Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 18 de noviembre de 2012

Sindicalismo y trabajo


A lo largo de los últimos años hemos explicado en distintas ocasiones el modelo del lastre cero. Se trata de un tipo de persona muy querida para la economía estadounidense que, inevitablemente, se exporta en estos tiempos salvajes hacia cualquier destino. Denominan así a aquellas personas que no tienen raíces, que tienen pareja pero no están enamoradas, que no tienen hijos o los tiene distanciados, que tienen formación pero no es una formación muy vocacional… Son los habitantes de un mundo líquido y volátil, tendente a desvanecerse.

     En paralelo y en otras tantas ocasiones también, nos hemos referido a las ideas y a los datos aportados por el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, a la hora de advertir acerca de que una menor afiliación y unas mayores dificultades para que los trabajadores se unan a los sindicatos y así negociar mejor  sus condiciones laborales son parte de las causas que provocan el gran incremento de la desigualdad. Y cita el economista, como ejemplo, que un tercio de la diferencia en desigualdad entre Estados Unidos y Canadá se debe no casualmente a la caída de la afiliación en el primero de esos países.

     Estas dos referencias, arraigadas ya en la cuna de muchos de nuestros modelos, buscan acomodo entre nuestras fronteras gracias al empuje del individualismo triunfante y de la muy adversa coyuntura laboral, pero también –¡sólo faltaría!- con el impulso fervoroso de los gobiernos y de los ideólogos de los gobiernos. Por lo que hace al primer ejemplo, las nuevas leyes laborales y el patrón productivo que se persigue casi lo aseguran; de hecho, obligados por ese rumbo en apariencia imparable, buena parte de nuestra juventud ya ha mutado y sabe que más o menos así será su destino si consigue incorporarse al mercado de mano de obra, cualificada o no; peor lo tienen, en cambio, quienes caen en el abismo del desempleo con mediana edad y difícil capacidad evolutiva por ello, lo que les convierte poco menos que en cadáveres laborales. En cuanto a lo relativo al segundo ejemplo, tampoco hay duda de que el sindicalismo español y europeo está llamado a su transformación, exigido en buena medida por el nuevo escenario productivo con sus nuevos formatos; también porque la metamorfosis general generará muchos empleos de perfiles distintos a los tradicionales, para los que todos debemos estar preparados; aunque no porque las ideologías ajenas, cuando no directamente contrarias, lo reclamen por simple y propio interés.

     Ahora bien, la nueva edad en la que poco a poco vamos internándonos exige no sólo anticipar cómo puede ser el futuro, cuando formas y contenidos se decanten por fin, sino también, como sucede en toda progresión histórica, consolidar lo que ha sido y que haya de permanecer, pues nunca en estos procesos se actúa con borrón y cuenta nueva. Por ese motivo, es importante resaltar, a nuestro juicio, que hoy por hoy el sindicalismo (nos referimos al llamado sindicalismo de clase) es casi el único elemento que contrapesa la depredación insaciable del capitalismo agónico. Por eso resulta molesto y es objeto de agresiones constantes por parte de la ultraderecha económica, empresarial y mediática, que extiende una opinión simple en titulares para que cale fácilmente en ese pensamiento ikea con que definimos y explicamos el mundo. Mas siendo evidente la necesaria evolución, en general de modo poco cuestionable, tampoco resultará suficiente si los principales protagonistas de este movimiento, trabajadores y trabajadoras, y la sociedad en su conjunto no recuperan el valor de la participación, que hace de las organizaciones seres auténticamente vivos. Sin duda alguna, un inconveniente para este objetivo es el lastrecerismo con el que se nos pretende conformar.

