Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 8 de septiembre de 2024

Festivales

            No, no me refiero a esa explosión de festivales con la música como pretexto y el negocio como primer objetivo que invaden todas las tierras de España de verano en verano. Más y más cada verano hasta el estallido final, ésa parece ser la consigna. Confieso que los canales por los que circula la música me son cada día más ajenos y menos digeribles. Debo de ser un hombre viejo.

 

            No, me refiero a ese otro extraordinario caudal de festivales de todo tipo con los que se ha cerrado el verano leonés, otro estallido de convocatorias llenas de interés, algunas con varias ediciones a cuestas, que no sé cómo se sujetan con un mismo público (casi), en unas mismas fechas y prácticamente en un mismo espacio. Los enumero: Festival Vecindario, Festival Abierto de Música de Órgano de León FAMOL, Festival de Circo Contemporáneo, Festival Internacional de las Letras y las Artes PALABRA, Festival León en Acción Lexploitatión, Festival de Verano León Cuna del Parlamentarismo… Seguro que se me olvida alguno. El caso es que en esta tierra de agravios constantes y de vestiduras rasgadas no sé por qué no se pone un mayor énfasis en la cultura como horizonte y como un sector productivo de primer orden. Seguro que nos iría mejor.

 

Paradójicamente, el Consejero de Cultura (y Turismo) de Castilla y León se quejaba en esos mismos días del relativo eco de público cosechado por la última edición de su festival particular, Las Edades del Hombre, en Villafranca del Bierzo, y proponía trasladarlo en el fututo a los meses de otoño porque, según él, en el verano no hay gentes interesadas que viajen por ese motivo y menos “a la Meseta”. Esto lo dice un Consejero de Cultura (y Turismo) y se queda tan ancho. Un artista.

 

Está claro que sin su ayuda y desde luego sin su conocimiento, mejor que sea así, la olla cultural no deja de hervir y de proporcionar jugosos manjares. El único problema es que se la sigue considerando un pasatiempo, un adorno estival. Superar ese estigma será decisivo para entrar en otro mundo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 8 septiembre 2024

domingo, 1 de septiembre de 2024

Sonidos

            Todos los días, a las seis y veinte de la mañana, el camión de la basura enfila mi calle y se detiene frente a mi casa para descargar no sé cuál de los contenedores que la invaden. Produce un ruido mecánico notable, me despierta y, como por un resorte, me coloco el auricular en la oreja. Gracias a las voces suaves de la radio a esa hora, me adormezco hasta que poco después suena la alarma del despertador y rompe definitivamente la jornada. Los sonidos del amanecer son siempre amortiguados: el agua de la ducha, las noticias a un volumen discreto, el borboteo de la cafetera… Sales a la calle y de repente estalla el ruido de todo tipo de vehículos que ya en ese momento temprano empiezan a colonizar la ciudad. Pero, si te apartas un poco de la avenida y caminas hacia la estación del ferrocarril, otro ruidillo los sustituye: el de las pequeñas ruedas de maletas rozando con las aceras que va in crescendo. En el andén es ya una orquesta que te acaba rayando. Incluso el tren, cuando se estaciona, es menos estridente.

 

            Siguen horas de trabajo y de almuerzo. Son episodios con una banda sonora muy diversa y singular según casos. No conviene entretenerse, pues.

 

            La tarde comienza sesteando. La siesta es muda por definición, a no ser que, como en estos días, la televisión nos conecte con la Vuelta ciclista, en cuyo caso se nos asoman a los oídos nombres vagos que no acabamos de situar en la realidad o en el sueño. Lo vespertino apenas suena, uno se dedica a ecos del trabajo o a trabajos devocionales, apenas si te acompaña el teclado del ordenador, hasta que, llegado el momento, o bien hay un mutismo total para leer, por ejemplo a Paul Auster, o bien la música se extiende para escuchar el disco que nos regalaron por nuestro último cumpleaños: John Coltrane and Johnny Hartman. Después de las balas, los llantos y las voces grises del telediario, se acerca poco a poco el fin. La persona que descansa a mi lado respira profundamente, está dormida. Su melodía me envuelve y llega la paz.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 1 septiembre 2024

