Blog de Ignacio Fernández

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viernes, 31 de octubre de 2025

Más derechos con un convenio colectivo

            En tiempos de obviedades y de paradojas como los presentes, enunciar de nuevo el derecho a la negociación colectiva en sectores desamparados se convierte en una demanda clave. No debiera ser así, es algo que tendría que suceder de suyo, aunque nunca ha sido tal, ha habido que pelearlo y continúa siendo necesaria esa pugna, más aún si atendemos a la regresión social y democrática que nos amenaza. También si lo hacemos a las nuevas realidades del trabajo que se advierten en esta edad histórica.

 

            Es verdad que en el ámbito de los archivos algo se ha movido, con timidez, y algo se mueve, aunque no siempre acabe de cuajar, y de ahí la necesidad de insistir en ese objetivo: regular y dignificar a través de un convenio sectorial este oficio y todas las figuras que lo desarrollan. Artículos de opinión se han escrito de forma regular en publicaciones de ese campo acerca de esta necesidad. Acciones vanguardistas, podríamos decir, han conseguido conquistar posiciones en casos concretos en el País Vasco, aunque sólo fuese a través de la extensión de otros convenios o con el sectorial para gestoras/es de información y documentación en Guipúzcoa.  Más recientemente, en la primera mitad de este año y en un terreno algo más práctico, el sindicato LAB ha emprendido acciones en la Comunidad Foral de Navarra en tal sentido, tratando de implicar en ello tanto a empresas como al Gobierno autonómico. No inventamos nada nuevo, por tanto, escribiendo acerca de esta materia y exhortando con ello a la acción.

 

            Observemos, para empezar, que la mayor parte de archiveros y archiveras ejercen su labor en el ámbito público, son empleados públicos. En consecuencia, cuentan ya con un marco de relaciones laborales, en algunos casos con derecho a negociación, el personal laboral, y en otros con acomodo a acuerdos generales y legislación también general, el personal funcionario. Dentro de ese marco, existen órganos de representación, negociación y gestión para el conjunto de trabajadores y trabajadoras. Cuestión distinta es el grado de participación en todo ello de aquellos de quienes aquí tratamos. No entraremos ahí.

 

            Diremos, pues, que lo público debiera ser un tractor para lo privado, máxime cuando se generaliza en el ámbito de las administraciones públicas todo tipo de externalización de servicios. En esa senda, debieran ser dichas administraciones las primeras interesadas en las buenas prácticas laborales, reclamando un mínimo de formalidad y combatiendo lo anómalo y, en la medida de lo posible, valorar la existencia de un convenio colectivo en las licitaciones, tal y como nos sugiere Antonio David Bening Prieto en su artículo “La contratación pública como herramienta de mejora de las condiciones laborales: posibilidades, límites y limitaciones”[1].

 

            Aunque sean expresión de vida, la diversidad de asociaciones profesionales y su gran dispersión territorial supone una debilidad para lo que aquí tratamos. Su papel habría de ser en todo caso el de empujar a favor de obra. Esa obra, no lo ignoremos, corresponde a las organizaciones sindicales, a las empresas y, como antes hemos sugerido, a las administraciones. Encajar en esa construcción la diversidad y la dispersión debiera ser el primer paso. Implicar a los agentes sociales el segundo. En dicho andar, la intervención militante y afiliativa es, a nuestro modo de ver, capital, porque también sindicatos y empresas requieren impulso interno para extender el mapa de la negociación colectiva. No es que no mame quien no llora, pero bueno es hacerse notar. La iniciativa antes citada del sindicato LAB no nació por generación espontánea.

 

            En cuanto al espacio privado, existe así mismo una gran variedad de centros de trabajo y de actividad. Pensemos que a los tradicionales archivos, bibliotecas, centros de documentación, museos, etc. se han sumado, y se sumarán más en el futuro, empresas multiservicio que son las que precisamente ejercen en un doble flanco: el de la iniciativa privada propiamente dicha y el de la contratación de servicios desde lo público. A todo ello habría que dar respuesta conveniente. Sobre todo, porque en este último eslabón la precariedad es la norma.

             Aspirar a conseguir un convenio sectorial general de ámbito estatal parece excesivo, en parte por cuanto ya hemos señalado y en parte porque no es una costumbre muy común. Hacerlo, en cambio, en espacios territoriales concretos es mucho más factible, tal y como hemos visto en los casos del País Vasco y de Navarra. Por último, llevarlo a cabo en una comunidad como Castilla y León, tan exigida por elementos de cohesión, es un auténtico desafío al que no se debería renunciar. Tengamos en cuenta que es ésta una comunidad donde la negociación es fundamentalmente provincial porque así lo determinan, sobre todo, sus organizaciones empresariales. Romper dicho marco tan local constituiría también una doble conquista.

 

            En fin, si toda esta argumentación no ha resultado suficiente, echemos mano de un título revelador, el del artículo de Luis Martínez García: “Archiveros en el laberinto. Una profesión en permanente búsqueda de su identidad”[2]. Posiblemente, si el sector estuviera ordenado laboralmente, contaría con una inquietud menos en dicha búsqueda.



[1] TRIA 27. Revista Archivística de la Asociación de Archiveros de Andalucía.

[2] TRIA 27. Revista Archivística de la Asociación de Archiveros de Andalucía.

