Blog de Ignacio Fernández

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martes, 21 de marzo de 2017

El disidente

     Poco menos que nada son doce años en magnitud tanguista, pero suficientes sin embargo para evaluar una porción notable de vida. De ahí que doce años en una atalaya sindical permitan observar de un modo privilegiado el ser provincial y su evolución, algo de lo cual hemos escrito en estas columnas que tienden a su fin, o a su mutación, al concluir también nuestra tarea en la primera organización sindical de la provincia.

     Y lo que sabemos hoy, habiendo transitado primero por años de bonanza y luego por los duros tiempos de las crisis, es que los males de la provincia se han agravado. Son males que vienen de lejos y que, en consecuencia, los vientos adversos no han hecho más que acentuar, sin que ninguna política haya sabido corregirlos. En muchos casos, esas mismas políticas han servido para todo lo contrario. Me estoy refiriendo fundamentalmente a tres enfermedades casi terminales: despoblación, dispersión y baja tasa de empleo. Nada hay en el horizonte que permita un mínimo optimismo acerca de su evolución futura.

     Sobre lo primero baste recordar lo que prevé el Instituto Nacional de Estadística para el año  2031, según cuyo análisis la provincia se situará en 417.802 habitantes, todavía un 12’1% menos que en la actualidad. Sobre lo segundo, ninguna ordenación del territorio anima en verdad la fusión de municipios que permita la supervivencia de los servicios que deben prestarse para que las condiciones de vida sean más dignas. Y sobre lo tercero, hace tiempo que nos hemos situado en la cola de la tasa de actividad nacional, penúltimos desde hace trimestres, de donde sólo se podrá salir con una actividad industrial que de momento no se espera.

     Una anécdota no menor ilustra el porvenir. Las respuestas a un cuestionario planteado en la Universidad de León descubren que nueve de cada diez estudiantes piensan que su futuro laboral está más allá de los límites provinciales. Por favor: hay que hacer lo posible por proteger como sea al disidente, es nuestra última esperanza.

Publicado en La Nueva Crónica, 21 marzo 2017

martes, 7 de marzo de 2017

Brechas

     Siendo verdad que existe una brecha salarial entre hombres y mujeres, sería miope pensar que ésa y sólo ésa es la brecha laboral por antonomasia. Cierto es que la ganancia media anual de las mujeres, según datos de 2014, fue de 19.744 €, mientras que la de los hombres llegó a 25.727 €. Cierto también que la pensión media de los hombres es de 1.219 euros, frente a los 767 euros de pensión media de las mujeres. Pero las brechas no se explican únicamente en términos de ingresos, que pudieran corregirse llegado el caso, sino que tal desigualdad salarial responde a factores fuertemente arraigados en nuestro modelo de mercado de trabajo y en la sociedad.

     Así, la primera gran desigualdad en relación a los hombres, que va a marcar el desarrollo profesional de las mujeres, es que la opción laboral se ha hecho de forma incompleta, ya que no alcanza a todas las mujeres, y, en paralelo, no se han alterado sustancialmente los roles de género que continúan asignando el trabajo reproductivo a ellas casi exclusivamente. Por otro lado, la sociedad no ha asumido que la conciliación de la vida laboral y familiar, y la falta de corresponsabilidad en las tareas de atención y cuidado, no son sólo problemas de las mujeres sino del conjunto de esa sociedad.

     Además, las mujeres se incorporan a un mercado de trabajo concebido, organizado y gestionado en su mayor parte por criterios masculinos, donde el trabajo reproductivo no es tenido en cuenta. Así su inclusión plena sigue estando muy condicionada por las evidentes dificultades de conciliación entre las funciones productivas y reproductivas y, sobre todo, por los estereotipos sociales sobre las limitaciones de las mujeres en cuanto a disponibilidad horaria, dedicación, asignación sexista de roles, etc.

 En fin, no son éstos unos asuntos secundarios, sino la raíz de la existencia de las brechas, que no desaparecerán en la medida en que la sociedad permanezca ciega a esas circunstancias. Mejor dicho: no circunstancias, sino auténticas sustancias.

Publicado en La Nueva Crónica, 7 marzo 2017

martes, 21 de febrero de 2017

Plazas

     Desde su origen, las plazas han sido lugares públicos para el encuentro, la convivencia y la participación. En ellas se han reunido ciudadanos y ciudadanas a lo largo de la historia de las ciudades para discutir, para compartir y para celebrar. También para mercadear y para ajusticiar, es cierto. Del ágora al foro, de las plazas mayores a las plazas ajardinadas, poco queda ya de cuanto fue su naturaleza y su sentido.

     Por el contrario, la tendencia urbanística actual es la de expulsar a las personas de esos espacios, convirtiéndolos en lugares desabridos, antipáticos y sin alma, tal y como bien ha explicado el sabio Juan Carlos Ponga por lo que hace a las plazas de la ciudad de León. Pero no sólo. Poco a poco, esas plazas se han transformado en simples páramos de paso, útiles solamente para desfiles, procesiones y fastos deportivos. También, cierto, para colofón de manifestaciones de todo tipo. Pero, por lo general, se han deshabitado tanto que ya ni se construyen nuevas plazas, sólo glorietas y rotondas al servicio del automóvil. Y las pocas que nos van quedando se retocan y adaptan al gusto único y exclusivo de los grandes lobbys urbanos, es decir, hosteleros, comerciantes, arquitectos y constructores.