domingo, 25 de agosto de 2024

Frescor

            Se descubrió por aquel entonces que el fresco había estado sobrevalorado y cundió el desánimo entre las gentes. De poco había servido el esfuerzo de haber regresado unos días al pueblo para respirar y casi nadie sacaba ya las sillas a la puerta después de la cena, preferían permanecer en el interior conectados a sus ventiladores inútiles. El fresco, como tantas otras cosas del pasado, tiende a la desaparición. Es algo analógico: a quién se le ocurre método tan primitivo como generar corriente o aguardar la llegada de la noche para que caiga la temperatura. No, lo que toca hoy es consumir electricidad o confundirse en medio del turismo de masas, los dos remedios que se nos proponen. Paradojas: lo primero abunda en el individualismo derrochador de más recursos mientras que lo segundo tiende al desarrollo de la ganadería intensiva.

 

            Todo esto sucede, mayormente, en agosto, el mes más traidor del año, el mes del definitivo marchitarse, el del sofoco y el sudor, incluso el de las muertes por causa de esas olas cálidas que se han convertido en el pan nuestro de cada verano gracias a los telediarios. Ni frío al rostro ni rebeca al brazo por si las moscas. Agosto es solo moscas y bochorno.

 

            Y sin embargo también yo, que ando siempre rechinchando con estos asuntos, me he sumado a lo largo del verano, especialmente en agosto, a la moda de los viajes sin fin. Confesaré sin ningún pudor los que han sido mis destinos: Lugueros, Borrenes y Lago de Carucedo, Bolaños de Campos, Villablino y Robles de Laciana, Pedredo y Santa Colomba de Somoza y Quintanilla del Molar. Todos lugares muy exóticos y fuera de los circuitos mercantiles, como podrá comprobarse, verdadero turismo de aventura podría considerarse si atendemos a esos otros rumbos trillados que nos animan a frecuentar. Y todos ellos así mismo persiguiendo el rastro de buenos amigos y amigas, con quienes compartir comida, conversación, paseo y risas. Son la auténtica frescura. Quizá la única que aún no ha sido pasto del comercio.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 25 agosto 2024

domingo, 18 de agosto de 2024

Medallas

            Consumados y consumidos los fastos olímpicos, es posible extraer conclusiones de todo ello conforme a la devoción que a cada cual le merezcan. De todo ha habido y sobre todo hemos leído, pero si de algo conviene hacerse eco, a nuestro modo de ver, es de la observación que hizo el periodista Marc Bassets acerca del medallero. Recalcaba él, para combatir el chovinismo francés y de otros muchos, que no triunfaron en el ranking ni los Estados Unidos ni China, sino la Unión Europea tomada en su conjunto. Una entelequia quizá.

 

            O tal vez no. Se trata, evidentemente, de una nueva visión de la globalidad inevitable y de la federalidad deseable. Salta a la vista en lo que aquí comentamos y debiera hacerlo también en otros terrenos económicos, políticos, culturales… Es decir, sólo la suma conquista mientras que lo local resta. No supone eso olvidarse de que algunos deportistas son de nuestro pueblo y lo celebramos porque nos vemos retratados en ellos, al fin y al cabo vitorear a los supuestos héroes es algo atávico, pero no seremos competitivos si seguimos pensando que el triunfo llega sólo desde nuestra bandera y desde nuestro himno, generalmente menores frente a otros entes territoriales que nos abruman o nos achican.