 

Publicado en la revista Archivamos 03 2025

domingo, 3 de noviembre de 2024

Minas

            El eco de las minas no concluye, pero se desordena. Después de un tiempo de postración tras el fin definitivo de toda la actividad minera, su memoria material e inmaterial bulle sin orden ni concierto y hay una pugna encubierta por convertirse en centro de la misma. Se trata de encontrar un relevo económico que nunca será tal en su magnitud, aunque posiblemente no haya otro a corto plazo. De ahí que municipios de todas las cuencas, de acá y de allá, con ayudas de administraciones o sin ellas, persigan con mayor o menor éxito convertirse en foco de atracción turística y cultural.

 

            Enumeraré las iniciativas que conozco y seguro que alguna olvido: el Pozo María en Caboalles de Abajo, en fase de convertirse en Archivo de las familias mineras; el Pozo Julia y todos sus anexos en Fabero, declarado Bien de Interés Cultural en 2021; el Museo de la siderurgia y de la minería de Castilla y León en Sabero; el Museo de la Energía (Fábrica de la Luz) y la Térmica Cultural en Ponferrada; el Centro de Interpretación de la Minería en Barruelo Santullán (Palencia); y la Fundación Cultura Minera y museo en Torre del Bierzo. Recientemente han anunciado que se sumarán a esta lista el Instituto de Estudios Sangre Minera con un nuevo museo en La Robla y el Pozo Herrera I en Sabero que, al menos en otra onda, aspira a ser un Centro de investigación sobre la biología de la Cordillera Cantábrica.

 

            Dicho todo esto y sin cuestionar ninguno de esos proyectos, sólo cabe preguntarse si hay alguien al timón. Y se me ocurre responder que esa labor le corresponde, hoy por hoy, a la Consejería de Cultura y Turismo que, en lugar de estimular la competencia vía subvenciones, como hace así mismo la Diputación Provincial, debiera más bien cohesionar todas esas ideas, armonizarlas y abrazarlas, junto a otros enclaves relacionados y otras colateralidades, con una única etiqueta: paisaje cultural minero. Urge esa dirección, liderazgo, coordinación o como se le quiera llamar. Colegiada y participada, eso sí.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 3 noviembre 2024

sábado, 28 de septiembre de 2024

XV Premios Diálogo

       Buenas tardes y muchísimas gracias por acompañarnos en este acto que es más que notable para la Fundación Jesús Pereda de CCOO de Castilla y León. No es que nuestra vida pivote sobre él en exclusiva año tras año, nuestra programación y nuestras tareas son por fortuna amplias y diversas, pero es verdad que también gracias a él recorremos la comunidad, extendemos nuestras redes, cumplimos la función de resaltar valores culturales que en ocasiones pasan casi desapercibidos y nos encontramos con amigos y amigas a quienes mucho estimamos. Así que sí, muchas gracias.

 

       Me gustaría, para empezar, compartir con ustedes un par de ideas que podrán situarnos mejor que cuanto yo diga acerca del sentido de este acto y de estos premios.

 

       Al hilo de las cosas raras que nos ocurren de forma habitual, escribía hace unos meses Pepa Bueno, la directora del diario El País, lo siguiente: “…el diálogo, el contraste de ideas y la búsqueda del bien común son el motor real del futuro de cualquier país. Y hay mucha gente trabajando en esa dirección al margen de quienes más gritan, gente preocupada por la desinformación y el bloqueo de nuestra vida pública. Gente que hace lo que está en su mano: propiciar los lugares de encuentro y el debate sobre los temas de fondo (…) Que el ruido interesado que nos rodea no nos haga perder la perspectiva”.

 

       Y, más recientemente, Máriam Martínez Bascuñán, una importante politóloga, se preguntaba y se respondía a sí misma: “¿Recuerdan la última vez que no votamos contra nadie? ¿En la que no pretendieron movilizarnos para salvar la democracia? Reivindiquemos el noble aburrimiento del diálogo y la persuasión frente a la guerra cultural”.

 

       Bueno, eso es lo que nos trae aquí esta tarde: la celebración del contraste de ideas, del bien común, del encuentro y del debate, de la persuasión y del aburrimiento del diálogo. ¡Qué cosas! ¿Quién nos iba a decir, hace quince años, cuando estos premios vinieron a la vida y les dimos ese nombre, Premios Diálogo, que tal término iba a requerir tanta reivindicación y defensa? Diálogo, que era algo común para nosotros, sobre todo tratándose de un sindicato, junto a movilización y acuerdo; diálogo, que es la antítesis del monólogo, del monólogo onanista en particular; diálogo, que hasta daba nombre a un programa de radio del que tanto aprendimos, Diálogos 3, ¿lo recuerdan? En fin, ¿qué vamos a decir ahora, cuando hemos vivido, vivimos, su contrario, es decir, el odio y la falsedad en los discursos, en las políticas que los aplican y en nuestro ser cotidiano? Está claro, no hay otra opción que perseverar, que es una señal de quienes generan cultura día a día, calladamente, con humildad y con tesón. Como las personas y colectivos premiados a quienes hoy honramos en este acto.

 


       Premiamos a través de ellas el progreso cultural en nuestra Comunidad Autónoma, un progreso con acento necesariamente social, con voluntad crítica y con perspectiva de género, pues no de otro modo lo entendemos en nuestra Fundación y a ello responde también nuestra programación del día a día. El pasado año, para que se hagan una idea, llevamos a cabo un total de 60 actividades con las que llegamos a 19 localidades, grandes y pequeñas, de estas provincias nuestras, más Gijón y Madrid. De todo ello encontrarán fiel testimonio en nuestra página web, les animo a que se asomen a ella. De tal forma que siempre solemos presumir, y creo que hay que hacerlo, de que, si exceptuamos a la Consejería de Cultura, con todos sus medios a cuestas, ninguna otra entidad se dispersa de ese modo en el territorio como una lluvia fina y sostenida. Nos cuesta esfuerzo, pero nos produce satisfacción y nos regala, lo decimos con la debida modestia, reconocimiento. Lo que también representa reconocer el trabajo que el sindicato hace en este sector, siempre insuficiente con toda seguridad.

