Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández
Mostrando entradas con la etiqueta A la siniestra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta A la siniestra. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de julio de 2013

Los comuneros


     Citar el término comunero por estos páramos es como mencionar a la bicha. Sin embargo, nos parece injusto que sea así cuando en esa figura y en cuanto significa, debidamente expurgada, se resume buena parte de la eterna disputa nacional, que va y viene a través de la historia sin resolverse nunca. Nos referimos a los permanentes conflictos de poder territorial, que en su día fueron motivo de rebelión de los municipios contra el rey y que hoy se manifiesta en la represión del poder central sobre la autonomía y democracia municipales. No de otro modo puede entenderse la reforma de las administraciones locales que el Gobierno del Estado pretende bajo los pretextos del sagrado déficit y de la sostenibilidad. En realidad, jamás a lo largo de la historia el poder central digirió bien el papel que juegan las entidades locales, mayores o menores, y siempre se las arregló para limitarlas o condicionarlas al máximo. Se ha hecho ignorando su financiación, asignatura siempre pendiente por parte del Estado, o sometiendo su independencia mediante subvenciones dirigidas, como hacen las comunidades autónomas. Se trata siempre de controlar el poder más inmediato a la ciudadanía, por lo general el más participativo, no vaya a ser que las personas se crean el derecho a actuar en política y acaben eliminando a la gloriosa casta que piensa y decide por ellas. Así las cosas, la marea, claramente ideológica, conduce a la recentralización o a la cesión de soberanía hacia arriba, es decir, hacia instituciones europeas, pero nunca a la inversa. Al menos en los últimos tiempos. Y el proyecto del Gobierno actual lo que pretende en verdad es el debilitamiento de la democracia local, la cercana y directa, a la vez que legalizar una práctica política y de gestión de lo público subsidiaria de la iniciativa privada. Se trata de un escenario para el que, dejando aparte prejuicios, se necesitarían un auténtico espíritu comunero como respuesta.

Publicado en La Crónica de León, 26 julio 2013

jueves, 11 de julio de 2013

Las brechas


     Para no referirse directamente a ciertas desigualdades se suele acudir al término brecha, quizá porque se refiere a una abertura irregular, no natural, corregible por tanto con actuaciones políticas y económicas. Es el caso bastante común de la llamada brecha digital o la que separa el mundo rural del urbano. Claro que también las brechas son “resquicios por donde algo empieza a perder su fortaleza o entereza”. Es lo que acaba de hacer, por ejemplo, el Ministerio de Hacienda al conceder una exención a la matriculación de yates de alquiler, algo que beneficia a unos pocos frente al sacrificio de muchos. Pero, en fin, las brechas más comunes hoy en día siguen siendo las relativas a salarios y al sexo. Por lo que hace a los primeros, esa brecha se ha disparado en lo que declaran autónomos y asalariados, al confirmarse que los empresarios dicen ganar 10.000 euros de media menos que sus empleados. Se trata, pues, de una grieta que apunta a boquete en tanto que ha crecido nada menos que un 50% durante la última década. Más o menos como sucede con la brecha de género en las empresas: ahora el techo de cristal es más alto para las trabajadoras y más inaccesible para  un número mayor de ellas. Comparando los datos del INE relativos a 2010 y 2012 se aprecia que en 2010 ya había menos mujeres en puestos de mando: 8,8% hombres por 4,4% mujeres; en 2012 la distancia se ha agrandado: 9,1% hombres, 4,7% mujeres. En el caso de la dirección de empresa grande o media, el porcentaje de varones era en 2010 del1,1% frente al 0,3% de mujeres; en 2012, el porcentaje de hombres triplica al de mujeres (1,2% por 0,4%). También en 2010 había más hombres que mujeres en la categoría de ocupados independientes, sin jefes o jefas ni personal subordinado (11,3% hombres, 8,2% mujeres); en 2012 la distancia también se ha ensanchado (12,2% por 8,6%). Son datos que conviene conocer para seguir actuando en su corrección o en su incremento. Eso es política.

