Blog de Ignacio Fernández

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viernes, 31 de mayo de 2019

X Premio Diálogo


         Buenas tardes y mi agradecimiento por vuestra compañía en nombre de la Fundación Jesús Pereda y de CCOO de Castilla y León. Gracias de verdad porque para nosotros esta cita anual corona en cierto sentido el trabajo que llevamos a cabo durante todo el año con la mayor de las ilusiones y con el mejor de los compromisos. Gracias.

         Estamos contentos. Burgos se incorpora hoy a la geografía de los Premios Diálogo y se une en el mapa a las ciudades de Valladolid, León, Zamora y Ávila, donde fuimos bien acogidos anteriormente. También a aquellas otras localidades adonde hemos extendido en las dos últimas ediciones el eco de estos premios: Ponferrada, Ciudad Rodrigo, Salamanca y San Pedro de Gaíllos. Y con Burgos, anticipémoslo ya, vendrá de inmediato, a la vuelta del verano, la comarca zamorana de Aliste como eco de este acto. Como verán, vamos cumpliendo poco a poco uno de los objetivos de nuestra Fundación: extender el radio de acción a toda la Comunidad Autónoma y al mayor número de localidades posible, de acuerdo con cómo actúa también en sus menesteres más propios la organización sindical a la que modestamente ensanchamos.

         Estamos contentos así mismo porque el jurado de esta décima convocatoria, tal y como comprobarán acto seguido, ha venido a reconocer tres expresiones con las que sentimos una fuerte complicidad y cercanía. La prevención de la violencia sexual y de género y la promoción de la igualdad resaltan en nuestros estatutos y riegan nuestras programaciones, con especial realce en el capítulo que llamamos M de marzo M de mujeres. Igualmente, nuestro Patronato aprobó este mismo año incorporar regularmente la promoción del teatro en centros escolares más allá de las representaciones que ya venían haciéndose de forma esporádica o en reconocimiento a compañeros de viaje como el grupo Teloncillo. Y, por último, sobre nuestra tradición paseamos a menudo, en particular sobre la que tiene un acento musical, y a nuestros actos, como en esta ocasión, incorporamos sus manifestaciones más ambiciosas o contribuimos a su sostenimiento; así lo hemos hecho recientemente con el álbum Tierra de nadie del grupo Castijazz.

         En fin, estamos contentos porque esas tres expresiones que acabo de reseñar, la igualdad, el teatro y la tradición, con todos sus anexos, hablan bien de la sociedad en la que trabajamos y en la que queremos seguir haciéndolo.

Hay un clamor en ella por la igualdad, más atronador que aquellos comportamientos que aún se enmohecen en la caverna de las desigualdades. Es un reto decisivo para el futuro: combatir toda forma de desigualdad, toda forma de precariedad y casi toda forma de frivolidad. Ésa es también nuestra fe.

Hay, curiosamente, un hervor teatral que se agita con la misma intensidad con la que –paradojas– crece la farsa. Conviene, pues, separar el grano de la paja en ésta como en tantas otras materias y cuidar de nuestros auténticos dramas, a la par que desvelamos y ponemos en evidencia la falsedad. Ésa es nuestra esperanza.

Hay una necesidad urgente por reencontrarnos con nuestra tradición para alejarla del tradicionalismo, que convierte aquella en ideología y la pervierte en el campo de la banalidad. Es preciso ser antes que estar, y en ese empeño nos implicamos y llamamos a hacerlo juntos. Ésa es, no, no nuestra caridad. Ésa es nuestra demanda de rigor.


Quiero dedicar ahora un espacio de la intervención a mis compañeros y compañeras de Burgos. No sólo por su colaboración para sacar adelante este lance y sobre todo por realizar propuestas que luego el jurado de los premios ha tenido en cuenta. Quiero destacar que para la Fundación Jesús Pereda Burgos se ha convertido en confortable estación de parada y fonda para nuestro programa. Ahora mismo puede verse en la Biblioteca Pública de esta ciudad la exposición Mujeres en conflicto, que hemos producido al lado de la Junta de Castilla y León y de Caja Rural. Pero aquí hemos estado también, a lo largo del último año, con proyecciones de cine, con conciertos musicales, con presentaciones de libros y con debates tan sustanciales como el que dedicamos el pasado otoño a las mujeres y el sindicalismo. Ese bagaje nos debe permitir a unos y a otros mostrar orgullo sano y constatar que transitamos en colaboración un camino provechoso. Para nuestras organizaciones sin duda, pero también, y en primer lugar, para el conjunto de trabajadores y trabajadores a los que dedicamos nuestro esfuerzo con el fin de robustecer una cultura con apellido, cultura sindical.