 

       Esa cualidad itinerante y titiritera de la que les hablaba es lo que nos permite encontrarnos con gentes extraordinarias y es lo que permite así mismo ampliar nuestro catálogo de personas y entidades premiadas, todas ellas sobresalientes, cada cual en su ámbito singular. De hecho, lo podrán comprobar esta misma tarde. Por el escenario pasará el folklore, la investigación etnográfica, la defensa del patrimonio, los juegos tradicionales y el compromiso con la igualdad desde los medios de comunicación. Esto último es una novedad este año. Nos parecía que, junto a las categorías que habitualmente premiábamos, era oportuno en los tiempos que corren reconocer el trabajo que algunas personas, más de las que pensamos, llevan a cabo con auténtica militancia ética a la hora de informar.

 

       Así es como hemos llegado esta tarde a Salamanca. Ya en otras ediciones habíamos rondado por Ciudad Rodrigo, por el Barrio del Oeste de esta misma ciudad y por Mogarraz. Solemos llevar siempre la ceremonia de entrega a aquella localidad en la que reside la persona premiada a título individual. O cerca. Tan sólo Palencia y Soria se nos han caído del mapa hasta ahora, y muchos saben aquí que me duelo por ello, pero estoy seguro de que llegarán a esos destinos en el futuro. Aunque no nos tocará ya a nosotros guiar esa ruta. En cierto modo, este acto es también una despedida para quienes hemos dirigido la Fundación durante los últimos ocho años. El próximo mes de mayo tendrá lugar el décimo tercer congreso de Comisiones Obreras de Castilla y León, lo cual supone que se elegirá una nueva dirección que habrá de determinar la senda venidera de la Fundación, quién la presidirá y cómo se conformará su nuevo Patronato. Por eso quiero dejar constancia aquí de mi agradecimiento a todas las personas que lo han integrado en estos años, sin ellas no hubiésemos sabido progresar. Y aprovecho la ocasión para agradecer el trabajo a mi lado de tres personas que me han sido imprescindibles: María Luisa L. Municio, Ana Peña y Juan Carlos del Pozo. Han sido generosas hasta el extremo. Y, obviamente, le agradezco a mi Secretario General, a Vicente Andrés, que confiase en mí para dirigir la Fundación, espero haber estado a la altura de sus expectativas cuando tomó esa decisión.

 

       No es muy propio de mí ni yo soy dado a ello en estas situaciones, pero permítanme un añadido personal. Así como puedo decir que soy feliz en este momento que me acerca al fin de mi trabajo en la gestión cultural pública, diré igualmente que lo fui en mis primeras andanzas en estas mismas labores. Me remonto al año 1986 en la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, aquella Consejería y aquella Junta, todo tan incipiente, todo tan distinto. El pasado mes de noviembre falleció quien fue Consejero entonces, el profesor Justino Burgos, quien, aunque poco o casi nada se le haya reconocido, merece a mi modo de ver el mayor de los homenajes. Nos enseñó mucho, aprendimos mucho a su lado y no seríamos las mismas personas de no habernos cruzado con él en nuestra vida. Sinceramente, yo creo que él también sería feliz hoy en este auditorio. En algún sentido, casi todo empezó allí y hasta aquí llegamos.

 

       Nada más, muchísimas gracias de nuevo. Y continuaremos dialogando en los bares.

 


Texto leído en la entrega de los XV Premios Diálogo de la Fundación Jesús Pereda, Salamanca, 27 septiembre 2024


sábado, 30 de septiembre de 2023

XIV Premios Diálogo


        El dramaturgo y Premio Nacional de Literatura Dramática Paco Bezerra, reflexionando acerca de la censura que sufrió el pasado año su obra «Muero porque no muero», concluía que “la mejor manera de combatir el fascismo es con la cultura”. Si con él coincidimos cuantos estamos hoy aquí presentes para celebrar la cultura, convendremos también que éste es un acto antifascista y contrario a cualquier forma de censura. Es así en gran medida cuanto programa la Fundación Jesús Pereda de CCOO a lo largo y ancho de Catilla y León, lo era incluso antes de que las ultraderechas se pavonearán como sucede ahora. Cuando adoptamos el nombre Diálogo para estos premios, 14 años atrás, no podíamos suponer la perentoriedad que habría de tener la defensa del significado de esta palabra. Todo nos parecía tan obvio que incluso resultaba casi un término manido. Sin embargo, hoy, como todos sabemos bien, diálogo no es otra cosa que la antítesis de la barbarie.

