Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

viernes, 16 de diciembre de 2011

Lo contrario


     Puesto que los discursos, a fuerza de lugares comunes y suplantaciones de ideologías, han acabado convertidos en entes vacíos, más vale apartar por esta vez las palabras y atender a los hechos para entender mejor cuanto sucede. Y lo que sucede, sencillamente, es un retorno al siglo XVI merced a la reiterada actitud del pueblo español y de sus gobernantes, aunque no solos, por mantenerla y no enmendarla; es decir, por marcar una postura y sostenerla a toda costa a pesar de que sus efectos sean contrarios a lo pregonado. Por ejemplo, se impone la etiqueta de la austeridad y -¡ale!- todos a ser austeros sin importar que la austeridad sea, como bien sabemos y lo recuerda el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, “una receta para menor crecimiento, para una recesión y para más desempleo. Una receta para el suicidio”. Así mismo, con grandes palabras nos quiso convencer sobre sus reformas el extinto Zapatero (y lo repite ahora, mutatis mutandis, la bisoña Cospedal con sus ajustes) proclamando que “los sacrificios de hoy serán la puerta del bienestar de mañana” y ya vamos viendo el resultado de la profecía, lo cual no obsta para que el electo Rajoy se apunte a aplicar otra vuelta de tuerca sobre el mismo clavo. Es lo que ocurre también con las expectativas de futuro que todos identificamos y que se centran, entre otras materias, en una mejor formación y en un modelo productivo con alto valor añadido. Pues bien, mientras todo eso se dice, ocurre que las comunidades autónomas han invertido en educación durante el último curso 2.300 millones de euros menos que el ejercicio presupuestario anterior, reduciendo en 15.000 las plazas docentes y la oferta de servicios educativos complementarios; y, por su parte, las empresas españolas redujeron un 0’8% su gasto en investigación y desarrollo en el año 2010, con lo cual ya solo financian el 43% en I+D+i cuando el objetivo de la Unión Europea era que financiasen el 66’7%.

Publicado en La Crónica de León, 16 diciembre 2011

sábado, 3 de diciembre de 2011

La corrupción


¿Qué pensarán de nosotros nuestros más ilustres antepasados? Me refiero a los Lázaro de Tormes, Rinconete, Cortadillo, Marcos de Obregón, la Pícara Justina, el bachiller Trapaza, Guzmán de Alfarache, el Buscón Don Pablos y otros, en cuyas fuentes tanto y con tan gran tesón ha bebido el ser nacional. Corregidos y muy aumentados se reconocerán sin duda en los entresijos de los casos Gürtel, Babel, Campeón, Brugal, Malaya o Palma Arena. Admirados habrán de sentirse de lo mucho aprendido y adecuadamente progresado por directivos, presidentes, consejeros y otros adláteres de la cosa bancaria y su álbum de cajas. Identificados así mismo en el trapicheo de dietas, haberes, estipendios, pluses y honorarios de algunas administraciones públicas o poco públicas. Asombrados tal vez de que incluso por los pasillos de la actual monarquía, como en los mejores momentos de la suya en los siglos llamados de oro, se deslice turbia la sombra de la estafa y el olor del abuso. Cómo no iban ellos, maestros de maestros, a emitir facturas falsas, a frecuentar la economía irregular o sumergida y a solazarse en la amplia piratería, que hace de este país nuestro un referente mundial con un 77’3% de contenidos digitales esquilmados (casi 11.000 millones de euros en el último año). ¡Ay de aquellos pícaros ingenuos! Dudosamente sus trampas y añagazas pueriles estarían a la altura de lo que se lleva en estos tiempos engañosos, donde la corrupción es la principal seña de identidad general y el que no la practica es o un tonto de capirote o un traidor a la patria. Total, que fuéronse las campañas electorales, sus mítines y sus urnas y nada o casi nada se dijo de todo esto, aunque materia hubiera para más de una novela y para la perpetuación de todo un género.  De ello y de ese silencio proceden buena parte de nuestros males; así que cualquiera se atreve a imaginar lo que pueda dar de sí la literatura de los próximos cuatro años.

