Blog de Ignacio Fernández

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domingo, 2 de agosto de 2026

Pasarela

            En la ciudad donde vivo van a construir una nueva pasarela entre las dos orillas del río. Dicen que es una actuación estratégica para mejorar la conexión peatonal y ciclista entre ambas márgenes. Desconozco cuántos miles de personas cruzan a diario de uno a otro lado. Nunca he visto amontonarse ni peatones ni ciclistas en las cuatro conexiones actuales entre riberas en ese tramo del río. Quizá no me he fijado con suficiente atención. Y apuntan también, como hecho singular, que la tal pasarela contará con cerramientos laterales de vidrio y estará cubierta por una pérgola. Se llevan mucho últimamente las pérgolas en la ciudad donde vivo, aunque lo que protege del sol y del calor son los árboles y la vegetación que sacrificarán para construir la controvertida instalación.

 

            A la ciudad donde vivo no han llegado aún noticias sobre los efectos durísimos de la tragedia climática ni, al parecer, sufre en sus carnes las olas de calor. De lo contrario, alguien cabal pensaría tal vez en otras inversiones mucho más útiles y necesarias para combatir ese nuevo infierno. Por ejemplo, hacer habitables las plazas que han sido entregadas por el urbanismo moderno al sol, al frío y a otras inclemencias del tiempo. Me refiero a esas plazas que, décadas atrás, estaban medianamente ajardinadas y que hoy son desiertos y espacios desabridos que sólo sirven para las fotos de los turistas. Aunque cierto es también que, si volvieran a ajardinarse, no habría escaparate para el perdón en las procesiones delante de la catedral ni aposento para honras militares en San Marcos ni recinto ideal para terrazas en San Marcelo.

 

            Así que ahora nos gastaremos casi dos millones en la nueva pasarela, más cien mil euros del proyecto, y presumiremos de arquitectura vanguardista inútil, que es lo propio de quienes conciben la ciudad como su disneylandia particular y no como un lugar para una vida más fácil y acogedora de quienes en ella habitan. Y ojalá podamos inaugurarla en mayo, poco antes de las municipales.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 2 agosto 2026

domingo, 26 de julio de 2026

Castilletes

            A principio de este mes de julio, la Junta de Castilla y León inició la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) del complejo minero del wólfram en la Peña del Seo (El Bierzo). Bueno es que así sea, aunque tal declaración tampoco garantiza nada en cuanto a conservación y restauración de lo que sea posible y adecuado. También en 2011 se procedió a señalar como BIC, con categoría de conjunto etnológico, el Pozo Ibarra de Pola de Gordón y estamos como estamos. Así mismo, largo tiempo llevan los castilletes mineros de Sabero (Pozo Herrera I, en Sahelices de Sabero, y Pozo Herrera II, en Sotillos de Sabero) reclamando sin éxito la misma calificación BIC.

 

            Sea como sea, lo cierto es que, a estas alturas del desastre, nadie duda de que el patrimonio minero, material e inmaterial, de las cuencas de León y de Palencia, y no sólo el carbonífero, constituye una riqueza cultural importante para esas tierras deprimidas. No las sanará, pero sí contribuirá a aliviarlas una gestión coherente de ese acervo que le dé cohesión, que lo ordene y lo ponga al alcance de la ciudadanía, sean aborígenes, investigadores, turistas o simples viajeros. Sin embargo, no sucede así. Las administraciones provinciales y autonómica parecen más bien empeñadas en promover una competencia salvaje entre municipios con pequeñas subvenciones, que no dan para nada, y con regates en cuanto a declaraciones y apoyos que sólo sirven a la servidumbre. Baste una muestra: en 2024, la Diputación Provincial de León concedió ayudas “para recuperar y poner en valor el patrimonio minero” por un total de ¡138.000 euros! que se repartieron nada menos que entre nueve afortunadas entidades locales.

 

            Así pues, frente al actual patrimonio minero fragmentado, la pregunta obligada es: ¿para cuándo la asunción seria y decidida del título “patrimonio cultural minero” para todo ese territorio? Ese proyecto integral, esa red, supondría articular la mayor ruta minera de España, un incentivo cultural y turístico de muy alta calidad.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 26 julio 2026

domingo, 19 de julio de 2026

Dormir

            En este mundo poscontemporáneo en el que todo son listas, series, catálogos y rankings y uno cobra o pierde valor según el puesto en que se coloque, resulta que también las noches tropicales, aquellas en que el termómetro no baja de 20 grados, son objeto de atención. Más aún en medio de los calores que nos castigan como si de una mala plaga se tratase. En esto la provincia de León y la ciudad donde vivo aparecen calificadas como auténticos refugios climáticos. Según nochetropical.es, entre los años 2017 y 2026, sólo la ciudad de Ponferrada alcanza el dudoso honor de llegar a una noche fatal de media. Ninguna otra estación meteorológica provincial logra ese máximo. La ciudad de León se queda en un miserable 0,7.

