Discurso de cierre de la manifestación celebrada en León el 23 de noviembre de 2013, que concluyó en la Plaza de San Marcelo. Estuvo convocada por la Cumbre Social bajo el lema "Emplea tu fuerza". http://youtu.be/xJY9-95ja3A
Blog de Ignacio Fernández
sábado, 23 de noviembre de 2013
Manifestación 23 noviembre 2013
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Oral
jueves, 21 de noviembre de 2013
Mueve tus caderas
Si
un grupo estuvo presente siempre (y está) en la banda sonora del barrio, ése
fue Burning. Tal fue su imperio que, paradójicamente, sus canciones acabaron
convertidas en una melodía triste porque hoy, como indica el escritor Benjamín
Prado, son el eco de algo que hemos perdido. No sólo es que el tiempo y otros
avatares nos hayan arrebatado las voces y los acordes de Toño Martín y de Pepe
Risi; es que nosotros mismos nos hemos diluido y casi ni nos reconocemos,
mientras al fondo sigue sonando, imperecedero y siempre renovado, un repertorio
que relata los mejores momentos de nuestras vidas. Y sí, también los más
oscuros.
Y
es que en cierto modo los Burning son el compendio de todos aquellos grupos que
nos sonaron en el jukebox y en las casetes, que era el sistema más sofisticado
al que habíamos podido aspirar, hasta conformar un hilo musical sencillamente
irrepetible: Bloque, Cucharada, Morís, Asfalto, Ñu… Uno tras otro se sucedían a
lo largo de las tardes, de partida de futbolín en partida de futbolín, a través
de auténticos campeonatos de habilidad y de orejas. Aquellos muñecos del
balompié, guiados por la habilidad de nuestras muñecas, parecían moverse al
ritmo de cualquiera de sus canciones. Entre ellas, inevitablemente y no se
necesitan más explicaciones, la más gloriosa iba a ser Mueve tus caderas.
Luego,
concluidos los torneos, la lujuria de su texto se trasladaba al resto de la
jornada como un himno de combate. No importaba que la agenda propusiese juerga,
trabajo o estudio, lo que tienen las buenas canciones es que se proyectan hacia
cualquier circunstancia y en todas encajan. Así ocurrió durante años, mucho más
allá de las salas de juego y de los mecanismos arcaicos para el consumo
musical, hasta darse de bruces con su propio envés, que no fue otro que el
mismo de nuestras vidas. Fue precisamente otro cantable de Burning, tan sublime
como aquel primero, el que vino a retratar nuestra madurez hasta cerrar el
ciclo: Una noche sin ti. Ya no estábamos ante la melodía de la diversión
comunitaria y pinturera, sino ante la copa en la barra de algún garito
entregados al vicio del recuerdo de lo que fue y de lo que no fue. Nada mejor
entonces que embeberse en el disco doble grabado en directo en 1990, y repasar
una a una todas las estaciones del viaje, siempre amenizadas por ellos, nadie
mejor que ellos, por mucho que nos pese a nosotros y a Benjamín Prado.
Hoy aquellas máquinas de discos son simples elementos decorativos y objetos de
coleccionismo. Por fortuna, no ha ocurrido así con los sonidos que expulsaban,
que siguen presentes y vivos en general según hemos venido demostrando a lo
largo de esta serie. Los años setenta, aquellos que fueron los de su esplendor
por estos pagos, tienden también a agotarse. Apuraremos próximamente un último
capítulo antes de echar el telón.
Mueve
tus caderas apareció
dentro del LP «El fin de la década» en 1979, el mismo donde se recogía la
canción por antonomasia del grupo: ¿Qué hace una chica como tú en
un sitio como éste?
Sin desmerecer al resto de su producción, bien podemos decir que nos
encontramos ante las catedrales del rock en español. http://www.youtube.com/watch?v=P3y8NSR-FkY
Publicado en genetikarockradio.com, 22 noviembre 2013
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Jukebox
jueves, 14 de noviembre de 2013
Los trenes de Disney
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| La estación olvidada |
Mucho
es el daño que han causado los trenes eléctricos de nuestra infancia. Más o
menos como las piezas de Lego, los Exin
Castillos o aquellas arquitecturas de
madera coloreada que nos permitían recrear el mundo. Porque en eso consistía el
peligro precisamente: en levantar mundos a medida de nuestras ilusiones y de
nuestros bolsillos, que siempre solían quedarse cortos a la hora de adquirir
modelos superiores para facilitarnos ir más allá en nuestros delirios lúdicos.