     De ahí que a nadie le extrañe que triunfen cada vez más las contestaciones más o menos espontáneas de naturaleza emocional y gaseosa; lo mismo que las procesiones ciudadanas de tipo sectorial o animadas por reivindicaciones parciales y concretas, en detrimento de los elementos comunes y generales que las envuelven y explican. Sucede así porque lo otro, lo que va siendo pasado, es percibido como parte de lo que Marx llamaba la superestructura, es decir, el conjunto de los fenómenos jurídico-políticos e ideológicos y las instituciones que los representan, adonde también se han sumado en los últimos años los sindicatos. Su conquista de un lugar relevante en términos sociales y políticos, su condición de elemento básico del sistema recogido en la Constitución y su notable grado de participación institucional han hecho que la ciudadanía, bien por sí misma, bien al hilo de mensajes teledirigidos, los perciba y juzgue sin distingos de esa manera y se rebele contra ellos como un agente más de sus desdichas. Así pues, zafarse de ese estigma será también cuestión ineludible para su supervivencia.

     En medio de estas y otras cuitas seguramente mucho más dramáticas se viene celebrando un nuevo proceso congresual de Comisiones Obreras, la primera organización sindical en la provincia, en la Comunidad Autónoma y en el Estado. Hoy tiene lugar en León el 10º Congreso de se estructura provincial, donde se tratará de dar respuesta a parte de lo que aquí se ha comentado. Lo que resulta evidente de entrada es que no se puede conquistar el porvenir avanzando por simple inercia ni despreciando lo que los nuevos tiempos del trabajo nos reclaman.

Publicado en Diario de León, 17 noviembre 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

La cultura


     Entre los delitos de abandono y desprecio en los que el actual Gobierno incurre, tan abundantes y diversos como nuestras miradas advierten con una simple ojeada alrededor, el de la cultura no debiera parecernos menor si no queremos caer en la misma miopía de nuestros ministros. Apuntemos dos referencias para demostrar nuestra opinión. Por un lado, en el contexto general de las subidas del IVA con que hemos sido castigados este año, el notable incremento con que se grava a la cultura hasta situarlo en el nivel más alto de la eurozona demuestra que para este Gobierno la cultura es valorada como una simple mercancía más, sin otras consideraciones, susceptible además de ser cercenada por esta vía porque cultura es sobre todo crítica y utopía para quienes la cultivan, bien como creadores, bien como usuarios (si se permite la expresión). Por otro lado, mucho podría decirse acerca de los mermados capítulos presupuestarios con el título cultural, pero uno de ellos, atendiendo a su evolución durante los últimos años, explica mejor que otros en qué terrenos de desidia nos movemos: el de la protección del patrimonio histórico. Siendo España el segundo país europeo, después de Italia, con más patrimonio protegido, su deriva económica le condena poco menos que a la ruina total: 13,9 millones en 2009; 11,5 millones en 2010; 10,3 millones en 2011; y 7,5 millones en 2012. Como se puede observar, el compromiso menguante en esta materia no es propio sólo del Partido Popular, sino también del Partido Socialista, en particular desde que le fue revelada la fe de las austeridades monacales. En fin, hubo un tiempo, largo y tendido, recordado para bien no obstante, en que los unos y los otros, los legos y los versados, todos parasitaban la cultura hasta convertirla, según palabras del escritor Juan Cueto, en una perra de lujo a la que todo se le volvían pulgas. Hoy da la impresión de que ni para pulgas queda.

Publicado en La Crónica de León, 16 noviembre 2012

jueves, 15 de noviembre de 2012

Manifestación 14 noviembre 2012


Discurso de cierre de la inmensa manifestación con la que se cerró en León (Plaza de San Marcos) la jornada de huelga general del 14 de noviembre de 2012: http://youtu.be/BozVqwUPSnI

domingo, 4 de noviembre de 2012

Sobre el pensamiento y otras basuras


     
     En estos tiempos de transición hacia no se sabe dónde, la nuestra es cada vez más una sociedad-basura y parece importarnos cada vez menos. Comida-basura, televisión-basura, bonos-basura, contratos-basura, moral-basura, vuelos low-cost, bazares chinos, hipotecas subprime… Da la impresión de que no existe escapatoria. Incluso, como remacha Vicente Verdú en su ensayo El capitalismo funeral, “en esta actualidad, los artefactos son planos, las pantallas, las tarifas, las compresas son planas, y hasta el planeta se ha descubierto que también responde a la estampa de lo más plano, transitable e igual. Los cuerpos tienden a la delgadez, la arquitectura o el arte acogen el minimal y las ideologías son sintagmas de tres palabras: «Yes, we can»”. ¿Habrá, pues, y será una seña de la nueva época, un pensamiento-basura?

