Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 1 de noviembre de 2026

Soledad

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, que suele ofrecer datos pintorescos y generalmente difíciles de soportar, en la provincia donde vivo hay 64.000 hogares con un único residente. Un tercio del total, la gran mayoría de ellos, encarnados en personas digamos que mayores, generalmente mujeres. Podría decirse que esta provincia, aunque no sea única, dibuja con detalle el mapa de la soledad.

 

Panoramas de este tipo, que no sólo se observan aquí al lado, como digo, sino que se generalizan en cualquier territorio, rural o urbano, han colocado en primer plano la llamada soledad no deseada como un mal de estos tiempos. Esa actualidad del tema y su circunstancia opacan, sin embargo, la naturaleza primera de la noción de soledad. Nuestro amigo Hilario Franco, que nos dejó solos hace ahora seis años, escribió un verso magnífico, un palíndromo de los que él tanto gustaba, que resumía a la perfección esa carencia: “somos seres solos”.

 

Esta es la base y esa es la condición del ser humano, lo cual no obsta para reconocer así mismo su naturaleza social, es decir, su tendencia a juntarse, sea cual sea el lazo de unión, para superar esa cualidad primera con la que nacemos. Como un pecado original: ser seres solos. Naturalmente, hay quien opta por vivir siempre en pecado y, por tanto, no siente la soledad como una enfermedad y hay quien, deseando todo lo contrario, la recibe como una condena. En medio, se despliega todo un cúmulo de situaciones diversas y respetables. Aunque, a mi modo de ver, no hay mayor tragedia que morir a solas o abandonados sin que nadie lo advierta.

 

Pero lo cierto es que en días como hoy y el de mañana, santos y difuntos, nadie escapa de la soledad a la que nos conducen ciertas ausencias dolorosas, no hay forma de eludirlas. La de Hilario, por ejemplo. Y no sólo porque en este caso echemos de menos a la persona, muchísimo, sino porque, además, ya nadie escribirá versos tan precisos y tan atinados como él sabía hacer. También la poesía queda sola y le llora.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 1 noviembre 2026

domingo, 25 de octubre de 2026

Desesperado

            El eterno líder de la fracasada oposición española me ha llamado desesperado. Alberto Núñez se ha referido a mí al nombrar como “coalición de desesperados” a quienes llevamos desde la pasada primavera, en mayor o menor grado, trabajando para la conformación de una lista única de izquierdas al Senado en las próximas elecciones. La condición de desesperados la hemos alcanzado, al parecer, cuando esa iniciativa ha conseguido formalizarse por fin, no antes, cuando de lo que se trataba era de hilar cabos y tejer un entendimiento difícil pero posible. Ahora sí, ahora cuando esa iniciativa supone una amenaza para sus intereses, entonces ya somos dignos de recibir un insulto, aunque nunca esté a la altura de las barbaridades que enuncia su amigo Tellado. En fin.

 

            La estrategia política, siempre y cuando no atente contra personas, es estrategia política sin más. ¿O debemos pensar que es desesperación lo del partido de Núñez cuando pacta gobiernos en comunidades autónomas? ¿Son también gobiernos desesperados? Sabe bien este líder que nunca estaremos a su altura ni a la altura de sus socios en eso de los calificativos, mucho menos aún en materia de insultos, y sabe que entendemos como legítimas las alianzas cuando son fruto de la decisión democrática, por mucho que no las compartamos y que incluso nos incomoden. Ese es el juego político sin cartas marcadas.

 

            Diré, no obstante, que me he sentido afortunado con eso de la desesperación. Un calificativo como el que me ha dedicado me ha permitido recuperar de no sé qué sima una vieja canción del año 1973 que hacía tiempo no escuchaba: “Desperado” de Eagles, recogida en un álbum del mismo título. Es una canción un tanto ñoña, pero bonita. Aunque me entra la duda de si con este tipo de melodías estaré de acuerdo con la prioridad nacional que nos propone Núñez para el futuro. Es una canción extranjera. ¿Habrá cupos nacionales también en las emisoras públicas que ellos pretenden controlar o podremos ser libres de escuchar lo que estimemos?

 

Publicado en La Nueva Crónica, 25 octubre 2026

domingo, 18 de octubre de 2026

Hongos

            Dice mi médica que tengo hongos en la boca y me ha recetado un colutorio. Al parecer, este hongo recibe dos nombres, uno horroroso, candida albicans, y otro más poético, muguet, que coincide exactamente con el de la flor también conocida como lirio de los valles. No está muy claro si en mi caso es lo uno o lo otro. Aunque todos tengamos en la boca este tipo de organismo que a veces, curiosamente, se desboca, prefiero pensar que lo mío tiene que ver más bien con la flora que con la fauna. Me alivia pensar así y me lleva a suponer que la boca, más que un vertedero, es algo parecido a un jardín. Tonterías con las que uno se consuela.

