Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

jueves, 13 de noviembre de 2014

Esos vértigos


     Confieso que me sorprendió darme de bruces con la noticia, recogida aquí hace unos días, de que acaba de editarse el libro Ágora de la poesía. La razón de mi asombro es doble. De un lado, porque la esencia de esos encuentros poéticos callejeros, conocidos con el mismo nombre, reside precisamente en su comunión pública, en lo que se supone que es una emoción compartida desde la recitación en un espacio abierto como el que al efecto escogieron sus animadores. Desde mi posición, también aquí defendida en otro momento, de que el espectáculo, el happening, la performance o lo que sea están reñidos con la íntima naturaleza lítica, pues responden a otras intenciones, respeto no obstante que cada cual elija el escenario que mejor prefiera para la poesía, y allá cada cual con esa decisión y sus regustos. Ahora bien, y de ahí la segunda razón de mi estupor, lo que confirma hasta dónde es de pretenciosa la idea, o su atrevimiento, es el salto al papel, como si no hubiese suficiente papel poético editado por y para los sillones orejeros.

     De manera que así como hay un vértigo en el sucederse de acontecimientos y noticias, condenadas al rápido olvido por la serie desenfrenada de sucesos y novedades puestas al servicio del espectador consumista, el envés de esta realidad nos lo muestran esos otros devoradores de canales, formatos y herramientas para hacerse omnipresentes sin que les importe las cualidades naturales o el ritmos de las cosas. Después de un corto embarazo de 18 meses ya podemos tener en nuestras manos el primer advenimiento de los poemas orales hechos materia. Y al séptimo descansó.

     No cabe duda de que ésta es una edad vertiginosa. A finales de mes habrá un nuevo jueves verde, pero padres y madres habrán olvidado ya el olor nauseabundo de los gusanos y estarán a otras cuitas. Asunto archivado. Y sanada, por fortuna y a pesar de los consejeros de sanidad, Teresa Romero de su mal africano, nadie ha vuelto a ver el virus en la portada de ningún diario. Son ejemplos como cualquier otro. Al cabo, además del Ágora, sólo permanece entre nosotros la corrupción, que será perenne, y la licuación de las ideologías. Esto último no deja de ser también producto del vértigo.

     Nunca se conoció nada igual por estos pagos, luego debe ser así mismo cosa de la época: la imparable progresión de un partido sin programa político conocido a punto de hacerse con el Gobierno. O este país está escacharrado, lo cual es muy probable, o estamos ante una nueva transustanciación poética. O ante otra expresión del devenir imparable del escaparate de novedades de los grandes almacenes. Hace años en realidad que tuvo inicio en todo ámbito esa carrera en pos de la eterna juventud y tiempo llevamos en la pugna con las viejas esencias. Lo asombroso ahora es la facilidad con la que calan los mensajes tópicos, sean del signo que sean, innovadores o ancestrales, y la mansedumbre con que todos asumimos aquello que, por lo común, cuesta décadas construir o destruir. Ése es el riesgo y ése es el vértigo: que como llega, se va. Es la condición de la velocidad contra la que también en este índice nos hemos pronunciado. Seguramente en balde.

     Lo cual que el vértigo permanecerá inalterable en el diccionario de la edad poscontemporánea. No ocurrirá como a la flamante edición del de la Academia, apolillado a los pocos días de su nacimiento por causa de olvidos, protestas y otros defectos de fábrica tan vetusta. Es decir, tan poco acorde con el frenesí irreflexivo de este tiempo
Publicado en Tam Tam Press, 13 noviembre 2014

lunes, 10 de noviembre de 2014

Brel / Denver / Bowie


     

     El caudal de las versiones permite construir puentes que a veces resultan insospechados, pero que, bien mirados, parece que unen orillas predestinadas. De paso, contribuyen a reponer en primer plano canciones y creadores que nunca debieran haberlo abandonado si no fuera por la voracidad del comercio y las pocas ganas que tienen las audiencias de indagar en algo que esté más allá de sus ombligos.