Publicado en La Crónica de León, 12 julio 2013

jueves, 27 de junio de 2013

El carbón


     El carbón o el acero, tanto da. Sobre su relevancia se construyó mediado el siglo pasado el primer embrión de la Europa moderna. Y sobre su consistencia se alzó la primera unión de países con vocación supranacional. Sin desdeñar el interés económico evidente que de ambas materias se deriva, lo cierto es que aquella Comunidad Europea del Carbón y del Acero demostró sensibilidad social y afán democrático en sus planes fundacionales. Pudo ocurrir que en ello influyera la memoria cercana de las grandes guerras o que el aroma procedente del otro lado del muro condicionara voluntades políticas. Pero lo que ha sucedido después es que la construcción de la Unión Europea, hasta llegar a nuestros días de confusión y escepticismo, ha progresado curiosamente en sentido inverso al valor del que hoy disfrutan lo social y lo democrático, así como al peso menguante en nuestras economías de aquel carbón y de aquel acero. Dicho de otro modo y sin melancolías, podemos afirmar que la renuncia que Europa ha hecho de su potencia industrial en beneficio del sesgo puramente financiero, es decir, la mutación de la economía real en especulativa, cediendo la capacidad productiva sobre todo a los países emergentes, se corresponde fielmente con la pérdida de importancia del modelo social y democrático en el continente. Puede ser atrevido, pero al lado de otras consideraciones de raíz ideológica, económica o política, parece oportuno atender a este hecho: la pérdida de capacidad industrial acarrea también el derrumbe de algunos fundamentos europeos para convertirnos en seres desconocidos y sin rumbo. Por eso en una provincia como la nuestra, donde nunca se produjo una revolución industrial y donde el poco carbón que nos queda está siendo absurdamente sacrificado, el sentido social y democrático será siempre una asignatura pendiente. Mucho más todavía en estos tiempos de cotización universal a la baja y de emprendimientos.

Publicado en La Crónica de León, 28 junio 2013

jueves, 13 de junio de 2013

Los salarios


Una reciente sentencia de la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional ha condenado a El Corte Inglés por discriminación salarial a causa de la política que en esa materia aplica la empresa a sus trabajadores y trabajadoras. Por si no tuvieran suficiente actualidad los asuntos salariales, este comportamiento empresarial condenado, que no es nada infrecuente, nos anima a recapitular algunos datos que nos pueden ayudar a comprender mejor cómo está el patio de los salarios en España. Por ejemplo, que el conjunto de los salarios en España está cayendo un 6,2% en relación al año 2012, lo que supone una pérdida para las personas asalariada de 7.294 millones de euros por ahora. También se produce una discriminación añadida en las personas con discapacidad que cobran de media entre un 10 y un 23 por ciento menos que el resto de trabajadores. Las mujeres, al igual que en la población general, cobran menos que los hombres, aunque entre las personas con discapacidad la diferencia es menor: un 9,1% (ellas cobran 19.335 euros anuales y ellos 21.302) frente al 22,9% de diferencia salarial entre géneros del resto de la población activa. Y, frente a esta serie de datos, podemos observar así mismo lo que ocurre con los directivos y consejeros de las empresas del IBEX 35: en ese caso, las remuneraciones de los consejeros en 2011 fueron de 286 millones de euros, mientras que en 2007 habían sido de 268,5 millones, lo que supone un incremento del 6,5%; la reducción de los beneficios, junto con el incremento de las remuneraciones de los consejos, ha supuesto que estas últimas hayan pasado del 0,6% del beneficio en 2007 al 0,9% en 2011. En suma, detalles curiosos que nos permiten confirmar de nuevo que la creciente desigualdad en nuestro país no es una consecuencia natural de la crisis, sino de las políticas de recortes sociales que se están poniendo en marcha, para beneficio, claro, de una minoría muy identificada.

Publicado en La Crónica de León, 14 junio 2013

viernes, 31 de mayo de 2013

El tren


     Lo normal es que los paisajes no sean inmutables. Sus cambios se producen por intervención del ser humano o bien por propia evolución, y el resultado de esas acciones, en el peor de los casos, puede provocar la degradación. Por eso, cuando de nuestros paisajes desaparece un elemento tan simbólico como el ferrocarril, lo que cabe preguntarse es por qué sucede y a qué conduce. Parece evidente que ese eclipse viene animado por interés político y por discutible rentabilidad mercantil; es decir, por una intervención que al menos merece cuestionarse para plantear otras posibles políticas de transporte y otras posibles rentabilidades. Si la evolución es o no natural constituye un capítulo aparte. Algunos pensarán que estos tiempos reclaman otros sistemas, otras redes y otros canales: son los que reniegan del servicio público, al que consideran un lujo y prefieren trabajar a favor de lujos particulares. Otros pensarán que sobre el tren y sus trazados se sigue articulando el territorio, que es un eje de potencial actividad económica y que, por si fuera poco, dota a nuestros paisajes, cada vez más vacíos, de una estela de vitalidad. En este sentido, la pérdida del tren, ya sean trayectos, ya sean líneas -tanto da-, nos conduce inevitablemente hacia la degradación del entorno, que es tanto como nuestra propia degeneración. Junto a otros sectores que fueron motor del ligero dinamismo provincial a lo largo de las últimas décadas, el ferroviario no jugó un papel menor. Por ello, el desprecio con el que viene siendo tratado por los planificadores del subdesarrollo, la frivolidad con la que ha sido atendido por parte de los constructores de disneylandias urbanas y el desapego final de los individuos ensimismados en sus locos cacharros, suman esfuerzos entre sí para dar al traste con buena parte de nuestro ser, del poco ser que nos va quedando. Así hasta construir un nuevo paisaje apenas habitado por la pobreza.

