Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

martes, 10 de mayo de 2016

Aquel mayo francés

El estallido sucederá dentro de un par de años cuando se cumpla el 50 aniversario de aquel mayo francés por antonomasia: las televisiones, las emisoras de radio, los periódicos, las editoriales, los suplementos culturales… todos los medios volverán a escribir y a hablar de aquella primavera, la conmemoración tendrá el rango y el boato de lo oficial y todos correrán en persecución del ángulo original, de la fotografía escondida, de la declaración del protagonista anónimo: “yo estuve allí”. No es el caso, claro, de Moderato Cantábile, siempre a destiempo y siempre a contracorriente, que se adelanta a los acontecimientos sin otro motivo que el de nuestra soberana voluntad y que os acerca en este capítulo el cancionero que fuera de aquel mayo de 1968. Nadie diga, dentro de dos años, que no sabía de qué iba.

Aunque para centrar el asunto bien nos vendrá antes un poco de teoría, la que encontramos en el número 1 de la revista Action, órgano del movimiento estudiantil francés en aquellas fechas: “…Los estudiantes toman conciencia de lo que se quiere formar con ellos: los cuadros del sistema económico existente. Su lucha concierne a todos los obreros, ya que es la misma lucha. Se niegan a llegar a ser profesores al servicio de una enseñanza que selecciona a los hijos de la burguesía y elimina a los otros. Se niegan a llegar a ser sociólogos fabricantes de slogans para las campañas electorales del gobierno, sicólogos encargados de hacer funcionar los equipos de obreros según los mejores intereses del patrón. La juventud estudiantil, obrera, rechaza el futuro que le ofrece la sociedad actual, rechaza la desocupación cada vez más amenazante, rechaza la universidad de hoy que sólo le brinda una formación ultraespecializada, carente de valor, bajo el pretexto de la selección; que reserva el saber sólo a los hijos de la burguesía; y que es sólo un instrumento de la represión contra todas las ideas no conformes con los intereses de la clase dominante”. Nada más y nada menos. ¿Han pasado en verdad 50 años desde entonces?

Pues bien, ¿qué escuchaban aquellos jóvenes engagés, aquellos jóvenes franceses y de otras partes del mundo, aparentemente tan comprometidos y tan llenos de arrojo? A esa cuestión pretendemos responder desde estas páginas y abrimos el desfile con ese fin. De modo que en el principio no queda otra que situar la banda sonora gala propiamente dicha, con una trilogía imprescindible: Serge Gainsbourg, que recreaba por entonces un tema más que clásico, Les feuilles mortes, y lo reescribía a su manera como La chanson de Prévert mientras se fumaba unos cuantos paquetes de Gitanes [https://www.youtube.com/watch?v=IzuTdVJG-ck]; Léo Ferré, juglar épico de la chanson, que ponía voz y música a un texto rojo-rojo del poeta Louis Aragon, L’affiche rouge [https://www.youtube.com/watch?v=xGZ1lnwwYfs]; y el dandy Jacques Dutronc que, a pesar de las algarabías callejeras, ofrecía en Paris s’éveille un verdadero tour turístico por el despertar de la ciudad de la luz [https://www.youtube.com/watch?v=7whXkifG_ms]. Así estaban las cosas y así sonaban.