 

            O tal vez no sea un consuelo y haya razón en ello. Siempre he defendido que el trabajo, al que dedicamos la mayor parte de horas de nuestra existencia cotidiana, nos formatea el cerebro. Uno es mecánico y piensa y habla y vive como un mecánico. Mi médica estoy seguro de que piensa y habla y vive como una médica casi a tiempo completo. Un bombero piensa y habla y vive como un bombero. Esa traslación del estar al ser es inevitable, analizamos y sentimos la realidad conforme a nuestro trabajo que, por otro lado, nos permite socializar, sostener una vida a veces e incluso crear si nos dejan. Pero no había reparado en que el trabajo, aparte de lesiones de naturaleza laboral que pueden hasta invalidarnos, también se somatiza.

 

            El muguet, sin entrar ahora en largas consideraciones históricas, es la flor que en Francia se luce en la solapa los primeros de mayo. Con ella desean felicidad a quien se la ofrecen. Es un portador de felicidad, dicen allí, un símbolo adoptado desde el congreso fundacional de la II Internacional Obrera, allá por 1889, que aún perdura. De modo que, para un sindicalista con décadas de ejercicio a cuestas, no puede haber mejor testimonio físico de esa trayectoria que la floración, bucal en este caso, a causa de tanta manifestación y de tantos discursos. Veremos qué nos ocurre el próximo 11 de noviembre con la huelga general.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 18 octubre 2026

domingo, 11 de octubre de 2026

Columnas

            Siempre conviene releer a Rafael Sánchez Ferlosio, pero en pocos momentos como en los actuales un libro suyo suena y resuena como una alarma estridente, como el sonido de los móviles cuando llega una advertencia de esas que llaman ES-Alert a causa de algún peligro. Me refiero a “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos”. Sin entrar en mayores contenidos, sólo el título lo dice todo y nos obliga a situarnos en guardia.

 

            No diré que hoy en día no existan gentes extraordinarias que nos animan a pensar, que nos alimentan con análisis rigurosos y lúcidos acerca de cuanto nos envuelve, que nos mueven incluso a la acción. No diré que no hay grandes articulistas en los medios serios de comunicación ni que, de entre la legión que se expresa en las tertulias, no haya quien nos deslumbre. Pero no citaré nombres porque todos y todas están ahí y no es cuestión de afrentar a quienes se nos olvidan. Sí afirmaré, en cambio, que echo de menos a algunos pensadores que nos nutrieron tiempo atrás y que sería algo magnífico que pudieran hoy alumbrar un poco este mundo turbio con sus palabras. Nos ayudarían a entenderlo y, quién sabe, quizá también a mejorarlo.

 

            He mencionado a Sánchez Ferlosio, pero del mismo modo podría nombrar a Manuel Vázquez Montalbán, a Eduardo Haro Tecglen, incluso a Francisco Umbral. Estas columnas que uno firma con total atrevimiento son tributarias de las que ellos firmaron anteriormente, de ellos bebimos y aprendimos no sólo a escribir, sino también y sobre todo a conocer mejor cuanto nos envuelve y, muy a menudo, nos perturba. Esa orfandad se hace a veces insoportable y de poco sirve, como paliativo, volver sobre sus libros y discursos porque ya no alientan en el hoy salvo como proyección del ayer. Lo cual no deja de ser una imperfección impropia de todos ellos.

 

            Escribo esto a punto de alcanzar el número de 500 columnas publicadas semanalmente en La Nueva Crónica. 500 semanas que no son nada y lo son todo. Si las revisamos nos puede dar un ataque de nostalgia.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 11 octubre 2026

domingo, 4 de octubre de 2026

Educación

            Han sido objeto de comentarios e incluso de alarma los resultados del llamado Informe Pisa, que han venido a señalar el bajo nivel del alumnado español en tres materias: lectura, matemáticas y ciencia. A partir de un informe que da de sí lo que da de sí, se han desatado todo tipo de especulaciones y análisis acerca del porqué de esos datos tan negativos. Pedagogos, sicólogos y otros consejeros se han entregado a ello, pero no he leído ni escuchado apenas lo que sobre ese documento piensan sus principales protagonistas, es decir, el alumnado y quienes se dedican a la enseñanza. Sería interesante contrastarlo con la opinión de los eruditos.

 

En cualquier caso, se habla siempre de los entornos, no del hecho educativo en sí ni de las condiciones en que se desarrolla, lo que sería fundamental. Pero no, se destaca el efecto de las pantallas, la atención enferma, las expectativas profesionales precarias no importa el grado de titulación que se alcance, la motivación relajada y así sucesivamente. Ya puestos, de esos entornos conviene, a mi juicio, fijarse en uno de ellos tan abstracto como concreto: el comportamiento social que sirve como modelo y referencia en lo que a educación se refiere.