Los
trenes constituían un apartado especial, que en muchos casos acababa derivando
hacia el coleccionismo o hacia el campo de las maquetas, hasta dar lugar a
muestrarios magníficos como los que pueden contemplarse, sin ir más lejos, en
la estación madrileña de Delicias, en verdad recomendable. El contratiempo de
todo ello es que, como en otras tantas expresiones donde se produce la
intersección entre lo real y lo fabulado, puede ocurrir que no se distinga el
límite entre lo uno y lo otro, ni siquiera con el peso de la edad o del saber.
Y si, por un casual, uno se sitúa en posición de gobernar los destinos de los
países, entonces se corre el grave riesgo de convertir la construcción de
infraestructuras en una especie de parque temático y los ferrocarriles, en
trenecitos de la factoría Disney.
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| El fondo de saco |
En
buena medida, eso nos ocurre por estos páramos. El anuncio de que un día nos
llegaría la alta velocidad iba a permitir a la ciudad de León y a su entorno
afrontar dos problemas fundamentales (y digo únicamente dos porque lo demás venía
sobrando): la solución al paso a nivel del barrio del Crucero y el traslado de
los talleres ferroviarios a Torneros para asegurar su futuro y los 150 puestos
de trabajo a ellos ligados. Como digo, el resto del decorado era perfectamente
aprovechable, con las intervenciones pertinentes, sin megalomanías ni
grandilocuencias, y posiblemente, con la cautela oportuna, a estas alturas
tendríamos menos inconvenientes encima que los que al final han generado y
siguen generando los constructores de mundos desmesurados. Ni era necesaria una
estación tipo guerra de las galaxias ni
lo era un soterramiento excesivo ni otros aditamentos que se nos fueron
ocurriendo como cuando andábamos metidos entre juguetes. Cierto es que ya no
tenemos paso a nivel, pero del traslado y porvenir de los talleres envejecidos
nada se sabe y poco se espera. La inquietud ahora parece ser otra, una vez más
fruto de las fantasías infantiles: la construcción de un apeadero. Es decir,
que ni tenemos tren veloz ni hay constancia de cuándo se nos aparecerá, pero,
mientras se eliminan simultáneamente servicios convencionales, es muy probable
que a corto plazo esta ciudad cuente con tres enclaves para el tráfico
ferroviario: una antigua estación tristemente abandonada, una estación
provisional que llaman de fondo de saco y un apeadero. ¿Puede haber mayor
disparate?
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| ¿El apeadero? |
Sobre
lo último, lo del apeadero al final de la calle Orozco, se argumenta su
necesidad para evitar que los servicios entre Madrid y Asturias pasen de largo
sin detenerse a orillas del Bernesga. Pues bien, vuelve a ser un planteamiento
irreal porque se ignoran elementos muy relevantes, de los que citaremos al
menos dos. Por un lado, semejante iniciativa obligaría al desdoblamiento del
by-pass construido al sur de la ciudad y la subsiguiente prolongación sin
resolver la salida norte a través de San Andrés. Y, por otro, se olvida que los
trenes que pasan de largo seguirán pasando de largo, tal y como sucede en la
actualidad con la única composición que así lo hace, la que une los fines de semana
Madrid con Asturias y viceversa, que ya nace completa en origen y que, por no
detenerse, no lo hace ni en Palencia ni en Valladolid; y en esas ciudades,
evidentemente, nadie habla de apeaderos. En suma, la llamada alta velocidad, si
ha de tener continuidad algún día (primero tiene que llegar), la tendrá por el
canal previsto, esto es, gracias al soterramiento. Y, para ser sensatos, éste
habrá de ser limitado en un principio y servirse del edificio de la abandonada
estación sin mayores excesos.