     Es lo que ha sucedido, me parece, con la Plaza del Grano o con otros proyectos similares en esta ciudad desdichada. Un día te despiertas y te enteras por el periódico de que van a remodelar tu calle. Nadie ha preguntado por tu opinión, nadie ha solicitado tu parecer para el proyecto, nadie ha debatido nada. Se presenta como un hecho consumado y santas pascuas. Venga de donde venga la ocurrencia y salga el sol por donde salga. La ciudad ha dejado de ser un lugar común y compartido para someterse al designio de técnicos y concejales. Aunque no sólo por una falta de democracia formal. También porque hace tiempo que el movimiento vecinal, con notables excepciones, se dejó en manos de los organizadores de los festejos del barrio o de cuatro ilusos irredentos. Y así nos va.

Publicado en La Nueva Crónica, 21 febrero 2017

martes, 7 de febrero de 2017

No vuela

     Unos trenes vuelan y otros renquean. La desigualdad generalizada que se extiende y crece allá donde dirijamos la mirada afecta incluso al ferrocarril, a su presente y a su futuro. Y, como consecuencia, repercute así mismo sobre el ahora y el porvenir de aquellos lugares por donde atraviesan sus trazados. El signo de esta desigualdad es idéntico al que rige otros ámbitos de la vida social y económica: favorecer a las élites, humillar a los débiles.

     Lo veníamos viendo así, y padeciendo, en el caso de la línea de la antigua FEVE: una pérdida de más de la mitad de sus viajeros a causa de los eternos retrasos en su integración urbana y de su paulatino abandono. Ahora, después de que les haya ocurrido a otras localidades menores, les toca pasar el mal trago a Astorga y Sahagún, cuyas estaciones se ha pretendido convertir en simples apeaderos. No es poca cosa: dos cabeceras de comarca para las que el tren, que fue en su día señal de progreso, se puede convertir hoy casi en acta de defunción. Porque a las pérdidas sufridas en muchas otras materias se les pretende sumar de este modo un mayor aislamiento con el desprecio para sus comunicaciones. Así que tengamos muy en cuenta que para una provincia tan depauperada como la leonesa la caída de sus cabeceras comarcales será también la caída de la provincia toda.

     Es verdad que hemos reclamado un AVE en condiciones, que por otro lado no ha llegado todavía, pero a la vez demandábamos una mayor consideración con el transporte ferroviario convencional, que es el que al cabo vertebra los territorios. De tal manera que en estos tiempos en los que se habla de agendas contra la despoblación, no estaría de más que las administraciones cercanas, locales y regionales, se luciesen menos en FITUR alrededor de la alta velocidad y defendiesen con su ciudadanía el tren de los humildes. Precisamente el que vuelve a ignorar RENFE en su más reciente campaña de publicidad: “I love febrero, vuelve a enamorarte del tren”, proclaman con total alevosía.

Publicado en La Nueva Crónica, 7 febrero 2017

martes, 24 de enero de 2017

Lacra

     Costumbre se ha hecho que los cambios de año vengan acompañados por el reconocimiento de palabras que en ellos se han puesto de moda. Posverdad y populismo son las de 2016 a juicio del Diccionario Oxford y de la Fundación del Español Urgente.

     No enmendaremos la plana a tan sabias decisiones. Sin embargo, a pesar de la popularidad de la que ambos términos han gozado (y gozarán) durante los últimos meses, conviene apuntar otro nada novedoso que se ha convertido en uno de los mayores comodines del lenguaje público: lacra. Este vicio físico o moral es, al parecer, todo cuanto se puede decir acerca de cualquier afrenta que la sociedad recibe en estos tiempos, ya sea el terrorismo, ya sea la corrupción, ya sean los asesinatos machistas… Nadie encuentra, o intenta encontrar, otro modo de referirse a todo ello, de tal forma que las declaraciones sobre una u otra materia son intercambiables entre sí y fáciles de acomodar al contexto que corresponda en cada caso. En suma, se trata de no decir nada, que es lo que suele ocurrir con ese tipo de mensajes reiterativos: acaban perdiendo su significado a fuerza de ser manoseados y, lamentablemente, trasladan ese mismo vacío a aquello a lo que vienen a calificar.

     No se trata de que los personajes públicos sean doctos en el uso del lenguaje, poco se puede esperar ya de esa fuente, ni que cualquiera de nosotros escape de los tics impuestos por la comunicación simplista que rige casi toda la información publicada, pero sí sería deseable un poco más de rigor a quienes hace valoraciones en voz alta, una mínima demostración de que se está por encima de los umbrales de la enseñanza obligatoria y un mérito, lingüístico, para ganarse el sueldo como portavoces oficiales.

     De lo contrario, como tristemente ocurre, la lacra primera, aquella que marca a quien la tiene, no será otra que la pobreza expresiva, que es tanto como decir pobreza mental, cuyo mayor exponente es hoy, no por casualidad, uno de los mayores expertos en posverdad y en populismo.