 

Ya sabemos que muchachos y muchachas no son amigos de telediarios ni de informativos tradicionales, pero si por un momento se asomasen a ellos, cabría preguntarse qué enseñanza obtendrían de una diputada, como poco lela, que juega con un bote de gas pimienta en una sesión del Congreso. Y qué de una concejala de la ciudad donde vivo, una de esas salvapatrias que ahora abundan, que en un pleno municipal se refiere a las subvenciones destinadas a intervenciones sociales relacionadas con el género como “chochocharlas”. ¿Para qué estudiar? ¿Para qué perder el tiempo en libros, números y símbolos químicos si se puede ser diputada o concejala con esas maneras?

 

En definitiva, hubo un tiempo, seguramente caducado, en que nos enseñaron las virtudes de la educación y del respeto. Se lleva poco ahora.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 4 octubre 2026

domingo, 27 de septiembre de 2026

Estrechos

            Contra lo que se piensa acerca de la amplitud del mundo, lo cierto es que es mucho más estrecho de lo que parece. Lo es en lo físico, por muchas vueltas que demos al planeta, lo es en lo político, sin ninguna perspectiva de grandeza, y lo es en la vida corriente agobiada por la angostura de precios energéticos y derivados. Esto precisamente, lo del petróleo, el gas, los fertilizantes… tiene mucho que ver con el mal que proviene de los estrechos geográficos, el Estrecho de Ormuz y el de Bab el Mandeb, sobre todo, pero también el estrecho de Taiwan y, si apuramos un poco, el de Gibraltar.

 

            Cogiendo el asunto por los pelos, podemos concluir que lo que de común tienen todos los estrechos es el agua que por ellos circula, son canales de agua natural entre dos masas de tierra. Y si ensancháramos un poco nuestro pensamiento, más allá de las estrecheces que nos cuentan, podríamos llegar a la deducción de que, superados los conflictos actuales, las próximas guerras tendrán como causa el agua. Antecedentes hay de ello. Sin ir más lejos, la ocupación de los Altos del Golán por parte de Israel tuvo mucho que ver con el agua como su gran valor. Y no olvidemos que las guerras terribles en Sudán están muy relacionadas con el conflicto del agua en la región de Darfur. Por otro lado, si tenemos en cuenta que Groenlandia contiene entre el 7% y el 10% del agua dulce del planeta, ¿es extraño pensar que el interés de los Estados Unidos por esa enorme isla no tiene que ver tanto con la seguridad como con el agua? Sí, el agua está al fondo. ¡Ah, y sus estrechos estratégicos!

 

            Por esos motivos, con anchura de miras, conviene celebrar la publicación de un libro como La belleza del agua. Su autora, Mar Sancho, ha dicho en una entrevista: “el agua es la belleza que hace que existan las demás”. De donde, regresando a la prosa común, se infiere que mucha belleza hay en riesgo si se confirma lo antes dicho. Porque la belleza es, justamente, la antítesis de la guerra y de quienes nos llevan a ella.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 27 septiembre 2026

domingo, 20 de septiembre de 2026

Festivos

            La melancolía es propia de los tiempos fronterizos como el que se avecina para esta próxima semana con el paso del verano al otoño. En ese trance, lo habitual es repasar, a modo de evaluación o, como digo, de simple ejercicio de añoranza, cuanto fue en la estación ida y que ya no será en la que se avecina. Porque cada estación del año tiene sus usos y costumbres y nada se sale de ese esquema temporal.

 

            Por ejemplo, alguien recordará las fiestas, esa oleada de festejos estivales que, si se observan como espectadores externos, son siempre el mismo. Es decir, todas las fiestas son una sola fiesta, se celebren en conmemoración de quien se celebren y sea donde sea. En este terreno hay patrones y patronas para todos los gustos, vírgenes y santos sobre todo, más algún cristo, aunque, a mi entender, las más sonoras en esa materia son las de San Juan Degollado en Gordoncillo y las de la Virgen del Socorro en Valderas. Difícil matrimonio entre degüello, socorro y jarana. Aunque, si tuviéramos que conceder un premio por la sonoridad estrepitosa, ninguna otra fiesta resultaría mejor que la de los Santos Toros en Sepúlveda. Insólito.

 

            Decimos que es una sola fiesta porque uno es el programa repetido con ligeras variantes en toda la geografía cercana. Aparte de la misa de rigor, que hora va siendo de desprogramarla, las restantes citas son la misma cita fiestera, no es necesario detallar. Son semejantes los mercadillos medievales y las recreaciones históricas. Son las mismas ferias, ya se trate del queso, de la cerveza o del tomate. Y la misma verbena, naturalmente, dependiendo tan solo del presupuesto que se disponga si la orquesta es gallega. Incluso los encierros de toros, donde los haya, son los mismos encierros y yo diría que los mismos toros. Si acaso, buscan la diferencia en lo pintoresco o en lo directamente friqui, tal y como se puede ver en la exitosa Vuelta Chapista de Astorga o en el muy lamentable y novedoso espectáculo de los ponfermines en Ponferrada. No da para más.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 20 septiembre 2026

domingo, 13 de septiembre de 2026

Hijodeputa

            A nadie dejará indiferente el título de esta columna. Habrá quienes se sientan ofendidos con la sola visión de semejante enunciado bruto. Y habrá quienes juzguen impropio el simple hecho de escribirlo en una tribuna como ésta. De hecho, todo eso me sucede a mí mismo, pero no había otra opción.

