Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

martes, 26 de enero de 2016

En la irrealidad

     Frivolizar con el éxito o anticiparlo de forma temeraria suele producir unos efectos colaterales más que negativos. Sobre todo cuando los destinatarios de esa frivolidad, de esa temeridad, son personas que han sufrido por encima de sus posibilidades durante los últimos años y sólo desean que su destino cambie cuanto antes. Por ese motivo, el espejismo electoral levantado a lo largo del pasado año y la exhortación al consumo como panacea para todos nuestros males han creado una vana sensación de final de la agonía que ahora tiende a desvanecerse.

     Es el Banco de España el que se ha encargado de contarnos que las familias españolas acumulaban 72.940 millones de euros en metálico a finales del pasado septiembre, la menor cantidad de efectivo desde junio de 2005. Esto es así, según el organismo regulador, como consecuencia de combinar la presumida recuperación económica, apoyada casi en exclusiva en el auge del consumo, con la languidez en la mejora de la renta de los hogares. Es decir, que las familias cada vez gastan más, pese a que su renta crece muy levemente, y el resultado no es otro que la reducción del ahorro y una menor disposición de dinero en metálico.

     Sucede así cuando en un sistema se fuerza alguna de las piezas que no acaba de encajar en su sitio: de inmediato repercute sobre todas las demás y el conjunto se tambalea. Queríamos a toda costa un año 2015 con resultados pregonables así en las campañas como en las sedes internacionales que nos dirigen y fue fácil conseguir que todos, con una ingenuidad más que justificada, entrásemos al trapo. Pero la resaca la viviremos, como poco, durante el año que ahora empieza con un retorno inevitable a la casilla de salida.

     Ahora, cuentan, nos mantienen a flote los precios bajos del petróleo, mas lo que no puede soportarse es que este país dependa siempre de variables ajenas que no controla o de ficciones propias que gusta crear. O del sol, que al menos, cambio climático mediante, nos continúa naciendo todas las mañanas.

Publicado en La Nueva Crónica, 26 enero 2016

martes, 19 de enero de 2016

Tarde de sábado en la Gran Vía

     Durante el siglo XX el comercio internacional persiguió en vano su máxima liberalización, pero sólo conquistó una sopa de letras y una serie de sucesivas rondas de negociación. Fueron los tiempos de interminables conversaciones en La Habana, Marrakech, Annecy, Torquay, Tokio, Punta del Este, Montreal, Bruselas y Doha.  Fueron así mismo los tiempos del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y, finalmente, de la OMC (Organización Mundial del Comercio). Eso si, con todo ese ir y venir se sentaron las bases de lo que ya en el siglo XXI es el paso decisivo hacia la ansiada liberalización en forma de siglas todavía más incomprensibles, las de los Tratados de Libre Comercio, ahora de tipo regional o bilateral: ALCA, TLCAN/NAFTA, APTA o el que se cierne sobre nuestras cabezas TTIP.

     Naturalmente, nadie piensa en todo esto, ni falta que hace, mientras deambula una tarde de sábado por la Gran Vía madrileña. No, el paseante ignora ese contexto prediseñado por los opacos poderes multinacionales y, aturdido por el guirigay, se limita sencillamente a observar y asombrarse por esa ceremonia de lo irreal y por ese frenesí de consumo. No obstante, en medio de la confusión recuerda algo que leyó no sabe bien cuándo ni donde, algo sobe el neuromarketing que guía los movimientos de esa masa amorfa de compradores/espectadores y una frase de un periódico que firmaba un tal Luis Grau: “nuestro mundo funciona a base de crear necesidades ilusorias, agotarlas pronto y concebir velozmente otras nuevas para sucederlas”. Uno de los ejes de esa estrategia coincide en el mapa precisamente con este enclave madrileño, aunque toda la ciudad, como otras de referencia mundial, es una auténtica capital del shopping, el puerto de entrada de los flagship store de las marcas de moda.

     Nadie, ni siquiera el paseante escéptico, se pregunta “¿cuánto es suficiente?”, tal y como le gustaría a María Novo, la catedrática de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible. No, lo que dirige el peregrinar de las gentes son los consejos de los nuevos predicadores: “debes quererte más, darte más gustos, cuidarte más”, como advierte Adela Cortina, otra catedrática de Ética y Filosofía Política. Porque el consumidor de la edad poscontemporánea sabe bien que nada es para siempre, ni un abrigo, ni un trabajo, ni una vivienda, ni una pareja, ni una religión. Por el contrario, todo es tan efímero que quienes entran y salen del reino de la cadena irlandesa en boga, 15.000 metros cuadrados en el número 32 de la Gran Vía, sólo se pondrán aquello que han comprado una media de 0’9 veces. Es decir: no importa tanto lo adquirido como el hecho de formar parte de esa nueva liturgia social masiva del consumo low cost.