     Nos había advertido de ello el sociólogo francés Alain Touraine en una tribuna titulada La crisis dentro de la crisis: “Ya no hay pensamiento en el poder. La única gran tendencia de la derecha es la xenofobia; la única gran tendencia de la izquierda es la búsqueda de una vida de consumo sin contratiempos”. Pero nos lo ha refrescado todavía con mayor crudeza el humorista Máximo Pradera en un artículo altamente recomendable [http://www.huffingtonpost.es/maximo-pradera/pensamiento-basura-modo-d_1_b_1985494.html], donde nos remite a una antigua sentencia de Milton Friedman, según la cual: "Cuando las crisis tienen lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable". Para eso están los laboratorios de ideas pestilentes, recuerda Pradera, pero también y cada vez con mayor poder los medios de comunicación.

     En este sentido, el futuro ya está aquí y nos acecha. Sin ir más lejos, el denominado “decano de la prensa local” leonesa ignoraba en su portada del pasado 27 de octubre algunos hechos que a cualquier persona sensata le hubieran parecido merecedores de un titular en cabecera. El día anterior habíamos asistido a un nuevo episodio en el drama de la inmigración, con el resultado de al menos 23 muertos y un número indeterminado de desaparecidos en el tránsito entre África y el continente europeo; por otro lado, también esa fecha fatal nos anunció que las cifras de parados en España superaban el 25% de la población activa y alcanzaban un récord jamás conocido en las estadísticas. Pues bien, ni una ni otra noticia llamaron la atención del citado periódico. Por el contrario, el gran titular de cabecera, la gran noticia, fue el siguiente: “Muere la osa ‘Jimena’ camino de Picos donde iban a soltarla”. Junto a esa emotiva información, el toque gráfico lo completaba una gran fotografía de los futbolistas Íker Casillas y Xavi Hernández, recogiendo el Premio Príncipe de Asturias, y una frase no menos conmovedora: “Su amistad y compañerismo suponen un modelo para los jóvenes”. Ésta es, pues, una muestra de la ruta de la seda del pensamiento-basura, inoculado con las artes que utilizan el aspecto emocional mucho más que la reflexión, y que enlazan así mismo con las teorías del pensamiento líquido de Zygmunt Bauman. Sin embargo, este filósofo y sociólogo polaco también nos ha advertido de que “la emoción es inestable e inapropiada para configurar nada coherente y duradero. Con emociones solo, sin pensamiento, no se llega a ninguna parte”. Sobre esas arenas movedizas se está construyendo la nueva sociedad.

Publicado en Tam-Tam Press, 4 noviembre 2012

viernes, 2 de noviembre de 2012

La huelga


     Lo excepcional es la huelga. Y lo más excepcional es la huelga general. En cualquier caso, se trata siempre de un derecho constitucional básico, que ya sólo por ese motivo merece un mínimo respeto, se secunde o no. Todo lo demás es opinable, por supuesto. Lo que sí parece guardar cierta lógica es que se responda con acciones excepcionales a situaciones igualmente excepcionales, y nadie dudará de que la presente lo es y de forma muy dilatada. También es verdad que la excepcionalidad no es la misma para todos, lo cual, precisamente, forma parte de la sustancia de la excepción. En ese escenario, que no hace falta glosar más pero que no ha llegado todavía a lo peor, es donde se inscribe la propuesta de Acción y Solidaridad lanzada por la Confederación Europea de Sindicatos para el próximo 14 de noviembre. Recuerda la CES en su declaración que la Unión Europea está obligada por el Tratado a “actuar por el desarrollo sostenible de Europa, fundado sobre un crecimiento económico equilibrado y sobre la estabilidad de los precios, una economía social de mercado altamente competitiva, que tienda al pleno empleo y al progreso social, y a un nivel elevado de protección y de mejora de la calidad del medio ambiente”. Constatado el fracaso de las políticas de austeridad, contrarias por otro lado al anterior principio, se propone una jornada a favor de un nuevo contrato social, que adoptará diversas formas: en España y en otros países la de la huelga general. Por primera vez en la historia de este tipo de movilización no es un conflicto laboral lo que está en su raíz, sino un conflicto social y ciudadano: las consecuencias de las políticas que se están llevando a cabo perjudican a toda la sociedad y sólo se salvan, o incluso medran con la crisis, las élites económico-financieras que la originaron. Todo tan excepcional como comprensible, si lo valoramos con algo más que el pensamiento-basura tan de nuestros tiempos.

