Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 5 de enero de 2025

Rugby

            No suele haber escapatoria de los tópicos cuando del deporte se trata, pues en él se reúnen todos los lugares comunes, todas las hipérboles, toda la grandilocuencia, todos los vacíos del lenguaje, no importa si se trata de una crónica periodística o de una declaración de cualquiera de sus protagonistas. Nadie se libra de las frases hechas: fútbol es fútbol, dijo Vujadin Boskov, y ya no hubo más.

 

            O tal vez sí. La fuga de esos espacios trillados se produce cuando la mirada atiende sobre todo al deporte amateur, más aún si se trata de una disciplina poco comercializada, todavía más si quienes la practican son mujeres, y ya el colmo es que se trate de mujeres en la treintena o más allá y madres. Sucede así en el rugby. Pienso en la majestuosidad de Jonah Lomu al convertir un ensayo para sus All Blacks. Pienso en las innumerables leyendas nacidas del Torneo de las Seis Naciones. Pienso en Nelson Mandela entregando la Copa del Mundo a la selección sudafricana. Y pienso en ese equipo de mujeres, Leonas Mater, campeonas de España a finales del pasado año en su debut en la categoría.

 

            No sé si será cosa de la edad o si es que uno está ya de vuelta de todo, pero confieso que llevo años disfrutando mucho más de los deportes practicados por mujeres que por hombres; desde luego cada vez menos, exceptuado el ciclismo, si se trata de hombres super-profesionalizados, mega-mercantilizados y extra-narcisistas por lo general. También en estas cualidades el rugby es un mundo aparte. Y también por todo ello celebro el triunfo de esas mujeres y lo dejo escrito para que sea admirado si así se estima. Casi como las admiran a ellas sus parejas e hijos, porque juntos han descubierto en la práctica de ese deporte un horizonte superior al corriente de la vida diaria. Yo me encuentro a una de ellas algunos días en la panadería del barrio y, además de venderme el pan, los croissants y las magdalenas, me habla de sus entrenamientos, de sus esfuerzos y de sus partidos. Yo creo que está contenta.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 5 enero 2025

domingo, 29 de diciembre de 2024

Tratados

            Hace una década más o menos, desde luego antes de la pandemia, que es como ahora se mide el tiempo, hubo entre nosotros cierta agitación, disputas teórico-políticas y movimientos en las calles en virtud de los tratados internacionales de comercio que se andaban negociando. Un asunto bastante opaco éste que por lo general se aborda de espaldas a la ciudadanía, básicamente porque, en términos comerciales estrictos, su repercusión no suele ser favorable ni a productores ni a consumidores. Sólo los mercaderes obtienen beneficios. Aquello se diluyó y algunos tratados se remataron, se firmaron y están en vigor, como el CETA, Acuerdo Económico y Comercial Global entre la Unión Europea y Canadá.

 

            Ahora se habla del acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) suscrito a principios del presente mes. Y hablan de ello sobre todo los agricultores y sus organizaciones profesionales a toro pasado, con ecos interesados del Partido Popular, curiosamente más que devoto de todo tipo de desregulaciones cuando gobierna, y de Vox, que busca fortalecer su caladero de votos en el mundo agroganadero. Es curioso, si se hace memoria de cuanto bullía diez años atrás, no encontraremos rastro en aquellas polémicas y manifestaciones ni de las organizaciones agrarias ni de los partidos de la derecha tradicional. Tampoco el PSOE se asomó. Supongo que no se necesita explicar el porqué de los comportamientos de antes y de ahora.

 

            Mas, siendo como es la actividad comercial un hecho común y corriente para toda la humanidad, cuando su regulación o desregulación se llevan a cabo a espaldas de la gente poco bueno se puede esperar de semejante proceder. Y de ahí también la fácil manipulación política, en cuya salsa mojan así mismo los traficantes sin mayores consideraciones. Nos queda, pues, para el rito de las uvas, desear que finalmente el acuerdo no sea ratificado por el Parlamento y el Consejo de la Unión a lo largo del próximo año. Es la última pelea en este caso.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 29 diciembre 2024

