Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

sábado, 25 de noviembre de 2006

Del zulo al palomar

    Tiempo atrás, los chinos me enseñaron lo siguiente: "en tiempos de crisis, no hacer mudanza". Y así procedí.

    Un 11S de fatal recuerdo me había instalado yo en el zulo de la calle Conde Luna, a la vera de Palat del Rey y de las campanas de la catedral. Cito estos dos detalles del paisaje porque en verdad ése ha sido todo mi paisaje durante los últimos cinco años: el sentimiento que emanaba de la vieja iglesia y la cadencia de unos sonidos nobles. No está mal, si bien se mira, aunque desde aquí el verbo mirar es poco menos que un absurdo. No obstante, el zulo tenía sus ventajas externas: todo estaba relativamente cerca y se podía llegar a pie a cualquier parte nuclear de la ciudad, bares, tiendas, plazas, el trabajo, las citas cotidianas...; también eran divertidos los vecinos que han transitado abundantemente por el edificio, incluido un comando chiíta que se dedicaba a la cocina y a la canción étnicas; y añadiré por último que lo mejor de todo ha sido no oír vehículo rodado alguno en el entorno, pero sí la lluvia golpeando sobre la uralita del patio interior. Son algunos de los jirones de vida que quiero conservar de este espacio en el que he habitado, he escrito y he amado a lo largo de un lustro. De hecho, a él debo parte de mis hábitos domésticos actuales, unos cuantos versos de la Lógica borrosa y ciertos sofocos homéricos.
 
    Quienes habéis conocido este breve hueco podéis haberos dado cuenta de las mutaciones que ha sufrido y, quizá como yo, reconoceréis que, aun ligero de equipaje, cinco años dan para acumular y crecer. En las paredes, por ejemplo, solamente lucía un dibujo abandonado por anteriores inquilinos de cómo debió ser el Gijón prerromano, y ahí ha seguido y permanecerá tras mi partida dejado a la deriva. Yo lo he acompañado, sucesivamente, con un antiguo cartel sobre ninfas y diótimas, dos afiches de la Universidad de Salamanca y del aniversario de Julio Cortázar, el cartel de la película À boût de soufle y una reproducción del Equipo Crónica. Y lo mismo ha ocurrido con los libros, amontonándose desde aquel inevitable y solitario Diccionario de María Moliner hasta los muy recientes ejemplares editados por el Diario de León con motivo de su centenario; y los discos, que se han multiplicado alarmantemente siguiendo la estela que va del Cometa Errante a Willi Deville. También me he comprado ropa, no creáis, hasta un traje elegante, calcetines vistosos y calzoncillos de última generación. ¡Ah, y muy importante!: murió mi antiguo Performa 630, donde aprendí las primeras letras digitales, y tuve que sustituirlo por una televisión plana y un arrebatador iMac, que es la envidia de los técnicos de ONO que por aquí han pasado a complicarme la vida telefónica. Por último debo citar que mi madre, cuando aún vivía, me ayudó a comprar un semi-sillón, porque me estaba dejando la espalda y el culo en unas sillas infectas que no recomiendo a nadie de los que, conmigo, dejasteis de ser hippies hace muchos años.
 
    Pero, claro, todo ello tiene su envés, como podréis imaginaros. Las sillas se han desencolado, quizá para siempre afortunadamente, y ello signifique el acta de defunción para quien viniese detrás de mí presto a heredarlas; la taza del váter o inodoro baila cada vez que me relaciono con ella, de forma absolutamente natural por otra parte; he probado sin ningún remedio varios tipos de ambientadores para combatir el olor de las cañerías y el de mi propio tabaco, si bien a éste, por familiar, le tengo cariño; y, en fin, comprenderéis que es duro dormir durante cinco años en una cuna, máxime si se tiene en cuenta mi edad y estatura, porque cunas son a la postre esas camas de noventa que todos, más o menos, hemos padecido alguna vez en nuestras vidas. Y, además, un quinquenio –lo digo en plan soviético, que conste- sin mover el sofá para eliminar las pelusas es demasiado tiempo. Quiero decir que merecía la pena una mano de pintura, no sé, lavar las fundas del sofá o cambiar ligeramente el mobiliario. Y lo cierto es que mi casero, a la sazón Presidente de la Federación Leonesa de Empresarios, es decir, hombre de posibles, no ha movido ficha, a pesar de nuestras cordiales relaciones políticas en el ámbito laboral, como agentes sociales que somos. Vamos, que el zulo amenazaba ruina si no se procedía a su pronta rehabilitación.

    A estas alturas del relato, debo informaros así mismo de una cuestión nada menor, con la que regreso a los chinos del principio: no me siento en crisis y, por lo tanto, puedo ver el mundo con otras perspectivas y tomar decisiones. No está mal, me parece, después de cinco años.
 
    Así pues, ha llegado el momento de trasladarse y sustituir el zulo por un palomar. Naturalmente, todo tiene sus pros y sus contras, de modo que alguno de estos extremos se os pueden figurar correctamente sólo con lo ya referido antes; pero me permitiréis abusar un poco más del costumbrismo, al que no suelo ser muy dado, y os aventuraré un poco los derroteros futuros, por si a bien tenéis compartirlos en algún momento de desesperación o simple interés anacreóntico.

    He dicho palomar y casi es así en efecto, sobre todo si se tienen en cuenta las reseñadas condiciones de partida. Pero es que, para mayor abundamiento, brinco desde los interiores urbanos hasta las lejanas avenidas del extrarradio, por donde el MUSAC prolonga sus vericuetos de barrio con pretensiones. Allá lejos, en la encrucijada de los reyes leoneses y los generales gutiérrez, desde la altura bien ventilada de un cuarto piso que mira al norte, se perfilan los altos de Cantamilanos y podría llegar a contemplarse, estirando el cuello de modo suicida, el cauce del Bernesga. Para empezar, es otro paisaje, es un paisaje. Como es lógico suponer, habrá que caminar más para llegar a cualquier parte, aunque el diligente ayuntamiento ha dispuesto de forma subsidiaria la línea 11 de autobuses, que te conduce en un cuarto de hora hasta el mismísimo centro de la ciudad. Y ya se sabe, de ahí al casco histórico, todo es ponérselo. En consecuencia, no es motivo de arredrarse, creo yo, aunque también para mí ha sido objeto de algunas horas o días de rumiante.
 
    Ahora dispondré de dos sofás amorosos, de una televisión supletoria y hasta de una habitación para invitados, si llega el caso. Debo resaltar que la cocina, para que os hagáis una idea, está dotada hasta de lavaplatos, que ya es decir el colmo del lujo, así que todo será que me dé por consagrarme a los fogones y os sorprenda un día con una receta de Inés Ortega. Eso sí, voy a tener que comprarme una mesa como Dios manda para el iMac, porque no pega nada con la camilla; y tampoco descarto un armario apañado, estilo IKEA, para almacenar los cedés y los deuvedés que regala EL PAÍS cada vez que inicia una nueva colección. Hay un pequeño problema con el desagüe de la ducha, pero si nuestra relación no llega a un grado de intimidad suficiente, prefiero no explicároslo porque apenas entiendo de ese tipo de  fontanería. Y, bueno, el termostato está un poco escondido, pero como yo soy de músculo alargado no tengo problemas de acceso. En fin, supongo que cuando me instale descubriré otros detalles conmovedores, así que no me entretengo.
 