 

            Más allá o más acá de la anchura que concedamos a la libertad de expresión, más allá o más acá de lo que consideremos mala o buena educación, cuando un coro de miles de personas, aquí o allá, con motivo o sin él, entona ese insulto para atribuírselo a una persona que es, además, Presidente de Gobierno, con el fin de cosificarlo despectivamente, no es otra cosa, a mi parecer, que el fin de la civilización. A un Presidente de Gobierno se le puede reclamar a gritos la dimisión, por supuesto, acusarlo de todo aquello que pueda ser probado, insistir en que se vaya e incluso llenar pancartas con su caricatura. Pero lo de corear su nombre unido al insulto directo, este tipo de insulto, supera cuanto es soportable honestamente hablando. Si observamos muchos de los rostros que eso hacen, los gestos con que acompañan al canto y otros ademanes, entre ellos rabia, odio, mala baba y amargura, esa visión nos debe alertar, casi asustar, de lo que esa masa puede llegar a dar de sí. Más aún lo que puedan dar de sí los hombres y mujeres que los animan, respaldan y que aspiran a gobernarnos, los cuales no requieren la crueldad de esa misma expresión porque se deslizan por otras artes crudas, no menos hirientes, del lenguaje.

 

            Si a ese paisaje general le añadimos la imagen particular de dos damas, por no decir cabestros-hembras, conscientes de que estaban apareciendo en televisión mientras llamaban puta y ramera a Carmen Bayón, ejemplar periodista, durante la concentración de supuesta adhesión a Ceuta celebrada en la ciudad de León, todo está ya dicho. Carmen lo aguantó y ellas, de inmediato, acudieron a su confesor, que les perdonó sus pecados, previo rezo de una Salve, y se quedaron tan anchas.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 13 septiembre 2026

domingo, 6 de septiembre de 2026

Sambenito

            El barrio en el que vivo siempre ha cargado con algún sambenito que, si bien le ha concedido personalidad, ha supuesto una dificultad para su progreso urbano digamos que normal y acorde con otros espacios de la ciudad.

 

            Un sambenito, recordemos, es un descrédito. Tiene que ver, en origen, con una prensa utilizada por los penitentes católicos para mostrar público arrepentimiento por sus pecados, y, más adelante, con la Inquisición, para señalar a los condenados por el tribunal, convertida en símbolo de la infamia. No llega a tanto lo nuestro.

 

            Mi barrio fue rojo. Ése fue su primer sambenito. Para la burguesía local, en aquellos años lejanos, era mucho más que una falta merecedora de castigo, la marginación. Luego llegó la droga, que no fue exclusiva de mi barrio ni de los rojos, pero añadió otro blasón para el deshonor.  A continuación, vino el vaciamiento, porque los hijos de los rojos compraron pisos más allá del Bronx, y el envejecimiento más que evidente, pues sólo se quedaban en el barrio los viejos o los pobres. Y vinieron los emigrantes, que también son pobres, ese comodín que en la actualidad justifica todos los odios y menosprecios. En fin, un no parar de sambenitos a los que ahora se unen, como nuevos tópicos, la inseguridad y la ocupación. Entre la asociación de vecinos y algunos medios de comunicación no paran de darle a la matraca con estos asuntos, pero, si alguien se fija en nosotros sin prejuicio, podrá observar que en mi barrio no pasa nada que no suceda en otros. Pero tiene un sambenito.

 

            Ahora hay artistas en mi barrio, casualmente han venido a coincidir en él más de una docena de espacios creativos y han acuñado la marca Barrio de Artistas y hacen ferias y visitas y talleres. A pesar de los pesares, acabará convirtiéndose en otro sambenito, porque ya sabemos que lo de artista tiene mucho que ver con lo rebelde y eso tampoco es ni del gusto de la asociación de vecinos ni de ciertos medios ni de la burguesía local, que en el fondo son todos lo mismo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 6 septiembre 2026

domingo, 30 de agosto de 2026

Absentismo

            Si un Vicepresidente de un gobierno autonómico, pongo por caso el de Castilla y León, decide por su cuenta y riesgo no asistir a la Conferencia Sectorial de Infancia y Adolescencia, es decir, ignorar porque le da la gana una cita que forma parte de su trabajo, ¿puede considerarse absentismo laboral? Si son tres los vicepresidentes que se coordinan intencionadamente para hacer lo mismo, como así ha sucedido en el caso de Castilla y León, Aragón y Extremadura, ¿puede ese comportamiento ser calificado como un paro ilegal? En suma, si unos servidores públicos, como les gusta a ellos nombrarse, dejan de servir y se quedan tranquilamente en sus despachos silbando porque no están conformes con el orden del día de una reunión a la que han sido oficialmente convocados ¿ese proceder es digno de algún tipo de sanción que repercuta, por ejemplo, en sus sueldos de este mes?

