Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

jueves, 7 de julio de 2016

ELENA SOTO: Invierno sin corazón / JAVIER LÓPEZ: La tierra de los nadie

LOS AUTORES
     Elena Soto, entre Ponferrada y Palma de Mallorca, entre la lírica y la ciencia, colaboradora con las páginas culturales de Tam Tam Press en la sección de Poesía y Ciencia. En 2003 obtuvo el Premio Carmen Conde de poesía convocado por Ediciones Torremozas. Tiene publicados los poemarios Solicitudes para una declaración de apatría (León, 1983), La medida del trance (León, 1993) y Métricas del alma (Madrid, 2003).
     Javier López, profesor, es actualmente miembro de la Ejecutiva Confederal de CCOO. Como articulista, es asiduo en medios digitales como Madridiario, Nueva Tribuna o Diario Abierto. Una recopilación de sus artículos ha sido publicada en el libro La fuerza de la palabra.

LOS LIBROS
     Invierno sin corazón hace referencia a un fenómeno más que sugerente: durante el invierno, en la parte central del continente antártico, las temperaturas quedan atrapadas en una media de menos 62 grados centígrados, experimentando variaciones mínimas. “Kernlose Winter” –literalmente, invierno sin alma, sin núcleo, sin corazón- designa a este peculiar fenómeno térmico.
     La tierra de los nadie es la experiencia del desarraigo, el calor o el frío del anonimato, el vapor de una condena de soledad que busca deshacer la experiencia y convertir los números y las letra en pura abstracción. La poesía se solidariza con los que no tienen nada, pero funda su complicidad sobre todo con los que no son nadie.

LOS TEXTOS
Equipaje (E.S.)
Una metáfora debajo de la lengua
mi óbolo a Caronte por cruzar al otro lado de la Estigia.

(J.L.)
Tu risa es todo cuanto tengo para afrontar
la luz de la mañana. Ni siquiera tu risa.
La memoria de trazo vahído de carmín
en tus labios y el recuerdo del eco de un beso.

domingo, 3 de julio de 2016

Himnos

Este verano, que progresa por sus senderos habituales, viene adornado, sin embargo, por unas melodías singulares que poco o nada tienen que ver con las tradicionales canciones de la época. O tal vez sí; tal vez coinciden con ellas en unos ritmos repetitivos e insistentes, en unos estribillos construidos a base de la, la, la y chunda, chunda, y en un ardor enfervorecido, bien por el calor, bien por los sentimientos patrióticos, según el caso. Nos referimos a los himnos. La resaca de las copas reales, la Eurocopa de Fútbol y las Olimpiadas, por citar tres ejemplos no cualesquiera, harán que suenen y resuenen hasta el hastío, así que bueno será, pensamos, prestarle una audición al fenómeno con otros oídos dotados de algo más de gusto o de ironía, los de Moderato Cantábile.

Un himno es ante todo una composición poética destinada a alabar a los dioses, a los héroes, a Dios, a la Virgen o a lo santos; también sirve para exaltar a un gran hombre (no a una gran mujer), celebrar una victoria u otro suceso memorable o expresar júbilo o entusiasmo; y por último, en este recorrido por la definición académica, un himno es una composición musical emblemática de una colectividad, que la identifica y que une entre sí a quienes la interpretan. Ni quitamos ni ponemos rey a todo ello (salvo el paréntesis, claro), pero como veréis por el muestrario que a continuación os sugerimos, mucho más da de sí el género si se contempla desde la parodia o desde otros campos menos trillados que los de las glorias patrias. Veamos y escuchemos.

Para empezar, allá por 1979, Serge Gainsbourg, irreverente y provocador como él solo, vivió un momento de gloria y redención. En un recital en Estraburgo, un grupo de militares franceses y miembros de la extrema derecha ocuparon las primeras filas de la sala. Venían dispuestos a impedir que Gainsbourg interpretara su último éxito, Aux armes et caetera [http://www.dailymotion.com/video/x7gvb_gainsbourg-aux-armes-et-caetera_news], una versión reggae de La Marsellesa, considerada por muchos una ofensa. Al ver el panorama, el cantante ordenó a sus músicos que no se bajaran del autobús. Subió al escenario solo y dijo: “los que han impedido el concierto han devuelto a La Marsellesa su sentido inicial”. Después, este hombre con fama de chulo y degenerado, probablemente borracho, levantó el brazo derecho –el del cigarro- y, con una dignidad y una grandeza inesperada, comenzó a cantar, en solitario, el himno de Francia. Los militares que le observaban atónitos no pudieron hacer otra cosa que cuadrarse.

