Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

martes, 29 de junio de 2010

Hoy por ti, mañana por mí

    La relación de mis colegas y de sus aventuras en el noble ejercicio de la picardía es hartamente conocida: Guzmán de Alfarache, el Buscón Don Pablos, la pícara Justina, Rinconete y Cortadillo, Marcos de Obregón, el bachiller Trapaza, etc. A su difusión ha contribuido sin duda ese gremio sádico que se dice a sí mismo profesores de literatura, empeñados en explicarnos el género y en obligarnos, durante la edad temprana, a su lectura. Y no está mal que así haya sido, pues al cabo a ello debemos, entre otros beneficios, el sabernos manejar con cierta solvencia en lo que denominamos cultura general, de tan leve lustre en los tiempos presentes.

    Digo esto por lo interesante y didáctico que podría resultar que fuesen los tales profesores de letras quienes nos vinieran a explicar el acontecer de la economía moderna. Sólo así, quizá, podríamos alcanzar a entender qué demonios es eso de la prima de riesgo de la deuda española o aquello de la liquidez para afrontar depreciaciones súbitas de activos. Si no fuera porque suena a gato encerrado, no me digan que no parece pura lírica. Claro que, de paso, no nos vendría nada mal que levantaran acta novelada de los personajes y peripecias que en los entresijos de la crisis han sido. Porque díganme ustedes si a estas alturas son capaces de enumerar, como sí pueden hacer con el catálogo de mis compañeros de ficción, algún nombre de esos jetas del mercado y de las finanzas que no sea el del tontamente abatido Bernard Madoff o el de los intangibles hermanos Lehman.

    Es más, ¿cuántos de esos canallas padecen cárcel o galera? ¿cuántos han paladeado el suave honor del suicidio? ¿cuántos han sido sometidos a ley y justicia acá o allá? ¿cuántos políticos griegos, cuántos gobernantes húngaros, cuántos ediles autóctonos han respondido por trampear los más elementales ejercicios de la aritmética presupuestaria? Lo que impera es la consigna del silencio, no vaya a ser que nos salpique el jolgorio o que no podamos repetir la verbena con otros actores. E incluso el vulgo, sometido a padecimientos que no han hecho más que empezar, parece impasible al quebranto y no deja de admirar al transgresor como si fuera uno mismo. Lástima que haya mermado tanto la calidad del mercado de antihéroes y que en el olvido se pudran, no ya los ñoños ejemplos del XVI y el XVII con un servidor a la cabeza, sino también los muy venerados en tiempos Bonnie & Clyde, Edward Teach, Doc Holliday, T.E.Lawrence o aquel anarquista pacífico llamado Henry Thoreau, que nos enseñó que “la ley nunca liberará a los hombres; son los hombres los que deben liberar a la ley”.

Publicado en Notas Sindicales Digital, julio 2010

viernes, 18 de junio de 2010

La plaza pública

Plaza Santo Domingo (León) in illo tempore
   En las plazas de nuestras ciudades y de nuestros pueblos se ve la vida de sus habitantes de forma casi tan nítida como si entrásemos en sus cocinas y abriésemos los frigoríficos. Cómo es la geometría y disposición de esos espacios públicos, qué gentes o máquinas deambulan por ellos, cuáles son sus actividades de referencia, de qué modo combaten los elementos… son aspectos que dicen mucho o lo dicen todo de quiénes somos o cómo nos comportamos cuando convivimos con los otros en un territorio familiar.