Publicado en La Crónica de León, 31 mayo 2013

jueves, 16 de mayo de 2013

El garrafón


     Inciertos mercaderes de garrafón con sede en abrevaderos del Barrio Húmedo se han mostrado indignados -¡hay que ver con cuánta facilidad para lo que es de su exclusivo interés!- por haberse vuelto a celebrar el Día del Trabajo en la plaza pública por antonomasia, la Plaza Mayor de León. Acostumbrados a la comunión que les es propia entre el agua y el vino, han mezclado también sin pudor en su escrito noticias y valoraciones bastante pintorescas. Muy curiosa es la que les atribuye poder para valorar lo que denominan directrices de la celebración, como si fuera suya, que evidentemente parecen disgustarles. Así mismo, en tono patrimonialista, se dicen ofendidos por tomar ese espacio de todos como punto de exaltación (a saber lo que esto quiere decir en el pensamiento vinatero). Finalmente, como colofón a su monserga, citan algo sobre precios desleales y medidas sanitarias y de seguridad. De modo que la cuestión es simple: aparte de que los actos contasen con todas las bendiciones administrativas, ¿de qué se quejan estos mesoneros, generalmente llorosos, si la fiesta les llevó a sus entornos quince mil personas que consumieron en sus tascas en mayor medida que cualquier otro día festivo? Quince mil personas que, por otro lado, no vomitaron en sus aceras, no exhibieron navajas, no impidieron el sueño de nadie ni provocaron altercados. Eran quince mil trabajadores y trabajadoras corrientes, bien aseados, bien vestidos, educados y sanos. Eso sí, probablemente tuvieron necesidad de evacuar sus vejigas y pudo descubrirse entonces que no orinaban colonia, como ocurre tal vez con los que asisten a las procesiones, los que itineran con pinta de guiris, los que celebran despedidas de solteros y de solteras, los tunos o los que se emborrachan por San Juan. Gentes dignas de respeto, naturalmente. ¿Por qué será, pues, que el garrafón sigue siendo en esta tierra el modelo de emprendedor y que no pasa nada?

Publicado en La Crónica de León, 17 mayo 2013

viernes, 3 de mayo de 2013

Los espejos


     Fue Valle Inclán el que, allá por el año 1920, se sirvió de la imagen de los espejos cóncavos para referirse a este país: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”, le dice Max Estrella a Don Latino en la escena duodécima de Luces de bohemia. Y lo que era así descrito casi un siglo atrás poco parece haber evolucionado hasta la actualidad si nos atenemos a algunos acontecimientos que definen la España del siglo XXI. Porque nuestra realidad no es nítida ni mucho menos. Lo que vemos a través de los espejos es de nuevo “una deformación grotesca de la civilización europea”, y basta un par de ejemplos para comprobarlo. Ahora que andamos metidos en declaraciones de renta, es decir, en la contribución equitativa mediante nuestros impuestos al bien común, resulta que hemos sabido que es posible desgravar las pérdidas por el juego en casinos o bingos, pero no así las indemnizaciones por despido individual pactado entre trabajador y empresa si no se ha recurrido a conciliación ni a demanda judicial. Y ahora también, cuando seguimos metidos en recortes insufribles como los de la sanidad, descubrimos que el SACYL mantiene 41 capellanes en su plantilla regional, lo que supone más de un millón anual en salarios; 30 si contemplamos a todos los curas en prisiones, hospitales y cuarteles de España. No cabe duda de que nuestra salud espiritual está mucho mejor atendida que la salud física teniendo en cuenta los recortes generales en el personal sanitario. En fin, lo cierto es que las muestras del esperpento nacional son innumerables y no tiene pinta de que esto vaya a cambiar algún día. Sobre todo si tomamos como referencia al Presidente Aznar, notable héroe clásico deformado, quien afirmó que se había salvado del atentado terrorista porque Dios lo había elegido para conducir al país adonde lo condujo.

