Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 9 de abril de 2023

Bacalao

            Vista a toro pasado la semana santa y en plan observador impertinente, muy poco es ya reconocible de cuanto fue en este nuevo parque temático de nuestros días: del recogimiento opresivo al desmesurado espectáculo hay un trecho enorme que lo ha mudado todo y apenas si nos permite identificar cuanto en un tiempo fuimos. Al margen del rizo del rizo procesional, donde cada cual sabrá lo que de religioso persigue y lo que de turista encuentra, permanece si acaso el envolvente del rito, es decir, lo que nos venía dado por añadidura. Los sabores, por ejemplo; y, de entre ellos, tres por antonomasia: el bacalao, las torrijas y la limonada. Los dos últimos me resultaron siempre empalagosos y más bien rayanos con una lujuria impropia para las fechas. Sin embargo, el bacalao, que venía precedido por una cuarentena de garbanzos viudos, se convertía casi en un festín divino para los parias más descreídos. Y así sigue siendo, por fortuna, a pesar de los excesos formalistas de la gastronomía actual y de la inflación. En realidad, lo del bacalao y otras viandas se nos fue complicando por culpa de Elena Santonja y de Manuel Vázquez Montalbán con sus vicios culinarios televisivos y escritos. Muchos descubrieron entonces las cazuelas y fue su manera de huir del desencanto para no retornar nunca al compromiso. Quizá se les quemó el sofrito. Olvidaron incluso cómo cocinaban sus madres el bacalao de viernes santo para consagrarse finamente a los buñuelos con mahonesa o a los timbales con pimientos asados: auténticas blasfemias en realidad. Porque el bacalao, en el fondo, era la gloria para los pobres, más o menos como las carrilleras, el chicharro o las sopas de ajo: manjares exquisitos por sí solos sin más aditamentos floridos, sin más gasto superfluo, sin más que llevarse a la boca. Un huevo cocido si acaso y salsa en abundancia donde mojar. Pura austeridad pasional. El polo opuesto del cromatismo de los supermercados y de la prosa incomprensible en las cartas de restaurantes modernos.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 9 abril 2023

domingo, 2 de abril de 2023

Astenias

            Si me dan a elegir entre la astenia y la neurastenia, me quedo con esta última en la versión sesentera de Los Salvajes, que no era más que una readaptación de otra canción original de los Stones. Sin embargo, la dichosa primavera generaliza e impone el primero de los términos mientras que el segundo nos parece más que anticuado. Sea como sea, ni uno ni otro reinan en el vocabulario común de hoy.

 

            A pesar de ello, por paradójico que nos parezca, pocas expresiones como estas dos se nos presentan tan vivas en la actualidad, aunque quizá no siempre pegadas a sus significados primeros. Si decimos que la sociedad en su conjunto atraviesa un estado neurasténico no podríamos encontrar mejor descripción: neurosis, cansancio, ansiedad. Y si decimos que los individuos viven momentos asténicos prolongados tampoco erraríamos el tiro: lasitud, atonía, debilidad, lentitud psíquica. En suma, tanto en uno como en otro mal, falta de fuerza en todo su espectro.

 

            Lo cual que, anémicos por un igual sujetos y colectivos, resulta que ni son tiempos para la lírica ni lo son para la épica. Si acaso para la dramática, que parece ser, sí, el género triunfante en esta edad. Casi todo es representación o simulacro y los personajes que nos creamos se imponen sobre las personas que fuimos en medio de un escenario siempre aparente. Así en lo público como en lo privado. Quienes pugnan por lo lírico apenas superan el umbral de la egolatría. Salvo los que cantan su intimidad sentimental, que son más bien onanistas extravagantes. Y quienes lo hacen por lo épico casi ni son capaces de alzarse sobre la realidad. Salvo los franceses, que siempre se han considerado grandiosos revolucionarios sin reconocer que no dejan de ser pequeñoburgueses. ¡Como para no sentirnos asténicos!