    Quiero deciros también que me veo en la obligación de cambiar el número de teléfono fijo. El traslado a Barcelona de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones no ha servido para nada y ha hecho bien el Tribunal Supremo en anularla. El caso es que llevo casi dos meses sumido en un proceso de migración entre compañías y de portabilidad del número original que ha resultado más infructuoso que el de la fusión fría. Con un poco de suerte, lo cual no está garantizado en el ámbito de los servidores de telefonía, mi próximo número será el nueve ocho siete uno siete uno tres cero seis; lo escribo así para que entendáis mejor mi estado de enajenación con las compañías. Y, lo más importante, mi nueva calle se llamará Las Médulas, todo un patrimonio de la humanidad, o reserva de la biosfera, o algo así. A mi modo de ver, es una buena referencia para suceder al Conde Luna; al menos, no es un nombre de santo ni de fecha irreconocible.

    En suma, he querido escribir esta ligera crónica del traslado para que participaseis de ello y de cuanto significa. Estoy convencido de que es una nueva etapa a la que, por supuesto, os invito. No habrá acto de inauguración, pero a partir de este fin de semana, coincidiendo con el cumpleaños de mi hermano y algún acontecimiento histórico que sin duda ocurrirá, podremos disfrutar juntos del palomar y de cuanto nos traiga. Pero, como suelen decir tontamente los chinos y otras personas humanas, ésa ya es otra historia.

León, noviembre 2006

domingo, 13 de agosto de 2006

Lluvia fina y sostenida

    Una lluvia fina y sostenida es, según nos enseñaron, la mejor garantía para la fertilidad de los campos. Por el contrario, a pesar del agua que también aportan, chaparrones y tormentas acostumbran a producir un efecto opuesto, ya que el caudal acumulado en breve tiempo suele acabar erosionando la superficie, más que producir alimento, y finalmente perdiéndose.
 
    Este principio elemental, que conocen bien los hombres y mujeres de nuestros pueblos, supera con nitidez el ámbito de lo rural y puede perfectamente aplicarse, en un sentido figurado si se quiere, a numerosas otras dimensiones humanas, lo laboral entre ellas. Del mismo modo que los suelos se nutren con el aporte líquido suave y mantenido, así también la economía se oxigena y crece con una inversión continua y suficiente. Sin embargo, el signo de estos tiempos aparentes, en los que urge más el valor mediático inmediato que los resultados prolongados, mucho menos perceptibles a simple vista, nos está salpicando con aguaceros tan impactantes como de dudosa fiabilidad.
 
Sede INTECO León
    La polémica suscitada por la competencia entre los institutos de tecnología de la comunicación extremeño y leonés, ambos impulsados por el Gobierno central, cobra especial significado en la clave antes enunciada. El INTECO local se nos vino encima como un temporal benéfico y casi inesperado, fruto de los cúmulos desarrollados artificialmente por el propio Presidente del Gobierno, y así estamos, que no sabemos si sacar el paraguas o si bendecir el agua; y en todo caso, de ser para riego, regaríamos qué. En un sentido bien distinto, el CENATIC de Extremadura responde a una siembra de años, durante los que su Gobierno autonómico ha apostado y ejecutado políticas de implantación de redes informáticas e impulso del software libre entre otras medidas, que les permite ahora dar un salto merced a un suelo consolidado, abonado y llovido. Quizá nuestro problema, por tanto, no sea la credibilidad del proyecto INTECO en sí, pues tarde o temprano ya escampará, sino la ausencia precisamente de las condiciones climáticas previas para asegurar la cosecha.
 
    Para esa tarea, era y es absolutamente imprescindible la implicación y el compromiso de la clase empresarial leonesa y de las administraciones más cercanas, muy en particular de la Junta de Castilla y León como hemos visto antes, pero no ha sido así. Por eso no deja de alarmarnos que la principal inquietud leída en nuestros medios de comunicación acerca de la futura reforma del Estatuto de Autonomía siga siendo el pleito territorial, despreciando de nuevo las cuestiones más políticas y sociales. Volvemos a echar balones fuera acusando al otro de nuestras desdichas y cuestionando la institución en lugar de su gobierno, de tal manera que acabamos identificando la una con el otro y pervirtiendo la realidad. Por ello, en estos tiempos de vísperas estatutarias y electorales, conviene insistir en que prácticamente sólo ha habido un modelo de gobierno en Castilla y León, el del Partido Popular, que evidentemente ha fracasado por centralista y por conservador, pero que sin duda hay otros modelos y que hora es de aplicarlos, sin necesidad de dibujar nuevos mapas regionales, para favorecer otras formas de desarrollo económico y social.
 
    En singular paradoja, sin embargo, escuchamos con frecuencia a nuestros empresarios y políticos reclamar de más allá de las fronteras locales el maná salvador, ignorando las más de las veces el papel que a ellos les toca en el drama. Acto seguido, se felicitan o lamentan –según casos, que de todo hay en la viña- por la llegada de proyectos externos que en realidad suelen caernos como un diluvio, esto es, con la forma de puestos de trabajo endebles, dependientes de voluntades y vaivenes distantes, que lo mismo que se nos vienen se nos van, o tardan en concretarse porque topan con el secano propio de los que no hemos sabido ni querido preparar un mínimo semillero. Lo que ha ocurrido durante el mes de agosto con la plataforma de Telefónica ATENTO es un claro ejemplo de ello.
 
    Así pues, quede claro que desde Comisiones Obreras damos la bienvenida a cuantas iniciativas para la creación de empleo se nos presentan, procedan de donde procedan, y venimos colaborando decididamente para su consolidación con calidad y en condiciones; pero entiéndase que no podemos expresarlo con entusiasmo porque conocemos bien los fenómenos atmosféricos y lo que de ellos puede esperarse. Es más, sabemos que ni por muchos chubascos que nos caigan encima ni por muchas reformas laborales que pactemos, si no se modifica el aparato productivo, es decir, el clima, seguirá existiendo precariedad, empleo temporal y dudosas perspectivas hacia delante. El cambio en nuestro modelo productivo es lento pero tiene que ser obligado si queremos que nuestra provincia y el conjunto del país mantengan su modelo social y mejoren a la vez la competitividad de la economía. Para todo ello, y muy especialmente por lo que a estas tierras se refiere, nada mejor que insistir en lo dicho al principio, máxime en unas épocas de sequía en las que lo literal y lo figurado se complementan.

Publicado en Diario de León, 14 septiembre 2006

viernes, 21 de abril de 2006

2006: Una apuesta por el diálogo

        Los años por estos pagos se escapan y sus efectos son irreversibles. Y lo que es simple y llana ley de vida se torna en materia económica en un desperdicio que roza a veces el delito social; máxime cuando el transcurso del tiempo, dejado a su albur, revela ausencia de compromiso político para combatir la deriva, pobreza de proyecto o incapacidad para el liderazgo. Menos comprensible resulta todavía esa postración cuando los datos presentan un panorama preocupante que se une, sin embargo, a propuestas y expectativas de desarrollo como quizá no hubo antes. En suma, cuando la provincia leonesa vive un momento decisivo y cuando todo indica que los próximos meses van a ser determinantes para su futuro.