 

       Por eso mismo, nos encontramos hoy en La Granja de San Ildefonso, como he dicho, para celebrar la cultura. Continuamos de este modo el camino que nos llevó antes, en otras entregas precedentes, a las localidades de Valladolid, de León, de Zamora, de Ávila, de Burgos y de Benavente, porque en esas ciudades o en sus alrededores habitan, en algunos casos habitaban, las personas que merecieron nuestro Premio Diálogo en la categoría individual, pues eso es al cabo lo que nos llevó a convertirlos en itinerantes. Como todo nuestro ser. Sin desmerecer a quienes integran la nómina de las otras modalidades reconocidas, donde se inserta por ejemplo la Asociación Paladio Arte que les sonará, nos gusta citar y que resuenen los nombres de las personas que fueron reconocidas antes de llegar aquí: el arqueólogo, entre entusiasmado y escéptico, Carlos Sanz Mínguez; la profesora, difusora cultura y generadora de conciencia social Catalina Montes; el cineasta galardonado el pasado año con la Espiga de Honor de la SEMINCI Chema Sarmiento; el pintor, diseñador gráfico y artista comprometido Manuel Jular; el no menos comprometido con todas las causas, muralista y babiano por excelencia Manuel Sierra; la periodista con la voz más calmada que haya existido Rosa María Mateo; el etnógrafo Luis Díaz de Viana y el folclorista Eliseo Parra, que nos han enseñado al alimón la ruta para musicalizar estas galas; el historiador y muy combatiente político Serafín de Tapia; la también profesora y activista por la igualdad Sara Tapia; el contador de cuentos y trasmisor de emociones José Luis Gutiérrez, Don Guti; el más que divulgador de historias Jesús Anta; y la enorme gestora cultural María Calleja. Pues bien, a esta serie admirable de nombres se unirá en unos instantes la ilustradora Celia Uve, de la que luego se dirá lo que proceda.

 


       Nuestra intención es doble al resaltar este inventario. Por un lado, ofrecen testimonio de quién es la Fundación Jesús Pereda y en qué pasillos se mueve; también, naturalmente, con quiénes nos paseamos por esos pasillos. Esto es importante porque son nuestra seña de identidad. Y, por otro lado, nos muestran por qué y para qué existen unos premios como éstos, que son más simbólicos que materiales, que no compiten con otros galardones quizá más enjundiosos, que no se entregan un 23 de abril, pero que son a la postre el álbum cultural más atinado seguramente de esta Comunidad Autónoma. Sin servidumbres ni peajes.

 

       Porque estos premios, por si todavía no se había advertido, nacieron y se prolongan en el tiempo con el objetivo de reconocer la labor de aquellas personas y entidades del mundo de la cultura que hayan favorecido el avance social y cultural en nuestra Comunidad Autónoma. Ese vestido social y cultural es sustancial en las decisiones que toman nuestros jurados. Y ese maridaje define a la perfección todo el entramado. Incluso el de este acto en el que desembocamos cada año, cuyo tono, tempo y estilo marcan casi siempre nuestras amigas de Valquiria, a quienes tanto estimamos.

 

       Así que vayamos con los agradecimientos, que es algo inevitable en estas fiestas. Gracias, por supuesto, al Ayuntamiento de La Granja de San Ildefonso, que nos ha cedido este espacio, y a quienes en él hoy trabajan para que podamos los demás disfrutar del mismo. Gracias a quienes intervienen en el show: Valquiria, claro, Rodrigo Martínez, los técnicos escondidos, mis compañeras de trabajos, Visual Creative y Luis Álvarez Blanco, creador de la obra que recibirán las personas premiadas. Gracias, naturalmente, a nuestros compañeros y compañeras de Comisiones Obreras de Segovia; a María Antonia Sanz y a Marcos Tarilonte, que fue la una y es el otro miembros del patronato de la fundación; a su Secretario General, Alejandro Martínez, que ha luchado con ahínco para que llegásemos aquí; a Teresa Santos, que nos ha abandonado hace unos meses a causa de esos maltratos a los que nos somete el gobierno de la Junta de Castilla y León y que fue entusiasta colaboradora en nuestro archivo; y, faltaría más, muchas gracias de nuevo a todos ustedes.

 

       En fin, vayamos concluyendo, que hay cosas mucho más importantes que estas palabras. Citábamos a Paco Bezerra y su obra censurada al principio de esta intervención. Pues bien, ya que tenemos a Santa Teresa de Jesús a tiro, recordaremos algo que ella sentenció hace siglos y que permanece en nuestro pensamiento: “el miedo -dijo- es el demonio”. Cuidado, por tanto, con esos miedos a los que nos incitan porque son la célula madre del mal. En España el mal procede siempre del miedo y del caciquismo. Hay antídoto, no lo duden, se llama cultura.

 


Texto leído en la entrega de los XIV Premios Diálogo de la Fundación Jesús Pereda, La Granja de San Ildefonso,

29 septiembre 2023

martes, 27 de diciembre de 2022

A propósito de la investigación sobre el franquismo


      Las investigaciones sobre el franquismo y su entorno político, social y cultural constituyen uno de los principales campos de trabajo para los historiadores e historiadoras en la España actual. Cerca de cincuenta años después de la muerte del dictador y más de ochenta años después de la guerra española, esto sigue siendo así. Quizá porque se trata de una etapa de nuestra historia sobre la que menos luz se ha arrojado desde numerosos ángulos (sobre todo desde el educativo), con la clara intención de llevar a cabo algo así como un borrón y cuenta nueva. Desde luego, el compromiso de la Historia no puede ser ése.

      Así lo han venido a demostrar las más de doscientas personas asistentes y las ciento cincuenta y cinco comunicaciones presentadas en el XI Encuentro Internacional de Investigaciones sobre el Franquismo, que tuvo lugar en la ciudad de León el pasado mes de noviembre. Esas comunicaciones procedían de ochenta universidades, quince de las cuales eran extranjeras. Y de todo ello da testimonio así mismo el manifiesto titulado “El conocimiento de la historia del siglo XX es imprescindible para comprender y mejorar el presente”, que fue corroborado por todas aquellas personas asistentes al Encuentro que plasmaron con su firma el apoyo a su contenido.

