Blog de Ignacio Fernández

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martes, 23 de junio de 2009

Pensar la Ciudad 2009 (Conclusiones)


    ¿Reflexionar sobre el entorno ciudadano, con el iluso y platónico propósito de “salvar la polis”, es pertinente con el quehacer de un ateneo cultural fundado por un sindicato de trabajadores y trabajadoras?

    A nuestro entender, es de lo más oportuno. Porque los trabajadores y trabajadoras somos asimismo vecinos y vecinas que hemos de padecer las consecuencias de la dejación que algunos electos hacen de su obligación de defender el interés público: en los últimos veinte años, muchas ciudades españolas se están desarrollando siguiendo el modelo urbanístico anglosajón de edificación dispersa, cuyas consecuencias indeseadas son los excesos en cuanto a exigencia de territorio, dimensión de las redes de transporte y uso masivo de vehículos, despilfarro de energía y elevada contaminación. Además, este modelo separa a las poblaciones por sus niveles de renta y conduce por lo tanto a una pérdida de la cohesión social de los habitantes de las ciudades.

    ¿Son conscientes los políticos locales de las consecuencias del modelo al que nos arrastran? Posiblemente no: muchos de ellos no leen, no se informan, no acuden a conferencias sobre estos temas. No son verdaderos políticos, son acomodados contables de la gestión pública, tan cómodos que cada vez la vacían más a favor de alguna empresa privada.

    El modelo de urbanizaciones dispersas, controvertido ya hasta para el Gobierno (Ministerio de Medio Ambiente, Fiscalías), está sin embargo de moda entre algunos políticos a los que parece no preocupar sus consecuencias. En su mundo de dirigentes, los arrogantes beneficiarios del poder cuatrienal se ven más próximos a los grandes empresarios que a la base de los trabajadores y trabajadoras que constituyen la ciudad como hecho social. Si la urbanización dispersa es el modelo del constructor ávido de beneficios, automáticamente pasa a serlo del político acomodaticio: los supuestos pares hacen frente común.

    El hecho urbano necesita, pues, de la implicación de los ciudadanos y ciudadanas que sientan como posible un mundo más justo, humano, solidario, tolerante y sostenible, frente a quienes sitúan su particular beneficio económico por encima del bienestar de la mayoría y frente a los dóciles que regalan a terceros algo que les fue confiado a ellos: el voto para que hicieran de nuestras ciudades un lugar más habitable.

    Pensar la ciudad es un proyecto suscrito por el Ateneo Cultural “Jesús Pereda” de Comisiones Obreras y en el que colaboran la Obra Social de Caja España, el Ayuntamiento de León y la Fundación “Sierra Pambley”. Con él, tratamos de sentar las bases para abordar la tarea de definir el modelo de ciudad que queremos los y las habitantes de León. Antes de que sea tarde, porque en esta ciudad aún estamos a tiempo de pensar y redefinir el modelo urbano.

    Durante 2009 estamos desarrollando un ciclo de conferencias desde dos ejes imaginarios: el global, con el filósofo Francisco Jarauta, el geógrafo Emmanuel Rodríguez y la arquitecta Almudena Sánchez Moya -ambos del Observatorio Metropolitano de Madrid (OMM)- t el juez José Manuel Buján; y el local, con la periodista Ana Gaitero y el abogado urbanista y arquitecto Nicolás Astiárraga.

    De lo escuchado resumimos que el debate del futuro de la ciudad se plantea en tres aspectos, relativos a su forma, función y cohesión social, cada uno de los cuales plantea un dilema para la ciudad: el primero si ha de ser compacta o dispersa; el segundo si compleja o especializada; y el tercero si ha de integrar o segregar a los grupos sociales urbanos.

    Aludiendo a las charlas, los representantes del OMM nos anticiparon su intervención con un titular de prensa esperanzador: “León puede ser sostenible si hay intención política y demanda ciudadana” y expusieron después, con profusión de detalles, el cúmulo de inconvenientes que acarrea el sobredimensionamiento de la ciudad dispersa, con el ejemplo de lo que está sucediendo actualmente en la capital española.

    Entre tales efectos de la dispersión urbana, expuso después la periodista Ana Gaitero refiriéndose a la primacía del coche en la ciudad, ésta “se muestra hostil a todas las personas frágiles o sobrecargadas; a quienes tienen alguna discapacidad o enfermedad, a las personas mayores, a los niños y a las niñas y a las mujeres; es decir, a la gran mayoría de la población”. Añadió que “se pierde la esencia de la ciudad tradicional: el contacto, el intercambio y la comunicación proyectados en el espacio público son sustituidos por la casa y los espacios privados de ocio, compra, transporte, etc.”, y propuso “herramientas para el cambio”, tales como “evitar que el centro histórico se convierta en ciudad de turistas ajena a la ciudadanía local”, “utilizar la calle como lugar de encuentro y no sólo de paso... un espacio de socialización positivo” o “recuperar la memoria de la ciudad... y generar apego al barrio”.

    El profesor Jarauta incidió en que el tiempo de los proyectos aislados y grandiosos, los llamados “edificios marca”, ha pasado. Y en su lugar propuso proyectos a la medida de las necesidades de la ciudad, lo que suponía hacer políticas favorables a la gente joven, los inmigrantes, las personas mayores, las mujeres... para construir una ciudad solidaria y que produzca efectos de vida. En ese contexto “es tan importante una escuela como un gran museo”, añadió, reivindicando la “utopía del barrio”.

    De sus intervenciones nos queda la idea de que la ciudad no tiene por qué convertirse en un parque temático exánime cuyo fin es el turismo y el negocio sino en un espacio vivo y favorecedor de vínculos, intercambios e interdependencias entre sus habitantes, la “ciudad de las personas” (A. Gaitero).

    Pero ha habido otra idea relevante. Ante el reto de si “otra ciudad de León es posible”, tanto Gaitero como Astiárraga, dos profesionales reconocidos, ajenos al quehacer político, subrayaron lo determinante de la implicación ciudadana para lograrlo. La primera hizo un repaso de las numerosas experiencias municipales de participación ciudadana (promovidas o mantenidas por gobiernos locales de distintas formaciones políticas) y el segundo incidió en la misma necesidad y llegó a proponer la constitución en León de un “Foro de la ciudad”.

    Aún nos resta escuchar las ideas del juez Buján que se centrará en el respeto a la legalidad y la ética de los responsables del desarrollo urbano. No obstante, ya podemos adelantar nuestro apoyo a la propuesta de creación de una plataforma ciudadana que se plantee el reto de pensar el modelo urbano: un foro abierto, más proactivo que reactivo, multitemático, respetuoso de normas e instituciones... y no partidista pero sí político, porque de “salvar la polis” se trata.