Publicado en La Crónica de León, 3 mayo 2013

viernes, 19 de abril de 2013

Las banderas


     Fue Miguel Escanciano quien nos advirtió de que abril era un mes poblado de banderas: “banderas de abril llenan de colores el cielo”, cantaba él allá por 1985. Y, en efecto, mucho antes de esa fecha, un 14 de abril de 1931 enseñas tricolores ondearon para celebrar la libertad ganada en un país todavía feudal. Naturalmente, poco tardaron las fuerzas contrarias en cristianizar esa referencia pagana, y quizá no fuera casualidad que su guerra civil se diera por terminada el 1 de abril de 1939 para vestir ese mes de rojo y de gualda. Se sucedieron años y años y años, decían que de paz, hasta que un 25 de abril de 1974 banderas rojiverdes mezcladas con claveles conquistaron las ciudades portuguesas, ahí al lado, y aquel símbolo salvó fronteras y alimentó de nuevo las esperanzas. Era también Escanciano el que cantaba, con letra de Antonio Pereira: “No te creas si te dicen, mi amor, que Portugal es pobre, que no”. Lo cual que por aquellos tiempos y sobre todo algún año después, hasta las campas comuneras de Villalar, siguiendo antiguos pendones, llegaron los 23 de abril estandartes castellanos primero y de Castilla y León algo más tarde, hasta hacer de la cita la pretendida referencia regional por excelencia. Claro que los no identificados con ese espíritu buscaron y encontraron, de forma harto discutible, la ocasión para pasear su bandera carmesí justo al día siguiente, el 24 de abril, conmemorando, cuentan, un supuesto levantamiento leonés contra Napoleón. Y, sin agotar el catálogo, no olvidemos tampoco que por San Jorge, de nuevo el 23 de abril, se airean divisas de todo tipo, especialmente las cuatribarradas, con motivo de la onomástica, y que con toda seguridad ikurriñas se izarán el día 26 para honrar la memoria de la ciudad de Guernica, acribillada tal día de 1937. En fin, un mes de color que supera sus propios límites, como la primavera, para desembocar en las rojas banderas del primero de mayo.

Publicado en La Crónica de León, 19 abril 2013

miércoles, 3 de abril de 2013

Las energías


     En estos tiempos nuestros de crisis perpetuas, unas lucen más que otras no sin interés evidente por parte de quienes las dirigen. Por ejemplo, la energética no figura en primer plano, a pesar de que será una de las que más nos castiguen en los próximos futuros. Al aumento de la demanda se le une la limitación de algunas fuentes, lo cual acabará siendo determinante si el derroche no tiene freno. Pero también la ausencia de políticas comunes sobre esa materia en ámbitos amplios, como el de la Unión Europea, nos hace aún más débiles desde el punto de vista táctico y, desde luego, menos competitivos. Aunque el colmo lo protagoniza la larga nula política energética en España, lo que ha hecho de este tema un calvario interminable de padecimientos, sobre los que la provincia leonesa podría escribir una extensa crónica. Ministros y Ministerios de Industria se han sucedido sin que nada se haya puesto en orden. Más bien todo lo contrario, pues al final se han desprendido de elementos capitales del sector para ponerlos en manos privadas como si eso de la energía no fuese un asunto estratégico y por tanto merecedor de una atención pública. También porque es o debiera ser un bien de todos. El caso es que, al margen de la lógica, la gestión administrativa no ha hecho sino colaborar con la especulación también en esto. Sin referirnos a las fuentes más clásicas, no de otro modo puede entenderse el giro copernicano que han vivido las energías renovables, del todo a la nada, previos enriquecimientos o empobrecimientos según casos, y no hace falta señalar. Ahora se acaba de escribir que “los empresarios anuncian inversiones de entre 700 y 1.000 millones” en eso que llaman fracking o fractura hidráulica, un controvertido sistema para obtener gas pizarra, básicamente porque este Gobierno, continuando la línea errática y gaseosa (nutridora de burbujas), ha decidido que ahora toca ese juego. Así nos va con estos tahúres.


Publicado en La Crónica de León, 5 abril 2013

miércoles, 20 de marzo de 2013

El drama


Aunque la retahíla de datos actúa sobre nosotros como un narcótico y nada expresa mejor la gravedad de lo descrito por ellos que un grito verdadero y grandioso, conviene no obstante detenerse en su recapitulación para observar la entidad del drama. Anotemos, por tanto, algunos de los últimos conocidos para común estremecimiento: desde 2007 a 2011, Cáritas ha aumentado el número de personas atendidas desde 370.000 a un millón; según estimaciones, en 2013 la cifra de personas desempleadas sin cobertura superará los tres millones; la renta familiar ha pasado de 26.000 euros por hogar en 2007 a 24.000 en 2011; en opinión de técnicos de Hacienda, se ha incrementado en dos millones el número de personas que en 2007 se encontraban en situación de precariedad; el presupuesto para gasto de personal de las administraciones educativas se ha reducido desde 2009 el equivalente al sueldo de 61.782 docentes; y así sucesivamente. Pero con toda seguridad no hay datos más escalofriantes que aquellos que hacen referencia a la locura de las finanzas, sobre la que pivota nuestro existir presente y nuestro porvenir. Por ejemplo, constatar que desde 2010 se han evaporado 15.000 millones de euros de las cuentas para políticas sociales, mientras que los bancos y cajas han recibido sólo en 2012 más de 40.000 millones dedicados a su supervivencia. O, yendo un poco más lejos, confirmar que las estimaciones hechas hoy sobre el año 2008, en el origen de la crisis, indican que el valor de los activos financieros y sus derivados era más de veinte veces mayor que el valor de la producción real, es decir, una auténtica hipertrofia financiera. Es verdad que el rostro auténtico del drama es el de las personas, que son las que debieran situarse en el frontal de las políticas, pero el decorado aquí expuesto viene a completar el cuadro y a explicar algo de los que nos sucede. Esa es la calamidad contra la que conviene seguir rebelándose.