domingo, 22 de diciembre de 2024

Madreñas

            Se llevan las madreñas. Durante el último mes, dos procesiones han recorrido las calles de la ciudad, las calles céntricas naturalmente, no vayamos a pensar bien, con gentes que desfilaban por ellas calzando sus pies con ese vestigio del pasado. Se arremolinaba el público alrededor y lo celebraba, en muchos casos sin saber a cuento de qué ese jolgorio. Era jolgorio y punto. Incluso sin saber qué es una madreña, quizá un adorno navideño, ni el porqué de ese calzado ancestral. El pasado es otro vestigio más en muchas memorias. O una ignorancia. Por fortuna, esas gentes asombradas por el espectáculo no tendrán necesidad de calzar galochas, no pisarán el barro ni los humedales que fueron las calles de nuestros pueblos no hace tanto, hoy urbanizadas en mayor o menor medida; tampoco las necesitarán para pisar la nieve, sólo se asoman a ella con los trineos de los niños. Se quejarán, eso sí, de que todo está mal, básicamente porque hay que quejarse, y no percibirán la enorme distancia que media entre esos pintorescos zuecos y la luz fosforescente de sus zapatillas todoterreno. Creen que el mundo empieza hoy y que lo demás es un museo.

 

            En cierto modo, esas madreñas son el testimonio de lo que fuimos y de lo que somos, es decir, explican la distancia que separa el ayer del presente, lo artesano de la inteligencia artificial, la vida y los usos rurales del ajetreo de la ciudad, la economía de subsistencia de la sociedad de consumo. El error que cometemos a veces es pensar que la tradición es inmarchitable y estática, lo mismo que olvidamos que no hay un ahora sin un antes. En el primer caso mitificamos lo que ya no da más de sí y nos engañamos. En el segundo nos condenamos a repetir errores. Ambas cosas se llevan mucho ahora, tanto como las galochas en el último mes. Por eso es importante que cada cosa esté en su sitio y que haya un sitio y un tiempo para cada cosa. Y por eso mismo pasearse con madreñas sobre el asfalto a estas alturas no deja de ser un tanto exhibicionista.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 22 diciembre 2024

domingo, 15 de diciembre de 2024

Creación

            Si como se deduce de sus propias palabras, Jaime Mayor Oreja fue creado por Dios, en cualquiera de sus múltiples versiones, tengo la convicción de que cada día nos será más fácil declararnos ateos. No sólo declararse, eso es fácil según se ve por las declaraciones creacionistas en el Senado, sino practicar un ateísmo militante. Y qué pensar si incluimos en el lote de lo creado al patológico Donal Trump o al maleducado, como poco, García Gallardo. Incluso si pienso en mí mismo como creación divina me deprimo. De modo que si, como afirman los textos sagrados, Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, pobre Dios en verdad.

 

            Crear no es ninguna frivolidad. Tampoco lo es ser creador. Crear es producir, no siempre desde la nada, como al parecer sucede con lo divino, es también inventar, realizar, componer, construir… Es una actividad que requiere capacidad, ideas, imaginación, sudor… Todo eso, bajado al suelo, es el trabajo. Trabajar es crear incluso cuando hablamos de los trabajos menos creativos en apariencia. Cuestión aparte es en qué condiciones se trabaja y cómo se valora, lo cual condiciona notablemente la creatividad, no entraremos en ello. Pero ningún otro acto humano como el trabajo desafía ciertamente el poder creativo de la divinidad. Ni siquiera Prometeo llegó a tanto cuando se le ocurrió robar el fuego sagrado de los dioses en el monte Olimpo para entregarlo a los humanos. Es lo que nos enseñó Karl Marx cuando afirmó que “el trabajo dignifica al hombre”, aunque ignorase lo divino: “el trabajo es una actividad específica del individuo donde puede expresar su humanidad. Esa materialización del ser humano mediante el trabajo cobra vida en su producto que es externo al individuo, es creado por él y al mismo tiempo el propio hombre sufre modificaciones en su constitución”.