    De repente alguien tocado por no se sabe bien qué don o desgracia ha tenido la ocurrencia de que la Plaza de Santo Domingo de la ciudad leonesa sea declarada bien de interés cultural. Según parece con el fin de preservarla para la posteridad, dados sus supuestos valores históricos, arquitectónicos o vaya usted a saber. Lo cual nos revela, si no fuera porque siempre hay gato encerrado en estas piruetas urbanísticas, el concepto que del interés cultural tiene ese alguien; incluso el concepto de bien, que ya es decir. Se mire como se mire, es ésta una plaza contaminada desde todos sus ángulos: desigual en su fisonomía, con algún edificio notable, es verdad, pero con un par de ellos que ofenden la mirada; irrespirable en conjunto, preñada de vehículos, especialmente autobuses, que devoran todo bienestar; peligrosa por lo mismo, con seis pasos de peatones y otros tantos juegos de semáforos para regular el riesgo; ruidosa pero no por la algarabía humana, sino por motores y sonidos anejos; intransitable tanto por lo anterior como por la colección de mobiliario urbano dispuesto al efecto para una bonita gymkhana; e inhabitable, en fin, porque cualquiera se detiene allí para solazarse en el pulso ciudadano… He ahí el significado de lo que algunos entienden por bien de interés cultural, poco menos que la barbarie. Eso sí, se cita una fuente ornamental como seña emblemática a salvar, como si estuviésemos hablando poco menos que de la Fontana de Trevi o la de la edad de Luis Mateo Díez.

   Pero no nos equivoquemos. La aventura del diseño reciente de las plazas públicas arroja en nuestra ciudad y en nuestra provincia un balance penoso. La aparente modernidad con la que se ha querido actuar sobre muchas de ellas ha acabado convirtiéndolas en su mayoría en lugares inhóspitos, desangelados, exactamente lo contrario que cabría esperarse de un espacio público tan propicio para el intercambio y la convivencia. Si uno piensa, por ejemplo, en lo que fue y en lo que es la llamada Plaza de las Palomas o del Ayuntamiento lo comprenderá de inmediato: un enclave muerto, si se exceptúa el mínimo jardincillo, lo que dice mucho de lo que es y no es. Por lo general, las plazas se desnudan y se focalizan hacia una actividad y un público que excluye al resto, se las abre en canal para que a su través penetren los fríos y los soles según épocas, y se limpian sus horizontes para que queden vistosos los monumentos en las postales y en las fotografías de los viajeros. Ésos parecen ser los criterios, a los que inevitablemente se une una estética llamémosle fascista de espacios amplios dispuestos para colosales demostraciones de masas.

   Quizá haya todavía quien recuerde que hace algo más de una década se convocó un concurso de ideas para remodelar la Plaza del Ayuntamiento de la ciudad de Ponferrada con motivo de la construcción bajo ella de un aparcamiento. Aquel concurso se declaró desierto, debió ser que no había ideas, y los técnicos y políticos del municipio se encargaron por su cuenta de levantar una superficie vacía, plana, yerma, opuesta de raíz a cuanto una plaza pública pueda tener de acogedora. La conclusión es evidente: lo que realmente importaba era el reino subterráneo de los vehículos; la vida de las personas en superficie era subsidiaria. Menos mal que durante este tiempo la Ponferradina ha ascendido de división en dos ocasiones, lo cual debe justificar seguramente los baños de multitudes  para los que al cabo se condenan estos lugares a mayor gloria de los que oran desde el balcón municipal.

    Algo parecido podríamos decir, al referirnos a la ciudad de León, respecto a su Plaza Mayor, la de Regla o la de San Marcos. La primera es un perfecto ejemplo de un pésimo aprovechamiento y de una lastimosa acción política; a pesar de sus cualidades naturales y consuetudinarias, lo que fue una encrucijada para el comercio se limita hoy al mercado de miércoles y sábados, mientras triunfan en ella los botellones nocturnos legales e ilegales que condenan cualquier otro uso, incluso el puramente residencial, certificando su perpetua degradación. La de Regla es el típico modelo de reserva para turistas y ceremonias de presos perdonados, ajena a la realidad diversa y cotidiana del resto de la ciudad y por lo tanto irreal; como ese árbol artificial de navidad que le colocan año tras año a modo de reminiscencia hortera de lo que pudo ser y no fue. Y la de San Marcos es el clásico decorado para imágenes cursis de boda cursi, pequeñas paradas militares y, últimamente, exaltaciones del padel, donde sólo son felices las palomas que beben en sus peculiares bañeras y los que fuman a la puerta del Parador porque dentro ya no se lo permiten. En resumen: si en las plazas, como hemos dicho, se muestra la vida de los habitantes de una ciudad, los leoneses y leonesas debemos ser básicamente borrachos, teatralmente religiosos y esencialmente aparentes.