Publicado en La Nueva Crónica, 24 enero 2017

martes, 10 de enero de 2017

Antiterrorismo

     Les contaré una historia antiterrorista. Más o menos.

     Pongamos que usted se dispone a tomar el AVE con destino en Madrid en la estación de León. No un tren plebeyo cualquiera. El AVE. En ese caso, tras el control de billetes, un operario logotizado por ADIF le indicará que se quite la ropa de abrigo y la introduzca en el visor del escáner. Ahora bien, si toma el mismo AVE en la estación de Valladolid-Campo Grande, entonces otro operario también logotizado le pedirá simplemente que se abra el abrigo y le muestra sus interiores. Finalmente, si lo que usted hace es tomar ese AVE en sentido inverso, es decir, desde la estación de Madrid-Chamartín, nadie osará desvestirle ni observar ningún interior. En ese caso, tal vez le asalte la curiosidad y se atreva usted a preguntar al personal de seguridad sobre el porqué de esta medida y sus diversos procedimientos. Le responderán que es “por lo del terrorismo” y que allí, en Chamartín, no desvisten a nadie porque hace frío en el andén.

     Pongamos que usted prefiere el ALVIA procedente de Ponferrada y con destino en Madrid. Como tampoco es un tren plebeyo, el procedimiento es idéntico en cualquiera de las tres localidades. Sin embargo, si usted toma ese mismo tren en sentido inverso desde la estación de Valladolid, puesto que la composición se estaciona en el andén número dos, no tendrá que someterse ni al escáner ni a la revisión de abrigos. Es más, no tendrá ni siquiera que mostrar su billete a nadie puesto que no habrá interventor que se lo solicite durante todo el trayecto.

     Pongamos, por último, que usted, sorprendido por tan pintorescos procederes, solicita al individuo logotizado la normativa que guía estos controles o que le hace ver, educadamente, lo absurdo de una norma que, al no ser universal, se convierte en pura pantomima. Entonces, si tal osa, sepa que acabará teniéndoselas con la policía, que habrá encontrado por fin al terrorista que andan buscando tras los abrigos. Sólo en León, claro, y nunca en trenes para plebeyos.

Publicado en La Nueva Crónica, 10 enero 2017

martes, 27 de diciembre de 2016

Mercado de trabajo

     En el crepúsculo del año se mezclan resúmenes, síntesis y demás compendios de cuanto hubo en el periodo que concluye y merece reseña. Con cierto retraso, pues las estadísticas se cocinan lentas, también nosotros podemos compartir ahora algunas conclusiones sobre salarios, prestaciones por desempleo y pensiones en las fuentes tributarias del año 2015.

     El primer dato general es la pérdida de peso de las rentas derivadas del trabajo en nuestra economía, especialmente desde la aprobación de la última reforma laboral, a causa de la pérdida de empleo y de la merma salarial.

     Sin embargo, en León se produjo el pasado año un incremento del 1’1% en el número de personas asalariadas y una subida del 0’6% del salario medio que se situó en 17.817 euros. Cabe resaltar que fue en nuestra provincia, de toda la Comunidad Autónoma, donde más creció la brecha salarial entre hombres y mujeres en esos meses. También que fue el sector de los servicios sociales el que asalarió a un mayor número de personas y que, en lo relativo a ingresos, el porcentaje mayor del total corresponde a las que cobran menos de la mitad del salario mínimo.

     Acerca de las prestaciones por desempleo, sabemos que se redujo un 9’35% la cifra de quienes las reciben en la provincia y que su cantidad media anual fue de 3.339 euros, también con notables diferencias entre hombres y mujeres.

Y conocemos que durante 2015 el número de pensionistas en la provincia fue 145.588 (frente a 170.619 asalariadas), cuyos ingresos se situaron sobre todo entre 0’5 y 1’5 del salario mínimo interprofesional.

A la vista de los datos y teniendo en cuenta que el PIB creció ese año en torno al 3%, resulta evidente, como decíamos al principio, que su repercusión en las rentas del trabajo es muy escasa y que lo hace en mayor medida en factores como el excedente bruto de explotación, donde se incluyen las rentas salariales y de profesionales autónomos. Son nuevas señales de la desigualdad creciente, así en lo cercano como en el tono general del país.

Publicado en La Nueva Crónica, 27 diciembre 2016

martes, 13 de diciembre de 2016

Salario mínimo

     Mucho se habla en estas fechas cercanas al fin de año sobre el salario mínimo interprofesional. Todo indica que será elevado en 2017, cuentan que hasta 797’6 euros al mes, una subida aparentemente notable pero insuficiente para acercarnos a lo que establece la Carta Social Europea suscrita por España. Esa declaración, que compromete a los gobiernos firmantes, reconoce que “todos los trabajadores tienen derecho a una remuneración suficiente que les proporcione a ellos y a sus familias un nivel de vida decoroso”. El Consejo de Europa estableció en su momento un umbral al respecto que sigue vigente en la actualidad: un salario neto justo tiene que alcanzar, al menos, el 60% del salario neto medio del país.

