Blog de Ignacio Fernández

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domingo, 1 de noviembre de 2026

Soledad

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, que suele ofrecer datos pintorescos y generalmente difíciles de soportar, en la provincia donde vivo hay 64.000 hogares con un único residente. Un tercio del total, la gran mayoría de ellos, encarnados en personas digamos que mayores, generalmente mujeres. Podría decirse que esta provincia, aunque no sea única, dibuja con detalle el mapa de la soledad.

 

Panoramas de este tipo, que no sólo se observan aquí al lado, como digo, sino que se generalizan en cualquier territorio, rural o urbano, han colocado en primer plano la llamada soledad no deseada como un mal de estos tiempos. Esa actualidad del tema y su circunstancia opacan, sin embargo, la naturaleza primera de la noción de soledad. Nuestro amigo Hilario Franco, que nos dejó solos hace ahora seis años, escribió un verso magnífico, un palíndromo de los que él tanto gustaba, que resumía a la perfección esa carencia: “somos seres solos”.

 

Esta es la base y esa es la condición del ser humano, lo cual no obsta para reconocer así mismo su naturaleza social, es decir, su tendencia a juntarse, sea cual sea el lazo de unión, para superar esa cualidad primera con la que nacemos. Como un pecado original: ser seres solos. Naturalmente, hay quien opta por vivir siempre en pecado y, por tanto, no siente la soledad como una enfermedad y hay quien, deseando todo lo contrario, la recibe como una condena. En medio, se despliega todo un cúmulo de situaciones diversas y respetables. Aunque, a mi modo de ver, no hay mayor tragedia que morir a solas o abandonados sin que nadie lo advierta.

 

Pero lo cierto es que en días como hoy y el de mañana, santos y difuntos, nadie escapa de la soledad a la que nos conducen ciertas ausencias dolorosas, no hay forma de eludirlas. La de Hilario, por ejemplo. Y no sólo porque en este caso echemos de menos a la persona, muchísimo, sino porque, además, ya nadie escribirá versos tan precisos y tan atinados como él sabía hacer. También la poesía queda sola y le llora.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 1 noviembre 2026