   Ha vuelto a pasar un año desde que CCOO y UGT propusimos a las administraciones provincial y autonómica un documento, para ser compartido también con las organizaciones empresariales, que apostaba por el trabajo conjunto en materia industrial y de competitividad, en asuntos de empleo y de condiciones laborales y en políticas sociales. Lo hicimos entonces de manera discreta y discretamente guardamos también silencio cuando el planteamiento mereció el rechazo de las administraciones concernidas. Pero es evidente que los objetivos que animaron nuestro propósito en aquel momento siguen siendo válidos y ningún movimiento ha habido en estos meses que nos haga pensar que no eran, además, razonables y oportunos. Por el contrario, la obstinación de las estadísticas negativas y la ofuscación en polémicas estériles nos refuerzan. Ahora bien, la diferencia en esta ocasión es de método: cuanto haya de decirse, así como las posiciones que se adopten, sea hecho en público y con la sociedad como testigo. Por esa razón, con motivo del 1º de mayo, fiesta de los trabajadores y trabajadoras, damos el primer paso con la publicación de este artículo, que a su vez remitimos por correo a cuantos más abajo se cita con el fin de que todos podamos retratarnos.

    Todos coincidimos, en mayor o menor medida, en la necesidad de articular mecanismos contra la sangría poblacional, en favorecer la revitalización de las zonas más deprimidas y menos dinámicas de la provincia, en impulsar la creación de empleo estable y de calidad, en diseñar políticas sociales más eficaces que respondan a las demandas de los ciudadanos y ciudadanas... Por lo que a nosotros toca, como organizaciones sindicales con claro acento sociopolítico, ésos son asuntos de trabajo cotidiano con los que estamos comprometidos a tiempo completo, sin servidumbres ni complacencias. Por ese motivo, saludamos todas aquellas iniciativas que sumen esfuerzos para incidir positivamente sobre aquéllos y no podemos compartir las disputas que a menudo se entablan a causa de la paternidad de las mismas o por otras puerilidades de todavía mayor calibre.

    En tal sentido, queremos resaltar los elementos que a nuestro entender configuran un entorno que ha de ser aprovechado en beneficio común, pues de otro modo estaríamos estafando a los habitantes de esta provincia. Precisamente, la reforma del Estatuto de Autonomía constituye una oportunidad política importante para definir un marco general sólido, que garantice las aspiraciones y las expectativas que otros proyectos más concretos apuntan. La reciente firma del nuevo Plan del Carbón abre un horizonte temporal favorable que nos debe permitir rediseñar las posibilidades energéticas de nuestra provincia, las cuales por fortuna no pasan sólo por la explotación de ese mineral; parece adecuado ligar también los fondos vinculados al Plan para semejante cometido. La confirmación de nuevas infraestructuras ya en marcha, en particular las ferroviarias, no han de ser solamente una herramienta para transformar nuestras ciudades y su comunicación, sino que se convierten por sí mismas en plataformas para el desarrollo coordinado del transporte y, por tanto, en generadoras de tejido productivo. Los importantes parques industriales impulsados por los ayuntamientos, el parque científico vinculado a la Universidad y el parque tecnológico generado desde la Junta deben ser, junto a la definición racional de los núcleos logísticos, los ejes sobre los que extender un nuevo cultivo laboral y económico. Algunas iniciativas industriales con cierto nombre y contenido comienzan a ser el producto de esa labor. Y, finalmente, no nos cabe duda de que proyectos relacionados con el bienestar social, con la tecnología y con la investigación, promovidos desde el Gobierno central, habrán de ser en suma el corolario de ese nuevo mapa de la provincia de León.

    Pues bien, no obstante todo lo anterior, signos hay paralelamente que no auguran los resultados previstos, sino que son muestra obstinada de competencias inexcusables y de plazos que se dilatan como si el paso del tiempo fuese un elemento desdeñable; como si ahí afuera el resto del mundo se limitase a contemplar complacido e inmóvil las maneras con que saldamos nuestras cuentas y pleitos domésticos. En definitiva, y como en un nuevo cuento de la lechera, nuestra enfermedad provinciana está a punto de dar al traste con un cántaro que apenas empieza a modelarse. Contra esa dinámica nos pronunciamos, porque tanto UGT como CCOO seguimos considerando que las fórmulas de encuentro entre los agentes sociales y las distintas administraciones, sea cual sea su formato, se han demostrado sobradamente como el principal soporte constructivo para las políticas de empleo, de igualdad y de desarrollo socio-económico.

    En virtud de todo ello, sin que nuestras ideas pretendan en ningún caso sustituir posibles iniciativas promovidas desde otros ámbitos y, por supuesto, sin ánimo de suplantar otros espacios de decisión y de negociación perfectamente definidos, las organizaciones sindicales CCOO y UGT de León reiteran su propuesta para formalizar un foro de diálogo provincial. El objetivo último de todo ello sería  alcanzar mediante acuerdo una coordinación de voces que, sin eliminar el perfil propio de cada organización o administración, empuje a favor en los ámbitos oportunos, proponga fórmulas de carácter provincial en algunas materias e incluso pueda llegar a concretar medidas aplicables en virtud de las competencias de cada parte. Es, a nuestro juicio, la mejor contribución que puede hacerse al desarrollo leonés en estos tiempos que corren.


Publicado en Diario de León, 1 mayo 2006

lunes, 16 de enero de 2006

El espíritu de la ferretería II

    Firmaba Luis Grau el pasado día 5 de enero de 2006 un artículo titulado El edificio Pallarés: una semblanza, que apareció publicado en esta misma sección del Diario de León. Venía a constituir dicho artículo el preámbulo teórico para una simbiosis material que habrá de producirse, presumiblemente, a finales del presente año, a saber, la fusión en un solo ser del citado edificio con el Museo de León: quizás estaban hechos el uno para el otro, llega a afirmar Grau en el momento de mayor énfasis en su semblanza. Y es natural que así se exprese quien durante años ha dirigido un museo errático en sus aposentos y, sólo por ello, en su propia sustancia museística. Como es natural que deje traslucir en el remate de lo que escribe una no disimulada satisfacción por haber culminado su particular travesía del desierto, que llega a hacerla de todos al felicitarnos por la buena nueva.

    Casi nada hay que objetar a todo eso, sobre todo si viene acompañado de un riguroso recorrido histórico por la vida y obra del viejo edificio Pallarés, desde los tiempos más remotos, cuando ni soñarse a sí mismo pudiera, hasta las fechas actuales, cuando ya no es nada de lo que fue. En fin, son los vicios lógicos en los historiadores, más aún cuando abarcan grandes periodos de tiempo, suele ocurrirles que olvidan a menudo el alma de los sucesos en beneficio del relato exhaustivo de lo sucedido.