    Lo cual que hemos escuchado a una concejala del Partido Popular remachar lo de la Plaza de Santo Domingo, afirmando sin rubor que “constituye un entorno clave para el paisaje urbano de León”. Pues estamos arreglados; si a lo antes indicado acerca de nuestras cualidades tenemos que añadir ahora que ése es el paradigma de nuestro paisaje urbano, está claro que merecemos estar fuera de Castilla, fuera de Europa y fuera del planeta, porque demostramos ser auténticos extraterrestres. Y entiéndaseme: no digo que la solución que promueve en estos momentos el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de León sea la más aceptable, pero todo lo que pueda contribuir a hacer de ese entorno clave un lugar más humano, agradable y dicharachero debiera ser saludado con satisfacción al menos por las gentes de bien.

Publicado en El Mundo de León, 28 junio 2010 

miércoles, 2 de junio de 2010

MARIANNE FAITHFULL: A secret life

    Seguramente no sea éste el mejor disco de Marianne Faithfull. Probablemente tampoco estemos ante las melodías más inquietantes de Angelo Badalamenti. Pero la suma de talentos, salvo imperdonables errores de producción que no se dan en este caso, suele arrojar resultados más que interesantes.

    Por un lado, a pesar de que el disco tenga ya una edad (se editó en 1995); a pesar de que no estemos ya ni mucho menos ante la muestra más manida y juvenil de aquel Londres de sexo, droga y rock & roll; y a pesar de que hace décadas que su voz se rompió y desgarró para siempre, sea por su halo legendario, sea por cuanto es capaz de evocarnos, siempre es recomendable volver sobre este icono de la cultura popular, sobre la Faithfull, paradigma de autodestrucción y supervivencia. Por otro lado, en aquellos tiempos Badalamenti ya había adquirido prestigio y popularidad, sobre todo gracias a sus colaboraciones en bandas sonoras con David Lynch, así en la serie de televisión Twin Peaks como en las películas Blue velvet y Corazón salvaje; además de haber compuesto, curiosamente, varias fanfarrias de los Juegos Olímpicos de 1992. Estábamos, pues, ante dos artistas maduros y en clave de aventura estilística, el uno en progresión y la otra de vuelta de casi todo, que se reunieron para explorar juntos la vida secreta.

    Y lo que descubren, lo que nos descubren a los oyentes, es un disco oscuro, diez canciones envueltas en una atmósfera teatral, por cuyas grietas en el decorado melódico se cuela rotunda una voz cavernosa y agria, por más que ya sólo la contamine su única adicción activa a la nicotina. Y se cuela, cómo no, la vena doblemente dramática de esta mujer, la de la vida y la de las bambalinas, su otra vocación: “no dejo de volver una y otra vez a Shakespeare”, declaró en 2008. Así que nos regala aquí como testimonio previo de esa fe su recitación conmovedora de un texto del poeta inglés y de otro traducido a esa lengua del omnipresente Petrarca, en una construcción literario-musical que concluiría con sus dos discos posteriores en los que adapta nada menos que a Kurt Weill y a Bertolt Brecht. Nada que ver ya con la cantante virginal de los años sesenta, nada de la musa de los Stones; pero sí mucho del espíritu de cierto cabaret berlinés, que siempre vuelve encarnado en mujeres que dejaron atrás los tacones altos, y de la actriz que encontró su cima en la película Irina Palm (2007), de Sam Garbarski, interpretando a una intrépida abuela convertida en estrella del sexo manual para pagar el tratamiento médico de su nieto. Como se podrá deducir, hay múltiples vidas secretas en el entorno de Marianne Faithfull (Celeste publicó su autobiografía en 1995), de tal manera que su música al fin y al cabo es casi un artículo para el sosiego.

Publicado en Notas Sindicales, julio 2010

jueves, 29 de abril de 2010

Gürtel

    El caso es que mi señor, el rey Carlos, se habría mostrado complacido de haber tenido la oportunidad de asistir como espectador a eso que han dado en llamar asunto Gürtel. Digo esto por dos razones que sin duda no se les escaparán a ustedes, pero que con su licencia paso a glosar.