También ese terreno disputamos y es bueno que así sea. En las recientes convocatorias y debates electorales hemos podido comprobar el lugar muy secundario que se destina a la cultura. Ese abandono político contrasta con una imposición general de ciertas formas de cultura que tienden a unificarnos y simplificarnos. He ahí por qué es importante esta disputa. Quienes hoy recogerán nuestros galardones se alinean igualmente en esa lid, como lo han hecho y hacen quienes les precedieron. Como lo hizo Jesús Pereda, cuyo nombre nos identifica. Es bueno citarle de vez en cuando porque muchos no pudisteis ya convivir con él y es normal el desconocimiento. No hablamos de aquel futbolista del Barcelona de los años 60, casualmente también burgalés, sino de quien fuera Secretario General de CCOO de Castilla y León entre 2000 y 2003, con quien mucho aprendimos y a quien honramos no sólo nominalmente sino con nuestro trabajo.

Señalaremos también que nuestros laureles son dinámicos, evidentemente. Hoy, por ejemplo, junto al colofón de los Premios Diálogo, escenificaremos también la entrega de premios a los ganadores del “IV Concurso de Fotografía sobre el Trabajo”, vinculado siempre al mes de mayo, un mes obrero. Y haremos visible igualmente un nuevo trofeo, si se puede decir así, para los primeros. En el origen fue una escultura de la artista vallisoletana Concha Gay. Vino después una creación cerámica de los artesanos de Portillo, también en Valladolid. Hoy estrenamos una construcción en forja, creación del artista José Oré, que ejerce en la comarca leonesa de Somoza. Crecemos, pues, con esa sucesión de oficios y de paisajes.

Éstas son, en fin, nuestras credenciales y lo son a la vez de los premios que amparamos. Por resaltar sólo a quienes fueron premiados a título individual, sepan que hoy el nombre de Sara Tapia se unirá a los de Carlos Sanz, Catalina Montes, Chema Sarmiento, Manuel Jular, Manuel Sierra, Rosa María Mateo, Luis Díaz de Viana, Eliseo Parra y Serafín de Tapia. No es un catálogo menor. Al contrario, nos engrandece y nos conforta. Todos ellos, todas ellas, como señalan las bases, son personas que han favorecido un avance social y cultural en nuestra Comunidad Autónoma o que han trascendido los límites de la misma, defendiendo los valores de la diversidad y la defensa de los derechos sociales y culturales a través de su trabajo. Humildemente, esa es también nuestra misión y nuestra devoción.



Texto leído en la entrega de los X Premios Diálogo de la Fundación Jesús Pereda, Burgos 31 mayo 2019

domingo, 26 de mayo de 2019

Inculturas


            Sentenciadas las culturas en la lid electoral, a lo que nos dedicábamos en anterior entrega, conviene bajar al terreno mortal para hablar de las inculturas que sustituyen a aquéllas en casi toda lid.

            Ojeo en la pantalla, como es menester en estos tiempos, un diario digital local y me detengo en la sección que denominan “Culturas” y que engloba, dicen, informaciones sobre cine, teatro, libros, música y exposiciones. Leo los titulares y descubro que se refieren a delfines, al Papa, a mujeres maltratadas y a un misionero asesinado. Deduzco que es un error de la máquina, como tantos otros habituales disfrazados de coartada, y lo dejo estar. Vuelvo a la misma página al día siguiente y persisten las mismas noticias hasta que en la tarde reciben un añadido sobre ciertas prácticas de enanismo en un pub de Benidorm.

