Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

jueves, 23 de abril de 2009

2009: Frente a la crisis

    El aire festivo del 1º de mayo se atenúa en este año 2009 y refuerza todavía más el tono reivindicativo de una jornada que, como ha sucedido a lo largo de los ya muchos años de su historia, persigue sobre todo clamar por los valores de paz, libertad y justicia social, por la defensa de los derechos humanos y por la extensión de los derechos sociales y sindicales en todo el mundo.

    Sin embargo, la sombra de la crisis económica, que nos persigue como un invierno severo y de incierto final, se proyecta necesariamente sobre los lemas del Día del Trabajo, que al cabo son reflejo de la realidad y de nuestro empeño por transformarla, para hacer de esta fecha un momento importante de denuncia, de lucha y de propuesta. Frente a la crisis: empleo, inversión pública y protección social, ésas son las claves que en opinión de los dos sindicatos mayoritarios en la provincia, en la región y en el conjunto del Estado definen sobre todo el sentir de los trabajadores y trabajadoras en estos momentos. No nos corresponde a nosotros hacer sangre de las responsabilidades, por otra parte perfectamente identificadas y denunciadas; más bien ése es el deber de los gobiernos y de la justicia, perseguir y liquidar a los usureros y a los cegados por la codicia, siempre y cuando gobiernos y justicia estén limpios de polvo y paja, que más nos vale. Lo nuestro –lo hemos demostrado así sin desmayo durante todo el periodo democrático– es construir sociedad desde la perspectiva laboral y también desde la sociopolítica, asegurando mayores niveles de igualdad y de justicia social para conquistar un futuro de progreso. Por ese motivo, en nuestras pancartas no luciremos los nombres ni los rostros de los culpables del desastre, aunque tengamos razones sobradas para ello, ni gritaremos consignas desairadas, por más que sepamos de dónde nos vienen los malos aires, ni será la masa obrera quien hagan tambalearse en esta ocasión las columnas del sistema, pues ya se encargan de ello los neoliberales y los profesionales del capitalismo. Ni siquiera se escuchará de nosotros una proclama a favor de la huelga general, tal y como desearían muchos empresarios, en particular la cúpula de la CEOE, para favorecer su nuevo papel de lobby frente al Gobierno y de opositor al espacio clásico de la negociación.
   Por el contrario, una vez más desde la responsabilidad y desde la unidad de acción, lo que CCOO y UGT planteamos en este día es el itinerario posible y, desde luego, el único admisible para que nada más salte por los aires. No es un planteamiento de máximos, al estilo de las viejas recetas fracasadas que escuchamos desde el flanco patronal, ni es complaciente con las simples medidas paliativas que en muchos casos es lo único que recibimos desde las administraciones públicas. Si existe salida del laberinto, habrá de llegar indudablemente desde un nuevo empleo, en un nuevo contexto productivo bien alejado del formato de casino de la última década; habrá de transitar por la inversión pública procedente tanto del Estado como de las Comunidades Autónomas, lo que significa romper con el tabú del déficit e impulsar políticas fiscales menos graciosas con los más favorecidos; y habrá de contemplar necesariamente la protección social de cuantos en mayor grado padecen las consecuencias de la crisis y de los colectivos menos privilegiados.

    En progresión creciente, las más de 34.000 personas desempleadas en la provincia leonesa son las primeras que deberían beneficiarse de este programa de acción. Pero a su lado, evidentemente, se situaría el conjunto de pequeñas y medianas empresas, la legión de falsos autónomos y todos los afectados por expedientes, concursos y demás situaciones de incertidumbre; es decir, la mayor parte de nuestro sistema productivo provincial. Después de más de un siglo esperando una revolución industrial que nunca ha llegado a estas latitudes, sensato es reconocer que los viejos modelos están agotados y que es necesario alumbrar un nuevo patrón de crecimiento. Por desgracia, el derrumbe financiero y otros pecados han limitado el desarrollo de algunos embriones que habían empezado a crecer en nuestra geografía, pero no nos cabe duda de que el futuro deberá perseverar en esa línea. Nos referimos a los proyectos tecnológicos y energéticos, a las infraestructuras logísticas y del transporte, a la renovada fe por la innovación y por la ciencia lanzada desde el mundo universitario. Junto a todo ello, urge insistir en el desarrollo rural, en las estrategias de sostenimiento de la población, en el impulso de la formación y en las redes de atención social que deben ser construidas sobre todo desde lo público. A nuestro modo de ver, todo ello aconseja más que nunca la ampliación del formato del diálogo social hasta un tercer nivel, el provincial, donde implicar a las administraciones locales con competencias y presupuesto en esas materias y coordinar sus resultados con el que pueda derivarse de otros foros más generales. En ese sentido, un pacto de Estado por el empleo y por la economía productiva, con implicación del Gobierno central pero también de los gobiernos de las 17 Comunidades Autónomas, se revela absolutamente imprescindible.

    Los datos con los que hoy contamos nos indican que no otro es el camino para salir de este invierno económico. Probablemente eso no signifique entrar de nuevo en la primavera, para lo cual todavía habrá que salvar otras dificultades, pero nos situaría en condiciones de conseguirlo. Frente a ello, repetir moldes, nombres y fórmulas que se han descubierto como ruinosas sería un suicidio social colectivo.

Publicado en Diario de León, 1 mayo 2009

martes, 21 de abril de 2009

VÍCTOR PEÑA: Hora décima


     Sobre el escenario del gran teatro del mundo los personajes deambulan y anhelan compartir con los espectadores su peripecia personal. Aunque, si bien se mira, tal vez no sea tanto suya como de unos autores que escriben teatro para sentirse hacedores de algo, demiurgos, más o menos como cualquier ser humano, sea éste agricultor, prestamista o policía municipal. El caso es que todo en la vida discurre sobre un escenario y cada cual encarna el papel del que en apariencia se es merecedor; a veces incluso por encima de las propias posibilidades, lo cual en el género dramático acostumbra a considerarse sobreactuación y no suele despertar buena crítica; a veces, tristemente, por debajo de las posibilidades, y en ese caso surge la tragedia.