    De un lado, sabido es que mi señor fue, además de rey de España, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que apellidaba de Austria o de Habsburgo –tanto da- y que, por ende, reconocería que Gürtel no es otra cosa que cinturón en lengua alemana. Es decir, correa, tal y como se conoce al cabecilla de esa trama de chorizos. Claro que si hablamos de chorizo en sentido no figurado, tal vez hubiese sido mejor nombrar al expediente como Kette, cadena o serie de cosas unidas, que es lo que vendría a ser más o menos en Alemania una auténtica corra, no correa, de chorizos. Creo que me entienden.

    Por otra parte, de pocas corras pero de muchos chorizos estaba nuestra España llena en tiempos del gran Emperador, que fueron también los míos. Se dice que proliferaban los vagos y que, de cinco millones de habitantes, nada menos que ciento cincuenta mil eran vagabundos. También sabemos que no otra causa hubo para ello que la equivocada política económica, donde contrastaba con total desvergüenza la vida lujosa y culta de la corte con la ruina general del país, lo que ha llevado a algunos ilustrados a afirmar que la España de Carlos I era un gigante con pies de barro. Me atrevo a pensar que a muchos de ustedes les suena esta melodía casi como si de la actualidad hispana se tratase.

    Por todo ello creo que sería conveniente una relectura de mi propia historia novelada por Don Diego Hurtado de Mendoza, pues en ella encontrarían, modestamente, la escala de valores de un país que tampoco se ha modificado en gran manera en los últimos casi 500 años. De aquellos polvos estos lodos, me atrevería yo a decir sin miedo a que me tachen de deslenguado. Ahí continúan, por ejemplo, el desarraigo, la soledad, la pobreza, la honra como apariencia externa y el comportamiento nada ejemplar de los órganos rectores de la sociedad. Aunque, eso sí, si en algo hemos progresado ha sido en movilidad social y en democratizar los embutidos, especialmente el confeccionado con mucho pimentón en tripa cular o de otra clase. Para mi desgracia, yo no pude más que cumplir la profecía de mi primer amo: “yo te digo que si un hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú”. Efectivamente, como humilde pregonero de vinos en la ciudad de Toledo acabé mis días.

Publicado en Notas Sindicales Digital, mayo 2010

lunes, 26 de abril de 2010

2010: Empleo con derechos

     Ni los tiempos buenos fueron lo bastante buenos en nuestra provincia, ni los malos aparentaban ser todo lo malos que lo han venido siendo en otras ciudades y regiones del país. Siempre hemos dicho que la provincia leonesa era un lugar discreto para las estadísticas económicas, a veces quizá contradictorio; salvo en lo que se refiere a las dinámicas de población, donde desgraciadamente sobresalimos por su pésima evolución, el resto de constantes que normalmente venían siendo analizadas nunca arrojaban resultados espectaculares. Ni en lo bueno ni en lo malo, aparentemente.
 
    Hubo un tiempo, eso sí, más o menos entre los años 2005 y 2007, en que el signo histórico parecía a punto de modificarse para bien y se generaron expectativas muy interesantes, que por desgracia la crisis ha vuelto a poner en cuarentena o ha acabado por anular. Será cuestión de mala fortuna una vez más o que sencillamente nuestros pies eran de barro, pero lo cierto es que la provincia sufre en estos momentos un riesgo evidente de perder el escaso suelo sobre el que se apoyaba su aparato productivo y sus orientaciones para el futuro.
 
    El desorden energético es uno de los elementos clave de este nuevo declive. Las fuentes tradicionales, pese a un ajuste tremendo en épocas anteriores y a planes que parecían un seguro de vida a medio plazo, retornan a la zozobra constante a causa del casi monopolio, de la dudosa rentabilidad y de los inconvenientes ambientales cada vez más serios. A ello se ha unido el difícil control sobre las térmicas, dejadas al capricho de decisiones extranjeras o sometidas al imperio de los compromisos con los productores de gas. Por otro lado, las fuentes renovables, que parecían haberse convertido en panacea, se debaten entre la incertidumbre de los cupos y el vaivén de las primas, mientras padecen los abusos de la burbuja de lo sostenible, donde han ido a abrevar muchos de los especuladores que han viciado otros sectores de la producción.
 
