Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

sábado, 18 de mayo de 2019

GUILLERMO PELLEGRINO: Grillo constante

EL AUTOR
     Uruguayo, periodista, Premio Nacional de Literatura en su país, autor de numerosos ensayos, algunos compartidos (de hecho en esta obra le acompaña Jorge Basilago), sobre la relación entre música y poesía; también estudios monográficos sobre algunos cantautores de ese país, como los dedicados a Alfredo Zitarrosa o a Osiris Rodríguez. Gran conocedor de la música del cono Sur.

EL LIBRO
     Grillo constante se subtitula Historia y vigencia de la poesía musicalizada de Mario Benedetti. Con eso se dice casi todo acerca de su contenido. En cualquier caso, al tema concreto le precede un estudio importante sobre el cruce entre el mundo de la música y de la poesía, y lo remata una discografía completa sobre todas las ediciones de poemas de Benedetti en versión cantada. Por el medio, un análisis exhaustivo de esa poesía en la vertiente en la que ha sido abordada por numerosos cantantes, sobre todo Nacha Guevara o Joan Manuel Serrat.

EL TEXTO
     "El núcleo de la abundante y despareja literatura de Benedetti (...) se halla muy próximo a los temas fundamentales de la humanidad. Asuntos que no envejecen ni pasan de moda (...) Es por ello que gran parte de sus obras trascendieron los límites de un momento histórico o de una tendencia artística para arribar al presente con proyección de seguir conmoviendo, a futuro, el alma humana".

domingo, 12 de mayo de 2019

Decisiones


            El caso es que estamos llamados de nuevo a tomar decisiones. La sucesión de convocatorias electorales es así mismo una reiteración del ejercicio de la libertad, de cierta libertad. Es decir, aquello que Sartre nos enseñó: “el hombre [y la mujer] está condenado a ser libre”. Claro que también para el filósofo esa misma responsabilidad produce angustia en la medida en que nos damos cuenta de que todo cuanto sucede es consecuencia de nuestras propias decisiones: “no tenemos excusas detrás de nosotros ni justificaciones detrás de nosotros”, decía él.

            Ahora bien, en estos momentos precisos, al miedo, la ansiedad, la culpabilidad y la conciencia sartreanas cabe añadir la desidia, la desorientación y la banalidad que definen una forma de actuar y de proceder muy diferentes a las propias de la época y de la cultura existencialistas. O tal vez no tanto, porque releyendo otros textos del pasado, de un pasado aún más lejano, se encuentran denominadores comunes que nos explican que tanto no hemos cambiado. Walter Lippmann, un famoso comentarista político muy amigo de hablar sobre la tensión entre democracia y libertad en aquellos tiempos complejos, los del entorno de la Primera Guerra Mundial, sentenciaba que sus contemporáneos sabían “de qué estaban en contra pero no de qué estaban a favor”. He ahí una máxima que sigue rigiendo muchos comportamientos y decisiones un siglo después. También en materia electoral.

            Muy útiles resultan hemerotecas y bibliotecas para conocernos mejor, y más todavía en estas fechas de ferias del libro y de otras especies anexas. Incluso las discotecas de la mejor especie se pueden sumar a los discursos de las campañas y poner melodía a las reflexiones de filósofos y de periodistas. También a las de candidatos y candidatas cuando las hay, que no suele ser lo más habitual. Lo cantaba, por ejemplo, Rubén Blades: “Decisiones / cada día. / Alguien pierde, alguien gana, ¡Ave María! / Decisiones, todo cuesta. / Salgan y hagan sus apuestas, / ¡ciudadanía!”.

