Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

jueves, 20 de septiembre de 2012

La enseñanza


     Todos los meses tienen su asunto particular de cabecera, y septiembre, con el regreso a la vida de todas las actividades amortiguadas por los estíos varios, se reconoce sobre todo en la enseñanza. Este año más aún si tenemos en cuenta la generación de noticias que se han producido en su entorno, la mayoría de ellas adversas: subida de precios en el material escolar, pago de los servicios de madrugadores y centros abiertos, reducción del número de docentes y aumento de ratios de alumnado en las aulas, avance de una nueva revisión de las leyes educativas, etc. También informes de última hora han venido a ampliar el eco de todas estas materias, desde los que advierten sobre el alarmante número de jóvenes situados hoy al margen del sistema educativo y del laboral, hasta el más reciente de la Comisión Europea que sitúa a España a la cabeza de los países con menos formación y mayores diferencias regionales en ello. Estas tendencias negativas demuestran, pues, que no estamos ante situaciones coyunturales, como podría suponerse de las informaciones primeras, sino que la enfermedad es crónica y, al menos, de pronóstico reservado. Mucho más si atendemos a algunos otros datos sobre los que no se suele hablar y que revelan que el diálogo entre nuestra enseñanza y el mundo del trabajo es poco satisfactorio. Por ejemplo, que sólo el 24% de los españoles ha cursado o cursa formación profesional, frente al 47% de la media de la Unión Europea. O que España, con datos de 2008 según Eurostat, es el país de la UE con más trabajadores sobrecualificados, es decir, aquellos que tienen un título universitario o de FP de grado superior, pero ocupan un empleo por debajo de ese nivel: son un 31% frente a un 19% de media europea; claro que, entre los extranjeros que trabajan en nuestro país, la tasa se dispara hasta el 58%. Que nadie piense que esto tiene que ver con la crisis, como quizá tampoco otros males de este nuevo septiembre.

Publicado en La Crónica de León, 21 septiembre 2012

martes, 18 de septiembre de 2012

En el inicio del canto



Moderato Cantábile decimos, sí. Acudimos entonces a la fuente de fuentes y aparecen nada menos que 494.000 entradas (aproximadamente, apuntan), 22.300 en lengua española, aunque solamente 10.900 procedentes de territorio hispano. Las primeras de todas esas páginas –he ahí, por tanto, nuestra célula madre- hacen referencia a una novela de la escritora francesa Marguerite Duras, publicada en 1958 [www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-moderato-cantabile], y se alternan con su adaptación cinematográfica, realizada en 1960 por Peter Brook, con Jeanne Moreau y Jean Paul Belmondo como protagonistas [www.claqueta.es/1960/moderato-cantabile.html]. Una y otra son el relato de una fascinación, más o menos como la que nos nace –a veces irracional, a vece ilógica también- al entregarnos sin prejuicio al mundo de la literatura y de la música.

De la trama nos quedamos con la figura de una mujer, Anne, que acompaña a su hijo a clase de piano. La profesora le instruye de forma reiterada en una misma partitura, una sonatina de Diabelli que debe tocarse en moderato cantábile, es decir, en un ritmo moderado y cantante, como si viniera a tratarse de una canción [www.sheetmusic2print.com/Media/Diabelli/Sonatina-168-1-III.mid]. Y esto, lo del ritmo, sin olvidar lo literario, nos lleva al que será nuestro segundo gen, sobre el que también podemos rastrear otros ejemplos en la red: sin ir más lejos, Frédéric Chopin [www.youtube.com/watch?v=o9m8kZuBG5A].

Recapitulemos, pues. Moderato: término musical que prescribe una ejecución discreta y moderada, alejada de excesos expresivos. Aplicado a otras voces, añade la idea de moderación al movimiento. Cantábile: Voz italiana que indica que un pasaje musical debe interpretarse dando relieve a la melodía principal.