Firmado junto a Carlos Pérez-Alfaro y publicado en El Mundo de León,
julio 2009

martes, 2 de junio de 2009

PACO IBÁÑEZ: Paco Ibáñez canta a los poetas andaluces

    Entre otros acontecimientos singulares, el año 2008 se cerró con una banda sonora imperecedera. Paco Ibáñez publicó el que es hasta la fecha su último disco, que viene a ser algo así como el mismo disco de siempre pero sin ser nunca el mismo disco de siempre: Paco Ibáñez canta a los poetas andaluces. Del catálogo de cantautores españoles, Paco Ibáñez es sin duda alguna el que mejor se conserva y el que mejor pervive de todos ellos. No necesita servirse de giras entre amigos ni iluminar sus actuaciones con miles de vatios y un coro de señoritas reforzando su voz para mantenerse en la mejor de las formas. Quizá sea porque ya era viejo desde el principio y su voz cavernosa no ha requerido, como la de otros, ajustes en los tonos. Quizá su repertorio sea el que menos reclame adaptaciones a los nuevos tiempos, precisamente porque es clásico y eterno como la literatura misma. Quizá todo se deba, sin más, a que siempre fue un hombre austero pegado a una guitarra, como los auténticos juglares. Todo ello vuelve a ponerse de relieve en este disco.
   
    Precisamente, el cancionero de Paco Ibáñez se inauguró allá por la década de los 50 con un texto de un poeta andaluz: “La más bella niña” de Luis de Góngora. Desde entonces, a lo largo de más de medio siglo, su contribución a la difusión popular de la poesía española ha sido decisiva, sólo equiparable, en nuestra opinión, a la alcanzada por Joan Manuel Serrat en los casos de Antonio Machado y Miguel Hernández. Sin embargo, en el primero la raíz poética resultó mucho más sustancial y constante hasta nuestros días, posiblemente a causa de la ausencia de una veta textual propia, que para el segundo fue todavía tanto o más importante. Así las cosas, el repertorio de Ibáñez se nutrió de una lírica ya contrastada en los libros, para la que, no obstante, demostró conocimiento, sensibilidad y altura musical para adaptarla al nuevo medio con respeto escrupuloso y sin la más mínima concesión comercial.

    Por lo tanto, nada mejor que reafirmar nuestra militancia en el cantante y en su obra, parte de la cual se nos presenta ahora de un modo más unitario, con nuevos aires y en una versión que puede ser la definitiva. Se agrupan en el disco veinte canciones reconocibles y cuatro nunca grabadas antes, todas ellas con la firma de poetas andaluces (Góngora, García Lorca, Machado, Bécquer, Alberti, Cernuda y Fanny Rubio), más los “Andaluces de Jaén” de Miguel Hernández. Viene a unirse así a un afán compilatorio que produjo otra gran entrega hace ahora siete años, cuando el juglar retomó otros poemas dispersos para dar a luz su disco Paco Ibáñez canta a José Agustín Goytisolo. Pareciera, pues, que a los 75 años nos obsequia con algo así como sus memorias artísticas, por más que como él mismo indica aún está en el camino. Y, en fin, con su audición se demuestra de nuevo que no hubo golpe más bajo que aquella sentencia que proclamaba que eran los nuestros malos tiempos para la lírica.

Publicado en Notas Sindicales, julio 2009

sábado, 16 de mayo de 2009

Para Blas Capilla

    La vida cotidiana de un Sindicato se teje con palabras y con muy abundantes reuniones. Nos pasamos las horas, los días, los meses de cita en cita, intercambiando pareceres, debatiendo con nosotros y con nuestros contrarios, exhortando a la acción a nuestros compañeros y compañeras, redactando plataformas, defendiendo propuestas, conspirando incluso. No es común, sin embargo, que expresemos nuestro lado sentimental ni que nos convoquemos para actos en los que prevalezca la camaradería en el sentido más lírico, pues en apariencia no resulta propio de aguerridos sindicalistas. Pero es verdad que entre nosotros, a fuerza de complicidades y del mucho tiempo en común, acaban trazándose lazos de amistad o de enemistad muy profundos. Decía nuestro anterior Secretario General, José María Fidalgo, que no es casual que sea entre los cuadros sindicales, en particular cuando se comparten tareas de dirección en los niveles que corresponda, donde uno hace los mejores amigos y también los más duros enemigos.
 
    De lo primero fue buena muestra el almuerzo que mantuvimos el pasado dos de mayo junto a Isaac Maurín, Antonio Bas y Edilberto López, una sencilla comida de amigos junto a los que nos precedieron en las responsabilidades que hoy nos toca soportar a otros en las Comisiones Obreras de León. Blas Capilla seguramente se hubiese sumado dichoso a ese cocido maragato y lo habría sazonado con su bonhomía y con más de un chascarrillo. No solía él pasar desapercibido ni en los momentos de acción ni en los festivos. Quizá por esa razón este acto de hoy, salvando las distancias evidentes con el de quince días atrás, sea todavía un mejor ejemplo de justicia emotiva y de comunión en los ideales. Precisamente porque su protagonista en este caso está ausente. Sin duda contra su voluntad.
 
    No obstante lo anterior, Blas eligió conscientemente abandonarnos de una manera callada, sin memoriales ni otros teatros propios de los ritos funerarios. Eso quiso y así fue. Pero también es verdad que en cuantos le convivimos nos quedó algo así como una deuda pendiente, la sensación de que era necesario, a pesar de su deseo, poner de relieve con todos los estandartes que había portado en vida tan importante pérdida. Fueron sus compañeros más cercanos los primeros en advertir esa necesidad; su familia lo comprendió de inmediato y únicamente solicitó un plazo de respeto; por último, el Sindicato lo asumió con unanimidad y se aprestó para llevarlo a cabo. De este modo hemos llegado al día de hoy con este acto tan inusual como inexcusable, tal y como hemos ido comprobando a medida que le íbamos dando forma y contenido.
 
    Así que aquí estamos, amigo Blas, más o menos los de siempre, los que te echamos de menos y los que nos consolamos con tu memoria, como cantaban las coplas medievales, sabedores en fin de que nadie es imprescindible, salvo aquellos que como tú luchan toda la vida. Por ese motivo nos hemos adueñado de la cita de Bertolt Brecht, que siempre tuvimos en la cabeza pero que nunca supimos encarnar en nadie concreto hasta que tú nos diste la oportunidad. Y por eso también te hemos preparado esta reunión, creemos que de tu gusto, casi como una asamblea, con los oradores justos y con un vino de colofón porque seguramente no nos los hubieras perdonado si lo llegamos a olvidar.
 