 

Un trabajador o trabajadora corriente conoce perfectamente la respuesta a esas cuestiones porque lo vive en sus carnes de forma cotidiana: sí sería absentismo, sí sería una especie de paro ilegal y sí le afectaría, por lo menos, a su sueldo y se le abriría un expediente disciplinario. Pero cabe ir un poco más allá en el interrogatorio: ¿qué piensa la CEOE de Castilla y León, tan preocupada como dice estar porque los trabajadores y trabajadoras cogen demasiadas bajas o se ausentan sin más de sus puestos de trabajo, acerca de este Vicepresidente? ¿Qué piensa Garamendi, que no deja de echar rayos y truenos por su boca cuando habla de estos asuntos? ¿Qué piensa el PP, que también se alinea con la patronal en esas mismas posiciones anti-obreras? ¿Qué piensa ese señor Mañueco, que es el jefe-patrón-presidente de ese señor Pollán?

 

El Vicepresidente de Castilla y León tiene, por supuesto, todo el derecho a posturear cuanto quiera, incluso a pensar casi lo que quiera, puede hasta hacer el pino con sus ideas, pero está obligado a expresar todo eso, si es capaz de argumentarlo, donde le corresponde por el cargo que ocupa.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 30 agosto 2026

domingo, 23 de agosto de 2026

Himnos

            Este verano, que progresa por los senderos habituales, ha venido adornado, sin embargo, por unas melodías singulares que poco o nada tienen que ver con las tradicionales canciones de la época. O tal vez sí; tal vez coinciden con ellas en unos ritmos repetitivos e insistentes, en unos estribillos construidos a base de la, la, la y chunda, chunda, y en un ardor enfervorecido, bien por el calor, bien por los sentimientos patrióticos, según casos. Nos referimos a los himnos. Las sucesivas y amontonadas competiciones deportivas en estas fechas han sido su principal escaparate: campeonatos de fútbol, de natación, de atletismo, de gimnasia rítmica y deportiva, de hockey… siempre con los himnos nacionales a cuestas hasta resultar la parte más fatigosa de esos espectáculos.

 

Un himno es ante todo una composición poética destinada a alabar a los dioses, a los héroes, a Dios, a la Virgen o a los santos; también sirve para exaltar a una gran persona, celebrar una victoria u otro suceso memorable o expresar júbilo o entusiasmo; y, por último, en este recorrido por la definición académica, un himno es una composición musical emblemática de una colectividad, que la identifica y que une entre sí a quienes la interpretan. Ni quitamos ni ponemos rey a todo ello, son palabras de la Academia.

 

Haremos notar, no obstante, la omnipresencia de estas composiciones sobre todo en tres espacios que se dicen de masas: el deporte, los desfiles militares y las procesiones de semana santa. Será por algo. Es verdad que, por citar otros ejemplos, también se interpretan al comienzo y al final de los actos de entrega de los Premios Cervantes y Nobel, respectivamente, pero ni se retransmiten en su totalidad ni son momentos del acto que luego se recojan en los pequeños flashes informativos sobre asuntos mucho menos relevantes, desde luego, que un partido de fútbol, un izado de bandera o la entrada de la Macarena de regreso a su templo. Que todo esto sí se retransmita y no lo otro también quiere decir algo.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 23 agosto 2026

domingo, 16 de agosto de 2026

Eclise

        Perdí una p en medio de la oscuridad y aún no la he encontrado. Además, cuando la luz natural volvió a su ser, casi era noche y hubo que recurrir a la otra, la artificial, que produce sombras. El día siguiente del eclise se presumía un día normal, aunque todo el mundo continuaba hablando de lo mismo, tal y como había ocurrido desde un mes atrás por lo menos, o un año, no sé; quise pensar que la p reaparecería por sí sola y yo volvería a ser un individuo normal y pronunciaría correctamente la dichosa palabra. Tanta ha sido la saturación con el fenómeno que hasta su nombre se me ha desgastado, seguramente para siempre. Cuando el domingo pasado encontré un titular a toda página en la portada del diario que dice gozar de mayor difusión en el país, “El eclise de nuestras vidas”, terminé por rendirme y la p empezó a disolverse.

 

            Me ocurrió lo mismo no hace mucho con la palabra pioridad, perdió una r a fuerza de tanto sobarla para no decir nada, o para decir todo, que al cabo tanto da, no hay nada más en el argumentario de algunos políticos. Lo que sucede es que las palabras se desgastan cuando se repiten hasta la saciedad y, así como sus significados se diluyen porque se vuelven cansinos, a veces ese proceso de licuación se contagia también a la forma y acabamos pronunciándolas con dejadez, a su caída, como si diera igual so que arre. Cuando esto ocurre, las palabras ya no nos dicen nada y menos aún sus referentes.

