Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 23 de junio de 2024

Perrina

            En nuestra primera infancia, la mañana del día de San Juan nos la pasábamos peregrinando por el barrio, de casa en casa, con un pequeño platito que nos habían dado nuestras madres. Llamábamos a las puertas del vecindario y pedíamos una perrina para San Juanín, así, todo en diminutivo y con un in muy leonés. Había quien optaba por demandar una perrona, que también valía, pues las dos acuñaciones convivieron durante largo tiempo. El caso es que lo que solicitábamos, para hacernos una idea de dónde estábamos y de dónde estamos en la actualidad, eran 10 céntimos de peseta, algo así como 0’000601012104 euros. Con esas cantidades andábamos por la vida el día de la fiesta. Bueno, con lo que se recaudara en conjunto, que tampoco era mucho.

 

            Por supuesto, aquella tradición decayó y murió. Nadie mendiga hoy tal cantidad, ni en festivo ni en laborable, ni los más desesperados ni los niños y niñas más ingenuos. Eso nos enseña que las tradiciones no son ni inmutables ni perennes. Al contrario, lo propio de la tradición es evolucionar. Por eso mismo, cuando se invoca algo como tradicional para no ser mudado o directamente liquidado por el no uso, no se está en el terreno de lo tradicional, sino en algo más interesado, una especie de conservadurismo inmovilista que no casa con las costumbres vivas que son, por naturaleza, progresivas.

 

            Es lo mismo que sucede con esta nueva edad histórica en la que hemos desembocado. Si ya no nos sirven los patrones que fueron de la Contemporánea, no vale tampoco servirse de los mecanismos novedosos del hoy para vender ideas o modos ni de la Moderna ni de la Medieval ni mucho menos de la Antigua. Es un proceder ahistórico. Es lo que sucede con algunos iluminados y con sus miles de votantes, están fuera de la historia y nos quieren arrojar con ellos a ese vertedero ucrónico. No, la modernidad no consiste en pedir perrinas de casa en casa ni las golosinas son hoy las que fueron. Por fortuna ya no vivimos en esos tiempos. Alguien debería explicárselo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 23 junio 2024

viernes, 21 de junio de 2024

VV.AA: La memoria histórica democrática de las mujeres

LOS AUTORES

     Beatriz García Prieto y Enrique Díez Gutiérrez firman este trabajo. Ambos son profesores de la Universidad de León, la primera del Área de Historia Contemporánea y el segundo es Titular de su Facultad de Educación. Beatriz ha defendido su tesis sobre Cambios y pervivencias en los derechos y libertades de las mujeres durante la II República, la guerra civil y el primer franquismo. La provincia de León (1931-1945). Enrique, por su parte, es autor de numerosos libros y estudios, el más reciente de ellos Pedagogía antifascista. Construir una educación inclusiva, democrática y del bien común frente al auge del fascismo y la xenofobia.

EL LIBRO

     El libro, concebido como una unidad didáctica, forma parte de una trilogía sobre la memoria histórica democrática, destinada a garantizar en el sistema educativo el deber de memoria plasmado en el derecho internacional y en los derechos humanos: educar en la verdad, la reparación y las garantías de no repetición. En concreto, este segundo volumen se centra en el papel y el protagonismo de las mujeres durante la II República, la guerra y el posterior exilio, situándolas en el lugar de la historia que merecen.

EL TEXTO

     "Las víctimas de la dictadura sufren una doble violencia: la de sus verdugos y la de ser borradas de la memoria colectiva. Que su nombre no se borre de la historia, como decían las Trece Rosas y quienes iban a ser fusilados. No sólo que no se borre, sino que ocupen un puesto protagonista en la historia quienes lucharon por una sociedad más justa, libre y mejor".