 

     No se trata aquí de repetir el catálogo de asuntos abordados, todos ellos más que jugosos y que iluminan sendas futuras para el trabajo, sino de lanzar una onda al aire que prolongue como un eco la importancia del Encuentro. Las citas pasan, pero las sustancias permanecen. Pronto llegará otro eco más: a principios del año 2023 se podrá acceder de un modo universal y abierto a las actas de todos los encuentros anteriores, los diez encuentros que se extienden a lo largo de treinta años. Esto es más que relevante. Y pronto también podrán leerse las comunicaciones que en el Encuentro de León se presentaron. El conocimiento al alcance de todos y de todas. Ese es en verdad el objetivo último de una reunión científica como la que se vivió en nuestra ciudad.

 

     Una reunión que por primera vez llegaba a nuestra geografía, a la geografía toda de esta Comunidad Autónoma. La Universidad de León y la Fundación Jesús Pereda de CCOO, sus organizadores, no son, pues, circunstanciales en la materia, sino núcleo de la misma, y han convertido a la ciudad de León en eje nacional de todo ello. También esto es más que notable. Es el trabajo el que nos hace sustanciales. A esa cualidad contribuyeron, no lo olvidemos, terceros que colaboraron para extender en el tiempo y en el espacio el espíritu del Encuentro. Nos referimos al Ayuntamiento de León, al Área de Actividades Culturales de la ULE y al Museo de León. Su abrazo cultural nos dio aún mayor empaque y acercó el saber a toda la ciudadanía leonesa sin que fuera necesario aventurarse en el campus. No ignoramos tampoco la colaboración imprescindible prestada por la Secretaría de Estado de Memoria Democrática.

 

 

     No pecamos de falta de modestia si afirmamos que ha sido una tarea no menor. Así por la magnitud de la empresa como por el momento en que se ha llevado a cabo. Asumimos esta responsabilidad a finales de 2019, al clausurarse el Encuentro precedente celebrado en Valencia. A esa fecha le siguieron acontecimientos y sucesos absolutamente imprevisibles: una pandemia, una guerra en Europa y la entrada de la extrema derecha en el Gobierno de Castilla y León, entre otros. Nada nos detuvo y supimos hacer frente a los elementos. En particular al último de los citados, que supone un reto decisivo para nuestra democracia. Frente a quienes pretenden callar o reescribir la historia a su favor, nada hay más importante que la investigación y el estudio riguroso. No fueron sólo Madrid o Barcelona como grandes urbes las que sufrieron la guerra, la dictadura y todas sus consecuencias, tal y como de una forma simplificada se hace ver en algunas ocasiones. No, también el dolor y la represión llegó hasta los últimos confines de nuestra tierra más cercana, esa que ahora vuelve a padecer el discurso rancio de quienes resurgen del pasado para impedir el progreso. También en ello hemos hecho hincapié en nuestro Encuentro y lo seguiremos haciendo en cuantos otros ecos del mismo nos nazcan.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 27 diciembre 2022

viernes, 30 de septiembre de 2022

XIII Premios Diálogo

 

       Vamos por la decimotercera edición de estos Premios Diálogo. Trece convocatorias que, en cierto modo, son trece anualidades en el haber de la Fundación. Ellos y ella nacieron con modestia y han crecido con humildad y constancia hasta llegar al día de hoy. Es importante reconocer el recorrido de cuanto hacemos, más aún en unos tiempos poco favorables, cuando menos, para las materias que nos han ocupado y ocupan. Ni siquiera la maldita pandemia evitó que en 2020, aquel año crítico en nuestras vidas, nos reuniéramos, con evidente emoción, para honrar entonces, si recordáis, a Jesús Anta, a la revista Átticus, al Centro Cultural El Casino de Santa Colomba de Somoza y al Ballet Contemporáneo de Burgos. No lo evitan hoy ni lo evitarán en el futuro ni los vientos reaccionarios, ni las guerras injustas ni las olas de calor, por citar solo algunos de los elementos contra los que estamos obligados a luchar. También y sobre todo desde la cultura.

 

       Los Premios Diálogo nacieron con modestia, como he dicho, y creo que hoy se pueden contar algunos detalles de aquel alumbramiento. Todo surgió en León -¡qué cosas!-, en una conversación que mantuvimos Kike Cardiaco y yo mismo. Decía él que el supuesto enfrentamiento entre las ciudades de León y de Valladolid era pura invención política interesada y que, muy al contrario, en el campo cultural eran dos territorios que siempre se habían alimentado mutuamente con gentes que iban y venían entre un lugar y otro y que en ese tránsito crecían. Esas gentes, según él, merecían un reconocimiento que nadie, si no éramos nosotros, es decir, el Sindicato, se lo daría nunca. Como podéis comprender, aquella idea primitiva también se vio obligada a crecer, pues, cuando hablamos de tránsitos, éstos bien pueden aplicarse del mismo modo a otros enclaves de Castilla y León. Quiero decir que en esta Comunidad de identidades diversas -no otra es su identidad más que la diversidad- la cultura sí fue siempre nuclear, aunque las políticas no hayan querido verlo y hayan orillado esta realidad incuestionable. Sucede del mismo modo en casi todos los mapas. Pues bien, así lo advirtieron entonces María Vallejo y quienes con ella dirigían y gestionaban el Ateneo Cultural. Y así procedemos ahora quienes dirigimos la actual Fundación.