 

            Así pues, bueno es saber de qué se habla cuando se habla de creación. Como es bueno así mismo saber de qué hablamos cuando hablamos. En suma, menos creacionismo y más trabajo bien pagado.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 15 diciembre 2024

domingo, 8 de diciembre de 2024

Estados

            Pocos, muy pocos elementos restan ya para describir, por exclusión, lo que es un Estado, lo que era. Nos enseñaron que, básicamente, su entidad residía en las fronteras, las relaciones exteriores, el ejercicio de la fuerza y la acuñación de moneda. Todo lo demás o era posible descentralizarlo, según modelos federales o autonómicos, o era susceptible de ser elevado a instancias internacionales compartidas. Hay ejemplos de todo ello. Pero hoy los estados ya no acuñan moneda: lo hacen, como sucede en Europa, un ente superior, pongamos que el Banco Central Europeo, o bien los especuladores de las criptomonedas, que hurtan ese rol exclusivo a los viejos estados. Por otro lado, las relaciones exteriores son así mismo y por lo general fruto del acuerdo con terceros y resultado de políticas más o menos comunes. De modo que lo que queda son las fronteras y la fuerza. A lo primero aluden todo tipo de nacionalismos viscerales y a lo segundo, toda suerte de militarismos hoy desatados. Así estamos y de ahí esas dos insistencias por parte de los antiguos poderes.

 

            Todo apuntaba a que caminábamos hacia otro mundo diferente al que fue en la edad contemporánea y en sus precedentes, un mundo donde precisamente la caduca noción de estado local no tendría sentido y no lo tendrían por tanto sus cualidades definitorias. Pero no, hete aquí que lo más enmohecido de todo ello tiende a fortalecerse y nace la paradoja de un futuro escrito con una caligrafía herrumbrosa. No es la única explicación, pero explica bien la fiebre belicista, los muros de todo tipo y el descrédito de organismos internacionales como la ONU o la Corte Penal Internacional. Incluso se entiende la debilidad de la Unión Europea frente a países donde triunfa la política macarra. Son procesos propios de estos tiempos inestables que tarde o temprano acabarán pasando también a mejor vida, a pesar del dolor de cabeza que nos ocasionarán durante una temporada. Confiemos en que sea corta. Más corta si hay botón nuclear por medio.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 8 diciembre 2024

domingo, 1 de diciembre de 2024

Esperanzas

            Muy mal debe de andar el mundo para que la esperanza se haya puesto tan de moda en nuestras librerías. Sin agotar el catálogo, a lo largo de este año que agoniza se han editado al menos los siguientes libros: “La esperanza no defrauda nunca” del Papa Francisco; “El espíritu de las esperanzas” de Byung-Chun Han; “Revolución, rebeldía y esperanza” firmado por varios autores; también, pero por varias autoras, “Futuro con esperanza: mujeres actuando ante el cambio climático”; “Hispanoamérica: canto de vida y esperanza” de José Luis López-Linares; “Esta vana esperanza” de Emili Albi; “Jonás y la esperanza” de Juan Carlos Rodríguez Torres; “Una idea de esperanza” de Ximo Puig; y el libro de conversaciones entre el músico Nick Cave y el periodista Sean O'Hagan titulado “Fe, esperanza y carnicería”.

 

            También nosotros hemos sido insistentes desde esta columna y es ya la tercera vez que nos dedicamos a opinar acerca de ese estado de ánimo, virtud o ilusión, seguramente siempre sin éxito. Por eso lo del plural del título: van ya muchas esperanzas, tantas como las que se nos fueron disolviendo por el camino. Porque la esperanza tiene eso precisamente, se disuelve, la realidad es siempre mucho más sólida y acaba imponiendo su ley. Recuerdo cómo en el año 1982 se decía que los españoles y españolas habían votado a Felipe González con esperanza y quizá por eso lo que siguió después fue el desencanto. Nadie dijo lo mismo cuando se votó a Zapatero, como mucho alguien se atrevió a afirmar que se había obrado con expectativas, algo mucho más físico y medible. Tal vez por ello el sentimiento posterior no fue el mismo. Son sólo ejemplos, pero suficientes para explicar el sentido corrosivo del término. De modo que si ahora volvemos a alardear de esperanzas, más vale que nos vayamos preparando para el desengaño. O mucho mejor, si tenemos los pies en el suelo, que nos armemos con otras herramientas más sensatas y efectivas frente a cuanto nos toca vivir en estos tiempos en verdad desaforados.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 1 diciembre 2024