domingo, 16 de junio de 2024

Prado

            Entré en el Museo del Prado empujado por el calor inaguantable de la sobremesa madrileña. Era eso o comprar camisetas en Primark. Elegí el museo, aunque cometiera con ello el sacrilegio de consagrarlo en una nueva función, la de refugio climático, para la que no había sido concebido. No me interesaban especialmente los cuadros, sino el frescor y, ya puestos, las gentes que deambulaban por sus galerías. Con los cuadros, a fuerza de contemplados de uno u otro modo, me sucede como con Hotel California después de la cuadragésimo quinta audición en la radio durante la última semana, ya no me produce emoción sino indiferencia. Me acerqué, no obstante, al último hallazgo de Caravaggio, ese Ecce Homo rescatado del olvido y acomodado en una sala exclusiva, que, contra lo que yo suponía, no congregaba demasiado público. Sí, en cambio, personal vigilante para que nadie se pasase de listo con las fotografías del móvil. Había cuidadores y cuidadoras que disponían de una mirada de reojo de ciento ochenta grados. Los que no, por el contrario, lucían ojos sicalípticos muy propios de quienes pasan su jornada laboral rodeados por desnudos y otras lujurias. Entre la concurrencia que se paseaba por las salas abundaban las mujeres. Siempre hay muchas más mujeres en cualquier cita cultural, aunque esto se acabará pronto con la promoción del fútbol femenino, que ya se ha convertido en el segundo deporte más seguido por ellas en nuestro país. Se producirá, pues, el gran reemplazo, mujeres trasladadas en masa desde los auditorios y museos a los campos de fútbol. Y todo estará en su sitio. Y continúa habiendo, por supuesto, abundante público de rasgos orientales, seres discretos y callados sobre todo, elegantes y sutiles ellas como una flor de cerezo japonés. Y había, sí, nacionales en chanclas, fácilmente reconocibles por las chanclas y por el tono de voz con que parecían expresarse inútilmente, ni su prole ni sus respectivas les hacían el más mínimo caso. La frescura lo amortiguaba todo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 16 junio 2024

domingo, 9 de junio de 2024

Verdor

            Unos días más de temperaturas cálidas y todo el verdor se apagará. Quiso la primavera regalarnos este año un auténtico exceso de color y todo el verde invadió sin tregua el paisaje casi por completo, desde Albares de la Ribera hasta Mogarraz, de Cuéllar a Orbaneja, todos los caminos se nos vistieron con una misma y abusiva tonalidad. Tan abrumadora era la paleta que las conversaciones verdearon también y se hicieron eco de ese colorido insaciable: ¡cómo está todo este año!, se repetía de uno a otro confín.

 

            Y sí, todo eso se apagará pronto y tornaremos a rememorar la Oda a la inmortalidad, aquel poema de William Wordsworth que inspiró en parte la película de Elia Kazan protagonizada por Natalie Wood y Warren Beatty: “…aunque nada pueda hacer / volver la hora del esplendor en la hierba, / de la gloria en las flores, / no debemos afligirnos / porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo”. Será así o tal vez no haya sido así nunca, quizá se trate solo de literatura sentimental, un embeleso, un placebo frente a la enfermedad del tiempo que huye. Y entonces aparece dios, es decir, Gainsbourg, mucho más sabio que cualquiera de los mortales, y sentencia: “la fealdad es superior a la belleza, porque permanece”. No es que se recuerde, es que sigue ahí, perenne, no se marchita.

 

            Posiblemente en eso consista existir, en distinguir recuerdo de cuanto es constante y armonizar realidad y memoria, Gainsbourg y Wordsworth en comunión poética y vital. Polarización bien entendida. Hermosura y oprobio en el verdor tanto como en los campos agostados, he ahí el misterio y la clave. Nadie nos hurtará ya la emoción de cuanto vimos verdecido alrededor nuestro y, en efecto, persistirá inmutable tal como fue, a pesar de que el estío venga pronto a hacer su labor en nuestras carnes y en nuestras almas. Otros colores llegarán, otros tonos, otros modos del ser, exactamente igual de pasajeros. Son cosas, en fin, de un pensamiento primaveral que nos hacen bastante más tontos de lo aconsejable.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 9 junio 2024

domingo, 2 de junio de 2024

Elección

            Conviene recordar en estas precisas fechas algún saber, más o menos contrastado, relacionado con Europa, al que con toda seguridad nadie se referirá en mítines y demás propagandas electorales.