 

       Diré más. Durante estos últimos cinco años, en los que nos ha correspondido impulsar este atrevido proyecto, a través de nuestros ires y venires no hemos hecho otra cosa más que constatar la evidencia: es la cultura, sin mayores discusiones, la que extiende en verdad un cordón umbilical entre todo el territorio vasto y casi inabarcable de León y de Castilla. No hay discusión al respecto, más allá de opiniones tópicas de algunos iluminados, que haberlos haylos. De ahí, por tanto, si alguien lo dudara, la relevancia de estos Premios en la construcción autonómica real, la que no es ficción ni es mito.

 


       En el día de hoy, como solo una pequeña muestra de nuestro acervo y como representación de las muchas personas y entidades del mundo de la cultura que han favorecido el avance social y cultural en nuestra Comunidad Autónoma, distinguiremos a quienes se dedican a la gestión cultural y son referentes para generaciones que les van sucediendo en esa senda; a quienes se entregan al mundo escénico con afán social; y a quienes, desde la acción en los barrios, generan compañía y sociedad. Como hemos comentado ya en otras ocasiones, no son actividades para el lucimiento, sino nutritivas para el conjunto de la ciudadanía. No despiertan el fervor de los titulares en los medios al uso, pero son el medio para el crecimiento de los individuos. No destacan en los anuarios de las glorias culturales, pero no hay mayor gloria que el producto de sus trabajos.

 

       A lo largo de las trece ediciones de los Premios que hoy culminan, estos galardones que, bien lo sabemos, son más simbólicos que materiales, se han adornado con una pieza con valor artístico o artesanal. De su elaboración se encargaron anteriormente Concha Gay, Jesús Manuel García y José Oré. A esa nómina notable se suma en este acto Luis Álvarez Blanco, quien, por mediación del Centro Regional de Artesanía de Castilla y León (CEARCAL), ha elaborado la obra que recibirán las personas premiadas. Nos sentimos agraciados por ello y confiamos en que así se sientan ellas.

 

       En fin, caminamos, mal que les pese a algunos. Y caminaremos, nadie lo dude. La Fundación tiene hoy una vida sólida y reconocida, una programación digna y un método de trabajo contrastado, un Patronato que no nos permite descarriarnos y unos contenidos de interés general que van más allá de las actividades vistosas y abiertas al público. No olvidemos que también son materias de nuestra incumbencia todo lo relacionado con los archivos del Sindicato y con la memoria democrática, en particular cuanto se refiere a memoria obrera y sindical. Nótese que con todo ello, durante el año 2021, estuvimos presentes en 18 localidades de la Comunidad a través de una cincuentena de actividades. No es ligero balance y aquí lo queremos compartir, precisamente en el que con toda seguridad es nuestro episodio más relumbrante.

 


Texto leído en la entrega de los XIII Premios Diálogo de la Fundación Jesús Pereda, 

Valladolid 30 septiembre 2022

martes, 8 de marzo de 2022

Memoria democrática: uno contra todos

            El 12 de abril de 2018 es la fecha en que inició su recorrido el Decreto de la Memoria Histórica y Democrática de Castilla y León. Tardó en llegar más de lo debido, pero finalmente vio la luz. Gobernaba entonces en la Comunidad Autónoma el Partido Popular en solitario. En un segundo estadio, otro gobierno, formado ahora por PP más Ciudadanos, continuó desarrollándolo. Como parte también del abrigo de dicho Decreto, además de la propia Administración, figuran las entidades que han formado parte de su Consejo Asesor, es decir, las asociaciones para la recuperación de la memoria, las cuatro universidades públicas, la Federación de Municipios y Provincias y CCOO y UGT como sindicatos más representativos. Con mayor o menor éxito, los trabajos derivados del Decreto en cuestión han tenido siempre buena acogida, al margen de que sean mayores las aspiraciones de muchos de nosotros en esa materia.

 

            Fruto de las deliberaciones y opiniones emanadas del Consejo, los gobiernos crearon una unidad administrativa al efecto; han aportado financiación reglamentaria para exhumaciones; han intervenido, como sucedió en Villadangos del Páramo, ante el incumplimiento de las leyes; o han encargado y financiado el mapa de fosas en Castilla y León. Además, en el último tramo de su andadura, el Consejo aprobó por unanimidad el itinerario que le tocaba seguir a la Junta de Castilla y León en estos temas, a saber: localización, exhumación e identificación de víctimas; divulgación de trabajos y resultados de acuerdo con los principios de verdad, justicia, reparación y no repetición; favorecimiento del enterramiento regular de las víctimas halladas o, en su lugar, dignificar los lugares de enterramientos irregulares; inventario de fortificaciones de la guerra civil; y elaboración de unidades didácticas sobre estos temas.

 

            Este es el panorama y el plan de trabajo con los que se llegó a la reciente convocatoria electoral y a las nuevas perspectivas abiertas en función de los resultados de la misma. La novedad que ahora se presenta, una novedad dramática para la materia que tratamos, es la pretensión de un nuevo grupo político con aspiraciones de formar parte del Gobierno de dar carpetazo a estos asuntos y sentenciar el Decreto. Sin pretender cuestionar los resultados electorales, lo que se advierte es que la voluntad torcida de un grupo persigue anular la de todos los demás, que en ningún momento se han pronunciado ni mucho menos contra del Decreto, tal y como se verificó con el rechazo general a una PNL adversa en la legislatura recién agotada; o, de otro modo, mediante componendas, 13 procuradores imponen su equívoca visión histórica sobre la de los otros 68. Traládese eso mismo al cuerpo electoral.

