Blog de Ignacio Fernández

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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Por respeto

Cuando miles de personas, o cientos, o decenas, da igual, salen a la calle reclamando respeto, un ruego nada habitual para citas de ese tipo, deberíamos pensar que algo extraño sucede a nuestro alrededor. En el caso de esa marcha celebrada en la ciudad de León el pasado mes de noviembre, su lema, “por respeto”, se complementaba con otros referentes esclarecedores: nuestra tierra, nuestros montes, nuestros pueblos, nuestra gente. Hay otros ejemplos parecidos no muy distantes: el de las víctimas de la DANA de Valencia, sin ir más lejos. No se trata de una petición menor y, desde luego, aclara mucho de cuanto sucede en nuestro entorno físico y emocional.

 

Por lo que hace al caso leonés, más allá de razones inmediatas como las padecidas a causa de los terribles incendios del verano de 2025, también de sus consecuencias no menos lamentables, la queja provenía del abandono, la especulación y el riesgo que sufre nuestro medio rural, acerca de lo cual los lectores y lectoras de esta revista tienen, con toda seguridad, sobrado conocimiento. Aun así, algo diremos sirviéndonos de un dato contundente: durante los últimos 40 años, Castilla y León ha perdido 215.000 habitantes y la provincia leonesa ha sufrido especialmente esa sangría. No ha habido, en suma, políticas en esta comunidad durante cuatro decenios que hayan querido o sabido hacer frente a ese problema, incluso a veces lo han avivado. Añadamos a ello así mismo conflictos más específicos y recientes, como las llamadas macro-granjas, las plantas de biogás, la trama eólica, la relajada vigilancia veterinaria en ciertas situaciones, el drama climático generalizado, etc. Un sinfín de desdichas, un sinfín de ausencias de respeto.

 

Hace unos años, el cantante Víctor Manuel popularizó un cantable que titulaba “Canción de la esperanza” y viene muy a cuento en estas fechas en las que se celebran los cincuenta años de la historia moderna de España. Decía su estribillo: “que no cese la esperanza acorralada, con un voto no cambiamos casi nada”. No le enmendaremos la plana porque al fin y al cabo la historia es larga y lenta, pero la entonaremos de nuevo por lo que tiene de perspectiva de progreso y de no resignación, conscientes de que, por supuesto, el voto, aunque con parsimonia, sí cambia los destinos, hasta los más desdichados.

 

Señalaremos, por último, que siendo grave todo lo más arriba enunciado, lo auténticamente novedoso de las reivindicaciones actuales o perennes es que alguien haya sacado a la luz el respeto, algo tan poco de moda en estos tiempos, esa cualidad que nos habla de la consideración, de la deferencia, de la cortesía y de la tolerancia. Otra política, seguramente, guiada por otras maneras. Es cuestión de convivencia en general, sobre todo, y de estilo, aunque haya quien en particular no merezca ningún respeto: los genocidas, por ejemplo. Pero también el respeto es imprescindible en la cercanía, yo exijo respeto y estilo a quien me responde con un silencio administrativo o con el vacío, esto es, cualquier forma de incomunicación entre personas razonables. Es absolutamente irrespetuoso. Falta al respeto, en suma, quien nos menosprecia, ya sea en el terreno político, ya sea en el terreno personal.

 


 Publicado en Ecos de Escalada nº 30, diciembre 2025

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