Blog de Ignacio Fernández

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domingo, 11 de enero de 2026

Aniversarios

            Un amigo gallego colgó en su muro de Facebook la imagen de dos discos fundamentales para muchos de nosotros: “Barcelona. Gener de 1976”, de Lluis Llach, y “El recital de Madrid”, de Raimon. Ambos aparecieron en nuestras vidas en aquel año 1976, hace cincuenta años. Parece un eco del cincuentenario anclado en 2025 cuando lo recordado fue la muerte del dictador y la entrada en un tiempo nuevo. Pero no, no es un eco, ni mucho menos, es una cuenta más en el rosario que se sucederá a partir de ahora porque, para quienes superamos la cincuentena, todo o casi todo empezó a ocurrir hace eso, cincuenta años.

 

            El vicio de los aniversarios tiene sentido por lo general cuando se supera esa frontera en la edad, es decir, cuando se cuenta con una perspectiva suficiente para juzgar si merece la pena o no rememorar lo vivido. En definitiva, cuando se cumplen cincuenta años uno ya ha hecho historia, porque en ese mismo límite se sitúa, aunque sea discutible, el umbral para considerar que un documento es precisamente histórico y como tal se cataloga en los archivos. Y nadie lo dude, llegados a ese punto, todos hemos construido historia: la personal tiene tanto valor como la colectiva o como la que se conserva en museos. Lo que importa es si mereció la pena. Ese afán y esa conciencia nos hacen históricos. Es otro deber más de ciudadanía del que no se debiera dimitir.

 

            Así, con humildad, construimos nuestra propia mitología saltando de conmemoración en conmemoración, no sólo dejándonos llevar por cuanto se nos es impuesto, como los 900 años de la muerte de la reina Urraca o los cien de la de Gaudí, a cuyos recuerdos se entrega a lo largo del año presente la oficialidad de la ciudad donde vivo, tan dada a la grandilocuencia. No, me refiero a cosas más corrientes pero cargadas por igual de significado, como esas canciones que compartimos y que se han convertido en una seña generacional tan importante como los más notables acontecimientos. Ignorar esto sería menospreciarnos a nosotros mismos.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 11 enero 2026

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