Así somos, así seremos en este paraje digital, desde donde proclamaremos nuestra propuesta musical. No una proposición cualquiera, evidentemente. Acabamos de indicar, de hecho, los que serán dos de sus denominadores comunes: lo literario y lo musical. Pero hay más, al menos otro dúo que presentamos a continuación: la canción y la palabra.

De forma inevitable, siendo como somos, topamos con la canción. Nos gustan las canciones, es así, las melodías cantables, el cancionero en general siempre y cuando lo guíe el buen gusto y cierto afán de estilo. Canciones clásicas y jóvenes, eternas y efímeras como la vida misma, canciones de amor y de muerte –casi todas, deberíamos señalar-, canciones que hablan del mundo y de sus sombras, de los misterios y de las claridades… mediante las que penetrar la realidad con ojos líricos.

Posiblemente, si hubiera que seleccionar una canción, una sola canción para resumir el espíritu que nos animará en ésta y en sucesivas entregas, no habría ninguna duda, una de las más hermosas: Te doy una canción, del cantante cubano Silvio Rodríguez [www.youtube.com/watch?v=IzAaQDf1Oxg&feature=related]. Cuidado que es amplio el cancionero y en él bucearemos como arqueólogos marinos para ofreceros ánforas valiosas y tesoros sumergidos. Sin embargo, nuestras señas de identidad están tan claras que la respuesta no conoce titubeos.

Pero esto es sólo una presentación y, como tal, susceptible también de matizarse. Al fin y al cabo, canciones hay para todas las edades y para todos los tiempos, incluso para estos tan turbios en los que habitamos hoy. Ya lo dejó escrito el poeta Bertolt Brecht: “Y en los tiempos oscuros, ¿habrá canto? Sí, habrá el canto sobre los tiempos oscuros” [https://sites.google.com/site/bertoltbrechtpoemasycanciones/].

Así pues, la palabra por fin, el haz o el envés de la música, según se mire, cuando se produce el maridaje de la canción. Como sentenciaba Sigmund Freud: “la ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”. Y es que, si en el principio fue el verbo, o eso cuentan al menos, lo que sí podemos afirmar los ilusos mortales es que en todo el recorrido restante hasta el fin siempre nos quedan las palabras, ya sea según versión de Blas de Otero, de Paco Ibáñez o del grupo Aguaviva [http://antologiapoeticamultimedia.blogspot.com.es/2006/08/me-queda-la-palabra.html].

De modo que música, literatura, palabra y canción. Una elaboración de repertorios y una exploración del cancionero en el sentido más amplio, para concluir en lo que hoy nombran como playlist y que siempre conocimos como una lista de reproducción o de escucha. Con una particularidad: lo que fue en su día, a lo largo de ocho cursos de emisiones en la Radio Universitaria, una expresión sonora que todavía puede rastrearse en la red [www.ivoox.com/escuchar-radio-universitaria-leon_nq_9212_1.html], se abre ahora al mundo en este nuevo formato que quiere apurar también todas sus posibilidades de comunicación. Eso sí, siempre con una misma intención lírica y política. Modestamente, lo que canta Bruce Springsteen en We are alive [www.youtube.com/watch?v=mVxc-tubIyE]: “Estamos vivos, / y aunque nuestros cuerpos yacen abandonados / aquí en la oscuridad, / nuestros espíritus se elevan / para llevar fuego y encender la chispa / para pelear hombro con hombro / y corazón con corazón”. No otra es, en suma, la inspiración y el programa de Moderato Cantábile.

Publicado en Conecta León 1, septiembre 2012

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El cocinero y el fraile


     Explican los diccionarios de dichos y de frases hechas que antiguamente era normal que muchos legos, que entraban en los conventos como cocineros, acabaran tomando los hábitos. Ya sabemos que hoy, por extensión, se aplica este emparejamiento para hablar de alguien que, antes de ocupar determinado puesto, ha desempeñado otra actividad que le permite al menos opinar sobre ella. O, yendo más allá, ejercerla con el respaldo de un supuesto argumento de experiencia.