    A su lado, los brotes de la investigación y del desarrollo no acaban de florecer en la magnitud esperada. Seguimos teniendo fe, por ejemplo, en cuanto puedan aportar los proyectos de CIUDEN en Ponferrada y del INTECO y del Centro de Supercomputación en León; pero los parques tecnológicos no dejan de ser eternos embriones y la Universidad con su polo científico bastante tiene con adaptarse a los nuevos tiempos sorteando deudas. Hay empresas relevantes en el campo biotecnológico y farmacéutico, pero hemos perdido la confianza en las marcas clásicas. Al lado de todo ello la apuesta por la formación tampoco despega; buena muestra de ello es la ausencia o falta de compromiso de las organizaciones empresariales con el nuevo Centro Integrado de Formación Profesional.
 
   Finalmente, las infraestructuras se retrasan más de lo previsto, la articulación de las bases logísticas no se termina de definir, el aprovechamiento del patrimonio cultural y natural se limita a iniciativas aisladas, el potencial agroalimentario no se moderniza, y la RENAULT continúa en Valladolid, que para muchos, lamentablemente, sigue siendo casi el único problema. Este es el panorama de la provincia de León en mayo de 2010. Seguramente incompleto, seguramente parcial en la descripción, pero esclarecedor en lo que pudo ser, en lo que posiblemente no sea ya y en lo que, sin embargo, tendrá que ser porque de otro modo no recobraremos aliento.
 
    Son nuestras preocupaciones inmediatas este 1º de mayo, porque sobre ellas se asienta lo que entendemos que es la prioridad general: el mantenimiento y la recuperación del empleo. Naturalmente, empleo con derechos, como reza el lema elegido para la ocasión, y sin recortes. Cuando el sueldo medio de un país es de 1.000 euros, el problema no son los salarios, es otro. Desde luego no lo es tampoco el sistema de pensiones, para las que reclamamos dignidad y menos cuentos. Para UGT y CCOO una aspiración legítima de la sociedad española es alcanzar un modelo productivo cimentado en la calidad del empleo, la igualdad, la formación de hombres y mujeres, la mejora de la productividad y unos salarios dignos, así como  en un elevado nivel de protección social. Por todas esas razones y por los ideales de paz, de justicia, de solidaridad y de libertad volveremos a salir a las calles 120 años después de que lo hicieran los primeros trabajadores y trabajadoras españoles.


Publicado en Diario de León, 1 mayo 2010

miércoles, 31 de marzo de 2010

FELIPE ZAPICO: Litro de Versos


EL AUTOR.
     Por más que quisiera pasar desapercibido, este tritón del Bernesga siempre lo ha tenido muy crudo. No sólo por su tamaño notable, cosa evidente, sino, y sobre todo, por la magnitud de sus quehaceres, de sus inquietudes, de sus amistades y de su pendencia. Hombre poliédrico donde los haya, tanto frecuenta la música, como el cine, como la fotografía, como la poesía, como la vida. Oficialmente dicen que es especialista en bases de datos, en evaluación de recursos y calidad, en información científico-técnica, en multimedia y documentación audiovisual, y en recuperación de información y búsquedas. Todo ello desemboca en su condición de Doctor en Documentación por la Universidad de Salamanca y Profesor de Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Extremadura. De todos modos, como se apreciará, a pocas personas como a él se les puede aplicar aquello de por sus obras lo conoceréis.

LAS OBRAS.
·  Música. Líder de Los Deicidas, grupo leonés 1983-1993. "Éramos unos muchachos entusiastas, inconscientes, románticos, con ganas de juerga y sin mucha simpatía hacia la autoridad. Adornábamos nuestros cuerpos con chapas de nuestros héroes, nuestras orejas con pendientes y nos protegíamos del frío de León con chaquetas de cuero y con carajillos de coñá. Nada del otro mundo en una ciudad aburrida, burguesa, de misa diaria y ropa de domingo los domingos. Era divertido de cojones chillar, berrear y tocar mal instrumentos eléctricos de mala calidad. Siempre había uno que se reía y otro que protestaba. Misión cumplida, pues". Ver http://www.myspace.com/deicidas
·    Cine. Intérprete del personaje Narciso el Valvulista en el cortometraje Estirpe de tritones y en el largometraje posterior Tritones: más allá de ningún sitio. Ambas sobre las peripecias del submarino de bolsillo de la clase Tritón de la Consejería de Marina de la Junta de Castilla y León. Ver http://www.estirpedetritones.es/
·  Poesía. Autor de Tragos (nº 3 de la colección Traviesas de Poesía: http://traviesasdepoesia.blogsome.com/), Litro de Versos (Eolas Ediciones) y el inédito El ladrón de peras.