Así
pues, sin relegar lo relativo a los talleres, no otra debe ser la prioridad. Ni
es correcto confundir a la ciudadanía con nuevas disneylandias urbanas ni, además, son ya posibles. Tampoco parecen
oportunas polémicas estériles sobre soterramientos por aquí o por allá cuando,
probablemente, no van a ser ejecutables en esta fase. Los justos términos del
proyecto original son con toda seguridad la única alternativa al alcance y en
ella deberían concentrarse todas las energías. De lo contrario, acabaremos
disputando la miseria, tal y como quieren que suceda con los aeropuertos
regionales, perdidos en un marasmo de palabras y de intereses locales sin que
casi nadie se inquiete por dotarlos de vida: la que haya de ser. Son cosas que
suceden por no haber superado bien esa etapa cándida y feliz de los juegos de
la infancia.
Publicado en Diario de León, 21 noviembre 2013
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Ciudad y Territorio
sábado, 9 de noviembre de 2013
Heart of glass
Pasaron
años y se alumbró una nueva generación. Incluso este país parecía tener algo
más de claridad y la música generaba otro tipo de destellos. Tanto tiempo había
transcurrido que llegó la hora de que uno enseñase, literalmente, a los que
venían detrás. Un par de jovenzuelos en el final de su adolescencia necesitaban
algunas clases de Lengua y de Francés. Llegué a su casa una tarde de otoño, nos
presentamos y charlamos un rato para abrir camino. Sobre su mesa había libros,
cuadernos y, ¡oh, cielos!, un LP de Police. Tal cual: un LP vivito y coleando
como parte del ajuar doméstico de aquellos mozalbetes. Y, ¡faltaría más!, en el
mismo cuarto, brillante y hermosa, toda una cadena de música, con su
amplificador, con su pletina, con su plato maravilloso, sus botones y sus
lucecitas. En suma, estaba asistiendo de golpe y porrazo al adiós definitivo de
los arcaicos jukebox. Si unos muchachos casi imberbes disponían ya de todos
aquellos artilugios y sus propinas les daban para comprarse su propia música,
entonces era que la historia había entrado en otra fase.
Aquel
disco virginal era «Regatta de Blanc», venido al mundo en octubre de 1979, y,
lógicamente, en su honor deberíamos recoger en este índice cualquiera de las
canciones que de él se extrajeron: Message in a bottle, Walking on the moon, etc. Sin embargo -¡sorpresas de
la vida!-, años después leímos que otra canción de Police, mucho más tardía, Every
breath you take, es
la canción favorita nada menos que de Mariano Rajoy y ahí se nos hundió casi
para siempre la devoción por los chicos de la policía. Así que, visto lo visto, nuestro epitafio sonoro
para la larga vida de los jukebox queda concedido a otra banda contemporánea,
Blondie, y a una canción reveladora de por dónde andaban los tiros en aquel
entonces: Heart of glass.
“Una
vez tuve un amor y duró muy poco. / Pronto descubrí que tenía un corazón de
cristal. / Parecía que iba a ser algo verdadero, / pero sólo descubrí mucha
desconfianza / y el amor desapareció”. Así de sublime era la letra que entonaba
la chispeante Deborah Harry; ni más ni menos sublime que las que aullaban en
sus melopeas los señores Sting, Summers y Copeland. Porque la nueva hornada de
grupos y de melodías tuvieron en común ese denominador de la simplicidad reconquistada,
del mismo modo que se simplificó su audición y se generalizó su consumo. Si a
ello le añadimos la irrupción casi simultánea del videoclip, comprenderemos sin
necesidad de más explicaciones que, en efecto, otra forma de acercarse a la
música se había inaugurado y que los usos extendidos a lo largo de la década de
los años setenta, así en formas como en contenidos, pasaban a mejor vida.
Pues
bien, el single Heart of glass se extrajo del tercer álbum de Blondie, «Parallel lines»,
con el que llegaron a lo más alto de su carrera a base de mezclar la sencillez
de los 60, las raíces punk y la comercialidad glam, es decir, new wave por
excelencia. Tanto, tanto que hasta la revista Billboard definió aquel disco –paradoja de paradojas- como
“rock ingenioso y pegadizo”. http://www.youtube.com/watch?v=Jxpe1oSp_sg
Publicado en genetikarockradio.com, 9 noviembre 2013
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Jukebox
lunes, 4 de noviembre de 2013
Los conflictos territoriales del poder
Cuanto
más oscuros e inmateriales son los poderes que gobiernan nuestra existencia,
mayor es la disputa por la ostentación de los poderes clásicos y residuales.