     Ámsterdam es una ciudad navegada por canales y por tanto abundante en puentes. Cuentan que hay unos 1.500. Se dice también que su origen estuvo en un pequeño puerto pesquero que llegó a ser uno de los principales enclaves de la Compañía de Indias Orientales, aunque en la actualidad, que es adonde queremos llegar, poco queda de aquella historia, salvo lo que se recoge y se canta todavía en viejas canciones marineras. O no tan viejas: “En el puerto de Ámsterdam / hay marinos cantando / los sueños que les asedian (…) En el puerto de Ámsterdam / hay marinos que mueren / llenos de cerveza y de dramas / con las primeras luces. / Pero en el puerto de Ámsterdam / hay marinos que nacen / en el calor espeso / de lánguidos océanos”.

     Jacques Brel puso letra y música a esta canción portuaria en el año 1964. El artista belga, referente de la chanson francesa, y su canción viajaron luego hasta  Nuevo México en 1970 para encontrarse allí con John Denver, enseña de las músicas country. Y, acto seguido, recorrieron el puente a la inversa hasta desembocar más o menos en Londres, hacia 1973, donde les aguardaba la insignia del eclecticismo musical por excelencia, David Bowie. En suma: el mar del cancionero va y viene como el oleaje para recalar en los puertos a veces más variopintos: “En el puerto de Ámsterdam / hay marinos que bailan / frotándose la panza / con la de las mujeres. / Y giran y bailan / como soles escupidos. / En el sonido desgarrado / de un acordeón rancio / retuercen el cuello / para escucharse mejor reír, / hasta que de pronto / el acordeón expira. / Entonces, con un gesto grave, / entonces, con la mirada orgullosa, / acompañan a su holandesa / hasta el amanecer”.

     Dans le port d’Amsterdam, titulada en sus mutaciones sajonas sencillamente Amsterdam, enlaza perfectamente con la tradición antigua de los cantos marineros. Cantables que hablaban de pescadores, de piratas, de marinos atrevidos y de los trabajos de la mar, que hoy apenas si tienen hueco en el vendaval temático de nuestras músicas. Cantables bretones, gaditanos o irlandeses. No sería ésa seguramente la intención de Brel, ni la de Denver o Bowie al rescatarlas para sí, pero retratan a la perfección unos ambientes y costumbres, de acá y de allá, a las que ya no asistiremos, una especie de cofre valioso perdido en el fondo del mar: “En el puerto de Ámsterdam / hay marinos que beben / y que beben y rebeben / y que rebeben aún. / Beben a la salud / de las putas de Ámsterdam, / de Hamburgo o de otros sitios. / En fin, beben por las damas / que les dan su bonito cuerpo, / que les dan su virtud / por una pieza de oro. / Y cuando han bebido bien, / se plantan nariz al cielo, / se limpian los mocos en las estrellas / y mean como yo lloro / sobre las mujeres infieles”.

Publicado en genetikarockradio.com, 10 noviembre 2014

martes, 4 de noviembre de 2014

Regiones


     En esta semana, que concluirá con los acordes de una sardana, oportuno parece pensar un poco en eso de las regiones como un elemento más de la desigualdad que nos crece. Entiéndase, digo regiones en un sentido genérico, sin aludir a mapas concretos, hechos diferenciales o leyendas milenaristas.

     Porque otra de las paradojas que nos acosa en estos tiempos confusos es la que combina lo global con lo regional. Hacemos muchas referencias a lo primero y en ello apoyamos gran parte de los análisis que explican la economía y otras crisis actuales. Y dejamos lo segundo en un lugar menor, como si fuesen herencias de un pasado mal resuelto que el tiempo acabará por disolver en un mundo mundial. Pero no, el nuevo estallido regional es de estos tiempos y de los futuros, y más vale que le prestemos atención porque de él derivarán tensiones mucho más importantes de las que vivimos en estos momentos, que ya empiezan a ser graves.

     Lo que está claro es que los estados agonizan y sus poderes se diluyen en otras esferas, a veces mayores, a veces menores. En su lugar surgen grandes transnacionales, organismos sin fronteras y entes supranacionales. Pero también, en paralelo, crecen las reivindicaciones más locales, en ocasiones con cierta identidad y en otras con evidente artificio histórico-legendario. Unas y otras tienen, sin embargo, un denominador común: el de acentuar las desigualdades en un planeta cada vez más desigual. Tomen el formato de la independencia o del federalismo, en el fondo no hay más que un afán de alejarse del otro, por lo general más pobre, para salvar los intereses eternos de una burguesía o aristocracia que persigue mantenerse en la cumbre a pesar de las adversidades.

