Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 31 de marzo de 2024

Discordia

            ¿Qué entiende un gobierno de extrema derecha, qué entiende en concreto el gobierno de extrema derecha de Castilla y León que es concordia? Basta con una lectura paciente del Proyecto de Ley que ellos llaman de ese modo y que pretenden someter a la consideración de las Cortes Autonómicas para comprobarlo. Básicamente, se trata de un texto revisionista desde el punto de vista histórico, opuesto en el fondo a la justicia y reparación, burocrático en exceso, desorientado en sentido cronológico, no transparente, ideologizado al extremo y no abierto a la participación de la sociedad. Es, en suma, un Proyecto de Ley que choca frontalmente con los derechos de memoria, reparación y voluntad de no repetición, aparte de entrar en flagrantes contradicciones con las leyes estatales a las que dice vincularse y que todo gobierno debiera cumplir y hacer cumplir.

 

Con estos mimbres, cualquier estudiante suspendería las pruebas de acceso a la universidad, lo que no obsta, sin embargo, para llegar a ser procurador e incluso vicepresidente de un gobierno de extrema derecha. Es así, sencillamente. Digamos para sostener la anterior afirmación que, entre otras aberraciones, en ningún momento de la exposición de motivos del proyecto se menciona el golpe de estado de 1936 o la dictadura, se les da como no existidos, y se amplía el periodo histórico de atención a entre 1931 y 1978, dando a entender que la Segunda República fue un trance histórico carente de legalidad y no democrático. O que se incluya en el mismo saco a las víctimas del terrorismo, como si no dispusieran ya de su propia y adecuada Ley.

 

            Estamos más bien ante un documento para la discordia, opuesto al acuerdo con el que sí nació el Decreto de la Memoria Histórica y Democrática de Castilla y León, cuya derogación ahora se propone, que fue fruto del acuerdo entre asociaciones memorialistas, organizaciones sindicales de clase y el Gobierno presidido por Juan Vicente Herrera, aquel rojo al que ahora sus colegas condenan al paredón.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 31 marzo 2024

domingo, 24 de marzo de 2024

Pasión

            Unos días antes de que desemboquemos en la nombrada como Semana de la Pasión, se presentó en nuestra ciudad la nueva edición de las memorias de Dolores Ibárruri, la Pasionaria. Parecen dos extremos de una misma realidad, cara y cruz de un mismo país. Pero todavía podríamos añadir un tercer naipe en la mesa para ampliar la jugada como una alternativa más: me refiero a la película Passion, firmada en 1982 por Jean Luc Godard, donde caímos apasionadamente rendidos ante las figuras de Isabelle Huppert y Hanna Schygulla. En terreno de pasiones nos movemos.

 

            Lo que nos enseña esa gama actual de posibilidades es nuestra capacidad para elegir. No sucedía así cuando la semana pasional era la única opción, se cerraban los cines, se cerraban salas de fiesta por supuesto, se cerraba la vida frente al aroma obligado del incienso. Era la única opción, sí, aunque era bastante más discreta que el avasallamiento de estos últimos tiempos con toda esa multiplicada sucesión de ritos y ceremonias que, lo quieras o no, te expulsan del espacio público. Es decir, lo que hoy se cierra, curiosamente, es el espacio público. Lo que nunca se cerró del todo, y mucho menos ahora, fueron los bares, ese templo sagrado de la libertad.