    A mí, por otro lado, me correspondería en este turno realizar el panegírico sindical, pero me vais a permitir un ejercicio de deformación profesional que confío en que me sepáis disculpar, sobre todo porque con ello voy a ir concluyendo.
 
    En el capítulo LVIII de la segunda parte del Quijote, el ingenioso hidalgo da algunos consejos a su escudero y le dice lo siguiente: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Que Blas Capilla aventuró su vida por la libertad y por otros derechos no nos cabe ninguna duda. En cuanto a la honra, un concepto que ha envejecido bastante mal, creo que esta convocatoria demuestra que así fue en efecto, pues basta con releer la tercera acepción que el Diccionario de la RAE indica al respecto para reconocerlo: Demostración de aprecio que se hace de alguien por su virtud y mérito.
 
    Sinceramente, ése ha sido nuestro ánimo al preparar este acto, con el que hemos querido sobre todo expresar la estima, el respeto y el aprecio que nuestro compañero despertó siempre en todos nosotros. Le honramos y nos honramos.

Acto de homenaje al compañero Blas Capilla, León 16 mayo 2009

jueves, 23 de abril de 2009

2009: Frente a la crisis

    El aire festivo del 1º de mayo se atenúa en este año 2009 y refuerza todavía más el tono reivindicativo de una jornada que, como ha sucedido a lo largo de los ya muchos años de su historia, persigue sobre todo clamar por los valores de paz, libertad y justicia social, por la defensa de los derechos humanos y por la extensión de los derechos sociales y sindicales en todo el mundo.

    Sin embargo, la sombra de la crisis económica, que nos persigue como un invierno severo y de incierto final, se proyecta necesariamente sobre los lemas del Día del Trabajo, que al cabo son reflejo de la realidad y de nuestro empeño por transformarla, para hacer de esta fecha un momento importante de denuncia, de lucha y de propuesta. Frente a la crisis: empleo, inversión pública y protección social, ésas son las claves que en opinión de los dos sindicatos mayoritarios en la provincia, en la región y en el conjunto del Estado definen sobre todo el sentir de los trabajadores y trabajadoras en estos momentos. No nos corresponde a nosotros hacer sangre de las responsabilidades, por otra parte perfectamente identificadas y denunciadas; más bien ése es el deber de los gobiernos y de la justicia, perseguir y liquidar a los usureros y a los cegados por la codicia, siempre y cuando gobiernos y justicia estén limpios de polvo y paja, que más nos vale. Lo nuestro –lo hemos demostrado así sin desmayo durante todo el periodo democrático– es construir sociedad desde la perspectiva laboral y también desde la sociopolítica, asegurando mayores niveles de igualdad y de justicia social para conquistar un futuro de progreso. Por ese motivo, en nuestras pancartas no luciremos los nombres ni los rostros de los culpables del desastre, aunque tengamos razones sobradas para ello, ni gritaremos consignas desairadas, por más que sepamos de dónde nos vienen los malos aires, ni será la masa obrera quien hagan tambalearse en esta ocasión las columnas del sistema, pues ya se encargan de ello los neoliberales y los profesionales del capitalismo. Ni siquiera se escuchará de nosotros una proclama a favor de la huelga general, tal y como desearían muchos empresarios, en particular la cúpula de la CEOE, para favorecer su nuevo papel de lobby frente al Gobierno y de opositor al espacio clásico de la negociación.
   Por el contrario, una vez más desde la responsabilidad y desde la unidad de acción, lo que CCOO y UGT planteamos en este día es el itinerario posible y, desde luego, el único admisible para que nada más salte por los aires. No es un planteamiento de máximos, al estilo de las viejas recetas fracasadas que escuchamos desde el flanco patronal, ni es complaciente con las simples medidas paliativas que en muchos casos es lo único que recibimos desde las administraciones públicas. Si existe salida del laberinto, habrá de llegar indudablemente desde un nuevo empleo, en un nuevo contexto productivo bien alejado del formato de casino de la última década; habrá de transitar por la inversión pública procedente tanto del Estado como de las Comunidades Autónomas, lo que significa romper con el tabú del déficit e impulsar políticas fiscales menos graciosas con los más favorecidos; y habrá de contemplar necesariamente la protección social de cuantos en mayor grado padecen las consecuencias de la crisis y de los colectivos menos privilegiados.

    En progresión creciente, las más de 34.000 personas desempleadas en la provincia leonesa son las primeras que deberían beneficiarse de este programa de acción. Pero a su lado, evidentemente, se situaría el conjunto de pequeñas y medianas empresas, la legión de falsos autónomos y todos los afectados por expedientes, concursos y demás situaciones de incertidumbre; es decir, la mayor parte de nuestro sistema productivo provincial. Después de más de un siglo esperando una revolución industrial que nunca ha llegado a estas latitudes, sensato es reconocer que los viejos modelos están agotados y que es necesario alumbrar un nuevo patrón de crecimiento. Por desgracia, el derrumbe financiero y otros pecados han limitado el desarrollo de algunos embriones que habían empezado a crecer en nuestra geografía, pero no nos cabe duda de que el futuro deberá perseverar en esa línea. Nos referimos a los proyectos tecnológicos y energéticos, a las infraestructuras logísticas y del transporte, a la renovada fe por la innovación y por la ciencia lanzada desde el mundo universitario. Junto a todo ello, urge insistir en el desarrollo rural, en las estrategias de sostenimiento de la población, en el impulso de la formación y en las redes de atención social que deben ser construidas sobre todo desde lo público. A nuestro modo de ver, todo ello aconseja más que nunca la ampliación del formato del diálogo social hasta un tercer nivel, el provincial, donde implicar a las administraciones locales con competencias y presupuesto en esas materias y coordinar sus resultados con el que pueda derivarse de otros foros más generales. En ese sentido, un pacto de Estado por el empleo y por la economía productiva, con implicación del Gobierno central pero también de los gobiernos de las 17 Comunidades Autónomas, se revela absolutamente imprescindible.

    Los datos con los que hoy contamos nos indican que no otro es el camino para salir de este invierno económico. Probablemente eso no signifique entrar de nuevo en la primavera, para lo cual todavía habrá que salvar otras dificultades, pero nos situaría en condiciones de conseguirlo. Frente a ello, repetir moldes, nombres y fórmulas que se han descubierto como ruinosas sería un suicidio social colectivo.

