Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 3 de septiembre de 2023

Pintadas

            El barrio de al lado amaneció hace unos días decorado con pintadas dicen que románticas y el vecindario se indignó. Es natural, nada es más ofensivo hoy que una declaración romántica o que se le parezca. La más hiriente que me he encontrado en los últimos años estaba escrita sobre una pared de la estación de autobuses de Mieres y allí resiste, aunque seguramente se encontrará también en otros lugares porque su autor original, si bien no suele conocerse, fue Oscar Wilde: “si no tardas mucho, te espero toda la vida”. Un texto que recuerda bastante al que hace unos años destacaba en un muro, hoy desparecido, de la también estación de autobuses de Soria: “No me iré sin recordarte lo mucho que te quiero”. No sé qué tienen las estaciones de autobuses, tan horrorosas por otro lado, tan insípidas, para albergar este tipo de pensamientos. Ya quisiera yo que se escribieran sobre las paredes de mi barrio y no sobre las de al lado, no me quejaría. A lo mejor soy yo quien los ha escrito en una noche de sonambulismo. Mi caligrafía, no obstante, es distinta, debo confesarlo, porque si algo repele de las pintadas del barrio de al lado es su caligrafía: también para ser romántico hay que cuidar las formas, aunque se vaya por la vida de transgresor. No basta con escribir “te recuerdo en cada suspiro”, es que hay que hacerlo suspirando de verdad y con el fin de que su destinatario o destinataria pueda suspirar también, no salir corriendo, que es lo que pasa cuando no se cuida la letra u otras formas menos evidentes. Acaban diciéndonos que no insistamos más. La verdad es que los chicos y chicas de mi barrio siempre fuimos muy del equipo de Goethe, que éste sí que influyó sobre el romanticismo, y nunca nos olvidamos de algunas de sus enseñanzas: “Todos los días deberíamos oír un poco de música, leer una buena poesía, contemplar un cuadro y, si es posible, decir algunas palabras sensatas”. De ahí la reacción de ese otro barrio, porque sucede que lo bonito mancha y desordena conciencias.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 3 septiembre 2023

domingo, 27 de agosto de 2023

Frío

            Si la pugna entre contrarios tiene algo de benéfico, posiblemente nada nos redima mejor del calor sufrido que el recuerdo o la esperanza del frío. Luego, en unos meses, pensaremos lo contrario y obraremos a la inversa, pero ahora, culminada la canícula de agosto, el refresco nos llega de inmediato con sólo soñar la posibilidad de una temperatura que atempere: “Ma che fredo fa…” cantaba en el Festival de San Remo en 1969 la cantante italiana Nada Nalanima. Y escucharla reconforta.

 

            Lo clásico se alza siempre por encima de lo moderno y por eso mismo no se necesitan ni virtualidades ni avatares ni inteligencias artificiales ni meta-nada para aliviar sofocos y limpiar sudores. Basta con asomarse al cancionero y salir a pasear con un puñado de cantables en las orejas a modo de ventilador elemental. Aseguro que funciona.

 

            Al fin y al cabo, “in this life, coming in from the cold”, nos recordaría de inmediato Bob Marley desde su laberinto rítmico, a lo que habrían de replicar sin mayores aspavientos Manolo Tena y Enrique Urquijo al alimón, allá donde habiten: “Estoy ardiendo y siento frío…” Es de ahí de donde deriva el único inconveniente de ese campo semántico: que el frío cantado no es un fenómeno meteorológico sino una pose sentimental. A diferencia del calor, que es todo un mundo en sí dentro del repertorio musical, el frío pasa enseguida de lo externo a lo interno sin remedio y nos resfría el alma con extrema facilidad. Conviene, pues, tomarlo en pequeños sorbos. “La tentación de pecar me daba frío sin ti”, confiesan a dúo los muchachos de Navajita Plateá; y no se nos olvidé tampoco el martirio y la melopea de Jesús de la Rosa al frente de Triana: “porque a mí meatormenta en el alma tu frialdad”. Por cierto, salvo Nada, todo chicos quejosos.