En ese mismo bando de la irreverencia o de la provocación, no se sabe bien, se debe colocar también a Jimi Hendrix, con una versión más que desconstruida del himno norteamericano que había dejado perplejo al auditorio del festival de Woodstock en 1969 [https://www.youtube.com/watch?v=TKAwPA14Ni4]. Y provocadores directos resultaron ser Sex Pistols con su explosivo God sabe the queen [https://www.youtube.com/watch?v=yqrAPOZxgzU] así como sus seguidores Derribos Arias y Siniestro Total con sus cómicas meta-versiones de la anterior: Dios salve al lendakari [https://www.youtube.com/watch?v=ypTGXEr6hdU] y Dios salve al conselleiro [https://www.youtube.com/watch?v=LKT3NemiDdw]. Como se ve por estos últimos ejemplos, no se trata ya de desacralizar un himno instituido, sino de inventar, a partir de tal modelo, uno nuevo directamente, salga el sol por donde salga. Que siempre sale.

En otro orden de cosas y en terreno nada sagrado, se entonan los himnos futbolísticos, que reúnen un poco de todo: letras rancias, estribillos ñoños, fervores tan artificiales como los patrióticos, partituras del mismo modo militarizadas y bastante mal gusto. Con excepciones, claro. Como el himno del Liverpool, que propone múltiples lecturas, ese magnífico You’ll never walk alone, aquí en interpretación de Gerry & The Pacemakers [https://www.youtube.com/watch?v=OV5_LQArLa0]. O los muy sabrosos y divertidos Himno del Atlético de Madrid según Joaquín Sabina [https://www.youtube.com/watch?v=4Wm2YzWsrCY&nohtml5=False] e Himno del centenario del Cádiz propuesto y no aceptado por Javier Ruibal  [https://www.youtube.com/watch?v=jIDk9lpZFmk].

Pero, aun con todo, hay himnos hermosos aunque no hayan llegado a existir nunca más que en la ficción. Es el caso de la Canción para la unificación de Europa [https://www.youtube.com/watch?v=lTD-wj3OtJQ], compuesta por Zbigniew Preisner para la banda sonora de la película Azul de Krysztof Kieslowski. Y hay himnos que hacen referencia a otros contenidos y sobre todo a otras emociones no necesariamente relacionadas con la idea de patria, estado, nación, país o cualquier otro invento por el estilo. El Himno al amor de Edith Piaf [https://www.youtube.com/watch?v=zDWzVLRSPSI] es, por ejemplo, la antítesis por su materia de cuanto se presume de un himno tradicional. O dos canciones que, sin llegar a ser concebidas como himnos al uso, concitaron en su ser voluntades de masas y ánimos combativos. Quilapayún, grupo emblema de una época en que la música latinoamericana era una necesaria señal de identidad colectiva, fueron los artífices del eco musicado para El pueblo unido que todavía suena y resuena [https://www.youtube.com/watch?v=OxnARSurEiA]. Y Campanades a mort [https://www.youtube.com/watch?v=n11-efCrb8M], con la que Lluis Llach adornó unos hechos terribles ocurridos hace ahora cuarenta años: siendo Ministro de la Gobernación Manuel Fraga, en marzo de 1976, la policía asesinó a cinco trabajadores e hirió de bala a decenas de hombres y mujeres, disparando a quemarropa para disolver una asamblea de miles de personas en la iglesia de San Francisco, en la ciudad de Vitoria; reclamaban un incremento salarial de 6.000 pesetas lineales, solidaridad frente a los despedidos y detenidos y ruptura con el Sindicato Vertical.