Publicado en La Crónica de León, 2 noviembre 2012

jueves, 1 de noviembre de 2012

Palabras como vidrio



Devoción por las palabras y por las canciones: ésas son, tal y como dijimos en la entrega inicial, las señas que nos identifican y por donde andaremos. De manera que si “en el principio era la palabra, y la palabra estaba con Dios y Dios era la palabra” [http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=304&capitulo=4215], qué podemos hacer nosotros, laicos confesos no obstante, sino abordar la relevancia de las palabras en la construcción de las canciones y su elevación a categoría temática de las mismas. Al fin y al cabo, si el Evangelio de San Juan lo dejó así sentado, no menos importante resulta la aclaración del ensayista francés Joseph Joubert, para quien “las palabras son como el vidrio; oscurecen todo aquello que no ayudan a ver mejor”. Ocupémonos de ello por lo tanto y hagámoslo en clave musical, que es la que aquí interesa.

[http://www.youtube.com/watch?v=JrrMlpJTF-g] “Palabras para cantar, / palabras para reír, / palabras para llorar, / palabras para vivir, / palabras para gritar, / palabras para morir”. Eso nos enseñó el abuelo Labordeta y casi ni haría falta seguir escribiendo para explicar mejor el significado y el amplio sentido del término. Pero también nos engañaríamos si se nos ocurriera pensar que con esto se cierra el mapa genético de este vocablo y sus resonancias sonoras. Porque, frente al aparente prosaísmo con que se expresa el cantante aragonés, se levanta otra dimensión, decisiva en nuestro caso, cuando la palabra se encarna en poesía y alcanza la quintaesencia de la expresión verbal. Otros lo han contado mucho mejor de lo que podríamos hacer nosotros, lo cual nos lleva a remitirnos por ejemplo a Santiago Auserón, que publicó el pasado mes de agosto un magnífico artículo, titulado El reto poético de la canción, donde hablaba de la muy necesaria recuperación de la unidad originaria que formaron música y poesía [http://cultura.elpais.com/cultura/2012/08/15/actualidad/1345048244_943105.html].

Es algo que supieron muy bien los juglares, los pasados y los presentes, pues por fortuna continúan entre nosotros los cantores que conocen como nadie la adecuada combinación de la palabra con el ritmo. Leonard Cohen, sin ir más lejos. Cuando en 1967 editó su primer disco, el arte de los cantautores cambió para siempre; no en vano, los eruditos del momento apuntaron: “En las canciones aparece poco más que la voz y la guitarra de Cohen, situando el centro de atención en su ingenioso uso de las palabras y su estilo agridulce”. Ingenioso uso de las palabras, he ahí una de las claves a resaltar de aquel disco seminal: [http://www.youtube.com/watch?v=oBFQg7P5YKw].

Y, por otro lado, tampoco las palabras, las letras, los textos pueden ser ajenos a la realidad por la que deambulan sus creadores y sus públicos oyentes. Al menos si se persigue un encaje más distinguido que el simplemente comercial –tan banal hoy en día- o una emoción no sólo epidérmica. La transparencia prosaica y la fe lírica se convierten entonces en un martillo que moldea la historia a fuerza de interpretaciones colectivas, que acaban convirtiendo a las canciones en patrimonio de la humanidad, no importa en qué tiempo se interpreten ni quién las entone, Pete Seeger [http://www.youtube.com/watch?v=QhnPVP23rzo] o Bruce Springsteen [http://www.youtube.com/watch?v=oqT9yegqoRk&feature=related]. We shall overcome fue, en efecto, el Himno del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, allá por la década de los sesenta del pasado siglo, y no está nada mal recuperarla en esta actualidad nuestra tan cruda, para seguir apostando, mediante palabras cantadas precisamente, por los derechos ciudadanos que nunca dejan de ser agredidos: “En lo profundo de mi corazón, yo tengo fe, / venceremos un día”.