Pero, naturalmente, de otras geografías llegaban otros sonidos, otros cantables y otros nombres que hoy también son historia. Por ejemplo, en la imperial Gran Bretaña se libraban las primeras escaramuzas entre los dos grupos seminales, que también se las vieron en medio de la agitación del 68. Mick Jagger, al frente de los Rolling Stones, compuso Street fighting man: “Pero ¿qué puede hacer un pobre chico / excepto cantar en una banda de rock and roll? / Porque en el somnoliento Londres / no hay lugar para un luchador callejero” [https://www.youtube.com/watch?v=NHugEELD8o8]. Y le respondería John Lennon, con sus Beatles, en Revolution: “Bien, dices que quieres una revolución, / bien, ya sabes, / todos queremos cambiar el mundo, / pero cuando hablas de destrucción / ya sabes que no puedes contar conmigo” [https://www.youtube.com/watch?v=BGLGzRXY5Bw]. Mientras tanto, los jóvenes de la Universidad de Berkeley, en California se volvían pacifistas para clamar contra la guerra de Vietnam y Bob Dylan se escondía en Nashville, impostaba su voz al estilo country y grababa algunas de sus canciones más olvidadas, como I threw it all away [https://www.youtube.com/watch?v=ww1gt6MHJRA]. Porque allá, en los Estados Unidos, a la vez que alguien asesinaba a Martin Luther King, se escuchaba también la voz de Otis Redding apostado en algún lugar del muelle, (Sitting on) The dock of the bay [https://www.youtube.com/watch?v=rTVjnBo96Ug]; y otros, más frívolos quizá, se citaban en las discotecas, que en aquellos sesenta eran lo más de lo más, donde sonaban por igual canciones como Pata pata [https://www.youtube.com/watch?v=lNeP3hrm__k] de Miriam Makeba, una señora sudafricana, demostrando que lo étnico no es un fenómeno tan reciente, como Baby come back [https://www.youtube.com/watch?v=5q3ALvb16EE] de los simpáticos Equals, la mejor escuela para el baile de cadera.

Tampoco España conoció una mala cosecha en aquel 1968. La encabezó Joan Manuel Serrat con una canción que ponía en tela de juicio uno de los mandamientos de la moral familiar de la época: el retorno inmaculado al hogar de las muchachas en flor Poco antes de que den las diez [https://www.youtube.com/watch?v=GcRcjIBhFb4]. Porque al fin y al cabo no todo era decencia y los hippies estaban a la vuelta de la esquina, es decir, Ibiza, Sisa y Pau Riba, que escribían sus canciones de juventud como piezas canónicas del nuevo folk-pop autóctono, según demostró el último de ellos en Muchacha de porcelana h[ttps://www.youtube.com/watch?v=OduZnhk1rVg]. Y estaba Jeannette, por supuesto, con su grupo, Los Pic Nic, que lanzaba melancólicos mensajes de consuelo en Cállate niña [https://www.youtube.com/watch?v=5T13p0m760Q], mientras Los Canarios, el grupo de Teddy Bautista, nos ponían de rodillas (Get on your knees), hacían bailar a medio país y constataban que el soul también era cosa nuestra [https://www.youtube.com/watch?v=X5wW9xgKbDs].


Así fue, así lo vivimos, y así volverá a sonar dentro de un par de años, en plena apoteosis, el cancionero de aquel mayo francés, cuyo corolario no puede ser otro que la provocadora Je t’aime moi non plus, compuesta por Serge Gainsbourg e interpretada en un principio al lado de Brigitte Bardot, su gran amor imposible: el tipo más feo de París y la rubia más deseada después de Marilyn [https://www.youtube.com/watch?v=v3nHpnhu8Ds].
  

martes, 3 de mayo de 2016

Banalidades

Cada dos por tres escucho atónito noticias sobre cacas de perro en los telediarios: acerca de multas, de análisis identificativos de los animales, de incivismo de sus dueños, de ordenanzas municipales al respecto y así sucesivamente. Junto a los capítulos sobre avances médicos inaccesibles para el común de los mortales, sobre espectaculares acciones policiales que crean una falsa sensación de seguridad o de desamparo, según se mire, y sobre los más morbosos procesos judiciales, la caca de los perros conforma el guión inevitable de esos informativos de la televisión pública. Por no hablar de los deportes o de esas puerilidades que abundan en internet y de las que, cada vez más, también se hacen eco.