     Por lo tanto, si invirtiéramos el sentido de la expresión y echásemos una mirada sobre las cocinas en las que se aprende y ejerce cuando todavía se es seglar, obtendríamos a veces tanta claridad acerca de los comportamientos como esos descensos a las simas íntimas a que nos someten psicólogos o psiquiatras, pero sin tanta patología. De este modo, si conocemos que una buena parte de los gestores de la economía europea, entre ellos los españoles naturalmente, crecieron entre las marmitas y los fogones de los más señalados piratas financieros globales y locales, a nadie puede extrañar el tipo de decisiones que adoptan, los enredos a los que nos arrastran y al servicio último de quién sitúan las liturgias ahora, cuando ya han logrado profesar. Por supuesto que en toda religión hay conversos y apóstatas, pero no es muy común que quien hizo fe de los vicios privados se comporte después como un adalid de lo público, salvo para acomodarlo a aquellas doctrinas, que es lo que en realidad sucede.

     Lo mismo ocurre con otro género de políticos en boga, abogados del estado sobre todo o muy altos funcionarios de las administraciones, que hoy nos gobiernan a golpe de decreto, como quien maneja un manual de Derecho sin más contemplaciones políticas, es decir, sin el componente mínimo del espíritu político, que no es otro que el del acuerdo. También los hay que antes fueron registradores de la propiedad, en cuyo caso no cabe esperar de ellos más que un estoicismo mal entendido con los ademanes propios de quien viene acostumbrado a ser un asentador de actos, por más que muy bien pagado. Todo ello, sin olvidar otras escuelas gastronómicas, especialmente las más piadosas, donde palabras como austeridad, sacrificio o contención han sido siempre un condimento tradicional, salvo bula en contrario.

     Aprendizajes de este tipo son los que llevan luego a que el Presidente Rajoy nos confiese que quien le ha impedido cumplir su programa electoral es la realidad. ¿Dónde estaba el Presidente Rajoy entonces cuando redactaba ese programa? ¿En qué realidad habitaba? ¿Le ocurre tal vez al Presidente Rajoy como le sucedió antes al Presidente Zapatero, que también renunció a su último programa electoral, quien no veía crisis real por ningún lado hasta que cayó del caballo para decirnos que iba a seguir otro camino costase lo que costase? ¿Cuál era la realidad del Presidente Zapatero? ¿En qué hornos se formó antes de tomar los hábitos neoliberales? Son dudas que conviene resolver, y más que nada despejar, para entender y poder dar solución a mucho de cuanto nos ocurre.

     Una forma de hacerlo, por ejemplo, es volver a definir la realidad entre todos para que nadie se llame a engaño. Y al colaborar juntos en esa definición, lo que conseguiremos, de paso, es condicionar un poco los influjos de esas cocinas donde nuestros frailes de hoy en día adquirieron unos estilos culinarios tan sesgados y tan distantes del mundo de los hambrientos. Es lo que algunos pretendemos al proponer un referéndum sobre las decisiones gubernamentales de los últimos meses, que han constituido un auténtico fraude electoral, básicamente porque quién ganó la mayoría absoluta el pasado noviembre no sabía en qué realidad vivía. Claro que posiblemente tampoco lo supieran sus muchos votantes, la mayoría de ellos hoy evaporados después de un buen hervido. Y con ese fin, precisamente, un amplio grupo de organizaciones sociales marcharemos en la ciudad de Madrid el próximo día 15 de septiembre, porque otra cocina y otros frailes son también posibles.