Así pues, si los himnos son cantos solemnes de tono elevado en alabanza de algo, es evidente que no casan bien con nuestro gusto, ése que se deleita, por ejemplo, con los versos de Agustín García Calvo para definir todo un estilo: “Sólo de lo negado canta el hombre, sólo de lo perdido…” Por tal motivo, como coda final de esta función, nos apartamos del sendero paseado y cerramos esta lista de audición con una referencia imprescindible para orearse bien a lo largo de lo que nos queda de estío. Precisamente Sólo de lo negado, según quiso musicar ese poema Amancio Prada [https://www.youtube.com/watch?v=qEdbGVBI1Zg].

martes, 28 de junio de 2016

Turismo de oposición

     Tiempo atrás, quedó aquí glosado y comentado fuera el llamado turismo de porrón y crucifijo, que es santo y seña del turismo local. Se trata de un fenómeno que despierta pasiones entre sus gestores y beneficiarios, pero que apenas si tiene repercusión sobre la economía y el empleo. Economía y empleo sólidos, queremos decir. Cumplen, sí, otro objetivo encubierto muy extendido en estos tiempos: anestesiar a las gentes, pues sabido es que inciensos y orujos son drogas muy útiles para esos efectos. De modo que todos tan contentos: jacobeos, procesionarios, solteros, genarines, sanjuaneros y todas las órdenes del grial y del botellón con sus sumos sacerdotes al frente.

     Mas llegados a este punto, una nueva o vieja variante del turismo se nos presenta y anima el jolgorio hostelero: las oposiciones. Sucedió hace unos meses con las de enfermería y acaba de ocurrir ahora con las de enseñanza. Tantos años sin convocatorias y tanta desesperación laboral han acumulado levas de aspirantes dispuestas a competir al precio que sea. Incluso con una mayor movilidad geográfica. Son precisamente esos movimientos de población necesitada de un trabajo y llamada a opositar los que aprovechan la usura y el abuso para hacer caja. Bajo el sutil argumento de las leyes de oferta y demanda, los precios de los hoteles alcanzan niveles inaceptables en un doble sentido. En principio porque no son asequibles para la población en general, bastante empobrecida. Y en segundo lugar porque se establecen para los más agobiados, convirtiendo así a los parias en objeto supremo de explotación.

     Asistimos, pues, a una muestra elocuente del tipo de riqueza que estamos dispuestos a crear en la provincia: la fertilidad de los buitres. Somos muy dados por acá a demandar inversiones de más allá y no es la audacia empresarial, salvo excepciones, nuestra principal cualidad. El turismo de oposición, como se ve, es una de las nuevas aspiraciones gloriosas de los mesoneros locales. La mejor fórmula para no salir de pobres.

Publicado en La Nueva Crónica, 28 junio 2016

martes, 21 de junio de 2016

Cuatro punto cero

     Desde la rueda hasta la inteligencia artificial, que se sepa, apenas hay un pequeño trecho de algo más de 5.000 años. Un lapsus en la historia del ser humano que expresa no tanto la evolución de su especie como la de sus habilidades para dominar el entorno. Con ritmos lentos al principio, con ritmos vertiginosos en la edad actual. Un tránsito con algunos otros hitos trascedentes bien conocidos: la pólvora, la máquina de vapor, los primeros automatismos, internet… Si bien se mira, todo más que reciente, todo ello acelerando en los últimos tramos de la historia, todo como si la deriva nos arrojara a un esprín alocado sin tiempo para digerir los cambios.

     Llegados a este punto, escritores y académicos disputan entre sí para orientar nuestro pensamiento. Los primeros escriben con una carga infinita de romanticismo. Los segundos argumentan con un tono más que apocalíptico. Entre los primeros, Eduardo Galeano dice: “Las máquinas mandan en las casas, en las fábricas, en las oficinas, en las plantaciones agrícolas, en las minas y en las calles de las ciudades, donde los peatones somos molestias que perturban el tráfico. Y las máquinas mandan también en las guerras, donde matan tanto o más que los guerreros de uniforme”; y Luis Grau añade: “Tal vez sobren ciertas profesiones, en las que en apariencia nada se dilucida que sea imprescindible, pero si se asoma uno al campo, faltan agricultores y tierras labradas; faltan cuidados al monte y pureza al agua, amparo a los animales, atención a los pequeños pueblos. Y si observamos la ciudad, otro tanto; patente en vías, instalaciones, servicios, ordenaciones. Y en la atención a las personas, donde más carencias hay, es donde las máquinas menos pueden servir”. En el otro lado, sentencia Iñaki Ortega: “El cambio digital traerá una nueva estructura social sin clase media”; y remata José Ignacio Torreblanca: “Quien no tenga capacidad industrial digital será irrelevante económicamente y no podrá hacer valer sus principios, intereses ni valores. Igual que la espuela, la pólvora o la máquina de vapor redistribuyeron el poder entre Estados, estamos ante una nueva revolución industrial, esta vez de carácter digital. Quien domine esa economía prevalecerá, quien no lo haga sucumbirá”.