Publicado en Diario de León, 1 mayo 2009

martes, 21 de abril de 2009

VÍCTOR PEÑA: Hora décima


     Sobre el escenario del gran teatro del mundo los personajes deambulan y anhelan compartir con los espectadores su peripecia personal. Aunque, si bien se mira, tal vez no sea tanto suya como de unos autores que escriben teatro para sentirse hacedores de algo, demiurgos, más o menos como cualquier ser humano, sea éste agricultor, prestamista o policía municipal. El caso es que todo en la vida discurre sobre un escenario y cada cual encarna el papel del que en apariencia se es merecedor; a veces incluso por encima de las propias posibilidades, lo cual en el género dramático acostumbra a considerarse sobreactuación y no suele despertar buena crítica; a veces, tristemente, por debajo de las posibilidades, y en ese caso surge la tragedia.

     De modo que el catálogo es extenso, al menos tanto como los siglos de historia del acontecimiento teatral, es decir, de la vida misma. Así, ocurre que pudimos haber sido reyes de Tebas o hijos ciegos por el destino, en cuyo caso habríamos ocupado un lugar insigne en los altares del psicoanálisis y en toda biblioteca que se precie. De haber sido donjuán o burlador, que parece lo mismo pero no es igual, se nos venerarían en las bibliotecas escolares y retornaríamos eternamente a la escena cada mes de noviembre. Y, en fin, nos cabría haber sido un tal Godot, con lo cual, además de resultar tediosos, hubiéramos generado un número importante de tesis doctorales. Pero no, nada más lejos: nuestro autor, ese nombrado Víctor Peña, ha querido que seamos simplemente hombre y mujer, si bien en un acto de generosidad que él sabrá a qué atribuir ha osado apellidarnos y escribirnos como mujer-bufanda y hombre-hambre.

     Sepa pues el lector (o el espectador, que ya veremos si llegamos a ser materiales en alguna ocasión) que este Peña es un simbolista de mucho cuidado, porque además de servirse de tan vistosos patronímicos, nos coloca en medio de un decorado con barrotes metálicos, una ventana con imágenes, alambradas y muñecos de peluche. Y si todo ello no fuera suficiente para tras un primer vistazo situarse en alerta ante la representación, hete aquí que el texto progresa aderezado por voces en of, sonidos de bombonas de oxígeno o relojes insensibles para los que no existe otra hora que la décima. De esta forma se plantea, por lo tanto, nuestro argumento, una historia deprimente en la que realidad y memoria se persiguen y confunden a sí mismas, en la que ella y yo pretendemos una mínima dosis de ternura pero acabamos siendo patéticos, y donde casi no hay espacio para la esperanza si no fuera porque nos emocionan todavía las canciones de Rubén Blades, por más que sea Maná quien las interprete en este caso.

     Cuentan de nuestro autor que practica un realismo esquizofrénico –que ya les vale a los críticos a la hora de inventar etiquetas– y que la condición del ser humano constituye el objetivo de sus miradas. Debe ser así, en efecto, porque nuestra obra es evidentemente realista, aunque no de ese realismo sucio que gusta a los adolescentes; porque es altamente esquizofrénica como medio de exploración y no hasta el punto de convertirse en patología; y porque la condición humana, la mía, la de la mujer, esto es, la de cualquiera, sea traficante de armas o funcionario, se expone ante la platea como un verdadero animal en el momento de su disección. Y en ese instante lo que ven los ojos del que mira no es precisamente complaciente.

     Pero, en fin, qué es lo complaciente cuando se pierden guerras, desparecen hijos o la desnudez de los cuerpos sólo permite descubrir cicatrices. En esos casos, dicen, uno sólo se complace en la memoria torcida y en la reescritura de los renglones desviados. Ella y yo lo sabemos bien. O nos los ha hecho saber ese Víctor que nos golpea con nombre tan ostentoso. Ese Víctor escritor que muestra un pulso literario de tal calibre que es capaz de filtrar géneros para elegir en cada caso el formato más adecuado a sus fábulas. No es extraño que en este caso haya elegido el teatral, tan alejado de la afectación, de las digresiones y de otros vicios de la literatura triunfante. Aquí solamente hay palabra seca, acción explícita y movimiento tosco. Todo lo demás viene sobrando. O casi todo, porque al cabo la ornamentación le corresponde al espectador/lector que nos acomoda a sí mismo y nos reinterpreta. Cuando esto sucede, casi como si se tratara de un místico arrebato, del patio de butacas o del sillón orejero emerge la figura curiosa del espectador/lector/actor, ese ser estudiado por la entomología que delira de leer. Y ya en el colmo de la insensatez, si la abducción que todo escritor persigue llega a su extremo, lo que semejante éxtasis genera es la eclosión del espectador/lector/actor/autor. Exactamente aquello que pretende provocar en su alambique literario nuestro Peña para ser absolutamente esquizofrénico.

     Si lo dijo Borges, que es el supremos bibliotecario, qué no vamos a mal decir nosotros: “Sólo una cosa no hay. Es el olvido”. Por eso, a pesar del delirio de la trama, la obsesión principal que venimos a expresar es la pervivencia del recuerdo, el último reducto de la existencia. “Busquemos, busquemos. ¡No olvidar! ¡No olvidar!”, gritamos en el desenlace cuando ya de la mujer y del hombre sobreviven únicamente las voces, ecos sombríos en un escenario sin luz. Más o menos lo que podría ocurrirle a cualquiera, fuese uno sindicalista, editor o alcalde, que tanto da.
Presentación del libro en Valladolid, junio 2009
Prólogo a la obra del mismo título, de la que fue autor Víctor Peña,
publicada por Eje Producciones Culturales, mayo 2009

sábado, 21 de marzo de 2009

Esplendor y decadencia de los museos

    Durante los últimos veinte años, coincidiendo con ese estado gaseoso en el que se acomodó la sociedad occidental, se crearon en Europa más museos que nunca en su historia. El urbanismo global erigió un nuevo icono imprescindible como elemento tractor de masas, movidas en este caso por el afán de consumo con vitola intelectual. En España, a rebufo de lo ocurrido con el Guggenheim bilbaíno, a lo largo de la última década del pasado siglo y primeros años del actual, se estableció una notable competencia entre las comunidades autónomas y sus ciudades para albergar sedes museísticas y establecimientos culturales singulares, como auténticas catedrales de la neomodernidad. El Gobierno de Castilla y León se sumó a esta carrera con la puesta en marcha de tres museos propios de referencia, más un cuarto en ciernes: el Museo Etnográfico de Castilla y León en Zamora, el Museo de Arte Contemporáneo (MUSAC) en León, el Museo de la Siderurgia y de la Minería en Sabero y, próximamente, el Museo de la Evolución Humana en Burgos. Y, cómo no, la provincia leonesa, tan rezagada en otras materias, copió el modelo y amplió su álbum con algunos cromos bastante vistosos, que culminará en estos días con la inauguración del muy sorprendente para estos pagos Museo Bíblico y Oriental: Fundación Vela Zanetti, Centro Leonés de Arte (CLA), Museo de la Radio en Ponferrada, Museo Etnográfico de León en Mansilla de las Mulas, Casa-Museo Sierra Pambley, etc.