Publicado en La Crónica de León, 22 marzo 2013

viernes, 8 de marzo de 2013

La concejala


     Con motivo del Día de la Mujer, la concejala de ello ha decidido honrar a su género y promover unos simpáticos talleres. Invoca ella la tan necesaria “igualdad de trato y oportunidades en todos los ámbitos de la vida” y selecciona tres de éstos para abordar tan nobles objetivos: la defensa personal femenina, la iniciación a la informática y la prevención y seguridad en Internet. Unos asuntos apasionantes, sin duda, aunque situados en las antípodas de la razón de ser que anima esta jornada reivindicativa y que tornan a abundar en una visión paternal y protectora más que en la aspiración de un justo emponderamiento de las mujeres. Y no es que a la concejala de ello le falten referencias al respecto: ahí tiene a sus compañeras de militancia Sáenz, Mato, Báñez, Pastor, Cospedal, Aguirre, Carrasco y otras con notable participación en ámbitos de decisión laboral, política y social. Lo cual no obsta para que alguna de ellas luzca peineta y mantilla en las procesiones toledanas, que ésa es otra materia que también podría dar bastante de sí en talleres concejiles. No, lo que ocurre es que, tal y como también glosábamos hace quince días a propósito del concejal de ello, algunos de nuestros ediles confunden la modernidad con la caspa y la tecnología con el aparente progreso. Si a éste la poesía le parecía obsoleta, para aquélla el 8 de marzo es poco menos que la consagración de la debilidad como santo y seña de lo femenino. No de otro modo se pueden entender la vulnerabilidad que aconseja la defensa (“junto con menores y personas mayores”, según argumenta el programa) o lo que llama “brecha digital de género” que se quiere sellar de forma tan simple. En fin, ningún taller sobra en pos de la igualdad, en particular uno de primeras habilidades destinado a concejalas de ello, pero lo que se les reclama a estas alturas de la historia es que actúen con sensatez y que al menos no se tomen la fecha en vano.

Publicado en La Crónica de León, 8 marzo 2013

sábado, 23 de febrero de 2013

El concejal


Dice el concejal de ello que el Premio de Poesía González de Lama está “obsoleto”. Se une así a la tropa de Berlusconi, uno de cuyos ministros riñó a los periodistas que le hablaban de cultura con el argumento de que la Divina Comedia no servía para comer, pues con ella no podían hacerse bocadillos. Uno y otro emparientan al fin con el ministro franquista José Solís Ruiz, que hizo famoso el lema “menos latín y más deporte”. En suma, que el concejal dijo obsoleto queriendo indicar, se supone, que el tal premio está anticuado o que resulta inadecuado a las circunstancias actuales. Se supone así mismo que el tal concejal ultramoderno tiene en su mano la vara de medir lo antiguo o lo adecuado, lo cual no deja de ser una percepción bastante subjetiva, aunque, para curarse en salud, añade que se está trabajando en “darle un giro” y añadir un carácter tecnológico. He ahí, pues, la clave de la antiobsolescencia en materia cultural, la misma que aplicada al concejal podría llevarnos a valorar la oportunidad de sustituirlo por un replicante, un modelo nexus 6 pongo por caso, similar al que en los momentos finales de la película Blade Runner (o de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, no sé qué le parecerá más idóneo al concejal) demuestra ser bastante lírico a pesar de carecer de alma, es decir, de ser un desalmado, más o menos como el concejal de ello. Eso sí, el epitafio de Roy el replicante, por ser en exceso poético, dudosamente podrá aplicárselo un día, que dios quiera que tarde, el concejal. A no ser que le demos también otro giro y acabemos mareados, en cuyo caso seguro que encontramos la solución al premio de poesía, a la tecnología y a la cultura en general. Hay concejales que en verdad no son conscientes de su valía ni de lo mucho que están haciendo por la humanidad. De hecho, un servidor, hasta esta revelación, a veces escribía versos sin saber que se estaba volviendo obsoleto.