 

            De acuerdo con estos datos, deberíamos dormir como lirones, troncos o marmotas. Incluso como reyes. Pero no es así y bien lo sabemos. Sólo sería así si nos tumbásemos a la vera de esas estaciones meteorológicas, es decir, al aire libre y en lugares apenas castigados por los ardores urbanos. Pero resulta que solemos dormir en casas, en espacios recalentados, donde lo tropical cobra otro sentido muy diferente. Ahora mismo, son las doce de la mañana, el termostato en mi casa señala una temperatura de 26 grados habiendo ventilado como procede durante toda la noche. Ahí es donde juegan un papel capital otros factores decisivos a la hora de dormir o no dormir: los aislamientos térmicos, los remedios tecnológicos y la pobreza energética.

 

            También en el sueño se manifiesta la desigualdad y también eso se convierte en materia de disputa. Porque se sabe que son las mujeres quienes padecen especialmente las olas de calor y son ellas, sobre todo, quienes sufren las muertes por efecto de esas temperaturas: mujeres mayores, más bien humildes y solas. Por lo tanto, son también las que duermen mal por esa misma causa. Se muere más y se duerme peor conforme al distrito postal. Cabe preguntarse, pues, en qué apartado de la prioridad de los grandes palabreros entra esta cuestión.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 19 julio 2026

domingo, 12 de julio de 2026

Murales

            No son buenos estos tiempos ni para el arte ni para la expresión libre de las ideas en los espacios públicos. Menos aún si todo ello aparece combinado con armonía en nuestras calles y plazas. El último mes ha ofrecido demasiadas muestras de intolerancia e incultura aunadas en atentados contra murales que hablaban básicamente de igualdad, algo molesto al parecer. Las noticias así lo han relatado.

 

            2 de junio: Juicio por el borrado de un mural republicano de Manuel Sierra: “Si fastidian uno, hacemos dos”. El Ayuntamiento de Castronuño (Valladolid) eliminó una pintura del reconocido artista, que ha respondido con una denuncia.

 

            11 de junio: Los continuos actos vandálicos con símbolos fascistas desplazan el mural feminista de la ciudad de León. El mural ‘Sin Ellas no hay Nosotras’ fue creado en el año 2023 por las alumnas de la Escuela de Arte de León en colaboración con la Plataforma Contra la Violencia Machista, que ha solicitado el borrado de la obra del lugar original para reubicarlo.

 

            1 de julio: Denuncian la vandalización de un mural LGTBI en Valladolid con inscripciones racistas y símbolos falangistas. ‘Pintando la diversidad del mundo’, de la artista Sara Macho, llevaba desde 2022 en el paseo Juan de Austria y representa la lucha internacional por la igualdad.

 

            Esta reiteración de animaladas revela que no estamos ante hechos aislados ni ante lobos solitarios, sino que parece más bien una estrategia a la ofensiva y dirigida a la ofensa. Es propio de las bestias y de los ignorantes, cualidades que suelen conjugarse de forma simultánea, lo que emparenta sin duda con otro tipo de provocaciones orales, escritas, parlamentarias, mitineras y de todo tipo, incluso pactos de legislatura, que solemos pasar por alto como si no fuera con nosotros el asunto. Y va, vaya que si va. De tal manera que la respuesta no puede ser ni el silencio ni la reubicación, sino la actitud combativa de Manuel Sierra, a la que me sumo y llamo a sumarse: si no quieren caldo, sirvámosles dos tazas.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 12 julio 2026

domingo, 5 de julio de 2026

Ovillo

            A pesar de sus palabras malditas, no hay duda de que el lenguaje de la medicina tiene algo poético. Sobre todo cuando se aleja de la terminología estrictamente científica. De ese modo, cuando abandona los terrenos adustos y poco comprensibles para quienes somos simplemente enfermos, sus expresiones resultan mucho más amables. Convendrán conmigo que no es lo mismo que a uno le aparezca un ovillo en la mácula que una neovascularización coroidea. Del mismo modo, un oftalmólogo decidió limpiarme las perlas que se habían depositado en la lente intraocular cuando yo me quejaba burdamente de una visión borrosa. La poesía surge a poco que se ponga interés y se goce de un mínimo estilo.

 

            Desde luego, cuando me anunciaron lo del ovillo, en lugar de preocupación me surgió un torrente de referencias inesperadas que casi ya ni salen a la luz ni asoman en la memoria. En particular lo de aquellos ovillos de todo tipo que uno se encontraba en las viejas casas familiares. Ovillos de lana, por supuesto, pero también de lino, de cáñamo, de hilo de algodón, de trapillo y de fibras diversas. Todo ello amontonado en aquellas cajas metálicas que fueron, sin duda, el mayor éxito publicitario de una marca de cacao en polvo. En su interior descansaban, sí, los ovillos y numerosos otros materiales para la costura, una especie de cofre del tesoro donde sólo las manos de las madres encontraban, sin revolver demasiado, lo que perseguían en cada momento. Recordarlo y pensar en ello es nostalgia constructiva.

 

            El caso es que tirando del ovillo real y del sanitario acabé viéndome a mí mismo en el hospital, hace décadas, a causa de un desprendimiento de retina. Me visitó una tía mía mientras estaba ingresado y con absoluta candidez sentenció: entonces, si se te desprendió la retina y se te cayó, la encontraste para que la volvieran a colocar. En eso consistía el proceso. Y en eso consiste también la literatura: hay ficciones que nos ofrece la vida adonde nunca llegará ni la escritura más fantástica.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 5 julio 2026

domingo, 28 de junio de 2026

Manzanero

            Estaba a punto de concluir el concierto, andábamos ya por los bises, cuando la cantante francesa Zaz se arrancó con un bolero: “La otra tarde vi llover” de Armando Manzanero. Y casi fue el acabose, a no ser porque el remate de todo, como no podía ser de otra forma, lo protagonizó una interpretación desparramada y jovial de su canción más popular: “Je veux”.