Frente al triunfo inhumano de la globalización económica y de los mercados de
todo tipo, incluido el de la carne, la universalidad e internacionalización
políticas son ya ecos de otro tiempo. E incluso conceptos viejos como nación o
estado son inexorablemente sustituidos por el de región, cantón o país (pequeño
país en la mayor parte de las ocasiones). Así, metidos en tales disputas, los
gobernantes pugnan por hacerse notar y acaparar espacio: unos reclamando
independencia, otros legislando para la recentralización, todos ignorando
antiguas consignas relacionadas con la participación y la democracia
convertidas en banderas deshilachadas.
Estamos
en proceso de dibujar el nuevo mapa del mundo, las nuevas fronteras y los
nuevos polos de poder. El lápiz lo maneja la mano de grandes multinacionales y
entidades financieras, mientras la política se entrega cansinamente a la
levedad del ser y se hace tan insoportable como en el título de Kundera. La
ciudadanía contempla la televisión o se indigna en las plazas, lo que al cabo
arroja casi idénticos resultados, pues la indignación o la contemplación por sí
mismas no llevan a ninguna parte. Las burbujas viajan a través de las fibras
ópticas sin ningún tipo de arancel entre los que se sumergen y los que emergen,
que más pronto que tarde acabarán también sumergidos. Y todos espían a todos
porque hace ya mucho tiempo que nadie se fía de nadie en esa reducción al
absurdo. Por eso nos afanamos, no importa en qué dimensión, en salvaguardar
ligeros reductos de dominio privado con el ingenuo objetivo de creernos a salvo
del otro –una vez más el otro
sartreano-, como si los otros no fuésemos nosotros mismos reflejados en un
espejo irreal.
Durante
muchos años de nuestra vida, algunos de nosotros hemos mantenido la certeza,
junto a H. G. Wells, de que “nuestra verdadera nacionalidad es la humanidad”.
Posiblemente, ni siquiera esto pueda sostenerse ya ante el desbarajuste. O al
menos debería ser puesto en cuarentena para no hundirnos en la inopia. Tan
noble ideal habrá de ser reducido a lo inmediato para no ser simplemente
materia religiosa, y así, repensarlo y redefinirlo en ese otro mapa de la
sencillez desde el que reinventar el paisaje. Empezando por lo que está a mano,
por la escuela, por el barrio, por el concejo que pretenden eliminar, por el
poco trabajo, y siempre en el contorno de lo común, de lo público, de lo que no
es patrimonio de un poder único e insensible, de lo que no es privacidad
onanista. Tendrá que ser, o no será, en ese campo de juego donde se construyan
las nuevas organizaciones, tan
necesarias como lo fueron las tradicionales, para entrar –porque hay que entrar
necesariamente- en la porfía por el poder.
Y,
en fin, lo terrible de estas tensiones es la miopía con la que a veces se
afrontan. Por ejemplo, todos parecemos alarmados por el caso catalán (o el
escocés, o el bávaro, o el quebecqués, no importa) porque seguimos pensando
como herederos de un mapa-mundi escolar que ya no existe, mientras que en
nuestra inmediatez se toman decisiones y se dictan leyes en contra de la célula
madre de nuestra ciudadanía y de nuestra democracia: los municipios. Ésa es
también en este país una pugna eterna de poder de la que no deberíamos ser
ajenos, porque a los neutrales, según Unamuno, sería mejor llamarles neutros.
Publicado en Tam Tam Press, 3 noviembre 2013
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Poscontemporáneos
jueves, 31 de octubre de 2013
Entre deudas y morcillas
Bueno es saber, según mis
entendederas, que los males que nos aquejan no son solamente nuestros males,
sino que tienen una historia que en algo los explica o los hace más relativos.
Sin ir más lejos, eso de la deuda con lo que llenan sermones, decretos y
reformas sus gobernantes no es más que la eterna copla de este país desde
tiempos remotos. Mi señor, el emperador Carlos, por ejemplo, fue un gran
experto en esa materia desde que vino a empeñarse con el dinero de la banca
alemana Fugger, que sirvió para pagar los excesos de sus coronas, y que les fue
devuelto a duras penas y con elevados intereses mediante el oro y la plata de
la burbuja imperial americana. Eso sí, sin que dejara de haber por el medio sus
correspondientes quiebras e impagos.
