Hay noticias e informaciones sobre las que conviene abstenerse de opinar en esta tribuna porque pienso que muchos otros artículos, antes que el mío, entrarán en ellas desde cualquiera de sus ángulos. Aparentemente lo merecen. Pero, cuando tal cosa no sucede, no se sabe bien por qué causa, parece oportuno desandar el tiempo, volver a los orígenes del asunto y recuperar lo que de jugoso podrían esconder esas noticias e informaciones.
Ocurrió que mediado el presente mes los medios se hicieron eco de un denominado “Estudio sobre hábitos sexuales”, elaborado curiosamente por una empresa de artículos para el sexo. Según los datos en él recogidos, la provincia española donde menos se alcanza el orgasmo en pareja es León: un 68,6% de ocasiones. Por el contrario, dos de las más triunfadoras se encuentran en nuestra misma comunidad, lo que descarta que se trate de una discriminación territorial más: Segovia y Ávila, con un 80,4% y un 83,3% respectivamente. La media en el país es del 75,4%.
Sea como sea, he ahí un agravio más para estas tierras tan poco lujuriosas. Hipótesis al respecto podrían lanzarse a cientos, siempre y cuando el dichoso informe nos merezca algo de estima, que nunca se sabe lo que persiguen esos estudios ni quién es la mano ejecutora. Pero, ya puestos, no descartaremos, para empezar, las malas digestiones que producen botillos y cocidos maragatos frente al poder libidinoso de las yemas de Santa Teresa o del ponche segoviano. Nada más a mano que la gastronomía para explicar el éxito o el fracaso sexual. O la geografía: pensemos que las montañas del norte siempre fueron austeras en sus formas, mientras que las del sur, Gredos o Guadarrama, conservan aún el eco de aquellas serranas a las que cantaban el Marqués de Santillana o el Arcipreste de Hita. O por qué no pensar como explicación en el peso de tanto pendón eréctil que acaba por dejarle a uno verdaderamente fláccido. En fin, queda el consuelo de que Valladolid está también por debajo de la media nacional.