     De modo que el catálogo es extenso, al menos tanto como los siglos de historia del acontecimiento teatral, es decir, de la vida misma. Así, ocurre que pudimos haber sido reyes de Tebas o hijos ciegos por el destino, en cuyo caso habríamos ocupado un lugar insigne en los altares del psicoanálisis y en toda biblioteca que se precie. De haber sido donjuán o burlador, que parece lo mismo pero no es igual, se nos venerarían en las bibliotecas escolares y retornaríamos eternamente a la escena cada mes de noviembre. Y, en fin, nos cabría haber sido un tal Godot, con lo cual, además de resultar tediosos, hubiéramos generado un número importante de tesis doctorales. Pero no, nada más lejos: nuestro autor, ese nombrado Víctor Peña, ha querido que seamos simplemente hombre y mujer, si bien en un acto de generosidad que él sabrá a qué atribuir ha osado apellidarnos y escribirnos como mujer-bufanda y hombre-hambre.

     Sepa pues el lector (o el espectador, que ya veremos si llegamos a ser materiales en alguna ocasión) que este Peña es un simbolista de mucho cuidado, porque además de servirse de tan vistosos patronímicos, nos coloca en medio de un decorado con barrotes metálicos, una ventana con imágenes, alambradas y muñecos de peluche. Y si todo ello no fuera suficiente para tras un primer vistazo situarse en alerta ante la representación, hete aquí que el texto progresa aderezado por voces en of, sonidos de bombonas de oxígeno o relojes insensibles para los que no existe otra hora que la décima. De esta forma se plantea, por lo tanto, nuestro argumento, una historia deprimente en la que realidad y memoria se persiguen y confunden a sí mismas, en la que ella y yo pretendemos una mínima dosis de ternura pero acabamos siendo patéticos, y donde casi no hay espacio para la esperanza si no fuera porque nos emocionan todavía las canciones de Rubén Blades, por más que sea Maná quien las interprete en este caso.

     Cuentan de nuestro autor que practica un realismo esquizofrénico –que ya les vale a los críticos a la hora de inventar etiquetas– y que la condición del ser humano constituye el objetivo de sus miradas. Debe ser así, en efecto, porque nuestra obra es evidentemente realista, aunque no de ese realismo sucio que gusta a los adolescentes; porque es altamente esquizofrénica como medio de exploración y no hasta el punto de convertirse en patología; y porque la condición humana, la mía, la de la mujer, esto es, la de cualquiera, sea traficante de armas o funcionario, se expone ante la platea como un verdadero animal en el momento de su disección. Y en ese instante lo que ven los ojos del que mira no es precisamente complaciente.

     Pero, en fin, qué es lo complaciente cuando se pierden guerras, desparecen hijos o la desnudez de los cuerpos sólo permite descubrir cicatrices. En esos casos, dicen, uno sólo se complace en la memoria torcida y en la reescritura de los renglones desviados. Ella y yo lo sabemos bien. O nos los ha hecho saber ese Víctor que nos golpea con nombre tan ostentoso. Ese Víctor escritor que muestra un pulso literario de tal calibre que es capaz de filtrar géneros para elegir en cada caso el formato más adecuado a sus fábulas. No es extraño que en este caso haya elegido el teatral, tan alejado de la afectación, de las digresiones y de otros vicios de la literatura triunfante. Aquí solamente hay palabra seca, acción explícita y movimiento tosco. Todo lo demás viene sobrando. O casi todo, porque al cabo la ornamentación le corresponde al espectador/lector que nos acomoda a sí mismo y nos reinterpreta. Cuando esto sucede, casi como si se tratara de un místico arrebato, del patio de butacas o del sillón orejero emerge la figura curiosa del espectador/lector/actor, ese ser estudiado por la entomología que delira de leer. Y ya en el colmo de la insensatez, si la abducción que todo escritor persigue llega a su extremo, lo que semejante éxtasis genera es la eclosión del espectador/lector/actor/autor. Exactamente aquello que pretende provocar en su alambique literario nuestro Peña para ser absolutamente esquizofrénico.

     Si lo dijo Borges, que es el supremos bibliotecario, qué no vamos a mal decir nosotros: “Sólo una cosa no hay. Es el olvido”. Por eso, a pesar del delirio de la trama, la obsesión principal que venimos a expresar es la pervivencia del recuerdo, el último reducto de la existencia. “Busquemos, busquemos. ¡No olvidar! ¡No olvidar!”, gritamos en el desenlace cuando ya de la mujer y del hombre sobreviven únicamente las voces, ecos sombríos en un escenario sin luz. Más o menos lo que podría ocurrirle a cualquiera, fuese uno sindicalista, editor o alcalde, que tanto da.
Presentación del libro en Valladolid, junio 2009
Prólogo a la obra del mismo título, de la que fue autor Víctor Peña,
publicada por Eje Producciones Culturales, mayo 2009

sábado, 21 de marzo de 2009

Esplendor y decadencia de los museos

    Durante los últimos veinte años, coincidiendo con ese estado gaseoso en el que se acomodó la sociedad occidental, se crearon en Europa más museos que nunca en su historia. El urbanismo global erigió un nuevo icono imprescindible como elemento tractor de masas, movidas en este caso por el afán de consumo con vitola intelectual. En España, a rebufo de lo ocurrido con el Guggenheim bilbaíno, a lo largo de la última década del pasado siglo y primeros años del actual, se estableció una notable competencia entre las comunidades autónomas y sus ciudades para albergar sedes museísticas y establecimientos culturales singulares, como auténticas catedrales de la neomodernidad. El Gobierno de Castilla y León se sumó a esta carrera con la puesta en marcha de tres museos propios de referencia, más un cuarto en ciernes: el Museo Etnográfico de Castilla y León en Zamora, el Museo de Arte Contemporáneo (MUSAC) en León, el Museo de la Siderurgia y de la Minería en Sabero y, próximamente, el Museo de la Evolución Humana en Burgos. Y, cómo no, la provincia leonesa, tan rezagada en otras materias, copió el modelo y amplió su álbum con algunos cromos bastante vistosos, que culminará en estos días con la inauguración del muy sorprendente para estos pagos Museo Bíblico y Oriental: Fundación Vela Zanetti, Centro Leonés de Arte (CLA), Museo de la Radio en Ponferrada, Museo Etnográfico de León en Mansilla de las Mulas, Casa-Museo Sierra Pambley, etc.