Y no ocurrió nada, ya ven:
hasta aquí hemos llegado con la misma cantinela, aunque eso no sea más que un
liviano consuelo para pobres de solemnidad como un servidor y como algunos de
ustedes. Pero al menos aprendemos que esa ficción que llaman finanzas puede
perfectamente desmontarse también con la ficción del impago sin que salten por
los aires las columnas de ningún imperio. Salvo el dolor y el hambre, casi todo
es pura fábula y les aseguro que el género picaresco es con toda probabilidad
el menos fabuloso. De hecho, gracias a mi peripecia y a la de otros de mis
semejantes descubrirán que no hay tanta distancia entre mi ambiente social y el
de todos ustedes, a pesar de los siglos transcurridos: desarraigo, soledad,
pobreza, honra como apariencia externa o comportamiento antisocial de quienes
rigen nuestras sociedades fueron y son moneda en curso en esta tierra de
conejos.
Y ello es así, amigos míos,
porque la historia, como la morcilla, se repite, pues las dos están hechas de
sangre. O al menos eso pensaba un poeta contemporáneo suyo, Ángel González,
cuya lectura es también un feliz consuelo para esta época turbia que, a fuer de
reincidir sobre sí misma, dura ya tanto tiempo. Si un pícaro como yo poco puede
enseñarles, y lejos de mí semejante quimera, fíense no obstante de quienes, por
el contrario, merezcan autoridad ilustrada. Solo de ese modo llegarán a algo
más que a servidores de los pícaros de alta escuela, que con eso del déficit,
la deuda, el crédito y la hipoteca sólo consiguen asegurar sus mendrugos a
costa de la penuria de las gentes. Y les aseguro que no tienen empacho.
Publicado en Notas Sindicales Digital, octubre 2013
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Lázaro de Tormes
viernes, 25 de octubre de 2013
Stop your sobbing
Aparte
de que los jukebox iban siendo relegados a una presencia puramente decorativa o
desaparecían sin más ante el empuje de otras fórmulas sonoras, no hay mejor
constancia de esa evolución en las costumbres que unas palabras de Chrissie
Hymde, la líder de los Pretenders: “Pertenezco a una generación que vivía el
rock & roll y el pop como una pasión verdaderamente secreta, el lenguaje
exclusivo de una secta que debía afanarse por buscar la música y la
información. Ahora te lo dan todo en un paquete diminuto y es como si acudieras
a la farmacia a comprar un medicamento genérico”.
Naturalmente,
entre aquellos años setenta y este siglo XXI hubo tiempos medios. Tanto es así
que incluso los mismos Pretenders llegaron a tiempo todavía de sonar en los
últimos jukebox en su época de esplendor, y fue en esas máquinas donde
conocimos a este grupo que vino a ser algo así como el puente entre el punk y
la new wave. Y quizá fuese esa condición híbrida la que le granjeó a Chrissie
acusaciones de charlatana yanqui que nunca conseguiría nada, pues al fin y al
cabo el punk reinante ya por entonces no era menos sectario que otros
movimientos por más que presumiera de pisotear las diferencias de géneros.
El
caso es que, antes de que se apagaran para siempre, en la mecánica de aquellos
aparatos se fueron sucediendo Stop your sobbing, Kid y Brass in pocket, una trilogía que nos conquistó.
En particular la primera, simple y nada pretenciosa, como el nuevo estilo que
se inauguraba; tal vez porque se trataba de una versión de The Kinks (1964), y
nos permitía construir un puente más, en este caso hacia un pasado ni vivido ni
escuchado en directo que se proyectaba hacia el porvenir. Es más, Pretenders
también hicieron versiones de Hendrix, de Neil Young e incluso de Morrisey o
Radiohead. En esa sucesión de recreaciones descubrimos, de hecho, un nuevo
filón musical que no ha dejado de acompañarnos y que merece, creemos, una
atención muy especial. Algunos ejemplos ya han sido comentados en esta serie
que tiende a su fin, pero otros están llamados a protagonizar precisamente un
nuevo espacio que genetikarockradio os ofrecerá a lo largo del próximo año.