     Costumbre y obligación en cualquier caso, se trate del black friday, de los ocho días de oro o de las periclitadas rebajas de enero, a todo se nos acostumbra y se nos obliga, dos términos casi sinónimos en esto del comercio. Así es como iremos, poco a poco, haciéndonos al inédito formato de los establecimientos comerciales, no importa la materia de que se ocupen, que se reducirán en breve a dos únicos tipos: el lujo (junto al gran lujo) frente al saldo, la franquicia, el rastro, el outlet y la segunda mano. Ni huella de otros establecimientos intermedios con los que estábamos familiarizados, donde se conjugaban calidad, buen trato y precios aceptables. No existirán más. También del ámbito del comercio se enseñoreará la desigualdad como norma general que habrá de presidir nuestro ser y nuestro estar en los tiempos venideros, TTIP mediante. O casi ya en los presentes, como se puede observar una tarde de sábado en la Gran Vía.
Publicado en Tam Tam Press, 18 enero 2016

martes, 12 de enero de 2016

Caridad y consumo

     Ido al fin el espíritu navideño, bueno será acompañar su marcha con algunas observaciones acerca de tan engañoso tiempo. Y, examinados a tal fin los titulares que han sido cabedera de los medios locales a lo largo de tan señaladas fechas, hete aquí que dos constantes se han repetido como expresión sobresaliente de cuanto hemos vivido o padecido: caridad y consumo.

     Abundante, muy abundante ha sido la cosecha de la virtud o del sentimiento solidario, según se mire: gala de la Asociación de Caridad que, además, ofrece más de 300 comidas al día; carrera solidaria con galochas en Carracedelo; fiesta solidaria para recoger pijamas; torneo de dardos con el fin de recaudar comida para los necesitados; recogida de libros y juguetes bajo el lema “un juguete, una sonrisa”; partido benéfico para recaudar juguetes; la carrera del Pavo recauda 1.000 kilos de comida…

     No tan notable, exceptuada la propaganda omnipotente, fue el conjunto de entradas referidas al consumo, limitado, como limitadas son las capacidades de la provincia toda, a una triple vertiente: incremento de un 30% en la caja de la hotelería leonesa; el comercio confía en unas buenas rebajas tras el éxito de la Navidad; la ocupación de turismo rural para fin de año llega a un 63%...

     Y eso fue todo. Lo demás: unas luminarias con poco estilo, unos dulces, la lotería esquiva una vez más, los valses y las polkas de los Strauss y sueños, muchos sueños de felicidad que se resumen como casi siempre en las dos actividades de referencia: caridad y consumo, más de lo primero que de lo segundo porque no está el tiempo bueno todavía. Ni pinta tiene de que vaya a estarlo, pues en pleno estallido del jolgorio y otros fastos sin límite apenas si conseguimos reducir las listas del paro en 127 personas, mientras que sufrimos la disminución de un 0’13% en el número de afiliaciones a la Seguridad Social. No obstante lo cual, empresarios y administraciones locales se felicitaron por la marcha positiva de la economía: demasiada Navidad.

Publicado en La Nueva Crónica, 12 enero 2016

martes, 5 de enero de 2016

Sólo para fumadores

Diez y cinco años se cumplen por estas fechas desde que los gobiernos (aquéllos, pero cualquier gobierno al fin y al cabo) legislaron para reducir el espacio en el que los adictos al tabaco podían expresar sus devociones en público. No se estrechó el mapa del humo, pues humos sigue habiendo de las más diversas procedencias en nuestro envoltorio cotidiano, incluso malos humos. No, lo que se determinó entonces fue el ostracismo de los fumadores, resaltado especialmente con unas pancartas equívocas que colgaron en las fachadas de las subdelegaciones de gobierno, donde se identificaba a los fumadores como la causa de nuestros muchos males. Nunca antes se había visto cosa igual; es más, nunca hubo otra pancarta, ya podía haber habido guerra en cualquier lugar del mundo o epidemias de hambre, que nadie reparó en problemas tan menores en comparación con el que entonces nos ocupaba. Fue, en fin una pancarta de triunfo y de humillación. Como las propias leyes.

Y ocurrió que por aquel entonces, diez años atrás esta vez, Moderato Cantábile disponía de un hueco sonoro en la parrilla de la Radio Universitaria y decidió, puesto que ni entonces ni ahora ha ocultado sus vicios ni sus pecados, abrir la emisión con un cantable de Tonino Carotone, el titulado Sé que bebo, sé que fumo [https://www.youtube.com/watch?v=8kS2sGyH_qA], y echar mano para el guión de un libro recomendable del siempre recomendable Moncho Alpuente, el titulado Sólo para fumadores. Lo abría el hoy desaparecido Moncho con una dedicatoria inigualable que no ha perdido ningún sentido: “A mi abuelo, que me enseñó que los ideales se liaban”.