    A pesar de que en 1994 la Junta de Castilla y León promulgó su Ley de Museos como un loable intento de ordenar la política museística en la región y coordinar tanta diversidad en un momento de esplendor, lo cierto es que nada o casi nada en esa intención se llevó a la práctica. Por el contrario, la amplia y variopinta relación de titulares públicos, privados, eclesiásticos… y la ausencia de nexos de colaboración han acabado convirtiéndolos en islas a la deriva y, en ocasiones, al borde de la colisión. Así, lo que pudo ser una marea cultural provechosa desembocó en un enjambre sin concierto, en evidentes desequilibrios entre presupuestos y ofertas, en trato injustificadamente desigual desde sus entidades matrices y, a veces, en situaciones administrativas complicadas. Eso sucede, por ejemplo, con el Museo de León, cuya gestión corresponde a la Junta, pero la titularidad del edificio y de la mayor parte de las piezas es estatal. Como tampoco parece fácil de explicar , por citar otro ejemplo elocuente, que los presupuestos del año 2009 prevean para los veintisiete centros de que dispone la Junta (9 museos provinciales, 9 bibliotecas y 9 archivos) una cantidad global de 600.000 € en el capítulo de actividades, mientras que el Museo de Sabero vaya a recibir él solo 900.000 € para el mismo fin; eso sí, vía Fundación Siglo.

    Porque ésa es, probablemente, una de las claves del desconcierto: las fundaciones. A nuestro entender, son la Fundación Siglo, gestora de los museos, y la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León el verdadero cerebro y mano ejecutora de la Consejería de Cultura, a quien suplantan en teoría por razones de eficacia, pero que al cabo resultan entes nada transparentes y con políticas a la carta. Tanto es así que el recién dimitido director del MUSAC, Rafael Doctor, no era tal, sino Jefe de la División de Arte Contemporáneo de la Fundación Siglo. La misma que ahora ha decidido emplear sus recursos en su nueva niña bonita, el Museo de la Evolución Humana, y abandonar a su suerte la apuesta estrella anterior, el MUSAC. Nada nuevo, pues del mismo modo obró con éste respecto a su precedente, el Museo Etnográfico de Zamora. Claro que no es lo mismo dejar a la intemperie museos clásicos, con obra de valor contrastado y por tanto perdurable, que a otros de arte contemporáneo, que mueren por inanición al no poder adquirir obra nueva de relevancia. Un problema todavía mayor si atendemos a los entresijos tóxicos del mercado del arte contemporáneo, condicionado por vaivenes más financieros que propiamente artísticos, lo que hace que en muchos casos las colecciones de esos museos estén sometidas a valoraciones relativas y por tanto efímeras.

    Precisamente por todo ello nos preguntamos ahora cuál va a ser el futuro del MUSAC. Su irrupción en el mundo cultural no estuvo exenta de controversias y, a pesar de que contó con barra libre desde la administración regional, necesitó también de andamiaje externo para sostenerse frente a los prejuicios. De hecho, CCOO hizo público su respaldo en las fechas de su exposición inaugural, “Emergencias”, abril de 2005. Siguieron luego derroches, propuestas sugestivas, innovación, exposiciones de calidad irregular aunque siempre al menos con un eje extraordinario… hasta el punto de que en la actualidad nadie, ni crítica ni público, discute su éxito y su importancia. Ahora bien, después de tanta abundancia, ¿sabrá nadar en la estrechez? Es ya evidente que su anterior director ha demostrado que no, superado al parecer por un stress que para sí hubieran querido muchos de sus empleados. Y yendo más allá todavía, ¿se puede admitir sin castigo y sin sonrojo el giro de la política cultural de la Fundación Siglo o, lo que es lo mismo, de su subsidiaria Consejería de Cultura? ¿Quién y por qué ha decidido romper juguete tan valioso, en el que tanto dinero público se ha invertido?

   En fin, el invierno económico que todo lo asuela y que nos hace más pobres de día en día arroja sus borrascas también sobre las lápidas, los lienzos preciosos, los bichos disecados y cuanto habita en nuestros museos. Corto es el camino que va del fulgor a la decadencia. ¿Habrá llegado entonces el momento de que alguno de ellos cierre sus puertas y que sus piezas busquen acomodo en los supervivientes? Parece duro pensar así, pero tampoco es descabellado llegar a la conclusión de que, después de una época de desenfrenada reproducción, la nueva realidad imponga la selección en la especie. En ese caso, el debate necesario pasa por acordar de modo racional el baremo con que haya de producirse semejante decantación: ¿la calidad de lo expuesto? ¿el número de visitantes? ¿el anclaje en itinerarios culturales más ambiciosos?… En definitiva, lo que el Ateneo Cultural “Jesús Pereda” pretende desde esta tribuna no es más que arrojar una mirada preventiva sobre el futuro inmediato y avanzar la polémica. Sea como fuere, siempre nos quedarán las palabras consoladoras del poeta inglés William Woordsworth: «Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no os apenéis, porque siempre perdurará la belleza en el recuerdo».

Publicado en El Mundo de León, 21 marzo 2009

domingo, 22 de febrero de 2009

Contra las privatizaciones

    Uno de los dogmas que con mayor fuerza castiga a nuestra sociedad a lo largo de los últimos tiempos es la idea neoliberal de la presunta superioridad de la empresa privada sobre la pública, desde el punto de vista de la eficiencia, de la eficacia y del control. Esta idea, que poco a poco se ha ido extendiendo desde los sectores políticos y económicos más conservadores hasta algunas de las organizaciones sociales y políticas más progresistas, ha hecho posible la creciente privatización de los servicios públicos de todo tipo, sin distinción alguna.