Claro
que, no lo vamos a negar, hubo mucho más en el atractivo que nos enganchó a la
banda anglo-estadounidense, y en ello tuvo bastante que ver la figura de
Chrissie Hynde. Es posiblemente la vocalista que mejor ha corporeizado ciertos
tópicos del rock & roll de los que, por supuesto, ni estábamos libres, ni
falta que nos hacía. Y es que aunque habitábamos ya en otra etapa menos
hormonal de nuestra vidas, todavía los últimos pósteres en las paredes
revelaban ciertas adicciones inconfesables.
En suma, Stop your sobbing apareció como single en 1979, un
año antes de que fuese incluida en el álbum «Pretenders», el de su debut. Algo
habría ya por entonces en esa música y en esa cantante que llevó a que Madonna
afirmase: “Pensé: ella tiene agallas, ella es increíble. Me dio coraje,
inspiración el hecho de ver a una mujer con esa seguridad en un mundo de
hombres”. http://www.youtube.com/watch?v=OGcn15ODltA
Publicado en genetikarockradio.com, 26 octubre 2013
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Jukebox
jueves, 17 de octubre de 2013
El viaje y las alforjas
El
viaje nos dura ya algo más de cinco años si tomamos en cuenta la fecha de aquel
15 de septiembre de 2008, cuando el banco de los hermanos Lehman anunció la
presentación de su quiebra. Pero puede ser más largo todavía si nos atenemos a
lo que piensan otros analistas de la materia, que vienen a considerar que desde
la crisis del petróleo, en los años 70 del pasado siglo, todo ha sido ficción
por lo que hace al crecimiento de las economías occidentales; es decir, que
hemos vivido en la pura ilusión y que sólo el recurso al crédito y la irregular
expansión financiera han sostenido el negocio. Sea como fuere, lo cierto es que
el periplo se eterniza, mucho más naturalmente en el segundo de los supuestos,
aunque el sufrimiento sólo haya estallado en apariencia a partir del primero:
lo que los ojos no veían, no querían o no se les permitía ver, no era sentido
en el corazón.
Y
es precisamente en el corazón donde más se siente el peso de las alforjas que
nos han endosado para este viaje, porque es en esa víscera lastimada donde
mejor se advierte y se evalúa la carga del dolor. Esas alforjas (ya saben: unas
simples bolsas de tela o talega que portaban los campesinos colgadas al hombro
o sobre los lomos de caballerías para llevar la comida de la jornada o las
herramientas de trabajo) nos dijeron que contenían las reformas con las que
sanarían nuestros males, que en el fondo no era sino uno solo: la deuda. Por
contener, incluso en ellas cabía hasta una reforma constitucional rauda y
vergonzosa, ejecutada al alimón por los partidos mayoritarios allá por el
verano de 2011 con el objetivo de rendir máximo culto a la causa de nuestros
desvelos. También es verdad que a su lado había, y no es cosa menor, un par de
reformas laborales, varias congelaciones salariales, el copago farmacéutico, la
ruina de lo público, la subida de impuestos, la destrucción de la negociación
colectiva y ahora, anuncian, la ofensiva contra las pensiones. Todo a mayor loa
de la deuda y su satisfacción.
De
modo que aquí estamos, en otro episodio del viaje que en este caso recibe el
nombre de Presupuestos Generales del Estado para el año 2014, sexto de nuestro
itinerario doliente. Y lo que descubrimos en sus gruesas cifras es que,
curiosamente, la dichosa deuda vendrá a situarse el año próximo casi en los
mismos niveles que el Producto Interior Bruto, esto es, que no ha cesado de
crecer en este lustro y que ya somos solamente eso, pura y llana insolvencia. Y
si esto es así a pesar de la carga que hemos soportado hasta la fecha en las
alforjas, que en muchos casos nos ha dejado baldados, lo que cabe preguntarse
es a qué ídolo hemos dedicado en verdad este ejercicio de sadismo gubernamental
y si no será hora de aliviar la talega, empezando por supuesto por la
aplicación de otras políticas.
Desde
que el emperador Carlos I nos empeñara a todos ante la banca alemana Fugger
para pagar los excesos de sus coronas, este país sabe bastante de quitas, de
rescates, de déficit y de bancarrotas. Todo lo cual no ha impedido que
saliésemos adelante –así hay que decirlo para consuelo de pobres-, aunque los
retrasos históricos a ello debidos tengan dudoso remedio. Mas lo que sí lo
tiene, no haya duda al respecto, es el contenido de nuestras alforjas.