 

            De una forma o de otra, pronto una corriente heladora enlazará las cumbres del Moncayo y de Peña Ubiña para coronar otras estaciones. Tornaremos entonces a entonar canciones cálidas y bailables y nos abrigaremos hasta un nuevo verano.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 27 agosto 2023

domingo, 20 de agosto de 2023

Climaterio

            Si de simples semejanzas formales se tratara, cualquiera podría concluir que hablamos del tránsito del clima no se sabe bien hacia dónde o de la pérdida de fertilidad del planeta precisamente por esos mismos motivos. Los falsos amigos del lenguaje se comportan así. Además, este tipo de desviaciones lingüísticas son más frecuentes cuanto más insólito nos resulta el asunto al que nos referimos, bien por puro exotismo en sí, bien por su rareza en las conversaciones. Quizá eso -lo extraño- explica en parte que un buen amigo me hable a veces de los gatos de angola o de chicas delgadas como sífilis. Con absoluta naturalidad.

 

            Lo del climaterio, en cambio, nada tiene que ver con exotismos puesto que es común, sino más bien con lo inusual en la conversación, ya sea por un falso pudor en algunos casos, ya sea porque hay asuntos de los que directamente no se habla. Salvando las distancias, yo mismo, sin ser una excepción, nunca hablé con nadie de mis transformaciones físicas o biológicas, salvo ahora que ironizo con las citas médicas. Y eso que entonces se producían en sentido de progreso, a diferencia de esta edad actual en la que uno va de caída. No es normal entre hombres, jóvenes o no, hablar de ello. ¿Es normal entre mujeres? Lo más raro en cualquier caso es que se produzca entre unas y otros cuando, en realidad, nos ayudaría bastante en el conocimiento que compartimos.

 

            Se trata de hablar y de escuchar, dos verbos de difícil conjugación en ciertas situaciones y según qué interlocución. Leo, en paralelo a la redacción de esta columna, un artículo en un diario nacional sobre la experiencia del posparto en varias mujeres. El denominador común de sus relatos es la soledad y el silencio. No suelen servir en esos casos ni las etimologías populares ni los eufemismos para hacer una gracia o una sugerencia por si alguien quisiera oír. Es lo que toca, parece ser el lema que nos rige en esos mundos tanto a hombres como a mujeres. O hablar del clima, que siempre es más que socorrido.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 20 agosto 2023

domingo, 13 de agosto de 2023

Beneficios

            En uno de los debates que integraron la quinta edición del Foro de la Cultura celebrado el pasado año, señalaba el periodista Santiago Segurola que “en algunas cadenas [de televisión] el 50% de las noticias son sucesos, la realidad política o cultural empieza a no valer nada para lograr audiencia. Cuanto más sensacionalismo, peor información”.

 

            Comento esto porque, ciertamente, hay noticias que nos saturan y noticias que requieren del buceo para dar con ellas. Entre las primeras se sitúan los sucesos, por supuesto, pero también los deportes (el fútbol en particular), el turismo y sus excesos y, en los últimos tiempos, todo lo que tenga que ver con la salud. Entre las segundas se colocan todos los análisis de fondo que requieren atención y esfuerzo de unas neuronas por lo general infrautilizadas. También las que cuestionan el status de los poderes establecidos. El valor entonces de los artículos de opinión para resaltar lo opaco es trascendental.

 

            Pongo de relieve hoy los datos que ofrece el Observatorio de Márgenes Empresariales, elaborado por el Ministerio de Asuntos Económicos con la colaboración de la Agencia Tributaria y del Banco de España. Merece la pena su lectura, pues no hay espacio en una columna para tanta y tan importante información, búsquenlo, es público. Una parte de ella nos confirma de modo oficial que el sector energético ha obtenido en los últimos 12 meses un margen de 97.805 millones de euros. También el turismo, la hostelería y la cadena alimentaria han ensanchado notablemente esos márgenes. En general, los márgenes empresariales han crecido el triple que los salarios desde 2019. En suma, los beneficios crecen a costa de la sociedad (inflación) y de sus trabajadores y trabajadoras (reparto del valor añadido).