    Curiosamente, en el momento actual de desconcierto por el que atraviesa el mundo, esa tendencia se expresa de forma muy contradictoria. Mientras que el Estado acude al rescate de las iniciativas privadas tóxicas para salvar el sistema, las administraciones públicas aprietan el acelerador de la privatización, a veces por razones puramente financieras, a veces por simple complicidad con los sectores de la construcción a la deriva. En el caso español cohabitan una y otra faceta, sobre todo por lo que se refiere a los ayuntamientos endeudados y a las grandes constructoras, a la vez auténticas multinacionales de los servicios. En parte, estas razones explican también el azote privatizador que está sacudiendo a la provincia leonesa desde todos los sectores y para todos los colores, tal y como veremos a continuación.
    Desde la Junta de Castilla y León, en el marco del llamado Pacto Local, se va a proceder al traspaso de diversos centros a las entidades locales, entre ellos las escuelas de educación infantil (guarderías), que en nuestra provincia serían las de Ponferrada, Astorga y Fabero. El citado Pacto deja abierta la puerta a la privatización del servicio, puesto que si el ayuntamiento en cuestión tiene ese servicio privatizado con anterioridad, le permite optar por la forma de gestión que consideren más adecuada. Por eso los trabajadores y trabajadoras de las escuelas infantiles se han movilizado para reclamar que se mantengan en el ámbito de la Junta de Castilla y León y que no se lleven a cabo unas transferencias que suponen, a buen seguro, una privatización de un servicio público como es la educación de los niños entre 0 y 3 años, con el correspondiente deterioro en la calidad de dicha educación y un importante encarecimiento. Por ello reclaman a la Junta el reconocimiento de la Educación Infantil como un tramo más del sistema educativo y, por lo tanto, su integración en la Consejería de Educación, al igual que el resto de ciclos educativos. Así mismo, piden que se potencie, consolide y amplíe la red de centros educativos de titularidad y gestión pública y la creación de un Programa de Formación Continua para los educadores de esos centros.
    
    La Diputación Provincial ha decidido seguir también esa senda y, a través del Diputado de Servicios Sociales, ha confirmado la pretensión de privatizar el servicio de cocina del centro asistencial COSAMAI, en Astorga, y el servicio de lavandería en los cuatro centros asistenciales de la provincia: el ya mencionado en Astorga,  dos en León y otro en La Bañeza. Esta iniciativa no es sino la punta del iceberg, ya que la acción privatizadora podría incluir, además de estos servicios reseñados, otros de limpieza, enfermería y alquiler de esquíes, entre otros, de centros asistenciales y estaciones de esquí. Una medida que afectaría a un número significativo de trabajadores en asuntos tan transcendentales como retribución salarial y condiciones de trabajo.
    En menor escala, lo mismo está ocurriendo en la Mancomunidad de Aguas de la Comarca de Ponferrada ante la segregación de la misma de las entidades locales pertenecientes al municipio ponferradino. En la única reunión mantenida al efecto, el Presidente de la Mancomunidad manifestó la intención de que Ponferrada se segregaba y que  sobraban doce trabajadores, solicitando que los voluntarios que desearan irse pasarían a prestar sus servicios en la empresa concesionaria del Ayuntamiento de Ponferrada sin más especificaciones. Es decir, tanto en este caso como en el de la Diputación se está actuando con ocultamiento, sin cumplir con la obligada información y negociación con la representación laboral por la posible modificación de condiciones de trabajo o salariales de los afectados, que están siendo tratados como mercancía o como moneda de cambio.
    Finalmente, el Ayuntamiento de León encarna el paradigma de la demencia privatizadora y del absurdo político. Su proceder general y algunas de sus actuaciones en esta materia han merecido ya el siguiente juicio unánime de todas las secciones sindicales presentes en la entidad: uno de los mayores atentados a la legalidad cometidos en la historia reciente de esta provincia, una demostración palmaria de la incapacidad para gestionar los intereses públicos y un descomunal error político de inciertas consecuencias, únicamente imputable al actual equipo de gobierno PSOE-UPL. Claro que para despropósitos merece la pena también contemplar el comportamiento táctico de la oposición, el grupo del PP, que se traviste aquí de paladín del agua pública, como si no se tratara del mismo partido depredador que esquilma los servicios públicos en todos los casos anteriormente expuestos.
    Así pues, a juicio de CCOO, la defensa de lo público ha de ser una defensa trasversal y global, puesto que no estamos ante fenómenos aislados que deban combatirse caso a caso. Por el contrario, se trata de una auténtica estrategia general protagonizada por políticos deficientes, que fueron elegidos para gestionar, entre otras cosas, los servicios públicos, pero que han decidido abdicar de esa función en provecho de los grandes monopolios constructores y financieros. Exactamente los mismos que son responsables de la crisis que perturba y destroza todo el mercado laboral.