Publicado en La Crónica de León, 2 diciembre 2011

viernes, 18 de noviembre de 2011

La efepé


     En vísperas de elecciones generales, saturados de anuncios de futuro, duras realidades del presente y ecos sórdidos del pasado, y con el empleo grabado como una patente de corso en todos los programas electorales, desde el lado siniestro se nos ocurre echar también una ojeada sobre un aspecto en liza que no debiéramos pasar por alto. Hemos sabido recientemente que sólo el 24% de los españoles ha cursado o cursa formación profesional, frente al 47% de la media de la Unión Europea, lo que representa la tasa más baja de toda la Unión. A pesar del impulso incuestionable que supuso para estos estudios la aprobación de la LOGSE en 1990, lo que también es evidente es que ningún gobierno posterior, ni del PSOE ni del PP, ha sido capaz de modificar notablemente el mapa escolar ni nadie ha querido reconocer en este déficit una de las razones de nuestra actual situación económica y laboral.  Porque tenemos que saber así mismo que en materia de desempleo juvenil, con una tasa escandalosa cada día más próxima al 50%, resulta que dicha tasa entre los menos formados duplica a la de titulados en FP o universitarios, y que, según la Encuesta de Población Activa, normalmente las cifras se atenúan cuanto más cerca se está de una adecuada capacitación laboral. Cierto es que la Formación Profesional no solucionará por sí sola ni nuestros problemas colectivos ni los individuales, pero también es verdad que, dando por hecho que el capitalismo no sea un cadáver y nosotros sus restos, la recuperación, de haberla, habrá de venir también y sobre todo de ese lado. Mucho más todavía si nos damos cuenta de que en 2020 la mitad de todos los empleos en Europa requerirán, al menos, una formación secundaria postobligatoria, lo que habrá de suponer necesariamente el final de los empleos de baja cualificación en la Unión Europea, o lo que sea eso entonces. Es un horizonte que se escapa de estos comicios, pero que en ellos hunde sus raíces. Para bien o para mal.

Publicado en La Crónica de León, 18 noviembre 2011

viernes, 11 de noviembre de 2011

Pensar la Ciudad 2011. Conclusiones



    La edición 2011 del ciclo Pensar la Ciudad, organizado por el Ateneo Cultural “Jesús Pereda” de Comisiones Obreras, ha tratado acerca de quienes, con toda legitimidad, con toda urgencia ya, habrían de constituirse en sujetos activos del diseño y desarrollo de las ciudades: sus vecinos y vecinas. Lo cual no es aún posible en León por cuanto los gobiernos municipales de nuestros dos partidos políticos gemelos – rivales se han resistido a abrir cauces efectivos de participación ciudadana en todos estos años de pretendida democracia.

     ¿Comenzamos este artículo de conclusiones con excesiva dureza? La participación ciudadana es un asunto más serio de lo que a algunos les puede parecer. Dice el filósofo italiano Giorgio Agamben que el paradigma político de Occidente no es ya la ciudad, sino el campo de concentración, y que hemos pasado de Atenas a Auschwitz. Para comprender su tesis, aconseja distanciarse del horror que supuso aquella anomalía histórica y centrarse en la estructura jurídico – política en la que se produjo.

     Cuando Heinrich Himmler creó el campo de Dachau lo hizo fuera de las reglas del derecho penal y del derecho carcelario, desde un estado de excepción que sin  embargo devino en regla. Y, ¿no vivimos hoy en un estado de excepción que se ha estabilizado y en el que cada vez más ciudadanos y ciudadanas son desposeídos de sus derechos, en el que los gobiernos nacionales que votamos se pliegan obedientes a poderes financieros que nadie vota, en el que día a día  cada uno de nosotros es menos ciudadano y más, en la expresión de Agamben, homo sacer  o persona desechable, que no cuenta?

     ¿No es hoy la ciudad, también la nación, un espacio permanente de excepción (como fueron los campos), una localización sin ordenamiento, en el que hasta la intocable Constitución Española puede ser modificada para favorecer a los mercados, por vía de urgencia y a espaldas de quienes no contamos, de quienes tan sólo votamos gobiernos vicarios a golpe de campaña de marketing?

     Entrando en lo que fue el ciclo de conferencias, la primera ponente, Isabela Velázquez, hablando del urbanismo sensato para tiempos difíciles, se preguntaba si nuestras ciudades van a servir para un futuro escenario de cambio climático y carencia de petróleo y si no será hora ya de plantear el urbanismo teniendo en cuenta la coherencia ambiental y la responsabilidad respecto a la equidad social. Y defendió la necesidad de crear un nuevo modelo en el que es necesaria la participación de la ciudadanía.