 

            Recordar, por ejemplo, que Europa, conforme a la mitología, fue una princesa fenicia, de cultura comercial y muy mediterránea por tanto, a quien Zeus raptó, al parecer enamorado, aunque no sea éste un extremo confirmado del todo, la llevó a Creta y allí la embarazó por tres veces, además de regalarle, según refiere la leyenda, un collar, un autómata, un perro y una jabalina. Así eran las cosas por entonces.

 

            Y recordar de paso, ya que en antigüedades andamos, que ese término, Europa, aparte de teorías que descubren en él una raíz semítica no muy clara, parece nacer más bien de la fusión de dos palabras griegas, ancho y vista (también ojo), de tal forma que nos remite, para concluir, a una visión amplia. Desde luego, parafraseando el dicho de aquí, ancha es Europa. Y más que promete serlo. O no.

 

            Aparte de la amnistía omnipresente y otras gaitas, sobre estas tres cuestiones cabe pronunciarnos también en las elecciones de la próxima semana. Es decir, si nuestra idea de Europa va más allá del comercio o no, si como parecía caminábamos hacia una unión más política y social o si hacia donde vamos es solo hacia una Europa militar. También debemos tomar decisiones acerca de ese mar que sirvió evidentemente al comercio y a la comunicación entre pueblos, convertido en la actualidad en un cementerio africano y en un estercolero turístico. Finalmente, hemos de decidir si optamos por la amplitud de miras y por los horizontes abiertos o si, por el contrario, elegimos el etnonacionalismo, como se le llama ahora. En suma, si Europa quiere honrar a su nombre o si, por el contrario, preferimos ensimismarnos en nuestro ombligo. Todo es posible en esta cita y todo tiene consecuencias que serán duraderas. De eso van estas elecciones, de algo tan fundamental como construir civilización o barbarie.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 2 junio 2024

domingo, 26 de mayo de 2024

Lince

            Merece la pena seguirle la pista al lince. Sobre todo porque, en medio de un panorama de noticias por lo general desalentadoras y turbias, las que se refieren a este hermosísimo felino son últimamente estimulantes. Lo más reciente de su peripecia es que en los últimos tres años ha duplicado su población y supera ya los 2.000 ejemplares en la península. Aunque la especie continúa en riesgo de extinción, estamos ante una buena noticia. En particular para quienes en ocasiones se sienten al borde del abismo, que por lo que se ha comentado estos días, a propósito de depresiones y suicidios, son multitud. Se dirá que a las personas enfermas se las trata con menos mimo que a los linces y no es verdad. No deja de ser otra mortificación. En suma, pasar del “peligro crítico” al simple “peligro” es un triunfo hasta para los más atormentados.

 

            La ventaja del lince es que anda, anda mucho, lo cual tiene también su envés en el riesgo de ser atropellado: en 2023 hubo 144 muertes por esa causa. Pero andar errante, aparte de proporcionar recursos (alimentación, reproducción, esas cosas comunes), les ensancha la vida, que debiera ser una aspiración compartida por cualquier ser animado, me refiero a hombres y mujeres. De los linces conocidos, Kentaro fue el más viajero, recorrió 2.400 kilómetros en ruta por España. También Khan, otro explorador, se chupó 1.605 kilómetros. No suele ser habitual tan largo peregrinaje, pero está bien reconocer que siempre hay alguien dispuesto a superar límites territoriales.

 

            Exactamente lo contrario de quienes levantan fronteras y exaltan naciones. Lo natural es andar sin esos límites convencionales, por muy históricos que nos parezcan, más aún en estos tiempos de campaña electoral europea, donde se oye de todo y no siempre bueno. Khan y Kentaro tendrían que dar mítines también para compensar tanta barbaridad. Claro que, si se dejan ver mucho, siempre habrá un cazador furtivo o un vehículo iliberal en alguna otra lista dispuesto a acabar con sus vidas.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 26 mayo 2024

domingo, 19 de mayo de 2024

Juventud

            Tengo la certeza ahora de que Trump ganará las elecciones en el mes de noviembre, salvo que lo evite una sentencia judicial, y que lo hará la derecha, la muy derecha, en las europeas del próximo junio. Lo enuncio como certeza a pesar de que quisiera errar en la predicción, pero la historia, como sabemos, tiende a repetirse y en este presente se dan las circunstancias para que el resultado sea el que digo si atendemos a los precedentes históricos.