 

            Salvando las distancias, yo celebro siempre la posibilidad de elegir, porque en eso consiste en parte la verdadera libertad. Por ejemplo, se comenta frecuentemente la imposibilidad de hacer frente a una agenda cultural de día en día más copiosa: se solapan conciertos, presentaciones de libros, exposiciones, convocatorias varias y se pide que alguien (¿alguien?) coordine la programación para evitar el colapso. A mi modo de ver, la única coordinación posible es la que nace de nuestra elección, somos afortunados por poder hacerlo, mucho peor sería que no pudiésemos elegir porque habitásemos en un páramo cultural. Como en la antigua semana de pasión y penitencia. Incluso la elección resulta apasionante, tanto que a veces es preferible quedarse en casa por no saber decidir.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 24 marzo 2024

viernes, 22 de marzo de 2024

DOLORES IBÁRRURI: El único camino

 

LAS AUTORAS

     Puesto que se trata de unas memorias (dobles), las autoras son evidentemente Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y su hija Amaya Ruiz Ibárruri. La primera, más que un símbolo de la lucha obrera y de la historia del siglo XX en España y en Europa; la segunda, una observadora primero del devenir de su madre Dolores y de su familia y la depositaria de su legado después. Esta labor está hoy en manos de la nieta, Lola Ruiz Ibárruri.

EL LIBRO

     Esta edición, firmada por Akal y cuidada por el historiador Mario Amorós, además de las memorias de Dolores Ibárruri, publicadas originalmente en 1962 como un testimonio imprescindible sobre la historia de España en un momento crucial, incluye también las memorias inéditas de la única de sus hijos que le sobrevivió, Amaya Ruiz Ibárruri, que ofrecen un contrapunto a las primeras. El conjunto del volumen redescubre a Dolores Ibárruri desde los desafíos actuales para las luchas que ella encabezó: la emancipación del género humano, el feminismo y la lucha contra el fascismo.

 EL TEXTO

     [El libro] "nos devuelve también su contribución y la del PCE a la evolución democrática de España, singularmente en ese periodo histórico, a la formación del primer Frente Popular victorioso en el mundo y a la defensa de la República. Sus reflexiones en diferentes pasajes de este libro y en una parte de los discurso y artículos suyos (...) la sitúan, además, como una de las pioneras de la lucha por la igualdad de género en nuestro país."

 

domingo, 17 de marzo de 2024

Amnistía

            Tanto se ha escrito y dicho al respecto que seguramente esta pobre columna apenas aportará nada nuevo al debate. Aunque, para empezar, nada mejor que reivindicar el debate, por más que resulte cansino a ratos, porque es exactamente lo contrario del dogma, que es donde generalmente suele caerse. En segundo lugar, convengamos que es materia opinable y contradictoria, por lo tanto aquí sí cabe el respeto de las opiniones si no son eso, dogmáticas.

 

            Dicho lo cual, conviene recordar que esta democracia imperfecta en la que vivimos tuvo su inicio en gran parte con dos amnistías que hubo que pelear, básicamente porque las gentes de bien, como se dice ahora, nunca suelen estar por la reconciliación sino por el castigo. Hubo que pelear tanto la amnistía política como la amnistía laboral de 1977. La primera sirvió para sacar a los presos políticos de las cárceles, si bien impidió juzgar los crímenes de la dictadura porque se perdonó a todos, a los presos y a los torturadores y asesinos. La segunda acabó con la persecución sufrida por miles de trabajadores y trabajadoras durante la dictadura y molestó a franquistas y a empresarios. Como molestó, acto seguido, la legalización de determinadas organizaciones sindicales de clase. Será por algo. En suma, aquella pretérita amnistía política perdonó delitos muchísimo más graves que los que ahora supuestamente disculpa la actual amnistía en curso. Y aquí estamos: no se rompió España, no se hundió el mundo. Apena, no obstante, que haya impedido los necesarios procesos de reparación y de justicia.

 

            Da la impresión, pues, de que en materia de amnistías debiéramos hacer uso de una visión histórica para entender esos procesos un poco mejor y para no pensar que ahora empieza todo. Y así mismo de una visión general, porque no es un proceso específicamente español, sino común en los países civilizados, en esos países donde civilización es generosidad incluso con el contrario político o contraparte. Lo que uno quisiera para sí mismo si yerra.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 17 marzo 2024

domingo, 10 de marzo de 2024

Arquitecturas

Muros, paredes, piedras, esos elementos constructivos inertes en apariencia desprenden significados, no obstante, que explican políticas y orientan nuestro pensamiento. Observémoslos, por ejemplo, a la luz de la arquitectura que levanta la Junta de Castilla y León con sus procederes.