 

            Es un suponer, claro, pero en tal caso, junto a los brincos de Jordan Díaz y la marcha de María Pérez y Álvaro Martín, celebraríamos como nuestros también los saltos de Armand Duplantis, las brazadas de Leon Marchand y los kilómetros interminables de Sifan Hassan. Y habría ocurrido que el oro, la plata y el bronce del torneo de balonmano hubieran ido a parar a un mismo destino, Europa, pues europeos son los equipos de Dinamarca, Alemania y España sin ningún distingo. Es más, sus jugadores disputan indistintamente las ligas de todos esos países sin otro tipo de fronteras que no sean las de sus contratos laborales. Que en nuestro supuesto tampoco tendrían que existir. Porque así se construye el mundo, sin chovinismos, sí, pero también sin nacionalismos excluyentes.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 18 agosto 2024

domingo, 11 de agosto de 2024

Medicina

            Nunca la medicina deja de formar parte de nuestras conversaciones y de nuestras inquietudes. Por ejemplo, se habla y se escribe mucho últimamente sobre la falta de profesionales y se proponen soluciones. Una de ellas pasa por incrementar el número de universidades que en Castilla y León impartan el grado en dichos estudios, hoy presentes en Valladolid y en Salamanca. Naturalmente, las universidades de León y de Burgos, las otras dos que también son públicas, se han postulado y pugnan por conseguirlo. Pero la decisión siempre se dilata, a pesar de que parece existir acuerdo general para que haya un mayor número de personas tituladas. La administración autonómica que debe encargarse de ello da largas al asunto y no resuelve. ¿Por qué no resuelve?

 

            Una respuesta a esa duda nos lleva a formularnos otra pregunta: ¿qué sucedería si fuese una de las cuatro universidades privadas que hay en la Comunidad Autónoma la que lo solicitara? Que lo hiciera, pongo por caso, la Universidad Católica de Ávila para evitar confluencias territoriales con los espacios públicos. Es un suponer, desde luego, pero resolvería muchas papeletas a la Consejería de Educación y, de paso, consolidaría la política que el Partido Popular ha decidido llevar a cabo en materia universitaria para toda España: potenciar las universidades privadas y estrangular a las públicas. Es decir, favorecer el negocio por encima de todo. Tengamos en cuenta que en Andalucía cuatro universidades privadas han sido bendecidas en los últimos diez meses. Y tengamos en cuenta así mismo que los rectores de las universidades públicas de Madrid han declarado que su financiación es hoy un 10% inferior a la de 2010. ¿Me siguen?

 

            El problema es que son estudios caros incluso para la iniciativa privada. De hecho, sólo cinco universidades privadas imparten en España esos grados. Pero todo se andará. Entonces León y Burgos se sentirán despreciados una vez más por Valladolid. Aunque no es una cuestión territorial, sino de capitalismo sin más.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 11 agosto 2024

domingo, 28 de julio de 2024

Protestas

            ¿Quién nos ha visto y quién nos ve? Del premio al turista un millón, que se retransmitía con todo boato a través del NO-DO o de la primitiva televisión, y de la libertad en formato caña madrileña más reciente hemos pasado a manifestarnos contra los abusos del turismo y de las terrazas de los bares. Y me parece bien, aunque no tengo nada claro que esas mismas personas que se manifiestan no formen parte también en algún momento de las olas viajeras o que no ocupen un sitio en un velador a lo largo del día, todos soportamos nuestras contradicciones. Pero me parece bien, digo, incluso lo de tener contradicciones: ¿qué sería de nosotros en caso contrario?

 

            Lo interesante de este fenómeno es que las protestas se articulan con relativa facilidad e incluso concitan muchos más seguidores que otras movilizaciones digamos clásicas o repetidas en el calendario, ya sea un primero de mayo o un lunes sin sol, por poner algún ejemplo general y cercano. Será cosa de las redes. También la gente se manifiesta sin mayores complicaciones movida por banderas o contra las macro-granjas, que tanto da la una como las otras, en el fondo una patria no se diferencia en gran cosa de un establo con animales: le ponemos un trapo de colores en el tejado y un nombre vistoso y reclamamos la independencia de inmediato.