 

Tal que creaciones de Pirandello, deambulamos en busca de autor, que es realmente lo que nos corresponde en cuanto seres humanos del ahora, mientras tarareamos una vieja canción de los años sesenta: “ten cuidado con la neurastenia”.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 2 abril 2023

domingo, 26 de marzo de 2023

Escepticismo

            Hace unos días tuvimos la suerte de asistir en la ciudad de Ávila a un debate sobre libertad de expresión donde participaba la socióloga y dramaturga Noelia Adánez, cuyo mensaje último nos alertaba sobre el escepticismo y sus peligros. También se refería a ello colateralmente en una tribuna aparecida en el diario Público poco después, en la que unía esa desconfianza con el desamparo para describir lo que es en suma el pozo negro de la política.

 

            Hasta la fecha habíamos reparado y glosado en estas columnas los males que se derivan del miedo y de la indiferencia, ambos más o menos inducidos, en lo que se refiere al engranaje social y al compromiso público. Más bien a la falta de compromiso y al desajuste. Pero las opiniones de Adánez añaden un nuevo componente a ese repertorio de quebrantos que estrangula a las sociedades modernas y que tiene como objetivo último el debilitamiento de sus instituciones y de sus formas de gobierno democráticas. No se trata sólo de que el miedo nos paralice ni de que la indiferencia nos convierta en displicentes. Lo que sucede con el escepticismo, es decir, con la incredulidad más absoluta, es que nos deja a la intemperie, sin referencias ni asideros, perdidos en un océano de constantes contradicciones y de falsedades. No es ya un problema de naturaleza política individual, como se verifica en las dos primeras contrariedades, es que el escepticismo nos confunde, nos desmorona anímicamente y afecta incluso a nuestra salud mental. Socialmente es una enfermedad gravísima.

 

            Ni siquiera nos ayuda, para superar ese estado, acudir a la doctrina filosófica de los escépticos. En el contexto actual, ¿de qué nos sirve Sócrates y su “sólo sé que no sé nada”? Y si, como todos ellos consideraban en mayor o menor medida, no hay forma humana de conocer la verdad, ¿qué será de nosotros en ese reinado de la mentira en que se ha convertido el escenario público? Si hasta los bancos suizos quiebran, ¿en dónde depositar nuestro capital de ideas y de emociones?

 

Publicado en La Nueva Crónica 26 marzo 2023

domingo, 19 de marzo de 2023

Padre

            En las fiestas de San Juan del año 1977 se representó en el Teatro Trianón la obra “Hablemos a calzón quitado”. Escrita por el argentino Guillermo Gentile, se había estrenado en su país mucho antes, en 1969, y sólo llegó a España tras la muerte del dictador. Quizá el retraso se debió a que le acompañaba un subtítulo peligroso: “El rostro humano de la revolución”. El caso es que tuvo éxito allá y acá, tanto que ha seguido subiendo al escenario de cuando en cuando, aunque nunca regresó a la ciudad de León. Su contenido era tan simple como ambicioso: una pequeña parábola donde tres personajes, un padre castrador, un hijo espástico y un anarquista alucinado, exploran la posibilidad de permitir al ser humano enfrentar y elegir libre y espontáneamente su propio destino.

 

            Aquel padre brutal de la obra de teatro viene a cuento en el día de hoy por la celebración que pretende honrar, comercialmente hablando, a esa figura. No es que todos sean padres brutales, por supuesto, aunque ése es un linaje que nunca se extingue. Sorprende, eso sí, que en estos tiempos de continúa revisión de todo lo humano y lo divino crezca de forma notable cuanto se refiere a nuevas familias y nuevas maternidades; no así a nuevas paternidades, como si este rol no necesitase de actualizaciones. Hay familias monoparentales, familias reconstituidas, familias homoparentales, familias unipersonales, familias dink y familias lat… Hay madres abandonadoras, malas madres, madres tóxicas, madres ambiguas, madres desobedientes, no madres… Pero ni rastro de un inventario parecido para el caso de los padres del presente, relegados posiblemente por cuestiones culturales y de ingeniería social a un papel secundario. Quizá un papel ganado a pulso por ellos mismos a base de ausencias.