    Sin embargo, cuando hacemos un corte sincrónico en el devenir de los acontecimientos el resultado suele ser otro, ni mejor ni peor pero sí útil para alcanzar el sentido último de algunos procesos. Eso pretendimos en febrero de 2003 al sugerir que el Diario de León animara un debate desde su Tribuna acerca del pasado, presente y futuro del edificio Pallarés. No fue posible. Por razones que desconocemos aquel artículo que titulamos El espíritu de la ferretería no llegó a publicarse y todo quedó en agua de borrajas. Hoy, en cambio, a la luz de lo escrito por Luis Grau, creemos que es un buen momento para su relectura y por ese motivo hemos procurado su publicación tal y como entonces fue concebido. Con ello, queremos contribuir a completar la semblanza sobre un edificio y sobre un proyecto en el que muchos ciudadanos depositaron fe y energías sin que el producto final les corresponda:
    “Y al final, ni barco pirata ni salón de las artes. Depósito de piedras muertas.
    Diez años después de que el edificio Pallarés cesara su actividad cultural para ser remodelado, no se sabía bien con qué fin, vuelve a hablarse del que parece va a ser su destino definitivo y relativamente cercano: Museo de León; es decir, silo receptor de los fondos históricos desperdigados entre el claustro de San Marcos y las salas de la calle Sierra Pambley. ¡Quién podía suponer tan bárbara transformación genética! Y, sin embargo, ¡qué lógico resulta todo en esta ciudad pensionista!
    Siempre ha estado ahí, inválido como una proa desorientada en la plaza de Santo Domingo, soportando paciente la trama urbanística y la inopia provinciana de nuestras instituciones, afligido y menospreciado, a la deriva de políticas sin fundamento. Pobre edificio Pallarés, triste ciudad sin alma. Siempre ha estado ahí y algunas memorias recuerdan todavía -se duelen todavía- la batalla librada en origen para salvarlo de una condena burocrática y transformarlo en un espacio para la cultura local, que es decir tanto como cultura universal si está viva, si es dinámica, si se concibe en tránsito y por ella transita un dinamismo vivo. Siempre ha estado ahí, bajel perenne en medio de un mar escaso de horizontes, habitado y deshabitado, sostenedor de un corazón que latía, a veces desbocado, a veces contenido, como un ser que siente y que se siente.
    Casi sin solución de continuidad, vio sustituidos sus anaqueles y repisas cargados de chavetas, alambres y vasijas de cinc por una muchedumbre de artistas inclasificables que colgaban cuadros abstrusos en sus paredes, junto a fotografías vertiginosas y esculturas de neón. La espontaneidad tiene esas cosas y algunos concibieron aquella transformación como un tiempo de esperanza; incluso los hubo que se atrevieron a invocar un rincón para las minorías, qué sé yo, hasta un leve hueco lírico para poetas y amantes de la danza. ¡Vanidad de vanidades! Pero sí, Pallarés existía aun a pesar de  domadores y otros arribistas que la Diputación colocaba en su sala de máquinas para domesticar aquel impulso tan ingobernable. Salón de las Artes lo nombraron cuando todavía olía a metales y a cuerda de pita. Fue así hasta que a alguien se le ocurrió colocar en la fachada que da a Piloto Regueral una lápida para una posteridad que apenas si duró lo que dura el recuento de las urnas. Por aquel entonces, se le había encargado a un lozano arquitecto del otro lado del Manzanal el proyecto para la definitiva mutación del edificio, y éramos todos tan de pueblo que nadie en el Palacio de los Guzmanes sabía realmente lo que se quería hacer, el caso es que hubiera un bar moderno con piano y una tienda con objetos caros e inútiles como en el Thyssen; hasta el joven servil que en esas fechas presumía de dirigir sin dirigir aquella entelequia lanzaba consignas vanguardistas al técnico berciano para que no se olvidara de instalar conexiones para cederom en todas las salas. ¡Ingenuo y palurdo año 92!
    Pallarés fue cerrado y sólo obreros de la construcción pudieron seguir paseando por la ferretería. Estaba claro que era el final; la derecha tiesa de nuestras tierras de adobe había reconquistado el gobierno provincial y no iba a permitir que aquella acracia artística contaminara a  ciudadanos de tan recio abolengo. No, señor, de lo que se trataba ahora era de levantar un buen Musac y un Auditorio como dios manda, y museos bonitos para los turistas, aunque por el camino se nos caiga algún palacio o se viole una casa porticada en la Plaza del Grano. Esto es, llenar de maquetas inertes el viejo Ayuntamiento y ubicar la semana santa, con sus valores incluidos, en el almacén arruinado del Conde Luna. Y para el barco pirata que un día se atrevió a desconcertar conciencias y sensibilidades, qué mejor que unos cuantos restos de tumbas y la bisutería gloriosa de los ancestros. Un barniz de historia que, probablemente, es lo único que podemos aspirar a ser.
    Me disculparán, pues, arqueólogos e historiadores antiguos. Me disculpará Luis Grau si clamo aquí por el espíritu de la ferretería. Me disculparé yo mismo por no haber invadido de nuevo el edificio Pallarés y dejarlo al albur de los vientos hostiles. Nos disculparemos todos y, a partir de hoy, como si fuésemos una Lancia postrada, intentaremos reconocernos en las ruinas. ¿Qué será de esta ciudad cuando Pepe Tabernero arroje la toalla o Alfonso Ordóñez decida, desilusionado, volverse a Barcelona?”.

Publicado en Diario de León, 23 enero 2006

sábado, 13 de agosto de 2005

Parques temáticos

    Es característico, tratándose de fútbol, que la figura de seleccionador se multiplique por cuantos, aficionados o no, emiten una opinión respecto a las alineaciones y juego del conjunto nacional. Todos sabemos, todos entendemos, todos disponemos de nuestra fórmula particular e intransferible para no ser eliminados en cuartos de final de cualquier campeonato y que, por supuesto, poco o nada tiene que ver con la que finalmente se ejecuta por quien corresponde, esto es, por el profesional formado, acreditado y designado para ello. En fin, no deja de ser un juego con el que alimentamos de polémica y de pasión nuestro ocio privado.
 
        Ahora bien, en el ámbito de lo público cabe esperar y exigir un mayor rigor en las opiniones y en la toma de decisiones por cuanto no estamos ya ante un juego y porque los canales establecidos para unas y otras son, formalmente al menos, representativos de todo el conjunto de ciudadanos y ciudadanas. El planteamiento de iniciativas y la participación, además, están asegurados en principio por la voluntad política, por el procedimiento administrativo y por la vía de las instituciones y organizaciones sociales que en mayor o menor medida conformamos todos.
 
    A lo largo de los últimos meses, sin embargo, se ha producido en nuestra provincia una especie de explosión pirotécnica en materia laboral y aledaños, motivadora de una larga serie de impresiones, propuestas, análisis, sugerencias, ofertas, contraofertas, etc., que casi nos acercan al aturdimiento y que, en algunas ocasiones, conforman un guirigay más propio de una discusión futbolística que de unos planteamientos socioeconómicos sólidos. Podemos afirmar, sin ánimo peyorativo, que desde el advenimiento de un Presidente de Gobierno leonés habitamos en un parque temático, donde las administraciones y otros han decidido competir con sus atracciones y no hay individuo, institución o grupo que pueda sustraerse a esa dinámica de feria. Y no está mal que así sea, pues al cabo de río tan revuelto alguna realidad palpable obtendremos. Pero, claro, ese vértigo también produce ansiedad y desconfianza, sobre todo si las aguas son bravas y los navegantes se amontonan sin orden ni concierto en una pugna colorista, ese tipo de competencia que acaba por romper todos los cántaros. Añádase a ello que todo vale y todos valen, todos valemos parece ser en esto de colorear el territorio, máxime si tenemos garantizada una mínima repercusión mediática imprescindible, puesto que los medios de comunicación locales tampoco son ajenos al tránsito interesado de planes, programas y proyectos.
 