 

            De esto apenas se habla en los informativos y, desde luego, tampoco en las campañas electorales, pero es nuestra realidad, la que condiciona en gran medida nuestras vidas y es importante. Mucho más que los sucesos, que el fútbol y que el SIBO.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 13 agosto 2023

domingo, 6 de agosto de 2023

Riego

            No quedó más remedio que desembocar en la consulta de asuntos vasculares para hablar de sequías y de regadíos y para rematar la faena con un par de recetas de esos medicamentos con los que, mucho antes de nosotros, había comulgado ya algún familiar cercano. Y menos química, claro, y menos tractor. Todo ello a causa del secano que se ha adueñado de algunas fincas de mi propiedad, cuyo remedio es muy dudoso por otras vías digamos más ecológicas. Máxime cuando ahora las huestes rancias y revenidas nos acusan de la demolición de presas en España, lo que añade a la enfermedad un inesperado dolor de conciencia. Al fin y al cabo, por unas razones o por otras, todos los enfermos somos responsables en mayor o menor medida de cuanto nos ocurre: se llama haber vivido.

 

            Son cosas del riego, se decía antiguamente, y todo el mundo parecía entender a qué se referían. Pero no estoy seguro de que sucediera igual si dijésemos, como se enuncia en la actualidad, claudicación gemelar y otros pormenores menos digeribles. No, lo del riego era infinitamente más preciso, por impreciso, y explicaba a la perfección casi todas las dificultades físicas del existir: tiene problemas de riego, y todas las gentes cabales sabían a qué atenerse. Sin embargo, sucede ahora que cuantos más severos son esos problemas más nos gustan el golf y los jardines con césped estilo inglés, más dalias y geranios plantamos y más plásticos instalamos a la vera de Doñana. Cómo vamos a proceder entonces los miserables enfermos si, además, prestamos atención a los predicadores de los efectos secundarios de las vacunas.

 

            En fin, lloverá y escampará y esas lluvias aportarán aguas para nuevos riegos. A la postre, sea por edad o por calendario, estamos casi al final del año hidrológico. Veremos pronto cómo los caudales vuelven a crecer y cómo, a la par, llegará el riego hasta los últimos confines del cuerpo en la medida que toca: tampoco estamos para competir en las olimpiadas del próximo año ni para cultivar nuevos jardines.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 6 agosto 2023

domingo, 30 de julio de 2023

Jane

            Aunque no vaya a leerlos, sabrá usted por la presente, Jane B, que numerosos han sido los mensajes recibidos a causa de su fallecimiento días atrás. También la prensa y otros medios se han llenado de artículos y memoriales, en su mayor parte a beneficio de inventario, si exceptuamos el tan sencillo como atinado obituario cinematográfico publicado en revistatticus y el muy denso reportaje firmado en Le Monde por Véronique Mortaigne, donde se incluye además una fotografía estupenda de Pierre-Olivier Deschamps. En cambio, la serie de mensajes me parecieron mucho más sentidos, sin exageraciones, nada manidos, y quizá por todo eso llegaron a conmoverme de un modo inesperado. Sabemos los dos que no soy imparcial, no lo he sido nunca con usted, pero llego a pensar que todo ese aluvión de pequeñas esquelas son el testimonio de cuánto y bien la hemos honrado en vida Santos y yo al principio y yo más tarde a solas cuando a Santos le hizo ausentarse la muerte temprana. Ahora ha llegado la suya y nunca está uno preparado para esos sobresaltos ni para los dolores de alma que los acompañan. A pesar, bien lo sabe, de que me siento colmado por usted y de que ya poco más se podría esperar de la existencia: casi cinco décadas de perseguirnos. Pienso ahora que en algún sentido fue premonitorio el regreso casual a su antiguo barrio de Saint-Germain, hace un par de meses, sin esfuerzo ni apuesta para encontrarnos; es como si hubiera anticipado así la nueva costumbre de pasear en soledad por aquellos lugares donde tanto hemos amado. Bueno, no sé si seré capaz de repetirlo, creo que pasarán años antes de que yo pueda retornar al Jardín de Luxemburgo y desconozco si viviré para lograrlo. Mas, en fin, pensaré en usted, como venía haciéndolo de una forma habitual y constante en los andenes, en los trenes, en todas las estaciones del ser. Y pronto me acercaré a Palomares, a la tumba de Santos, para compartir allí un ramo de hojas muertas y una canción de su repertorio: Comment te dire adieu.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 30 julio 2023