 

            Pero nos interesa lo del bolero y la pervivencia de ese cantable del compositor mejicano, la superación de las barreras temporales y estilísticas y la apropiación universal del mismo. Nos interesa más todavía a la luz del vértigo de la creación y difusión musical en estos tiempos de fugacidad y de consumo más que acelerado, cuando diariamente, por poner un ejemplo, se suben a plataformas de streaming como Spotify aproximadamente 120.000 canciones, unas 83 por minuto. Por no mencionar lo que la IA va colonizando.

 

            ¿Cuándo una canción, una película, un libro adquieren la condición de lo clásico? Evidentemente cuando perduran casi sin tacha, pero no como una reliquia ni como arqueología sentimental, sino cuando su audición, su visión o su lectura gozan de la frescura primera o, incluso, cuando se reinterpretan con plena vigencia a la luz de las nuevas actualidades. Si Rosalía recrea, y todos nos conmovemos, la canción de Los Chunguitos que identificamos con una película de Carlos Saura, eso quiere decir que no estamos ante algo efímero, con independencia de la gloriosa versión que quiso regalarnos esa cantante a veces un tanto desperdiciada. No, el “Me quedo contigo” es ya para siempre nutriente esencial de la cultura.

 

            La canción de Manzanero no es otra cosa que el reflejo de un estado de soledad absoluto y total, como él mismo la definió. Por lo tanto, es un estado perenne, creciente tal vez, inmarchitable. A la par, es simple, no necesita mayores consideraciones y se percibe desde la epidermis. Por último, su interpretación, sea la del autor o la de Zaz, es absolutamente emocionante y sensible. Sólo queda rendirse.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 28 junio 2026

domingo, 21 de junio de 2026

Cuevas

            Confieso que no me gustó el concierto de Rodrigo Cuevas de la pasada semana. Al menos lo que vi del concierto porque abandoné el recinto mediada la sesión. Quizá me perdí lo mejor, no sé, hay quien ha derramado elogios para el artista. Y no digo que no los merezca, no digo que no se deban reconocer sus méritos musicales e incluso su mensaje en defensa de la diversidad. Pero, francamente, sus intervenciones entre canción y canción me parecieron demasiado burdas y un tanto cansinas. Aunque lo que en verdad me irritó fue el espacio elegido para un concierto titulado “La belleza”, su incomodidad, sus condiciones nada amables, el desaliño del entorno, una chatarrería. Sabrá el artista y sabrán sus representantes el porqué de esa elección, pero a mí me acabó de matar.

 

            Curiosamente, otra forma estética de matar sobrevino al día siguiente con la toma de posesión del nuevo-viejo gobierno de Castilla y León. No era una cueva, era la caverna, y no platónica precisamente. Ofendía el boato, algunos trajes de boda, la carpa estilo palio gigante, las biblias, los tapices… por no entrar en los discursos. En especial, el muy entusiasta discurso del Presidente y el muy ofensivo del Consejero de Cultura. Vino éste a decir que había que “desideologizar” la cultura, lo que traducido históricamente es la misma frase que erróneamente se atribuye a Goebbels: “cuando oigo la palabra cultura saco la pistola”. Sabemos que no fue él el autor de tan elevado pensamiento, sino un dramaturgo alemán no menos nazi que el Ministro para la ilustración pública y propaganda del Tercer Reich. Así que todo se andará.

 

            Son importantes los escenarios y comunican. La cueva de Cuevas fue más que inapropiada, como hemos dicho, para presumir de belleza y para disfrutar de los elementos menos bailables de la actuación. La caverna del Gobierno fue puro significante de lo que se puede esperar en este próximo ciclo político, un mucho de apariencia, vieja en todo caso, y un poco de gestión prehistórica. No da para más.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 21 junio 2026

domingo, 14 de junio de 2026

Compañías


            Las estadísticas del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 han confirmado con cifras lo que ya era una evidencia: en España hay más de quince millones de animales de compañía. Casi la mitad de ellos son del tipo perro, les siguen los del tipo gato y muy por detrás un sinfín de animalitos del tipo conejos, aves, tortugas, otros reptiles… Todo un zoológico doméstico en gran medida urbano.

 

            Esa es una de las curiosidades del asunto: cuanto más se concentran las personas en las ciudades y mayores son las dificultades para la movilidad en ellas de cualquier ser vivo, más crece el número de mascotas. O animales de compañía, dicho con mayor corrección. Es decir, que los animales en cuestión, que solían andar libres como la burra del guarda por campos, pajares y montes, viven hoy encerrados en pisos como dios manda. Para hacer compañía a sus dilectos dueños y dueñas, que cumplen también con esa misma regla. Todos bien acompañados.