domingo, 24 de noviembre de 2024

Titulares

            En medio de la selva en la que casi todo parece haberse convertido, no sólo de bulos, de fango, de noticias falsas y de evidentes mentiras se alimenta una parte del periodismo, si es que así se le puede nombrar. También los titulares se visten en ocasiones con un ropaje incomprensible que no se sabe bien qué persiguen, supongo que aparentar más de lo que dicen o directamente mostrar la simpleza de quien los escribe. También, ya lo sabemos, y no sólo es propio de los medios, dejarse ir por esa senda anglófila que, aparte de confusión, poco aporta en general. Sucede constantemente.

 

            Para muestra algún botón. Un periódico local famoso acumulaba en su edición del pasado 12 de noviembre al menos los siguientes titulares reproducidos aquí de forma literal, lo que, como se verá, es todavía más grave:

 

León lidera en primer matchfunding publico-privado de ámbito provincial de Europa (sic).

Influencers y foodies llegan a León para enterarse de cómo se hace un chorizo.

Dos F-18 en León en tareas de ‘cross servicing’.

Mujeres rurales aprenden a usar el smartphone con el Consejo.

 

            Matchfunding, foodies, cross servicing, smartphone… todo un muestrario de ese no román paladino que nos une en la comunicación a los toscos hablantes de esta tierra de conejos y de las fraternas de ultramar. El mensaje no son los titulares propiamente dichos, sino las palabras que en ellos se vierten para hacernos ver lo decrépito de nuestras hablas y la ignorancia con la que habitualmente nos expresamos, nada somos en realidad si no incorporamos una terminología abstrusa para aparentar que somos posmodernos o poscontemporáneos. Lo abstruso, ¿reconocerán nuestros periodistas de hoy lo que esa palabra significa o preferirán decir en inglés abstruse? No sé, tal vez haya demasiado parecido en este caso y eso ayude a caer en la cuenta de que todos venimos del latín, del latín vulgar especialmente, que es al fin y al cabo la lengua en la que todos y todas nos comunicamos. Sobre todo para decirnos cosas bonitas.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 24 noviembre 2024

domingo, 17 de noviembre de 2024

Jornada

            La coincidencia de noticias, más que importantes, acerca del desastre de Valencia y la resurrección del monstruo norteamericano ha relegado todo lo relativo a la negociación sobre el futuro de la jornada laboral. También es cierto que una negociación tan prolongada y sin visos aparentes de acuerdo, como venía siendo ésta, acaba desplazando de los titulares, por importante que resulte el asunto, al más pintado. Sin embargo, algo se le puede añadir aún.

 

            Por ejemplo, bueno es recordar que la regulación actual de la jornada laboral en 40 horas semanales viene de lejos, de muy lejos. En concreto de 1919 cuando la huelga de La Canadiense culminó con, entre otros éxitos, la implantación por ley de la jornada de ocho horas diarias. Más de un siglo en el que la historia ha cambiado y continúa cambiando bastante, lo suficiente al menos como para revisar aquella conquista del movimiento obrero. Bien es cierto que, vía convenios u otro tipo de acuerdos, determinadas empresas y determinados sectores se regulan hoy con un patrón menor, pero la ley sigue siendo la ley. De ahí que su evolución resulte más que oportuna, también por esto último, es decir, porque de hecho ya la evolución existe, aunque de modo desigual, algo que acaba provocando agravios. En fin, a nadie se le ocurre pensar que la España de hoy es la de principios del siglo XX. A nadie salvo a la gran organización empresarial, modelo de vanguardia social, que ya ha confirmado que eso, lo de evolucionar, no va con ellos. Va con los alemanes, parece ser, donde, por indicar otra muestra, se ha puesto a prueba la jornada laboral de 4 días a la semana y el resultado dice que el 73% de las empresas solicitan no volver a la pauta anterior. Algún provecho habrán observado.

 

            Verdad es también que España no es Alemania. Quizá por eso las grandes empresas alemanas se movilizaron para frenar el voto ultra en las últimas elecciones europeas, mientras que por aquí, en cambio, un movimiento semejante ni se produjo ni se le espera.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 17 noviembre 2024

domingo, 10 de noviembre de 2024

Solidaridad

            Al final siempre nos redime la solidaridad, tanto da que se trate de los efectos de una riada monumental como del cáncer de mama.