Publicado en Diario de León, 27 febrero 2009

martes, 3 de febrero de 2009

Manifiesto contra la privatización del agua

    Vecinos y vecinas de la ciudad de León, muchas gracias por haber participado en esta manifestación de rechazo por el intento de venta del Servicio Municipal de Aguas de esta ciudad. Muchas gracias en nombre de las organizaciones que conforman la Plataforma Leonesa contra la Privatización del Agua, que aglutina a gran parte de la sociedad civil desde posiciones vecinales, sindicales, ecologistas, estudiantiles, políticas y culturales.  Muchas gracias por vuestro clamor, por vuestras firmas y por vuestro compromiso contra esa traición.
    El agua de León sigue siendo pública; es preciso decirlo bien alto. No caigamos en el derrotismo de quienes piensan que ya es un hecho consumado. Es absolutamente falso. El Ayuntamiento se ha limitado a aprobar la composición de la comisión municipal que informará  el cambio de gestión. Todas las posibilidades siguen abiertas por lo tanto.
    Es más, si os animáis a consultar la propia página web de nuestro Ayuntamiento, junto a la imagen cándida de una niña bebiendo un vaso de agua, encontraréis en ella un texto revelador que todavía dice: “El Servicio Municipalizado de Aguas es un área muy próxima a los vecinos, a unos ciudadanos que perciben una atención cercana respecto de un elemento básico como es el agua”. Curiosamente, lo escriben en su propia propaganda aquéllos que ahora desprecian la voluntad popular e ignoran a su ciudadanía. Ése es su primer delito.
    El segundo es haber caído en el dogma que castiga a nuestra sociedad a lo largo de los últimos tiempos: la idea neoliberal de la presunta superioridad de la empresa privada sobre la pública, desde el punto de vista de la eficiencia, de la eficacia y del control. Esta idea, que poco a poco se ha ido extendiendo desde los sectores políticos y económicos más conservadores hasta algunas de las organizaciones sociales y políticas más progresistas, ha hecho posible la creciente privatización de los servicios públicos de todo tipo, sin distinción alguna. El agua es, precisamente, su eslabón más débil, porque es un monopolio natural, un mercado cautivo, sin alternativa para los ciudadanos, dominado por grandes empresas transnacionales que controlan el 90% de la facturación mundial. En España sólo dos empresas manejan más del 80% del negocio privado de la gestión del agua. El poder de estos dos grandes grupos, verdaderos oligopolios multiservicios, y su capacidad de presión ante las instituciones están condicionando las reglas de la libre concurrencia, afectando a la neutralidad y rigor en las adjudicaciones, y, por supuesto, al ejercicio efectivo del control por parte de las administraciones sobre la calidad del agua y del servicio prestado. 

    Porque si el agua se privatiza:
  • Subirá su precio, puesto que la empresa privada intentará recuperar con beneficios la inversión realizada. 
  • El Ayuntamiento dejará de percibir los ingresos de un servicio eficiente  y saneado, que genera cuantiosas ganancias. 
  • Seguiremos pagando la mejora de la red mediante impuestos especiales, porque la empresa privada no reinvertirá los beneficios en las infraestructuras del agua. 
  • Desaparecerán de la gestión consideraciones sociales  y medioambientales, como la atención a personas sin recursos, el abastecimiento a barrios desfavorecidos, las tarifas que primen el ahorro y castiguen el despilfarro, la  protección de acuíferos y ecosistemas, etc. 
  • Se sustituirá la actual plantilla por otra más reducida y en condiciones laborales precarias, lo que minará la calidad de la prestación del servicio.
     Así pues, si el Servicio de Abastecimiento de Aguas de la ciudad de León cuenta en la actualidad con una buena gestión, siempre mejorable como lo atestiguan los informes de la concejala dimitida, y está reportando beneficios a las arcas municipales que aún pueden ser mayores, la excusa de que la situación económica del Ayuntamiento es muy grave y es necesario hacer caja para cuadrar las cuentas es débil e inconsistente. Y, por otro lado, hemos de insistir en el rechazo de cualquier tipo de planteamiento que sólo contemple los servicios de utilidad pública desde el punto de vista puramente económico, sin atender  al bienestar de los ciudadanos y ciudadanas. Además, calificamos la decisión tomada como irresponsable, porque cualquier cambio en la administración de un Bien Común y un Derecho Básico, como es el agua, tiene que obedecer a la mejora real del servicio, no a la obtención de financiación con la que enjugar, momentáneamente, el déficit municipal.
    Vecinos y vecinas, el abastecimiento de agua pública es una conquista social conseguida con el esfuerzo común de varias generaciones de leoneses y leonesas. Su buen funcionamiento se debe al buen uso que hace de él la ciudadanía y a la buena gestión de los gobernantes municipales, a los que elegimos para que asuman esa responsabilidad y no para que deleguen en terceras personas. Si en los últimos años han vendido nuestro suelo, nuestros jardines, nuestras brigadas de obras, y ahora pretenden hacer lo mismo con el agua, entonces no tenemos un alcalde, sino un liquidador del patrimonio de todos los habitantes de la ciudad de León.
    Por todo ello, del mismo modo que hoy hemos respondido con nuestra participación en este acto, es absolutamente imprescindible continuar la presión hasta modificar esta barbaridad, tal y como hicimos hace cinco años con su anterior intento privatizador. Y para ese fin os convocamos nuevamente a tomar este Ayuntamiento y esta plaza el día en que el Pleno municipal aborde la aprobación inicial del expediente de venta. 

    Vecinos y vecinas, es una causa justa, es la defensa de nuestro bien común más preciado, que es y debe seguir siendo de todos nosotros.


Manifiesto leído al final de la manifestación contra la privatización del agua,
6 febrero 2009

viernes, 9 de enero de 2009

Puro teatro

    El curioso devenir de los centros culturales de referencia en la ciudad de León acaba de añadir un nuevo capítulo a su historia, el del Teatro Emperador, convertido recientemente, por obra y gracia del Ministerio de Cultura, en Centro Nacional de las Artes Escénica y de las Músicas Históricas. Bajo el respetable pretexto de salvar un edificio emblemático en todos los sentidos, los gestores estatales de la cultura han acudido al rescate no se sabe bien de quién o de qué con una iniciativa diseñada aparentemente ad hoc, pero que entraña en principio serias dudas en cuanto a su materialización y una escasa sintonía con el tejido cultural local, tal y como se ha recogido en algunos artículos de prensa. Parece oportuno, pues, alentar un debate público acerca de este proyecto y sus implicaciones, no con el ánimo de echarlo abajo gratuitamente, como es costumbre en el martirologio leonés, sino todo lo contrario, para no repetir errores y para que exista una adecuada polifonía, tan necesaria no sólo para las músicas históricas. Ése es, entre otros, el papel que en este caso quiere jugar el Ateneo Cultural “Jesús Pereda” de CCOO, que presentamos en la ciudad de León el pasado mes de noviembre.