 

            Confesaré aquí que yo siempre quise tener un lince, pero resulta bastante complicado. No sólo porque es una especie protegida, sino porque, además, salieron corretones y no hay quien los sujete en ningún redil. Tanto es así que en el último año más de 200 han sido atropellados, el 78% del total de la mortalidad de esa especie. Se verá que también los linces tienen serios problemas de movilidad. Pero esta cifra no produce alarma, quizá porque no se trata de animales de compañía, quizá porque ellos se lo han buscado a base de correrías y por no hacer uso de los pasos de cebra como los bichos estabulados en las ciudades.

 

            Celebraremos, no obstante, que crece el número de linces en España y llega ya a los 2.633 ejemplares. Incluso se sabe que uno de ellos se ha instalado en la comunidad de Madrid, se llama Uraclio y anda buscando pareja y piso. Sinceramente, lo va a tener complicado, para lo uno y para lo otro, salvo que alguien, disparatado como un servidor, lo asimile a los animales de compañía, le eche un lazo y le proponga amores.


Publicado en La Nueva Crónica, 14 junio 2026

domingo, 7 de junio de 2026

Extraterrestres

            Me asaltó la noticia de que la Casa Blanca, cada vez más oscura, había lanzado una web sobre extraterrestres, en la que identifica a estos seres del más allá con personas migrantes. En ella se afirma que los seres de otros mundos están ya entre nosotros. Me quedé pensando y cambié de cadena. Retransmitían la final de la Liga de Campeones de fútbol. Y, claro, empecé a ver extraterrestres.

            Para empezar, el locutor encargado de la retransmisión se expresaba en una lengua extraña y repetía constantemente que estábamos viendo la final de la championlí. En el terreno de juego corrían y saltaban algunos seres singulares, al menos poco comunes, nada habituales en mi barrio. Por ejemplo, un portero rubio vestido de verde de arriba abajo, como un paje del siglo XVI, un árbitro con micro incorporado o un entrenador gesticulante y bailarín. Me fijé en el público. A pesar de que todos parecían tener pasaporte francés o británico y varias generaciones de ancestros puros y cristianos en algún sentido, sus expresiones, sus gritos, sus indumentarias, sus abrazos y cortes de mangas, sus formas de estar en general, todo en ellos, sobre todo ellos, les mostraba como verdaderos alienígenas. Y, en fin, cuando la euforia estalló en París y hubo disturbios y detenciones y caos, supe que sí, definitivamente, la web del gobierno estadounidense tenía razón, aunque errara el objetivo.

            A la mañana siguiente paseé por las calles de mi barrio. Me encontré con gentes diversas, con lenguas diferentes, con indumentarias distintas, pero no había estrépito. En la terraza del bar de la esquina convivían gentes de todo origen, condición o edad, contentas de sentarse al fresco en un día de calor. En el centro de salud no había ancianitas pisoteadas por extranjeros para adelantarlas en la cola de la consulta y en el patio del colegio jugaban juntos niños y niñas de todo tipo sin mayor complicación y sin miedo. Concluí que en mi barrio no hay extraterrestres, sino gente corriente. Y regresé a casa tranquilo. 

 Publicado en La Nueva Crónica, 7 junio 2026

domingo, 31 de mayo de 2026

Sopa

            No tuve la suerte de estudiar periodismo, pero supongo que en algún momento de esa formación académica se atiende a la prosodia, un conocimiento más que necesario para una buena dicción. Cuando decimos prosodia nos referimos a la parte de la gramática que enseña una recta pronunciación, es decir, todo lo relativo a melodía, ritmo, entonación y acento. En la lectura en voz alta, en los informativos por ejemplo, una buena prosodia asegura una buena comprensión y a la inversa.

 

            Esa televisión autonómica que hay por aquí se fija con frecuencia en los asuntos del campo y da cabida, para ello, a las llamadas organizaciones profesionales agrarias (OPA, en singular, pues es una sigla). Su presencia es frecuente en las noticias, sobre todo en los últimos tiempos, por los más diversos motivos: Mercosur, lluvias o sequías, precios, PAC (otra sigla), etc. Y suele ocurrir entonces que locutores y locutoras nos hablan de lasopas, así, de corrido, como si todo el mundo conociese la tal sigla, y nombrándolas en plural para más lío, como si abarcase una cuarta palabra que comenzara en s. Quizá por eso, porque sienten el desliz, enfatizan el enlace inútil y pronuncian lasopas. El resultado es, sí, una sopa. De letras.

 

            Tiempos hubo en que los medios de comunicación, los escritos fundamentalmente, disponían de una persona que se encargaba de las correcciones. Esto ya no se estila, es un gasto superfluo; y esa ausencia ocasiona, entre otros daños, este tipo de comunicación defectuosa. La anécdota que citamos más arriba es sólo una muy pequeña muestra. Pero el mundo está lleno de informaciones groseras, falsas, oscuras, ambivalente, erróneas… no importan ni la forma ni el contenido la mayor parte de las veces. Y no hablemos de las redes.

 

            Ciertamente, la comunicación se parece cada vez más a una sopa, no importa tanto la precisión como el espectáculo, sobra el estilo, obvia la confusión o la aviva, triunfa el titular impactante, prevalece la imagen efectista y, además, se ignora la prosodia.