Pues bien, como homenaje a su autor, fallecido como decimos en marzo del año pasado; como acta del décimo y quinto aniversarios de las dichosas leyes; y como advertencia para aquellos que, al principio de todos los años se hacen el firme propósito de dejar de fumar, ofrecemos hoy este inventario de canciones fumables y ahumables.

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo comenzó el consumo del tabaco en Europa, y aunque tal costumbre, según cuenta Alpuente en su libro, se atribuye a las recomendaciones que el embajador Nicot hiciera en 1560 a la reina de Francia sobre el uso del tabaco como medicamento, parece indudable y hasta lógico que los primero fumadores fueran los marineros que acompañaron a Colón en sus viajes a América. Hay testimonios de que el personal se embarcó “echando pestes” y volvió “echado humo” por boca y narices, y mucho antes de que Nicot naciera. Los fumadores, naturalmente, tenemos una deuda más con aquel continente, que saldaremos aquí al menos con dos referencias: la dura de Paquita la del Barrio con Ni un cigarro [https://play.spotify.com/album/1RtpahAj03HtfXhsxyhYSj?play=true&utm_source=open.spotify.com&utm_medium=open] y la popular de Víctor Jara con El cigarrito [https://www.youtube.com/watch?v=hesTpJ4oGvk]. Aunque si alguien quisiera entrar mucho más a fondo en latitud y materia, no debería dejar de lado la obra Cimarrón y tabaco del gaucho José Larralde [https://www.youtube.com/watch?v=oOblc1cqiwg].

El caso es que el tabaco se extendió por el planeta y habitó entre nosotros durante siglos. Hasta que, como advertía Moncho Alpuente, “la diosa Salud vino a sustituir a la diosa Razón y los sacerdotes de bata blanca y escalpelo presto, que siguen practicando día a día asépticos sacrificios humanos en sus quirófanos inmaculados, se convirtieron en los abanderados del nuevo culto. Fumadores y no fumadores habían convivido hasta ahora en paz y armonía, pero la cruzada antitabaco, reafirmada por las estadísticas consideradas como nuevos textos sagrados, les ha convertido en antagonistas”. Y es así como por el camino nos quedan canciones que, como los cigarrillos, se han ido consumiendo con absoluta delectación, aunque hoy quizá sean ya pura y simple arqueología. ¿Se atreverán sus intérpretes a mantenerlas en el repertorio? ¿Serán multados por la autoridad gubernativa si así lo hicieran al tratarse de un caso evidente de apología del cigarro? ¿Podrán ser interpretadas en último término en ausencia de menores y advirtiendo de que el tabaco mata?

Nos referimos, por ejemplo, a la muy popular en tierras leonesas A la luz del cigarro, que entre otros grupos tantas veces ha encendido en público el grupo Plaza Mayor [http://www.masmp3s.com/escuchar-mp3/aa_81bb6b3/Plaza-Mayor-A-La-Luz-Del-Cigarro/]. La tan divertida como irreverente Que corra la nicotina de los galaicos Siniestro Total [https://www.youtube.com/watch?v=5bdsCjUe1kM]. La sinfónica Have a cigar de los muy sinfónicos Pink Floyd [https://www.youtube.com/watch?v=KUDpc04r_QM]. La más que brillante Tabacco Road del trío franco-americano Fredericks Goldmand Jones [https://www.youtube.com/watch?v=B99V7b8tjnM]. O la reciente entrega de Russian Red Cigarettes [https://www.youtube.com/watch?v=7heIA4te5JY]. Como puede observarse, no hay género que se haya escapado del creativo poder venenoso de la nicotina.

A pesar de lo cual y volviendo sobre nuestro texto de cabecera, “el habitante de la urbe, que acumula en sus pulmones los gases más tóxicos y los hollines más espesos, se irrita cuando observa el humear de una colilla en un cenicero próximo y convierte en chivo expiatorio a su vecino. Pero nosotros, los fumadores, no somos apóstoles; creemos que el tabaco propicia la comunicación y el diálogo, favorece la reflexión y relaja los nervios en tensión; y es cierto que muchas veces pensamos que a alguno de esos no-fumadores histéricos que arremeten contra nuestras humildes brasas no le vendría mal un cigarrillo para calmarse, pero no se lo ofrecemos por si lo considera como una provocación más”.

Y con esto llegamos al final. Diez y cinco años después de la promulgación de aquellas leyes cada cual habrá sacado ya sus conclusiones, así que sobran más homilías. Si acaso, por darnos un poco más de gusto humeante, cerremos la colección con un último cantable de esos que llaman históricos, aunque su letra no tenga mucho que ver con el tema tratado, el Smoke on the water de Deep Purple: “humo sobre el agua / fuego en el cielo” [https://www.youtube.com/watch?v=3CNtg5P44TE].

Publicado en Saba 19, enero 2016