 

            En cierto modo, les sucede como al Teatro Trianón, donde por cierto vimos también por aquellos años la película de los Taviani “Padre padrone”: permanece dormido desde hace décadas sin que casi nadie piense en él o acuda a despertarlo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 19 marzo 2023



domingo, 12 de marzo de 2023

Músculo

            El caso es que el gemelo de la pierna izquierda se me ha rebelado y desde hace unos meses le ha dado por doler de una forma estúpida. Según mi médica de cabecera es cosa de la edad o del tabaco. Le he preguntado si podría haber alguna otra causa menos obvia y me ha enviado al fisioterapeuta (si puedes pagarlo, dijo con disimulo). Llevo varias sesiones con el fisioterapeuta, que me ha masajeado de lo lindo mientras nos contábamos nuestras vidas y me ha recomendado algunos ejercicios que hasta ahora no me han servido de mucho.

 

            Antes de este episodio, sólo tuve conciencia de la existencia de mis músculos a causa de una tendinitis en el hombro hace unos años, que se fue como vino, y en la época melodramática de la adolescencia. En aquel entonces lejano yo era un jijas espigado. Decidí jugar al baloncesto porque eso me aseguraba el aprobado en Educación Física sin esmerarme mucho en las tablas de gimnasia ni en saltar el potro o el plinto, que no me hacía ninguna gracia. Tampoco la liga escolar nos importaba mucho, éramos más bien unos mantas, no nos quedaban bien ni las camisetas. Lo único que de verdad nos colmaba de alegría era ganar los partidos contra el equipo del Corazón de María, niños pijos de gente bien.

 

            Un día leí por azar una entrevista con Rafael Rullán, un auténtico jugador profesional de baloncesto al que admirábamos. Cuando le preguntaron por su físico que contrastaba con el de los jugadores norteamericanos, respondió firme: “yo soy el típico jugador de músculo alargado”. Me salvó la vida. Gracias a Rullán me acepté tal cual era, un tipo de músculo alargado. Para un adolescente flaco y con gafas de culo de vaso sólo había dos escapatorias: la autodestrucción o la literatura. Elegí hacer de la vida una ficción y creo que tuve éxito, aunque ahora, frente al dolor del gemelo, no sé qué figurarme. Por si acaso, he recuperado un viejo disco de Cat Stevens que por aquellos años nos acunaba y lo hago sonar en bucle: “morning has broken like the first morning…”

 

Publicado en La Nueva Crónica, 12 marzo 2023

domingo, 5 de marzo de 2023

Necios

            El paso de los años nos lleva a reconocer, tarde siempre, las ocasiones nunca bien aprovechadas para el bien de la humanidad. Una zancadilla a tiempo o un codazo certero, todo con mucho cariño naturalmente, nos hubieran librado, de haberlo sabido a tiempo, de más de un consejero de cultura o de algún gestor cultural con ínfulas. No lo hicimos en su momento y por eso los necios acaban llegando adonde llegan, incluso a gobiernos y direcciones de mucho postín.

 

            A caballo entre las décadas de los setenta y de los ochenta del pasado siglo, cuando la olla comenzaba a hervir en este país y alboreaba una movida cultural evidentemente sabrosa, el escritor Juan Cueto sentenció: “la cultura es una perra de lujo a la que todo se le vuelven pulgas”. No sé qué pensaría hoy y aquí cuando las pulgas se han vuelto garrapatas y el desfile de necedades nos deja estupefactos: la concesión del Premio de las Letras a un conmilitón sin mayor mérito literario que escucharse a sí mismo; la propuesta para declarar las señas de la inhumanidad como bienes de interés cultural; o el énfasis monástico como marco ideológico y no patrimonial… En fin, todas esas decisiones que nos conducen hacia el modelo de vida y hacia la moral medievales, tal y como soñaba el anacrónico protagonista de “La conjura de los necios”.

 

            Por fortuna, los años tampoco pasan en balde. Cuarenta años atrás, como escribíamos la pasada semana, hubo que levantar en esta comunidad un edificio cultural prácticamente desde la nada. Ese obrar y el de otros muchos, entes públicos e iniciativas privadas sumadas, han permitido avances que en muchos sentidos son irreversibles. Basta con repasar la agenda cotidiana en todas nuestras poblaciones: la agenda inteligente. Irreversibles no quiere decir que progresen por sí solos, aunque bien es verdad que muchas acciones culturales triunfan a pesar de las administraciones públicas, lo que también nos da una idea de lo que se cuece. Sea como sea, celebramos que hay vida más allá de la necedad.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 5 marzo 2023