 

            El hecho definitivo que me lleva a esa conclusión es la revuelta juvenil universitaria frente a la barbarie en Palestina. Ese movimiento contestatario que, por un lado, remueve conciencias y anima cierta fe perdida en la humanidad, impulsa, por otro, el malestar de los poderes eternos y consolida la reacción. Sucedió así en los años sesenta, en dos momentos concretos y en espacios diferentes: el rechazo a la guerra de Vietnam y el mayo francés. El resultado político de aquellos dos terremotos existenciales, protagonizados también y sobre todo por jóvenes, fue la elección de Nixon en Estados Unidos y de de Gaulle en Francia, es decir, los polos opuestos, y muy opuestos, a la rebelión. Mucho más cerca en el mapa y en el tiempo, la agitación de los indignados, aquel 15M, arrojó el resultado electoral que ya conocemos en 2011: Rajoy y mayoría absoluta. Hay más ejemplos de estas corrientes y contracorrientes perfectamente aplicables al caso actual, si bien hoy existe, además, una marejada de fondo en todo el mundo que cimenta las opciones más conservadoras frente a los progresos en derechos sociales conquistados en las últimas décadas, lo que hace más verosímil nuestro pronóstico.

 

            ¿Adónde quiero llegar? Muy sencillo: nunca la rebeldía juvenil produce el efecto político que se persigue. Quizá sí transforme la sociedad o algunos elementos de ella, sobre todo en el plano privado e íntimo, pero su balance político siempre es negativo en los términos que se persiguen. Porque la juventud no es un vector de cambio, sino de romanticismo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 19 mayo 2024

jueves, 16 de mayo de 2024

ESPE PONS: Tierra

LA AUTORA

     Espe Pons es una fotógrafa catalana de larguísimo y fecundo recorrido. El núcleo fundamental de su trabajo es la memoria y el paisaje. A menudo la construcción de sus proyectos parte de una cierta poética visual llena de silencios. Otros sitúan la fotografía justo en el límite del propio medio, evidenciando sus convenciones. “Si bien al principio de mi trayectoria la obra se construía más desde una vertiente de paisaje interior y de memoria personal, con el tiempo la obra ha sido más compleja, incorporando elementos claros de reflexión histórica y social". Además de Tierra, otros trabajos suyos recogidos en foto-libros son Bajo la luz del mar y Flucht.

EL LIBRO

      El proyecto fotográfico Tierra invita a profundizar en la memoria a partir de lugares marcados por el trauma de la guerra civil española y la posterior represión de la disidencia. Nos encontramos, en primera instancia, ante un viaje, un recorrido peripatético en busca de las costuras mal selladas de España, de aquellas localizaciones donde quedaron sepultados, secreta y alevosamente, los cuerpos de víctimas de la violencia política: fosas en campo abierto, camposantos, cunetas, simas naturales, acantilados, playas. Espacios que se nos presentan como anodinos, incapaces de comunicar su drama en una primera mirada. Entre esos espacios, ha recogido lugares de las provincias de León, de Soria, de Ávila y de Segovia.

 EL TEXTO

       "El crimen se comete, pero se silencia por todos los medios. Al cabo de un tiempo, el mutismo se resquebraja. Entra entonces a operar la memoria de los familiares y de los vecinos, el inopinado hallazgo de documentos y, también, la reveladora impronta de la naturaleza (...) La naturaleza suma su elocuencia a la denuncia" [Nicolás Sánchez Albornoz]

 

domingo, 12 de mayo de 2024

Vírgenes

            Mañana se inicia el calendario de las vírgenes. Tuvo su preludio durante la semana santa y no fue poco. También, hace un mes, la Sobarriba cumplió con su voto a la Virgen del Camino. Pero es a partir del 13 de mayo cuando toda la agenda se torna virginal hasta pasado septiembre, momento en que se hace una pausa para retornar el 8 de diciembre. Y así año tras año.