     Será así, el futuro será regional, y unas regiones preponderarán sobre otras, sin importar el modelo orgánico que se adopte, sea pactado o fruto de violencias. Al fin y al cabo, no es un comportamiento distinto al de los individuos en esta época insolidaria cuando entonamos el sálvese quien pueda.

Publicado en La Nueva Crónica, 4 noviembre 2014

sábado, 1 de noviembre de 2014

Muros de miedo


Noviembre vuelve, lo mismo que vuelven repetidamente por los Santos las representaciones del Don Juan y los buñuelos de viento. Pero en este 2014 noviembre huele además al lío catalán y a los veinticinco años de la caída del Muro de Berlín o de la vergüenza. Tal y como nos recordarán con insistencia los medios de comunicación, tan dados ellos al festín de las efemérides mucho más que al análisis de los hechos históricos, cinco lustros hace ya de aquel acontecimiento. Y con toda seguridad podemos afirmar también por anticipado que la banda sonora más repetida en todos los reportajes sobre el tema será The whall de Pink Floyd, cuya versión grandilocuente grabada en la capital alemana de aquel entonces os proponemos recuperar: [https://www.youtube.com/watch?v=ezqnKlYPUiY].

Es verdad, unos muros van y otros vienen. La historia de la humanidad es en realidad la historia de sus muros, los muros que levantamos para combatir inútilmente nuestros miedos. “Le pregunto a un profesor de arquitectura –escribía hace años Manuel Rivas- si hay alguna asignatura específica que adiestre en la construcción de muros. No, me dice, pero gran parte de la arquitectura que se está haciendo tiene forma y espíritu de muro. Está encofrada con hormigón, acero y miedo”. También Raymond Carver escribió un poema en forma de letanía sobre la identidad del miedo: “Miedo a ver un coche de la policía acercarse a mi puerta. Miedo a dormirme por la noche. Miedo a no dormirme. Miedo al pasado resucitando. Miedo al presente echando a volar. Miedo al teléfono que suena en la quietud de la noche… Pero a la Gran Hormigonera le interesan sobre todo los miedos que se pueden amasar rápido y en serie. Algunos se llevaron cascotes del muro de Berlín como souvernirs. Los dejaron en la vitrina de la Historia, al lado del Despacho Oval. Y al volver, el cascajo había parido un muro de miedo de 1.200 kilómetros. Todo para encerrar a una inmigrante llamada Libertad”. En fin, si buscásemos un cantable adecuado a todas estas consideraciones, probablemente no habría otro más oportuno que el que firmaron Claudina y Alberto Gambino: Quiero decir tu nombre [https://www.youtube.com/watch?v=Ei5wyVymkSA].

El caso es que esta entrega de Moderato Cantábile, como habrá quedado patente, va de muros en plural, pues muchos son y han sido estos ejemplos de sinrazón con los que se ha querido impedir el paso de las personas así en tiempos de guerra como de paz. Citados a bote pronto y sin ser exhaustivos se nos ocurren los siguientes: Muro de Adriano, Muro de Antonino, Muro Atlántico, Muro de Berlín, Vallas de Ceuta y de Melilla, Barrera israelí de Cisjordania, Danevirke, Gran Muralla China, Götavirke, Barrera Indo-Bangladeshí, Muro de las Lamentaciones, Muro fronterizo EEUU-Méjico, Muro del Sáhara Occidental, Valla de la Zona del Canal de Panamá, etc. Claro que si tomásemos el término en sentido figurado, entonces no podríamos eludir otras referencias tan evidentes como el muro de la necedad, el muro del lenguaje, el muro de la desigualdad o el muro del silencio y otros contra los que cabría entonar, como resistencia, la tópica tonada de La muralla, pongamos que en versión Quilapayún [https://www.youtube.com/watch?v=x8sEU-vU4AU].