 

 Publicado en La Nueva Crónica, 31 mayo 2026

domingo, 24 de mayo de 2026

Librerías

            El salvajismo inmobiliario y otras ingenierías financieras no sólo acosan y maltratan a las personas, sino también a numerosos negocios, buena parte de ellos tradicionales y con historia, que se ven condenados al cierre en muchos casos o al traspaso y cambio de actividad. Hemos sabido en fechas recientes de dos librerías que así les ha ocurrido.

 

            En Burgos la librería de toda la vida, Hijos de Santiago Rodríguez, y en Mogarraz la librería dinamizadora de la localidad, Tu librería de siempre, se han visto obligadas a recurrir al llamado crowdfunding para sobrevivir. La primera ha conseguido recaudar lo necesario para asegurar su futuro. La segunda continúa en proceso de llegar al mismo punto. Es la generosidad de sus clientes lectores la que ha permitido regatear al destino. En el primer caso se trataba de solventar una deuda que ha conllevado el concurso de acreedores. En el segundo, nos encontramos ante un vicio inmobiliario. Tanto da lo uno que lo otro, lo cierto es que la muerte de una librería es un poco nuestra propia muerte, la de quienes aún mantenemos la costumbre de comprar libros, degustarlos en papel y leerlos a la antigua usanza.

 

            No obstante lo anterior, es verdad que el sector de las librerías es uno de los que más ha crecido en nuestra Comunidad últimamente, no solo por el número, sino también por la calidad de las mismas, alcanzando una de las mayores densidades de librerías por habitante en España. Así sucede con la ciudad de León, que es la que más librerías tiene por habitante, como recogen distintos estudios, entre otros el firmado por la Fundación Jesús Pereda el pasado año. En diciembre de 2023, había 226 librerías en Castilla y León, lo que representa el 8,10% del total nacional. Esto se traduce en una densidad de 9,48 librerías por cada 100.000 habitantes, situando a esta comunidad autónoma a la cabeza en este aspecto.

 

            Luces y sombras, como se suele decir ahora. Reflexiones que coinciden con la clausura de la Feria del Libro en nuestra ciudad.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 24 mayo 2026

domingo, 17 de mayo de 2026

Burbujas

            Si una palabra de nuestra lengua se ha cargado en los últimos tiempos con un significado más que negativo, posiblemente no sea otra que burbuja. Cuando la escuchamos o leemos, nadie piensa ya en su acepción primera, la que remite a un globo de aire u otro gas; si acaso, la tenemos en cuenta en tal sentido tan solo cuando nos advierten de los males que entrañan para la salud ciertas bebidas gaseosas, lo cual también atemoriza, aunque no mucho porque las seguimos consumiendo. Pero el miedo a las burbujas, debidamente alimentado desde cualquier ángulo que consideremos, viene de sus otras acepciones de día en día más presentes.

 

            La primera mala burbuja nos asaltó a finales de los años 90 a causa del crecimiento bursátil de los valores apellidados puntocom, es decir, las primeras empresas vinculadas a la primitiva Internet. La especulación que se sumó a aquellas inversiones hizo saltar por los aires el globo y estalló. Se inició un nuevo mundo, no sólo en lo tecnológico/digital, sino, y sobre todo, en el lucro asalvajado. Lo supimos bien, y lo padecimos, a finales de la década siguiente con la doble burbuja financiera e inmobiliaria. Fue una explosión general y durísima, cuya resaca permanece aún en muchos campos; lo que no evita tentaciones de repetición, en particular en lo inmobiliario. La vivienda es la gran burbuja de hoy en día.

 

            Luego nos llegó el ébola, la pandemia y ahora el hantavirus y supimos que una burbuja es también un habitáculo hermético y aislado del exterior o que, vinculada a una persona, se trata de alguien sometido a terapia con aislamiento absoluto. Y el drama fue sobresaliente. Es escuchar el término burbuja y desatarse todo tipo de pánicos, por no mencionar todas las barbaridades a que da lugar en opiniones que se vierten con la más absoluta frivolidad o mala baba. Esto de las opiniones es quizá una enfermedad tan letal como las propiamente dichas.

 

            Lo cual que pobres burbujas. Algo aparentemente inocuo, pero que produce un daño de mucho cuidado.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 17 mayo 2026

domingo, 10 de mayo de 2026

Desregulación


            Es costumbre que se pongan de moda, por lo general efímera, ciertos términos pomposos venidos, bien desde el ámbito de la política, bien desde el mundo de los medios de comunicación. En el primer caso, suelen responder a razones de grandilocuencia, de eufemismos, de decir sin decir nada, puro significante vacío. En el segundo, nacen más bien de un afán de notoriedad, de distinción, de modernidad vulgar. Llegan, están un tiempo con nosotros y se van. El último de estos términos, si bien cargado de peligro, es desregulación.

 

            Se trata de la acción consistente en eliminar total o parcialmente las reglas o normas a las que debe ajustarse algo, en especial una actividad económica; y eso es, pues, lo que han pactado las derechas en los gobiernos autonómicos recién constituidos y que ha dado lugar a la creación de novedosas consejerías con ese nombre. Traducido a lenguaje corriente, no es otra cosa que la consagración de la ley del más fuerte o del sálvese quien pueda. Porque, no lo ignoremos, las reglas y normas pactadas democráticamente ordenan, equilibran, organizan, acompasan, sistematizan la existencia en común. Lo contrario, es decir, lo que persiguen esas consejerías y sus impulsores, es desorganizar, hacerlo al menos en el sentido contrario al de los modelos concertados. En suma, una anarquía de extrema derecha solo pendiente de la motosierra.