     Quizá ese objetivo no se alcance con sólo esta iniciativa, pero mostraremos que sigue viva una escuela democrática, otro arte culinario en suma, donde algunos aprendimos y, en consecuencia, ejercemos todavía. Porque nos asusta observar algunos comportamientos de nuestra gente pública que nos hacen temer por el tipo de guisos donde se adiestraron. Me refiero a esos que nos proponen las tragaperras o las montañas rusas para remediar la anorexia de nuestra economía; a esos otros que arrojan de territorio español a unos seres vivos, exhaustos e inocentes como si fuesen fardos; a esos que argumentan la existencia de mosquitos para despreciar las playas extranjeras, como si éste no fuera un país de moscas; a esos que vuelven a programar corridas de toros en la televisión pública mientras encarecen por la vía de los impuestos el acceso a la cultura; a esos que dicen regenerar la política y los políticos privándoles de sueldo porque ellos viven de las rentas. En fin, el convento no pinta bien y se hace necesaria una actitud de rebeldía persistente y tenaz, porque nada sería peor frente a esta congregación que lo gobierna que la resignación hasta ser cocinados a fuego lento.


Publicado en Diario de León, 13 septiembre 2012

jueves, 6 de septiembre de 2012

La espiral


     En tiempos de siglas, acrónimos, marcas, logos y demás señas sintéticas de identidad, a nadie debe extrañarle que también las crisis se expliquen con símbolos visuales, en este caso tomados del alfabeto: tienen forma de V cuando la caída y la recuperación son rápidas y en un corto espacio de tiempo; de U cuando entre ambas fases se produce un estancamiento temporalmente limitado; de W cuando a la recuperación le sucede otra recaída; y de L cuando el periodo de estancamiento es notablemente largo. Cuentan los que de ello saben que éste último es nuestro modelo. Sin embargo, limitándonos a las fronteras alfabéticas, bien podríamos decir que cuanto nos ocurre tiene forma de X, en tanto enfrentamos una crisis sistémica para la que nadie se atreve a aventurar horizontes claros, mientras la clase política, desde el conservadurismo que la caracteriza, no hace más que dar palos de ciego suponiendo que los fundamentos sociales, políticos y económicos son eternos y que algún día volverán como por encanto a su sitio natural. Mas, suponiendo que eso no vaya a ser así, otra figura geométrica define mejor que cualquier signo este proceso sin rumbo: la espiral. Efectivamente, desde que la crisis explotara y en particular desde mayo de 2010, damos vueltas sobre el mismo punto incrementando no obstante el radio de nuestros giros para no llegar a ninguna parte, sufrir más y repetir siempre el mismo tipo de acciones. Sin importar la serie de medidas dolorosas y calcadas de sí mismas, el paro siempre es el paro pero dispara sus cifras en cada rotación, el índice de riesgo es siempre el mismo aunque crezca por centenas en cada viraje y un rescate sucede a otro conforme a la sucesión de rodeos. Nada más elocuente en este sentido que las reformas financieras. Cinco llevamos en los últimos años, sin rematar nada, para concluir en esta última con un sublime pleonasmo: el banco malo. ¡La consagración de la redundancia!

Publicado en La Crónica de León, 7 septiembre 2012

viernes, 24 de agosto de 2012

Los empresarios


     Con su retórica habitual, a medio camino entre el llanto y la ofensa, es decir, con la prosa propia de los que sólo reconocen la paja en el ojo ajeno, la Federación Leonesa de Empresarios ha vuelto a hacer público unos días atrás otro comunicado hiriente. En él, la FELE reclama «de forma apremiante» y ante la «extrema gravedad de la situación», una rebaja «mucho mas contundente en los gastos improductivos de las distintas administraciones para que sea posible el fomento de la inversión, la recuperación de la actividad económica y la generación de empleo». Estas afirmaciones groseras podrían hacernos pensar que en el otro lado, en el lado privado y en el de sus estructuras dirigentes, la productividad es santo y seña, cuestión que evidentemente no es tal. Y para que no se molesten, citaré sólo una muestra estadística de los Estados Unidos, país al que seguramente admiran estos individuos de la viga en el ojo propio: allí, en el paraíso del capitalismo, de la desregulación y del rifle, el 43% de la superélite son ejecutivos de empresas; de ellos, el 18% trabaja en las finanzas y otro 12% son abogados; por lo tanto, no son profesiones en las que exista precisamente una clara relación entre los ingresos de alguien y su aportación a la economía real. Quizá por eso ocurre lo que ocurre, entre otras cosas que hoy las transacciones financieras equivalgan a 70 veces la economía real o economía productiva y que las diferencias de renta, según la OCDE, estén en el nivel más alto en 30 años; de hecho, en España, el 10% mejor situado gana 12 veces más que el peor pagado. No sé si estas cuestiones serán tenidas en cuenta por los empresarios leoneses en sus análisis de la situación, me temo que no. Confío, pues, en que les resulten útiles para ser un poco menos tendenciosos. Aunque tengo la impresión de que nada les iría mejor que una buena consulta en un servicio de oftalmología. Público, por supuesto.