domingo, 23 de julio de 2023

Tonto

            «Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos» es un hermoso libro menor de Rafael Alberti. Hermoso por su contenido, naturalmente, por sus formas y por su aventura vanguardista. Menor porque ni siquiera llegó a publicarse como tal, de manera que hoy solemos encontrarlo en edición ligada a «Sobre los ángeles». Es un libro sobre el cine, sobre los cómicos del cine de los años veinte del pasado siglo, aunque su título proviene al parecer de un viejo texto de Calderón de la Barca. Es decir, que se era tonto en el siglo XVII, en el XX y también el XXI, como veremos, aunque no estemos ya ante los tontos del cine mudo.

 

            No, el título me ha venido al presente mientras atendía con paciencia a cuanto ha dado de sí en materia electoral lo que va de año, que no ha sido poco. Me refiero, claro, a mensajes y propagandas, a declaraciones y debates, a programas y ademanes, a verdades y mentiras… Pero también, inevitablemente, a resultados y otras componendas subsiguientes, a pactos y gobiernos, a censuras y necedades… Sin alcanzar aún a lo que pueda suceder hoy, 23 de julio, y a lo que nos espera de cara al próximo mes de junio con la cita electoral europea, debo confesar que el resultado de todo ello es mi tontería. O mi doble tontería si seguimos la línea  de Alberti. Seguramente, yo era un tonto porque, a pesar de todo lo vivido, confiaba aún en la construcción política y convencido estaba de que en ella crecemos más o menos. Pero lo visto en estos últimos meses me confirma que no, que yo en realidad soy dos tontos. Incluso no descarto llegar a ser tres en 2024 porque lo de Europa traerá también su tela.

 

            En fin, releo al azar un poema contenido en el libro, “Buster Keaton busca por el bosque a su novia que es una verdadera vaca”, y me es fácil reconciliarme con mi idiotez poética, cosa que no consigo hacer cuando me siento ante los combates electorales o cuando sigo las sesiones de investidura. Al contrario, me desespero aún más, casi hasta la absoluta memez cívica.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 23 julio 2023

domingo, 16 de julio de 2023

Panadería

            La España que yo quiero cabe en la panadería de mi barrio. Cuenta con un surtido de panes variados en formas y en procedencias, porque ante todo es un establecimiento diverso: nos proporciona el pan, naturalmente, pero también cuenta con una amplia variedad de pasteles, bollería fina y otros dulces. Además, ofrece café. Y, por si fuera poco, añade huevos y leche a su catálogo. La panadería de mi barrio huele bien, esto es fundamental para una España a la que se pretende reducir al olor del ajo, huele a pan y a café, que son dos aromas de los más estimulantes que existen. Y así mismo suena bien, básicamente porque no hay discusiones entre quienes la frecuentamos, ni entre nosotros ni con los dueños, y, además, se adorna con una especie de hilo musical que nos asoma a la oreja canciones ni nostálgicas ni ñoñas ni burdas. Es una España que suena bonita: nadie habla alto. Y sus dueños, emprendedores o autónomos les llaman, son educados hasta el punto de desear a sus clientes, cuando dejan el establecimiento, un buen día. El colmo es que sea la dueña quien te lo desea porque siempre añade un vocativo, mocín o mocina, lo cual te alegra la mañana y la existencia toda. Así es la España de mi panadería. Con panes para todos los gustos, incluso con algún producto extranjero, como el croissant o la baguete, pero conviven bien porque no alardean de su procedencia ni tienen envidias entre sí. Tampoco los clientes, que por lo general presumen de sus pueblos en las conversaciones, pero nadie pisa el callo a nadie. Es una España donde todos los pueblos son bonitos. Hasta el objetivamente más feo. Aunque nos vale porque no hacemos patria de ello. Y en cuanto a nuestra versión como consumidores, lo cierto es que somos básicamente infieles y saltamos de la masa madre al centeno, de la chapata a la hogaza, y no pasa nada. Nadie nos reprocha nada ni nos riñe, nadie es más español que nadie compre lo que compre. De lo que ocurra el día 23 dependerá que mi panadería crezca o eche el cierre.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 16 julio 2023

domingo, 9 de julio de 2023

Cuidados

            En las próximas elecciones generales debería llevarse el gato al agua quien aborde en su programa el desafío de los cuidados. O quizá no. Quizá tampoco nosotros, votantes, nos hemos puesto a pensar en la magnitud de ese término y, por tanto, obvia meterse en berenjenales, pudiendo entretenernos en temas tan trascendentales para nuestras vidas como la unidad nacional o el holograma terrorista. Materias básicas para la existencia.

