Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 24 de octubre de 2010

Para fumadores

"A mi abuelo, que me enseñó que los ideales se liaban"
Moncho Alpuente

sábado, 16 de octubre de 2010

La palanca

    En su última visita a la ciudad de León con el fin de inaugurar la terminal de su aeropuerto, el Presidente del Gobierno renovó la galería de latiguillos verbales añadiendo un nuevo término al repertorio: la palanca. Hizo uso hasta tres veces de esta expresión para explicar el sentido de la nueva infraestructura en relación con el impulso de la economía provincial. De este modo sustituía las viejas morcillas del tipo motor, tractor, generador, etc. por un nuevo vocablo tomado también del ámbito de la mecánica, que por lo visto da bastante de sí como palanca de metáforas políticas.

    Como bien sabemos y la Academia define, una palanca es “una barra inflexible, recta, angular o curva, que se apoya y puede girar sobre un punto, y sirve para transmitir una fuerza”. Naturalmente, el empleo figurado de esta palabra por parte del Presidente, asociado al campo de los transportes y de la actividad económica, nos lleva a preguntarnos por aquello a lo que se va a transmitir la fuerza, es decir, el referente sobre el que opera la imagen. También nos lo aclaró el propio Presidente del Gobierno: al turismo, al ocio y a los congresos, como repitió en varios momentos de su discurso. He ahí, pues, el nuevo modelo productivo que nos rescatará de la crisis para mayor gloria del sector aéreo.

    La verdad es que para este viaje, aunque dispusiéramos de aviones, no hacía falta alforjas, ni aeropuertos. Y no es que despreciemos la nueva instalación y su potencial, por supuesto, como sindicalmente no lo hemos hecho nunca con las iniciativas gubernamentales de este tipo. Pero inevitablemente echamos de menos algo más de innovación real, no sólo verbal, en el acto de inauguración. Una alusión a nuevos proyectos y nuevas políticas aún con intención sencillamente declarativa; por ejemplo, un énfasis en las virtualidades logísticas, o enlazar con los estudios de ciertas ingenierías del ramo que se cursan en la Universidad de León o con la formación profesional acreditada desde siempre en la Virgen del Camino, para lanzar así un puente verdadero hacia otras expectativas mucho más ilusionantes. Porque repetir senderos ya trillados, por más que importantes en nuestro PIB, no genera la confianza que de manera casi campechana el Presidente quiso transmitirnos en su alocución. Por el contrario, dio la impresión de que continuamos apalancados.
Acceso a la nueva terminal del aeropuerto de León
Publicado en La Crónica de León, 4 noviembre 2010

sábado, 9 de octubre de 2010

Amos

    Para mí tengo que tanto no ha cambiado el mundo, al menos para cuantos a servir hemos venido a este valle de lágrimas. De hecho, los que tenemos un origen humilde, a pesar de que la fortuna pueda no parecernos adversa,  llegamos como mucho a alcanzar cierto grado de prosperidad ficticia con el que nos resignamos y que por lo general nos llena de conformidad.

    Mi caso, como verán, no es en verdad muy diferente al de ustedes, trabajadores de una España cuyos muros tornan a desmoronarse, como si descrito lo hubiera mi admirado don Francisco de Quevedo. Mi primer contrato de trabajo -diríamos el de prácticas- lo fue con un ciego, con quien aprendí sobre todo en astucias, malicia, trampas y hasta venganzas. Pasé luego al servicio de un clérigo avaro y sin escrúpulos, que me enseñó las artes de la corrupción. Firmé después un contrato de obra y servicio con un escudero, que encarnaba las falsas apariencias de mi época, a quien me cupo mantener más que a la inversa. Mi cuarto amo, un fraile de la Merced promiscuo y lujurioso, gustaba de abonar mi nómina en especie, hasta el punto de que a él debo mi primer par de zapatos. La sucesión de contratos temporales continuó después con un buldero, falso donde los hubiera, que vendía bulas sólo para lucrarse de las ganancias sin tener en cuenta para nada las creencias de las gentes. Muy poco tiempo pasé a las órdenes de un pintor, encarnación de una cultura que, a mi parecer torcido, no encajaba bien con mi propio sino. Lo mismo que sucedió con mi octavo jefe, un alguacil, cuyo oficio siempre se me antojó peligroso. Hubo por el medio un capellán, mi primer contrato fijo e indefinido por hasta cuatro años, merced a cuyo sueldo compré ropa usada y una espada.  De modo que fue así como finalmente alcancé la gloria al lado del Arcipreste de San Salvador, quien hasta me dio esposa en la persona de su querida, con lo cual podemos decir que conquisté la felicidad y la estabilidad que siempre había soñado para mi vida, bien que a pesar de poner mi honra en juego.