Cuadro de César Bobis
     Inés Sánchez de Madariaga habló de la organización del espacio suburbano que se produjo en Estados Unidos en los años 50 y que fue importada en España en los años 80, de cómo una gran coalición de industrias, petrolíferas y automovilísticas (para imponer el uso del vehículo privado), inmobiliarias y financieras (para vender viviendas unifamiliares), etc., produjo un nuevo modelo de vida y relegó a las mujeres al papel de misses consumers, apartadas de la vida laboral y centradas en su papel de amas de casa. ”Construyamos las viviendas unifamiliares para que sean el espacio de las mujeres”, dijo el artífice del Estado del Bienestar británico, William Beveridge. Éste ha sido el modelo de urbanismo socialmente segregador y sexista que se nos ha impuesto en los últimos 20 años en España.

     Los participantes en la mesa redonda sobre presupuestos participativos, Pedro Chaves, Miguel Ángel Carbajo y Gregorio López, hablaron de la necesidad de la participación ciudadana para contrarrestar la evidente desafección hacia la política, que se observa en especial entre las y los jóvenes. Es necesario, oímos entonces, que se genere un empoderamiento por parte de la sociedad, concepto éste con gran arraigo y que ha surgido de las ideas feministas.

     Las prácticas locales de participación ciudadana avanzan poco a poco: están implantadas en algo más de 50 ciudades europeas, de las que 22 son españolas, con gobiernos IU, PSOE, CiU, PP y otros. De hecho, la ponente Rosa Martínez expuso una interesante experiencia participativa, la Iniciativa Urbana del Barrio del Espíritu Santo de Murcia, sustentada por un gobierno local del Partido Popular y con financiación europea.

     Es decir, que pese a que las tesis de Agamben son reconocibles en muchos aspectos, también constatamos resistencias, sobre todo en el ámbito local.

     El penúltimo ponente del ciclo, el eurodiputado Francisco Sosa Wagner, aludió al clamor generalizado que pide una reforma del sistema electoral español, “absolutamente pervertido” en su opinión y causa del desentendimiento de los ciudadanos de las exigencias políticas que todos tenemos en un sistema democrático; un sistema que lejos de ser cerrado y rígido como el de las dictaduras (y como el de los campos de concentración, por cierto), ha de ser ventilado, abierto, “esponjoso”, capaz de ir incorporando a las instituciones políticas todo lo que late en la sociedad, incluso a quienes están en desacuerdo con el sistema.

     Confiemos en que el nuevo gobierno de España no se comporte como un factor antisistema, degradando aún más nuestra maltrecha democracia y comprenda que abrir las instancias públicas a la participación de ciudadanos y ciudadanas es la más acertada de las políticas, en especial en estos tiempos supuestamente excepcionales.


Publicado en El Mundo de León, 23 noviembre 2011

domingo, 6 de noviembre de 2011

Crónica profesional y laboral


     Las crónicas de La Crónica abarcan un panorama tan amplio al menos como secciones, fechas, noticias, viñetas o fotografías que en su historia han sido. Añadir a ese índice un capítulo con perspectiva laboral o profesional puede parecernos quizá menor para tanta gloria como seguramente se recogerá en el cuaderno de los 25 años. Ahora bien, si convenimos en el papel decisivo que las personas juegan en toda empresa, por más que en ocasiones resulten poco apreciadas, entonces no podrá sernos ajena la peripecia de nombres que por el periódico han transitado durante estos cinco lustros. Honremos, pues, con ese motivo a los hacedores de prensa, los consagrados y los anónimos, los idos y los permanecidos, necesarios todos para la elaboración diaria de este portavoz de nuestro existir social.