EL LIBRO.
Colección de poemas de 1988 (“una época en que nos hubiera gustado ser punkies y escupir palabras verdaderas” según Eloísa Otero), en la senda de Bukowski (“un poema es una ciudad llena de calles y de cloacas… / un poema es el mundo”). Un libro de gerundios, es decir, de adverbios, circunstancias, duración… unos poemas antiguos que perduran, aunque no sean exactamente esencia. La expresión lírica de un punk que llora: “Versos de amor y desamor (…) Contra la soledad, las heridas, las desventuras, la fragilidad, el desvalimiento, la locura” (Eloísa Otero).


EL TEXTO (Inédito).
Consejos contra la gripe humana
No beses
si no amas.
No des la mano
si no sientes afecto.
No des la espalda
ni a tu padre.
Presentación del libro en Valladolid, marzo 2010

miércoles, 10 de marzo de 2010

Yanquis en palacio

    ¿Qué hubiera pensado el capitán Samuel Edward Widdrington, uno de aquellos viajeros románticos del siglo XIX, al acercase en la actualidad al Palacio del Conde Luna? ¿Cuál hubiera sido su descripción del monumento si atendemos a la restauración que ha hecho de él sombra de lo que fue? ¿Le hubiera merecido la pena relatar el hallazgo como hizo mediado aquel siglo dentro de su libro Spain and the spaniards in 1843? Probablemente no. A los efectos, le hubiese sido mejor releer su propia crónica de viajes o los artículos de historiadores subsiguientes, porque con toda seguridad el Palacio de este siglo XXI le hubiese dejado frío y estupefacto. Podría, eso sí, haber aprovechado la ocasión para intercambiar unas palabras en perfecto inglés con sus nuevos habitantes / propietarios o confundirse entre las levas de visitantes locales, pensionistas sobre todo, asombrados todavía por lo que puede dar de sí la vida real y la historia de cartón piedra.

    Las labores de restauración suelen ser, por lo general, controvertidas. La pugna entre los puristas y los atrevidos viene a sumarse a la más gremial entre arquitectos y arqueólogos, por ejemplo, o entre conservadores y restauradores propiamente dichos. Eso por no citar las diatribas que se entablan entre la ciudadanía en general cuando de recuperar edificios o espacios urbanos se trata, donde cada cual defiende sus tesis como el más riguroso de los entendidos. En todos esos conflictos acaba interviniendo el tercio de los políticos, no necesariamente formados, no necesariamente leídos, pero que al cabo son los que aprueban los presupuestos y suelen padecer de un afán de gloria reñido con la sensatez. Y, por supuesto, tampoco debe ignorarse el papel que juegan los especuladores del suelo u otros poderes fácticos del patrimonio, como la iglesia católica y sus jerarquías.

    Así las cosas, la recuperación del patrimonio histórico y su puesta en uso arrojan resultados para todos los gustos, según el criterio triunfante. En la provincia leonesa encontramos muestras notables de todo el repertorio, desde el sacrilegio y la barbarie hasta la propiedad y el buen hacer. Por citar casos concretos que lo ilustren (aunque todo sea opinable) me permito indicar entre los primeros la Iglesia de Palat del Rey, donde se enterró sin sonrojo el alma de la ciudad de León, y entre los segundos el Monasterio de Carracedo, una simple consolidación de ruinas sin más pretensiones que no ha impedido sin embargo disfrutar de tan espléndido cenobio. Por el medio quedan todas las piedras romanas y muchas de las medievales, que entre la voracidad de los constructores, el laberinto de competencias y la incuria global, no se sabe si alguna vez llegaremos a apreciar en toda su magnitud. Y mientras tanto, sin restarle el más mínimo mérito y valor al edificio, la catedral gótica se ha convertido durante las últimas décadas en el más insaciable devorador de fondos sin que haya visos de que pueda atenuarse alguna vez tan exagerada digestión.