Pero, bien, vayamos concluyendo: [http://www.youtube.com/watch?v=x8qwWlJYkZE] “Palabras nuevas, palabras llenas de remordimiento, / palabras que se lleva el viento. / Palabras viejas, palabras sólo como pasatiempo, / palabras que soplan en el viento, / palabras fáciles de olvidar”. Desde que Aristóteles, en el principio de todo, convino que el ser humano no es más que un animal que habla, toda nuestra existencia lo es porque es nombrada con palabras. De lo contrario, sólo hay agujeros negros y olvido. Discursos, leyes, testamentos, voluntades, lecciones, diálogos, monólogos, cartas, correos electrónicos, mensajes telefónicos, exámenes, comentarios de textos, confesiones, mentiras, prospectos, diagnósticos, homilías, himnos, declaraciones de guerra, armisticios… todo o casi todo viene a ser expresado mediante esa herramienta tan gratuita como poco apreciada. Entonces, en el epicentro de ese cataclismo verbal, ninguna cima es más alta ni la sensibilidad es tan exquisita como cuando las palabras y las canciones lo son de amor [http://www.youtube.com/watch?v=KDR4BCjMG7w].

Así pues, demostrado queda, a nuestro parecer, el rango que hemos de conceder a la palabra en la arquitectura de las canciones para ser tales y como tales degustadas. Moderato Cantábile, desde esta atalaya digital, se encargará de demostrarlo, ofreciendo a la par una selección de cantables de obligado cumplimiento. Sobre eso justamente nos extenderemos en el próximo capítulo para completar la definición de nuestro genoma musical. Tres capítulos en total con éste y con el que procedió, que nos servirán para recorrer la senda inagotable del cancionero. La propuesta final por esta ocasión, introductoria de lo que vendrá, no es otra que la referida a la que posiblemente sea la mejor canción de la historia reciente: http://www.youtube.com/watch?v=dSfc662vXZU.

Publicado en Conecta León 2, noviembre 2012

miércoles, 24 de octubre de 2012

Las barbas en remojo


En realidad, si hiciésemos uso de una memoria un poco menos perecedera de lo que acostumbramos, nos daríamos cuenta enseguida de que no hace tanto tiempo que tenemos barba. Apenas treinta años, pues sólo en 1980 el Fondo Monetario Internacional incluyó a España entre los países industrializados, momento en que dejó de ser un país receptor de ayuda internacional para convertirse en un país donante. Dos años después, en 1982, el Banco Mundial dejó de calificar a España como un país en desarrollo. Sólo treinta años de madurez, por lo tanto, si se nos acepta la imagen del vello facial para referirnos al crecimiento del país sin desprecios genéricos.

Por otra parte, tampoco hace tanto que nuestros datos de población remontaron el vuelo de forma positiva. Primero levemente en los años 80 y 90 y luego de un modo más vertiginoso por efecto de la inmigración en la primera década del siglo. Sin embargo, el Instituto Nacional de Estadística acaba de advertirnos de que en los últimos doce meses la población española se ha reducido en 45.245 habitantes, como consecuencia de que han vuelto a salir del país más personas de las que entran en él. Por eso, si nuestra memoria no fuese tan selectiva y de tan corto recorrido, en ello reconoceríamos de inmediato cierto estigma del ayer barbilampiño que parecía casi superado por completo.

Por último, como tercer aldabonazo de gloria, pensemos que el poder adquisitivo de los salarios se ha reducido dramáticamente al compás de las revisiones de los convenios y de la continua subida de la inflación, lo que nos devuelve también a tiempos pretéritos: desde 1985, el poder adquisitivo en general no había conocido una caída como la de 2012. A nadie extrañará, pues, que ya sean más de 12 millones y medio las personas que en España viven en la pobreza y en riesgo de exclusión, como en los años imberbes.