     En lo profesional, que es palabra bien connotada, lo que sabemos es que La Crónica, por sí sola o en compañía de otros apellidos, ha sido durante estos años una auténtica escuela de periodismo. Si bien es cierto, como diremos luego, que el periodista es un ser obligado en nuestros tiempos a la itinerancia, ello arroja no obstante un resultado positivo que no debe pasársenos desapercibido. No es casual que en este 2011 los tres directores de los diarios provinciales hayan trabajado y se hayan formado antes en el periódico de referencia; como tampoco lo es que desde el mismo se haya nutrido, bien a otros medios de comunicación, bien a otros gabinetes al efecto; o que desde sus páginas de tacto tosco y sucio de tinta algunos hayan dado el salto hacia otros papeles más nobles e incluso literarios. Es un mérito que le cabe a este periódico y justo es reconocerlo en el momento de los aniversarios.

     Sin embargo, por lo que hace a lo laboral, que resulta ser un término mucho más pedestre que el anterior y casi hasta desprestigiado en medio de tanto impulso emprendedor, La Crónica no se ha escapado ni se escapa del sino común al sector de la comunicación. Al margen de que la época fuera de expansión o, como ahora, de depresión –que de todo ha habido en la viña de este diario-, los vaivenes entre su personal no sólo lo han sido por un paso a mejor vida, sino que en muchos casos son fruto de la inestabilidad en este tipo de empleo. Además, esa precariedad laboral existente en los medios de comunicación en general puede condicionar la libertad de opinión y de crítica y, en consecuencia, poner en riesgo los valores democráticos y la necesaria pluralidad informativa y de opinión a la que tiene derecho la ciudadanía. Pensemos, por ejemplo, que los medios de comunicación españoles han perdido en lo que llevamos de 2011 más de mil empleos, una cifra que triplica la correspondiente a todo 2010.

     Mas, en fin, los cumpleaños, sobre todo aquellos tan redondos como el que aquí nos ocupa, no sólo son útiles para evaluar el pasado; sirven también, y es oportuno que así sea, para avanzar propósitos de futuro. En tal sentido, desde un punto de vista sindical, creemos que para La Crónica y para el conjunto de medios de comunicación sería buena la atención de las instancias de control administrativo y laboral para evitar situaciones de precariedad o irregularidades que cuestionan incluso la viabilidad de las empresas; igualmente, la promoción de una Mesa sobre la situación de los medios, compuesta por el Gobierno, las partes implicadas y los agentes sociales, que promueva medidas para reforzar esa viabilidad; y, por último, avanzar y consolidar un modelo de radio, televisión y nuevos servicios de comunicación que cumpla con sus funciones de servicio público de calidad, respetando los derechos laborales. Son sugerencias humildes para que dentro de otros veinticinco años volvamos a tener ocasión para celebrar un aniversario tan relevante como este en un periódico al que todos estimamos.

Publicado en La Crónica de León (especial 25 aniversario), 6 noviembre 2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

El obrero


     En ese mar de emprendedores y otras etiquetas genéricas similares al que nos conduce la ola conservadora, tiene razón de ser todavía una palabra tan digna como obrero (u obrera, si se me permite simplificar el rasgo de género). No hay definición más sencilla que la aportada por la Real Academia Española: “el que trabaja”. De otro modo más literal podríamos decir también “el que obra”, es decir, según la misma fuente, “hacer algo, trabajar en ello”. No hay por qué darle más vueltas ni entrar en matices: obrero lo es tanto el que trabaja manualmente en un sentido clásico como el que obra más modernamente en jóvenes tareas, ya sea el cloud computing o el community management. Con un detalle decisivo, no obstante, si volvemos a la RAE: el de la retribución. Esto es, que recibe a cambio “recompensa o pago”. Poco se habla de esto ahora y menos aún desde que lo obrero fuera estigmatizado por un afán ilusorio de distinción. Indudablemente, mucho han tenido que ver también los nuevos trabajos, la volatilidad del empleo y los cambiantes modos de producción, y mucho más todavía la semilla de la anti-conciencia de clase, que ha germinado en clases medias, autónomos, profesionales liberales, auto-empleados y más recientemente en los citados emprendedores. Por no mencionar el drama de los desempleados ni la casta singular que formamos los empleados públicos. Sin embargo, nadie podrá negar que una constante se mantiene e incluso se mantendrá en la nueva edad: por más compleja que haya de ser nuestra sociedad, el tiempo de los que obran seguirá siendo vendido a cambio de un salario. No importará el quehacer ni la localización. De tal manera que, puestos a dibujar el mapa de lo que nos viene, más vale servirse de la línea fina y ajustar nuestro vocabulario. Tal vez así las piezas del puzzle social vuelvan a encajar y consigamos situarnos para obrar en consecuencia. De lo contrario, como titulaba Sánchez Ferlosio, “vendrán más años malos y nos harán más ciegos”.