Publicado en La Nueva Crónica, 12 mayo 2019

domingo, 5 de mayo de 2019

Entretenimiento


            Me senté a comer en un bar. En la mesa de al lado una pareja de hombres de mediana edad hacían lo propio y conversaban. Hablaban de cine, de cierto tipo de cine, y lo hacían en tal tono que me resultó inevitable escucharlos e interesarme por sus opiniones. Sobre todo cuando uno de ellos afirmó convencido: “Yo, en la tercera guerra mundial, seré de Disney”. Me sobresalté. Esa mezcla de notas trágicas y frívolas confirmaron otra seña de identidad de estos tiempos, donde la diversión y el espectáculo tienen más fuerza que el pensamiento y la verdad.

            En realidad, hablaban de empresas, de la compra de 21st Century Fox por Disney y del nacimiento por ese motivo de un gigante del entretenimiento nunca visto. Lo mismo que ha sucedido recientemente, aunque en menor medida, con la compra por parte del fondo EQT de Parques Reunidos, dueños que eran del Parque Warner en Madrid, pero también de otras atracciones diferentes en Europa, Norteamérica, Oriente Medio y Australia. Y añadamos, si bien no es un hecho, la fusión más pronto que tarde entre plataformas de streaming para reorientar y uniformar un consumo de series, cine y televisión hoy por hoy inabarcable para los espectadores. En suma, pensamos que el terreno de las multinacionales es el del petróleo, la farmacia o la alimentación y nos olvidamos de este otro campo que, tal y como anda el mundo, se convertirá, si no lo es ya, en un eje fundamental de una sociedad debidamente unificada y simple.

            La conversación de mis compañeros de comida siguió por los derroteros de las películas que cuentan ahora con el sello Disney. Nunca decepcionan, convinieron, podrán ser mejores o peores, pero son entretenidas. He ahí de nuevo el quid de la cuestión actual, lo que la ciudadanía poscontemporánea demanda o se les ha sugerido demandar. No sólo se trata de hacer dinero con el esparcimiento de las personas, todo un filón, sino que a él se consagran, casi en exclusiva, las formas que en su día fueron séptimo arte. Lo demás es resistencia.

Publicado en La Nueva Crónica, 5 mayo 2019

domingo, 28 de abril de 2019

Ello


            Hoy es al fin el día de ello. A pesar de la relevancia que seguramente atesora el hecho de votar en unas elecciones, no encuentro otro modo mejor para referirme a la cita de este 28 de abril que un pronombre neutro. Quizá sea porque no siento entusiasmo. Votaré, en efecto, puesto que no está el tiempo bueno, casi nunca lo está, aunque tal vez mi voto sólo vaya a servir para la gloria de ese tal d’Hont que nos recuenta y poco más.

            Y digo ello también porque, emociones personales aparte, lo impreciso ha dibujado una vez más el contorno de la convocatoria y de toda su escenografía. Salvo las excepciones naturales de un lado y de otro, donde se suele hablar con mayor precisión por pura necesidad, el panorama general no ha superado ni la ambigüedad ni la confusión calculada. Ni directamente la mentira. Releo todavía hoy los eslóganes de las campañas de cada una de las opciones concurrentes y no encuentro ninguno que se separe de esa grisura. De hecho, mi buzón de correos se iba oscureciendo más y más, que ya es decir, a medida que iba siendo invadido por la propaganda electoral. Cuando lo abría, escupía pronombres. El pronombre, ya saben, es una clase de palabras que hacen las veces del sustantivo o del sintagma nominal y que se emplean para referirse a las personas, los animales o las cosas sin nombrarlos. Puede ser que la política actual se haya convertido en un elemento más de esa clase.

            Con todo, el problema es que después de ello seguramente venga otro ello o varios ellos. Que sigamos siendo pronominales neutros. Aunque también ése es un buen motivo para acudir a las urnas. Al menos allí, situados frente a la autoridad competente que preside la mesa, se podrá escuchar un verbo, que es el núcleo de todo y por donde empiezan a construirse las oraciones con las que nos comunicamos: ¡vota! Ésa es la primera dimensión del lenguaje democrático, posiblemente ya la última que nos va quedando de toda una generosa forma de entendernos y explicarnos que tiende a la extinción.

