Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 7 de julio de 2019

Alcalde


            Habemus alcalde por fin y bien está. Comienza ahora la carrera por ver quién será el siguiente, porque esta ciudad vive una anomalía, no la única (ni la ciudad ni la anomalía): cinco habrán sido sus alcaldes durante los últimos quince años, lo que quiere decir que ninguno de ellos ha repetido mandato. Si bien una legislatura se ajusta a un cuatrienio, resulta evidente que son necesarias al menos un par de ellas para completar un ciclo medianamente fructífero, se compartan o no las políticas. De hecho, el desarrollo de un plan de ciudad, si se tiene, requiere mucho más que un simple mandato electoral y exige tiempo y compromisos que superen esos límites. Juan Morano y Mario Amilivia sí dispusieron de plazo y bien podría afirmarse que esta ciudad es, para bien o para mal, la que ellos pensaron e impulsaron junto a sus equipos de gobierno. Entre otras cosas, una ciudad muy endeudada, lo cual también supuso un hándicap para sus sucesores, en particular a partir de 2010 y de la dichosa Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local.

            Llega el turno de José Antonio Díez, cuya trayectoria anterior en el gobierno municipal ofrece luces y sombras, como se dice ahora. Sin ir más lejos, era él quien dirigía a aquellos policías que desalojaban de los plenos a quienes protestaban, diez años atrás, contra una de las iniciativas más dolorosas de los últimos tiempos: la privatización del servicio municipal de abastecimiento de agua y alcantarillado. A los ojos de muchos vecinos y vecinas –recuérdense las manifestaciones nutridas que se celebraron entonces– aquella obcecación y aquellas maneras pesan todavía en su debe. De tal manera que su primer contrato ciudadano debiera serlo con la defensa de los servicios públicos, tomando al agua precisamente como seña y haciendo lo posible por revertir aquella decisión triste. Urge que así sea para fortalecer la credibilidad en un grupo político donde aún figuran, junto a él, otros que también se hundieron en aquella empresa.

Publicado en La Nueva Crónica, 7 julio 2019

jueves, 4 de julio de 2019

BEATRIZ GARCÍA: Huida de mí

LA AUTORA
      "Así como hay personas que a lo largo de la vida, tan ignorantes de su fortuna como inocentes por su destino, resultan ser portadoras sin conocerlo de enfermedades que tal vez nunca lleguen a manifestarse. Así como hay dolores del alma que nos rondan sin cesar, aunque no se atrevan nunca a encarnarse del todo ni por sí solos ni por comunión con los cuerpos sometidos a semejante tensión. Así como existe también la posibilidad, en un acto de libertad, de dejarse invadir por agentes extraños venidos no se sabe de dónde o brotar misterios interiores eternamente aletargados. Así, como un buen mal, quiso la poesía habitar en Beatriz García y tomar forma humana" (Tomado del prólogo).


EL LIBRO
     Un tránsito entre "los días de la desposesión" hasta desembocar en una sentencia entre lo cabal y lo conformista: "quedémonos en lo que fue, sigue siendo y será". Un tránsito con mucha lluvia y una música persistente. Tanto que nos recuerda a Vicente Aleixandre, el poeta del amor, del ritmo y de la música. Formas y estilo responden a esas mismas materias.

EL TEXTO
"He aquí...

Corazones hundidos,
en tierras arrasadas de soledad,
aliento de inalcanzables latidos.

Donde las piedras
seducen a la vida,
y triunfan sobre el enigma del tiempo.

Lugar de permanencia.
Destino de la desposesión.
Vínculo eterno".



domingo, 30 de junio de 2019

Mercado


            Las palabras gloriosas se hacen vulgares cuando bajan a la tierra. Muchas de ellas resuenan merced a su carga significativa e histórica como auténticos altares ideológicos, pero, en realidad, no son nada, puro envoltorio, o acaso han devenido en cómodo comodín sin más. Es lo que sucede con el “mercado”, ese tótem capitalista que todo lo justifica y todo lo castiga cuando se vive por encima de ciertas posibilidades. Además, por si fuera insuficiente, se adjetiva como libre y se mece al vaivén incontestable de la oferta y de la demanda. Un bluf. Se mire adonde se mire, no hay tal.