     Y lo cierto es que, mientras nos aclaramos, comunes son ya entre nosotros términos y procedimientos como fabricación aditiva, robótica colaborativa, sistemas ciberfísicos y realidad aumentada, cloud computing, big data, visión artificial, realidad virtual, ciberseguridad y otros por el estilo que no llegamos a comprender. Tan comunes como los problemas que se nos abren en canal: cualificación de trabajadores y trabajadoras, seguridad, normativa jurídica, investigación, brecha digital laboral y salarial, etc. Es decir, lo que se conoce ya como Industria 4.0, un auténtico cambio de paradigma que, como cuentan quienes de ello saben, modificará cómo, qué, quién, cuándo y dónde se produce.

     Quizá esta cuarta revolución industrial, como otras que le precedieron, nos ha vuelto a pillar con el paso cambiado y poco podamos hacer ya para ordenarla debidamente. Menos todavía en un país como el nuestro, donde la OCDE anticipa que se perderá el 12% de los empleos como consecuencia de la automatización. Queda resistir el tirón, pues, y anticipar el futuro que sabemos que está a la vuelta de la esquina: la quinta revolución, la de la inteligencia artificial. El reto en ese caso volverá a ser el del factor humano: reinventarnos para controlar a las máquinas antes de sucumbir.
Publicado en Tam Tam Press, 21 junio 2016

viernes, 17 de junio de 2016

CARLOS SUÁREZ: Una mujer en Pigalle

EL AUTOR
     Carlos Suárez es leonés, periodista y amigo. Después de andanzas pretéritas con el grupo Margen (junto a Hilario Franco, Eloísa Otero y Elena Soto), en 2004 publicó su primera novela: La muerte zurda. La presente novela le sitúa en una posición de madurez como escritor.

EL LIBRO
     Una novela negra que no es negra. Una novela histórica que no es histórica. Una novela con rasgos psicológicos que no es psicológica. Nada es lo que parece, un juego de ficciones y simulacros, de infiernos y de paraísos perdidos, de personajes con segundas y terceras vidas. Un puzzle que se inicia con un asesinato en el París ocupado y que recrea la época de las vanguardias. Una mezcla de recuerdos y olvidos como los que deambulan por la mente de uno de sus protagonistas enfermo de alzhéimer: http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/mujer-pigalle-segunda-novela-del-periodista-carlos-suarez/3614005/

EL TEXTO
     "Sé que sin nombres que designen a las personas y a las cosas, sin lugares o fechas que anclen los hechos al espacio y al tiempo, los recuerdos se convertirán en piezas sueltas, aisladas, fragmentos sin sentido, hasta dibujar un mundo incomprensible, habitado por objetos privados de significado, vacíos, huecos, muertos, como si fueran cáscaras, esqueletos, cadáveres".

martes, 14 de junio de 2016

Chucherías

     Afirma el economista y premio Nobel George Akerlof que “si alguien tiene la opción de manipularte, lo hará”. Y apunta acto seguido, en la misma entrevista, un ejemplo nada ético de esa manipulación sutil a la que estamos expuestos: “cuando vas al supermercado, es de esperar que los caramelos estén cerca de las cajas registradoras. Pero la cosa va más allá cuando esas chucherías se colocan justo en el sitio en el que tienes que hacer cola y esperar, y precisamente a la altura de los ojos de un niño de seis a diez años”. En fin, es una muestra reveladora de los efectos que produce la aplicación de la psicología sobre la economía y de los procedimientos del llamado neuromarketing.

     Pues bien, cuando en la actual campaña electoral se habla alegremente de la rebaja de impuestos, el IRPF en concreto, se actúa de un modo muy similar al de las chucherías. Es decir, se manipula. Y ocurre así porque éste es un asunto que debería resolverse con transparencia y rigor, no con ofertas que después difícilmente se verán cumplidas, salvo que se compensen con dolorosos ajustes y renuncias en materia de servicios públicos y prestaciones sociales. Hay que recordar que España ya presenta una de las menores recaudaciones fiscales de la zona euro: en 2015, recaudó un 38’2% del PIB en ingresos fiscales frente a la media del 46’6% de la zona euro, lo que supone una menor recaudación de en torno a 90.000 millones de euros anuales.