    Lo del Palacio del Conde Luna es plato aparte. Su rocambolesca historia incorpora de por sí los elementos necesarios para escribir todo un método del abuso y de la negligencia. Sin entrar en los pormenores de sus orígenes, cronología y titularidades –que dejaremos para consumo de estudiosos-, baste para ello atender simplemente al variado catálogo de actividades que ha acogido bajo su techo desde los tiempos de la desamortización hasta nuestros días: casa de vecinos, salón de baile, garaje, almacén de frutas y de vinos, entre otras. Y situémonos por fin en los tiempos presentes, en plena floración de la neomodernidad palaciega, para juzgar si hemos conseguido de alguna manera al menos romper con tan nefasto sino. A nuestro modo de ver, todo lo contrario. Si exceptuamos el adecentamiento e iluminación del pórtico principal, el resto de decisiones que se han adoptado parecen más bien un muestrario de vanidades provincianas y de actuaciones poco menos que contrarias a sentido, cuando no directamente necias. Pírrico bagaje.

    No consuela, ni mucho menos, su supuesta salvación. Por el contrario, nos mueve a preguntarnos qué fue de algunos de sus elementos constructivos originales, que se hizo de sus maderas y de su patio central, a qué intereses no confesados se sacrificó la esencia interior de su torre renacentista, por qué esta obsesión por habitar puerilmente un monumento que era valioso por sí mismo sin otro aditamento… Más bien da la impresión de que se ha actuado con alevosía, promoviendo una nueva realidad de bisutería –cara, pero bisutería al fin y al cabo- acomodada al gusto estético de sus nuevos moradores; es decir, un edificio con cierta pátina histórica, como los que nos depredaron años atrás los poderosos yanquis para trasladarlos a sus propiedades, que ahora, en cambio, gentilmente les cedemos, con el marchamo figurado además de haber servido como sede real en tiempos remotos. Toda una Disneylandia, en suma.

    Es lo que hay, como sentenciaría la resignación popular. Pero no es necesariamente lo que habrá, o no debería serlo al menos en una sociedad madura y participativa. Es sólo un ejemplo de los asuntos a los que conviene entregar el pensamiento y la reflexión colectiva cuando nos detenemos a analizar las ciudades en que vivimos. Lo escribió Platón en su Carta VII al señalar que la función del pensamiento era “salvar la polis”. Con mucha más modestia, es lo que persigue el Ateneo Cultural “Jesús Pereda” de Comisiones Obreras con el ciclo de conferencias titulado Pensar la Ciudad, cuya segunda temporada se inicia este mismo mes de marzo, a la vez que presentaremos la edición de las que se impartieron a lo largo del año 2009. Con toda seguridad, no habrá ya tiempo ni medios para vengar la afrenta del Conde Luna, pero sí para prevenir otras atrocidades urbanas de las que todavía no estamos a salvo.

Publicado en El Mundo de León, 18 marzo 2010,
y en Notas Sindicales, mayo 2010

viernes, 19 de febrero de 2010

Picaresca

    Yo, como bien conocerán sus mercedes, vine a nacer en la aldea salmantina de Tejares y di en morir con mis huesos en la noble ciudad de Toledo, a la sombra del arcipreste de San Salvador. Lo que aprendí en ese trayecto de vida no fue otra cosa que, para quienes nos es adversa la fortuna, sólo con fuerza y maña remando se sale a buen puerto. Luego, con los siglos que se sucedieron y contemplando la realidad desde la atalaya del presente, he descubierto también que la condición de pícaro se ha hecho perenne en las españas, hasta el punto de que una cualidad de nuestra historia es haberla universalizado al fin, como la seguridad social o la educación obligatoria pongo por caso. Sin duda, una auténtica contribución al progreso de la humanidad, para cuya demostración bastaría –a mi parecer- con echar una ojeada a las cuentas del estado griego o a los entresijos de los bazares financieros, que en estos años de crisis ponen de relieve hasta dónde llega el muy sagaz ejercicio democrático de la picaresca.