Y es que dura poco la alegría en la casa del pobre, sobre todo si se olvida con facilidad la condición de uno y la de sus iguales, cosa que suele ocurrir de forma harto ilusoria en esta sociedad de escaparates y oropeles. Cierto que la movilidad social es un hecho y que no nos regimos en apariencia por un sistema de castas, lo cual ha permitido un crecimiento económico y social notable a lo largo de los últimos cincuenta años. Cierto también que esa dinámica crea inercias y que sobre ellas acomodamos los cálculos de futuro para concluir, como solíamos hacer, que cada generación mejoraría el status de la precedente sin solución de continuidad. Sin embargo, los acontecimientos del último cuatrienio demuestran que esto ya no es ni va a ser así, posiblemente por largo tiempo; y el sobresalto nos ha pillado sin asideros, es decir, sin referencias: escasos de memoria, desclasados y con dudosos deseos de reconocernos en cuanto viene ocurriéndoles a otros como nosotros a nuestro alrededor. Por eso nos cuenta tanto poner las barbas a remojo y actuar en consecuencia.

Por eso y porque duele. De hecho, pelarse las barbas era un indicio de sentir y mostrar dolor. Y, antiguamente, incluso se consideraba una gran afrenta cortarle la barba a alguien, por no hablar de mesarle la barba o el cabello, lo que suponía una grave injuria obligada a reparación. Así es como, desde el siglo XV al menos, venimos repitiendo el dicho consabido sobre las barbas del vecino cuando sucede alguna desgracia a quienes son de nuestra condición y trato, ya que hemos de temer que lo mismo pueda sucedernos y, por tanto, estar prevenidos para que el golpe no sea tan fuerte. Todo ello, claro, si nuestra memoria y nuestra conciencia nos permitieran sabernos de la misma condición y trato que otros, en lugar de eludir orígenes y clase por el simple prurito individualista de distinción.

Conviene, a nuestro juicio, ampliar el foco para que la visión abarque la realidad en toda su magnitud. Descubriremos entonces, si no lo hubiésemos hecho hasta ahora, que más allá de nuestros ombligos y dolores hay quienes recorren con nosotros un itinerario semejante o que nos llevan en algunos casos varias estaciones de ventaja. Y puesto que el recorrido es evidente porque se repite a sí mismo como en una espiral, sin pensar tampoco que cualquier tiempo pasado fue mejor, empleemos la inteligencia para adelantarnos a los acontecimientos y dispongámonos a una acción más colectiva. Ése es el contexto preciso en el que debe valorarse, por ejemplo, la convocatoria de una nueva huelga general y de otras acciones que expresen nuestra voluntad de no resignarnos. No se trata ya de demostrar indignación, algo que todos de una forma u otra venimos haciendo, sino de expresar públicamente y con firmeza una postura opuesta a la resignación. Desde luego, la inversión del proceso histórico que envuelve los datos arriba explicados no vendrá de la mano de aquellos que lo provocaron; y tampoco será en este caso un grupo de barbudos el que mande parar.