Es verdad que la información política y económica ha acabado por hastiarnos a casi todos, ya sea por las materias en sí, ya sea por los actores protagonistas, ya sea por la narrativa con que es relatada. Pero esto es perfectamente mejorable, y ejemplos de ello ha habido y hay, de tal manera que no se justifica la compensación con lo banal para seguir llamando la atención de la audiencia. No, la banalidad es ya una parte más del punto de vista con el que observamos y analizamos la realidad. Lo mismo que Spielberg y compañía son responsables de las altas dosis de infantilismo del cine de los últimos treinta años, también la información pública (no hablemos de la privada, porque ésa tiene además otros idearios) se viste cada vez más de una frivolidad temeraria y enfermiza.

Supongo que para muchos individuos la caca de sus perros es ciertamente trascendental como parte íntima que es de sus mascotas muy amadas. Y por eso me merecen respeto las mascotas, las cacas y los individuos. Sin embargo, no dejo de preguntarme por lo que habita en la mente de los redactores o en la dirección de los informativos para que nos obliguen a todos a soportar esas noticias tan sustanciosas. Sobre todo cuando tanto y tan relevante ocurre en nuestro entorno. A no ser que no quieran que lo veamos.

Publicado en La Nueva Crónica, 3 mayo 2016

domingo, 1 de mayo de 2016

2016: Trabajo y derechos

     Trabajo y derechos, sin más adjetivos, centran la demanda que protagoniza este 1º de mayo de 2016. Sin embargo, no estamos ante una simpleza, sino ante la síntesis de cuanto ha sido y debiera seguir siendo la esencia de nuestra dignidad como seres humanos. Así en lo inmediato, en este país confuso, como en el contexto general, en este mundo bastante desolado.

     En verdad, a nadie debería extrañar esta reivindicación, por más que pueda resultar obvia. Sabemos, por ejemplo, que en España el paro todavía supera el 20% de la población activa, que hay menos personas dadas de alta en el régimen general de la Seguridad Social y que se trabajan menos horas que en 2011. Es decir, que las reformas laborales, de 2010 y de 2012, no han servido para crear más empleo, y el que se ha creado ha sido más débil y peor pagado. Sí han contribuido, por el contrario, al grave incremento de la desigualdad, y también de la pobreza, en la que hoy se encuentran cerca del 15% de las personas con empleo. En 2014 había en España 13’4 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social; suponían casi el 30% de la población total, más de cinco puntos porcentuales por encima del año 2008. La pobreza severa alcanzó a 3’2 millones de personas, el 6’85% de la población.

     Y sabemos, además, que entre 2009 y 2014, se ha producido en términos reales una reducción del 30% del gasto público, lo que se ha traducido en un intenso recorte de la inmensa mayoría de los servicios públicos y de las prestaciones sociales. Es decir, que en 2014 las administraciones públicas gastaron 30.824 millones de euros menos que en 2009. Naturalmente, estas magnitudes afectan a la ciudadanía en general y sobre todo a los más golpeados por la crisis, lo que supone algo así como una notable reducción de salarios diferidos y de condiciones de vida. La consecuencia, como decíamos, no es otra que el crecimiento importante de las tasas de pobreza, incluso entre las personas que cuentan con un empleo: una de cada ocho de ellas está hoy en situación.

     Este es parte del balance brillante de la gestión de la crisis en España. Pero en la provincia leonesa el resultado es todavía mucho más amargo. Baste un repaso de los sectores que han sido o están siendo estrangulados o severamente adelgazados para comprenderlo: minería, producción láctea, empleo forestal, banca, correos, ferrocarril, servicios públicos, etc. Poco se escapa de ese desastre. Tal vez el ámbito más innovador, científico y tecnológico, pero su capacidad de generar empleo no es suficiente para contrarrestar la pérdida en los demás. Tampoco ese turismo de porrón y crucifijo tan pregonado, que sólo da de sí bajos sueldos y empleos a tiempo parcial. No es raro, pues, que a estas alturas, después de años de siega, la provincia haya perdido casi la mitad de su población activa joven y que las afiliaciones a la Seguridad Social hayan disminuido desde el año 2008 en un 16%. No es raro, en suma, que la provincia ostente el deshonroso título de ser la última de todo el país en tasa de actividad.