            Estoy seguro de que se trata de un error, pero la contumacia o la dejadez de los hacedores de esa página consagran una manera de entender y de expresar el producto que llaman “Culturas”. También para sus lectores más o menos incautos. Hace tiempo que ocurre esto, sobre todo desde que el periódico nacional de mayor tirada sustituyó su apartado de “Cultura” por otro denominado “Vida & Artes”, escrito además con una ligadura gráfica en lugar de con una conjunción copulativa para que todo resultase más aparente y neomoderno, es decir,  un cajón amorfo donde cabían por igual las informaciones llamadas de sociedad, las de talento-diseño-moda-estilos-gastronomía, las de lidia, las de gente, el sudoku, y, naturalmente, las de cultura. Años más tarde, se corrigió a sí mismo y retornó a la etiqueta primitiva, pero la veda se había levantado y por esa senda se han colado y lo siguen haciendo abundantes disparates.

            Lo mejor de todo es que, durante el fin de semana pasado, numerosos periódicos incluyeron en su hueco cultural todo lo relativo a ese festival europeo de la canción, que encarna las peores virtudes del arte de cantar y de lo que puede presumirse como cultura europea.

Publicado en La Nueva Crónica, 26 mayo 2019

domingo, 19 de mayo de 2019

Culturas


            La cultura, por lo general, no suele asomarse a los debates electorales, ni siquiera a las declaraciones aisladas de la mayor parte de candidatos y candidatas. Y cuando lo hace, rara avis, más valiera guardar silencio o sentarse antes al lado de los actores culturales y escucharlos. Ese diálogo, casi inexistente, debiera ser la primera medida del programa.

            En reciente rueda de prensa, una de las candidaturas locales, quizá la única no obstante que se ha pronunciado con una aparición directa y exclusiva sobre la materia, volvió de nuevo sobre la declaración de León como patrimonio de la humanidad y apostó por su designación como capital cultural europea. Compartámoslo o no, esa no es la cuestión que se ventila al elegir un gobierno municipal. Puede ser un objetivo, ciertamente, pero lo que se debe proponer para ser evaluado con el voto es qué hacer en la gestión doméstica y cotidiana para alcanzarlo. O de otro modo: el maná no llueve, se gana. Y, claro, ahí es donde aparecían los vacíos y sobraban los tópicos en la comparecencia indicada.

            Choca esta vacuidad política con la efervescencia cultural ordinaria, generosa e inabarcable, producto casi siempre de iniciativas al margen de las administraciones. O con ellas, tanto da, pues al final no les queda otra que subirse a un carro fecundo, aunque con cicatería. Choca también porque será la cultura, no otra dimensión de la actividad política, la que determinará el futuro que nos haya de ser. Y sobre todo la cultura general, es decir, “el saber que permite a un individuo construir su propio criterio, analizar asuntos diversos y responder con éxito en diferentes facetas de la vida. Dicha cultura puede construirse a partir del estudio sistematizado, de la educación informal y de la experiencia adquirida a lo largo de los años”. Pero su lugar, ay, lo ocupa ahora una supuesta cultura generalizada a través de la simpleza, la uniformidad o el escaparatismo, como los titulares a que dio lugar la rueda de prensa de la que hemos hablado.

Publicado en La Nueva Crónica, 19 mayo 2019

sábado, 18 de mayo de 2019

GUILLERMO PELLEGRINO: Grillo constante

EL AUTOR
     Uruguayo, periodista, Premio Nacional de Literatura en su país, autor de numerosos ensayos, algunos compartidos (de hecho en esta obra le acompaña Jorge Basilago), sobre la relación entre música y poesía; también estudios monográficos sobre algunos cantautores de ese país, como los dedicados a Alfredo Zitarrosa o a Osiris Rodríguez. Gran conocedor de la música del cono Sur.

EL LIBRO
     Grillo constante se subtitula Historia y vigencia de la poesía musicalizada de Mario Benedetti. Con eso se dice casi todo acerca de su contenido. En cualquier caso, al tema concreto le precede un estudio importante sobre el cruce entre el mundo de la música y de la poesía, y lo remata una discografía completa sobre todas las ediciones de poemas de Benedetti en versión cantada. Por el medio, un análisis exhaustivo de esa poesía en la vertiente en la que ha sido abordada por numerosos cantantes, sobre todo Nacha Guevara o Joan Manuel Serrat.