 

En materia de muros, el último gran ladrillo ha consistido en declarar Bien de Interés Cultural una pirámide en el norte de Burgos, que sirvió de enterramiento a los fascistas italianos que acudieron en ayuda del dictador Franco. Ya no quedan cadáveres allí, por lo tanto no sirve ni el gesto piadoso para justificar una decisión humillante e injusta. Además, ni el monumento tiene valor artístico ni lo tendrá nunca. Es una arbitrariedad que incumple las leyes de memoria democrática y que, en consecuencia, debería desaparecer

 

En cuanto a paredes, la pareja que nos gobierna rechaza el plan estatal para el acceso a la vivienda que prevé, entre otras cosas, límites para los alquileres. Como no creen en él, afirman, en su lugar optan por subvencionar a los inquilinos para que éstos a su vez donen lo recibido, es decir, dineros públicos a la propiedad privada, en su mayor parte especuladores, grandes propietarios y fondos de inversión.

 

Por último, en lo que hace a las piedras, la dejadez de la Consejería de Cultura permite que se vengan abajo por la humedad y otras erosiones las que forman el conjunto románico de San Juan de Duero en Soria. Apenas ha habido inversión en el monumento durante los últimos veinte años, y el último gasto se dedicó a sustituir los DVD, reponer las puertas de madera y reparar una iglesia aledaña, nada para conservar ese claustro fuera de lo común.

 

En suma, la arquitectura tiene ideología, como todas las artes la tienen. Y sobre todo hacen gala de ella con sus decisiones los gobiernos que administran de forma torcida esos bienes. A esos tres ejemplos podrían sumarse muchos otros y concluiríamos que nos gobiernan necios, necios en verdad malintencionados. No nos respetan.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 10 marzo 2024

domingo, 3 de marzo de 2024

Sanatorio

            Cuando mansamente se acude a una consulta médica en ese edificio que llaman ahora Centro de Especialidades de la Condesa, resulta inevitable recordar que aquello fue en un tiempo ambulatorio, una denominación perdida como tantas otras para aparentar modernidad. Como define la Academia, era aquél un establecimiento destinado a prestar asistencia médica y farmacéutica a enfermos que no se alojan en él. Y remite además, si lo pensamos, a la práctica de andar, es decir, que no estamos para que nos retiren cuando a ese lugar nos dirigimos.

 

            Del mismo modo, se perdió el término sanatorio, que sí era un establecimiento convenientemente dispuesto para la estancia de enfermos que necesitan someterse a tratamientos médicos, quirúrgicos o climatológicos, esto último cada vez más, me da la sensación. El caso es que hoy ya no se suelen denominar así, se prefirió el término hospital, que parece más amable por su familiaridad con hostal o con hospedaje, como si se fuese allí de vacaciones. Quizá para evitar confusiones, en la actualidad se opta por fórmulas menos comprensibles, como CAULE, que nadie sabe lo que es, pero que se refiere a Complejo Asistencial Universitario de León. En fin, unas siglas y una denominación más apropiadas a los templos de la tecno-ciencia, que es en realidad en lo que se han convertido nuestros hospitales o sanatorios. También es cierto que existía una segunda diferencia entre esos dos conceptos: el hospital era en origen un establecimiento de asistencia gratuita, mientras que el sanatorio era de pago.

 

            Los sanatorios, además del lenguaje y las costumbres, tuvieron otro enemigo poderoso: la especulación. Situados, por lo general, en el núcleo de las ciudades, la voracidad urbanística acabó por devorarlos. Es lo que ocurrió en nuestra ciudad con varios edificios notables que, como otros lugares emblemáticos, eran verdaderas señas de su identidad. Tanto como iglesias, casonas o edificios civiles insignes. Como se sabe, la enfermedad del ladrillo no tiene cura.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 3 marzo 2024