Blog de Ignacio Fernández

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domingo, 19 de julio de 2026

Dormir

            En este mundo poscontemporáneo en el que todo son listas, series, catálogos y rankings y uno cobra o pierde valor según el puesto en que se coloque, resulta que también las noches tropicales, aquellas en que el termómetro no baja de 20 grados, son objeto de atención. Más aún en medio de los calores que nos castigan como si de una mala plaga se tratase. En esto la provincia de León y la ciudad donde vivo aparecen calificadas como auténticos refugios climáticos. Según nochetropical.es, entre los años 2017 y 2026, sólo la ciudad de Ponferrada alcanza el dudoso honor de llegar a una noche fatal de media. Ninguna otra estación meteorológica provincial logra ese máximo. La ciudad de León se queda en un miserable 0,7.

 

            De acuerdo con estos datos, deberíamos dormir como lirones, troncos o marmotas. Incluso como reyes. Pero no es así y bien lo sabemos. Sólo sería así si nos tumbásemos a la vera de esas estaciones meteorológicas, es decir, al aire libre y en lugares apenas castigados por los ardores urbanos. Pero resulta que solemos dormir en casas, en espacios recalentados, donde lo tropical cobra otro sentido muy diferente. Ahora mismo, son las doce de la mañana, el termostato en mi casa señala una temperatura de 26 grados habiendo ventilado como procede durante toda la noche. Ahí es donde juegan un papel capital otros factores decisivos a la hora de dormir o no dormir: los aislamientos térmicos, los remedios tecnológicos y la pobreza energética.

 

            También en el sueño se manifiesta la desigualdad y también eso se convierte en materia de disputa. Porque se sabe que son las mujeres quienes padecen especialmente las olas de calor y son ellas, sobre todo, quienes sufren las muertes por efecto de esas temperaturas: mujeres mayores, más bien humildes y solas. Por lo tanto, son también las que duermen mal por esa misma causa. Se muere más y se duerme peor conforme al distrito postal. Cabe preguntarse, pues, en qué apartado de la prioridad de los grandes palabreros entra esta cuestión.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 19 julio 2026

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