 

            A mí ya me dio igual que la luna ocultase al sol o a la inversa. La noticia dejo de ser ésa, lo que importaba era la ocupación de los hoteles y sus precios, la homologación de las gafas, adónde y cuándo había que mirar o no mirar, lo que les iba a pasar a los insectos, si la NASA había elegido el Castillo de los Templarios o un pueblo de Burgos, que Elon Musk había reservado todas las habitaciones del parador de Lerma, los consejos de movilidad y cosas por el estilo. De ese modo, todo acabó convertido en un auténtico eclise sin p, que es adonde quería yo llegar.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 16 agosto 2026

domingo, 9 de agosto de 2026

Piromanía

            Caídos de lleno en el infierno estival, hablar de piromanía se ha convertido en asunto común. Conviene, sin embargo, ir a su significado para extender la definición, si es posible, más allá de lo corriente. Dice la Academia que es una tendencia patológica a la provocación de incendios. Otras inteligencias artificiales hablan alegremente de trastorno mental, que es ese diagnóstico frívolo donde incluimos cuanto nos es imposible explicar de un modo razonable.

 

            Naturalmente, los pirómanos, que siempre se nombran en masculino y no por una simple cuestión gramatical, son amigos del fuego y un placer gratuito encuentran algunos de ellos en provocarlo. Otro tipo es el que enciende con afán de alterar el paisaje y sus usos, es un daño intencionado, no enfermizo, son malas gentes. Por último, los hay mucho más sibilinos, sus hogueras no son físicas, su intención no es actuar de modo torcido sobre el medio, sino directamente sobre la vida. Abundan y son peligrosos para la democracia. El colmo de su proceder es que anuncian registros de pirómanos sin empezar por ellos mismos.

 

            Ser pirómano de salón y etiqueta es relativamente sencillo, basta con lanzar insidias al aire, encontrar eco, por lo general bien pagado, en medios de toda gama, sobre todo digitales, y avivar miedos, odios y desprecios. Ni los incendios de sexta generación, como se nombran ahora, son tan virulentos. Convivimos con ellos, los vemos en la televisión, en parlamentos, en desfiles militares, en procesiones, en numerosos actos sociales, parecen hombres y mujeres como cualquiera, pero se les identifica con facilidad por su mala baba. Si uno se fija en sus caras y en sus gestos, verá que siempre hay un hilillo de saliva cayendo de sus palabras y manchándoles las manos. Disimulan, es lo que mejor saben hacer, camuflarse.

 

            En fin, el diccionario, bien aplicado a la realidad, siempre enseña algo. Basta con pararse a pensar, que es una facultad humana nada desdeñable, no vayan a convertirnos en combustible para fuegos.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 9 agosto 2026

domingo, 2 de agosto de 2026

Pasarela

            En la ciudad donde vivo van a construir una nueva pasarela entre las dos orillas del río. Dicen que es una actuación estratégica para mejorar la conexión peatonal y ciclista entre ambas márgenes. Desconozco cuántos miles de personas cruzan a diario de uno a otro lado. Nunca he visto amontonarse ni peatones ni ciclistas en las cuatro conexiones actuales entre riberas en ese tramo del río. Quizá no me he fijado con suficiente atención. Y apuntan también, como hecho singular, que la tal pasarela contará con cerramientos laterales de vidrio y estará cubierta por una pérgola. Se llevan mucho últimamente las pérgolas en la ciudad donde vivo, aunque lo que protege del sol y del calor son los árboles y la vegetación que sacrificarán para construir la controvertida instalación.

 

            A la ciudad donde vivo no han llegado aún noticias sobre los efectos durísimos de la tragedia climática ni, al parecer, sufre en sus carnes las olas de calor. De lo contrario, alguien cabal pensaría tal vez en otras inversiones mucho más útiles y necesarias para combatir ese nuevo infierno. Por ejemplo, hacer habitables las plazas que han sido entregadas por el urbanismo moderno al sol, al frío y a otras inclemencias del tiempo. Me refiero a esas plazas que, décadas atrás, estaban medianamente ajardinadas y que hoy son desiertos y espacios desabridos que sólo sirven para las fotos de los turistas. Aunque cierto es también que, si volvieran a ajardinarse, no habría escaparate para el perdón en las procesiones delante de la catedral ni aposento para honras militares en San Marcos ni recinto ideal para terrazas en San Marcelo.

 

            Así que ahora nos gastaremos casi dos millones en la nueva pasarela, más cien mil euros del proyecto, y presumiremos de arquitectura vanguardista inútil, que es lo propio de quienes conciben la ciudad como su disneylandia particular y no como un lugar para una vida más fácil y acogedora de quienes en ella habitan. Y ojalá podamos inaugurarla en mayo, poco antes de las municipales.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 2 agosto 2026

domingo, 26 de julio de 2026

Castilletes

            A principio de este mes de julio, la Junta de Castilla y León inició la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) del complejo minero del wólfram en la Peña del Seo (El Bierzo). Bueno es que así sea, aunque tal declaración tampoco garantiza nada en cuanto a conservación y restauración de lo que sea posible y adecuado. También en 2011 se procedió a señalar como BIC, con categoría de conjunto etnológico, el Pozo Ibarra de Pola de Gordón y estamos como estamos. Así mismo, largo tiempo llevan los castilletes mineros de Sabero (Pozo Herrera I, en Sahelices de Sabero, y Pozo Herrera II, en Sotillos de Sabero) reclamando sin éxito la misma calificación BIC.