     Por ese motivo, entre otros, muchos pensamos que la subida debería llevar el SMI hasta los 800 euros en este primer año de legislatura y hasta los 1.000 al final de la misma. De este modo, no sólo cumpliríamos con la Carta Social, sino que se  recuperaría el poder adquisitivo perdido desde 2010 y colocaríamos a España en el lugar adecuado dentro del entorno europeo que tanto se invoca. Pues sucede que, siendo España la quinta economía de la Unión Europea y la cuarta de la Zona Euro, esa posición no se mantiene en la cuantía del salario mínimo, donde nos situamos en los últimos lugares entre los países que tienen fijada tal retribución por ley.

     Conviene recordar también que el salario mínimo lleva asociados otros beneficios sociales y económicos, tales como la reducción de la brecha salarial entre hombres y mujeres y entre colectivos en riesgo de exclusión, la cohesión del mercado de trabajo y un reparto más equitativo de las rentas, la mejora de la calidad en el trabajo y de la productividad, y, en fin, el impulso del consumo y de la economía. Razones suficientes para fundamentar la demanda de una mayor valoración de ese salario. De paso, nos alejaríamos del nivel preocupante de España en lo referente al riesgo de pobreza y exclusión contenido en la Estrategia Europa 2020.

Publicado en La Nueva Crónica, 13 diciembre 2016

martes, 29 de noviembre de 2016

Auctóritas

     No hay duda: estamos perdidos. Si hasta cuatro cardenales conservadores han hecho público su desafío al Pontífice mediante una carta en la que le acusan de crear confusión en asuntos clave para la doctrina católica, eso quiere decir, ni más ni menos, que ya no hay escapatoria. No tanto porque alguien cuestione las opiniones papales, atentando incluso contra su infalibilidad, sino porque lo hagan, además públicamente, miembros de su propia cúpula de dirección, no cuatro miserables feligreses de estos páramos nuestros.

     Es una muestra entre muchas del fin de la auctóritas, aquel concepto del Derecho Romano que equivalía en parte al de autoridad aunque en un sentido más noble o moral, un poder no vinculante pero socialmente reconocido y de mucho peso, del que gozaban entonces los juristas o los senadores, cuyas recomendaciones nadie desobedecía. También el preceptor poseía esa cualidad sobre sus discípulos, y de ahí precisamente deriva el llamado “argumento de autoridad”, es decir, una referencia que otorga veracidad y valor a nuestros argumentos.

     Pero una mal entendida democratización del saber y del poder ha acabado enterrando este concepto, quién sabe si para siempre, bajo el pretexto, faltaría más, de que todos somos iguales. No hay voz que se respete hoy en cátedras o estrados ni consideración que se otorgue a nada que no sea fama o espectáculo pasajeros. Sólo, en todo caso, se alude al pueblo, esa abstracción indeterminada, como supremo animador y justificante de nuestras propuestas políticas o sociales.

     De manera que, arruinado en gran parte el crédito de la profesión política, orillada la impronta de la actividad intelectual y sepultada la guía de las humanidades, a nadie debe extrañar que la tal abstracción idealizada destine su voto a las propuestas más estrambóticas, que se entretenga en nostalgias con cantantes grasientos o que se entregue directamente al botellón en los parques. Como dijo el sabio, a falta de auctóritas, nada como la orgía y el desenfreno.

Publicado en La Nueva Crónica, 29 noviembre 2016

martes, 15 de noviembre de 2016

Jamon y tapas

     Cuesta pensar que Elena Santonja, recientemente fallecida, sea la responsable de todo ese olor a cocina que nos envuelve. Pero es verdad: con ella empezó todo, aunque no todo sea igual a lo que ella inició. Cuando en los años ochenta el programa Con las manos en la masa inauguraba en televisión la retahíla de emisiones dedicadas a la temática culinaria, difícil era sospechar lo que vendría después. Ni siquiera lo habría imaginado Manuel Vázquez Motalbán, que también por aquel entonces introducía recetas y otras delicatessen en las novelas protagonizadas por el detective Carvalho. Ni una ni otro pudieron aventurar el aluvión posterior ni, desde luego, sospechar por dónde se iba a pervertir el producto.

     Todos éramos una pandilla de ingenuos en aquella década movida, así que no fue extraño comulgar con un nuevo género que introducía las entrevistas entre fogones o que acentuaba el tono literario, casi epicúreo, en el hecho común de alimentarse. Y no es que cualquier tiempo pasado sea mejor ni que la nostalgia nos enferme, pero lo cierto es que también aquel modelo original, como casi todo en esta nueva edad, acaba convirtiéndose en basura. Como la propia comida. No deja de ser paradójico que en unos tiempos donde se afirma que nuestra alimentación degenera y que aumenta el número de personas al borde del hambre, sean programas de este tipo los que ocupen el horario estelar hasta en la televisión pública. O que protagonicen las primeras páginas de los diarios locales o regionales, tal y como ocurrió hace unos días con las noticias de cabecera en algunos de ellos: dos concursos, uno para cortadores de jamón y otro para las tapas y los pinchos. Vanidad de vanidades.

     Mas, en fin, nada escapa de la putrefacción, ya sea el arte de cocinar en versión televisada, ya sea la presidencia de los Estados Unidos en versión cruda. Lo mejor será pensar que entre lo podrido, además de anidar ratas, crecen hongos comestibles, suculentos incluso, y beneficiosos para la medicina y la industria.