Uno va a la farmacia y no encuentra el medicamento prescrito. Ni ése ni otros ochenta y nueve más si atendemos al listado que recogía el desabastecimiento de productos en la primera semana de este mes de junio. Cierto que en la mayor parte de los casos existen otros preparados alternativos, pero ya sabemos lo adictos que nos hacemos a las marcas los enfermos. Así que, ante el crecimiento de la demanda, por ausencia premeditada de la oferta, pronto reaparecerán esos mismos artículos con el precio debidamente incrementado y santas pascuas.

O uno se asoma a la página de venta de billetes de tren, o va directamente a la ventanilla, y descubre que determinados servicios para determinadas líneas están capados y te obligan a apuntarte a otros que luego se publicitan con un notable éxito de usuarios. Puesto que los primeros salen a la venta con sólo veinticuatro horas de antelación, poco importa que la alternativa sea más cara si no se quieren correr riesgos y santas pascuas también.

Mientras tanto, los nuevos predicadores liberales continúan con su discurso acerca de la libre competencia y los beneficios que de ello obtienen los consumidores y las empresas. Dirán que las citadas son simples muestras de abusos puntuales, cada cual sabrá, y que órganos hay para su control perfectamente domesticados, incluso oficinas de atención o libros de reclamaciones.  Así en lo público como en lo privado y tan contentos.

Publicado en La Nueva Crónica, 30 junio 2019

domingo, 23 de junio de 2019

Autoridad


            Bastante mal debe de andar el mundo si hasta Salvini y Espinosa de los Monteros, esos dos preclaros humanistas, se permiten reñir al Papa en rueda de prensa por su generosidad con los inmigrantes. Bastante mal, sí, porque incluso el Papa se ve en la obligación de reñir a su vez a los nuncios por criticarle a sus espaldas. Cuentan que les advirtió de que su cargo es incompatible con la hostilidad en Internet contra él y contra la curia romana. Un mundo, pues, que cuestiona hasta la autoridad del pontífice en la cercanía: desde los embajadores del propio Vaticano hasta los practicantes de sus públicas virtudes.

            Miremos donde miremos, la supuesta autoridad moral, política o intelectual tiende a la baja. Mi padre, que era también una autoridad en estas materias, sólo admitía guía y consejos de los parroquianos del bar o del quiosquero donde compraba el pan y el periódico. Sin yo darme cuenta, resulta que era un adelantado a su tiempo. Con la diferencia de que hoy la autoridad no reside ni en bares ni en quioscos, sino en las charcas de las redes sociales, que, por lo que parece, son muy del gusto de nuncios y preclaros humanistas. También del vulgo, claro, que es donde nos encuentran y confunden esos predicadores.

            Las juntas electorales, por ejemplo, también han perdido toda autoridad por estos pagos, tal y como se deduce del proceder desesperado de los perdedores en el Ayuntamiento de León. No negaremos aquí que previstos están todo tipo de recursos, incluso ante el Sacro Colegio Cardenalicio, si el Papa lo tiene a bien, pero algo huele a podrido en ese laberinto de intereses municipales para llegar a esos extremos.

            Antiguamente, al menos se consideraba que nada había más feo que reñir a un padre. Y no es que todos los padres, por serlo, tuvieran razón. Al contrario, había y hay padres razonable y merecidamente reprobables. Pero la noción de autoridad bien entendida concordaba con el respeto bien entendido, que es otra de esas cualidades que tampoco se lleva mucho ahora.