    A pesar de que en 1994 la Junta de Castilla y León promulgó su Ley de Museos como un loable intento de ordenar la política museística en la región y coordinar tanta diversidad en un momento de esplendor, lo cierto es que nada o casi nada en esa intención se llevó a la práctica. Por el contrario, la amplia y variopinta relación de titulares públicos, privados, eclesiásticos… y la ausencia de nexos de colaboración han acabado convirtiéndolos en islas a la deriva y, en ocasiones, al borde de la colisión. Así, lo que pudo ser una marea cultural provechosa desembocó en un enjambre sin concierto, en evidentes desequilibrios entre presupuestos y ofertas, en trato injustificadamente desigual desde sus entidades matrices y, a veces, en situaciones administrativas complicadas. Eso sucede, por ejemplo, con el Museo de León, cuya gestión corresponde a la Junta, pero la titularidad del edificio y de la mayor parte de las piezas es estatal. Como tampoco parece fácil de explicar , por citar otro ejemplo elocuente, que los presupuestos del año 2009 prevean para los veintisiete centros de que dispone la Junta (9 museos provinciales, 9 bibliotecas y 9 archivos) una cantidad global de 600.000 € en el capítulo de actividades, mientras que el Museo de Sabero vaya a recibir él solo 900.000 € para el mismo fin; eso sí, vía Fundación Siglo.

    Porque ésa es, probablemente, una de las claves del desconcierto: las fundaciones. A nuestro entender, son la Fundación Siglo, gestora de los museos, y la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León el verdadero cerebro y mano ejecutora de la Consejería de Cultura, a quien suplantan en teoría por razones de eficacia, pero que al cabo resultan entes nada transparentes y con políticas a la carta. Tanto es así que el recién dimitido director del MUSAC, Rafael Doctor, no era tal, sino Jefe de la División de Arte Contemporáneo de la Fundación Siglo. La misma que ahora ha decidido emplear sus recursos en su nueva niña bonita, el Museo de la Evolución Humana, y abandonar a su suerte la apuesta estrella anterior, el MUSAC. Nada nuevo, pues del mismo modo obró con éste respecto a su precedente, el Museo Etnográfico de Zamora. Claro que no es lo mismo dejar a la intemperie museos clásicos, con obra de valor contrastado y por tanto perdurable, que a otros de arte contemporáneo, que mueren por inanición al no poder adquirir obra nueva de relevancia. Un problema todavía mayor si atendemos a los entresijos tóxicos del mercado del arte contemporáneo, condicionado por vaivenes más financieros que propiamente artísticos, lo que hace que en muchos casos las colecciones de esos museos estén sometidas a valoraciones relativas y por tanto efímeras.

    Precisamente por todo ello nos preguntamos ahora cuál va a ser el futuro del MUSAC. Su irrupción en el mundo cultural no estuvo exenta de controversias y, a pesar de que contó con barra libre desde la administración regional, necesitó también de andamiaje externo para sostenerse frente a los prejuicios. De hecho, CCOO hizo público su respaldo en las fechas de su exposición inaugural, “Emergencias”, abril de 2005. Siguieron luego derroches, propuestas sugestivas, innovación, exposiciones de calidad irregular aunque siempre al menos con un eje extraordinario… hasta el punto de que en la actualidad nadie, ni crítica ni público, discute su éxito y su importancia. Ahora bien, después de tanta abundancia, ¿sabrá nadar en la estrechez? Es ya evidente que su anterior director ha demostrado que no, superado al parecer por un stress que para sí hubieran querido muchos de sus empleados. Y yendo más allá todavía, ¿se puede admitir sin castigo y sin sonrojo el giro de la política cultural de la Fundación Siglo o, lo que es lo mismo, de su subsidiaria Consejería de Cultura? ¿Quién y por qué ha decidido romper juguete tan valioso, en el que tanto dinero público se ha invertido?

   En fin, el invierno económico que todo lo asuela y que nos hace más pobres de día en día arroja sus borrascas también sobre las lápidas, los lienzos preciosos, los bichos disecados y cuanto habita en nuestros museos. Corto es el camino que va del fulgor a la decadencia. ¿Habrá llegado entonces el momento de que alguno de ellos cierre sus puertas y que sus piezas busquen acomodo en los supervivientes? Parece duro pensar así, pero tampoco es descabellado llegar a la conclusión de que, después de una época de desenfrenada reproducción, la nueva realidad imponga la selección en la especie. En ese caso, el debate necesario pasa por acordar de modo racional el baremo con que haya de producirse semejante decantación: ¿la calidad de lo expuesto? ¿el número de visitantes? ¿el anclaje en itinerarios culturales más ambiciosos?… En definitiva, lo que el Ateneo Cultural “Jesús Pereda” pretende desde esta tribuna no es más que arrojar una mirada preventiva sobre el futuro inmediato y avanzar la polémica. Sea como fuere, siempre nos quedarán las palabras consoladoras del poeta inglés William Woordsworth: «Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no os apenéis, porque siempre perdurará la belleza en el recuerdo».

Publicado en El Mundo de León, 21 marzo 2009

domingo, 22 de febrero de 2009

Contra las privatizaciones

    Uno de los dogmas que con mayor fuerza castiga a nuestra sociedad a lo largo de los últimos tiempos es la idea neoliberal de la presunta superioridad de la empresa privada sobre la pública, desde el punto de vista de la eficiencia, de la eficacia y del control. Esta idea, que poco a poco se ha ido extendiendo desde los sectores políticos y económicos más conservadores hasta algunas de las organizaciones sociales y políticas más progresistas, ha hecho posible la creciente privatización de los servicios públicos de todo tipo, sin distinción alguna.