Publicado en La Crónica de León, 4 noviembre 2011

jueves, 27 de octubre de 2011

Deja vu



     La política municipal en la ciudad de León es a grandes rasgos un deja vu. Cuatro años atrás, con un equipo de gobierno de signo diferente al actual, la invocación de una deuda heredada sirvió para encargar una auditoría con la que justificar, entre otras cosas, modificación de impuestos y tasas, alivio de plantilla y, finalmente, privatización de servicios. El problema no se resolvió entonces, porque dudosamente será resuelto nunca sin una adecuada Ley de Financiación Local que ningún Gobierno ha abordado hasta la fecha, ni se resolverá ahora cuando todo vuelve a ser igual y la canción nos resulta tan conocida como un viejo disco rayado. Con la peculiaridad importante que le añade la crisis económica, que ha desecado las fuentes de ingresos municipales, los gobernantes de ahora vuelven a invocar la deuda heredada para fiarlo todo a una nueva auditoría, modificación de impuestos y tasas, alivio de plantilla y, finalmente, nuevas privatizaciones de servicios. Lo dicho: un deja vu.

     Hay algunas diferencias, no obstante, que se puede y se deben resaltar. En aquellos tiempos, el Alcalde Fernández buscó al menos tímidamente la colaboración imposible de las organizaciones empresariales, sindicales y vecinales, y reuniones hubo varias al efecto hasta que las posturas se hicieron del todo incompatibles, el gobierno municipal se replegó sobre sí mismo, desconectó de sus bases, abdicó de su programa electoral y generó un conflicto todavía no cerrado. Nos referimos al proceso de privatización del Servicio Municipal de Aguas y su conversión en una empresa mixta. En estos tiempos, el Alcalde Gutiérrez y su equipo se lo guisan y se lo comen, explican poco y lo amagan todo, sin un gesto mínimo al entorno ciudadano y a sus organizaciones. Están en su derecho de hacerlo así, desde luego, y por eso seguramente son militantes del Partido Popular, que entiende la participación como una acción paternalista y poco más. Pero vuelve a cometer un pecado similar al de sus antecesores, el de renegar de su programa electoral, donde nada se dijo tampoco de nuevas privatizaciones de servicios públicos.

     Más bien podía esperarse lo contrario si atendemos a la famosa guerra del agua, que resultó pintoresca en algunos aspectos. Ocurrió, como consta en las hemerotecas, que se creó una plataforma antiprivatización, donde vinieron a coincidir en el rechazo numerosas asociaciones de distinto signo, incluido el PP. Esa paradójica presencia generó serios problemas en el seno de la plataforma, discusiones sobre la oportunidad política de ese gesto e incluso más de una deserción dentro de aquel movimiento. Vino a certificar la lealtad del partido, mandatado por la presidenta Isabel Carrasco (en la actualidad concejala en el Ayuntamiento de León), nada menos que su responsable de política municipal Cecilio Vallejo. Desde ese momento, todo hay que decirlo, el trabajo de los concejales del grupo popular, con Mercedes Moro a la cabeza, fue encomiable, e incluso se recuerda todavía el entusiasmo callejero del único concejal vivo de aquel grupo, Julio Cayón, en las dos manifestaciones que recorrieron las calles de la ciudad en defensa del agua pública.

     A propósito de todo aquello, los unos, los otros y los de más allá han hecho mutis por el foro, mientras en los tribunales sigue pendiente la resolución del contencioso-administrativo que presentamos los últimos resistentes de la plataforma, entre ellos CCOO y UGT. El PP ya había abandonado por entonces el campo de batalla y preparaba el relevo en sus caras y en los sillones municipales que pasaría a ocupar tras las elecciones del pasado mes de mayo. Sin embargo, guardó silencio sobre sus intenciones durante la campaña, como vuelve a hacer ahora por lo que se refiere al ámbito general del Estado, y, llegados a este punto, no le duelen prendas en decir digo donde dijo diego. Así de coherentes somos por estos pagos y así de corta es la memoria de cuantos hoy guardan silencio sobre este proceder, excepción hecha de IU y del presente escrito. No se ha visto tampoco en las gloriosas celebraciones de los quince de cada mes ninguna referencia a ello, como si la aspiración de un mundo global más justo no pasase antes por el pequeño detalle de las reivindicaciones más inmediatas y cotidianas.