Publicado en La Crónica de León, 22 febrero 2013

viernes, 8 de febrero de 2013

Los precios


Conocida la evolución opuesta de precios y salarios a lo largo de 2012, los primeros al alza y los segundos a la baja, nadie podrá argumentar ya que sobre los sueldos se asienta el exceso de inflación. Pueden colaborar a ello en un momento dado, no en éste precisamente, pero hay otros elementos tan o más decisivos en la evolución negativa de los precios. La especulación, desde luego, que llega a todos los ámbitos, tal y como se observa con los productos agroalimentarios; los márgenes de beneficio, generalmente incontrolados sobre todo en grandes superficies; las artimañas de despiste y los pactos oscuros, muy evidentes en el caso de gasolinas y otros combustibles; y, en fin, los favores de naturaleza política que, lejos de contribuir al control de precios en productos básicos para asegurar el mantenimiento de un mínimo poder adquisitivo, atienden a intereses muy concretos distantes de lo que podemos considerar el bien común. Dos ejemplos de esto hemos conocido la semana pasada. De un lado, la Ministra de Fomento anuncia de forma caritativa que, aparte  de otras ofertas, se bajará un 11% el precio del billete general del AVE a partir del 8 de febrero; es decir que, gracias a la subida de tarifas que a principio de año se realizaron en los trayectos de cercanías y de media distancia, los usados por una gran mayoría de ciudadanos, sufragaremos la bajada de los trayectos que benefician a las élites viajeras. De otro lado, supimos también que decenas de fármacos excluidos de la financiación pública han disparado sus precios desde que hace cinco meses se ejecutó el medicamentazo; es decir, que era posible influir sobre el precio de estos productos cuando estaban bajo el paraguas del Estado, pero ahora se da carta blanca a las multinacionales farmacéuticas para que regulen el mercado como a bien tengan, sin importar la relevancia de su consumo. Una vez más la liberalización no supone abaratamiento.

Publicado en La Crónica de León, 8 febrero 2013

jueves, 24 de enero de 2013

La espera


     En el camino que conduce hacia una sanidad menos pública, menos universal, menos gratuita y de menos calidad, varias son las fórmulas de que se sirven nuestros maquiavélicos gestores. No importan ni su eco ni su apariencia, todas son agresivas por igual y letales. Se resalta sobre todo las iniciativas privatizadoras, el copago y el cierre de urgencias en áreas rurales; a un segundo plano se relega el abandono de determinados colectivos al borde de la exclusión y la reducción de plantillas; por último, como un elemento natural para la resignación individual, quedan las listas de espera quirúrgicas, que no dan lugar a respuestas colectivas visibles como todo lo anterior. Sin embargo, los afectados por esta enfermedad política del sistema sanitario no dejan de aumentar en nuestra provincia, y a lo largo del último año han pasado de 1.696 a 2.292 en el Hospital del Bierzo y de 2.238 a 4.235 en el Complejo Asistencial de León. Esto es así no porque enfermemos más en estos tiempos oscuros, aunque la crisis tenga inevitables efectos patológicos, sino porque quien dirige nuestro sistema sanitario, la Junta de Castilla y León, como sus hermanos del Gobierno central, han apostado por la reducción del gasto a toda costa sin importar el precio. Pues bien, esa cuenta es mareante no sólo en el número de enfermos desatendidos, sino en su expresión en cifras: desde 2008, las inversiones de la Junta y otras administraciones, más las reducciones en gasto de personal y transferencias corrientes, acumulan un recorte de 2.600 millones de euros, lo que, para hacernos una idea, es el equivalente a un tercio de la capacidad real de gasto de la Administración regional. Traducido al ámbito del que venimos hablando, la sanidad, lo que resulta es que la Consejería del ramo ha reducido su presupuesto en los últimos tres años en 365 millones de euros. Si hacemos cuentas, sabremos lo que vale la salud hacinada en las listas de espera.

Publicado en La Crónica de León, 25 enero 2013

jueves, 10 de enero de 2013

El invierno


     La magnitud de algunos de los acontecimientos adversos que venimos viviendo a lo largo de los últimos años es de tal calibre que las cifras con que se expresan ya han dejado de tener significado. Por eso sólo algunas imágenes resultan elocuentes para conmovernos. Por ejemplo, si pensamos que hace poco más de cinco años, en 2007, hablábamos de pleno empleo (en algunas comunidades como La Rioja, Navarra, Aragón e Islas Baleares llegó a alcanzarse ese nivel según la EPA del segundo trimestre de aquel año), sólo algo así como una explosión de categoría nuclear en la médula del sistema laboral español puede explicar que en este 2013 vayamos a contar con seis millones de personas desempleadas. Es decir, saltaremos de aquel 5% al entorno del 25% de población activa en paro: un auténtico estallido nuclear. Y si la imagen es válida para describir la tragedia, lo que no podemos olvidar es que a esa soberbia detonación le sigue, entre otros efectos, un prolongado y durísimo invierno nuclear. Esto es, simplificando, una especie de glaciación que duraría al menos una década. Pues bien, situados todavía en el cogollo del zambombazo y bien notable su onda expansiva, lo que no podemos es caer en la ingenuidad de pensar, como dice el Gobierno, que el año que ahora se inicia será el del punto final. Aun suponiendo que sus previsiones sean ciertas –ojalá- y que se produzca una estabilización, al empleo le sigue quedando por delante una dura y larga travesía. Por ese motivo, no sólo por convicción ideológica, algunos defendemos la necesidad de reforzar todos los mecanismos de protección social públicos, en lugar de adelgazarlos o amputarlos, con el fin de soportar el invierno que apenas estamos iniciando. Ésa es la verdadera prioridad política, a nuestro juicio, junto a la generación de estímulos de vida. Porque el problema de España no es el déficit, como cansinamente nos repiten, sino el trabajo y su calidad.