    Curiosamente, en el momento actual de desconcierto por el que atraviesa el mundo, esa tendencia se expresa de forma muy contradictoria. Mientras que el Estado acude al rescate de las iniciativas privadas tóxicas para salvar el sistema, las administraciones públicas aprietan el acelerador de la privatización, a veces por razones puramente financieras, a veces por simple complicidad con los sectores de la construcción a la deriva. En el caso español cohabitan una y otra faceta, sobre todo por lo que se refiere a los ayuntamientos endeudados y a las grandes constructoras, a la vez auténticas multinacionales de los servicios. En parte, estas razones explican también el azote privatizador que está sacudiendo a la provincia leonesa desde todos los sectores y para todos los colores, tal y como veremos a continuación.
    Desde la Junta de Castilla y León, en el marco del llamado Pacto Local, se va a proceder al traspaso de diversos centros a las entidades locales, entre ellos las escuelas de educación infantil (guarderías), que en nuestra provincia serían las de Ponferrada, Astorga y Fabero. El citado Pacto deja abierta la puerta a la privatización del servicio, puesto que si el ayuntamiento en cuestión tiene ese servicio privatizado con anterioridad, le permite optar por la forma de gestión que consideren más adecuada. Por eso los trabajadores y trabajadoras de las escuelas infantiles se han movilizado para reclamar que se mantengan en el ámbito de la Junta de Castilla y León y que no se lleven a cabo unas transferencias que suponen, a buen seguro, una privatización de un servicio público como es la educación de los niños entre 0 y 3 años, con el correspondiente deterioro en la calidad de dicha educación y un importante encarecimiento. Por ello reclaman a la Junta el reconocimiento de la Educación Infantil como un tramo más del sistema educativo y, por lo tanto, su integración en la Consejería de Educación, al igual que el resto de ciclos educativos. Así mismo, piden que se potencie, consolide y amplíe la red de centros educativos de titularidad y gestión pública y la creación de un Programa de Formación Continua para los educadores de esos centros.
    
    La Diputación Provincial ha decidido seguir también esa senda y, a través del Diputado de Servicios Sociales, ha confirmado la pretensión de privatizar el servicio de cocina del centro asistencial COSAMAI, en Astorga, y el servicio de lavandería en los cuatro centros asistenciales de la provincia: el ya mencionado en Astorga,  dos en León y otro en La Bañeza. Esta iniciativa no es sino la punta del iceberg, ya que la acción privatizadora podría incluir, además de estos servicios reseñados, otros de limpieza, enfermería y alquiler de esquíes, entre otros, de centros asistenciales y estaciones de esquí. Una medida que afectaría a un número significativo de trabajadores en asuntos tan transcendentales como retribución salarial y condiciones de trabajo.
    En menor escala, lo mismo está ocurriendo en la Mancomunidad de Aguas de la Comarca de Ponferrada ante la segregación de la misma de las entidades locales pertenecientes al municipio ponferradino. En la única reunión mantenida al efecto, el Presidente de la Mancomunidad manifestó la intención de que Ponferrada se segregaba y que  sobraban doce trabajadores, solicitando que los voluntarios que desearan irse pasarían a prestar sus servicios en la empresa concesionaria del Ayuntamiento de Ponferrada sin más especificaciones. Es decir, tanto en este caso como en el de la Diputación se está actuando con ocultamiento, sin cumplir con la obligada información y negociación con la representación laboral por la posible modificación de condiciones de trabajo o salariales de los afectados, que están siendo tratados como mercancía o como moneda de cambio.
    Finalmente, el Ayuntamiento de León encarna el paradigma de la demencia privatizadora y del absurdo político. Su proceder general y algunas de sus actuaciones en esta materia han merecido ya el siguiente juicio unánime de todas las secciones sindicales presentes en la entidad: uno de los mayores atentados a la legalidad cometidos en la historia reciente de esta provincia, una demostración palmaria de la incapacidad para gestionar los intereses públicos y un descomunal error político de inciertas consecuencias, únicamente imputable al actual equipo de gobierno PSOE-UPL. Claro que para despropósitos merece la pena también contemplar el comportamiento táctico de la oposición, el grupo del PP, que se traviste aquí de paladín del agua pública, como si no se tratara del mismo partido depredador que esquilma los servicios públicos en todos los casos anteriormente expuestos.
    Así pues, a juicio de CCOO, la defensa de lo público ha de ser una defensa trasversal y global, puesto que no estamos ante fenómenos aislados que deban combatirse caso a caso. Por el contrario, se trata de una auténtica estrategia general protagonizada por políticos deficientes, que fueron elegidos para gestionar, entre otras cosas, los servicios públicos, pero que han decidido abdicar de esa función en provecho de los grandes monopolios constructores y financieros. Exactamente los mismos que son responsables de la crisis que perturba y destroza todo el mercado laboral.

Publicado en Diario de León, 27 febrero 2009

martes, 3 de febrero de 2009

Manifiesto contra la privatización del agua

    Vecinos y vecinas de la ciudad de León, muchas gracias por haber participado en esta manifestación de rechazo por el intento de venta del Servicio Municipal de Aguas de esta ciudad. Muchas gracias en nombre de las organizaciones que conforman la Plataforma Leonesa contra la Privatización del Agua, que aglutina a gran parte de la sociedad civil desde posiciones vecinales, sindicales, ecologistas, estudiantiles, políticas y culturales.  Muchas gracias por vuestro clamor, por vuestras firmas y por vuestro compromiso contra esa traición.
    El agua de León sigue siendo pública; es preciso decirlo bien alto. No caigamos en el derrotismo de quienes piensan que ya es un hecho consumado. Es absolutamente falso. El Ayuntamiento se ha limitado a aprobar la composición de la comisión municipal que informará  el cambio de gestión. Todas las posibilidades siguen abiertas por lo tanto.
    Es más, si os animáis a consultar la propia página web de nuestro Ayuntamiento, junto a la imagen cándida de una niña bebiendo un vaso de agua, encontraréis en ella un texto revelador que todavía dice: “El Servicio Municipalizado de Aguas es un área muy próxima a los vecinos, a unos ciudadanos que perciben una atención cercana respecto de un elemento básico como es el agua”. Curiosamente, lo escriben en su propia propaganda aquéllos que ahora desprecian la voluntad popular e ignoran a su ciudadanía. Ése es su primer delito.
    El segundo es haber caído en el dogma que castiga a nuestra sociedad a lo largo de los últimos tiempos: la idea neoliberal de la presunta superioridad de la empresa privada sobre la pública, desde el punto de vista de la eficiencia, de la eficacia y del control. Esta idea, que poco a poco se ha ido extendiendo desde los sectores políticos y económicos más conservadores hasta algunas de las organizaciones sociales y políticas más progresistas, ha hecho posible la creciente privatización de los servicios públicos de todo tipo, sin distinción alguna. El agua es, precisamente, su eslabón más débil, porque es un monopolio natural, un mercado cautivo, sin alternativa para los ciudadanos, dominado por grandes empresas transnacionales que controlan el 90% de la facturación mundial. En España sólo dos empresas manejan más del 80% del negocio privado de la gestión del agua. El poder de estos dos grandes grupos, verdaderos oligopolios multiservicios, y su capacidad de presión ante las instituciones están condicionando las reglas de la libre concurrencia, afectando a la neutralidad y rigor en las adjudicaciones, y, por supuesto, al ejercicio efectivo del control por parte de las administraciones sobre la calidad del agua y del servicio prestado. 