    Por estas y otras andanzas se me ocurre que no media tanta distancia como siglos entre mi devenir y lo que a ustedes les aguarda. Ojalá me equivoque y hagan lo posible para que así sea. Pero llegará un día en que también un autor espabilado escriba su historia, la de cualquiera de sus mercedes, que volverá a resumirse en otra sucesión de amos impresentables como los míos y en otro desenlace no menos ruin, por más que su condición de pequeños burgueses les lleve a pensar lo contrario.

Publicado en Notas Sindicales Digital, julio 2013

martes, 5 de octubre de 2010

Huelga de hambre vs. Folklore

    Miguel, Jorge, José Luis, Severino, Gonzalo, Juan Carlos, Maximino, José Ángel, Manuel y Víctor. Éstos son los nombres de diez trabajadores que a lo largo del mes de septiembre se han mantenido en huelga de hambre en Ponferrada y en Madrid contra los abusos de dos empresarios inmorales y para conquistar un mínimo futuro al sector del carbón. Han sido, pues, diez vidas en riesgo que han aguantado el tipo discreta y humildemente para alcanzar esos objetivos. No han ocupado primeras planas, no han merecido grandes titulares, no les han aplaudido las multitudes ni les han visitado los obispos. Sin embargo, nos merecen respeto y admiración.
Desmontaje en Ponferrada del campamento de la huelga de hambre
    Por el contrario, lo que parece haber triunfado entre la población ha sido una vez más el espectáculo y la frivolidad. Basta atender a las hemerotecas y a otros archivos documentales para confirmarlo. Y es suficiente con releer las noticias del mes pasado para constatar cómo la retórica manipulada ha contribuido a ese efecto. Porque, sin pretender menospreciar ninguna de las acciones llevadas a cabo con motivo del enésimo conflicto del carbón en la provincia leonesa, lamentablemente lo que queda en la memoria individual y publicada no es otra cosa que folklore; a lo cual han contribuido como nadie los medios de comunicación, algunas autoridades locales y los propios mineros. Los primeros convirtiendo la reivindicación laboral en formato de reality show, prescindiendo del más objetivo análisis y entregándose sin más a lo puramente superficial. Los segundos organizando cabalgatas y entonando discursos florales. Los terceros dejándose llevar por la soberbia y la vanidad de una popularidad, que sustituyó ipso facto a las críticas por las barricadas como si nada hubiera ocurrido. Así que a lo que hemos asistido es a una romería, con sus desfiles y sus vírgenes, con sus pendones y sus exhibiciones de cachas y relicarios. Sólo faltaron los vendedores de obleas y de globos de colores. Todo ello coronado –digámoslo con su verdadero nombre- por una auténtica contra-manifestación ilegal y por una ocupación anti-sistema de un espacio público autorizado para el colofón de la huelga general del 29-S.

    De modo que la pregunta clave para contrastar todo lo dicho es muy simple: ¿cuántos de los que salieron a vitorear la marcha minera conocían y reconocían que en Ponferrada y en Madrid diez trabajadores afiliados a CCOO y a UGT se jugaban la vida por el futuro del carbón y por el presente de unas nóminas secuestradas? Ésa es la cuestión.

Publicado en La Crónica de León, 7 octubre 2010 

domingo, 26 de septiembre de 2010

CAROLE KING & JAMES TAYLOR: Live at the Troubadour

    The Troubadour es una famosa sala de conciertos de la ciudad de Los Ángeles, inaugurada en 1957, por la que han desfilado gentes tan nombradas y variopintas como Elton John, The Byrds, Eagles, Joni Mitchell, Linda Ronstadt, Buffalo Springfield, Miles Davis y Guns N’Roses. Hasta cuentan las malas lenguas que John Lennon y Harry Nilson fueron expulsados de ella una noche de 1974 a causa de sus expresivas borracheras.