Publicado en La Nueva Crónica, 23 junio 2019

domingo, 16 de junio de 2019

Bronca


            Presumo bronca y entono el canto: “Bronca cuando ríen satisfechos / al haber comprado sus derechos”. Dudo de que pueda ser de otro modo, así en los hemiciclos como en el más acá humano. Dudo de que el matonismo produzca otros efectos. Dudo de que sea cierto. Entonces presumo bronca y entono el canto: “Bronca cuando a plena luz del día / sacan a pasear su hipocresía”. Siento que la retahíla de lugares comunes no puede animar nada más que vacío: lacra, hoja de ruta, consenso, línea roja, gobiernos de la libertad… Siento las patadas y los golpes en el Parlamento y dudo de juramentos y promesas alambicadas. Así que presumo bronca y entono el canto: “Bronca que se puede recitar / para los que toman lo que es nuestro / con el guante de disimular”. Son temores que no tienen que ser compartidos, naturalmente, pero presumo bronca con sólo leer unos tuits y otros retuits, con prestar atención a lo que se escucha y a lo que no se dice, con observar ademanes y ornamentos. De manera que sospecho bronca y entono el canto: “Bronca porque / no se paga fianza / si nos encarcelan la esperanza”. Alboroto y guirigay en las tribunas, ambiente tertuliano y aires ásperos, un clima tóxico que todo lo envuelve y oscurece, esta insoportable pesadez del no ser que nos convierte en víctimas del malestar. Por eso advierto bronca y entono el canto: “Los que mandan tienen este mundo / repodrido y dividido en dos, / culpa de su afán de conquistarse / por la fuerza o por la explotación”. Enredos de comercio y de fronteras como excusas para perpetuarse en el poder, componendas y deserciones entre contrarios y supuestos aliados, ansiedad, nervios, infantilismo, Salvini. Me doy cuenta de la bronca y entono el canto: “No puedo ver tanto desastre organizado / sin responder con voz ronca / de bronca, de bronca”. Así es esta edad, este paisaje, esta condena, este telediario, este ayuntamiento, esta sucesión de urnas hasta el juicio final: “Bronca que también es esperanza. / Marcha de la bronca y de la fe”.

Publicado en La Nueva Crónica, 16 junio 2019

domingo, 9 de junio de 2019

5G


            La velocidad que mueve a la tecnología sólo es comparable con la de algunas empresas para llegar al estrellato o a la inversa. La que ahora se sitúa en el ojo del huracán de las guerras comerciales, por ejemplo, apenas era reconocida hace un decenio cuando, si preguntabas a sabedores de la materia, te hablaban de ella como un modelo de piratería y espionaje industrial. Así creció por lo visto, abrigada seguramente por su más que poderoso gobierno, y así ganó posición y mercado en ese mundo de los teléfonos inteligentes que se acerca vertiginosamente al 5G, la nueva generación de cacharros. He ahí otra muestra de velocidad y de medir el tiempo de nuestras vidas: la obligada renovación de nuestros móviles a medida que se suceden las hornadas o por simple afán consumista.

            Sin ser lo mismo lo uno que lo otro, verdad es sin embargo que ambas condiciones se necesitan y se alimentan mutuamente hasta dejarnos inermes frente al torbellino. Inermes en el más amplio sentido, pues no es solo que nos sintamos desarmados físicamente ante la marabunta, sino que también en lo moral nos descubrimos más que indefensos. O entregados cándidamente en muchos casos, con la privacidad o su aniquilación como el más grave de todos. Porque no sólo se trata, con el 5G, de impulsar mejores conexiones con mayores capacidades de uso digamos general, sino que ensanchará aún más los campos para el control y la vigilancia digamos que particular. De ahí que las guerras sean algo más que comerciales.

            En fin, no es cuestión de resucitar el modelo góndola para nuestras comunicaciones, que supuso de hecho una auténtica revolución en el mundo de los teléfonos clásicos, pero algo conviene hacer al respecto. No toda la tecnología es digerible o soportable. Ni útil casi, salvo en términos de beneficio empresarial o gubernativo. Lo cual que volvemos sobre la empresa de marras o sobre cualquier otra, sobre el gobierno que la ampara o sobre cualquier otro, donde se sitúa en realidad el verdadero quid de la cuestión.

Publicado en La Nueva Crónica, 9 junio 2019

domingo, 2 de junio de 2019

Libros


            En fechas de ferias que difieren la celebración del libro hasta acomodarla por acá y por allá en días presuntamente más cálidos, dos ejemplares me llegan que no me resisto a comentar. Porque merecen la pena, indudablemente, pues de otro modo me ahorraría la crónica, y porque sus autores comparten orígenes que conviene reivindicar.

            De un lado, Lobos, firmado por Mario Sáenz de Buruaga, y, de otro, Índice de índices, de la mano de Hilario Franco Bastelo. Biólogo el uno y profeta el otro. Al alcance está el primer texto y no venal es el segundo, al menos hasta dentro de un año, como quiere su autor. Gustará el primero sobre todo por su despliegue fotográfico e interesará a especialistas más que al público común. Arrebatará el segundo por contenido y forma y nos dejará, vulgares mortales, empequeñecidos por la sabiduría que desvela.