 

            La aritmética sumada a la razón debe ser la guía para reconocer lo que es o no es aceptable por el común de la sociedad, sobre todo para que sea tenido en cuenta por el partido llamado a formar gobierno, el Popular. Y en eso también está llamado a retratarse Alfonso Fernández Mañueco: mostrar su coherencia o su conveniencia, expresar su convicción democrática o su acomodamiento, destacar su afán de justicia o su liquidez moral.

 

            Oportuno es concluir estas reflexiones regresando sobre el texto del Decreto ahora discutido. Señala en su preámbulo: “Los valores democráticos y la defensa de las libertades se constituyen, en el Estatuto de Autonomía, como principios que han de regir todas las políticas públicas, que han de orientarse a la promoción de la cultura de la paz, de la tolerancia, del respeto y del civismo democráticos, rechazando cualquier actitud que promueva la violencia, el odio, la discriminación o la intolerancia, o que, de cualquier otra forma, atente contra la igualdad y la dignidad de las personas”. Pura humanidad.

Publicado en El Día de Valladolid, 5 marzo 2022

martes, 23 de noviembre de 2021

La medida del tiempo

            Cuando nos hundimos de nuevo en el horario invernal, hace escasas fechas, la controversia volvió a animarse. Sucede siempre dos veces al año. Como si la polémica sobre el tiempo, sus usos y medidas se limitara a un vaivén estacional de las horas. A continuación todo vuelve a su ser.

 

            No obstante, el tiempo y sus fugas son un asunto perenne en nuestras conversaciones. Sobre todo, en nuestros lamentos: no tengo tiempo, necesito tiempo, dame tiempo… Y es, obviamente, materia de discusión, negociación e incluso legislación en muchos casos. Luego no es algo menor, sino central en el devenir humano y social. Tanto que, especialmente a partir de la pandemia, ha generado numerosas publicaciones, análisis y debates. También desde el punto de vista sindical.

 

            Señala el sociólogo Jorge Moruno que “si la ciudadanía del siglo XX se vinculó con el derecho al trabajo, la del siglo XXI tiene que hacerlo con el derecho al tiempo: el derecho a vivir con dignidad como algo garantizado al margen de la situación laboral”. Esta aseveración tan rotunda debe ser hoy, a nuestro juicio, el eje nuclear a la hora de pensar acerca de esa magnitud convencional que enmarca nuestras vidas y que llamamos tiempo. Pero la vida, esa vida, la de los trabajadores y trabajadoras, está condicionada de un modo determinante por la jornada laboral, a veces sólo en exclusiva (no olvidemos que trabajo no es sinónimo de empleo). Sin embargo, no sólo debe interesarnos la jornada laboral en sí. Todo lo otro es también decisivo: la vacación, el ocio, el abrir y cerrar de los comercios, el ejercicio de los derechos y deberes de ciudadanía, la cultura como nutriente, los cuidados, la relación con terceros, la atención a uno mismo… constituyen un sinfín de circunstancias que también nos determinan. Y es ahí precisamente donde adquiere total sentido la opinión de Moruno.

 

            Durante el pasado mes de octubre, la Fundación Jesús Pereda de CCOO de Castilla y León llevó a cabo unas jornadas tituladas precisamente “La medida del tiempo”. Participaron en ellas personas vinculadas al sindicalismo, a la sociología, a la gestión cultural, a la economía e incluso a la literatura. De sus intervenciones no se puede decir que hubiese una conclusión única, pero sí que convinimos que se trata de un asunto que requiere examen desde ópticas diversas, más allá de la laboral que todo lo puede, y que reclama decisiones. Fundamentalmente porque una defectuosa gestión de nuestro tiempo no sólo provoca infelicidad, más trabajo y menos bienestar, sino que, además, es germen de desigualdades notables.

 

            Pensemos, por ejemplo, que el tiempo de vida en femenino no responde exclusivamente a criterios de racionalidad económica, como sí lo hace el modelo masculino productivista; de hecho, el tiempo de cuidados o doméstico no es equiparable en absoluto al tiempo de la jornada laboral, pero es así mismo un tiempo que nos consume. Pensemos que son diversas las medidas y los valores del tiempo: tiempo urbano y rural, ciclos de vida, condiciones y cualidades de los trabajos, diferencias entre tiempo libre y tiempo para el consumo…; luego se necesitan políticas del tiempo diferenciadas y planes territoriales de horarios. Pensemos que los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030 se marcan como una meta “reconocer y valorar los cuidados y el trabajo doméstico no remunerados mediante servicios públicos, infraestructuras y políticas de protección social y promoviendo la responsabilidad compartida en el hogar y la familia”; tengamos en cuenta que en España, según datos de 2015, eran 130 millones las horas diarias de trabajo no pagado dedicadas al cuidado. Pensemos que el 41,3 % de la población española declara que llega a casa

demasiado cansada después del trabajo (Eurofound); que El 65% de trabajadores y trabajadoras se sienten requeridos fuera de su horario de trabajo y el 41% no está satisfecho con el equilibrio entre la vida familiar y personal (Barómetro Edenred-Ipsos); que el 82,3 % está a favor de entrar y salir antes del trabajo y el 82,6% de adelantar el prime time televisivo (Barómetro Ulises). Pensemos, en fin, en el tiempo imprescindible para la participación en la esfera social y en las organizaciones que vertebran nuestro mundo; hagámoslo en el tiempo de la cultura, considerada en general como un elemento fundamental del ocio, pero que es mucho más, una base imprescindible para la generación de conciencias críticas, para la creación e incluso para sumar al PIB en términos puramente económicos. Y así sucesivamente.