EL TEXTO
     "El núcleo de la abundante y despareja literatura de Benedetti (...) se halla muy próximo a los temas fundamentales de la humanidad. Asuntos que no envejecen ni pasan de moda (...) Es por ello que gran parte de sus obras trascendieron los límites de un momento histórico o de una tendencia artística para arribar al presente con proyección de seguir conmoviendo, a futuro, el alma humana".

domingo, 12 de mayo de 2019

Decisiones


            El caso es que estamos llamados de nuevo a tomar decisiones. La sucesión de convocatorias electorales es así mismo una reiteración del ejercicio de la libertad, de cierta libertad. Es decir, aquello que Sartre nos enseñó: “el hombre [y la mujer] está condenado a ser libre”. Claro que también para el filósofo esa misma responsabilidad produce angustia en la medida en que nos damos cuenta de que todo cuanto sucede es consecuencia de nuestras propias decisiones: “no tenemos excusas detrás de nosotros ni justificaciones detrás de nosotros”, decía él.

            Ahora bien, en estos momentos precisos, al miedo, la ansiedad, la culpabilidad y la conciencia sartreanas cabe añadir la desidia, la desorientación y la banalidad que definen una forma de actuar y de proceder muy diferentes a las propias de la época y de la cultura existencialistas. O tal vez no tanto, porque releyendo otros textos del pasado, de un pasado aún más lejano, se encuentran denominadores comunes que nos explican que tanto no hemos cambiado. Walter Lippmann, un famoso comentarista político muy amigo de hablar sobre la tensión entre democracia y libertad en aquellos tiempos complejos, los del entorno de la Primera Guerra Mundial, sentenciaba que sus contemporáneos sabían “de qué estaban en contra pero no de qué estaban a favor”. He ahí una máxima que sigue rigiendo muchos comportamientos y decisiones un siglo después. También en materia electoral.

            Muy útiles resultan hemerotecas y bibliotecas para conocernos mejor, y más todavía en estas fechas de ferias del libro y de otras especies anexas. Incluso las discotecas de la mejor especie se pueden sumar a los discursos de las campañas y poner melodía a las reflexiones de filósofos y de periodistas. También a las de candidatos y candidatas cuando las hay, que no suele ser lo más habitual. Lo cantaba, por ejemplo, Rubén Blades: “Decisiones / cada día. / Alguien pierde, alguien gana, ¡Ave María! / Decisiones, todo cuesta. / Salgan y hagan sus apuestas, / ¡ciudadanía!”.

Publicado en La Nueva Crónica, 12 mayo 2019

domingo, 5 de mayo de 2019

Entretenimiento


            Me senté a comer en un bar. En la mesa de al lado una pareja de hombres de mediana edad hacían lo propio y conversaban. Hablaban de cine, de cierto tipo de cine, y lo hacían en tal tono que me resultó inevitable escucharlos e interesarme por sus opiniones. Sobre todo cuando uno de ellos afirmó convencido: “Yo, en la tercera guerra mundial, seré de Disney”. Me sobresalté. Esa mezcla de notas trágicas y frívolas confirmaron otra seña de identidad de estos tiempos, donde la diversión y el espectáculo tienen más fuerza que el pensamiento y la verdad.

            En realidad, hablaban de empresas, de la compra de 21st Century Fox por Disney y del nacimiento por ese motivo de un gigante del entretenimiento nunca visto. Lo mismo que ha sucedido recientemente, aunque en menor medida, con la compra por parte del fondo EQT de Parques Reunidos, dueños que eran del Parque Warner en Madrid, pero también de otras atracciones diferentes en Europa, Norteamérica, Oriente Medio y Australia. Y añadamos, si bien no es un hecho, la fusión más pronto que tarde entre plataformas de streaming para reorientar y uniformar un consumo de series, cine y televisión hoy por hoy inabarcable para los espectadores. En suma, pensamos que el terreno de las multinacionales es el del petróleo, la farmacia o la alimentación y nos olvidamos de este otro campo que, tal y como anda el mundo, se convertirá, si no lo es ya, en un eje fundamental de una sociedad debidamente unificada y simple.

            La conversación de mis compañeros de comida siguió por los derroteros de las películas que cuentan ahora con el sello Disney. Nunca decepcionan, convinieron, podrán ser mejores o peores, pero son entretenidas. He ahí de nuevo el quid de la cuestión actual, lo que la ciudadanía poscontemporánea demanda o se les ha sugerido demandar. No sólo se trata de hacer dinero con el esparcimiento de las personas, todo un filón, sino que a él se consagran, casi en exclusiva, las formas que en su día fueron séptimo arte. Lo demás es resistencia.