     Hay razones sobradas, por tanto, para manifestarse este 1º de mayo. Y no se olviden tampoco las que proceden de más allá de nuestras fronteras, como la crisis del proyecto europeo, la situación de los refugiados, las guerras y el terrorismo o las violaciones de los derechos laborales, sindicales y civiles en todo el mundo. Además de la próxima amenaza del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP), negociado de manera opaca y al margen de todo diálogo social, que supondrá la renuncia por parte de los gobiernos a la soberanía política para delegar la gobernabilidad en las multinacionales.

     En suma, UGT y CCOO reclamamos una nueva política que sitúe en primera línea la recuperación del empleo estable, de los derechos económicos y laborales arrebatados a los trabajadores y trabajadoras y la mejora de las condiciones de vida y de trabajo en el plazo más corto posible. Se necesita una distribución más justa de la riqueza generada entre salarios y beneficios para alcanzar el modelo social y democrático que defendemos. Y estamos convencidos de que para todo ello  es imprescindible erradicar las políticas de austeridad y de recortes sociales, en el sentido que defiende y promueve la Confederación Europea de Sindicatos (CES), aplicando de manera efectiva un plan de inversiones más ambicioso que el denominado Plan Juncker. Un plan para crear 11 millones de empleos en Europa, flexibilizar el calendario de consolidación fiscal en los países con déficit, aplicar una política presupuestaria y fiscal expansiva, mejorar los sistemas de protección social y su calidad, reducir las desigualdades y defender el sistema democrático de libertades.
Publicado en Diario de León, 1 mayo 2016

martes, 26 de abril de 2016

En vena

     No sabían los componentes del grupo Topo, allá por 1979, que iban a ser unos adelantados a su tiempo. Así lo parece, desde luego, al escuchar ahora una de sus canciones más conocidas: “…Vivir en Vallecas es todo un problema en 1996. / Sobrevivimos a base de drogas que nos da el Ministerio del Bienestar…” Casi cuarenta años después de aquella grabación y veinte respecto a su profecía, una Vallecas global se alumbra en verdad y sus problemas sociales y humanos enseñarán pronto a los gobiernos que nada hay como una buena dosis oficial de droga, la que sea, para combatir los males de una sociedad enferma. Será entonces cuando se admita la necesidad de un ministerio que gestione el monopolio de su adecuada y terapéutica distribución.

     Mientras tanto, asistimos al prólogo de ese proceso irremediable. Su expresión suave son los discursos de gobernantes activos o jubilados en tal sentido, desde José Mujica hasta Felipe González, que arrojan la piedra y esconden la mano cuando proponen la legalización de algunas sustancias prohibidas. A su lado, hay otra manifestación mucho más dura en forma de 200.000 personas muertas por sobredosis en Estados Unidos en el año 2013, el doble de las cifras habidas diez años antes. De manera que el denominador común entre lo soft y lo hard no es otro que el que anunciaban los chicos de Topo.

     La clave de todo es que nada es ya como en los tiempos de aquella canción. Por el contrario, la heroína es hoy cosa de blancos de clase media, jóvenes de entre 15 y 25 años y profesionales entre 30 y 45 años. Un paisaje muy alejado de los barrios marginales y de los excluidos de cualquier tipo. Son los institutos y las universidades norteamericanas los nuevos nichos del consumo, estimulado además, cuentan, por prescripciones médicas previas que generalizan fácilmente el consumo de medicinas con contenidos opiáceos. Y es precisamente de esa comunión entre dolor y medicina de donde nacerá la inquietud de todos los ministerios del bienestar para acabar haciéndose cargo de la carga. No será de la necesidad de combatir el negocio de la droga ni la delincuencia correspondiente, no será tampoco porque alguien comprenda que es preferible la legalización antes que el desmán absoluto, no será del discurso de los prohombres de donde surja esta nueva estrategia. Todo lo contrario. Procederá por un lado del imperio del dolor y del tratamiento prescrito por sus sagrados hechiceros. Y procederá por otro de la inexcusable atención que los estados habrán de prestar a los nuevos consumidores para que sigan siendo productivos.