     Y, además, se lleva a cabo una muy negativa labor pedagógica al presentar los impuestos como algo prescindible. Más aún, se da la impresión de que lo mejor es que no haya impuestos. Directos, claro. Una política que, como bien sabemos, favorece la acumulación de la riqueza por parte de quien puede acumularla, no su reparto, y que desprecia la equidad. Y humilla, en suma, a los más necesitados: a todos aquellos que, por su situación de pobreza (la cuarta parte de la población), no tienen ni para pagar impuestos y sólo pueden esperar un beneficio público para sobrevivir.

Publicado en La Nueva Crónica, 14 junio 2016

martes, 31 de mayo de 2016

Lenguaje electoral

     Escucho a un candidato que asegura que el país necesita “un cambio progresista, un cambio moderado” y tomo de inmediato el diccionario para averiguar lo que me he perdido. Según la Academia, una persona o una colectividad progresista es aquella que se distingue por sus ideas y actitudes avanzadas. Por el contrario, moderada sería aquella que guarda el medio entre los extremos. En suma, no salgo de mi perplejidad.

     Es lo que tiene el lenguaje electoral. O, mejor dicho, los hablantes electorales, que se lían y nos lían sin piedad. Entre las contradicciones de sus palabras, la vacuidad de algunos de sus mensajes y el recurso a los tópicos y a los lugares comunes acaban construyendo un idioma poco inteligible o directamente confuso. Es lo que ocurre también cuando pretenden distraernos con lo que sucede en nuestro entorno para modificar de un modo torcido la realidad. Afirman, por ejemplo, que la catástrofe que vivimos es culpa de todos y consiguen así que la culpa generalizada oculte la culpa real de los individuos con nombre, cargo y responsabilidad. O aseguran que todo se debe a la economía y sus ciclos, años de crisis seguidos de años de bonanza y todo sigue igual. Pero no, todo no sigue igual, ni mucho menos.

     No se trata, pues, de los contenidos que se manejan en el contexto electoral, que eso es harina de otro costal, sino simplemente de cómo y con qué intención se habla. En ese ámbito la exigencia debiera ser sencilla: que se hable bien y que lo que se comunique tenga algún sentido. Puesto que el ser humano es un animal que habla y, además, un animal político, lo mínimo que se puede reclamar es que la herramienta del lenguaje responda a las expectativas de la cualidad humana. O, en caso contrario, sería mejor mantener la boca cerrada.

     En fin, cierto es que no todos los candidatos y candidatas son iguales en esto del uso del lenguaje. Por fortuna también en esto hay diferencias notables como para inclinar el voto de uno u otro lado. Obsérvenlo si aún están indecisos.

Publicado en La Nueva Crónica, 31 mayo 2016

martes, 24 de mayo de 2016

Cultura general

     Ocurre que la vieja expresión cultura general y todo su significado han pasado prácticamente a mejor vida. Según se define en uno de esos rincones de internet responsables, entre otros, de la pérdida, no era otra cosa que “el saber que permite a un individuo construir su propio criterio, analizar asuntos diversos y responder con éxito en diferentes facetas de la vida cotidiana. Dicha cultura puede construirse a partir del estudio sistematizado, de la educación informal y de la experiencia adquirida a lo largo de los años”. Su lugar lo ocupa ahora una supuesta cultura generalizada, es decir, la fantasía de que las herramientas digitales ponen a nuestro alcance cualquier materia y que, en consecuencia, en ellas reside el saber y no hay necesidad alguna de interiorizarlo. Lo otro, lo perdido, es un esfuerzo o una devoción que se reserva para quienes acuden a concursos del tipo Saber y ganar.

     Sin embargo, difícil es que lo que se nos da frito y migado pueda servirnos para construir criterio propio o para aplicar en la práctica el conocimiento no decantado por nuestros medios. Más bien se produce una uniformización de pareceres y una respuesta bastante trivial. A ello contribuye también, con toda seguridad, el imperio de la especialización al que hemos sido sometidos, de tal manera que simulamos saber mucho de algo y casi nada de todo, como si la condición ilustrada fuese una tara más que un blasón. Y así, pongo por caso, no es nada extraño que un miembro de la llamada generación mejor preparada de nuestra historia conozca al dedillo las últimas aplicaciones de los drones, pero no sepa rellenar una instancia para inscribirse en un aeroclub o quiénes fueron los hermanos Wright.

