Vamos por la decimotercera edición de
estos Premios Diálogo. Trece convocatorias que, en cierto modo, son trece
anualidades en el haber de la Fundación. Ellos y ella nacieron con modestia y
han crecido con humildad y constancia hasta llegar al día de hoy. Es importante
reconocer el recorrido de cuanto hacemos, más aún en unos tiempos poco
favorables, cuando menos, para las materias que nos han ocupado y ocupan. Ni
siquiera la maldita pandemia evitó que en 2020, aquel año crítico en nuestras
vidas, nos reuniéramos, con evidente emoción, para honrar entonces, si
recordáis, a Jesús Anta, a la revista Átticus, al Centro Cultural El Casino de
Santa Colomba de Somoza y al Ballet Contemporáneo de Burgos. No lo evitan hoy
ni lo evitarán en el futuro ni los vientos reaccionarios, ni las guerras
injustas ni las olas de calor, por citar solo algunos de los elementos contra
los que estamos obligados a luchar. También y sobre todo desde la cultura.
Los Premios Diálogo nacieron con
modestia, como he dicho, y creo que hoy se pueden contar algunos detalles de
aquel alumbramiento. Todo surgió en León -¡qué cosas!-, en una conversación que
mantuvimos Kike Cardiaco y yo mismo. Decía él que el supuesto enfrentamiento
entre las ciudades de León y de Valladolid era pura invención política
interesada y que, muy al contrario, en el campo cultural eran dos territorios
que siempre se habían alimentado mutuamente con gentes que iban y venían entre
un lugar y otro y que en ese tránsito crecían. Esas gentes, según él, merecían
un reconocimiento que nadie, si no éramos nosotros, es decir, el Sindicato, se
lo daría nunca. Como podéis comprender, aquella idea primitiva también se vio
obligada a crecer, pues, cuando hablamos de tránsitos, éstos bien pueden
aplicarse del mismo modo a otros enclaves de Castilla y León. Quiero decir que
en esta Comunidad de identidades diversas -no otra es su identidad más que la
diversidad- la cultura sí fue siempre nuclear, aunque las políticas no hayan
querido verlo y hayan orillado esta realidad incuestionable. Sucede del mismo
modo en casi todos los mapas. Pues bien, así lo advirtieron entonces María
Vallejo y quienes con ella dirigían y gestionaban el Ateneo Cultural. Y así
procedemos ahora quienes dirigimos la actual Fundación.
Diré más. Durante estos últimos cinco
años, en los que nos ha correspondido impulsar este atrevido proyecto, a través
de nuestros ires y venires no hemos hecho otra cosa más que constatar la
evidencia: es la cultura, sin mayores discusiones, la que extiende en verdad un
cordón umbilical entre todo el territorio vasto y casi inabarcable de León y de
Castilla. No hay discusión al respecto, más allá de opiniones tópicas de
algunos iluminados, que haberlos haylos. De ahí, por tanto, si alguien lo
dudara, la relevancia de estos Premios en la construcción autonómica real, la
que no es ficción ni es mito.

En el día de hoy, como solo una pequeña
muestra de nuestro acervo y como representación de las muchas personas y
entidades del mundo de la cultura que han favorecido el avance social y
cultural en nuestra Comunidad Autónoma, distinguiremos a quienes se dedican a
la gestión cultural y son referentes para generaciones que les van sucediendo
en esa senda; a quienes se entregan al mundo escénico con afán social; y a
quienes, desde la acción en los barrios, generan compañía y sociedad. Como
hemos comentado ya en otras ocasiones, no son actividades para el lucimiento, sino
nutritivas para el conjunto de la ciudadanía. No despiertan el fervor de los
titulares en los medios al uso, pero son el medio para el crecimiento de los
individuos. No destacan en los anuarios de las glorias culturales, pero no hay
mayor gloria que el producto de sus trabajos.
A lo largo de las trece ediciones de los
Premios que hoy culminan, estos galardones que, bien lo sabemos, son más
simbólicos que materiales, se han adornado con una pieza con valor artístico o
artesanal. De su elaboración se encargaron anteriormente Concha Gay, Jesús
Manuel García y José Oré. A esa nómina notable se suma en este acto Luis
Álvarez Blanco, quien, por mediación del Centro Regional de Artesanía de
Castilla y León (CEARCAL), ha elaborado la obra que recibirán las personas
premiadas. Nos sentimos agraciados por ello y confiamos en que así se sientan
ellas.
En fin, caminamos, mal que les pese a
algunos. Y caminaremos, nadie lo dude. La Fundación tiene hoy una vida sólida y
reconocida, una programación digna y un método de trabajo contrastado, un
Patronato que no nos permite descarriarnos y unos contenidos de interés general
que van más allá de las actividades vistosas y abiertas al público. No
olvidemos que también son materias de nuestra incumbencia todo lo relacionado
con los archivos del Sindicato y con la memoria democrática, en particular
cuanto se refiere a memoria obrera y sindical. Nótese que con todo ello,
durante el año 2021, estuvimos presentes en 18 localidades de la Comunidad a
través de una cincuentena de actividades. No es ligero balance y aquí lo
queremos compartir, precisamente en el que con toda seguridad es nuestro
episodio más relumbrante.
Texto leído en la entrega de los XIII Premios Diálogo de la Fundación Jesús Pereda,
Valladolid 30 septiembre 2022