 

            En fin, ya sabemos que las razones son varias y que las fiestas se celebran todas, sean religiosas o paganas. No entraremos en ello. Pero sí diremos, y de ahí hablar de vírgenes en esta columna civil y mundana, que no sólo de lo festivo y de lo tradicional nace nuestro conocimiento y padecimiento del asunto. No, se debe, al menos para quienes tenemos cierta edad, al auténtico adoctrinamiento al que fuimos sometidos sin opción alguna, sin que existiera posibilidad de elección de centro educativo ni escapatoria posible. Nos adoctrinaron en lo religioso y en lo militar. Por eso causa cierta gracia, o desgracia más bien, escuchar a determinados líderes, por lo general de extrema derecha, y a ciertos padres y madres, por lo general fundamentalistas, afirmar que en los colegios, en los institutos y en las universidades se adoctrina. ¿Se adoctrina lo qué? deberíamos preguntar. ¿En lo no religioso y en lo no militar? Pues sólo faltaría. En suma, que son quienes nos sometieron al yugo y las flechas de la catequesis, o quienes recibieron su herencia, los que ahora invierten el sentido del obrar y se sienten ofendidos y protestan y denuncian y claman y se rasgan las vestiduras y ponen una vela a la virgen.

 

            De aquellas enseñanzas supimos escapar gracias a la lectura -tanto daño hacen las bibliotecas- cuando nos castigaban en esos antros llenos de libros y de silencio. Allí se nos apareció, entre otros, Jardiel Poncela, que en 1931 -fíjense ustedes la fecha- firmó una novela que vino a salvarnos: “Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes” Pues sí, eso parece si atendemos a la pervivencia de lo religioso en el calendario.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 12 mayo 2024

domingo, 5 de mayo de 2024

Trecet

            Yo echo de menos a Ramón Trecet. Aparte de cuanto aprendimos con él en su programa radiofónico Diálogos 3, en antena casi toda una vida, desde 1986 hasta 2008, recuerdo especialmente su forma de comentar los partidos de baloncesto de la NBA y otros, podríamos decir que inventó un lenguaje. Era pausado, explicaba con profundidad e introducía las dosis necesarias de intensidad y humor. Lo dejó, como se deja todo, y le siguió en esas mismas labores un ser bastante curioso, con mayor tendencia al espectáculo y a la grandilocuencia, Andrés Montes, que se apropió de la expresión futbolística del tiquitaca y la convirtió en un comodín. Era ya otro lenguaje, otra forma de retransmitir, seguramente era ya otra la audiencia. Tampoco queda nada de eso. En realidad, ya no hay lenguaje propiamente dicho, sólo imágenes que se suceden veloces a través de TikTok con los pasajes más destacados de los partidos, mates, triples inverosímiles y, a ser posible, broncas, muchas broncas. Nadie explica nada, no hay comentarios, sólo el sonido de fondo.

 

            Del mismo modo que hubo un pensamiento formal, con mayor o menor sustancia, hubo otro pensamiento Ikea, creado a base de elementos sueltos y a medida, que duró lo que dura un mueble de esa marca. Lo que hoy se lleva, en cambio, es el pensamiento TikTok, construido, como lo antedicho, con pequeños episodios inconexos, ocurrencias se llaman también, con tendencia al follón, con mucho ruido de fondo y constantemente autorreferenciados, sin explicación, sin argumento, si acaso con un relato basura. Lo habíamos visto venir, pero hace unos días asistimos a su definitiva consagración en el Parlamento, en una rueda de prensa que se llevó a cabo en el Parlamento, aunque a mí me hizo dudar sobre si se celebraba en una verdulería. La firmó una diputada leonesa para hablar de la familia del Presidente del Gobierno. Su pensamiento y su expresión fueron una lección rápida y sucinta de TikTok. Repásenla y echarán de menos a Trecet, como me sucede a mí.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 5 mayo 2024