 

En ello ponen énfasis los medios de comunicación y el común de los mortales nos hacemos eco miméticamente, sin mayores consideraciones. Más aún si los titulares se encargan de destacar que es ésa una de las cualidades más notables de estas tierras y de estas gentes, de este país confuso y confundido: todos en procesión con un rastrillo para quitar barro o vestidos de rosa para participar en una carrera con la que recaudar fondos para la investigación. Todos con la conciencia tranquila -otro tópico- y en paz, cargados de razones una vez más para cuestionar las insuficiencias de lo público y criticar la acción de los gobiernos, pero comulgando con quienes provocan esa insuficiencia o con quienes yerran directamente. O, peor todavía, con quienes se mofan de lo público y desdeñan el gobierno de lo común.

 

            Tan codificadas tenemos en nuestros genes la caridad y la misericordia cristianas a base de décadas de predicación perpetua que no hay escapatoria. Como mucho, lo vestimos con un ropaje que nos parece más laico, incluso hasta más comunista, lo solidario, aunque mantenemos los mismos esquemas que la catolicidad nos ha grabado a fuego en nuestras almas perecederas. Por eso mismo se nombraron así, Solidaridad, los sindicatos católicos polacos o la rama laboral, por llamarlo de algún modo, de uno de nuestros partidos de extrema derecha. Anda que no saben…

 

            Yo estoy en contra de la solidaridad y a favor de la justicia social, lo cual no quiere decir que renuncie a mis obligaciones con otros indeterminados cuando así lo exigen las circunstancias. No otro es a mi modo de ver, sólo a mi modo de ver y al de quienes quieran coincidir, el planteamiento, así en la catástrofe como en la enfermedad. Rastrillos y camisetas son paños calientes, una fórmula light y prêt-à-porter del compromiso social, aunque transitoriamente ocupen portadas y reciban elogios.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 10 noviembre 2024

domingo, 3 de noviembre de 2024

Minas

            El eco de las minas no concluye, pero se desordena. Después de un tiempo de postración tras el fin definitivo de toda la actividad minera, su memoria material e inmaterial bulle sin orden ni concierto y hay una pugna encubierta por convertirse en centro de la misma. Se trata de encontrar un relevo económico que nunca será tal en su magnitud, aunque posiblemente no haya otro a corto plazo. De ahí que municipios de todas las cuencas, de acá y de allá, con ayudas de administraciones o sin ellas, persigan con mayor o menor éxito convertirse en foco de atracción turística y cultural.

 

            Enumeraré las iniciativas que conozco y seguro que alguna olvido: el Pozo María en Caboalles de Abajo, en fase de convertirse en Archivo de las familias mineras; el Pozo Julia y todos sus anexos en Fabero, declarado Bien de Interés Cultural en 2021; el Museo de la siderurgia y de la minería de Castilla y León en Sabero; el Museo de la Energía (Fábrica de la Luz) y la Térmica Cultural en Ponferrada; el Centro de Interpretación de la Minería en Barruelo Santullán (Palencia); y la Fundación Cultura Minera y museo en Torre del Bierzo. Recientemente han anunciado que se sumarán a esta lista el Instituto de Estudios Sangre Minera con un nuevo museo en La Robla y el Pozo Herrera I en Sabero que, al menos en otra onda, aspira a ser un Centro de investigación sobre la biología de la Cordillera Cantábrica.

 

            Dicho todo esto y sin cuestionar ninguno de esos proyectos, sólo cabe preguntarse si hay alguien al timón. Y se me ocurre responder que esa labor le corresponde, hoy por hoy, a la Consejería de Cultura y Turismo que, en lugar de estimular la competencia vía subvenciones, como hace así mismo la Diputación Provincial, debiera más bien cohesionar todas esas ideas, armonizarlas y abrazarlas, junto a otros enclaves relacionados y otras colateralidades, con una única etiqueta: paisaje cultural minero. Urge esa dirección, liderazgo, coordinación o como se le quiera llamar. Colegiada y participada, eso sí.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 3 noviembre 2024