Publicado en La Crónica de León, 24 agosto 2012

viernes, 17 de agosto de 2012

Perder el tren


     Más allá de su significado referencial evidente, perdemos el tren cada vez que dejamos pasar el momento oportuno, la situación propicia para hacer algo. Luego, como también suele decirse, lo que ocurre es que quien deja pasar un tren debe subirse a otro que, quizá, ya no llegue a tiempo.

     Lo curioso de este juego metafórico es que en ocasiones se solapa la literalidad con lo figurado, lo cual duplica y refuerza el mensaje de tal manera que nadie puede ya extraviarse en los supuestos contenidos literarios del artilugio, y entonces la realidad nos golpea rotunda como un caballo de hierro. Así ha sucedido, a nuestro entender, con las informaciones recientes acerca de este medio de transporte y la ciudad (o provincia, que en este caso, si se permite la licencia, viene a ser casi lo mismo) de León. En medio del bochorno estival, hemos sabido que el Ayuntamiento leonés ha solicitado la desaparición de la Sociedad León Alta Velocidad, que hasta la fecha gestionaba las labores de integración del ferrocarril en la ciudad con motivo de la llegada del nuevo sistema ferroviario; también se han producido denuncias reiteradas sobre la paralización sine die de las obras del AVE en su trazado provincial y hasta el Partido Popular de Asturias avanza que nunca antes de 2015 se pondrá en marcha el proyecto para el tramo León-La Robla; finalmente, por si todo esto fuese poco, se ha anunciado también que FEVE suprimirá la conexión entre León y Bilbao cinco días a la semana. Son señales más que notables de cómo vamos poco a poco perdiendo el tren; o, mejor dicho, de cómo el tren nos pierde a nosotros, pues no sucede igual en otros recorridos o en otros lugares, donde el ferrocarril sigue siendo una prioridad e incluso un signo de modernidad. Naturalmente, todas esas señales se insertan en un plan deliberado del Gobierno español, para quien la noción de servicio público, así en el transporte de viajeros como en muchas otras áreas de cuanto nos es común, debe dejar paso al aprovechamiento privado sin importar las consecuencias.

     Es curioso, así mismo, que si bien el plan general, que incluye la desaparición de FEVE y la desmembración de RENFE y ADIF, viene siendo respondido por los trabajadores con paros y manifestaciones, ninguna expresión de rechazó ciudadano se produce en León ante lo que representa la cancelación de muchas expectativas y potencialidades. Por el contrario, conforme a una cualidad muy leonesa, muy conservadora por otra parte, el conformismo lo disculpa todo y todo lo digiere con mansedumbre. Incluso el Partido Popular local, tan quejoso años atrás con el Gobierno central por los retrasos y otras indecisiones poco justificables, se convierte hoy, cuando debería tener a su favor a ese Gobierno, en el principal defensor del retroceso. Ya lo fue, de hecho, con su oposición al tranvía –otro tren perdido, no lo olvidemos– . Podrá alegarse como excusa la amputación de las inversiones en infraestructuras, pero basta ampliar el foco hacia el corredor gallego para constatar la debilidad del pretexto, lo que nos obliga a interrogarnos por el diálogo oculto de hace unos meses entre la Ministra de Fomento y el Alcalde de la ciudad y la Presidenta de la Diputación. Todo indica que en lugar de garantizar el futuro lo que se hizo en esa conversación fue certificar el pasado.