    Así, el panorama provincial viene siendo sacudido desde los más diversos ángulos y por los más variados ponentes con toda una gama de expectativas como pocas se vieron por estos contornos. Las infraestructuras de toda índole se llevan la palma y no falta quien añada una línea, un mapa, un ave o una vía con tal de dejar su impronta; se suman al despliegue acto seguido los polígonos industriales o tecnológicos y esos inventos de nombre tan lamentable que son las plataformas logísticas y los puertos secos, que disputan ubicación con auténtico frenesí; vienen luego las urbanizaciones, los edificios, los pisos por doquier y el colofón del ocio, que abarca desde campos de golf a pistas de kart, de hielo o de esquí y trenes turísticos que atraviesen la geografía y la historia de una decepción; finalmente, desfilan los nombres propios en imperfecta formación: Ciemat, Inteco, Mercadona, Vestas, Inditex… buscando acomodo conforme a discutidos mecenazgos o padrinazgos. Es, en suma, el escaparate de estos tiempos desconcertantes que, puestos a enumerar retahílas vistosas, podríamos coronar con los titulares apabullantes de un diario nacional del pasado 29 de julio. Eran éstos ni más ni menos los que ocupaban toda una página vertiginosa de la sección de economía: Unión FENOSA aumentó su beneficio el 16’3%; Ebro Puleva reduce sus ganancias el 29’1%; FCC ganó 193 millones hasta junio; Arcelor multiplica por 2’23% sus ganancias; Caixa Catalunya mejoró un 22’9% sus resultados; Abertis ganó 215 millones en el semestre; NH reduce sus beneficios el 45’9%; El Banco Pastor mejora sus resultados el 88%; Deutsche Bank ganó 2.050 millones; Indra mejoró el 37% sus ganancias; Fiat Auto recorta pérdidas en 150 millones; CAI ganó 29 millones de euros hasta junio.
 
   El desarrollo o reactivación de la provincia leonesa necesitan, sí, inversión y concierto. El territorio requiere, por supuesto, ordenación, horizonte y perspectiva. La dialéctica entre población y trabajo exige, naturalmente, coordinación, compromiso, equilibrio y realismo. Es decir, esa suerte de políticas que poco o nada tienen que ver con la filosofía de los parques temáticos. Es preciso alejarse de la frivolidad con que a veces se abordan ciertos asuntos capitales y acomodarse sobre bases que proporcionen solidez a las iniciativas. Comisiones Obreras, en todos aquellos ámbitos donde tiene voz y se pronuncia, apuesta por tres elementos clave que, trasladados a este espacio provincial, constituyen a nuestro juicio la línea medular de un esquema que garantiza los objetivos aquí indicados: competitividad, calidad de empleo y cohesión social. La ausencia de estos elementos en el desfile de propuestas de los últimos meses es lo que, como organización de clase y sociopolítica, más nos preocupa de cara al próximo futuro. Por ello, a principios del presente año propusimos discretamente un foro de diálogo provincial que las administraciones concernidas rechazaron. No parece ése un buen sistema para superar el sino de una derrota no deseada en los cuartos de final.

Publicado en Diario de León, 6 octubre 2005

sábado, 30 de abril de 2005

2005: Empleo estable y protección social

    Más empleo estable y mejor protección social es el lema con el que este año las organizaciones sindicales más representativas hemos señalado la celebración del 1º de mayo, entendiendo que tanto uno como otro objetivo son denominadores comunes de las aspiraciones laborales en el momento actual y responden, además, al núcleo del diálogo social que mantenemos abierto con el Gobierno y con las organizaciones empresariales. Supone, por lo tanto, toda una declaración de principios y un reforzamiento público de las tesis que sindicalmente defendemos en todo el ámbito territorial del Estado y en todos los sectores productivos. Así mismo, recoge las demandas básicas e irrenunciables de los trabajadores y trabajadoras de cara a una cita anual, la del Día Internacional del Trabajo, que es tanto festiva como reivindicativa.

    Evidentemente, no resulta difícil enunciar, compartir e identificar en nuestro entorno inmediato los contenidos de fondo que se despliegan detrás del lema citado, a saber: reducir la alta temporalidad y los elevados índices de siniestralidad, combatir la discriminación laboral de las mujeres, fortalecer el sistema público de pensiones y establecer un nuevo derecho público de protección social para las personas en situación de dependencia. Estas cuestiones, que no agotan ni mucho menos el catálogo, tienen la suficiente entidad como para ser respaldadas por el conjunto de trabajadores y trabajadoras y por la sociedad española en general, pues constituyen a juicio de Comisiones Obreras una base imprescindible para el sostenimiento y desarrollo económico y social del país.

    No obstante lo anterior, para resaltar aún más la importancia que una jornada de este tipo debe merecer entre los habitantes de la provincia de León, conviene añadir a todo ello alguna reflexión acerca del panorama provincial.

    Justo es por supuesto demandar más empleo estable, pero también y sobre todo más empleo. Dos sectores emblemáticos para la economía leonesa, el campo y la minería, han sufrido en los últimos años unas caídas en el nivel de empleo y actividad que han generado una profunda depresión, cuyas repercusiones afectan también al espectro económico restante. Esos descensos no han sido compensados por ninguna de las ofertas políticas desplegadas como alivio: ni ahora los planes del oeste ni antes otras propuestas pintorescas han servido para combatir y contrarrestar esa dinámica. Por el contrario, los niveles de desempleo en León superan los de la media nacional y regional y los datos de población continúan con una hemorragia abierta sin visos de contención. Es más, se mire hacia donde se mire, el reguero de suspensiones o extinciones de empleo es seña de identidad en las estadísticas oficiales y afecta por igual, por poner algún ejemplo, al sector energético (LM), textil (Teleno), químico (Antibióticos), alimentario (Enervisa), hostelero (Reunec S.A.) o sanitario (Clínica San Francisco); ello sin olvidar toda una serie de pequeñas empresas del sector servicios que día a día nacen y mueren sin que exista apenas percepción pública del fenómeno.

   No son buenas señales, como tampoco lo son, desde el análisis que CCOO realiza, la pérdida de calidad en el empleo que nos va quedando (bien se advierte en la minería de Laciana), las cotas de temporalidad (notables en las administraciones y en empresas de servicios), los índices de accidentes laborales con resultado fatal (21 fallecidos durante el año 2004), la tendencia monopolística en algunos sectores productivos (carbón, graveras, construcción, etc.) o la casi inevitable pérdida de la condición europea de Objetivo 1 a la hora de recibir fondos comunitarios. Nos entretenemos, eso sí, en dibujar líneas a veces caprichosas sobre los mapas, fiando en que las vías de alta capacidad, velocidad o prestación se puedan convertir por sí solas en bálsamo y maná, con una óptica tan ilusoria como la que hace del turismo rural fuente de un desarrollo local evidentemente endeble.

    Se dice, por otro lado, que la provincia se geriatriza, lo cual, siendo cierto, es una razón más para demandar mejor protección social, no sólo en el sentido de asegurar la dignidad y pervivencia de las pensiones, sino por la repercusión que también tiene sobre el empleo. La necesaria atención a las personas en situación de dependencia como un derecho universal debería garantizar, además, la conversión en puestos de trabajo reales de toda esa bolsa de caridad, familiar generalmente y protagonizada casi en exclusiva por mujeres, que suple hoy en día la ausencia de respuestas sociales organizadas. No es ése el único futuro posible para esta provincia, naturalmente, pero es una realidad más objetiva y  apta para ser articulada que la obcecación que algunas instituciones muestran por hacer coincidir el mapa de sus juegos con el territorio sin que ni uno ni otro se modifiquen o consigan sobrevivir a las polémicas.

    Lo paradójico de todo esto surge del contraste con los datos hechos públicos este mismo mes por el servicio de estudios de Caja España, donde se concluye que los leoneses tienen depositados en los bancos y cajas 9.259 millones de euros, un 17% más que en 2003. El informe confirma que en valores absolutos León es la provincia de la Comunidad Autónoma con un mayor volumen de dinero depositado en el sistema bancario; incluso el incremento de un año a otro es superior al conjunto del país, donde se limitó al 13,06%. Así que a lo mejor la situación no es tan dramática; o tal vez sí por eso mismo, porque formamos parte de una provincia que hace ricos pero no riqueza.