Publicado en La Nueva Crónica, 5 mayo 2019

domingo, 28 de abril de 2019

Ello


            Hoy es al fin el día de ello. A pesar de la relevancia que seguramente atesora el hecho de votar en unas elecciones, no encuentro otro modo mejor para referirme a la cita de este 28 de abril que un pronombre neutro. Quizá sea porque no siento entusiasmo. Votaré, en efecto, puesto que no está el tiempo bueno, casi nunca lo está, aunque tal vez mi voto sólo vaya a servir para la gloria de ese tal d’Hont que nos recuenta y poco más.

            Y digo ello también porque, emociones personales aparte, lo impreciso ha dibujado una vez más el contorno de la convocatoria y de toda su escenografía. Salvo las excepciones naturales de un lado y de otro, donde se suele hablar con mayor precisión por pura necesidad, el panorama general no ha superado ni la ambigüedad ni la confusión calculada. Ni directamente la mentira. Releo todavía hoy los eslóganes de las campañas de cada una de las opciones concurrentes y no encuentro ninguno que se separe de esa grisura. De hecho, mi buzón de correos se iba oscureciendo más y más, que ya es decir, a medida que iba siendo invadido por la propaganda electoral. Cuando lo abría, escupía pronombres. El pronombre, ya saben, es una clase de palabras que hacen las veces del sustantivo o del sintagma nominal y que se emplean para referirse a las personas, los animales o las cosas sin nombrarlos. Puede ser que la política actual se haya convertido en un elemento más de esa clase.

            Con todo, el problema es que después de ello seguramente venga otro ello o varios ellos. Que sigamos siendo pronominales neutros. Aunque también ése es un buen motivo para acudir a las urnas. Al menos allí, situados frente a la autoridad competente que preside la mesa, se podrá escuchar un verbo, que es el núcleo de todo y por donde empiezan a construirse las oraciones con las que nos comunicamos: ¡vota! Ésa es la primera dimensión del lenguaje democrático, posiblemente ya la última que nos va quedando de toda una generosa forma de entendernos y explicarnos que tiende a la extinción.

Publicado en La Nueva Crónica, 28 abril 2019

domingo, 21 de abril de 2019

Hashtag

      La vida es un hashtag. No ya un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, un sueño… Ni siquiera una tómbola ni un regalo ni una mierda… Todo eso, con mayor o menor contenido, con más nobleza o con más grosería, era un algo que se contaba y se escuchaba contar. Algo que podía compartirse en un momento dado y hacerlo incluso en carne y hueso. Hoy, en cambio, la vida es una etiqueta.

      No aspiramos a mucho más. No hay largos plazos ni horizontes lejanos. Nos es suficiente con el hallazgo de un título que resuma todo un tema, que genere un hilo o que se reproduzca sin más miramientos hasta convertirse en tendencia. Eso significa el triunfo. Atrás quedó el teatro y la fabulación, atrás quedaron la cortesía o la rabia que se expresaban con palabras tendidas, atrás quedaron conversaciones y cartas, atrás quedó así mismo, en este mundo digital, el correo electrónico o los muros exhibicionistas. Ésa es, seguramente, la nueva vereda por la que discurren mansas las ovejas eléctricas con las que sueñan los androides. Los de Roy Batty y Rick Deckard aparte, sabrá cada cual qué papel en la novela de Philip K. Dick le corresponde. Y pensemos, de paso, si es posible sintetizar ésta u otra obra similar en uno de esos dichosos hashtag.
 
      Porque ése es el lado oscuro de la escritura moderna: la no lectura. O su reducción a la misma medida de las etiquetas y sus hilos. Como mucho sus hilos, porque a veces ni eso: según últimas estadísticas disponibles, el 38,2% de españoles y españolas confiesa no leer nunca o casi nunca. Esto por lo que se refiere a los libros, porque si atendemos a las cifras sobre lectura de prensa escrita, descubriremos que son similares a las de 1980: un 26’7% lo hacía entonces, un 26’5% lo hace hoy. Es más, regresando a los libros y a su materia: solamente un 13’7% se detiene en el ensayo. Habrá otras expresiones de ello sin duda, pero ésta es una de las más dramáticas de nuestro ser nacional. Que tampoco difiere mucho de los países que llaman de nuestro entorno.