Publicado en La Nueva Crónica, 15 noviembre 2016

martes, 1 de noviembre de 2016

Agua pública

     Será un asunto que pasará casi desapercibido, pero conviene hacerle eco: el Ayuntamiento de Madrid organiza, los próximos 3 y 4 de noviembre, un Encuentro de Ciudades por el Agua Pública, conjuntamente con la Red Agua Pública, que reunirá a decenas de plataformas, organizaciones sociales, ambientales, sindicales y políticas del Estado español que luchan por la defensa de la gestión pública, sin ánimo de lucro, transparente y participativa de los servicios de abastecimiento y saneamiento.

     Hace siete años, el municipio de León vivió el proceso inverso al que anima ahora ese encuentro, el de la privatización, y fue entonces el principio del fin del gobierno socialista local, que no necesitó de los dilemas de la abstención para suicidarse. Le bastó en aquella ocasión con comulgar directamente con los principios de naturaleza más neoliberal en lo que se refiere a los servicios públicos y olvidó, entre otras cosas, que Naciones Unidas ha reconocido en reiteradas ocasiones el acceso al agua y al saneamiento como uno de los derechos humanos fundamentales, que debieran protegerse y no convertirse en materia mercantil. Este tipo de olvidos de cuestiones tan básicas se encuentran precisamente en el porqué de la desconexión entre los partidos socialdemócratas y su electorado.

     Lo mismo que continúa sucediendo hoy en día con los tratados internacionales de comercio, que siguen contando con la complicidad socialista europea (y española). La letra de esos acuerdos turbios consagra la libertad de mercado para todo tipo de servicio público, el agua entre ellos, pero también la educación, la sanidad y otros imprescindibles para los pueblos, que debieran ser defendidos al menos con el mismo ardor que ponen las multinacionales en apropiárselos. Es así de elemental y por ello conviene celebrar las iniciativas de los resistentes, tengan éstos la forma de un encuentro como el de los próximos días o la del Parlamento de Valonia. El crédito político se recupera encabezando esas resistencias.

Publicado en La Nueva Crónica, 1 noviembre 2016

martes, 18 de octubre de 2016

Tunas y tunos

     Por vigésimo novena vez el siglo XVII retorna esta semana a la ciudad leonesa con sus panderetas y sus mustios clavelitos, como cantaba el dúo Vainica Doble. Otras antigüedades se han paseado y se pasean por esas mismas calles con notable frecuencia: carros engalanados y pendones, mercados romanos y medievales, procesiones y conciertos del impresentable Osborne. Hasta un pasacalles hubo hace unos días heredero de la mejor tradición del Teatro Chino de Manolita Chen. Es sin duda la contribución de la ciudad de León (y de los concejales del ramo) a la modernidad.

     Todo ello, se dirá, para mayor gloria y crecimiento del turismo, la única actividad económica que, al parecer, nos va a sacar de pobres merced a la desinteresada generosidad de la hostelería toda y de las muy ingeniosas administraciones. Y todo eso estaría muy bien, claro, si no fuera porque ese turismo tiene otro rostro tan rancio como lo arriba citado: precariedad laboral, horas extras impagadas y fraude generalizado.

     Cuentan, por ejemplo, que el presente está siendo un año magnífico para el sector gracias sobre todo a los muertos que se producen en otras latitudes y que, en gran medida, se han recuperado los precios (o se han superado incluso) previos a la crisis. No cuentan, en cambio, que ese florecimiento de las cifras no tiene correspondencia en los salarios de los profesionales, que apenas se han incrementado en un 1%; ni en los contratos, que en un 50% lo son a tiempo parcial; ni en la reducción de horas extras, que llegan al 20% y que, en el mejor de casos, se pagan en dinero negro porque en otros ni se pagan.

     Para estas consideraciones, en fin, no hace falta entrar en la altura intelectual de las propuestas que pretenden motivar ese turismo, lo cual nos puede conducir a una depresión de otra índole. Por no mencionar tampoco el impacto cultural sobre los indígenas, que tampoco andan sobrados de estímulos. Tunos y tunas, en todo su esplendor, se confunden en ese empeño y sobrando andan más palabras.

Publicado en La Nueva Crónica, 18 octubre 2016

martes, 4 de octubre de 2016

Pobre desempleo pobre

     Aprendimos en la escuela el valor de la posición de los adjetivos y lo que implica en el significado de nuestra expresión. De este modo, ante una persona en situación de desempleo, no es lo mismo decir pobre desempleada que desempleada pobre. En el primer caso, se impone un sentido compasivo que apunta hacia la caridad y consagra la injusticia de ciertas políticas casi como un sino bíblico. En el segundo, se resalta la objetividad de un hecho y se constata una evidencia sobre la que es posible actuar. También con política.

     Pero las prestaciones por desempleo, se miren como se miren, son cada vez más pobres, como lo son también otros de los llamados pilares del estado social. La situación del mercado laboral desde 2008 ha supuesto un gran aumento del número de personas que ha necesitado recibir estas prestaciones, si bien la evolución del paro de larga duración, junto a las medidas adoptadas por el Gobierno, que han limitado las prestaciones en cantidad y en derecho a su acceso, han supuesto un recorte en el número de personas en desempleo que perciben prestaciones y en la calidad de las mismas.