 

            Sea como sea, lo cierto es que, a estas alturas del desastre, nadie duda de que el patrimonio minero, material e inmaterial, de las cuencas de León y de Palencia, y no sólo el carbonífero, constituye una riqueza cultural importante para esas tierras deprimidas. No las sanará, pero sí contribuirá a aliviarlas una gestión coherente de ese acervo que le dé cohesión, que lo ordene y lo ponga al alcance de la ciudadanía, sean aborígenes, investigadores, turistas o simples viajeros. Sin embargo, no sucede así. Las administraciones provinciales y autonómica parecen más bien empeñadas en promover una competencia salvaje entre municipios con pequeñas subvenciones, que no dan para nada, y con regates en cuanto a declaraciones y apoyos que sólo sirven a la servidumbre. Baste una muestra: en 2024, la Diputación Provincial de León concedió ayudas “para recuperar y poner en valor el patrimonio minero” por un total de ¡138.000 euros! que se repartieron nada menos que entre nueve afortunadas entidades locales.

 

            Así pues, frente al actual patrimonio minero fragmentado, la pregunta obligada es: ¿para cuándo la asunción seria y decidida del título “patrimonio cultural minero” para todo ese territorio? Ese proyecto integral, esa red, supondría articular la mayor ruta minera de España, un incentivo cultural y turístico de muy alta calidad.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 26 julio 2026

domingo, 19 de julio de 2026

Dormir

            En este mundo poscontemporáneo en el que todo son listas, series, catálogos y rankings y uno cobra o pierde valor según el puesto en que se coloque, resulta que también las noches tropicales, aquellas en que el termómetro no baja de 20 grados, son objeto de atención. Más aún en medio de los calores que nos castigan como si de una mala plaga se tratase. En esto la provincia de León y la ciudad donde vivo aparecen calificadas como auténticos refugios climáticos. Según nochetropical.es, entre los años 2017 y 2026, sólo la ciudad de Ponferrada alcanza el dudoso honor de llegar a una noche fatal de media. Ninguna otra estación meteorológica provincial logra ese máximo. La ciudad de León se queda en un miserable 0,7.

 

            De acuerdo con estos datos, deberíamos dormir como lirones, troncos o marmotas. Incluso como reyes. Pero no es así y bien lo sabemos. Sólo sería así si nos tumbásemos a la vera de esas estaciones meteorológicas, es decir, al aire libre y en lugares apenas castigados por los ardores urbanos. Pero resulta que solemos dormir en casas, en espacios recalentados, donde lo tropical cobra otro sentido muy diferente. Ahora mismo, son las doce de la mañana, el termostato en mi casa señala una temperatura de 26 grados habiendo ventilado como procede durante toda la noche. Ahí es donde juegan un papel capital otros factores decisivos a la hora de dormir o no dormir: los aislamientos térmicos, los remedios tecnológicos y la pobreza energética.

 

            También en el sueño se manifiesta la desigualdad y también eso se convierte en materia de disputa. Porque se sabe que son las mujeres quienes padecen especialmente las olas de calor y son ellas, sobre todo, quienes sufren las muertes por efecto de esas temperaturas: mujeres mayores, más bien humildes y solas. Por lo tanto, son también las que duermen mal por esa misma causa. Se muere más y se duerme peor conforme al distrito postal. Cabe preguntarse, pues, en qué apartado de la prioridad de los grandes palabreros entra esta cuestión.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 19 julio 2026

domingo, 12 de julio de 2026

Murales

            No son buenos estos tiempos ni para el arte ni para la expresión libre de las ideas en los espacios públicos. Menos aún si todo ello aparece combinado con armonía en nuestras calles y plazas. El último mes ha ofrecido demasiadas muestras de intolerancia e incultura aunadas en atentados contra murales que hablaban básicamente de igualdad, algo molesto al parecer. Las noticias así lo han relatado.

 

            2 de junio: Juicio por el borrado de un mural republicano de Manuel Sierra: “Si fastidian uno, hacemos dos”. El Ayuntamiento de Castronuño (Valladolid) eliminó una pintura del reconocido artista, que ha respondido con una denuncia.

 

            11 de junio: Los continuos actos vandálicos con símbolos fascistas desplazan el mural feminista de la ciudad de León. El mural ‘Sin Ellas no hay Nosotras’ fue creado en el año 2023 por las alumnas de la Escuela de Arte de León en colaboración con la Plataforma Contra la Violencia Machista, que ha solicitado el borrado de la obra del lugar original para reubicarlo.