    Pero yo a lo que venía era a que entiendan ustedes la virtud que hace del periplo vital una necesidad, no sólo para la supervivencia. Está bien lo del apego al terruño y a las raíces, pero les confieso que a veces no queda más remedio que convertirse en nómada. Llevo meses leyendo las disputas pintorescas entre salmantinos y leoneses, incluso entre naturales de otras provincias, por convertirse en sede de los nuevos caudales regionales, como si la clave de todo fuese simplemente ubicarse a orillas del Tormes o del Bernesga. Nada he leído, sin embargo, del porqué de estas cuitas, ni de dónde nacen los agujeros de esos montes de piedad, ni acerca de los contubernios personales o políticos que los envuelven. Tampoco he visto cautela alguna en las posiciones que se adoptan, como si no pudiera ocurrir que a medio plazo la caja fuerte se privatizara y acabara sentando sus reales en algún emirato del Golfo Pérsico. Y pocos, muy pocos en verdad, se han atrevido a colocar en primera línea del argumentario el auténtico eje del embrollo: el mantenimiento de la naturaleza jurídica de esos establecimientos. En fin, quizá sea porque siempre he vivido entre pícaros, truhanes, vagos, espadachines y ladrones, pero esto es lo que modestamente se le ocurre a uno ante tal espectáculo. A saber qué pensaría de todo ello mi señor el rey Carlos I, que abandonó su Gante natal para gobernar todo un imperio. ¡Menudo pelotazo!

Publicado en Notas Sindicales Digital, marzo 2010

viernes, 5 de febrero de 2010

JOSÉ CENTENO, LUIS DÍEZ y JULIO PÉREZ: Curas obreros

LOS AUTORES.
     José Centeno García. Licenciado en Filosofía y Teología. Ha sido consiliario de la JOC (Juventud Obrera Católica). Pertenece a las Comunidades Populares. Actualmente milita en movimientos sociales y estudia a los grupos cristianos comprometidos con el mundo obrero.

EL LIBRO.
     Publicado por Heider Editorial. Explora la existencia de una iglesia militante en las filas de oposición al franquismo, que representó una cierta seguridad para muchos españoles. La presencia de curas obreros, jóvenes seminaristas enrolados en movimientos sindicales y secularizados en los movimientos sociales fue un excelente antídoto contra el anticlericalismo de la clase obrera que venía evidenciándose desde el principio del siglo XX.
Presentación en León, 5 febrero 2010

viernes, 22 de enero de 2010

NURIA RUIZ DE VIÑASPRE: El pez místico

LA AUTORA.
     Escritora y editora nacida en La Rioja en 1969. Ganadora del Premio de Poesía Ciudad de Tudela 2n 2004. Se la puede encontrar en el blog personal http://www.rasca-cielos.blogspot.com.es/ y en su propia página web http://www.nruizvinaspre.com/.

EL LIBRO.
     Publicado por Olifante Ediciones de Poesía. Dice de él S. Andrés Montaner: "...es el jeroglífico de la piedra filosofal en estado puro. A veces es su propio pez el que nace en el agua metafísica y vive en ella a pesar de sobrellevar metamorfosis a merced de sus manos. Liofiliza su cuerpo separándolo de sus sustancia original. Muerte y renacimiento. Es un pez misterioso, nitrogenado. Un pez sin huesos, una iconografía cristiana. El humano quiere una y otra vez pescar simbólicamente este pez dejando estéril ese trozo de agua para adueñarse de su lado más abstracto, de esa iconografía. Insiste en sacarlo de su medio, pero una vez en sus manos le desconcierta ese lado terrenal que tanto le acerca al desierto en el que se ha convertido la Tierra. Este pequeño pez en el ancho mar es al fin alcanzable gracias a sus múltiples muertes. Un pez filosófico convertido en un pescado. Un metido en un traje".


EL TEXTO.
El pez místico cayó en tierra
agua primordial filosófica
era su moral en cruz
pero descendió a este suelo nuestro
dejándolo vacío y roto
¡qué hallazgo de esqueleto
hallé en este ser tan equívoco!
¡qué hermética su materia
fijada en el ancla de mi vida!
¡qué inequívoca declaración de amor!
Presentación en León, 22 enero 2010