Publicado en Diario de León, 23 octubre 2012

jueves, 18 de octubre de 2012

Los poderes


     Hemos conocido por datos aportados desde la Federación de Asociaciones de la Prensa Española que, desde 2008, 57 medios impresos han cerrado en España y 8.000 periodistas han perdido su puesto de trabajo. Si éste es el estado lamentable del llamado cuarto poder, podemos hacernos una idea de cómo se encuentran aquellos que no tocan poder alguno ni por asomo. Pero también, de paso, podemos examinar la situación de los otros poderes, fácticos o reales, y descubrir que ninguno soporta una evaluación positiva, si se exceptúan el financiero y el eclesiástico. En efecto, el poder político, según dicen las encuestas, languidece entre desconfianzas, amputaciones en apariencia indeseadas y otras gaitas gallegas. El legislativo vive preso desde hace años entre los barrotes oxidados de sus reglamentos y sistemas electorales. El judicial, poco permeable a las reformas democráticas, permanece encastillado en sus almenas medievales sin apenas conexión con el mundo real. Mas, frente a ese panorama arruinado, el poder financiero, como si nada fuese con él, prosigue su vida de éxitos con la aniquilación de las cajas de ahorro y es el único que, según datos del INE, aumentó de forma espectacular su renta disponible casi un 90% entre los meses de abril y junio respecto al mismo periodo del año anterior. Pensemos que las empresas, aunque nos resulte paradójico, lo hicieron en un 6,4%, mientras que las familias vieron disminuir esas rentas en un 3,2%. Y, como colofón, ahí se perpetúan sin tacha alguna las ayudas a la iglesia católica en los Presupuestos Generales del Estado para el año 2013, lo que demuestra que el poder de Dios no es, desde luego, de este mundo y bien se encargan los césares de que así sea por los siglos de los siglos. En fin, no todos los muros de la patria mía parecen desmoronarse por igual y para todos. Más o menos, como en tiempos de Quevedo, donde en muchos sentidos todavía habitamos.

Publicado en La Crónica de León, 19 octubre 2012

lunes, 15 de octubre de 2012

De las crisis y la globalización



Nueva Edad Poscontemporánea, decíamos, acerca de lo cual conviene argumentar para no caer en el nominalismo gratuito o en ese océano de etiquetas tan característico de este mundo superficial. Examinemos, para continuar el razonamiento, un par de elementos que se sitúan, a nuestro juicio, en la raíz de esta evolución histórica.

La mundialización es, desde luego, uno de los signos de la nueva era. Lo de menos son las migraciones, que siempre existieron a lo largo de la historia, a pesar de que en algunos países el fenómeno se haya expresado como una auténtica novedad a causa de su velocidad, como en el caso de España. Lo de más es lo que ese ritmo acelerado produce, unido sobre todo a la explosión definitiva de los sistemas de comunicación que vencen fronteras y todo lo modifican: comercio, finanzas, trabajo, salud, turismo, información, conocimiento, etc. También es verdad que queda aún por perfilar la articulación entre lo global y lo local –dicotomía que habrá de resolverse en algunas ocasiones incluso con violencia-, cuyo mapa, una vez salidos de la transición, dibujará un mundo radicalmente distinto que ya se intuye.

Del mismo modo, son expresión de mudanza las crisis, no una –la financiera o económica- como quieren que creamos, sino todas las que coinciden no casualmente en estos momentos de zozobra general. Es verdad que existe una crisis económica y una crisis financiera agudas y persistentes, pero también una crisis política, una crisis de liderazgo, una crisis demográfica, una crisis alimentaria, una crisis medioambiental, una crisis energética y, en fin, una crisis ética. Por lo menos. Conviene en tales circunstancias no olvidar el parentesco que los griegos clásicos otorgaron al término crisis con crítica, que significa análisis o estudio de algo para emitir un juicio, y también con criterio, que es razonamiento adecuado. La crisis nos obliga a pensar y, en consecuencia, produce análisis y reflexión para poder cambiar el mundo, nunca para repetirlo miméticamente considerando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Craso error el de aquellos que simplifican ese amplio contexto crítico y craso también el de quienes nos siguen hablando de monótonos ciclos que se suceden como una noria. Aunque más imperdonable es todavía, por su repercusión social, el papel de aquellos gobernantes e intelectuales que se niegan a la evolución y dictan leyes o preceptos que huelen a moho y suenan a evasiva. El compromiso sólo es inherente a quienes quieren ver; lo opuesto se llama necedad.