    Citemos por último el dato positivo de la afiliación a la Seguridad Social y de la Encuesta de Población Activa, que nos advierten de una tendencia favorable sostenida durante los últimos doce meses. Con todas las reservas con que deben ser observados estos índices, se enuncian aquí porque nada hay más lejano que el catastrofismo en las reflexiones que la Ejecutiva Provincial de CCOO propone. Muy a la inversa, de la suma de todas ellas sólo debe concluirse la oportunidad de que en este 1º de mayo las trabajadoras y trabajadores leoneses sumen su voz y sus demandas en la calle para provocar un necesario cambio de signo económico y social en la provincia y, solidariamente, en el conjunto del Estado y en todos los lugares del planeta.

Publicado en Diario de León, 30 abril 2005

lunes, 20 de diciembre de 2004

Política de humo en salud laboral

    Todos los trabajadores y trabajadoras sabemos por experiencia que las actuaciones en materia de salud laboral y prevención de riesgos en el trabajo son complejas. Una vez que existe una Ley sobre la materia, lo cual no es poco si se llega a aplicar, se requiere voluntad política de los empleadores, planes específicos, acuerdos con los órganos de representación de los trabajadores, determinación de objetivos, elaboración de análisis de situaciones, establecimiento de medidas preventivas, constitución de grupos de apoyo, tareas de información y señalización, edición de guías formativas, etc. La formalización de todo este catálogo constituye sin duda el criterio inicial básico para una evaluación positiva en materia de salud laboral.
 
    Pues bien, estamos en condiciones quizá de felicitarnos porque la Junta de Castilla y León, llamada a dar ejemplo en la aplicación de las leyes, ha puesto en marcha todo ese protocolo, mediado el mes de noviembre, para ser cumplido en los edificios administrativos que son de su competencia. Así ha obrado la Directora General de la Función Pública al reunirse el día 16 de noviembre con el Comité Intercentros, al que ha presentado un ambicioso programa en el marco de la política de prevención de riesgos laborales. Ahora bien, ¿de qué política de prevención y de qué riesgos laborales se trata? Muy sencillo: lo que la Consejería de Presidencia y Administración Territorial ha elaborado no es otra cosa que un Plan de Espacios sin Humo de Tabaco. Eso es todo.
 
    Naturalmente, no se trata aquí de polemizar sobre lo oportuno o inoportuno de ese Plan, ni sobre la posible toxicidad del tabaco y sus humos. Pero lo que sí resulta evidente es que no se actúa con la misma diligencia, severidad y contundencia en otros aspectos, con toda seguridad más graves, que afectan a la salud laboral de los trabajadores y trabajadoras, sean éstos de la administración o no. De ahí que si un asunto tan colateral a lo que nos ocupa, como es el tabaco, se coloca como materia de primer orden en las políticas de prevención de riesgos por parte de la Junta de Castilla y León, lo que debemos considerar como mínimo es que esta Administración convierte en humo sus prioridades. No hemos visto que, detrás de cada uno de los accidentes mortales habidos este año 2004 en la provincia de León –y van 19-, se hayan animado medidas o protocolos completos como los arriba descritos. Muy por el contrario, el goteo de fallecidos en accidente laboral se sucede sin que nada se modifique, y sólo a través de la presión de las organizaciones sindicales se consigue avanzar en el cumplimiento de una Ley que administraciones y patronales sortean o no aplican con la necesaria decisión.
 
    Para empezar, la Administración no tiene un dispositivo fuerte en Inspección de Trabajo: baste decir que en Castilla y León existe un inspector por cada 1.200 centros de trabajo (8 inspectores para toda la provincia de León), es decir, que el número de efectivos es muy débil y, además, su dedicación no es sólo la prevención de riesgos, sino también el control de la contratación, la rotación y el encadenamiento de contratos,  la vigilancia del cumplimiento de las normas laborales en su conjunto, etc. Ésta sí que debería ser una prioridad para la Junta de Castilla y León, unida a la exigencia de que las patronales cumplan con la legalidad, no bloqueen la labor de los delegados de prevención y permitan el acceso de los  técnicos sindicales a las empresas para que puedan verificar y denunciar en su caso si existen riesgos para los trabajadores.
 
    Porque podría darse la paradoja de que un observador externo, ajeno a los procesos laborales, examinado el repertorio previsto por la Junta en la cuestión del tabaco, concluyera que las actuaciones en materia de salud laboral resultan poco menos que sencillas, habituales y casi rutinarias en el común de los sectores. Y no es así, los avances en esta cuestión son lentos, peleados y costosos. Sin ir más lejos, señalaremos que entre los objetivos y criterios unitarios acordados por CCOO y UGT para la negociación colectiva y la renovación del ANC-2005 (Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva) se recogen aspectos tan básicos que suponen un indicativo de cuanto todavía queda por construir para reforzar los instrumentos de intervención y participación sectorial en materia de prevención y salud laboral. Así pues, muy diferentes son las simples políticas de humo de los planteamientos reivindicativos que aún nos vemos en la necesidad de conquistar a través de la negociación con la parte empresarial. La Junta de Castilla y León vuelve a mostrarnos su rostro blando y el papel de celofán que utiliza como envoltorio colorista para disfrazar los asuntos amargos que no afronta con la voluntad resolutiva que sería exigible. Y, peor aún, con semejante proceder propone modelos fáciles y baratos para ser continuados en el ámbito privado que justifiquen la inoperancia en las cuestiones de fondo.

Publicado en Diario de León, 21 diciembre 2004

martes, 12 de octubre de 2004

A favor de la memoria

“Ellos no están muertos sino desaparecidos, no acorralados sino infinitamente ausentes”
Vicente Verdú

    Más acá de los sentimientos convulsos, cuya suspensión resulta aconsejable, tal vez no posible, en ciertos trances del existir, las pérdidas personales abren en la memoria común un agujero irreparable. Cierto es que en otro sentido, el manriqueño, finalmente sólo la memoria nos consuela, pero ésta es la privada, la íntima, la que cada uno ha ido alimentando con el acompañamiento del otro, de quien no está pero permanece en ella. Me refiero más bien al acervo compartido, a esa memoria colectiva imprescindible que se nos aparece de repente como una casilla vacía e irrellenable. Y es en ese ámbito público, abierto, donde, a nuestro entender, más se acusa la orfandad consecuente: no en la ausencia en sí, que también, sino en el ya imposible aporte a la construcción general.

    Este año de 2004 la Universidad de León ha celebrado su vigésimo quinto aniversario. Hemos tenido ocasión con ello para remontarnos hasta su origen, para analizar su evolución, para juzgar su presente y para aventurar un futuro. Pues bien, si exceptuamos esto último, y la verdad es que no podemos estar seguros de ello, en toda esa otra trayectoria puede ubicarse la figura plural del profesor Joaquín González Vecín: plural, no exageramos, por cuanto su expresión personal se manifestó en una importante diversidad de formas. Y ése es precisamente el contexto en el que nos interesa hurgar al hilo de lo apuntado arriba, es decir, poner en cuestión la realidad del dibujo tal como lo conocemos o lo podemos conocer todavía frente a los trazos que ya no van a ser dibujados a causa de ausencias, según nuestro parecer, no suficientemente aprovechadas.