Publicado en La Nueva Crónica, 28 abril 2019

domingo, 21 de abril de 2019

Hashtag

      La vida es un hashtag. No ya un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, un sueño… Ni siquiera una tómbola ni un regalo ni una mierda… Todo eso, con mayor o menor contenido, con más nobleza o con más grosería, era un algo que se contaba y se escuchaba contar. Algo que podía compartirse en un momento dado y hacerlo incluso en carne y hueso. Hoy, en cambio, la vida es una etiqueta.

      No aspiramos a mucho más. No hay largos plazos ni horizontes lejanos. Nos es suficiente con el hallazgo de un título que resuma todo un tema, que genere un hilo o que se reproduzca sin más miramientos hasta convertirse en tendencia. Eso significa el triunfo. Atrás quedó el teatro y la fabulación, atrás quedaron la cortesía o la rabia que se expresaban con palabras tendidas, atrás quedaron conversaciones y cartas, atrás quedó así mismo, en este mundo digital, el correo electrónico o los muros exhibicionistas. Ésa es, seguramente, la nueva vereda por la que discurren mansas las ovejas eléctricas con las que sueñan los androides. Los de Roy Batty y Rick Deckard aparte, sabrá cada cual qué papel en la novela de Philip K. Dick le corresponde. Y pensemos, de paso, si es posible sintetizar ésta u otra obra similar en uno de esos dichosos hashtag.
 
      Porque ése es el lado oscuro de la escritura moderna: la no lectura. O su reducción a la misma medida de las etiquetas y sus hilos. Como mucho sus hilos, porque a veces ni eso: según últimas estadísticas disponibles, el 38,2% de españoles y españolas confiesa no leer nunca o casi nunca. Esto por lo que se refiere a los libros, porque si atendemos a las cifras sobre lectura de prensa escrita, descubriremos que son similares a las de 1980: un 26’7% lo hacía entonces, un 26’5% lo hace hoy. Es más, regresando a los libros y a su materia: solamente un 13’7% se detiene en el ensayo. Habrá otras expresiones de ello sin duda, pero ésta es una de las más dramáticas de nuestro ser nacional. Que tampoco difiere mucho de los países que llaman de nuestro entorno.

Publicado en La Nueva Crónica, 21 abril 2019

domingo, 14 de abril de 2019

Laurel

      ¿Imagina alguien que fuera éste el último año en que los laureles se pasean por las calles para inaugurar la llamada semana santa? Puede parecer inverosímil, pero acercar al terrenos cotidiano las transformaciones que la locura climática está provocando sería una buena forma para estimular un mayor compromiso en esa materia. Lo habitual es pensar que tales cambios no afectan directamente a nuestro ser y a nuestro estar inmediatos, desentenderse como si fuese sólo asunto de gobiernos e instituciones, que lo es sin duda. Pero si modificamos nuestra perspectiva modificaremos también nuestras actitudes.

      El momento es crucial. En él confluyen pactos internacionales, informes científicos incuestionables que avisan de que hay poco tiempo, tecnologías disponibles que permiten el cambio de fuentes energéticas y, finalmente, una sustancial bajada de costes en muchas de esas tecnologías que posibilita hacer los cambios necesarios con esfuerzos financieros razonables. Hay también, por supuesto, fuerzas reaccionarias que se levantan frente a todo progreso y avance social, ya sea contra la igualdad, contra las migraciones o contra la sostenibilidad ambiental. Fuerzas que, paradójicamente, suelen ser fieles de los desfiles laureados de estas mismas fechas. Por eso es oportuna también la pregunta inicial.