Y, frente a la necedad, el conocimiento. Cerremos, pues el argumentario acudiendo al de autoridad, que es cosa sensata. Juan Luis Cebrián: “…en realidad no nos encontramos ante una crisis, sino ante un cambio de paradigma en los procesos de crecimiento económico y en la definición de los intereses geopolíticos que condicionan la escena internacional. Dicho cambio viene conformado por los fenómenos que la globalización ha producido, impulsados por el desarrollo de las nuevas tecnologías y alimentados por la creciente desregulación de los mercados financieros”. Vicente Verdú: “La crisis no es todo lo peor. Lo peor es la insistencia en los mismos métodos de antes para superar la crisis (…) Pensar y actuar, como ahora se hace, repitiendo las claves médico-económicas de hace más de medio siglo, es, en el mejor de los casos, administrar placebos al paciente. Y, en el peor de los supuestos, dada la alta caducidad de algunos fármacos, inculcar venenos al enfermo”. Y por fin Rafael Argullol: “En el desconcierto de nuestros días siempre resurge la misma duda: ¿estamos ante un nuevo Renacimiento o ante una nueva Edad Oscura?”. Pues bien, de todo eso hablaremos.


Publicado en Tam-Tam Press, 15 octubre 2012

jueves, 11 de octubre de 2012

CRISTINA LLISO: Si alguna vez


     Eran los tiempos en que bastaba con un par de acordes y un poco de ironía o de mala baba para hacer música y pasárselo bien. Sin más pretensiones. Sin embargo, de aquel mismo paisaje despreocupado e iconoclasta surgió, andando el tiempo, un catálogo de nombres y de canciones imprescindibles en la historia de la música pop española. De entre todos ellos, con especial sonoridad y convertidos rápidamente en eso que llaman grupo de culto, traemos a colación a Esclarecidos, al frente del cual destacaba la voz espléndida y sutil de Cristina Lliso. “Arponera” (1984) fue seguramente su canción de referencia, la que acabó por alumbrar un estilo singular, si bien en un medio sindical tampoco conviene olvidar su contribución a nuestro decorado con “Música para convenios colectivos” (1982). Seis álbumes, cuatro recopilatorios y un montón de sencillos integraron su discografía hasta su disolución en 1997. Más tarde, junto a Suso Saiz y Alfonso Pérez, la voz de Cristina reapareció fugazmente bajo la marca Lliso con una apuesta más electrónica y con menor eco.

     Ahora, treinta años después de aquellos convenios colectivos, vuelve Cristina Lliso con todas las letras y con todo su esplendor, de nuevo al lado de Suso Saiz, con un disco inusual para los presentes estilismos: Si alguna vez. Sus claves vuelven a ser las que fueron, ajadas inevitablemente por el tiempo como todos nosotros; sus bases sonoras, las de los últimos trabajos de Esclarecidos, pero aún más íntimas si cabe, como una mirada profunda hacia los adentros; su oferta, un puñado de buenas canciones, construidas conforme a un formato clásico que nunca falla, textos sugerentes, arreglos bien elaborados y sencillez en el remate final. Y, naturalmente, presidiendo todo el conjunto, esa voz para la que fue necesario algún ajuste: “Desafinaba tanto –ha declarado- que Suso me dijo que tomará unas clases de canto. Después, bien. Estoy muy contenta”.

     Más o menos lo mismo que cuantos hemos sido sus incondicionales desde el principio de los tiempos o que quienes, al descubrirla ahora, tengan por delante el placer ya irrepetible para otros de asomarse por vez primera a las canciones memorables de entonces. Y en cuanto a las que en esta ocasión se nos ofrecen, una sobresale y merece ser saboreada como compendio de todo el producto: “La Duna de Pyla”. Cuanto en ella se dice, junto a las fotografías que en el librito retratan este espectáculo del litoral aquitano, acaba dibujando el escenario más adecuado para esta música, que quiso ser como la nueva ola en el origen, pero que pronto mudó a algo más personal: pop que fantaseaba con ser jazz. Es lo mismo que ocurre con esas dunas fascinantes que nunca son iguales a como las hemos contemplado en otras visitas ni serán las mismas cuando regresemos a ellas, pero que indefectiblemente conservan un atractivo perenne del que es imposible apartar la mirada. Más todavía si, como es el caso, al frente se extiende el Atlántico y a las espaldas queda el bosque de las Landas. Sinfonía de color, en suma, como la voz de esta mujer.

Publicado en Notas Sindicales, noviembre 2012