    El caso es que en noviembre de 1970 actuaron allí juntos por primera vez Carole King y James Taylor cuando sus carreras estaban a punto de caramelo. Volvieron enseguida, en 1971, con dos discos bajo el brazo, Tapestry y Sweet baby James respectivamente, con los cuales acabarían consagrándose una y otro. Bastantes años después de su primer encuentro y con mucha biografía acumulada por ambos, en noviembre de 2007, James Taylor y Carole King regresaron al Troubadour junto con su grupo original, The Section, para actuar tres noches y seis conciertos con motivo del cincuenta aniversario del famoso club. Y sellaron esa vuelta, naturalmente, con un repertorio clásico que bebe del folk, del country y del soft rock.

    Por supuesto esto es precisamente lo que encontramos en este CD y DVD tan recomendables. No se trata, aclaremos, de un ejercicio de nostalgia, aunque nos permitan, eso sí, reencontrarnos con un tiempo y unos usos musicales poco comunes en los tiempos que hoy corren. Por ejemplo, podremos recuperar el arte de hacer canciones, asunto nada desdeñable cuando todo el mundo se empeña en la actualidad en componer temas sin que sepamos muy bien de qué demonios se trata. Ese equilibrio sutil entre un texto bien trabajado y una melodía adecuadamente construida no es otra cosa que el eterno secreto del cancionero. No hacen falta muchos más artilugios, ni efectos especiales, ni juegos de palabras. Si acaso que la edad nos respete las voces, como así sucede, y que las cicatrices de la vida se limiten, en apariencia, a una calvicie espectacular y a un par de patas de gallo, tan reales como figuradas. Con semejantes herramientas se presentan los dos cantantes y repasan sus repertorios a solas y al alimón, en dúo y en sencillo, demostrando, como hemos apuntado ya en otros comentarios, que las buenas canciones resisten todo lo que se les quiera echar encima y más. Un público entregado colabora activamente en la ceremonia y recibe con entusiasmo, más o menos como nosotros a través del formato digital, el repaso de algunos de los hitos musicales en los que hemos sido y, por fortuna, según se demuestra, seguimos siendo. Imposible dejar de lado la altura lírica y emotiva de versos como los que vuelven a sonarnos imperecederos: “Cuando estés triste y preocupado, y necesites una mano amiga... / cierra tus ojos y piensa en mí, / sólo grita mi nombre, iré corriendo, / invierno, primavera, verano u otoño, / todo lo que tienes que hacer es llamar / y ahí estaré, tienes un amigo".

Publicado en Notas Sindicales, noviembre 2010 

domingo, 12 de septiembre de 2010

La reforma empresarial

    En medio del empacho reformista en que ha convertido el Presidente del Gobierno la política nacional se echa en falta una reforma de la que intencionadamente no se habla. Mientras que reformas laborales, financieras y de pensiones parecen indiscutibles y a todos nos han llevado ya al huerto sobre su oportunidad, nadie mira ni quiere mirar al sector empresarial, como si estuviese limpio de polvo y paja y no requiriese de ningún retoque. Da la impresión de que los únicos orígenes de la deriva económica actual son los trabajadores y trabajadoras que tenemos poco menos que secuestradas a las empresas, nuestros ahorros o nuestras deudas que tienen maniatados a bancos y cajas, y los insoportables pensionistas que con eso de la esperanza de vida están muy acomodados en este lado de la galaxia.

    Y no es así aunque no se diga, pero habrá que decirlo. Con muy honrosas y seguramente notables excepciones, el conjunto del empresariado español requiere un repaso de gran calibre en fondo y en forma, una reforma en toda línea que nos permita al menos eliminar del horizonte ese modelo que se impuso en los últimos años y que resulta verdaderamente insoportable. Me refiero, por supuesto, al indefinido especulador, arrivista y desalmado que floreció al calor del dinero fácil y que seguramente con él se ha estrangulado a sí mismo; eso sí, cargando de deudas a la Seguridad Social, a la Agencia Tributaria, a sus empleados y probablemente sin ni siquiera haber abonado las cuotas de su organización empresarial. Pero también, claro, a esos otros empresarios de lujo que presiden cajas de ahorro con créditos pendientes en sus ventanillas, a los constructores megalómanos que se enturbiaron en tramas de corrupción y siguen bajo sospecha, a los inmorales que no abonan nóminas ya trabajadas para persistir en el chantaje al Estado y, naturalmente, a cuantos han convertido los paraísos fiscales en su auténtico fondo de pensiones. Todo ello por no citar a su cabeza visible, recientemente condenado por los tribunales a pagar de su bolsillo los salarios adeudados en su quebrada aerolínea, quien en los primeros momentos de la crisis solicitaba -¿recuerdan?- un paréntesis salvador en la economía de mercado.