 

            1 de julio: Denuncian la vandalización de un mural LGTBI en Valladolid con inscripciones racistas y símbolos falangistas. ‘Pintando la diversidad del mundo’, de la artista Sara Macho, llevaba desde 2022 en el paseo Juan de Austria y representa la lucha internacional por la igualdad.

 

            Esta reiteración de animaladas revela que no estamos ante hechos aislados ni ante lobos solitarios, sino que parece más bien una estrategia a la ofensiva y dirigida a la ofensa. Es propio de las bestias y de los ignorantes, cualidades que suelen conjugarse de forma simultánea, lo que emparenta sin duda con otro tipo de provocaciones orales, escritas, parlamentarias, mitineras y de todo tipo, incluso pactos de legislatura, que solemos pasar por alto como si no fuera con nosotros el asunto. Y va, vaya que si va. De tal manera que la respuesta no puede ser ni el silencio ni la reubicación, sino la actitud combativa de Manuel Sierra, a la que me sumo y llamo a sumarse: si no quieren caldo, sirvámosles dos tazas.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 12 julio 2026

viernes, 10 de julio de 2026

CARMELO ROMERO: El frente popular de izquierdas


EL LIBRO
      

     El frente popular de izquierdas muestra que la historia de la izquierda es, en gran medida, la historia de sus acuerdos y desacuerdos, de sus tensiones y de sus pactos imperfectos. Porque la izquierda nunca ha sido un bloque homogéneo. Ni lo fue en su conformación en el siglo XIX, ni tampoco en los años treinta, ni lo es ahora en nuestro presente. Desde su nacimiento, las “izquierdas” siempre han convivido en un “suelo limítrofe y devastado” del que hablaba el historiador Ángel Duarte, donde distintas culturas políticas de izquierda, republicanas, socialistas, anarquistas y, a partir de 1921, también comunistas, han compartido espacio, se mezclan se disputan y, a veces, se reconocen. En suma, el libro desmonta el mito de la excepcionalidad del Frente Popular de 1936, que no fue ni una anomalía en Europa ni un plan de la izquierda para hacer la revolución bolchevique. Fue, como tantas otras veces, un pacto de mínimos resultado de una necesidad política.

EL AUTOR

     Carmelo Romero Salvador (Pozalmuro, Soria, 1950) es Doctor en Historia, profesor titular, jubilado de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y maestro de historiadores. Ha dedicado buena parte de sus publicaciones a cuestiones electorales, con especial atención a las relaciones de poder en las distintas coyunturas. Destacan sus libros Caciques y caciquismo en España y Las elecciones que acabaron con la monarquía.

EL TEXTO

     "Se ha incidido con frecuencia en la violencia política durante la primavera de 1936 como la causa principal de la sublevación del 18 de julio. En una Europa en la que dicha violencia se había venido incrementando desde la Gran Guerra, España -un país, por otra parte, en el que habían sido asesinados tres presidentes de Gobierno en los tiempos "pregonadamente" calmados y de orden de la Restauración- no fue una excepción".


domingo, 5 de julio de 2026

Ovillo

            A pesar de sus palabras malditas, no hay duda de que el lenguaje de la medicina tiene algo poético. Sobre todo cuando se aleja de la terminología estrictamente científica. De ese modo, cuando abandona los terrenos adustos y poco comprensibles para quienes somos simplemente enfermos, sus expresiones resultan mucho más amables. Convendrán conmigo que no es lo mismo que a uno le aparezca un ovillo en la mácula que una neovascularización coroidea. Del mismo modo, un oftalmólogo decidió limpiarme las perlas que se habían depositado en la lente intraocular cuando yo me quejaba burdamente de una visión borrosa. La poesía surge a poco que se ponga interés y se goce de un mínimo estilo.

 

            Desde luego, cuando me anunciaron lo del ovillo, en lugar de preocupación me surgió un torrente de referencias inesperadas que casi ya ni salen a la luz ni asoman en la memoria. En particular lo de aquellos ovillos de todo tipo que uno se encontraba en las viejas casas familiares. Ovillos de lana, por supuesto, pero también de lino, de cáñamo, de hilo de algodón, de trapillo y de fibras diversas. Todo ello amontonado en aquellas cajas metálicas que fueron, sin duda, el mayor éxito publicitario de una marca de cacao en polvo. En su interior descansaban, sí, los ovillos y numerosos otros materiales para la costura, una especie de cofre del tesoro donde sólo las manos de las madres encontraban, sin revolver demasiado, lo que perseguían en cada momento. Recordarlo y pensar en ello es nostalgia constructiva.

 

            El caso es que tirando del ovillo real y del sanitario acabé viéndome a mí mismo en el hospital, hace décadas, a causa de un desprendimiento de retina. Me visitó una tía mía mientras estaba ingresado y con absoluta candidez sentenció: entonces, si se te desprendió la retina y se te cayó, la encontraste para que la volvieran a colocar. En eso consistía el proceso. Y en eso consiste también la literatura: hay ficciones que nos ofrece la vida adonde nunca llegará ni la escritura más fantástica.

 

Publicado en La Nueva Crónica, 5 julio 2026