     Para empezar, lo que es evidente es que esta ciudad no dispone ya de ningún teatro propiamente dicho ni quedan expectativas de tenerlo algún día si nos atenemos a la literalidad de la decisión que acaba de tomarse. Existen sí salas menores y admirables, como la del Albéitar, espacios multifuncionales que no nacieron para tal, como el Auditorio, o ruinas de un esplendor pasado, como el viejo Trianón, que duerme un sueño eterno en el limbo del olvido. A pesar de que el Ministro de Cultura ha declarado que quiere convertir al Emperador en un “teatro del siglo XXI”, como poco parece difícil que las condiciones de un espacio escénico destinado a la representación dramática, stricto sensu, encajen con el contenido que se pretende dar al nuevo Centro. Mejor hablar por tanto de infraestructura cultural nacional, tal y como el propio Ministro también lo ha nombrado. Además, aun suponiendo que en su catálogo musical y escénico hubiese hueco para lo teatral, las fronteras marcadas para sus actividades –todo lo vinculado a la Corona de España entre los siglos VIII y XVIII, según acotó César Antonio Molina- impiden expresiones que se escapen de esos límites y abarquen un repertorio más universal. Así pues, olvidémonos para siempre de que la ciudad de León figure en los itinerarios nacionales o regionales por los que giran las compañías teatrales, a no ser que continuemos pervirtiendo el destino con el que en su día se concibió el Auditorio, cualquier auditorio. Es decir, volvemos a quedar al margen de la red de teatros públicos, generalmente municipales, en la línea del Teatro Español en Madrid, el Calderón en Valladolid o, más cercano, el Teatro Bérgidum en Ponferrada.

    Pero no está claro tampoco que las artes escénicas a las que el Centro Nacional pretende atender, ligadas por lógica a las musicales, encuentren en el limitado Emperador su acomodo más idóneo. ¿O no recuerda nadie las dificultades que se produjeron en él tiempo atrás para la representación de ópera u otros acontecimientos de magnitud, acerca de los cuales memoria debiera guardar sin duda Teresa Berganza, llamada ahora casualmente a comulgar en este nuevo altar? Por más que el Ministro anuncie obras de restauración y acondicionamiento, las dimensiones y otros pormenores imprescindibles son los que son y valen para lo que valen, siempre y cuando queramos ser escrupulosos a la vez que ambiciosos en la programación del nuevo Centro y en su cometido. Quiere ello decir que buena parte de la oferta que en él se produzca habrá de buscar ubicación necesariamente más allá de su propia sede, lo cual nos remite una vez más al único espacio en la ciudad capaz de acoger semejantes actos, el Auditorio. Es más, cabe pensar que las obras referidas coincidirán durante varios meses, quizá años, con una actividad que anuncia su puesta en marcha a partir del próximo mes de febrero; una razón más para suponer el secuestro del Auditorio durante ese mismo periodo.

    En consecuencia, la conexión entre el Auditorio Ciudad de León y el Teatro Emperador se descubre como capital en el nuevo proyecto, lo cual exigirá una labor de coordinación fina que permita, de un lado, la interactuación entre ambos entes y que evite, de otro, su más que posible interferencia. No nos referimos sólo a ajustar calendarios o a compatibilizar recursos humanos de diferente naturaleza laboral, sino a redefinir ámbitos de actuación y a establecer pautas políticas culturales radicalmente diferentes a las habidas hasta la fecha. A modo de ejemplo y sin ir más lejos, cabe esperar que, cubierto el espectro más clásico por el uno,  rediseñe y abra el otro el suyo hacia lo moderno conforme a esa nueva realidad, y no nos encontremos con duplicidades en la oferta que serían el hazmerreír tanto del público como de los interventores de la hacienda. O, yendo más allá, alguien debería reclamar también desde los despachos del Auditorio la justa reciprocidad en el uso del Teatro, que permitiera una complementariedad a todas luces fundamental. En tal supuesto, se cubriría de paso el déficit teatral que antes hemos denunciado
    Sin entrar en más detalles, éstas y otras cuestiones importantes solamente podrán abordarse y solucionarse si se crea un nexo formal entre el Patronato que dirija el Centro Nacional de las Artes Escénicas y de las Músicas Históricas y el Ayuntamiento de León, titular del Auditorio. No puede ser que el Ministro de Cultura se exhiba al recoger las llaves del Teatro como un moderno Mister Marshall, en tanto que el Alcalde se limita a decir que fue en ese lugar donde “se quedó encerrado en un baño por primera vez” mientras veía la película Ben-Hur. Y diremos más: ante la fértil polémica suscitada y para una mayor transparencia, el Ayuntamiento debería aprovechar el nuevo escenario cultural que se nos presenta para abrir la participación y promover la intervención ciudadana en esta materia. Ello no le restaría decisión política, sino que lo colocaría en el polo opuesto a lo que algunos llaman malintencionadamente puro teatro.

Publicado en El Mundo de Léon, 9 enero 2009 

viernes, 2 de enero de 2009

ANDY CHANGO: Boris Vian

    Desde que a finales de los años setenta aquel argentino de gamuza azul que se llamaba Morís le cambiara el paso al rock español, muchos otros compatriotas suyos han seguido la senda que ha enriquecido el pop de estas latitudes con sus aportaciones. Después de Ariel Rot, de Sergio Makarof, de Andrés Calamaro y de otros que ni siquiera llegaron a dar el salto, como Charly García o Kevin Johansen, posiblemente el penúltimo eslabón lo encarne Andy Chango, un flaco cantante y pianista que, tras su aterrizaje en las postrimerías del pasado siglo, ha editado cinco discos con el que hoy presentamos.

    Además de servirnos para conocer mejor el caleidoscopio musical que se esconde detrás de Chango -casi un artista de culto y por tanto con ligera repercusión mediática-, el disco encierra varias otras virtudes que lo hacen tremendamente atractivo para quienes gusten de las buenas canciones. Para empezar, el eje sobre el que se apoya, es decir, la figura de Boris Vian, precisamente en el año en que se cumplen los cincuenta desde su muerte. Reconocido sobre todo como escritor y poeta (inolvidable La hierba roja), no se debe olvidar que fue también cantante y músico. Frecuentador de los templos del jazz en el Saint-Germain-des-Prés más existencialista, allí conoció a Duke Ellington, Miles Davis y Charlie Parker. Y de hecho llegó a realizar el catálogo de jazz para Philips y fue su director artístico. Pero lo que aquí descubrimos es su vertiente cantable y lo hacemos además en español, gracias a un ejercicio de traducción y adaptación en el tiempo llevado a cabo por gentes tan doctas en el oficio como Javier Krahe o Luis Antonio de Villena.