 

            A mí, pensando en el fin del verano, aún distante, y en la vuelta a la normalidad cansina, si es que alguna vez la hemos abandonado, lo que me gustaría es promover una manifestación para pedirle a Cuca Gamarra que no nos riña más. Paso por aguantar a políticos repelentes, como Tellado, o iluminados, como el alcalde de Vigo, o estridentes, como Ana Pontón (me han salido todos gallegos, no sé por qué), pero no puedo más ni con el tono ni con las formas de Gamarra. Si alguien más piensa como yo, podríamos quedar en una de esas terrazas malditas para tomar algo y preparar una protesta humanitaria frente a quienes nos regañan constantemente como si fuésemos imbéciles o auténticos borregos.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 28 julio 2024

domingo, 21 de julio de 2024

Olímpicos

Llegan las Olimpiadas y conviene recordar algo sobre su origen. Por ejemplo, que en la antigua Grecia, frente a lo que en la actualidad nos proporciona la mercadotecnia, tenían una importancia fundamentalmente religiosa, alternando concursos con sacrificios y ceremonias en honor de Zeus y de Pélope, héroe divino y rey mítico de Olimpia, famoso por su legendaria carrera de carros. Es muy recomendable releer su increíble historia precisamente a la luz de los Juegos.

 

Y es oportuno así mismo recuperar el sentido de lo olímpico que, además de lo obvio, remite también al Olimpo, la morada de los dioses, y que en versión adjetiva nos habla de lo soberbio, de lo altanero y de un sinfín de sinónimos de ese calibre. Si lo pensamos bien, las dos acepciones tienen parentesco y son materia común hoy en día, no hace falta remontarse a la antigua mitología. Los dioses modernos, aquellos a quienes idolatran las masas, los deportistas, habitan también en su propio Olimpo, poco accesible para el común de los mortales, y brillan en muchos casos por su comportamiento engreído y presuntuoso. Lo vimos, sin ir más lejos, en cómo estrecharon la mano al Presidente del Gobierno algunos de los ganadores de la Eurocopa de fútbol o en los ridículos de la celebración de ese título en la Plaza de Cibeles. Un espectáculo muy educativo para todos sus fieles seguidores.

 

El polo opuesto, a mi parecer, lo encarnan los ciclistas y el ciclismo en general, a pesar de que también le condicionen los intereses puramente comerciales. En ningún otro deporte el público está al lado mismo de los héroes, así en las salidas como en las llegadas, se mezcla con ellos, les tocan incluso, les hablan. Y en pocos deportes se escuchan declaraciones de humildad como las que se pronuncian al final de cada etapa. Seguramente el cansancio inmenso, casi olímpico, contribuye a que así sea. A pesar de que siempre puede existir algún Fignon que escupa a la cámara, lo cual no resta méritos a su carrera. Le recordaremos al ver París.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 21 julio 2024

domingo, 14 de julio de 2024

Polvos

            De niños, y no tan niños, cuando se hablaba de polvos nos referíamos estrictamente a polvos de talco. Eran los polvos por antonomasia y, además, una especie de alivia-todo epidérmico: rozaduras, picores, escocidos… Pues bien, después de idolatrarlos toda una vida, nos cuentan ahora que son posiblemente cancerígenos y nos quedamos estupefactos, como compuestos y sin novio. Al cabo, no resultaron ser tan milagrosos, sucede con ellos como con todo tipo de polvos, siempre provocan efectos secundarios.

 

            Vivíamos tan ensimismados en los polvos de talco que apenas reparábamos en la cantidad de polvo que había y hay alrededor nuestro. De todo tipo. En realidad, el descubrimiento del polvo se produce con la edad. Cuando un día nos dicen que pasemos la bayeta, reconocemos entonces que todo el entorno está poblado por un manto de partículas que no dejan nada libre de su contaminación, que en verdad no hay manera eficaz de eliminarlo y que es una batalla perdida. Más tarde supimos que había otro polvo, blanco, de efectos mucho más letales que el talco, que se llevó por delante a una parte de nuestra generación. Luego, de la mano de Carlos Pumares y con el oído puesto en la radio, reconocimos el polvo de estrellas y empezamos a juzgar el cine y el teatro de otro modo. Casi a la par nos llegó el polvo enamorado, el que escribía Quevedo, que continuamos recitando, constantes, para nuestros adentros. Con unos cuantos años más empezamos a notar que estábamos hechos polvo, es decir, que ya no aguantábamos una noche loca. También el uso de razón nos enseñó que del polvo viene el lodo y, sobre todo, la política de los últimos tiempos nos lo confirmó, hasta el extremo de que ya no se habla de lodo sino de fango. Y finalmente, aunque fuese un fenómeno viejo, el cambio climático y las persistentes noticias sobre el tiempo nos repiten con frecuencia que el cielo está lleno de polvo sahariano, o sea, que hay calima.