     El tren y su pérdida se convierten, ahora sí, en metáfora de cuanto nos ocurre. Las oportunidades no del todo aprovechadas en los años pasados están siendo poco a poco enterradas o simplemente amortiguadas en sus efectos, como parte de una política de revancha que pretende hacer desaparecer de la historia las huellas de un Gobierno de diferente signo. En lo general, así viene ocurriendo con leyes y proyectos que pudieron suponer mejoras sociales notables: el aborto, la igualdad, la dependencia… En lo local, se trata de que ese rastro conserve las mínimas señas físicas: la CIUDÉN, el ferrocarril, el aeropuerto… El genoma cainita leonés, que se hizo presente como nunca en los procesos electorales del año 2011, ha decidido reencarnarse en las nuevas generaciones de los mismos poderes locales de siempre para asegurarse de que la historia no cambie su rumbo, menos aún en una provincia y en una ciudad tan celosamente guardianas de las más rancias costumbres.

     De modo que hemos perdido el tren. Literalmente: una de las conexiones entre Asturias y Madrid ha dejado ya de entrar en el apeadero leonés. Le seguirán otras de ese mismo trayecto y de otros. Muy posiblemente, insistiendo en la misma política de tierra quemada y de privatizaciones, no tardaremos en tener que acudir a otras provincias para realizar algunos de nuestros viajes. Dirán entonces que es culpa de Valladolid y se quedarán tan frescos. Por cierto, para ese entonces la famosa autovía hacia la capital vallisoletana seguirá en el limbo, más o menos como las que deberían habernos conducido a Braganza, a Orense y así sucesivamente. Porque en nuestro caso, con una provincia pensionada y en barbecho, de lo que va habiendo constancia es de que otro tren no llegará nunca a tiempo.


Publicado en Diario de León, 22 agosto 2012

jueves, 9 de agosto de 2012

La bolsa


     Hace tiempo que la disyuntiva entre la bolsa o la vida permanece fosilizada en apariencia y es muy difícil imaginar que ni siquiera los atracadores más casposos, como el Dioni o el Solitario, se sirvieran de esa fórmula en sus andanzas criminales. Sin embargo, la relación entre uno y otro término sigue manteniendo frescura aunque para ello sea necesario que habiten otros contextos. Así, la vida sigue siendo para una mayoría la dura vida, eso que se va en un suspiro y que goza de tan escaso valor en los mercados. Por el contrario, la bolsa no es ya aquel sinónimo de cartera, monedero o sencillamente el saco donde guardar los billetes de un botín. No, cuando hoy nos referimos a la bolsa todos sabemos que hablamos de la institución donde se realizan transacciones de esos valores que, por oposición a lo anterior, sí son del favor del mercado. Ese es el plano donde la disyunción recobra actualidad y se convierte en una expresión elocuente de los males que nos azotan. Obsérvese a modo de ejemplo lo que ha ocurrido con las últimas cotizaciones alcistas de la bolsa española: tres han sido sus subidas más notables en las últimas semanas, cada una de ellas coincidente en fechas con la cotización a la baja de lo que podríamos estimar condiciones de vida. El dichoso Íbex ha conocido el gozo sucesivo de su elevación mientras los datos de la Encuesta de Población Activa confirmaban el dolor de las cifras de desempleo; a la par que el Índice de Precios de Consumo se disparaba a causa del pago de los medicamentos; o cuando el Gobierno decidía ignorar la prórroga de la ayuda de 400 euros para los parados de larga duración. De este modo, mientras la vida se retorcía una y otra vez más sobre sí misma, la bolsa se regocijaba sin más consideraciones que  las del mero ensimismamiento especulativo. Por si quedase alguna duda, da la impresión de que la bolsa ha decidido cargarse a la vida. Muy al estilo, por cierto, de los atracadores más casposos.