     Para que nos hagamos una idea, baste decir que en la provincia leonesa había el pasado mes de julio 15.907 beneficiarios, un 11’5% menos que un año atrás, lo cual, evidentemente, no se corresponde con el mismo descenso en el número de personas desempleadas; que sólo un 50’3% de ellas disfrutan de cobertura por su situación frente al 74% que lo hacía en 2009; que para menos de la mitad llega la prestación contributiva, mientras que para el resto es asistencial; y que la cuantía media por persona es de 779 € al mes, mientras que era de 831 € en 2009.

     Recuérdese, pues, a la hora de los adjetivos, que en el año 2012 el sistema de protección por desempleo sufrió unas muy serias modificaciones, que han conllevado recortes importantes en el número de personas beneficiarias, en derechos de prestación, de duración y de cuantías a percibir por ellas. Así se explica en parte la pobreza.

Publicado en La Nueva Crónica, 4 octubre 2016

martes, 20 de septiembre de 2016

Descarrilamientos

     Los entornos de Brañuelas y de Busdongo fueron escenarios frecuentes en la historia de los descarrilos y destino repetido para aquel “vagón de socorro” en el que viajaban herramientas y obreros encargados de las reparaciones. Lo recordará así, seguramente, la vieja estirpe ferroviaria, a pesar de que ambas localidades hayan acabado descarrilando incluso de los mapas actuales del ferrocarril. Por lo general, los sucesos los protagonizaban interminables trenes de mercancías que erosionaban sin piedad, como aquellos inviernos, unos trazados decimonónicos y unas hechuras más bien endebles.

     No ocurre así hoy. Quizá porque en el último cuarto del siglo pasado se produjo una modernización general del país, pero también porque en las últimas décadas el tráfico de mercancías por ferrocarril ha perdido casi todo su mercado en favor de la carretera. Lo que ocurre hoy, en cambio, es otro tipo de accidentes mucho más dramáticos, porque incorporan víctimas, que suelen achacarse a errores humanos sin tener en cuenta la necesidad de nuevas inversiones que podrían evitarlos. Angrois y O Porriño son los últimos ejemplos.

     Aunque no sólo asistimos a descarrilamientos clásicos. Hay muestras notables de otros incidentes que también provocan descarríos. Sin ir más lejos, lo que se ha salido del carril en la provincia leonesa han sido sus planes ferroviarios todos. Unos por pura desidia política o intereses cruzados, como el polígono de Torneros; otros por simple desprecio o abandono malintencionado, como la integración y consolidación del trazado de vía estrecha; otros más por sorpresivos manantiales que la geología y sus progresos no previeron, como la variante de Pajares; y, en fin, los últimos por no tener en cuenta que hay colectores y otras redes subterráneas previas a la formalización de proyectos, como el soterramiento de la línea de alta velocidad. Pero no sucede nada. Aquí no hay error humano ni caja negra que identifique responsabilidades y ponga en su lugar a los irresponsables.

Publicado en La Nueva Crónica, 20 septiembre 2016

martes, 6 de septiembre de 2016

Sensaciones

     Hay palabras que de repente saltan a la fama y modifican nuestra manera de describir la realidad. Un día ocurrió que desde esos informativos meteorológicos de la televisión nos explicaron que una cosa es la temperatura y otra, la sensación de esa temperatura, de tal modo que ahora casi todos hablamos de la sensación de frío o de calor, no así del frío o del calor propiamente dichos, como si hubiésemos cursado un máster en climatología. Eso pasa con las sensaciones.

     No de otro asunto se ha hablado más, por ejemplo, a lo largo de los recientes juegos olímpicos, de los primeros partidos de la nueva liga de fútbol o del devenir de la todavía viva Vuelta ciclista. De las sensaciones. Hablar de sensaciones es como anticiparse al futuro pero sin adquirir compromisos: “las sensaciones son buenas”, “voy teniendo sensaciones”, “parece que las sensaciones son positivas” y así sucesivamente. El rendimiento es harina de otro costal, pero en cualquier caso las sensaciones nos animan y nos confortan, nos predisponen así a los deportistas como a los espectadores. En suma, nos hemos vuelto sinestésicos.

     Porque el mundo de las sensaciones es sobre todo un mundo sensorial, aunque luego lo transformemos en algo así como una percepción psíquica y consigamos razonarlo en otros términos. Y por eso nuestro país vive desde hace meses de puras sensaciones más o menos animadas, en lugar de hacerlo de realidades debidamente contrastadas. En verdad no de otra forma puede explicarse el acontecer político y sus comportamientos. En lugar de construir un nuevo tiempo, nuestra primera preocupación es estimular la sensación adversa sobre el contrario e hipertrofiar la (también) sensación de hastío hasta no tener fin. Incluso se extiende ya la terrible sensación de que, tal y como nos va, no tenemos ninguna necesidad de contar con quien gobierne.

     En fin, lo que sucede también con las sensaciones es que uno se congela y ni siquiera es capaz de darse cuenta hasta el fatal desenlace. Hasta la no sensación.