     Pues bien, las dos organizaciones sindicales mayoritarias de este país volvemos a situarnos enfrente de estas decisiones que esquilman lo público y santifican lo privado. Y tornamos a colocarnos en disposición de colaborar en las soluciones coyunturales y estructurales para un ayuntamiento como el de León en franca bancarrota. E insistimos en reclamar foros de participación y compromiso para conseguirlo, sabedores de que sólo de este modo las decisiones políticas serán asumidas por la ciudadanía y tendrán éxito. De lo contrario, dentro de cuatro años regresará una vez más el deja vu, sus auditorías, sus modificaciones de tasas e impuestos, sus alivios de plantilla y sus reprivatizaciones. Eso sí, sin que por el camino, ni antes ni ahora, nadie haya sido condenado al menos con la incompatibilidad para cargo público por haber generado todo ese tipo de deudas que unos y otros, hoy por ti y mañana por mí, se pasan de mano en mano como un testigo de la incompetencia.


Publicado en Diario de León, 29 octubre 2011

viernes, 21 de octubre de 2011

El presentismo


     Mucho se habla de absentismo laboral, sobre todo entre los patronos, y tanto o más se yerra o se retuerce el sentido de las palabras o de los hechos. En la mayor parte de ocasiones, de lo que se trata es más bien de fomentar el presentismo, es decir, la permanencia en el puesto de trabajo en cualquier condición. Ignoran estos habladores las consecuencias negativas que este comportamiento acarrea tanto a trabajadores como a empresas, tales como deterioro de la salud, pérdida de bienestar, disminución del rendimiento, incremento de fallos e incluso más bajas y más largas a medio plazo. Se sabe, por ejemplo, que la gripe A obligó a unos 26 millones de trabajadores estadounidenses a ausentarse del trabajo, mientras que otros 8 millones que la habían contraído acudieron a trabajar a pesar de ello, con el resultado de que los que acudieron estando enfermos acabaron contagiando a otros 7 millones de personas. Es un proceder común corroborado por la V Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo, realizada en 2010: ante la pregunta “Durante los últimos 12 meses, ¿ha trabajado estando enfermo?”, el 40,7% de los trabajadores y trabajadoras de la Europa de los quince responde sí y el 46% admite que se había ausentado del trabajo por motivos de salud en el transcurso del último año. La forma en que las empresas fomentan ese presentismo es muy diversa y va desde prácticas institucionalizadas claramente visibles hasta la presión informal de jefes o mutuas. Pero el mecanismo socialmente más eficaz es vincular bajas laborales con absentismo y fraude, ocultando de mala fe que en realidad, según datos de 2007, sólo el 2’1% de ausencias lo fue por razones injustificadas (retrasos, salidas anticipadas, permisos particulares…), mientras que el resto lo fue claramente por el ejercicio de derechos (visitas médicas, ILT, maternidad, permisos negociados, horas sindicales, formación…). Conviene conocerlo para saber de qué hablamos.

Publicado en La Crónica de León, 21 octubre 2011

miércoles, 12 de octubre de 2011

KEVIN JOHANSEN: Vivo en Buenos Aires


     Por fin el nómada se detuvo en su verdadera cuna, Buenos Aires, y culminó un itinerario de lenguas, estilos y geografías para explayarse en la capital argentina con un disco y un DVD casi definitivos en su carrera de músico vagamundos. Fairbanks (Alaska), San Diego (California), Montevideo y Nueva York (por no citar sus otros antecedentes de madre argentina-española-catalana y padre yanqui-noruego) son las demás estaciones de ese camino recorrido por Kevin Johansen, el Piojo, donde se ha nutrido sabiamente con los productos de cada lugar: inglés, francés y, naturalmente, castellano porteño; funk, pop y, por supuesto, tango y milonga; Jorge Dréxler, Paulinho Moska y Barry White. "The mixture is the future", como él mismo confiesa.