 

            Sin embargo, leo un documento sindical donde se reclama en esta coyuntura un pacto estatal de cuidados y su sólo encabezamiento me paraliza y me obliga a convertirme en su eco: “Los cuidados son esenciales, sin ellos no hay vida. Ni social ni laboral ni económica. Somos seres frágiles e interdependientes que requerimos cuidados en distintos momentos de la vida. Además, hay personas que los necesitan de manera permanente en prolongados periodos de su vida, que dependen de recibir cuidados para sobrevivir o para llevar una vida digna. Algo de tanta relevancia social no puede dejarse como un asunto privado, a resolver dentro de la familia, según los medios económicos de que disponga cada una. No puede quedar fuera de las políticas, las normas, los derechos laborales o los servicios públicos. Es un asunto colectivo, político y social de primer orden”. ¿Puede haber un objetivo político de mayor altura? ¿Un programa general de gobierno más completo? Recuerda en cierto modo uno de los enunciados de la Constitución de 1812: “el objetivo del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”.

 

            Bajando a la tierra, quizá sea por todo eso por lo que no hay despedida más fría que la de quienes se alejan con un imperativo suave en la boca: “cuídate”. Pareciera que, sin querer seguramente, nos arrojasen a la intemperie cruda y solitaria. Asumamos que el cuidado es una tarea compartida y digamos adiós en un plural de indicativo, como mejor procede: “nos cuidamos”.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 9 julio 2023

domingo, 2 de julio de 2023

Ganglión

            Me ha brotado la ultraderecha en el dedo anular de mi mano diestra. Lo ha hecho en forma de quiste mucoide. En un principio se trató sólo de una pequeña inflamación en el borde de la uña, un signo más de la artrosis, pensé yo, nada nuevo, otra expresión de la edad. Más tarde se le sumó una mancha extraña sobre la propia uña que poco a poco se ha ido adueñando de esa superficie con un aspecto nada agradable, como si la queratina tendiera a descomponerse. Sólo en ese momento me asaltó la preocupación y hubo que proceder al cordón sanitario. Quizá un poco tarde.

 

            La especialista me dijo que ese tipo de tumoraciones benignas es relativamente común, les ocurre sobre todo a los anestesistas, a las enfermeras y a quienes se entregan con afán a los trabajos manuales. Le confesé que yo no encajo en ninguno de esos colectivos y que, a mi modo de ver, bien podía ser una infiltración de la extrema derecha en mi falange, precisamente en la falange. Fue entonces cuando pronunció el nombre determinante para confirmar mi sospecha: quiste mucoide o ganglión. Consideró que lo oportuno sería realizar una ecografía para conocer hasta qué punto podría haberse producido un mal mayor y que, mientras tanto, dadas las largas listas de espera para las pruebas diagnósticas, lo mejor sería aplicar un antibiótico con el fin de combatir la posible infección. En cualquier caso, estas degeneraciones del sistema ya no desaparecen o es muy difícil su eliminación total. Si acaso, con un poco de cirugía estética: un corte con un bisturí fino que abra la carne y permita la expulsión del moco. Y esperar. Como dije antes, quizá tomé decisiones un poco tarde.

 

            Es lo que suele ocurrir con la extrema derecha y con la simple contemplación con la que en ocasiones es atendida por individuos, sectores y organizaciones de la sociedad. Sólo cuando se convierte en quiste nos alarmamos y a veces ni eso. Elegimos el moco. Es lo que está ocurriendo con dolorosa alegría en algunos parlamentos y gobiernos autonómicos.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 2 julio 2023