 

            Estamos, por tanto, no ante un término hueco, como decíamos al principio, sino ante una acción política del tipo bomba de fragmentación social, de cuyos perjuicios ya tenemos noticia por estas tierras si recordamos lo que dio de sí la intervención de los bárbaros en el anterior gobierno autonómico: vaciado del diálogo social, estrangulamiento de los servicios de mediación laboral y maldición de los débiles, entre otros abusos propios del mal obrar. No otra es, en realidad, la auténtica prioridad nacional:  la primacía de los fuertes por encima de toda ley y sobre los que no son o no aspiran a ser de esa ralea. Conviene saberlo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 10 mayo 2026

domingo, 3 de mayo de 2026

Disparates

            Un disparate es un dicho o un hecho contrario a la razón. Si consideramos que vivimos tiempos y maneras poco razonables, no es difícil convenir que soportamos una época contaminada por los despropósitos. Los hay para todos los gustos y con todo tipo de protagonismos. Curiosamente, aunque sean flores de cualquier estación, ha querido el calendario resaltarlos muy en especial durante los finales de abril. Veamos algunas muestras gloriosas.

 

            Si ese individuo malencarado que habita transitoriamente en la Casa Blanca persiste en su estrategia de maltratar a los que llama sus aliados, de poco habrán servidos manifestaciones, marchas, manifiestos y otras multitudes clamando contra la OTAN y las bases. Él solito liquidará todo ese entramado militar. Lo mismo que sucederá con las tonterías de ese otro individuo que fue rey, que regatea en Sanxenxo y que, gracias a su mal obrar, sus chocheces y su deriva narcisista, conseguirá, también él solito, garantizar el advenimiento de la III República.

 

            ¿Y qué decir de la Conferencia Episcopal? Su justo posicionamiento a favor de la regularización de personas migrantes y frente a la prioridad nacional ha puesto a las derechas todas, sus socios políticos, en un brete. De tal modo que hasta el más bruto de ellas les ha acusado de negocios oscuros en esa materia. Habrá que valorar si una injuria de ese tipo es motivo de excomunión, así para él como para el resto de acólitos insumisos.

 

            Y, finalmente, un poco más de folclore. Si lo castellano no es leonés, como se ha insistido en fechas recientes, qué de leonés tiene lo sevillano. O que alguien me explique las celebraciones de la feria de abril en localidades como Santa María del Páramo, Reliegos o Ciñera. Y, sobre todo, por qué en un bar de mi barrio. Ha sido el colmo de mi desolación.

 

            En fin, sabio fue Cicerón al afirmar: o tempora o mores (¡oh tiempos, oh costumbres!). A saber hasta dónde habría extendido su exclamación si hubiera tenido la oportunidad de asistir a todos estos disparates.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 3 mayo 2026

domingo, 26 de abril de 2026

Ormuz

            Todos somos Ormuz. Me refiero a los humildes, cuya existencia es un estrecho que unos y otros bloquean a conveniencia mientras ensanchan sus cuentas y balances sin piedad. Todo somos Ormuz porque, al cabo, así como a través nuestro viajan mercancías y recursos energéticos, sin los humildes y sin nuestras vidas estrechas nada sería posible, las economías se tambalearían, el comercio se detendría y el mundo en general tendería a la parálisis. Por eso, si fuésemos conscientes del poder de ese Ormuz figurado, no menor que el real, quizá el paisaje sería otro y serían nuestras vidas las que habrían de extenderse. Pensar en esto en vísperas de un nuevo 1º de mayo no es mala idea.

 

            Hubo un tiempo en que atravesar estrechos o doblar cabos era un signo de distinción. Tanto es así que se contaba que aquellos marinos que eran capaces de superar los cabos de Hornos, de Buena Esperanza y Leeuwin conquistaban el derecho a colocarse un aro en la oreja, a no quitarse el sombrero ante el rey y a mear contra el viento. Eran audaces. Todas las conquistas requieren audacia, sobre todo aquellas en las que nos jugamos ensanchar nuestras vidas y las de quienes son nuestros iguales, tengan el origen que tengan, provengan del cabo que provengan y superen en patera el estrecho que hayan de superar. La audacia es el polo opuesto del miedo. Por eso precisamente quienes bloquean estrechos lo que hacen es sembrar miedo para combatir nuestro coraje y domesticarnos. Tanto da el imperio del que hablemos.