Publicado en La Crónica de León, 10 agosto 2012

viernes, 27 de julio de 2012

La conciencia


     Lo peor de la conciencia no es que te persiga desde que se alcanza el uso de razón, según la enseñanza judeo-cristianas que nos grabaron a fuego lento en nuestra infancia. Eso duele, pero uno se acaba acostumbrando; lo mismo que a la miopía o a los granos. No, lo peor es que la conciencia esté tranquila y, por si acaso, proclamarlo. Es la señal más evidente de que algo va mal, de que hay gato encerrado o de que huele a podrido. Conforme a la misma tradición educativa, para el lavado de conciencias no había remedio más eficaz que el confesionario, de donde uno salía limpio de polvo y paja. No importaba el tamaño del polvo o de la paja: tres avemarías y como nuevo para volver a empezar. Es lo que ocurre, me figuro yo desde el descreimiento actual, con tanto fariseo de misa y procesión, cuyos vicios privados y virtudes públicas sólo casan desde el punto de vista de la absolución divina. Pero, religiones aparte, uno de los tópicos más manidos en estos tiempos de argumentos vacíos y de cara dura es el de la conciencia tranquila. Son tantos los que presumen de ello que uno se siente abrumado con su miopía, sus granos y su conciencia alterada. La tranquilidad, por lo visto en las hemerotecas, es materia de alta enjundia si se examina la nómina de sus detentadores. La tiene el Alcalde de Valladolid al ser procesado por un supuesto delito urbanístico. La tiene María Dolores de Cospedal ante las medidas –cualquier medida- tomadas por el Gobierno. La tiene el ex consejero andaluz de empleo en el momento de su ingreso en prisión por el asunto de los ERE. La tienen Baltasar Garzón y Carlos Dívar indistintamente. Y hasta Alberto Contador frente a su presunto dopaje. Todos declaran lo mismo, da igual el polvo o la paja. Es la prueba por antonomasia, tanto como la negación de toda razón. Pues bien: si la miopía se opera y para los granos está la limpieza de cutis, cuál es el sedante común que apacigua tal gama de conciencias.

Publicado en La Crónica de León, 27 julio 2012

jueves, 26 de julio de 2012

La apariencia y el engaño


     Uno de los signos que identifican a esta época de confusión es la tensión creciente entre lo que es y lo que parece ser. Cuanto mayor resulta el esfuerzo para señalar lo que realmente es, tanto mayor es el ahínco de quienes se empeñan en la imitación. Frente a la abundancia de denominadores de origen, indicaciones geográficas protegidas, sellos de autenticidad y otros mecanismos para la verificación de lo que se pretende único y original, se opone todo un ejército de sucedáneos, copias, plagios y  reproducciones de todo tipo, cuyas diferencias respecto al referente son en muchos casos difíciles de verificar. De ahí que la apariencia se haya convertido, si no lo ha sido siempre, en elemento trascendental de toda actividad humana en su esfera social. Mientras el individuo es dueño de optar, o de acomodar su opción conforme a sus circunstancias, la disputa entre lo real y lo figurado se mantiene dentro del plano de la desleal competencia en un supuesto mercado de objetos o de ideas; pero cuando desaparece la posibilidad de elección entre el modelo y su imagen, de modo que la apariencia aparenta ser más de lo que es, entonces nace el problema y se genera un desorden todavía mayor. Es el engaño.