      Como oportuno es, ya que procesionamos en fechas de aguas benditas, recordar la reciente reclamación en el Día Mundial del Agua, el pasado 22 de marzo, para que el ciclo urbano del agua adopte un modelo público, democrático y transparente. La lucha por el agua pública está unida a la recuperación y mantenimiento en buen estado de conservación de nuestros ecosistemas acuáticos. Es decir, adaptarnos a la realidad que nos impone el cambio climático, reducir nuestra vulnerabilidad frente a los riesgos de sequías e inundaciones y garantizar un uso sostenible con una demanda adaptada a los recursos realmente disponibles. Incluido en todo ello, faltaría más, el riego de los laureles.

Publicado en La Nueva Crónica, 14 abril 2019

domingo, 7 de abril de 2019

Abril

     La primavera luce en abril todo su ajuar de poesía y de banderas. Quizá porque abril es un mes de sensaciones húmedas,  o al menos lo era cuando el refrán se cumplía y las borrascas atlánticas nos regaban con generosidad. Ahora el agua no llega apenas, pero los colores y los versos persisten e incluso ganan en intensidad, alimentados los unos por ideas también líquidas en muchos casos, nutridos los otros por los afanes del yo. En realidad, es una pasarela lírica y cromática con un destino épico en el rojo de mayo, cuando todo revienta.

     Fue Machado quien más se empeñó en dedicarle letras a abril, él que descansa eternamente envuelto en una bandera tricolor, aunque sean numerosas las firmas que en ese lado del calendario aparcan: de Claudio Rodríguez a Ernesto Cardenal o de Rosalía de Castro a Blas de Otero, que firmó en “Bilbao, a once / de abril, cincuenta y uno” su glorioso poema A la inmensa mayoría. Y abril eligieron al cabo, para su final, tanto Shakespeare como Cervantes, que es algo así como coronar un mes ya pletórico de episodios emblemáticos con o sin estandarte.

      Así que hubo y habrá banderas nacionales y republicanas, rojiverdes, comuneras y carmesíes, cuatribarradas e ikurriñas, casi todo en abril tiene aposento y efeméride. Quizá por eso mismo otro cultivador de versos y de canciones, Miguel Escanciano, entonó hace años su sentencia pictórica: “banderas de abril llenan de colores el cielo”. Y a su voz le siguieron después  la de Carlos Cano, “abril para vivir, / abril para cantar”, y la de Joaquín Sabina, “quién me ha robado el mes de abril”, o incluso aquel “20 de abril del 90” que casi todos hemos cantado alguna vez junto a Celtas Cortos.

      Así es este mes de claveles por el que conviene transitar con el corazón alerta por si las emociones lo turbaran en exceso: “Fue una clara tarde de melancolía. / Abril sonreía. Yo abrí las ventanas / de mi casa al viento. El viento traía / perfumes de rosas, doblar de campanas”. Sea así, con Antonio Machado al fondo.

Publicado en La Nueva Crónica, 7 abril 2019

domingo, 31 de marzo de 2019

Urbanismo

            

     Con más bombo que platillo, visitaban el Alcalde y su Concejal de Infraestructuras una exposición que recuerda con fotografías y otros elementos lo que ellos llamaron barrio ferroviario, mientras en paralelo su Junta de Gobierno aprobaba el plan para desnaturalizar definitivamente el entorno de esa barriada o lo que vaya a ser. Dicho de otro modo: el Alcalde presumía de sentimiento ferroviario por dicho enclave –“uno de los más singulares de León”, dijo–, y a la vez daba el visto bueno a su transformación, que no evolución, hacia lo que podríamos calificar como otro vulgar polígono. Nada que ver  con un barrio. Esto es, que se puede ir a la procesión y a la vez repicar las campanas.

      Soy partidario, claro, de un modelo de ciudad compacta frente al modelo difuso al que nos condujeron la especulación y en gran parte el sueño americano de nuevos falsos ricos. El urbanismo compacto es más sostenible en todos los aspectos y favorece una mayor convivencia, de ahí que sea más que aconsejable rellenar antes los vacíos urbanos que extender las edificaciones hacia territorios del extrarradio. Pero eso no quiere decir que valga cualquier tipo de edificación con tal de incrementar las ganancias, en este caso del SAREB, el oportunamente denominado “banco malo”. Ser favorable a lo compacto no quiere decir serlo a lo fálico, que es con lo que aquí se nos amenaza. 