     Prohibiciones del tabaco y botellones consentidos, fiestas lisérgicas y productos biosaludables, inciensos y orujos conviven en una mezcolanza sin aparente control durante este tránsito hacia el adviento. Algarabía y depresión, índices de suicidio y ferias de abril por doquier, sudor y frío se entretejen en un estallido de confusión previo al orden reglamentado del porvenir. Llegados seremos por esos andurriales hasta el estuario amorfo de la inconsciencia para aceptar alegres el remedio que vendrá. Y en ese preciso instante, por fortuna, no dejará de existir alguien que bucee en el viejo cancionero para encontrar una canción que nos explique ese presente. Se topará con Topo, tal vez, y sonará repetidamente el estribillo de aquel cantable profético: “La televisión funciona siempre, / nos proyecta un mundo irreal, / nos hace olvidar la verdad de las calles. / Bendita televisión, / santa televisión, / querida televisión…”
Publicado en Tam Tam Press, 26 abril 2016

martes, 19 de abril de 2016

De pensiones

     Si turbio era el panorama que examinamos aquí hace quince días relativo a nuestros jóvenes, no lo es menos el de quienes dependen de una pensión o están en trance de hacerlo algún día. Es decir, casi todos. Sobre todo en esta provincia nuestra, la que cuenta en la actualidad con un mayor número de pensionistas en el conjunto de la región y la que de todas ellas ha perdido un mayor número de afiliaciones desde el año 2008, un 15’8% menos. Una variación superior en más de cuatro puntos a la sufrida por el país.

     No se trata de caer en la depresión a la que pueden conducirnos las opiniones más pesimistas, que auguran, no sin cierta razón, el agotamiento de las reservas de la Seguridad Social para dentro de tres años o el colapso completo del sistema, tanto en su vertiente pública como en el de las aportaciones privadas vía planes de pensiones. No, no se trata de llegar a tal extremo, pero es cierto que hay señales alarmantes sobre el asunto. No sólo en lo que respecta a la disminución de cotizantes, cuya evolución favorable en el último año no se expresa con un ritmo suficiente para contrarrestar las pérdidas a corto plazo, sino y sobre todo por lo que se refiere a los ingresos que la caja recibe. En este sentido es más que revelador lo ocurrido durante el año 2015: mientras que la afiliación creció en España un 3%, la recaudación lo hizo sólo en un 1% (y menos todavía en Castilla y León).

     Evidentemente esto es así por las contrataciones que se imponen en estos tiempos, temporales y parciales de un modo más que generalizado, y por las alegres bonificaciones que el Gobierno ha hecho para financiar el empleo ridículo con cargo a la merma de ingresos en la Seguridad Social. Lo cual quiere decir que, aparte de otras acciones posibles en las que no entramos, solo con la derogación de buena parte de las reformas laborales padecidas en estos años bastaría para modificar esta situación en un sentido más favorable. Al menos en lo que hace a los ingresos del sistema, que no es poco.

Publicado en La Nueva Crónica, 19 abril 2016

martes, 12 de abril de 2016

Lengua e imperio

     Cuando se visita la localidad leonesa de Valencia de Don Juan, es fácil reconocer en ella los rasgos típicos de una mediana población rural, con cierto afán industrial y comercial y que ejerce, además, como cabecera de comarca. Entre ellos, a nadie extraña, mientras pasea por sus calles, toparse con carteles y letreros del siguiente tipo: “Now Academy”, “Paradise Home”, “Outlet. Restos de stock”… Tampoco sorprenderá, claro, observar cómo, a orillas del Esla, algún aficionado a eso del running se detiene para enviar un whatsapp o un tuit, justo antes de abrevar en un bar de la zona, donde los parroquianos escuchan e incluso tararean estribillos como estos: “Don't call my name, / Don't call my name, Alejandro / I'm not your babe, / I'm not your babe, Fernando” o “Rama la din don / Rama lama din din don / Rama lama lama lama lama din don”. En fin, rasgos típicos, decimos, de una población rural leonesa a estas alturas de la historia.