    Presidente Zapatero, mire a ver, todos esos nos vienen sobrando, ¿no podría usted impulsar una reforma empresarial? Por decreto, naturalmente.

Publicado en La Crónica de León, 17 septiembre 2010 

viernes, 10 de septiembre de 2010

Sobre el carbón

    Nada puede decirse acerca del futuro del carbón si no convenimos que tampoco nada puede decirse de otras fuentes energéticas sin entender el conjunto como un sistema, donde cada elemento tiene significado en sí mismo pero también con respecto a los demás. Del mismo modo, en el grado actual de la civilización nuestras opiniones al respecto no pueden dejar de lado los condicionantes de lo sostenible, es decir, de la combinación equilibrada entre lo económico, lo social y lo medioambiental. Finalmente, en la distancia más corta, conviene reconocer también que las incertidumbres que se advierten en el sector tienen mucho que ver con una larga indefinición de la política energética española y con la escasa armonía de la misma en el ámbito europeo.

    Superado este cóctel previo, que requiere un mucho más amplio desarrollo, ¿qué podemos inferir en cuanto a la producción de carbón en nuestro país en la actual coyuntura?

    Una primera conclusión, a nuestro juicio, debe ser que, más allá del horizonte de 2012 hasta donde alcanza el actual Plan y en un contexto de evidente adelgazamiento de todas las materias primas, el carbón requiere una catalogación indubitable y cuantificada como reserva estratégica al margen de contingencias mercantiles. En segundo lugar, con un horizonte más alejado, el establecido por la Unión Europea para 2020, que el carbón deberá ser limpio o no será. Y en tercer término que en una economía subsidiada como la nuestra se hace necesario revisar la posible nacionalización del sector, a la luz sobre todo del comportamiento inmoral de algunos de sus empresarios más notables y conocidos los dudosos beneficios de otras privatizaciones y transacciones de los suministradores eléctricos.

    Para acabar, dos referencias al hilo de decisiones tomadas por los políticos europeos. Por un lado, anunciar que las ayudas al carbón concluirán en 2014 no significa acabar con el consumo de carbón, sino ofrecer mercado al carbón internacional, aparentemente más competitivo a costa de peores condiciones laborales y de seguridad; aunque también es cierto que algunos enclaves nacionales podrán sostener el tirón reduciendo ganancias. Y por otro, ya veremos cómo se explica la paradoja de invertir millones de euros en la investigación para el secuestro de CO2 que actualmente se llevan a cabo en la provincia leonesa, cuando, de confirmarse los peores augurios, se trataría de una tecnología que ya sólo vendría a beneficiar a productores extranjeros y una vez más a los titulares de las eléctricas.

Publicado en El Mundo/Mercados, 12 de septiembre 2010 

lunes, 6 de septiembre de 2010

Más allá de este límite...

    Sobre los dinteles de salida de algunas vetustas estaciones de metro de París figura todavía un letrero tan real como sugerente: “Más allá de este límite sus billetes ya no son válidos”. Lo que en sentido real tiene un significado más que evidente, adquiere en el figurado otras connotaciones que extienden la semántica hasta donde el viajero quiera llevarla por esas calles de la capital francesa abiertas siempre a la ficción.

    No iremos tan lejos, sin embargo, pero bien podríamos servirnos de tan severa advertencia para imaginar -¿por qué no?- que semejante lema resulta más que adecuado para una jornada de huelga general como la del próximo 29 de septiembre. Y, a nuestro parecer, mucho más todavía para singularizar dicha convocatoria en el extenso ámbito de la cultura y del pensamiento.