domingo, 26 de febrero de 2023

Autonomía

            Hace cuarenta años de aquello. La que era entonces Consejería de Educación y Cultura de Castilla y León nació a la autonomía animada por un grupo de sorianos y de leoneses: Justino Burgos, Ernesto Escapa, Concha Láez, Pepe Mancebo, Enrique Baquedano y otros. Tan ligero era su aparato en aquellos años fundacionales que apenas ocupaba un pequeño pabellón anexo al Colegio de la Asunción, en la carretera de Valladolid a Rueda. Luego se mudó al interior de la ciudad, a la calle Nicolás Salmerón, pero aún así en nada podría compararse aquella sede con la que hoy ocupan dos consejerías ya por separado en el Monasterio de Nuestra Señora del Prado. Por el medio, evidentemente, llegaron las competencias educativas, que dispararon todo el montaje burocrático y algunos vicios.

 

            Aquel grupo de personas que provenían, no creo que casualmente, de los extremos de la nueva Comunidad fueron pioneras en la construcción no de una cultura identitaria, lo cual era imposible ayer como lo es hoy, sino en la construcción de la cultura a secas en estos páramos nuestros. Es decir, su promoción y extensión en un territorio inabarcable, la recuperación de un patrimonio casi dejado a su suerte y el impulso de sectores nunca bien tratados, como la juventud o el deporte de base. Duró poco más de tres años la experiencia porque la dimisión de Demetrio Madrid como Presidente de la Junta deshizo también aquel equipo. Justino regresó a sus clases en la universidad, Ernesto desembarcó en la Editorial Ámbito, Pepe se enredó en las administraciones hasta volar al extranjero, Concha se buscó la vida y Enrique dirigió por un tiempo el Salón de las Artes en la ciudad de León (¡qué cosas: un soriano en León!). Otros hicimos también lo que pudimos.

 

            No había internet, lo más moderno era el fax, así que no quedan al alcance muchos testimonios de cuanto fuimos. Por eso conviene contarlo, más aún en estos tiempos de enorme segmentación local y distanciamiento casi cantonal. No éramos mejores, simplemente soñábamos.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 26 febrero 2023

domingo, 19 de febrero de 2023

Ceniza

            La expresión más afinada de nuestra finitud es la ceniza, no hay nada más allá. Frente a ella, los carnavales no son más que mera irrealidad, evasión, distanciamiento falso de cuanto somos. Nos abandonamos a la burla, pero al cabo siempre llega ese memento mori democrático que, curiosamente, nos devuelve a la vida tal cual es, sin disimulos. En el fondo esos despojos ardientes son mucho más carne que polvo: la auténtica corporeidad sin disfraces.

 

            El calendario, pagano o religioso tanto da, sitúa en una misma semana este contraste y acierta siempre, aunque los usos presentes anulen una visión y carguen las tintas sobre lo banal: fiestas, concursos, cabalgatas, programaciones municipales, jolgorio en los colegios… Pero nadie programa nada, en cambio, con la ceniza por norte, salvo los cenizos que rezan en acto de desagravio contra lo bufo, que tampoco es eso. Si fuésemos cabales, cosa que se lleva poco ahora, colocaríamos los desechos del fuego en el centro de las conversaciones y lo utilizaríamos como una mirada hacia dentro eternamente postergada. Es decir, una actitud decididamente abierta, sin máscaras ni artificios. No se opone lo serio a lo jocoso, lo que nos fastidia es ser sensatos porque el desenfado y la informalidad son sencillamente mucho más divertidos y no exigen compromisos.

 

            Pensémoslo un poco: salvo en el plano infantil, donde es puro juego, y salvo en lugares donde la farsa ha conquistado una personalidad auténtica admirable, todo lo demás es pura imitación, por lo general de mal gusto, simples redundancias de otros simulacros que sólo se sostienen por la juerga y nunca por lo creativo. La ceniza, en cambio, nos hace ser como somos y habría que celebrarlo, aunque no nos gustemos ante el espejo. En muchos casos, lo que hay detrás de la máscara tampoco nos produce entusiasmo, así que elijamos el original. Reivindicar la ceniza en este contexto es una temeridad necesaria y objetar la mascarada, toda una postura vital a la ofensiva contra lo establecido.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 19 febrero 2023