     Sin embargo, su Alcalde, y por si fuera poco también Presidente de la Diputación Provincial, se mostró molesto hace unas semanas cuando visitó el Senado español, adonde había acudido para asistir a un debate sobre diputaciones. Tanto es así que a su regreso declaró: “Cada uno habla el idioma que le da la gana”. Y acto seguido calificó las intervenciones de los senadores como “bochornosas y lamentables”, pues le pareció “vergonzoso” que se utilizaran las distintas lenguas oficiales del Estado en una cámara que, por otra parte, califican como territorial.

     En fin, aparte de la evidencia cotidiana de que hay lenguas bien vistas y lenguas mal vistas, lo que el citado Alcalde nos enseñan es que son muchos todavía los que valoran la realidad en clave imperial, nacionalista se dice ahora, como si continuásemos instalados en aquellos siglos gloriosos que llevaron a Antonio Nebrija a escribir en el prólogo de su Gramática de la Lengua Castellana: "que siempre la lengua fue compañera del Imperio, y de tal manera lo siguió, que juntamente comenzaron, crecieron y florecieron, y después junta va a ser la caída de entrambos". Esto último es especialmente importante: el batacazo de la lengua, no tanto porque malamente conviva con otras lenguas romances o no en esta península, sino porque otro imperio y otra lengua acompañándole han acabado imponiendo su norma y su costumbre con total naturalidad, tal y como se puede apreciar con sólo pasear por el municipio que gobierna este señor tan lingüísticamente indignado.

     Aunque otra explicación posible de ese enojo y de otros parecidos en nuestro entorno es el simple desconocimiento: desdeñar las lenguas como herramientas de comunicación y convertirlas en banderas, en fronteras, en armas arrojadizas, en enfermedad o en ofensa. Así sucede de un modo más que habitual y no sólo en las riberas del Esla. Las razones últimas de tal proceder las explica como nadie el filólogo e historiador Francisco Rico: “No sé si en las escuelas se presta la atención adecuada a las lenguas de todas las naciones que conviven en cada una de las regiones españolas. Es diáfano en cambio que el Estado no ha sabido asumir y favorecer su conocimiento. Sería un despropósito que un parlamento no privilegiara el empleo del idioma común. Pero esa evidencia utilitaria no quita que haya muchos otros caminos para promover nuestra multiplicidad lingüística”.

     Ese déficit del Estado resulta más que evidente en la nula pedagogía ejercida por sus representantes, desde muchos miembros de los diferentes gobiernos hasta numerosos presidentes de Diputación o concejales. Convendría que midieran un poco más sus palabras o que se concediesen a sí mismos un mayor grado de educación. Con ello ganaríamos todos en lo que hace al respeto entre diferentes que al cabo son iguales. A continuación, no estaría nada mal favorecer el conocimiento de nuestras lenguas como se hace con otras aparentemente más prestigiadas. Por ejemplo, motivando su estudio más allá de sus contornos naturales, reservando frecuencias en el espacio digital para que todos tengamos acceso a las cadenas autonómicas o animando de un modo decidido el intercambio cultural y lingüístico entre las naciones a las que se refiere Rico. En suma, hacérnoslas familiares. Advertiría entonces el señor Majo y otros como él que la comprensión es relativamente sencilla si se está libre de prejuicios y de afanes imperiales, aunque exija un esfuerzo, como lo exige de hecho todo crecimiento en nuestro saber. Conseguiríamos así que, junto a las canciones de Lady Gaga y de Rocky Sharpe, nuestro vecindario tararee con absoluta naturalidad melodías de Manel, de Gatibu o de Antón Reixa, por ejemplo. Estaríamos entonces ante un acontecimiento verdaderamente revolucionario para la convivencia en este Estado o lo que sea.