            Contaré que ambos dos, Hilario y Mario, habitan en las semillas originales de la universidad leonesa, donde estudiaron, vivieron con intensidad y contribuyeron decisivamente en sus primeros pasos. Como otros más, que también publican libros, que esparcen saberes o que llegan a presidir gobiernos, aunque no todos arriesgaran el tipo entonces del mismo modo. Porque el alumnado de aquellos años se aventuró así mismo en la construcción y posterior destino de la entidad. No sólo fue cosa de presidentes de cajas de ahorros, catedráticos de viejo cuño o inquilinos de los extintos colegios universitarios. Extraña por ello, o quizá no si se tiene en cuenta su condición profundamente estamental, que en cada celebración, en cada aniversario en la universidad se ignore de forma sistemática a quienes en ella estudiaron y en ella se comprometieron.

            No perdieron el pulso, como se ve, por semejantes cuitas, y de vez en cuando nos vuelven en forma de libros u otros productos herederos tanto de aquellos estudios como de sus circunstancias. ¿Cuándo lo reconocerá como merece la Universidad de León? ¿Cuándo se podrá escribir el libro definitivo de esa historia?

Publicado en La Nueva Crónica, 2 junio 2019

viernes, 31 de mayo de 2019

X Premio Diálogo


         Buenas tardes y mi agradecimiento por vuestra compañía en nombre de la Fundación Jesús Pereda y de CCOO de Castilla y León. Gracias de verdad porque para nosotros esta cita anual corona en cierto sentido el trabajo que llevamos a cabo durante todo el año con la mayor de las ilusiones y con el mejor de los compromisos. Gracias.

         Estamos contentos. Burgos se incorpora hoy a la geografía de los Premios Diálogo y se une en el mapa a las ciudades de Valladolid, León, Zamora y Ávila, donde fuimos bien acogidos anteriormente. También a aquellas otras localidades adonde hemos extendido en las dos últimas ediciones el eco de estos premios: Ponferrada, Ciudad Rodrigo, Salamanca y San Pedro de Gaíllos. Y con Burgos, anticipémoslo ya, vendrá de inmediato, a la vuelta del verano, la comarca zamorana de Aliste como eco de este acto. Como verán, vamos cumpliendo poco a poco uno de los objetivos de nuestra Fundación: extender el radio de acción a toda la Comunidad Autónoma y al mayor número de localidades posible, de acuerdo con cómo actúa también en sus menesteres más propios la organización sindical a la que modestamente ensanchamos.

         Estamos contentos así mismo porque el jurado de esta décima convocatoria, tal y como comprobarán acto seguido, ha venido a reconocer tres expresiones con las que sentimos una fuerte complicidad y cercanía. La prevención de la violencia sexual y de género y la promoción de la igualdad resaltan en nuestros estatutos y riegan nuestras programaciones, con especial realce en el capítulo que llamamos M de marzo M de mujeres. Igualmente, nuestro Patronato aprobó este mismo año incorporar regularmente la promoción del teatro en centros escolares más allá de las representaciones que ya venían haciéndose de forma esporádica o en reconocimiento a compañeros de viaje como el grupo Teloncillo. Y, por último, sobre nuestra tradición paseamos a menudo, en particular sobre la que tiene un acento musical, y a nuestros actos, como en esta ocasión, incorporamos sus manifestaciones más ambiciosas o contribuimos a su sostenimiento; así lo hemos hecho recientemente con el álbum Tierra de nadie del grupo Castijazz.

         En fin, estamos contentos porque esas tres expresiones que acabo de reseñar, la igualdad, el teatro y la tradición, con todos sus anexos, hablan bien de la sociedad en la que trabajamos y en la que queremos seguir haciéndolo.

Hay un clamor en ella por la igualdad, más atronador que aquellos comportamientos que aún se enmohecen en la caverna de las desigualdades. Es un reto decisivo para el futuro: combatir toda forma de desigualdad, toda forma de precariedad y casi toda forma de frivolidad. Ésa es también nuestra fe.

