Blog de Ignacio Fernández

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domingo, 8 de febrero de 2026

Desconfianza

            Sabemos que confiar significa creer firmemente en la bondad o la calidad de alguien o algo. La confianza es una cualidad que se gana o se merece y por eso mismo otorga seguridad, incluso en uno mismo. La desconfianza, en cambio, viene sola, aparece, no exige ningún impulso y, por el contrario, cuando es empujada por terceros se desboca con extrema facilidad. La confianza construye, la desconfianza enferma.

 

            El diagnóstico sobre el estado actual de nuestras sociedades viene a concluir, no sin excesos ni desviaciones, que padecen un preocupante estado de serias desconfianzas más o menos generalizadas. Tanto es así que, según encuestas no se sabe si bien intencionadas, la institución que al parecer mayor confianza nos inspira son las policías. Cualquier otra es mirada de reojo. No diré que sin razones para ello, aunque puedan cuestionarse muchas de ellas, máxime cuando esas mismas sociedades se cuecen en un caldo deliberadamente contaminado que conduce hacia la ofuscación. El resultado de todo eso, si nos falla lo material, es la tendencia hoy constatada hacia lo intangible. O, de otra manera, cuando la razón se desvanece es sustituida de inmediato por la emoción. A algo hay que agarrarse.

 

            Y ahí estamos, en medio de la desconfianza, en medio de ese coro creciente de devociones, vocaciones, clausuras, belorados, monjas místicas, banderas, himnos, villancicos, asambleas laico-religiosas, homilías, influencers, predicadores, espiritualidades, rosalías, hakunas, apariciones, creencias… Y todo se resuelve, ya que estamos en puertas de la gala cinematográfica española por excelencia, en la rivalidad entre dos películas para no confiar: Los domingos frente a Sirât. Tanto me da la una que la otra, son dos ejemplos de una misma evasión, dos negativas de la razón al modo nietzscheano: dios ha muerto, viva dios. En un caso a través de la fe más estricta, en el otro a través de la rave más disparatada. Al menos, la banda sonora de la segunda es absorbente hasta el agotamiento total.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 8 febrero 2026

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