    Porque si el agua se privatiza:
  • Subirá su precio, puesto que la empresa privada intentará recuperar con beneficios la inversión realizada. 
  • El Ayuntamiento dejará de percibir los ingresos de un servicio eficiente  y saneado, que genera cuantiosas ganancias. 
  • Seguiremos pagando la mejora de la red mediante impuestos especiales, porque la empresa privada no reinvertirá los beneficios en las infraestructuras del agua. 
  • Desaparecerán de la gestión consideraciones sociales  y medioambientales, como la atención a personas sin recursos, el abastecimiento a barrios desfavorecidos, las tarifas que primen el ahorro y castiguen el despilfarro, la  protección de acuíferos y ecosistemas, etc. 
  • Se sustituirá la actual plantilla por otra más reducida y en condiciones laborales precarias, lo que minará la calidad de la prestación del servicio.
     Así pues, si el Servicio de Abastecimiento de Aguas de la ciudad de León cuenta en la actualidad con una buena gestión, siempre mejorable como lo atestiguan los informes de la concejala dimitida, y está reportando beneficios a las arcas municipales que aún pueden ser mayores, la excusa de que la situación económica del Ayuntamiento es muy grave y es necesario hacer caja para cuadrar las cuentas es débil e inconsistente. Y, por otro lado, hemos de insistir en el rechazo de cualquier tipo de planteamiento que sólo contemple los servicios de utilidad pública desde el punto de vista puramente económico, sin atender  al bienestar de los ciudadanos y ciudadanas. Además, calificamos la decisión tomada como irresponsable, porque cualquier cambio en la administración de un Bien Común y un Derecho Básico, como es el agua, tiene que obedecer a la mejora real del servicio, no a la obtención de financiación con la que enjugar, momentáneamente, el déficit municipal.
    Vecinos y vecinas, el abastecimiento de agua pública es una conquista social conseguida con el esfuerzo común de varias generaciones de leoneses y leonesas. Su buen funcionamiento se debe al buen uso que hace de él la ciudadanía y a la buena gestión de los gobernantes municipales, a los que elegimos para que asuman esa responsabilidad y no para que deleguen en terceras personas. Si en los últimos años han vendido nuestro suelo, nuestros jardines, nuestras brigadas de obras, y ahora pretenden hacer lo mismo con el agua, entonces no tenemos un alcalde, sino un liquidador del patrimonio de todos los habitantes de la ciudad de León.
    Por todo ello, del mismo modo que hoy hemos respondido con nuestra participación en este acto, es absolutamente imprescindible continuar la presión hasta modificar esta barbaridad, tal y como hicimos hace cinco años con su anterior intento privatizador. Y para ese fin os convocamos nuevamente a tomar este Ayuntamiento y esta plaza el día en que el Pleno municipal aborde la aprobación inicial del expediente de venta. 

    Vecinos y vecinas, es una causa justa, es la defensa de nuestro bien común más preciado, que es y debe seguir siendo de todos nosotros.


Manifiesto leído al final de la manifestación contra la privatización del agua,
6 febrero 2009

viernes, 9 de enero de 2009

Puro teatro

    El curioso devenir de los centros culturales de referencia en la ciudad de León acaba de añadir un nuevo capítulo a su historia, el del Teatro Emperador, convertido recientemente, por obra y gracia del Ministerio de Cultura, en Centro Nacional de las Artes Escénica y de las Músicas Históricas. Bajo el respetable pretexto de salvar un edificio emblemático en todos los sentidos, los gestores estatales de la cultura han acudido al rescate no se sabe bien de quién o de qué con una iniciativa diseñada aparentemente ad hoc, pero que entraña en principio serias dudas en cuanto a su materialización y una escasa sintonía con el tejido cultural local, tal y como se ha recogido en algunos artículos de prensa. Parece oportuno, pues, alentar un debate público acerca de este proyecto y sus implicaciones, no con el ánimo de echarlo abajo gratuitamente, como es costumbre en el martirologio leonés, sino todo lo contrario, para no repetir errores y para que exista una adecuada polifonía, tan necesaria no sólo para las músicas históricas. Ése es, entre otros, el papel que en este caso quiere jugar el Ateneo Cultural “Jesús Pereda” de CCOO, que presentamos en la ciudad de León el pasado mes de noviembre.

     Para empezar, lo que es evidente es que esta ciudad no dispone ya de ningún teatro propiamente dicho ni quedan expectativas de tenerlo algún día si nos atenemos a la literalidad de la decisión que acaba de tomarse. Existen sí salas menores y admirables, como la del Albéitar, espacios multifuncionales que no nacieron para tal, como el Auditorio, o ruinas de un esplendor pasado, como el viejo Trianón, que duerme un sueño eterno en el limbo del olvido. A pesar de que el Ministro de Cultura ha declarado que quiere convertir al Emperador en un “teatro del siglo XXI”, como poco parece difícil que las condiciones de un espacio escénico destinado a la representación dramática, stricto sensu, encajen con el contenido que se pretende dar al nuevo Centro. Mejor hablar por tanto de infraestructura cultural nacional, tal y como el propio Ministro también lo ha nombrado. Además, aun suponiendo que en su catálogo musical y escénico hubiese hueco para lo teatral, las fronteras marcadas para sus actividades –todo lo vinculado a la Corona de España entre los siglos VIII y XVIII, según acotó César Antonio Molina- impiden expresiones que se escapen de esos límites y abarquen un repertorio más universal. Así pues, olvidémonos para siempre de que la ciudad de León figure en los itinerarios nacionales o regionales por los que giran las compañías teatrales, a no ser que continuemos pervirtiendo el destino con el que en su día se concibió el Auditorio, cualquier auditorio. Es decir, volvemos a quedar al margen de la red de teatros públicos, generalmente municipales, en la línea del Teatro Español en Madrid, el Calderón en Valladolid o, más cercano, el Teatro Bérgidum en Ponferrada.