    Del origen de la Universidad leonesa, de sus momentos seminales y de su inicial andadura, permanecen sin duda los testimonios documentales que resultan de obligado cumplimiento. Los boletines oficiales conservan la prosa de las disposiciones legales; los balances de cuentas atesoran los índices financieros y presupuestarios; los libros de actas almidonan las decisiones primarias; las hemerotecas, en fin, guardan las crónicas escritas y los repertorios gráficos de aquel entonces . Y así, del mismo modo, todo el aderezo muerto que ocurrírsenos pueda acerca de éste o de cualquier otro acontecimiento de parecida índole. Esto es lo que podríamos llamar memoria pasiva, una colección de papel más o menos inerte, oportuna en efecto, necesaria como casi todo lo escrito con un sentido histórico, mas parca a la postre y poco útil desde el punto de vista que aquí defendemos. Porque la historia no la conforman sólo los hechos relatados en los anales; a su lado florecen otras miradas y otras voces que dan aliento y alma a los sucesos, de tal manera que esa otra intrahistoria deviene tan o más importante que la propiamente documentada. Es la memoria viva, susceptible por supuesto de ser así mismo almacenada en los soportes al uso, puesto que también es finita y además perecedera. De la suma de una y otra podremos extraer con toda seguridad los contornos de un mapa mucho más ajustado al territorio.

    Así pues, cabe preguntarse si en lo que aquí nos ocupa hemos sido o estamos siendo diligentes, esto es, si transcurridos veinticinco años de vida de la Universidad de León disponemos de todos los materiales que la retratan o si, por el contrario, desperdiciamos elementos capitales para esa mecánica. A nuestro entender, la respuesta es decepcionante. Conocemos más de la intrahistoria salmantina o de Alcalá de Henares, aunque debamos viajar para ello a los siglos XIII o XVI, que del más cercano origen de nuestra Universidad. La comunidad universitaria podrá opinar sobre las razones múltiples que explican, no justifican, esta circunstancia, pero no debe ignorar que ese déficit es cada vez más difícil de saldar. Desaparecen o enmudecen por causa de enfermedad personas que mucho podrían aportar a la descripción de aquellos años; junto al fallecimiento del profesor Vecín, se me ocurre citar, por cercanía sentimental, los también recientes de los profesores Bonifacio Rodríguez y Julia Miranda; pero en esa nómina de quienes ven mermadas sus facultades se inscriben también la calidad humana de quien fuera el primer Rector de la Universidad de León, Andrés Suárez, o, también por complicidad emocional, la figura capital de Justino Burgos. Y esto sólo atendiendo al sector del personal docente e investigador, que no agota ni mucho menos el cartel. En tal sentido, podemos afirmar que el aniversario y sus fastos han sido una oportunidad desaprovechada.

    El compañero Joaquín González Vecín fue, además, un sindicalista. Con todas las cautelas sobre el rigor amarillento de los archivos, consta en el del Sindicato de Enseñanza de Comisiones Obreras de León su afiliación al mismo en las primeras fechas del año 1980. Por lo tanto, junto al ángulo docente o político, ésa debiera haber sido otra de las perspectivas que él podría haber sumado a la explicación del germen y desarrollo universitario leonés. Porque su trabajo en la sección sindical correspondiente se prolongó ininterrumpidamente desde entonces hasta que, ya en situación delicada, quiso aparecer todavía en la candidatura que presentamos en el año 2003 dentro del proceso de las últimas elecciones sindicales. Observador discreto a pesar de su compromiso notorio y evidente, nadie como él para haber glosado la arquitectura sindical universitaria, vertiente a la que Comisiones Obreras en general y sus afiliados y afiliadas en particular han contribuido de forma notable. Desde esta organización podemos naturalmente participar en la confección de la memoria pasiva, sumando a su corpus actas propias, resultados electorales dinámicos y todo género de resoluciones; pero volvemos a lo mismo: nos faltarían la palabra y la mirada, dos ejes trascendentales para alumbrar elementos aún escondidos de los últimos veinticinco años.

    Lo cual que en estos tiempos en que se persigue recuperar por fin la memoria histórica de este país, no estaría de más que se tomara nota de cuanto aquí modestamente se apunta. La institución universitaria, por su naturaleza y objetivos, debería comprometerse más en ese empeño, máxime cuando de su propia intrahistoria hablamos, pues, en caso contrario, lo que se vendría a hacer además de honrar a los muertos sería, parafraseando a Vicente Verdú, desaparecerlos.

Publicado en el libro editado por la Universidad de León
en homenaje al profesor Joaquín González Vecín, 2004

miércoles, 1 de septiembre de 2004

Patrimonio de la humanidad

    En medio de la gigantesca regresión social que vive esta parte del mundo, por no entrar en otro género de reacciones más globalizadas obrantes en la mente de todos, una vez más es Alemania el paradigma de un discurrir histórico donde muchos, para bien o para mal, se miran. Y según la pose que se adopte ante tal espejo la imagen reflejada es, por supuesto, cóncava o convexa, real o irreal, atinada o errónea. Pero lo cierto es que nadie puede dudar de la gravedad de los signos a través de los que se expresa esa regresión en el ámbito laboral, a saber: reducción de vacaciones, de salarios, de pagas extraordinarias y de los seguros de desempleo; mayor horario de trabajo; copago de la sanidad pública; eliminación de festivos, etcétera.
 
    Ahora bien, una visión objetiva nos revelará que el reflejo, es decir, el efecto producido, resulta cóncavo en el caso de los trabajadores, quienes vuelven a ser sometidos a la depresión, a la cavidad o al vacío, mientras que el reflejo convexo, esto es, redondeado, vuelve a corresponder al cuerpo empresarial, público o privado, por lo general más éste último. La realidad o irrealidad de la figura es en todo caso cambiante, pues el ser y el estar de la economía en un medio especulativo como el actual es con toda seguridad lo menos aprehensible que existe. Finalmente, el tino o el error dependen del punto de vista adoptado, es siempre subjetivo, resulta del interés previo del ojo que mira; y en este sentido nada puede extrañarnos que para algunos depredadores, no precisamente alemanes, el panorama venga a servir a su propósito de negar progresos sociales en otras latitudes que jamás habían llegado a las cotas alcanzadas en Alemania: café amargo para todos.
 
    En ese contexto, el de la regresión social y su pluriperspectivismo,  es donde se produce algo curioso, y seguramente en virtud de ello podamos entenderlo mejor. A principios del pasado mes de julio, dentro del Fórum de Barcelona, tuvo lugar un diálogo sobre Las culturas del trabajo, que fue aprovechado por las dos grandes centrales sindicales internacionales para anunciar su fusión, con lo que pasarán a representar conjuntamente a 150 millones de trabajadores. Todavía independientes, no obstante, la CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres) y la CMT (Confederación Mundial de Trabajo) promovieron en ese mismo momento la Declaración de Barcelona para solicitar a la UNESCO que el trabajo sea declarado “patrimonio de la humanidad”.
 
    Acomodados como estamos a que esta etiqueta se adjudique a bienes culturales y naturales de interés, que requieren su conservación como elementos esenciales del acervo universal de la humanidad, atendiendo a la creciente amenaza de deterioro o desaparición que pende sobre ellos, el hecho de que convirtamos en objeto de la misma nada menos que al trabajo parece, al menos, chocante y provoca razones para el análisis.  No estamos ya ante ciudad, paraje o monumento amenazados, sino delante de una acción social recogida como principio básico en las constituciones y proclamada en el artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Hasta aquí hemos llegado en la degradación.
 