Publicado en La Nueva Crónica, 6 septiembre 2016

martes, 23 de agosto de 2016

Trabajo universitario

     Como continuación de la tarea no muy estival de repasar estadísticas que puedan ser de interés, centramos nuestra mirada en la Encuesta de inserción laboral de los titulados universitarios, publicada por el INE el pasado mes de julio con datos correspondientes al año 2014. Las cifras regionales, pues así están recogidas, nos permiten derribar algún falso mito y constatar otras realidades.

     Sobre lo primero, bueno es saber que en nuestras universidades se titulan más personas que las que proporcionalmente corresponden según la demografía. También que no es cierto que la universidad sea una fábrica de desempleados, puesto que su tasa en esa condición es muy inferior a la del desempleo juvenil recogida en la EPA. Además, más de la mitad de los universitarios consiguieron su primer empleo apenas un años después de rematar los estudios. Así mismo es destacable que el 69% de personas tituladas trabajen en actividades cuya cualificación corresponde a estudios universitarios, es decir, que son irreales los comentarios gratuitos respecto a las sobrecualificación de nuestros universitarios. Por último, como tendencia general, también en Castilla y León la proporción de mujeres que estudian y se titulan es superior a la de hombres y mayor aún que la media nacional.

     Por contra, el resto del cuadro no apunta nada bueno. Y en todo, frente a lo antes indicado, son las tituladas las peor paradas. En general, somos una región exportadora de conocimiento, ya que quienes se forman en nuestra comunidad necesitan salir de ella para encontrar trabajo: por cada persona formada en otras universidades que consigue empleo en nuestra geografía, hay 4’1 que tienen que abandonarla. Por otra parte, la proporción de contratos temporales es superior entre nuestros universitarios al dato nacional. Y el máximo exponente de esa precariedad sigue siendo la contratación en prácticas o como becarios. Que, pasados cuatro años desde su titulación, uno de cada ocho titulados lo hagan en esas condiciones no es para sentirse orgullosos.

Publicado en La Nueva Crónica, 23 agosto 2016

martes, 9 de agosto de 2016

Empresas

     Obligados por el drama, examinamos regularmente la evolución del desempleo buscando alguna salida del pozo o una señal verdadera para un nuevo mapa laboral. Sin embargo, no hacemos lo mismo con las empresas, o no de forma tan generalizada, a pesar de que en ellas, y en el impulso público, reside buena parte de lo que son o hayan de ser nuestros trabajos. De modo que, analizados hace quince días algunos aspectos del empleo público, podemos fijar ahora nuestra atención en el Directorio Central de Empresas, publicación reciente del Instituto Nacional de Estadística con datos referidos a enero de 2016.

     Una ligera ojeada permite descubrir que, de existir, la recuperación empresarial en la provincia leonesa es casi imperceptible, con apenas un crecimiento del 0’1% respecto al año anterior. También es muy relevante saber que más de la mitad de nuestras empresas no tienen asalariados. Que sólo 19 de las 31.427 totales tienen una magnitud notable, es decir, que superan las 200 personas empleadas. Y que, naturalmente, vistas las cifras anteriores, su condición jurídica mayoritaria es la de simples personas físicas (un 50’3%), seguida de las sociedades de responsabilidad limitada (un 35’6%). Sólo un 5’5% son sociedades anónimas.

     En suma, un tejido empresarial más bien débil, como casi todo lo nuestro, y sin perspectivas de cambio a corto plazo. En muchos casos un bocado tentador para otras empresas de fuera y de más envergadura que pretendan limitar la competencia: así ocurrió con Elmar, por ejemplo, y así esta sucediendo con Manantiales de León. Porque la competitividad puede nacernos de la innovación, y también hay ejemplos muy notables de ello, pero se necesita tamaño en todos los sentidos, no sólo para conquistar mercados nacionales e internacionales, sino y sobre todo para generar empleo y riqueza, que al cabo es lo que esta provincia depauperada necesita. Máxime cuando todo indica que el sector público, por causa del déficit, está llamado de nuevo a otra dosis de ajustes.

Publicado en La Nueva Crónica, 9 julio 2016

martes, 26 de julio de 2016

Desempleo público

     Cuenta el Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas que en enero de 2016 eran 2.519.280 las personas que en España tenían la condición de empleadas públicas. De ellas, 29.334 con destino en la provincia de León. Comparados estos datos, que publica semestralmente el Ministerio de Hacienda, con la misma fecha de 2010, cuando las crisis se hicieron presentes en el sector público, descubrimos que se ha perdido un 6’6% del empleo público en estos años, y más todavía en la provincia leonesa donde la merma alcanza el 10%. En cifras contantes y sonantes: 179.348 empleos públicos menos en España y 3.253 en León. La repercusión que estas amputaciones de personal tiene sobre la atención que prestan los servicios públicos es más que evidente, pero no entraremos en ello.