Publicado en La Crónica de León, 11 enero 2013

jueves, 13 de diciembre de 2012

El incidente


     Cuentan los diccionarios que un incidente es disputa, riña, pelea entre dos o más personas. Por eso no entendemos lo que quiso decir el Vicepresidente de la CEOE, Arturo Fernández, al calificar de este modo lo ocurrido con el que fuera su jefe, Gerardo Díaz Ferrán, presunto delincuente. Quizá pretendió convertir el asunto en materia menor y, como de costumbre, erró. Tal vez hubiera querido decir incidencia, que es acontecimiento que sobreviene en el curso de un asunto o negocio y tiene con él alguna conexión; pero entonces, como mal conocedor que este individuo es de la lengua, se hubiera dado poco menos que por aludido, que es justo lo que no deseaba hacer. Sea como fuere, lo cierto es que por la boca muere el pez, como le sucede a don Arturo, y también por andar en aguas turbulentas, como ocurre con don Gerardo, dos ejemplares de empresarios, que no es exactamente lo mismo que dos empresarios ejemplares. Porque sucedidos como a los que aquí se aluden nos confirman que los que están arruinando el país no son los pensionistas, a los que se merma la pensión, o los empleados públicos y el resto de trabajadores, a quienes se recorta su salario, sino gente como Díaz Ferrán y compañía, que aseguran que hay que "trabajar más y, desgraciadamente, ganar menos" para que el país salga de la crisis. De manera que, uniendo uno y otro cabo de la farsa, lo que cabe pensar es si no va siendo hora de introducir en el análisis de algunos aspectos de lo que nos ocurre en el país otros elementos más importantes que la legislación laboral, como la estructura productiva o la calidad del empresariado, a los que no se suele atender. Nos parece algo tan cierto y necesario como constatar que, desde principios de los años ochenta, cuando se aprobó el Estatuto de los Trabajadores, los diferentes Gobiernos (de centro, de izquierdas y de derechas) han puesto en marcha 53 reformas laborales y sus fracasos son más que evidentes.

Publicado en La Crónica de León, 28 diciembre 2012

viernes, 30 de noviembre de 2012

Los emprendedores


     Lo que se lleva, dicen, son los emprendedores. No se lleva el trabajo ni se lleva la empresa, el formato de moda es hoy el de la persona que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas, como lo define la Real Academia. Resulta elocuente sin duda, pues la dificultad y el azar tienen bastante que ver con el devenir de las sociedades actuales. De hecho, no se emprende cualquier cosa, sino una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro, según la misma fuente. En suma, nada fácil por más que nos lo repitan a menudo como la fórmula al alcance de cualquiera para la total sanación de nuestros males económicos y laborales. Porque, al cabo de todas las digresiones que podamos hacer al respecto, lo que en verdad anida en este fenómeno vuelve a ser, como en tantas otras invenciones poscontemporáneas, un asunto lingüístico. Cargados de notables connotaciones negativas términos como empresario o trabajador, por no decir autónomo, la castidad y nadería del emprendimiento llega para sustituir a todo aquello que huele a rancio, a siglo XX o a conflicto de clases. Pero sólo en la superficie pues, si exceptuamos a los locos inventores en sus locos garajes de siempre, inclinados ahora hacia lo digital y reticular, lo que se nos aparece de nuevo son los mesoneros y tenderos de toda la vida pasados, eso sí, por el tamiz de lo ecológico, lo étnico, lo online, lo low-cost o similar. Mientras tanto, el Instituto de Estadística nos cuenta que en la provincia de León se han perdido desde 2008 hasta principios de 2012 un total de 1.626 empresas, la mitad de ellas dedicadas al comercio, las cuales, conforme al nuevo diccionario, no debían tener al frente a emprendedores, sino a rudimentarios individuos que arriesgaron su capital y a algunos otros que apenas aportaban su mano de obra, esas técnicas tan antiguas. De otro modo no hay quien consiga entender este cataclismo verbal.

Publicado en La Crónica de León, 30 noviembre 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