 

            En definitiva, el catálogo de vericuetos por los que entrar al tiempo y su medida es casi inabarcable. Tan denso como el existir. Podemos considerar que estamos ante una batalla cultural a librar obligatoriamente en esta edad histórica en la que hemos entrado. En ella habrá tensión y discrepancia, fuerzas conservadoras y horizontes de porvenir, haz y envés en cada una de las esquinas que sorteemos en su itinerario. Pero es una batalla cultural ineludible, así para los individuos como para las organizaciones que aspiran a representarlos. Basta ser conscientes de lo que, adelantándose al propio tiempo o quizá porque es un pensamiento perenne fuera del propio tiempo, nos anunció Baltasar Gracián: “Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo: incluso aquel que no tiene otra cosa cuenta con eso”.

 


Publicado en: 

El Día de Valladolid, 20 noviembre 2021

El Día de Soria, 20 noviembre 2021

Diario Palentino, 21 noviembre 2021

viernes, 1 de octubre de 2021

XII Premios Diálogo

     Los Premios Diálogo nacieron hace doce años, impulsados por nuestra Fundación, con el objetivo de reconocer la labor de aquellas personas y entidades del mundo de la cultura que hubieran favorecido el avance social y cultural en nuestra Comunidad Autónoma. Esta declaración puede parecer un mero formalismo, pero visto el recorrido temporal y los acontecimientos que se han sucedido a lo largo de estos años, es casi tanto como reconocer en ese objetivo un premio a la resistencia, a la perseverancia y a la revuelta. Las crisis de estos últimos tiempos, una económica y financiera, otra sanitaria y económica también, sociales ambas, cayeron sobre el espacio cultural como una bomba de fragmentación y volvieron a poner de relieve el escaso valor que la iniciativa pública y privada y la sociedad en general conceden a la cultura. Debemos recordar en tal sentido lo que apuntaba el catedrático Enrique Bustamante, fallecido desgraciadamente el último mes de junio, y que nosotros recogimos el año pasado en nuestro 2º Informe sobre la Cultura en Castilla y León: durante el periodo al que nos referimos, la cultura vivió inmersa primero en lo que se calificó como «década perdida», con regresiones profundas iniciales y recuperaciones parciales e insuficientes después, y vive hoy situada todavía en el ojo del huracán de la pandemia por lo que se refiere al tono económico de la actividad.

 

         Por eso mismo resistencia, perseverancia y revuelta, que son expresiones sustanciales en toda producción cultural, adquieren en la actualidad un significado verdaderamente más que loable, y resistentes, perseverantes y revoltosas son sin duda las personas a las que el jurado de esta edición ha decidido otorgar su reconocimiento. Lo eran también quienes les precedieron. Y ésa es sin duda la cualidad que define a nuestros Premios. Por lo tanto, también a nuestra Fundación y a sus programaciones en cualquiera de las materias a las que atendemos. No puede ser de otro modo si declaramos de entrada nuestra raíz sindical de clase.

 

         Conocerán ustedes en breve la nómina de premiados, pero me permitirán que me anticipe con algunas consideraciones capitales porque en ellas encontrarán así mismo buena parte de nuestras señas de identidad. Premiaremos en esta ocasión el folclore y el trabajo etnográfico, las artes escénicas con afán de integración social y laboral, los proyectos editoriales tan humildes como constantes y la promoción de la cultura en los barrios. No son actividades para el lucimiento, sino nutritivas para el conjunto de la sociedad. No despiertan el fervor de los titulares en los medios al uso, pero son el medio para el crecimiento de los individuos. No destacan en los anuarios de las glorias culturales, pero no hay mayor gloria que el producto de sus trabajos. Esperamos que así lo reconozcan todos ustedes con nosotros.

 


         Tres breves cuestiones para concluir esta intervención.

 

         Una: frente a la postración y a las distancias que nos impuso la maldita enfermedad, la Fundación Jesús Pereda ha apostado en todo momento por reconquistar el medio y mantener en lo posible toda su actividad. Ello nos permitió que el año pasado, tan mal año en general, llegásemos a programar un total de 30 actividades en 15 localidades de Castilla y León. Este año, sin ser tampoco bueno del todo, llevamos ya otro tanto acumulado a estas alturas. Estamos contentos por ello.

 

         Dos: Destacamos el trabajo de quienes trabajan para que nosotros disfrutemos de este acto. Me refiero al personal responsable de este teatro; a las integrantes del grupo Valquiria Teatro y su equipo, que forman parte ya de nuestra familia; al grupo El Naán, que añade el acento musical; y al artesano José Oré, que por tercer año consecutivo se ha encargado de elaborar las piezas que simbolizan el Premio. A todos ellos, estamos seguros, les gusta lo que hacen, pero no trabajan sólo por gusto.

 

         Y tres: Nos felicitamos por estar hoy en Benavente, adonde nuestra programación nos había traído hasta la fecha tan solo en una ocasión, en mayo de 2019. Volveremos. El itinerario de nuestros premios y de sus ecos nos permite dispersarnos por toda la Comunidad, afortunadamente más allá de las capitales de provincia, lo cual también forma parte de nuestra vocación. Es importante, porque no todo sucede en Madrid o Barcelona, en Valladolid o León.

 

         Como remate a todo lo dicho, no olvidemos que las actividades culturales van más allá de su repercusión económica, que es notable. Aportan además a la ciudadanía espíritu crítico y amplitud de miras, promueven la creatividad y, en los términos antropológicos que recogía Tylor, generan sociedad. En ello estamos.

 


Texto leído en la entrega de los XII Premios Diálogo de la Fundación Jesús Pereda, Benavente 1 octubre 2021