     Disco definitivo, decimos, de este Vivo en Buenos Aires porque es compilación de cuanto hubo antes y punto seguido para cuanto se anuncia hacia después. Disco definitivo también porque, grabado en directo en el Teatro El Nacional, rezuma la frescura callejera y pendenciera de este desgenerado, es decir, todo lo contrario del artista unidimensional en la medida que sabe eludir el esquema de los géneros con tanto respeto como audacia. Y disco definitivo, en fin, porque conjuga todos los envoltorios que ha ido acumulando con los años, desde la fidelidad de su grupo The Nada hasta el acompañamiento en vivo del dibujante Liniers, más la costumbre de subir al escenario otras voces para recrear como si fueran nuevas sus canciones de discos precedentes; en este caso, Kiko Veneno, el brasileño Paulinho Moska, el uruguayo Fernando Cabrera o la portorriqueña Ileana Cabra. Y todo ello bajo la batuta en la coproducción de Matías Cella, de quien, para más referencias, ya tuvimos noticia aquí en el comentario de Cara B de Dréxler.

     Lo cual que, a la hora de la crítica, tampoco el que suscribe puede a veces sustraerse a sus propias emociones, y no las vamos a ocultar. Por eso ahora, cuando cuentan que no se sabe qué será de la Semana Negra gijonesa, a punto de ser devorada por el Ogro del Principado y sus ogritos, al repasar el concierto bonaerense de Johansen es inevitable no recordar el que nos regaló a la orilla del Molinón con motivo de una de aquellas citas con la literatura, la música y el guirigay. Aquel bullicio literario fue probablemente el mejor decorado para la “Cumbiera intelectual”, lo mismo que los puestos abigarrados de vendedores inmigrantes nos permitieron sentir de forma más viva “Sur o no sur”. Así que, de consumarse la afrenta (que no será la única en esta materia), también canciones como “Desde que te perdí” cobrarán otro sentido, si acaso no dispusieran ya de él en la actualidad por muy otros motivos. Total que, metidos en sentimentalismos, no resta más que agradecerle al Flaco que un día remoto nos diera a conocer al bueno de Kevin Johansen. Son deudas que se contraen y que se deben lucir; no como otras más prosaicas que nos estrangulan desde hace años y no nos permiten ni respirar.

Publicado en Notas Sindicales, noviembre 2011 

sábado, 8 de octubre de 2011

Lo indecente


     Hoy, 7 de octubre, como viene ocurriendo desde 2006 a instancias de la Confederación Sindical Internacional, se celebra la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. El concepto de trabajo decente, acuñado por la Organización Internacional del Trabajo, se refiere al que se realiza respetando los convenios proclamados por esta organización en 1998 –libertad sindical, derecho de huelga y negociación colectiva, prohibición del trabajo infantil y forzoso, y prohibición de toda forma de discriminación laboral– y que, además, es un trabajo que se realiza bajo contrato, con una remuneración justa y el derecho a unas prestaciones sociales básicas. Esta necesidad de reivindicar el trabajo decente remite, como es obvio, a la existencia de ese otro trabajo indecente, que desde 2008 y gracias a la codicia sin límites ha conocido un notable incremento, así en los países donde siempre se supuso su madriguera como en nuestro entorno cercano. Porque indecente es esa tasa de desempleo que se sitúa en la provincia leonesa en  el 17’17% mediado el presente año. Indecente es la tasa de temporalidad que ascendió en 2010 hasta el 20%. Indecente es que a estas alturas del año sean todavía 4.500 los trabajadores y trabajadoras sin renovar su convenio desde el año pasado y 17.500 en el actual. Indecentes son los 7.470 que han sufrido accidentes laborales hasta el mes de junio y mucho más que indecentes los 9 muertos por esas circunstancias hasta la fecha. Indecentes son la media docena de empresas y las innumerables entidades administrativas en la provincia que, obligadas por Ley, continúan sin disponer de plan de igualdad. El trabajo decente, en fin, no es ni debe ser un privilegio, y sólo será una cualidad general si colocamos en nuestra prioridad a las personas, es decir, el empleo, las prestaciones sociales, la defensa de los servicios públicos fundamentales, en particular educación y salud, y la negociación colectiva.

Publicado en La Crónica de León, 7 octubre 2011