La cultura


     Entre los delitos de abandono y desprecio en los que el actual Gobierno incurre, tan abundantes y diversos como nuestras miradas advierten con una simple ojeada alrededor, el de la cultura no debiera parecernos menor si no queremos caer en la misma miopía de nuestros ministros. Apuntemos dos referencias para demostrar nuestra opinión. Por un lado, en el contexto general de las subidas del IVA con que hemos sido castigados este año, el notable incremento con que se grava a la cultura hasta situarlo en el nivel más alto de la eurozona demuestra que para este Gobierno la cultura es valorada como una simple mercancía más, sin otras consideraciones, susceptible además de ser cercenada por esta vía porque cultura es sobre todo crítica y utopía para quienes la cultivan, bien como creadores, bien como usuarios (si se permite la expresión). Por otro lado, mucho podría decirse acerca de los mermados capítulos presupuestarios con el título cultural, pero uno de ellos, atendiendo a su evolución durante los últimos años, explica mejor que otros en qué terrenos de desidia nos movemos: el de la protección del patrimonio histórico. Siendo España el segundo país europeo, después de Italia, con más patrimonio protegido, su deriva económica le condena poco menos que a la ruina total: 13,9 millones en 2009; 11,5 millones en 2010; 10,3 millones en 2011; y 7,5 millones en 2012. Como se puede observar, el compromiso menguante en esta materia no es propio sólo del Partido Popular, sino también del Partido Socialista, en particular desde que le fue revelada la fe de las austeridades monacales. En fin, hubo un tiempo, largo y tendido, recordado para bien no obstante, en que los unos y los otros, los legos y los versados, todos parasitaban la cultura hasta convertirla, según palabras del escritor Juan Cueto, en una perra de lujo a la que todo se le volvían pulgas. Hoy da la impresión de que ni para pulgas queda.

Publicado en La Crónica de León, 16 noviembre 2012

viernes, 2 de noviembre de 2012

La huelga


     Lo excepcional es la huelga. Y lo más excepcional es la huelga general. En cualquier caso, se trata siempre de un derecho constitucional básico, que ya sólo por ese motivo merece un mínimo respeto, se secunde o no. Todo lo demás es opinable, por supuesto. Lo que sí parece guardar cierta lógica es que se responda con acciones excepcionales a situaciones igualmente excepcionales, y nadie dudará de que la presente lo es y de forma muy dilatada. También es verdad que la excepcionalidad no es la misma para todos, lo cual, precisamente, forma parte de la sustancia de la excepción. En ese escenario, que no hace falta glosar más pero que no ha llegado todavía a lo peor, es donde se inscribe la propuesta de Acción y Solidaridad lanzada por la Confederación Europea de Sindicatos para el próximo 14 de noviembre. Recuerda la CES en su declaración que la Unión Europea está obligada por el Tratado a “actuar por el desarrollo sostenible de Europa, fundado sobre un crecimiento económico equilibrado y sobre la estabilidad de los precios, una economía social de mercado altamente competitiva, que tienda al pleno empleo y al progreso social, y a un nivel elevado de protección y de mejora de la calidad del medio ambiente”. Constatado el fracaso de las políticas de austeridad, contrarias por otro lado al anterior principio, se propone una jornada a favor de un nuevo contrato social, que adoptará diversas formas: en España y en otros países la de la huelga general. Por primera vez en la historia de este tipo de movilización no es un conflicto laboral lo que está en su raíz, sino un conflicto social y ciudadano: las consecuencias de las políticas que se están llevando a cabo perjudican a toda la sociedad y sólo se salvan, o incluso medran con la crisis, las élites económico-financieras que la originaron. Todo tan excepcional como comprensible, si lo valoramos con algo más que el pensamiento-basura tan de nuestros tiempos.

Publicado en La Crónica de León, 2 noviembre 2012

jueves, 18 de octubre de 2012

Los poderes


     Hemos conocido por datos aportados desde la Federación de Asociaciones de la Prensa Española que, desde 2008, 57 medios impresos han cerrado en España y 8.000 periodistas han perdido su puesto de trabajo. Si éste es el estado lamentable del llamado cuarto poder, podemos hacernos una idea de cómo se encuentran aquellos que no tocan poder alguno ni por asomo. Pero también, de paso, podemos examinar la situación de los otros poderes, fácticos o reales, y descubrir que ninguno soporta una evaluación positiva, si se exceptúan el financiero y el eclesiástico. En efecto, el poder político, según dicen las encuestas, languidece entre desconfianzas, amputaciones en apariencia indeseadas y otras gaitas gallegas. El legislativo vive preso desde hace años entre los barrotes oxidados de sus reglamentos y sistemas electorales. El judicial, poco permeable a las reformas democráticas, permanece encastillado en sus almenas medievales sin apenas conexión con el mundo real. Mas, frente a ese panorama arruinado, el poder financiero, como si nada fuese con él, prosigue su vida de éxitos con la aniquilación de las cajas de ahorro y es el único que, según datos del INE, aumentó de forma espectacular su renta disponible casi un 90% entre los meses de abril y junio respecto al mismo periodo del año anterior. Pensemos que las empresas, aunque nos resulte paradójico, lo hicieron en un 6,4%, mientras que las familias vieron disminuir esas rentas en un 3,2%. Y, como colofón, ahí se perpetúan sin tacha alguna las ayudas a la iglesia católica en los Presupuestos Generales del Estado para el año 2013, lo que demuestra que el poder de Dios no es, desde luego, de este mundo y bien se encargan los césares de que así sea por los siglos de los siglos. En fin, no todos los muros de la patria mía parecen desmoronarse por igual y para todos. Más o menos, como en tiempos de Quevedo, donde en muchos sentidos todavía habitamos.

Publicado en La Crónica de León, 19 octubre 2012