     Naturalmente, un caos semejante se ha apoderado también del espacio político, añadiendo desorientación a la desorientación generada por estos tiempos desnortados. En otras épocas más maniqueas la presión surgía del choque, nunca del alboroto: al Este se oponía el Oeste, lo mismo que sus respectivas formalizaciones ideológicas. Nadie hubiera imaginado entonces que un país comunista liderara una economía capitalista como sucede hoy con China, donde la planificación totalitaria convive en aparente armonía con la filosofía más mercantil. Así mismo, por situarnos en el extremo opuesto, ni los más aberrantes de entre los nuestros hubieran sospechado que un día empresas de automóviles y grandes bancos y aseguradoras estadounidenses serían nacionalizados. Claro que, en el plano de la aberración, quien se lleva la palma es el Partido Socialista francés, que tuvo en Dominique Strauss-Kahn un Presidente in pectore, para lo que nada importaba ser Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, posiblemente el mayor agresor de las políticas sociales. ¿Cómo sorprendernos, por lo tanto, de que poblaciones obreras tradicionalmente de izquierdas hayan abrazado en ese país la opción electoral del Frente Nacional?

     Viniendo al plano corto, el de lo doméstico, España tiene en apariencia un Gobierno, aunque en realidad confiesa ser un mandado que no gobierna. No de otra forma puede interpretarse que su Presidente asegure que hace lo que no quiere, lo que no le gusta, porque no tiene elección. También Europa tiene un Banco Central aparente, que no funciona como tal porque no llega a existir una unión fiscal y bancaria, sino que está para controlar la inflación, que es una vieja manía alemana pero no del todo europea. Por otro lado, a veces se producen rescates que no lo son, o se dice que no lo son porque se trata de créditos preferentes que no entrañan condiciones, aunque acto seguido se aprueben ajustes por valor de 65.000 millones de euros. También hay un Parlamento que discute y aprueba leyes, si bien durante los últimos siete meses se ha dedicado preferentemente a convalidar decretos leyes, que no se debaten ni pactan porque al fin y al cabo han entrado en vigor al día siguiente de ser redactados por un Gobierno que hace lo que no quiere hacer. Y dice el Presidente de ese no Gobierno que él sube impuestos, pero que en realidad lo que querría es bajarlos, tal y como apuntó en un programa electoral que no llegó a nacer y así sucesivamente.

     Lo que sucede entonces es que este país procura guardar las apariencias pero se engaña a sí mismo. De hecho, por más que tratemos de sostener el ánimo social y político de un ente moderno de corte occidental, los pilares sobre los que se apoya ese tipo de comunidades se nos están haciendo pedazos de día en día. Entre medidas engañosas y eufemismos aparentes, sería bueno que alguien nos explicase qué será de una sociedad de consumo sin consumo, cuánto dura una democracia burguesa sin pequeña y mediana burguesía (las clases medias), en qué deriva un Estado sin Estado, dirigido por terceros y sin soporte público. Son cuestiones básicas a las que convendría atender tanto o más que a lo inmediato que tan grandemente nos perturba, pues los fenómenos inmediatos son también apariencias con las que nos engañan y ocultan el destino que nos tienen reservado. Explicaba en un artículo Juan Goytisolo hace unos días que “estamos al cabo de un ciclo histórico y una crisis de civilización”. Ésa es la verdadera clave que debiera centrar nuestro pensamiento, nuestro lenguaje y nuestra actitud como país o comunidad política. Es lo que merece la pena considerar con el fin de encontrar una salida a nuestro enredo actual y valorar con mayor certeza los sacrificios que estamos dispuestos a soportar. Es la base teórica al menos sobre la que poder reconstruirnos, pero para ello nos son muy necesarios unos gobiernos que gobiernen no sólo en apariencia y que no nos engañen.


Publicado en Diario de León, 26 de julio de 2012

jueves, 19 de julio de 2012

Manifestación 19 julio 2012


Discurso que puso fin a la manifestación convocada el 19 de julio de 2012 contra la política económica del Gobierno. Plaza de San Marcelo en la ciudad de León. http://www.youtube.com/watch?v=lwAJkfz3oEM&feature=youtu.be