    Una mirada superficial reconocería apenas los motivos más prosaicos (no por ello menos importantes) de la movilización, es decir, reformas laborales, prevención en materia de pensiones o cuestionamiento del proceder financiero y empresarial. Y concluiría, seguramente, que en unos casos no se siente concernida, por cuanto esos espacios difusos de la creación rara vez se acomodan a normativa laboral, cotizan a regímenes generales o saben de ingeniería bancaria; en otros casos, faltaría más, directamente se cree muy por encima o al margen de semejantes cuitas mortales. Ahora bien, un sentido más agudo o una percepción más sabia debería advertir que en realidad lo que está en juego son las conquistas de la razón y que cualquier retroceso en ese campo supone dar al traste con años, si no siglos, de trabajo, de lucha y de generación de ideas. La pátina culta de la vieja Europa, como despectivamente la llamó el inteligente George Bush, se muestra cada día más oxidada y sobre su herrumbre se yerguen y ganan terreno las factorías del pensamiento conservador, las ideologías revisionistas y las leyes del consumo adolescente que están señalando el adverso camino de los tiempos poscontemporáneos. Tanto es así que incluso cabría preguntarse si el pensamiento es hoy un fenómeno de derechas en tanto y cuanto los talleres del pensamiento de la izquierda, como sus partidos y muchas de sus organizaciones sociales, hace tiempo que sestean dedicadas únicamente a la búsqueda de la identidad perdida. Por supuesto, en semejante estado afectivo difícil es que generen comportamiento ni individual ni colectivo, aspecto este en el que se han mostrado muy diligentes las huestes contrarias. Incluso en Estados Unidos –quién lo diría- se ha llegado a considerar que es bueno pensar una media hora al día porque ha habido estudios que han demostrado que se trata de una actividad que, siempre que no se abuse, genera unos procesos químicos que son provechosos para la buena salud, esto es, para la productividad y el consumo, precisamente los dioses del ideario neoliberal o socialdemócrata. Tanto da a estas alturas.

    Por ejemplo, alguien debería haber escrito ya (o recreado en la forma que le fuese más pertinente) que la crisis económica no fue fruto del azar ni del descuido, ni de los ciclos ni de las burbujas espontáneas, sino que es expresión de un auténtico montaje por parte de quienes se están beneficiando de ella: bancos, multinacionales, determinados sectores empresariales, países emergentes que no se sabe bien hacia donde emergen…, todos ellos gente muy bien formada, a la que no se les escapa el más mínimo detalle. Alguien debería señalar con el dedo a algunos de los principales responsables de que todo discurriera por donde ha discurrido, a saber, quienes no ejercieron la debida tarea de inspección y control como el Banco de España, el Banco Central Europeo o la Reserva Federal Americana, entre otros. Alguien debería iluminar el desconcierto de la ciudadanía y combatir de paso contra las armas de las que se sirven los gobiernos, todos los gobiernos, para mantenernos amedrentados y timoratos, esto es, el miedo y el patriotismo. Y, puestos a señalar, qué mejor que esperar que ese alguien formase parte de las filas de la cultura, del pensamiento y de la universidad, quienes a lo largo del siglo XX cumplieron tal papel mientras que en la actualidad se muestran anoréxicas, como un testimonio más del triunfo aparente del descompromiso y de la desmovilización general, otros de los signos de la nueva edad en ciernes.

    Quizá resulte exagerado asociar tan estrechamente el cartel del metro parisino con la fecha del 29 de septiembre de 2010. Todo es dinámico, evidentemente, y sería una temeridad indicar fronteras tan concretas. Ahora bien, los pequeños hitos que se colocan en los caminos tienen sentido en sí mismos y con relación a los demás; de ahí que nada sea despreciable en el trayecto y valga más ir atendiendo –y aprovechando- las señales que se nos presentan como un verdadero sistema. Podemos, por supuesto, permanecer estancados en el trajín cosmopolita del subterráneo; deleitarnos en que tal vez por él deambuló una noche Horacio Oliveira en pos de la Maga; entretenernos en imaginar el mapa sugerente que por encima de nuestras cabezas se dibuja en la superficie. Y podemos, en fin, superar despistados el umbral de salida del laberinto, momento en que nuestros billetes de viaje perderán sin remisión toda su validez. Ésta es la cuestión capital sobre la que merece la pena detenerse.