     Muy simple es el botón de muestra. Si el Alcalde fuera un sentimental de verdad, o al menos un tipo cabal, no debería permitir la construcción de un edificio de 18 plantas donde antes hubo, y se demolió porque sí, un vistoso chalet con un marco ajardinado, todo ello perfectamente recuperable para una mejor vida ciudadana en ese barrio al que él dice estimar tanto. ¿O estima más a Solvia Servicios Inmobiliarios, que es quien ha firmado el desarrollo urbanístico de ese terreno? Es cierto que el barrio no será ya lo que fue, afortunadamente, pero su alma debería pervivir de algún modo, no sólo en exposiciones de fotografías. 

Publicado en La Nueva Crónica, 31 marzo 2019

sábado, 30 de marzo de 2019

ROSA M. MARTÍN: A veces contigo

LA AUTORA
     Vallisoletana. Abogada. Comprometida en numerosas causas. Forma parte dl colectivo de poetas "Susurros a pleno pulmón" y del grupo "Diversos".  Algunos de sus poemas aparecen en la antología Voces de vanguardia. Poetas de Valladolid (2016).

EL LIBRO
     Poemario ganador del V Premio Internacional de Poesía Treciembre. Un libro de amor, de desamor y de sensaciones. Un libro que explora el enamoramiento y sus expresiones y que fija su mirada no tanto en el yo como actor sino el amado/amada como sujeto del sentimiento.

EL TEXTO
     "Al soplo de tu aliento / entre salvas / se doblan mis tobillos".


domingo, 24 de marzo de 2019

Límites

     Tiempo atrás, en los años que llamaron del desencanto y con motivo de una remota convocatoria de elecciones, se nos ocurrió publicar en una revista universitaria un artículo que tomaba como punto de partida un viejo letrero del metro de París: “Au-dèla de cette limite votre ticket n’est plus valable”. Esto es: “Más allá de este límite su billete ya no es válido”. A buen entendedor pocas palabras bastan, pero si unimos desencanto, elección y caducidad del viaje parece bastante claro el mensaje que pretendíamos transmitir en aquella que nos parecía una cita trascendental.

     En realidad todas lo son, lo hemos idos comprobando después a lo largo de toda la serie, ya se trate de una llamada electoral o de una acción de masas mucho menos convencional. Pero hay momentos, es evidente, en los que ese reto parece mucho más dramático. Lo fue en la época de la desilusión, lo fue en la etapa de la indignación y lo anda siendo en este presente de tirios y troyanos. De manera que nos parece más que pertinente regresar sobre lo escrito en el metro parisino, más aún cuando en lo que llevamos de siglo, o lo que llevamos de la nueva edad, la ciudadanía, quizá como consecuencia de una táctica defensiva, parece haber dimitido de sus deberes como tal en el ámbito público para ensimismarse en el yo privado.

     Ese yo absorto en la huida de casi todo compromiso social encontró, también hace tiempo de ello, una forma culta para eludir el fango de la historia y dedicarse a tareas nobles que aliviaran su conciencia. Descubrió, por ejemplo, que el mismo lema francés daba título a una novela de Romain Gary publicada en 1975. Y descubrió además, lo que ya le hizo sucumbir definitivamente, que el autor había estado unido a Jean Seberg, con la que tuvo un hijo. Pero lo que ese mismo yo se plantea ahora, debe planteárselo, es si esos mitos construidos para combatir la vulgaridad sobrevivirán más allá de ciertos límites o si es preciso reiniciar el viaje cuando al otro lado del letrero sólo queda el vacío.

Publicado en La Nueva Crónica, 24 marzo 2019