha permitido regatear al destino. En el primer caso se trataba de solventar una deuda que ha conllevado el concurso de acreedores. En el segundo, nos encontramos ante un vicio inmobiliario. Tanto da lo uno que lo otro, lo cierto es que la muerte de una librería es un poco nuestra propia muerte, la de quienes aún mantenemos la costumbre de comprar libros, degustarlos en papel y leerlos a la antigua usanza.

 

            No obstante lo anterior, es verdad que el sector de las librerías es uno de los que más ha crecido en nuestra Comunidad últimamente, no solo por el número, sino también por la calidad de las mismas, alcanzando una de las mayores densidades de librerías por habitante en España. Así sucede con la ciudad de León, que es la que más librerías tiene por habitante, como recogen distintos estudios, entre otros el firmado por la Fundación Jesús Pereda el pasado año. En diciembre de 2023, había 226 librerías en Castilla y León, lo que representa el 8,10% del total nacional. Esto se traduce en una densidad de 9,48 librerías por cada 100.000 habitantes, situando a esta comunidad autónoma a la cabeza en este aspecto.

 

            Luces y sombras, como se suele decir ahora. Reflexiones que coinciden con la clausura de la Feria del Libro en nuestra ciudad.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 24 mayo 2026

domingo, 17 de mayo de 2026

Burbujas

            Si una palabra de nuestra lengua se ha cargado en los últimos tiempos con un significado más que negativo, posiblemente no sea otra que burbuja. Cuando la escuchamos o leemos, nadie piensa ya en su acepción primera, la que remite a un globo de aire u otro gas; si acaso, la tenemos en cuenta en tal sentido tan solo cuando nos advierten de los males que entrañan para la salud ciertas bebidas gaseosas, lo cual también atemoriza, aunque no mucho porque las seguimos consumiendo. Pero el miedo a las burbujas, debidamente alimentado desde cualquier ángulo que consideremos, viene de sus otras acepciones de día en día más presentes.

 

            La primera mala burbuja nos asaltó a finales de los años 90 a causa del crecimiento bursátil de los valores apellidados puntocom, es decir, las primeras empresas vinculadas a la primitiva Internet. La especulación que se sumó a aquellas inversiones hizo saltar por los aires el globo y estalló. Se inició un nuevo mundo, no sólo en lo tecnológico/digital, sino, y sobre todo, en el lucro asalvajado. Lo supimos bien, y lo padecimos, a finales de la década siguiente con la doble burbuja financiera e inmobiliaria. Fue una explosión general y durísima, cuya resaca permanece aún en muchos campos; lo que no evita tentaciones de repetición, en particular en lo inmobiliario. La vivienda es la gran burbuja de hoy en día.

 

            Luego nos llegó el ébola, la pandemia y ahora el hantavirus y supimos que una burbuja es también un habitáculo hermético y aislado del exterior o que, vinculada a una persona, se trata de alguien sometido a terapia con aislamiento absoluto. Y el drama fue sobresaliente. Es escuchar el término burbuja y desatarse todo tipo de pánicos, por no mencionar todas las barbaridades a que da lugar en opiniones que se vierten con la más absoluta frivolidad o mala baba. Esto de las opiniones es quizá una enfermedad tan letal como las propiamente dichas.

 

            Lo cual que pobres burbujas. Algo aparentemente inocuo, pero que produce un daño de mucho cuidado.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 17 mayo 2026

domingo, 10 de mayo de 2026

Desregulación


            Es costumbre que se pongan de moda, por lo general efímera, ciertos términos pomposos venidos, bien desde el ámbito de la política, bien desde el mundo de los medios de comunicación. En el primer caso, suelen responder a razones de grandilocuencia, de eufemismos, de decir sin decir nada, puro significante vacío. En el segundo, nacen más bien de un afán de notoriedad, de distinción, de modernidad vulgar. Llegan, están un tiempo con nosotros y se van. El último de estos términos, si bien cargado de peligro, es desregulación.

 

            Se trata de la acción consistente en eliminar total o parcialmente las reglas o normas a las que debe ajustarse algo, en especial una actividad económica; y eso es, pues, lo que han pactado las derechas en los gobiernos autonómicos recién constituidos y que ha dado lugar a la creación de novedosas consejerías con ese nombre. Traducido a lenguaje corriente, no es otra cosa que la consagración de la ley del más fuerte o del sálvese quien pueda. Porque, no lo ignoremos, las reglas y normas pactadas democráticamente ordenan, equilibran, organizan, acompasan, sistematizan la existencia en común. Lo contrario, es decir, lo que persiguen esas consejerías y sus impulsores, es desorganizar, hacerlo al menos en el sentido contrario al de los modelos concertados. En suma, una anarquía de extrema derecha solo pendiente de la motosierra.

 

            Estamos, por tanto, no ante un término hueco, como decíamos al principio, sino ante una acción política del tipo bomba de fragmentación social, de cuyos perjuicios ya tenemos noticia por estas tierras si recordamos lo que dio de sí la intervención de los bárbaros en el anterior gobierno autonómico: vaciado del diálogo social, estrangulamiento de los servicios de mediación laboral y maldición de los débiles, entre otros abusos propios del mal obrar. No otra es, en realidad, la auténtica prioridad nacional:  la primacía de los fuertes por encima de toda ley y sobre los que no son o no aspiran a ser de esa ralea. Conviene saberlo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 10 mayo 2026

domingo, 3 de mayo de 2026

Disparates

            Un disparate es un dicho o un hecho contrario a la razón. Si consideramos que vivimos tiempos y maneras poco razonables, no es difícil convenir que soportamos una época contaminada por los despropósitos. Los hay para todos los gustos y con todo tipo de protagonismos. Curiosamente, aunque sean flores de cualquier estación, ha querido el calendario resaltarlos muy en especial durante los finales de abril. Veamos algunas muestras gloriosas.

 

            Si ese individuo malencarado que habita transitoriamente en la Casa Blanca persiste en su estrategia de maltratar a los que llama sus aliados, de poco habrán servidos manifestaciones, marchas, manifiestos y otras multitudes clamando contra la OTAN y las bases. Él solito liquidará todo ese entramado militar. Lo mismo que sucederá con las tonterías de ese otro individuo que fue rey, que regatea en Sanxenxo y que, gracias a su mal obrar, sus chocheces y su deriva narcisista, conseguirá, también él solito, garantizar el advenimiento de la III República.

 

            ¿Y qué decir de la Conferencia Episcopal? Su justo posicionamiento a favor de la regularización de personas migrantes y frente a la prioridad nacional ha puesto a las derechas todas, sus socios políticos, en un brete. De tal modo que hasta el más bruto de ellas les ha acusado de negocios oscuros en esa materia. Habrá que valorar si una injuria de ese tipo es motivo de excomunión, así para él como para el resto de acólitos insumisos.

 

            Y, finalmente, un poco más de folclore. Si lo castellano no es leonés, como se ha insistido en fechas recientes, qué de leonés tiene lo sevillano. O que alguien me explique las celebraciones de la feria de abril en localidades como Santa María del Páramo, Reliegos o Ciñera. Y, sobre todo, por qué en un bar de mi barrio. Ha sido el colmo de mi desolación.

 

            En fin, sabio fue Cicerón al afirmar: o tempora o mores (¡oh tiempos, oh costumbres!). A saber hasta dónde habría extendido su exclamación si hubiera tenido la oportunidad de asistir a todos estos disparates.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 3 mayo 2026