Publicado en Diario de León, 10 mayo 2016


martes, 5 de abril de 2016

Divino tesoro

     Idos por fin los aromas del incienso y del orujo que tanto nos han abrumado a final de marzo y superada de paso la quimera del turismo de crucifijo y porrón, bueno es volver a la realidad corriente y moliente que, ésa sí, nunca nos abandona.

     Un repaso comparado de la Encuesta de Población Activa entre 2008 y 2015, los años de la debacle inconclusa, nos descubre el verdadero tufo que respira la provincia. Por ejemplo los más jóvenes de la provincia. Es precisamente en la franja de edad entre 16 y 24 años donde mejor se advierte que hemos perdido el presente y también el futuro. No otra es la consecuencia de un descenso brutal de la población activa joven (trabajando o buscando un empleo activamente) de hasta el 47’5%. Pero es que, además, la pérdida total de población de esas edades (incluidos los estudiantes o los excluidos de todo sistema) ha descendido en conjunto un 19%, con lo que triplicamos la caída habida en el plano nacional.

     Y si nos fijamos en la situación laboral de esos jóvenes activos lo que encontramos tampoco es para echar al vuelo las campanas. Sólo un 55% están ocupados, más de la mitad de ellos con un contrato temporal y, en su mayoría, en el sector servicios, el que reúne los mayores rasgos de precariedad en la contratación. Otras características que conocemos a través de los datos oficiales es que la práctica totalidad es empleo asalariado (el 93%) y que, de éstos, un 36% son contratados a tiempo parcial. Sabemos también que las mujeres se ocupan mayoritariamente en el comercio, mientras que los hombres lo hacen en la hostelería, es decir, sectores sin apenas cualificación.

     Muy dudoso es, pues, que, de acercarse a la provincia leonesa, se le ocurriese a Rubén Darío hablar de la juventud como de un divino tesoro. Ni el adjetivo ni el sustantivo se pueden soportar ante un panorama como el descrito, que, por otra parte, es sólo un pequeño fragmento de nuestra imagen global. Ésa que sólo puede olvidarse mediante notables dosis de incienso y de orujo.

Publicado en La Nueva Crónica, 5 abril 2016

lunes, 28 de marzo de 2016

Cocinillas

     Observado el asunto con la mirada que se lleva en esta época, los datos resultan bastante elocuentes. Veamos algunos de aquí y de allá: la restauración movió en España 38.300 millones de euros en 2014; en Méjico, los negocios gastronómicos generan el 13% del PIB turístico; la gastronomía creará este año en Perú 320.000 empleos; el 36% de los visitantes que llegan al País Vasco lo hacen expresamente para degustar su cocina… En suma, no es el estómago lo que anda detrás del auge cocinero en estos tiempos, sino que, como diría aquél, una vez más es la economía, estúpido.

     Estúpidos somos, sí, si no entendemos lo que anida en esta burbuja flambeada que, al lado de los datos económicos, se manifiesta con hartazgo en, por ejemplo, la invasión de programas de televisión con la cocina como protagonista, la dieta más que excesiva de los llamados cuisine realitys, los muy diversos y abundantes formatos de foodzines (publicaciones exclusivas o separatas y secciones de otras consagradas a ello), el desmadre de las herramientas tecnológicas para frikis del oficio culinario, las ferias de exquisiteces y rarezas o los 15 millones de resultados con los que uno se encuentra cuando teclea en Google el término “recetas de cocina”. Es economía, claro, más que incentivada, pero también espectáculo, que al cabo es otro de los elementos básicos de las sociedades poscontemporáneas. El alimento sustituido por el show, con la mayor carga de efectos sensoriales posibles para sentir lo menos posible y con una buena dosis de ingeniería para convertir a los maestros-cocineros no ya en artistas, sino en verdaderos protagonistas de la I+D+i.