 

            Miremos, pues, a Ormuz como quien se mira al espejo y se fija un propósito para el futuro y se niega a la resignación.  Ormuz estaba ahí mucho antes de que llegasen los petroleros, antes de que cayesen las bombas, antes de que se diseminaran las minas, antes de que el caos fuera el orden. Y así será después. Volvamos a ser navegantes de nuestro propio destino y no consintamos que los criminales perturben el rumbo de los humildes, que es el rumbo de la humanidad. Honremos de ese modo el Día del Trabajo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 26 abril 2026

domingo, 19 de abril de 2026

Valores

            Desconfío en general cuando se habla de valores como si de un comodín se tratase. Desconfío más aún cuando se le añaden adjetivos también generalistas, por lo habitual a favor de parte. Y desconfío así mismo cuando los valores dan nombre a un premio, a un galardón, a alguna mención honorífica del tipo que sea. Pongamos por caso los Premios Castilla y León que la Junta entrega en estas fechas, una de cuyas categorías es precisamente la de los Valores Humanos y Sociales, así, todo con mayúsculas. También los que acaba de convocar un periódico local con la denominación Premio al Desarrollo Social y los Valores Humanos, igualmente con mayúsculas más que enfáticas.

 

            ¿De qué valores hablamos? ¿Qué es lo social, qué lo humano? Entre mis contradicciones figura la de haber formado parte del jurado de la versión autonómica en dos ocasiones y debo confesar mi resaca agridulce por esa labor. No sé cómo caí ahí, pero sí sé que lo primero que me correspondió, como miembro de esos jurados, fue abrir el horizonte, ensanchar el contorno de lo que tradicionalmente se venía entendiendo por social y humano, que se limitaba, salvo excepciones, a lo caritativo, a personas y entidades entregadas a la beneficencia, a presuntas actuaciones filantrópicas siempre con un evidente acento religioso católico. Basta repasar la nómina de quienes han recibido esos laureles.

 

            No desvelo ningún secreto de las deliberaciones si cuento que el primer año defendí, y fracasé, a las escuelas municipales de música encarnadas en la candidatura de la Agrupación Musical de Guardo. Triunfó, al final, en 2020. A mi modo de ver, poco había más humano y social, entre las propuestas, que el aprendizaje de la música de un modo no profesional por parte de cientos de personas anónimas en numerosas localidades de la Comunidad Autónoma. No fue fácil encajarlo en la denominación del premio, lo confieso. Por eso precisamente desconfío de la utilización del término valores y más si lleva coletillas. Es muy fácil de manipular.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 19 abril 2026

domingo, 12 de abril de 2026

Dicasterio


            Cuentan los estudios de prospección del mercado laboral que en las siguientes décadas existirán numerosos puestos de trabajo que hoy ni conocemos. Otros desaparecerán. Será así. Basta con mirar atrás y preguntarnos dónde han quedado los oficios de arriero, fogonero, peón caminero o sereno, entre otros muchos. Del mismo modo, tareas que hoy nos son comunes resultaban insospechadas para nuestros abuelos y abuelas: presentadora de telediario, analista de seguridad, árbitra, astronauta, etc. También es verdad que muchas otras labores, aunque a veces cambien su denominación, permanecen a pesar del paso del tiempo.

 

            Por ejemplo, encargado del dicasterio para el culto divino y la disciplina de los sacramentos del Vaticano. Ni en los mejores servicios de orientación laboral nos advirtieron ni nos advierten todavía de que uno pude llegar a ser algo en un dicasterio, y mira que, por su perdurabilidad, tiene posibilidades el asunto. Bastantes, seguramente. En realidad, lo de dicasterio no es tanto un título personal como un departamento donde, no obstante, alguien trabaja. Y así se nombran desde Juan Pablo II los organismos especializados de la curia romana. Hasta dieciséis dicasterios tengo localizados, los hay para todos los gustos y para todo tipo de vocaciones profesionales, no se deberían desdeñar a la hora de buscar un futuro laboral con posibles.

 

            Lo que vengo a decir es que, así como existen los dicasterios y no tenemos ni idea de ellos, bueno es saber también que hay otros oficios escondidos que no entran en nuestro horizonte ni por lo más remoto. Pero están. Yo tuve un amigo que se dedicaba a exportar puertas a San Petersburgo. Es decir, guiaba el proceso de fábrica a consumidor, entre La Mancha y Rusia. Así de simple. Y en Japón acaba de ponerse de moda, con gran éxito, el profesional de no hacer nada, se limitan a escuchar, comer y acompañar. Y, para los más adictos a la tecnología, cabe dedicarse a fotografiar en bici o a pie para Google Maps o Street View Trekker.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 12 abril 2026

domingo, 5 de abril de 2026

Catecismo

            En tiempos remotos, siendo aún mocosos, el estudio obligado del catecismo no era tanto fuente de luz como alimento del temor. Había pasajes en aquel manual de instrucciones que alentaban un especial desasosiego y que, con el tiempo, se convirtieron muy posiblemente en el estímulo para la incredulidad. Por ejemplo, lo de que Dios estuviese en todas partes. No había escapatoria, era como el ojo del gran hermano que todo lo ve, lo analiza y lo anota, ¿para qué decir los pecados al confesor si todo constaba ya en el inventario divino? Sí, con los años aprendimos a relativizar eso y lo demás y, afortunadamente, dejamos atrás esas servidumbres religiosas.

 

            Sin embargo, el país entero no fue tan espabilado, no lo es todavía al parecer, y aquellas prédicas no sólo permanecen en algún sentido, sino que tienden a extenderse en su representación más teatral. Quizá por eso, por lo teatral, que siempre, sin saberlo, fue muy del gusto popular. Me refiero a la ocupación de nuestras calles a lo largo de los últimos días con un sinfín de catecismos en formato procesión, otra forma de aleccionar, otro modo de explicar que está por todas partes, que es un dios ocupa. Yo, desde la no fe, no conozco otra forma de explicarlo.