     Lo que conviene resaltar es que se ha producido un masivo expediente de regulación de empleo, aunque en el sector público este procedimiento tenga muchas veces otro formato. Pero, contemplado como tal ERE, cabe ahora exigir a quien nos gobierna o nos vaya a gobernar que no lo convierta en un fin en sí mismo, es decir, un alivio de plantilla y a otra cosa mariposa, sino que sirva de verdad como instrumento de reorganización de las plantillas públicas de acuerdo con una nueva realidad diferente a la del punto de partida. Sobre todo en estos últimos tiempos cuando, motivadas por el clima electoral constante, las oposiciones se reactivan tras unos años de sequía casi total. Esto significa repensar la estructura de todas las administraciones, algo que es muy dudoso que se esté llevando a cabo, y no formalizar convocatorias a su caída.

     Pues bien, que se sepa, sólo el País Vasco ha dado algún paso en ese sentido con la elaboración de su Proyecto de Ley de Empleo Público Vasco, todavía en discusión. Ninguna otra administración, ni estatal ni autonómica, se ha preocupado formalmente de este asunto, mientras convocan nuevas plazas públicas con el viejo molde de una época que no volverá.

Publicado en La Nueva Crónica, 26 julio 2016

martes, 12 de julio de 2016

Algo más sobre pensiones

     Poco o muy poco, salvo para alentar temores primarios, se ha dicho sobre el sistema de pensiones a lo largo de las sucesivas campañas electorales. Poco con sustancia, queremos decir. Y no será porque no hubiera referencias con las que construir un discurso serio, aunque ocurra que no siempre se acude a la información contrastada y se prefiera insistir en tópicos pueriles. Por ejemplo, hubiese sido oportuno que alguien en esta geografía hubiera hecho mención de la comparativa que la Tesorería de la Seguridad Social ha hecho recientemente acerca de las cotizaciones sociales en 2014 y 2015. Sabríamos entonces que en nuestra provincia se produjo un descenso global del 1’8% y que sólo el Régimen General conoció un ligero aumento del 0’7%. Por el contrario, en el Régimen de Autónomos, los famosos emprendedores, se produjo una caída del 0’5%, que fue mayor aún, claro, en el caso del Régimen Especial de la Minería, un 5’2%, o en el Régimen de Empleados de Hogar, donde la bajada llegó hasta el 42’7%. En fin, son magnitudes que también miden la solidez o liquidez de nuestra cuestionable recuperación económica.

     Son cifras lastimosas en sí, pero lo son más todavía si atendemos al resultado en la Comunidad Autónoma o en el conjunto del Estado. Citemos dos muestras nada más y comparemos: en Castilla y León las cotizaciones sociales generales subieron entre uno y otro año un 2’2% y las de autónomos descendieron un 0’1%; y en España las primeras ganaron un 2’6% y las segundas obtuvieron también un resultado positivo del 1’2%. No hace falta añadir mucho más para concluir en qué situación de vitalidad se encuentra la provincia de León: también en esto al borde del precipicio.

     Y un dato más también muy revelador: el resultado de dividir los ingresos a la Seguridad Social entre los afiliados medios al mes y en doce meses. Lo que descubrimos entonces es que en León la media mensual en el Régimen General es de 432’1 € y en el Régimen de Autónomos de 265’9 €. Que cada cual saque conclusiones.

Publicado en La Nueva Crónica, 12 julio 2016

martes, 28 de junio de 2016

Turismo de oposición

     Tiempo atrás, quedó aquí glosado y comentado fuera el llamado turismo de porrón y crucifijo, que es santo y seña del turismo local. Se trata de un fenómeno que despierta pasiones entre sus gestores y beneficiarios, pero que apenas si tiene repercusión sobre la economía y el empleo. Economía y empleo sólidos, queremos decir. Cumplen, sí, otro objetivo encubierto muy extendido en estos tiempos: anestesiar a las gentes, pues sabido es que inciensos y orujos son drogas muy útiles para esos efectos. De modo que todos tan contentos: jacobeos, procesionarios, solteros, genarines, sanjuaneros y todas las órdenes del grial y del botellón con sus sumos sacerdotes al frente.

     Mas llegados a este punto, una nueva o vieja variante del turismo se nos presenta y anima el jolgorio hostelero: las oposiciones. Sucedió hace unos meses con las de enfermería y acaba de ocurrir ahora con las de enseñanza. Tantos años sin convocatorias y tanta desesperación laboral han acumulado levas de aspirantes dispuestas a competir al precio que sea. Incluso con una mayor movilidad geográfica. Son precisamente esos movimientos de población necesitada de un trabajo y llamada a opositar los que aprovechan la usura y el abuso para hacer caja. Bajo el sutil argumento de las leyes de oferta y demanda, los precios de los hoteles alcanzan niveles inaceptables en un doble sentido. En principio porque no son asequibles para la población en general, bastante empobrecida. Y en segundo lugar porque se establecen para los más agobiados, convirtiendo así a los parias en objeto supremo de explotación.

     Asistimos, pues, a una muestra elocuente del tipo de riqueza que estamos dispuestos a crear en la provincia: la fertilidad de los buitres. Somos muy dados por acá a demandar inversiones de más allá y no es la audacia empresarial, salvo excepciones, nuestra principal cualidad. El turismo de oposición, como se ve, es una de las nuevas aspiraciones gloriosas de los mesoneros locales. La mejor fórmula para no salir de pobres.

Publicado en La Nueva Crónica, 28 junio 2016