     No es fácil identificar cuándo estalló en verdad este fenómeno. Los muy iletrados, como quien esto firma, recuerdan todavía algunos hitos culturales en el sendero gastronómico que, al menos, modificaron nuestra percepción sobre el cocinar y el deglutir. Mucho daño nos hizo Simone Ortega con sus 1.080 recetas de cocina, dos millones de ejemplares vendidos a lo largo de treinta años; mucho daño nos hicieron también Marco Ferreri con La grande bouffe y Gabriel Axel con El festín de Babette; y mucho, muchísimo daño nos causaron las novelas protagonizadas por el detective Pepe Carvalho. Sí, sobre todo este último, cuyo autor, el añorado Manuel Vázquez Montalbán, solía decir que en España la única revolución cultural seria tras la muerte de Franco había sido la gastronómica. ¡Qué gran equivocación! A pesar de la altura intelectual del creador de Carvalho, la realidad cruda de lo que nos ocurrió entonces la explica como nadie Rafael Chirbes en su novela En la orilla: “…Eso fue a fines de los ochenta, cuando una revista de gastronomía ya no era un boletín para uso interno de brigadas de restaurante, ni un recetario para amas de casa (…) sino un producto para uso de varones que habían triunfado y buscaban información sobre las mesas caras que aparecían en sus páginas, sobre las etiquetas de vino de prestigio y las delicatessen cuyas catas reseñaban para ellos…” Varones que habían triunfado, he ahí una de las claves de este montaje.

     Y así estamos y así seguimos, inquietos porque ahora llega la temporada de los insectos crujientes y la fiebre de la cocina molecular. Entre lo popular y lo sublime, entre la necesidad y la virtud, hemos vuelto a construir una nueva religión y un nuevo sacerdocio que reinarán por mucho tiempo en esta edad. Tanto como beneficios proporcione a la economía y no tanto como los que hayan de recaer sobre la alimentación propiamente dicha. Prepárense, pues, los cocinillas y otras víctimas de los triglicéridos porque producido se ha el advenimiento de la food culture.

Publicado en Tam Tam Press, 28 marzo 2016

martes, 22 de marzo de 2016

Tablas

     Se llevan las tablas allá donde miremos y no parecen flor de temporada. Ocurrió hace unos meses en las cataluñas con dos episodios más que curiosos: el de su resultado electoral propiamente dicho, cegado por las apostillas sobre la mayoría conforme a escaños o a tantos por ciento, y el de los escrutinios inverosímiles de la CUP. Sucedió a continuación con las elecciones generales y su irresoluble empate entre lo viejo y lo nuevo, incluso entre lo de izquierdas y lo de derechas si es que son conceptos todavía sostenibles. También se ha producido casi una equis en la elección del Rector de la Universidad de León, aunque la ponderación del voto todo lo perturba en este caso. Y, finalmente, ha vuelto a pasar con la elección del Secretario General de la UGT, con un nuevo resultado más que apurado. Es la tendencia, ya nadie arrasa ni se impone con solvencia en casi ningún ámbito. Hasta la París-Niza se resolvió hace una semana a favor del galés Geraint Thomas con un escaso margen de cuatro segundos sobre Alberto Contador.

     Esta solución del juego, el empate, debería enseñarnos en primer lugar que no hay ni vencedores ni vencidos y que, por lo tanto, sobra toda esa retórica competitiva que ha sido superada por la suma final. En segundo lugar nos debería iluminar acerca de la no preponderancia de unas tesis sobre otras, así como sobre la imprescindible síntesis como posible salida del impasse. Por último, si así se quiere, los reglamentos prevén las prórrogas, que en algunos deportes incluso son obligatorias, lo cual permite dar continuidad al torneo de un modo más que natural y bien ordenado. Ahora bien, para asumir y llevar a la práctica cualquiera de estas tres realidades se necesita eliminar del tablero todo afán hegemonista, que suele ser bastante incompatible con lo que llaman fair play. Sobre todo entre las izquierdas que, como se sabe, son mucho más dadas a las disputas fratricidas que las derechas, donde el poder cuenta siempre con caminos verdaderamente inescrutables.

Publicado en La Nueva Crónica, 22 marzo 2016