 

            Ahora bien, este nuevo catecismo callejero es, sin duda, lo menos religioso que uno pueda contemplar. Responde más bien a otro tipo de catecismo mucho más impío. Me refiero al espectáculo, al jolgorio, a la frivolidad. Lo saben bien los servidores de limonada, quienes, no obstante, se quejarán a la postre de que la semana no les salió como preveían. Lo saben también hoteleros y otros dueños del negocio para estabular viajeros, quienes, no obstante, se quejarán a la postre de que la semana no les salió como preveían. Y lo saben las propias cofradías, las guardianas del catecismo riguroso, cuyos desfiles más parece en muchos casos un ejercicio de exhibicionismo que una auténtica contrición penitente y que, a la postre, se quejarán del mismo mal que sus otros colegas.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 5 abril 2026

domingo, 29 de marzo de 2026

Gasolina

            ¿Cuánto tardará la Unión Europea en racionar la gasolina y cuánto en que surja en España un mercado negro con ese combustible? Ningún gobierno en su sano juicio se atrevería, en medio de la actual crisis bélica y energética, a aventurar semejante escenario. Provocaría una alarma social notable, una contestación reaccionaria posiblemente violenta y una bronca entre partidos que empequeñecería todas las precedentes, si esto es aún posible. Pero sí se puede escribir en una columna periodística, aun a riesgo de que a uno lo califiquen de apocalíptico.

 

            En consonancia con ello, la siguiente pregunta puede ser: ¿no es una forma de apocalipsis lo que se vive en Oriente Medio, desde Gaza hasta Irán y desde Beirut hasta el Valle de la Becá? Diremos más: ¿no lo es acaso el asedio imperial de Rusia sobre Ucrania, el secuestro de un presidente venezolano o el estrangulamiento de Cuba? ¿Y qué sucede en África, qué ocurre entre Pakistán y Afganistán, y entre Camboya y Tailandia? Todo eso sin entrar en pormenores internos de numerosos países donde el respeto a los derechos desapareció ya hace mucho tiempo.

 

            No, no es apocalíptica la hipótesis lanzada líneas arriba, sino una posibilidad más que verosímil si repasamos el mapa y observamos cómo actúan los bárbaros gobernantes del planeta y sus formas de proceder. Conforme a ello, la pregunta que surge es simple: ¿qué podemos hacer frente a ese desbarajuste ciudadanos y ciudadanas corrientes? Vivir, sobre todo vivir, de eso no hay duda, procurar vivir siendo conscientes de que todo esto no es una plaga apocalíptica, aunque sí una malísima pandemia, creo que se entiende la diferencia. Del apocalipsis no se sale, de las pandemias sí. Y se sale por vía política y por la vía, seguramente, del decrecimiento. Quizá haya que gastar menos en gasolina, sí, menos en aviones turísticos, en cruceros, en rallys, en excursiones, en manifestaciones con tractores, en ferias domingueras, en caravanas penitentes… y en todas esas cosas que andan sobrando.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 29 marzo 2026

domingo, 22 de marzo de 2026

Hechicería

            En antiguas civilizaciones, o no tanto, la hechicería causaba tanta admiración como temor, hasta el punto de que a nadie, a ningún jefe de tribu o poderoso al mando, se le hubiera ocurrido asimilarla con curanderos, sacamuelas, curalotodos, santeros, practicantes u otras ramas por el estilo. De haber obrado así, como poco hubieran preparado una huelga amarillenta del tipo una semana de paro al mes y sanseacabó. Porque la hechicería es la hechicería y no admite parangón.

 

            Eso se deduce, pensando bien, de las insólitas huelgas médicas en contra de un estatuto que, mejoras profesionales y organizativas aparte, les equipara con el resto del personal sanitario. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Salvando distancias, recuerdan en cierto modo a las huelgas de no hace tanto protagonizadas por las altas magistraturas judiciales. O la de los técnicos de Hacienda animados por ese autosindicato propio. Parece ser que todos y todas queremos ser más que alguien, que estamos sobrados de razones para ello y que no estamos dispuestos a ser confundidos con la chusma proletaria. Del mismo modo que la hechicería pugnó hasta el fin por conservar su posición privilegiada entre los mortales.

 

            No es nada nuevo, pues, pero convendremos que en estos tiempos lo de ser diferente al otro, y a ser posible superior, se ha convertido en aspiración básica, así en lo laboral como en lo social. No es raro, por lo tanto, que cuajen mensajes que enfrentan al penúltimo con el último, esto es, al paria con el migrante, como si ésa fuese la lucha fundamental de clase y no la que, de forma general, disputan el capital y el trabajo.

 

            En el caso de la hechicería su poder se apoyaba tanto en la cualidad de curar como en la función sacerdotal. Podríamos pensar que no sucede así con las privilegiadas élites actuales que supuestamente han venido a sustituirla, aunque no es tal: en el fondo, todo afán preponderante es una pose divina más. Por fortuna, esa divinidad se viste hoy de ciencia y no de un designio del más allá.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 22 marzo 2026