Publicado en Diario de León, 8 septiembre 2010, y en el boletín Cultural Ateneo nº 3, septiembre 2010. 

martes, 10 de agosto de 2010

Promisión

    Cuando en la campaña electoral del año 1977 el entonces candidato por la UCD, Adolfo Suárez, acuñó para la posteridad la frase “puedo prometer y prometo”, desconocía seguramente el beneficio que iba a producir a la retórica y el daño que ocasionaría a la política posterior. Desde entonces, los retóricos la repiten y señalan como eje para nuevas técnicas de comunicación en público, mientras que los políticos tratan de imitarla en vano, buscando su hueco en la historia universal de las citas.

    El Presidente Felipe González proclamó también en su momento una sentencia, que vuelve a cobrar actualidad al hilo de las reformas a las que en estos tiempos se somete al país. Dijo en 1985, a propósito de una de las ¡60! reformas laborales que hemos venido disfrutando a lo largo de nuestra vida democrática: “los empleos temporales de hoy serán los fijos de mañana”. Y se quedó tan ancho puesto que no se le conoce acto de contrición alguno a pesar del evidente fracaso de su profecía.

   Obviando las glorias verbales del Presidente Aznar, que merecerían capítulo aparte, le corresponde turno a nuestro paisano José Luis Rodríguez Zapatero, quien en un arrebato de visión de futuro nos dijo hace quince días que "lo que hagamos en 2010 y 2011 va a definir la economía y el bienestar de España para los próximos 20 años". Y por una vez tiene razón el augur, nos tememos, porque –listo como es el Presidente- evitó concretar ese porvenir, no fuera a ser que le ocurriese lo mismo que a su admirado González. Esto es, que las reformas por él planteadas en materia financiera (exclusivamente privatización de cajas), laboral (consagración de la barra libre empresarial) y de pensiones (alargar la vida laboral, si es posible, hasta unos meses antes del fallecimiento) nos presenten una economía y un bienestar a veinte años vista absolutamente insoportables en lugar del paisaje idílico que él quisiera dibujarnos.

   Por ese camino vamos y merecerá la pena tenerlo muy presente de cara a la convocatoria de exámenes del mes de septiembre. Que nadie piense que habrá aprobado general, pues el numerus clausus es cada día más estricto y para lo que no hay ya lugar es, desde luego, para repeticiones de curso. 

Publicado en La Crónica de León, 12 agosto 2010

lunes, 9 de agosto de 2010

Trabajo: derecho o servidumbre

    Es verdad que los derechos se conquistan, no se otorgan. Aunque posteriormente se recojan en textos legales y declaraciones de principios que parecen provenir de tiempos inmemoriales, son en realidad el producto de la evolución social e histórica a base del empuje sostenido de los ciudadanos y ciudadanas. En muchos casos con auténticos sacrificios personales importantes. 

    Así ocurre, por ejemplo, con el derecho al trabajo, que dejó de ser tarea de esclavos y de siervos para convertirse en un signo más de lo que podríamos llamar ciudadanía moderna. Y así la Constitución española, entre otros tratados de parecido rango, señala en su artículo 35.1: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”.

    Los derechos naturalmente se regulan, en especial para garantizar su aplicación y evitar que alguien, persona o Estado, se apropien de ellos y de su libre y justo ejercicio. En último término, son las instituciones judiciales quienes los amparan.
  
    Pues bien, lo que está ocurriendo con la actual reforma laboral es, a nuestro juicio, una auténtica revisión del derecho al trabajo y una fulminación de buena parte de las garantías que hasta la fecha venían a defenderlo. No de otro modo puede entenderse la inseguridad jurídica que se genera en los casos de despido, el recorte arbitrario de lo que establecen los convenios colectivos y, por no citar más ejemplos, el menosprecio de la representación legal de los trabajadores. 

    Por ese motivo, cuando los secretarios generales de UGT y de CCOO califican la reforma que actualmente está siendo objeto de la guadaña parlamentaria como una ruptura laboral apuntan precisamente a eso, a la conversión de un derecho en una nueva servidumbre, que viene a ser como regresar a tiempos preconstitucionales. Eso sí, con la rúbrica para esta ocasión de un partido de izquierdas.

Publicado en La Crónica de León, 8 de agosto de 2010