    Así pues, el disco soporta todo tipo de audiciones, desde la más desenfadada, ya que muchas de sus letras son un glosario irónico de figuras chocantes, hasta la fetichista para los devotos de rarezas y otras maldiciones del arte; desde la del curioso que se asoma a un mundo desconocido y descubre la sorprendente actualidad del espíritu patafísico de Vian, hasta la del que se deleita en arreglos musicales finísimos para lo que se estila. Se puede disfrutar así mismo de la colaboración del seleccionado argentino, con Andrés Calamaro, Ariel Rot y Fito Páez como tridente. Por último, nos permite recuperar uno de los emblemas del pacifismo más radical, la canción “El desertor”, interpretada aquí en inglés, que le costara varios disgustos al bueno de Boris por incitar a no cumplir el servicio militar en los tiempos en que Francia tenía sus más y sus menos con la ocupación argelina. En fin, agradezcámosle a Andy Chango que nos haya hecho tan espléndido regalo y aguardemos con impaciencia sus actuaciones en directo, por si llegaran, y su próxima entrega titulada más que adecuadamente Nada que decir.

Publicado en Notas Sindicales, febrero 2009

domingo, 23 de noviembre de 2008

Presentación Ateneo Cultural "Jesús Pereda" de CCOO

Con María Vallejo y José María Fidalgo
    El primer estremecimiento cultural nos llegó de la pluma del escritor Juan Cueto. A caballo entre las décadas de los setenta y de los ochenta del pasado siglo, cuando la olla comenzaba a hervir en este país y alboreaba una movida cultural evidentemente sabrosa, Cueto escribió: “la cultura es una perra de lujo a la que todo se le vuelven pulgas”. Confieso que empecé a preocuparme.

    Años después, nos sobresaltó una novedosa acepción dentro del vasto campo de la polisemia cultural. Se comenzaba a hablar de cultura de empresa para referirse a aquellos individuos que demostraban una actitud adecuada para su integración en la empresa de referencia. Es decir, un simpático eufemismo para no nombrar directamente la conformidad laboral. Por entonces, las subvenciones  y el mercado habían impuesto su ley también en los salones culturales. Y declaro que me sentí bastante perturbado.

    No ha mucho, una mañana abrí el periódico recién renovado con una tilde y no encontré la sección específica de Cultura. En su lugar, se me reveló un contenedor lleno de mercancías. Bajo el rótulo Vida & Artes, escrito además con una ligadura gráfica en lugar de con una conjunción copulativa para que todo resultase más aparente y neomoderno, aparecía  un cajón amorfo donde cabían por igual las informaciones llamadas de sociedad, las de talento-diseño-moda-estilos-gastronomía, las de lidia, las de gente, el sudoku, y, naturalmente, las de cultura. Definitivamente, me declaré rendido.

    Pero, en fin, como uno está hecho de contradicciones, al estilo de don Federico Nietzsche, presentamos hoy un ateneo cultural, esto es, el enésimo intento de darle la vuelta a la perra de lujo. Y lo hacemos con un debate, a nuestro modo de ver fundacional, en torno a lo difícil que sigue siendo la convivencia entre la cultura y la ideología. Cuantos hemos sido cocineros antes que frailes sabemos bien de lo turbio que resulta el matrimonio entre esas dos figuras, y sobre todo lo fácil que es caer en la infidelidad. Quienes hoy nos acompañarán en la mesa, gente sabia en cultura y en ideología, sabrán ponerlo de relieve para que todos –también este Ateneo- sepamos a qué atenernos. Quisimos, por otra parte, que este acto se simultaneara con una actividad complementaria que, desde nuestra óptica obrera, contenía también las esencias de los viejos ateneos obreros: un taller, en este caso un taller de danza, que al cabo se lo llevó el presupuesto, pero que comprometemos aquí con todos ustedes para muy pronto.

    Como muy pronto el Ateneo Cultural “Jesús Pereda”, con colaboraciones generosas como la que en este caso ha prestado Enrique Jiménez, cobrará nuevas expresiones en esta ciudad, en esta provincia, entre los brazos cada día más inquietos, socialmente hablando, de la Unión Sindical de Comisiones Obreras. Nuestros afiliados y afiliadas siempre nos expresaron su deseo de contar con un soporte para actuar y para ser críticos también en lo cultural. Así va a ser y a ello os animo.
Ernesto Escapa, Rogelio Blanco, Eloísa Otero, Alfonso Ordóñez e Ildefonso Rodríguez

Intervención en el acto de presentación del Ateneo Cultural,
MUSAC de León, 26 noviembre 2008

jueves, 13 de noviembre de 2008

Manifiesto contra la siniestralidad laboral

    Somos trabajadores y trabajadoras. Somos gentes humildes pero importantes. Nuestro trabajo es importante. Desde los andamios, entre los surcos de la tierra, en el pozo de carbón, en las aulas y  en los hospitales, encima de un escenario, entre máquinas, con herramientas, sobre vagones de ferrocarril… los trabajadores y trabajadoras en conjunto formamos el elemento decisivo e imprescindible para que la economía de un pueblo, de una región, de un estado progresen y para que las sociedades avancen hacia un mundo mejor, más justo. Nada son los dineros, nada son los mercaderes, los ingenieros de las finanzas, los gobiernos sin nuestros manos, sin el poder trasformador de nuestras manos. Y, sin embargo, somos el eslabón más frágil, la célula más débil de todo el aparato productivo. Porque nos rompemos.