domingo, 12 de febrero de 2023

Consentimiento

            No es posible consentir si antes no existe un sentir. Al fin y al cabo, lo primero se viste con un prefijo precisamente para resaltar el sentido de lo segundo: sentir con. Y si el consentimiento se hace condición, incluso como una categoría, eso quiere decir que no hay sentimiento compartido, posiblemente ni sentimiento a secas. Es una lástima que un término tan nutritivo como consentimiento se vaya a acabar desnudando de significado a fuerza de repetido y de sobado, tal y como sucede con todas las palabras tópicas, y es una lástima también que una ley que debiera haber sido pedagógica se haya enturbiado de tal modo que ya ni se reconozca en ella la bondad del con sentir. Al margen de cuanto hay de fondo, que no es poco.

 

            Y es que si nadie nos educó en el sentimiento, cómo iban a hacerlo en el consentimiento. Aprendimos sobre lo primero a base de ensayo y error, como casi todo en la vida, y de lo segundo merced a desengaños y a soportar atropellos de todo tipo, no sólo sexuales. ¿Qué podría esperarse de un mundo donde la expresión sentimental produce pudor? Dice Bella Freud, bisnieta del padre del psicoanálisis: “en mi familia no se hablaba de sentimientos”. Claro, quizá por ello le produjo tanto rendimiento el método al bisabuelo. Como para meterse en terapias…

 

            Enamorarse, sucedidos aparte, es en gran medida un compendio de consentimientos hasta que las almas se serenan. Luego sigue el existir. En la medida en que se trata de una enajenación general, no faltan en ello los desafueros ni sobran los asentimientos pactados. En eso consiste la construcción sentimental elevada sobre un terreno siempre pantanoso, pues fáciles son los deslices y torpes las maneras, hasta el punto de llegar a “creer que un cielo en un infierno cabe”. Solo el respeto nos salva.

 

            Sea sí cuando sea sí y sea no cuando sea no. Y seamos, en suma, cuanto el amor quiera de nosotros que sea. Es cuanto se puede concluir, creo yo, en estas fechas de febrero con tráfico comercial y barbaridades semánticas.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 12 febrero 2023

domingo, 5 de febrero de 2023

Matanza

    Regresé a Soria por una matanza.

 

           Engañan los títulos o los titulares. Es común y es lamentable si atendemos a quienes se quedan sin más en esos enunciados y con ellos construyen todo el cosmos. Y es a la vez algo seductor: supongo que si algún soriano o soriana se asoma hoy a esta columna, continuará su lectura al menos por curiosidad. Pero no, ni hay morbo en el relato ni nos referiremos a la exaltación del cerdo en El Burgo de Osma.

 

          Regresé a Soria para presentar allí el libro “La matanza de Atocha y otros crímenes de Estado”, cuyo autor es Carlos Portomeñe. Se trata de un libro que contribuye, claro, a los objetivos de justicia, verdad y reparación en lo que hace a los episodios de terrorismo ultraderechista ocurridos a finales del franquismo y se centra, naturalmente, en la masacre de los abogados del despacho laboralista de Atocha 55 en enero de 1977. No entraré en detalles, pero lo traigo a colación para resaltar el caudal inagotable de publicaciones y otras expresiones artísticas nacidas a partir de aquellos hechos terribles. No deja de asombrarme esa abundancia y debemos reconocer, en consecuencia, que se trata de uno de los acontecimientos más trascendentales en la historia reciente de este país. Cuarenta y seis años después, conviene hacer recuento de todo ello.

 

          Al libro de Portomeñe, se suman al menos los ensayos “Los abogados de Atocha. La masacre que marcó la transición” de Manuel Gallego López y “La matanza de Atocha. 24 de enero de 1977” de Jorge e Isabel M. Reverte. Las novelas “Atocha 55” de Joaquín Pérez Azústre y “Matanza de Atocha 1977: caso abierto” de Alejandro M. Gallo. También la crónica “A finales de enero” de Javier Padilla y la obra de teatro “El revés de la luz” de Javier Durán. Y, por supuesto, aún sin agotar el catálogo, la película “Siete días de enero” de Juan Antonio Bardem. En fin, formas diversas y todas notables con que adentrarse en nuestras miserias nacionales para rendir homenaje a quienes las sufrieron directamente y no olvidar.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 5 febrero 2023