Hay, curiosamente, un hervor teatral que se agita con la misma intensidad con la que –paradojas– crece la farsa. Conviene, pues, separar el grano de la paja en ésta como en tantas otras materias y cuidar de nuestros auténticos dramas, a la par que desvelamos y ponemos en evidencia la falsedad. Ésa es nuestra esperanza.

Hay una necesidad urgente por reencontrarnos con nuestra tradición para alejarla del tradicionalismo, que convierte aquella en ideología y la pervierte en el campo de la banalidad. Es preciso ser antes que estar, y en ese empeño nos implicamos y llamamos a hacerlo juntos. Ésa es, no, no nuestra caridad. Ésa es nuestra demanda de rigor.


Quiero dedicar ahora un espacio de la intervención a mis compañeros y compañeras de Burgos. No sólo por su colaboración para sacar adelante este lance y sobre todo por realizar propuestas que luego el jurado de los premios ha tenido en cuenta. Quiero destacar que para la Fundación Jesús Pereda Burgos se ha convertido en confortable estación de parada y fonda para nuestro programa. Ahora mismo puede verse en la Biblioteca Pública de esta ciudad la exposición Mujeres en conflicto, que hemos producido al lado de la Junta de Castilla y León y de Caja Rural. Pero aquí hemos estado también, a lo largo del último año, con proyecciones de cine, con conciertos musicales, con presentaciones de libros y con debates tan sustanciales como el que dedicamos el pasado otoño a las mujeres y el sindicalismo. Ese bagaje nos debe permitir a unos y a otros mostrar orgullo sano y constatar que transitamos en colaboración un camino provechoso. Para nuestras organizaciones sin duda, pero también, y en primer lugar, para el conjunto de trabajadores y trabajadores a los que dedicamos nuestro esfuerzo con el fin de robustecer una cultura con apellido, cultura sindical.

También ese terreno disputamos y es bueno que así sea. En las recientes convocatorias y debates electorales hemos podido comprobar el lugar muy secundario que se destina a la cultura. Ese abandono político contrasta con una imposición general de ciertas formas de cultura que tienden a unificarnos y simplificarnos. He ahí por qué es importante esta disputa. Quienes hoy recogerán nuestros galardones se alinean igualmente en esa lid, como lo han hecho y hacen quienes les precedieron. Como lo hizo Jesús Pereda, cuyo nombre nos identifica. Es bueno citarle de vez en cuando porque muchos no pudisteis ya convivir con él y es normal el desconocimiento. No hablamos de aquel futbolista del Barcelona de los años 60, casualmente también burgalés, sino de quien fuera Secretario General de CCOO de Castilla y León entre 2000 y 2003, con quien mucho aprendimos y a quien honramos no sólo nominalmente sino con nuestro trabajo.

Señalaremos también que nuestros laureles son dinámicos, evidentemente. Hoy, por ejemplo, junto al colofón de los Premios Diálogo, escenificaremos también la entrega de premios a los ganadores del “IV Concurso de Fotografía sobre el Trabajo”, vinculado siempre al mes de mayo, un mes obrero. Y haremos visible igualmente un nuevo trofeo, si se puede decir así, para los primeros. En el origen fue una escultura de la artista vallisoletana Concha Gay. Vino después una creación cerámica de los artesanos de Portillo, también en Valladolid. Hoy estrenamos una construcción en forja, creación del artista José Oré, que ejerce en la comarca leonesa de Somoza. Crecemos, pues, con esa sucesión de oficios y de paisajes.

Éstas son, en fin, nuestras credenciales y lo son a la vez de los premios que amparamos. Por resaltar sólo a quienes fueron premiados a título individual, sepan que hoy el nombre de Sara Tapia se unirá a los de Carlos Sanz, Catalina Montes, Chema Sarmiento, Manuel Jular, Manuel Sierra, Rosa María Mateo, Luis Díaz de Viana, Eliseo Parra y Serafín de Tapia. No es un catálogo menor. Al contrario, nos engrandece y nos conforta. Todos ellos, todas ellas, como señalan las bases, son personas que han favorecido un avance social y cultural en nuestra Comunidad Autónoma o que han trascendido los límites de la misma, defendiendo los valores de la diversidad y la defensa de los derechos sociales y culturales a través de su trabajo. Humildemente, esa es también nuestra misión y nuestra devoción.