Publicado en La Nueva Crónica, 21 abril 2019

domingo, 14 de abril de 2019

Laurel

      ¿Imagina alguien que fuera éste el último año en que los laureles se pasean por las calles para inaugurar la llamada semana santa? Puede parecer inverosímil, pero acercar al terrenos cotidiano las transformaciones que la locura climática está provocando sería una buena forma para estimular un mayor compromiso en esa materia. Lo habitual es pensar que tales cambios no afectan directamente a nuestro ser y a nuestro estar inmediatos, desentenderse como si fuese sólo asunto de gobiernos e instituciones, que lo es sin duda. Pero si modificamos nuestra perspectiva modificaremos también nuestras actitudes.

      El momento es crucial. En él confluyen pactos internacionales, informes científicos incuestionables que avisan de que hay poco tiempo, tecnologías disponibles que permiten el cambio de fuentes energéticas y, finalmente, una sustancial bajada de costes en muchas de esas tecnologías que posibilita hacer los cambios necesarios con esfuerzos financieros razonables. Hay también, por supuesto, fuerzas reaccionarias que se levantan frente a todo progreso y avance social, ya sea contra la igualdad, contra las migraciones o contra la sostenibilidad ambiental. Fuerzas que, paradójicamente, suelen ser fieles de los desfiles laureados de estas mismas fechas. Por eso es oportuna también la pregunta inicial.

      Como oportuno es, ya que procesionamos en fechas de aguas benditas, recordar la reciente reclamación en el Día Mundial del Agua, el pasado 22 de marzo, para que el ciclo urbano del agua adopte un modelo público, democrático y transparente. La lucha por el agua pública está unida a la recuperación y mantenimiento en buen estado de conservación de nuestros ecosistemas acuáticos. Es decir, adaptarnos a la realidad que nos impone el cambio climático, reducir nuestra vulnerabilidad frente a los riesgos de sequías e inundaciones y garantizar un uso sostenible con una demanda adaptada a los recursos realmente disponibles. Incluido en todo ello, faltaría más, el riego de los laureles.

Publicado en La Nueva Crónica, 14 abril 2019

domingo, 7 de abril de 2019

Abril

     La primavera luce en abril todo su ajuar de poesía y de banderas. Quizá porque abril es un mes de sensaciones húmedas,  o al menos lo era cuando el refrán se cumplía y las borrascas atlánticas nos regaban con generosidad. Ahora el agua no llega apenas, pero los colores y los versos persisten e incluso ganan en intensidad, alimentados los unos por ideas también líquidas en muchos casos, nutridos los otros por los afanes del yo. En realidad, es una pasarela lírica y cromática con un destino épico en el rojo de mayo, cuando todo revienta.

     Fue Machado quien más se empeñó en dedicarle letras a abril, él que descansa eternamente envuelto en una bandera tricolor, aunque sean numerosas las firmas que en ese lado del calendario aparcan: de Claudio Rodríguez a Ernesto Cardenal o de Rosalía de Castro a Blas de Otero, que firmó en “Bilbao, a once / de abril, cincuenta y uno” su glorioso poema A la inmensa mayoría. Y abril eligieron al cabo, para su final, tanto Shakespeare como Cervantes, que es algo así como coronar un mes ya pletórico de episodios emblemáticos con o sin estandarte.

      Así que hubo y habrá banderas nacionales y republicanas, rojiverdes, comuneras y carmesíes, cuatribarradas e ikurriñas, casi todo en abril tiene aposento y efeméride. Quizá por eso mismo otro cultivador de versos y de canciones, Miguel Escanciano, entonó hace años su sentencia pictórica: “banderas de abril llenan de colores el cielo”. Y a su voz le siguieron después  la de Carlos Cano, “abril para vivir, / abril para cantar”, y la de Joaquín Sabina, “quién me ha robado el mes de abril”, o incluso aquel “20 de abril del 90” que casi todos hemos cantado alguna vez junto a Celtas Cortos.

      Así es este mes de claveles por el que conviene transitar con el corazón alerta por si las emociones lo turbaran en exceso: “Fue una clara tarde de melancolía. / Abril sonreía. Yo abrí las ventanas / de mi casa al viento. El viento traía / perfumes de rosas, doblar de campanas”. Sea así, con Antonio Machado al fondo.

Publicado en La Nueva Crónica, 7 abril 2019