    Así que todo resulta cada vez más relativo y delirante. Por ejemplo, mientras en esta provincia nuestra se mantiene la expectativa sobre lo que habrá de dar de sí el llamado Plan Oeste, impulsado por el Gobierno como motor para la reanimación económica, los acuerdos firmados recientemente en España para evitar la deslocalización en el sector automovilístico rozan, en algunos casos, la legalidad marcada por el Estatuto de los Trabajadores. Como se puede observar, las infraestructuras, materia básica del citado Plan y tan necesarias por otra parte, son o pueden ser de ida y de vuelta.

    Por todas esas razones, en sintonía con el significado de la Declaración de Barcelona, estamos llamados a adoptar ante todo una actitud conservacionista y, por lo que a León se refiere, defender como prioridad el mantenimiento de los puestos de trabajo que su endeble tejido productivo genera, así en los sectores más emblemáticos como en las pequeñas y medianas empresas, no siempre bien regularizadas desde el ángulo de la negociación colectiva. Hemos sabido recientemente que esta provincia se encuentra a la cabeza de Castilla y León en cuanto a expedientes de regulación de empleo. Hemos denunciado así mismo que es la provincia que figura en la cola de la Comunidad Autónoma a la hora de poner al día sus convenios colectivos. Son datos que llaman a la preocupación y seguramente también a la movilización. Sólo resuelta esa amenaza de deterioro o desaparición, podremos posteriormente fiar en expectativas de futuro que, pendientes todavía de su expresión práctica en los Presupuestos Generales del Estado, son de momento una simple –e importante- declaración política de intenciones.

Publicado en Diario de León, 6 septiembre 2004

domingo, 4 de abril de 2004

La lengua es un comportamiento (también sindical)

    El poso que los estudios dejan en nosotros es en verdad diverso y no necesariamente inerte. Muy por el contrario, esas pequeñas partículas de saber en las que se sintetizan nuestros años de pupitre constituyen en numerosos casos el verdadero y casi único producto del líquido consumido y debidamente decantado. Todos podríamos citar ejemplos de uno y otro signo, pero a algunos se nos ocurre uno sin duda interdisciplinar del que nadie está exento y que, como valor suplementario, suele revelar mucho más de lo que aparenta.
 
    Del itinerario por las escuelas y facultades, pocas sentencias resumen con mayor nitidez todo cuanto pretendieron enseñarnos como aquélla que repetía con insistencia en la Escuela de Magisterio de León el profesor Don Waldo Merino, hombre pintoresco y talentudo, hoy ya fallecido, quien acostumbraba a iniciar el curso siempre con un mismo pensamiento: la lengua es un comportamiento, decía. En efecto: si es verdad aquello que alguien acuñó -por sus obras los conoceréis-, no es menos cierto que la lengua es mucho más que gramática, sintaxis o léxico y que, por su condición de bien natural, gratuito y común, se convierte en la primera evidencia de quiénes somos y cómo somos, así ante nosotros mismos como ante quienes nos conviven. Y ello, se mire como se mire, por igual en todo ámbito y contexto.
 
    La esfera sindical no escapa de esta circunstancia. Incluso podemos decir que en dicha esfera se manifiesta con necesaria reiteración por cuanto la palabra, dicha o escrita, es elemento primordial de toda nuestra acción sindical. Nos pasamos el día leyendo o escribiendo comunicados y documentos, elaboramos carteles y pancartas, celebramos asambleas y reuniones sin cesar, discutimos y matizamos, escribimos ponencias y las enmendamos: el discurso, en suma, es la seña de identidad de nuestro trabajo. Y el discurso, por supuesto, es lenguaje.
 
    Pero todos esos textos, nuestra oratoria, los correos electrónicos... mucho de nuestro actuar lingüístico se nos atraganta y nos delata más aún que el contenido de cuanto escribimos o decimos. Cierto es que el medio es el mensaje, pero no lo es más que el código que utilizamos y cómo nos servimos de él. Para glosarlo, baste una mínima observación atenta al alcance de cualquiera, una ojeada escrutadota sobre los montones de papeles o correos que manejamos; o sirvan los ejemplos que a continuación se citan y que no tienen otro objetivo que colaborar en ese empeño:
  • Ellos preveen que aumentaran los alumnos, sobro todo en primavera, y que hay que ir a por las tardes, y el tema de los fines de semana durante el año 2004. No obstante, si se está produciendo deficiencias en el servicio...., en los casos que así sea, se estudia y se corrige inmediatamente. Es Eulen, quien en función de las horas de servicio, recorta o aumenta las jornadas de los trabajadores. En cuaquier caso, estamos a los que consideremos oportuno, tanto desde el punto de vista "educativo", como desde el punto devista de los trabajadores en relación a la federación. (X ha estado varias veces conmigo, ha tenido contactos con la empresa y están realizando cosas con los trabajadores (comunicados, asambleas, etc.). Por lo tanto, está al corriente del asunto y hemos trabajado en este problema respecto a los trabajadores y el sercicio. (Copia literal de un fragmento de una carta sobre el ‘Programa Madrugadores’. Diciembre 2003). 
  • Apreciables compañeroas/oa. Desde Palencia os pido que si alguien tiene alguna legislación sobre ratios, por favor lo más rapidamente posible, mandarmelo. Otro asunto es que me digais que medidas vamos a llevar sobre el tema del mes sin cotizar en la S.S. que nos han quitado en nuestra Consejería, aquí no nos sirve que nos digan que está pagado, de lo que se trata es de que conste reflejado en la vida laboral y yo hoy la he pedido y sigue sin solucionarse; aparte de hacer porque esto se resuelba, podiamos aprovechar las Eleciones para salir a la prensa y darles “caña”. Espero respuesta. (Copia literal de un correo electrónico cualquiera. Febrero 2004). 
  • XI. La formación sindical como parte del enriquecimiento organizacional. (Copia literal del título correspondiente al Capítulo XI del texto denominado ‘Propuesta para el Programa de Acción 8º Congreso Confederal’ o enmienda a la totalidad. Marzo 2004 ). 
  • Para CC.OO. la realidad es bien distinta tanto a los que dibujan una región sin solución como a la que nos sitúan en unos parámetros idílicos. (Copia literal de las líneas 22-24 del Capítulo 2 de la Ponencia para el 8º Congreso de la Unión Sindical de CCOO de Castilla y León. Abril 2004).
    En todo esto no hay moralina ni moraleja, sino una evidencia entre tantas otras de cómo nos comunicamos. Si la verbalización de nuestros pensamientos es como acabamos de reproducir en los textos precedentes, cabe preguntarse cómo es el orden interno de ese pensamiento y cómo actúa en consecuencia su autor o autora cuando hace uso de las atribuciones sindicales en virtud de las cuales han sido aquí mostrados. Como mínimo, podríamos pensar en manos y en palabras de quién depositamos esas atribuciones. Naturalmente, no se trata de evaluar la tarea sindical sólo por este método, pero sí también por este método tan revelador. Y, por supuesto, nadie está en condiciones de exigir ni calidad ni dominio lingüístico más allá del nivel de un simple Graduado. Ahora bien, al menos sí que podemos y debemos exigir que se utilice el corrector ortográfico de nuestro procesador de texto: basta con apretar una tecla. Porque si esto no se hace, además de ser unos mal hablados, demostramos que somos también vagos. Y malos sindicalistas.

Publicado en Notas Sindicales, agosto 2004