Sustituyamos esos alimentos podridos y esas herramientas oxidadas por otro
equipaje más útil en estas andanzas. Sin ir más lejos, dejemos de pagar esa
deuda, lo cual es imposible de cualquier forma y acabará imponiéndose tarde o
temprano, para no seguir colaborando en la fábula tejida por los poderes oscuros,
antidemocráticos e inhumanos. Pues de la misma forma que hubo un crédito-trampa
que nos trajo hasta aquí, la consagración de la deuda-trampa no persigue más
que perpetuar ese status irreal hasta el delirio.
Ya
lo sentenciaba el dicho y así lo atestigua nuestra realidad cotidiana: para
este viaje no hacen falta alforjas; al
menos este tipo de alforjas evidentemente fracasadas. Entiéndase que con tal
dicho lo que se señala es la inutilidad de haber hecho algo, revelación más que
obvia si atendemos tanto a los severos números de los Presupuestos como si lo
hacemos a las tristes cifras de andar por casa. Los unos y las otras nos
muestran lo errático de nuestro viaje y, siendo benévolos, el bárbaro error de
quienes lo guían.
Publicado en Diario de León, 17 octubre 2013
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Dichos y Hechos
viernes, 11 de octubre de 2013
Born to run
“Oh, nena,
esta ciudad te arranca los huesos de la espalda. / Es una trampa mortal, es una
llamada de suicidio. / Tenemos que salir mientras somos jóvenes / porque,
vagabundos como nosotros, nena, nacimos para correr”. Y, efectivamente, todo
empezaba a tener otra velocidad, otro ritmo: los jukebox envejecían y pronto
serían sustituidos por otras formas de consumo musical; las salas de juego se
caían a cachos y ni siquiera los nuevos inventos les devolvían atractivo; el
barrio enmohecía y se hacía preciso aventurarse en otras calles, en otras
ciudades, en otros mundos; y también nosotros, el grupo y sus individuos,
íbamos siendo diferentes, personalizando nuestros gustos e inquietudes. Sí, nos
habíamos echado a correr. Las costumbres y su banda sonora cambiaban por pura
necesidad vital. Cada época, cada instante de la existencia tiene su mito y sus
canciones. El paisaje se transforma y sus habitantes mudan con él. La década de
los setenta había dado de sí cuanto había podido, y esta serie que ha venido a
retratarla enfila también sus últimos cantables.
Bruce
Sprinsteen, salido de aquellos años, ha permanecido con nosotros sin embargo
como un signo de continuidad. Poco ha importado que unos nos fuésemos a la
universidad y otros eligiesen el mono azul ferroviario. Poco también que en los
bares triunfase la pantalla del televisor sobre todo otro artilugio o que en
las nuevas salas recreativas se impusiese una especie de hilo musical
adocenado. Poco así mismo que las calles y portales que habían sido escenario
de nuestras aventuras se fundiesen en negro como el final de algunas películas.
En esos años se había construido nuestra identidad musical a base de introducir
monedas en la ranura del jukebox y de seleccionar entre sus números y letras las
melodías que hoy dan testimonio de cuanto fuimos. Bruce, con su imagen ganada
también a través de los años, de los discos y de los conciertos, se convirtió
en algo así como el elemento que dio cohesión a todo aquello y lo ha prolongado
en lo que cabía esperarse. Poco importó, del mismo modo, que tuvieran que pasar
incluso décadas hasta que los más renuentes de entre nosotros terminaran por
hundirse también en sus espectáculos homéricos, esos maratones musicales que el
boss protagoniza y que nunca defraudan. Fue en Valladolid, no hace tanto.
Y, claro,
también en aquella desmembración intervenían los sentimientos que nos tejían a
otros cuerpos para toda la eternidad, fuese cual fuese su duración. No había
escapatoria. Cada oveja se iba con su pareja y las músicas se consumían en otra
comunidad y en otra intimidad mucho más aislada. Allí ya no había maquinitas
para reproducir melodías, aunque Bruce, de una manera o de otra, no dejase
nunca de sonar al fondo: “Porque, nena, yo sólo soy un jinete asustado y solitario,
/ pero tengo que averiguar como se siente. / Quiero saber si tu amor es
salvaje, / niña, quiero saber si el amor es real”.