 

            En suma, como verán, el campo semántico del polvo es inagotable, como él mismo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 14 julio 2024

domingo, 7 de julio de 2024

Asturias

            Advertíamos aquí hace unos meses sobre la conveniencia de atender a otros territorios y su circunstancia con el fin de aprender. Hablábamos entonces de la Región de Murcia por tratarse de una comunidad donde conviven casi todos los apuros sociales y políticos que hoy nos inquietan y su evolución allí podría ayudarnos a los demás, para bien o para mal. Pienso ahora, por lo mismo, en el Principado de Asturias.

 

            Recientemente hemos conocido datos del Instituto Nacional de Estadística, según los cuales Asturias se convertirá en el futuro epicentro de la España que se vacía: el Principado será en 2039 la comunidad española con mayor pérdida de población. Recojo esta información porque hace algunas fechas un alcalde locuaz arrojó a la mesa el naipe asturiano para un posible noviazgo autonómico con León, así, como quien escribe una carta a los reyes magos, sin más argumentaciones. Y pensé, no sé si alguien más lo habrá pensado, supongo que sí, en los parecidos y diferencias que se advierten entre esa comunidad del norte y esta otra mesetaria y diversa que ese mismo político, y otros con él, aborrecen y en la que sitúan el origen de todos nuestros males. No lo discutiré. Únicamente enmendaré un mito al respecto que se repite con frecuencia.

 

            Asturias no depende de Castilla, no tiene un vecino opresor que la menosprecie, se ha gobernado a sí misma desde el principio de esta configuración del Estado y ha conocido gobiernos de todos los colores y mezclas. Coincide con nosotros en que se le vino abajo también la misma fuente de alimentación económica, es cierto, pero conserva otras de interés. Incluso el mar, que no es poca cosa. Y cuidan más sus hablas vernáculas. Sin embargo, su deriva poblacional no es precisamente admirable ni imitable. Es verdad que todo el noroeste de España sufre enfermedades comunes, pero está claro que su remedio no pasa necesariamente por su desmembramiento de otros entes. De todo lo demás se puede hablar. De eso no conviene porque erramos y confundimos.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 7 julio 2024

jueves, 4 de julio de 2024

NICOLÁS SARTORIUS: La democracia expansiva...

EL AUTOR

      Nicolás Sartorius es abogado, político y sindicalista. Fue fundador de Comisiones Obreras, de cuya dirección formó parte y fue procesado por ello en el denominado Proceso 1001, por lo que pasó seis años en la cárcel. Participó también en la dirección del Partido Comunista de España y fue Diputado por el PCE en el Congreso. Posteriormente, ha liderado durante años la Fundación Alternativas y en la actualidad preside la Asociación por una España Federal. Es autor de varios libros, entre destacan La nueva anormalidad y El final de la dictadura.

EL LIBRO

      Es una reflexión sobre los retos que debe articular la izquierda para "superar el capitalismo", en palabras de Nicolás Sartorius, y, arrancando desde el contexto histórico precedente, aborda cómo afrontamos el futuro para superar ese sistema que muestra síntomas de agotamiento y contradicción tras las sucesivas crisis de las últimas décadas. El autor analiza así mismo el ascenso de las extremas derechas y las ofensivas ultraliberales, señalando como hito de ello la desindustrialización derivada de los procesos de globalización y deslocalización de la producción.

EL TEXTO

      "La IIª Guerra Mundial la ganaron, desde un punto de vista social, los trabajadores europeos, con la ayuda tardía de de los norteamericanos (...) Resulta, pues, una falacia afirmar que el modelo social europeo es insostenible, cuando lo que es insostenible es la actual y masiva evasión fiscal".