    Pero no está claro tampoco que las artes escénicas a las que el Centro Nacional pretende atender, ligadas por lógica a las musicales, encuentren en el limitado Emperador su acomodo más idóneo. ¿O no recuerda nadie las dificultades que se produjeron en él tiempo atrás para la representación de ópera u otros acontecimientos de magnitud, acerca de los cuales memoria debiera guardar sin duda Teresa Berganza, llamada ahora casualmente a comulgar en este nuevo altar? Por más que el Ministro anuncie obras de restauración y acondicionamiento, las dimensiones y otros pormenores imprescindibles son los que son y valen para lo que valen, siempre y cuando queramos ser escrupulosos a la vez que ambiciosos en la programación del nuevo Centro y en su cometido. Quiere ello decir que buena parte de la oferta que en él se produzca habrá de buscar ubicación necesariamente más allá de su propia sede, lo cual nos remite una vez más al único espacio en la ciudad capaz de acoger semejantes actos, el Auditorio. Es más, cabe pensar que las obras referidas coincidirán durante varios meses, quizá años, con una actividad que anuncia su puesta en marcha a partir del próximo mes de febrero; una razón más para suponer el secuestro del Auditorio durante ese mismo periodo.

    En consecuencia, la conexión entre el Auditorio Ciudad de León y el Teatro Emperador se descubre como capital en el nuevo proyecto, lo cual exigirá una labor de coordinación fina que permita, de un lado, la interactuación entre ambos entes y que evite, de otro, su más que posible interferencia. No nos referimos sólo a ajustar calendarios o a compatibilizar recursos humanos de diferente naturaleza laboral, sino a redefinir ámbitos de actuación y a establecer pautas políticas culturales radicalmente diferentes a las habidas hasta la fecha. A modo de ejemplo y sin ir más lejos, cabe esperar que, cubierto el espectro más clásico por el uno,  rediseñe y abra el otro el suyo hacia lo moderno conforme a esa nueva realidad, y no nos encontremos con duplicidades en la oferta que serían el hazmerreír tanto del público como de los interventores de la hacienda. O, yendo más allá, alguien debería reclamar también desde los despachos del Auditorio la justa reciprocidad en el uso del Teatro, que permitiera una complementariedad a todas luces fundamental. En tal supuesto, se cubriría de paso el déficit teatral que antes hemos denunciado
    Sin entrar en más detalles, éstas y otras cuestiones importantes solamente podrán abordarse y solucionarse si se crea un nexo formal entre el Patronato que dirija el Centro Nacional de las Artes Escénicas y de las Músicas Históricas y el Ayuntamiento de León, titular del Auditorio. No puede ser que el Ministro de Cultura se exhiba al recoger las llaves del Teatro como un moderno Mister Marshall, en tanto que el Alcalde se limita a decir que fue en ese lugar donde “se quedó encerrado en un baño por primera vez” mientras veía la película Ben-Hur. Y diremos más: ante la fértil polémica suscitada y para una mayor transparencia, el Ayuntamiento debería aprovechar el nuevo escenario cultural que se nos presenta para abrir la participación y promover la intervención ciudadana en esta materia. Ello no le restaría decisión política, sino que lo colocaría en el polo opuesto a lo que algunos llaman malintencionadamente puro teatro.

Publicado en El Mundo de Léon, 9 enero 2009 

viernes, 2 de enero de 2009

ANDY CHANGO: Boris Vian

    Desde que a finales de los años setenta aquel argentino de gamuza azul que se llamaba Morís le cambiara el paso al rock español, muchos otros compatriotas suyos han seguido la senda que ha enriquecido el pop de estas latitudes con sus aportaciones. Después de Ariel Rot, de Sergio Makarof, de Andrés Calamaro y de otros que ni siquiera llegaron a dar el salto, como Charly García o Kevin Johansen, posiblemente el penúltimo eslabón lo encarne Andy Chango, un flaco cantante y pianista que, tras su aterrizaje en las postrimerías del pasado siglo, ha editado cinco discos con el que hoy presentamos.

    Además de servirnos para conocer mejor el caleidoscopio musical que se esconde detrás de Chango -casi un artista de culto y por tanto con ligera repercusión mediática-, el disco encierra varias otras virtudes que lo hacen tremendamente atractivo para quienes gusten de las buenas canciones. Para empezar, el eje sobre el que se apoya, es decir, la figura de Boris Vian, precisamente en el año en que se cumplen los cincuenta desde su muerte. Reconocido sobre todo como escritor y poeta (inolvidable La hierba roja), no se debe olvidar que fue también cantante y músico. Frecuentador de los templos del jazz en el Saint-Germain-des-Prés más existencialista, allí conoció a Duke Ellington, Miles Davis y Charlie Parker. Y de hecho llegó a realizar el catálogo de jazz para Philips y fue su director artístico. Pero lo que aquí descubrimos es su vertiente cantable y lo hacemos además en español, gracias a un ejercicio de traducción y adaptación en el tiempo llevado a cabo por gentes tan doctas en el oficio como Javier Krahe o Luis Antonio de Villena.

    Así pues, el disco soporta todo tipo de audiciones, desde la más desenfadada, ya que muchas de sus letras son un glosario irónico de figuras chocantes, hasta la fetichista para los devotos de rarezas y otras maldiciones del arte; desde la del curioso que se asoma a un mundo desconocido y descubre la sorprendente actualidad del espíritu patafísico de Vian, hasta la del que se deleita en arreglos musicales finísimos para lo que se estila. Se puede disfrutar así mismo de la colaboración del seleccionado argentino, con Andrés Calamaro, Ariel Rot y Fito Páez como tridente. Por último, nos permite recuperar uno de los emblemas del pacifismo más radical, la canción “El desertor”, interpretada aquí en inglés, que le costara varios disgustos al bueno de Boris por incitar a no cumplir el servicio militar en los tiempos en que Francia tenía sus más y sus menos con la ocupación argelina. En fin, agradezcámosle a Andy Chango que nos haya hecho tan espléndido regalo y aguardemos con impaciencia sus actuaciones en directo, por si llegaran, y su próxima entrega titulada más que adecuadamente Nada que decir.

Publicado en Notas Sindicales, febrero 2009