Del álbum del
mismo título, Born to run vio la luz en 1975. Supuso algo así como la reescritura del
cantautor y ahí volvió a empezar todo. Quizá por ese motivo, a pesar de haberla
escuchado cientos de veces, todavía nos sigue emocionando. Nunca dejaremos de
ser unos sentimentales. http://www.youtube.com/watch?v=RqTLl68aUzg
Publicado en genetikarockradio.com, 11 octubre 2013
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Jukebox
domingo, 6 de octubre de 2013
Los lugares comunes del lenguaje
Lo asombroso de esta sociedad poscontemporánea,
que llaman también del conocimiento y de la comunicación, la de las
generaciones mejor preparadas, es el desprecio más o menos generalizado por el
lenguaje, es decir, por la herramienta que se supone esencial para el
conocimiento, la comunicación y la mejor preparación. Al menos por lo que se
observa en el área lingüística del español, que, dada la mundialización de usos
y costumbres, en poco diferirá de otras de parecido rango.
No se trata sólo de que acomodemos nuestros
pensamientos a los limitados caracteres de un tuit, lo que convierte a ese
pensamiento en un catálogo de eslóganes, fórmulas hechas y módulos ikea según
una reducción bastante insoportable. No se trata tampoco de que nos dejemos
llevar de un modo tan infantil como omnipresente, reconocido el dominio de las
pantallas, por el aforismo de que una imagen vale más que mil palabras, lo cual
es una auténtica falacia cuando la saturación de imágenes nos hace insensibles
y en numerosas situaciones autistas ante otro tipo de señales. Tampoco nos
referimos al triunfo de las redes dudosamente sociales, donde lo único común
entre emisor y receptor es en la mayoría de los casos el canal, sobre el que se
vuelca el verdadero y singular interés comunicativo.
No, lo más terrible del empobrecimiento del
lenguaje en esta época, aparte de lo antedicho, es el cansancio de pensar, o su
directa negación, que se descubre detrás del vestuario de tópicos que adorna el
mundo del periodismo y de la política, desde donde salta a la calle para
convertirse –nunca mejor dicho- en moneda común. Es lo que lleva al Catedrático
de Filosofía Moral y Política Aurelio Arteta a concluir que “vivimos del tópico
como del aire que respiramos (…) Poner en solfa tan arraigadas muletillas sería
como quitarnos nuestras andaderas: nos vendríamos al suelo”. Esto es, que nos
sujetamos mediante lugares comunes y con ellos construimos nuestros discursos
morales y políticos como si tal cosa, eludiendo el debate, la confrontación de
ideas y la elaboración de opiniones frente a la frase hecha generalmente
aceptada y adorada. Es la base que le ha permitido a Arteta editar un par de
libros interesantes y necesarios: Tantos tontos tópicos y Si todos lo dicen… En ellos encontramos el inventario de ideas huecas, de
prejuicios con apariencia y de sonoridades vacías que infectan el lenguaje de
la moral, de la política y de la vida cotidiana por extensión. Algo de lo que
nadie está libre por muy alerta que se pretenda estar. ¿Cuántas veces si no,
para no decir nada, hemos hecho uso de frases como “Todas las opiniones son
respetables”, “Condenamos la violencia, venga de donde venga” o “Respeto sus
ideas, pero no las comparto”? Y, en fin, así sucesivamente hasta desvelar el
cuerpo desnudo de nuestra expresión verbal sin consistencia.
Lo cual que estamos ante la que posiblemente
sea una de las principales calamidades de la edad poscontemporánea que nos
ocupa: el creciente escaso valor otorgado al lenguaje, a su cuidado y a su
defensa. Lo que no impide que, a pesar de ello, siga mostrándose vivo, audaz a
veces y bello en otros momentos. Motivo último que permite al escritor Fernando
Aramburu afirmar que “es admirable la fortaleza de la lengua española. Ha
logrado sobrevivir al trato diario que le dispensan los españoles”. Seguramente
y con las cautelas debidas, puede extenderse el corolario a cualquier otra
lengua.
Publicado en Tam Tam Press, 5 octubre 2013
Etiquetas:
Don de lenguas,
Poscontemporáneos
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