    Durante este año, hasta este preciso otoño que tanto estimamos los bercianos y bercianas, han muerto en España en torno a mil trabajadores y trabajadoras como consecuencia de su actividad laboral; veinticuatro en la provincia de León; nueve en nuestra comarca, algunos muy recientemente como una oleada fatal. Todas las muertes duelen y provocan llanto y desconsuelo. Pero algunas de ellas se significan por encima de las otras a causa de su mal olor, a causa de un hedor venenoso que nos advierte de que no se trata de muertes naturales, sino que son un producto torcido e indigno de la vida, de la mala vida. Hablamos de los seres humanos que se cruzan con pistoleros, con coches-bomba, con aviones suicidas. Hablamos de los seres humanos que conviven y sufren en lo doméstico el martirio del maltrato machista hasta sus últimos extremos. Y hablamos, por supuesto, de los seres humanos que trabajan para vivir y que dejan sus vidas en el trabajo. Por eso estamos hoy aquí en esta movilización ciudadana. Porque si somos capaces de juntarnos a la puerta de los ayuntamientos cada vez que un atentado terrorista nos retuerce el alma, porque si somos capaces de concentrarnos cada vez que una mujer es asesinada por quien se dice su dueño y no es más que un miserable, cómo no íbamos a hacerlo cuando muere un albañil, un minero, un maquinista, gente corriente cuyo único delito en ese día bárbaro fue haber acudido con normalidad a su puesto de trabajo.

    Este país en que vivimos ha conocido en los últimos años conquistas importantes a la hora de prevenir los riesgos laborales. Tenemos leyes y decretos. Tenemos inspectores y fiscales especializados. Tenemos personal técnico y delegados y delegadas que actúan en las empresas. Tenemos más medios y más formación. Pero, aun así, el reguero de accidentes se derrama por toda la geografía. Quizá porque las leyes y los decretos no sean suficientes; quizá porque no lo sean tampoco los inspectores ni los fiscales ni los técnicos ni los delegados. Quizá también porque algunos patronos descuentan de antemano en sus balances el coste de esos accidentes como una circunstancia sin mayor trascendencia, esos patronos que consideran la prevención como un gasto en lugar de una inversión, esos mismos patronos que luego escriben un telegrama de condolencia a las familias y buscan acordar indemnizaciones para escapar de otras condenas. Quizá el azote penal sea urgente, aunque no acabe nunca de alcanzarnos.

    Nuestros muertos lo han sido a causa de caídas, de atrapamientos, de atropellos y de otra variedad de razones perfectamente previsibles y, por lo tanto, evitables. Eso es lo más terrible. Prácticamente todos nuestros muertos pudieron no haberlo sido. Por eso es trascendental que sepamos que nos rompemos con suma facilidad. Y es necesario por eso mismo que seamos lúcidos y que nos rebelemos contra cualquier maniobra que nos ponga en peligro. Debemos ser los primeros actores de nuestra prevención, y luego, naturalmente, exigir medios y clamar justicia. Tal y como hoy lo hemos venido a hacer un nutrido puñado de bercianos y bercianas, convocados por Comisiones Obreras y por la Unión General de Trabajadores.

    Os pido que guardemos a continuación un minuto de silencio por esos trabajadores y trabajadores que han fallecido en los últimos meses en este Bierzo nuestro, en este país nuestro, en este mundo nuestro.

Manifiesto leído al final de la manifestación contra la siniestralidad laboral,
Ponferrada 15 noviembre 2008

domingo, 2 de noviembre de 2008

EMMYLOU HARRIS: All I intended to be

    La edición musical fue siempre un soporte fértil para cuanto tiene que ver con el diseño gráfico. En particular, las carpetas de los viejos discos de vinilo, aquellos gigantescos elepés si atendemos a lo que hoy se lleva, se convirtieron en una fuente generosa para que artistas y otros profesionales del medio ejerciesen su maestría. Hay portadas históricas que muchos guardamos en la memoria o en nuestra discoteca privada, desde el disco blanco de los Beatles hasta el Nevermind de Nirvana, pasando por cualquiera de los firmados por Pink Floyd. Por lo general, aquellas carátulas iban estrechamente ligadas al contenido de los discos o a la peculiaridad de los músicos, al menos hasta que el imperio del cedé impuso la ley de la miniatura y ya casi nada fue igual. Nos cuesta trabajo desprender el celofán, resulta prácticamente imposible leer las letras o los títulos de crédito, y los motivos se reducen a fotos fijas bastante inexpresivas.

    Acaba de editarse el último álbum de Emmylou Harris, titulado All I intended to be. Si su biografía y sus canciones no constituyesen suficiente aval, las imágenes que lo envuelven y el juego de color y blanco y negro con que se expresa llamarían necesariamente nuestra atención en medio de otros formatos anodinos y funcionarios. Luego, una vez escuchado el disco, la intuición se confirma y no queda otro remedio que saludar esta exquisita conjunción entre música e imagen tan poco habitual en estos tiempos. O, de otro modo, la síntesis contenida en la etiqueta de cabecera –Todo lo que pretendo ser- se explica por igual en el exterior y en el interior del disco, lo cual ya es bastante mérito. Por cierto, el productor es Brian Ahern y el fotógrafo, Rocky Schenck.

    Superada ampliamente la treintena de discos, la madurez de Emmylou Harris se inclina, como las fotografías, hacia la melancolía elegante. Quién sabe si no será, si no ha sido siempre ésta su principal seña de identidad artística desde su cuna en Alabama. Será quizá porque nunca ha sido lo bastante estimada en Nashville, donde se acomoda el núcleo duro de la música americana. Será quizá que, sin alejarse de la tradición, se dejó infiltrar como nadie por la lítica de The Byrds o por las fórmulas más progresivas de The Flying Burrito Brothers, todo ello de la mano del mítico Gram Parsons, de quien una sobredosis la hizo quedar huérfana. Será que se muestra demasiado ecléctica y atrevida para el country más ortodoxo. El caso es que todo lo que ella ha pretendido ser se encuentra diseminado en una discografía que invita a ser transitada y que ahora se corona con una última obra emotiva y sugerente, como ese camino solitario entre árboles y paleras que preside la portada. Tal vez exageremos. Pero si alguien duda de lo dicho, escuchen ustedes tranquilamente la canción “Kern river” y derrítanse hasta el último minuto de la eternidad.

Publicado en Notas Sindicales, diciembre 2008