Texto leído en la entrega de los X Premios Diálogo de la Fundación Jesús Pereda, Burgos 31 mayo 2019

domingo, 26 de mayo de 2019

Inculturas


            Sentenciadas las culturas en la lid electoral, a lo que nos dedicábamos en anterior entrega, conviene bajar al terreno mortal para hablar de las inculturas que sustituyen a aquéllas en casi toda lid.

            Ojeo en la pantalla, como es menester en estos tiempos, un diario digital local y me detengo en la sección que denominan “Culturas” y que engloba, dicen, informaciones sobre cine, teatro, libros, música y exposiciones. Leo los titulares y descubro que se refieren a delfines, al Papa, a mujeres maltratadas y a un misionero asesinado. Deduzco que es un error de la máquina, como tantos otros habituales disfrazados de coartada, y lo dejo estar. Vuelvo a la misma página al día siguiente y persisten las mismas noticias hasta que en la tarde reciben un añadido sobre ciertas prácticas de enanismo en un pub de Benidorm.

            Estoy seguro de que se trata de un error, pero la contumacia o la dejadez de los hacedores de esa página consagran una manera de entender y de expresar el producto que llaman “Culturas”. También para sus lectores más o menos incautos. Hace tiempo que ocurre esto, sobre todo desde que el periódico nacional de mayor tirada sustituyó su apartado de “Cultura” por otro denominado “Vida & Artes”, escrito además con una ligadura gráfica en lugar de con una conjunción copulativa para que todo resultase más aparente y neomoderno, es decir,  un cajón amorfo donde cabían por igual las informaciones llamadas de sociedad, las de talento-diseño-moda-estilos-gastronomía, las de lidia, las de gente, el sudoku, y, naturalmente, las de cultura. Años más tarde, se corrigió a sí mismo y retornó a la etiqueta primitiva, pero la veda se había levantado y por esa senda se han colado y lo siguen haciendo abundantes disparates.

            Lo mejor de todo es que, durante el fin de semana pasado, numerosos periódicos incluyeron en su hueco cultural todo lo relativo a ese festival europeo de la canción, que encarna las peores virtudes del arte de cantar y de lo que puede presumirse como cultura europea.

Publicado en La Nueva Crónica, 26 mayo 2019

domingo, 19 de mayo de 2019

Culturas


            La cultura, por lo general, no suele asomarse a los debates electorales, ni siquiera a las declaraciones aisladas de la mayor parte de candidatos y candidatas. Y cuando lo hace, rara avis, más valiera guardar silencio o sentarse antes al lado de los actores culturales y escucharlos. Ese diálogo, casi inexistente, debiera ser la primera medida del programa.

            En reciente rueda de prensa, una de las candidaturas locales, quizá la única no obstante que se ha pronunciado con una aparición directa y exclusiva sobre la materia, volvió de nuevo sobre la declaración de León como patrimonio de la humanidad y apostó por su designación como capital cultural europea. Compartámoslo o no, esa no es la cuestión que se ventila al elegir un gobierno municipal. Puede ser un objetivo, ciertamente, pero lo que se debe proponer para ser evaluado con el voto es qué hacer en la gestión doméstica y cotidiana para alcanzarlo. O de otro modo: el maná no llueve, se gana. Y, claro, ahí es donde aparecían los vacíos y sobraban los tópicos en la comparecencia indicada.

            Choca esta vacuidad política con la efervescencia cultural ordinaria, generosa e inabarcable, producto casi siempre de iniciativas al margen de las administraciones. O con ellas, tanto da, pues al final no les queda otra que subirse a un carro fecundo, aunque con cicatería. Choca también porque será la cultura, no otra dimensión de la actividad política, la que determinará el futuro que nos haya de ser. Y sobre todo la cultura general, es decir, “el saber que permite a un individuo construir su propio criterio, analizar asuntos diversos y responder con éxito en diferentes facetas de la vida. Dicha cultura puede construirse a partir del estudio sistematizado, de la educación informal y de la experiencia adquirida a lo largo de los años”. Pero su lugar, ay, lo ocupa ahora una supuesta cultura generalizada a través de la simpleza, la uniformidad o el escaparatismo, como los titulares a que dio lugar la rueda de prensa de la que hemos hablado.

Publicado en La Nueva Crónica, 19 mayo 2019