     En otro plano, cabe señalar a la educación como un problema, no como una solución, a la hora de animar ese conocimiento extenso al que nos referimos. Hace años que la enseñanza dejó de aspirar a tal objetivo, sustituidos sus fines clásicos por los del modelo liberal y empresarial: no se forma ciudadanos críticos y activos sino productores que en un segundo momento se conviertan en consumidores. De hecho, bien es conocido el lugar secundario que hoy se reserva a las llamadas Humanidades o el desprecio con el que está siendo tratada en tiempos recientes una disciplina como la Filosofía. No es un asunto que se deba atribuir al rumbo de los tiempos, sino al gobierno preciso de estos tiempos.

     Finalmente, el entorno cultural, en vivo o en pantalla, conforma un tercer nivel difuso de asimilación contrario a lo diverso y, por tanto, a lo ancho. Todo parece estar contenido, en apariencia, dentro de las programaciones oficiales o de las parrillas establecidas, de modo que fuera de esas estructuras sólo caben las rarezas, los malditismos, las minorías escasamente respetadas o lo directamente pasado de moda. Como la enciclopedia en el sentido más académico. Se crea así la impresión de que lo programado es el canon sin discusión posible y que lo que hay más allá son sólo excrecencias impropias de esta edad, saberes prescindibles.

     Vale, seguramente tampoco haya que mitificar a humanistas e ilustrados, que no pasarían de ser en su época un puñado de individuos selectos. Pero sin llegar a tales extremos, no nos vendría nada mal cultivar un pensamiento con grandeza. Sobre todo cuando hasta el troglodita Donald Trump presume de que “ya que hay que pensar, pensemos a lo grande”. No pensamos en lo mismo, por supuesto, pero por ahí van los tiros.
Publicado en Tam Tam Press, 24 mayo 2016

martes, 17 de mayo de 2016

Trabajo y voto

     Mes tras mes, trimestre a trimestre, disputamos todos acerca de la interpretación que nos merecen las cifras, bien del paro registrado, bien de la población activa. Inútil debate al fin y al cabo, pues los vaivenes de los números, que corresponden a personas, no son lo bastante sólidos en tan cortos plazos. Conviene, por tanto, echar una ojeada al asunto con más distancia y durante un mayor periodo para obtener algunas conclusiones menos líquidas. Todo 2015, por ejemplo.

     Y lo que sabemos hoy al respecto sobre el mercado de trabajo en la provincia de León es que sus principales variables arrojan un resultado desalentador. La población en edad de trabajar se redujo en 3.500 personas. La población activa propiamente dicha mermó en 7.000. La tasa de actividad respecto al año anterior disminuyó en 1’26 puntos porcentuales. La población inactiva creció un 1’7%. La población ocupada aumentó en 1.100 personas, lo que llevó también a que la tasa de empleo subiera 0’59 puntos porcentuales. Así mismo, y por todo lo anterior, el desempleo conoció una caída importante, 8.100 personas, lo que no quiere decir que todas pasasen a trabajar en esta provincia, naturalmente. Con ello, claro, la tasa de desempleo cayo 3’07 puntos. Pero, frente a eso, los más desafortunados vieron cómo la tasa de cobertura por desempleo disminuía 3’9 puntos. Y cierto es, por otro lado, que en 2015 se registraron más de 10.000 contratos por encima de 2014, si bien poco más de 800 fueron indefinidos.

     Con estos mimbres entró la provincia en el año 2016, el de la vuelta a la realidad cruda después de las múltiples fantasías electorales vividas el año pasado. Y, a nuestro parecer, debiera ser el balance antes reseñado, no otras pantomimas o juegos florales, lo que orientara el voto que vuelven a demandarnos. Eso y la exigencia a los candidatos de que nos alivien de tanta línea roja y mano tendida para nada y que dejen de lado toda apelación al sentido común que es, si bien se observa, un sentido de derechas.

Publicado en La Nueva Crónica, 17 mayo 2016

jueves, 12 de mayo de 2016

Manifestación 1 mayo 2016

Discurso de cierre de la manifestación del 1 de mayo de 2016 en la Plaza Mayor de León:  https://youtu.be/BE3GEAYGNro