Porque al cabo, como bien sabemos, los muros físicos son un obstáculo, pero no un imposible, pues siempre serán vencidos o burlados por la dramática necesidad, aunque, una vez superados, quedan por derribar las fortificaciones más inexpugnables, las que están en nuestras mentes: el racismo y la xenofobia, por ejemplo. De hecho, los muros son monumentos a la ignorancia, al egoísmo, a la insolidaridad, a la ruina de la convivencia; en definitiva, son monumentos al fracaso humano. O algo así. Bien podría aplicárseles el estribillo que repetía Lluis Llach en L’estaca [https://www.youtube.com/watch?v=vNSKik-Tuv0]: “Si yo tiro fuerte por aquí / y tú tiras fuerte por allí, / seguro que cae, cae, cae / y nos podremos liberar”.

Nelly Prigorian
Mejor que nosotros, lo escribía en otro escaparate similar al del mes pasado Nelly Prigorian, del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos: “Tal vez los muros más peligrosos que ha desarrollado la humanidad, los que no permiten ni comunicarse, ni escucharse, ni entenderse, son los muros internos que levantamos dentro de nosotros mismos. Nos vuelven sordos, ciegos, mas nunca mudos, y el gritón más grande impone su verdad al resto del mundo. Y no queda ni espacio, ni aire, ni cuerdas vocales suficientes para detener la hegemonía del absurdo.
Hoy, cuando los liberales se disponen a celebrar a gritos el triunfo de la libertado con la caída del Muro de Berlín, siguen en pie y se construyen más y más muros, que en comparación son mucho más peligrosos que el de la capital alemana.
Y para esa celebración les tengo una sola petición a los señores liberales: bajen por un momento sus muros internos y tengan un mínimo de humildad para reconocer que en definitiva fueron los países liberales del primer mundo los más beneficiados por el Muro; que tengan un mínimo de honestidad para aceptar que por  el miedo a la propagación de la plaga roja han impulsado las reformas y las políticas sociales a gran escala, lo que les permitió un desarrollo sin mayores cataclismos; que tengan la suficiente bondad para incluir en sus celebraciones un minuto de silencio por los millones y millones de vidas destruidas y aniquiladas del otro lado de la Cortina de Hierro, que, sin saberlo, les facilitaron la existencia”.

De modo que, después de todo lo escrito, sólo una canción puede servirnos para que un viento poderoso empuje y derribe esos muros de barbarie, la que décadas atrás cantaba Raimon y que, sin embargo, no ha perdido ninguna vigencia: entrañable Al vent [https://www.youtube.com/watch?v=u9Rm3fncdBA]. Y dado que entramos en un nuevo mes, en un nuevo tiempo y en nuevos asuntos, una recomendación al hilo de noviembre: el vídeo que explica e ilustra el álbum 11 de novembre de Silvia Pérez Cruz [https://www.youtube.com/watch?v=4Gid13QUpTg]. Ésta sí que es otra historia que Moderato Cantábile aconseja con sumo gusto. Cualquiera de sus cantables nos ayudan a vivir más felices y sin miedos.

Publicado en Saba 6, noviembre 2014

martes, 28 de octubre de 2014

Stones / Turner / Parsons


     Es lo que tiene ser dioses, que los simples mortales, al menos desde los tiempos de Prometeo, queremos alcanzar su divinidad como sea. En el caso de los Stones, moradores indiscutibles del Olimpo musical, no es raro que así suceda. De hecho, ya hemos visitado en otras ocasiones parte del catálogo de recreadores que han tenido. Así que es inevitable regresar a ellos una vez más.

     “Son las mujeres de cabaret. / Dame, dame, dame el blues del cabaret”. Ése, más o menos, era el estribillo pegajoso de Honky tonk women, la canción que los Rolling Stones grabaron en 1969, tan pegajoso al menos como el baile de esas señoras que inspiraron a Jagger y a Richards cuando su pusieron a componerla en una excursión por Brasil. Cuarenta y cinco años después, que se dice pronto, sigue sonando fresca, porque ése es el misterio precisamente de quienes alcanzan la condición de dioses, son imperecederos en verdad, y sus obras viven de generación en generación como si nada las erosionase. Poco importa al cabo que lo divino habite en los cielos o en los infiernos. En este caso, nos hallamos evidentemente ante satánicas divinidades.

     Tina Turner también habitó en los infiernos durante una parte de su vida, y tuvo en su marido, Ike Turner, el ángel y el demonio que, además de maltratarla, la modeló en buena medida y que en algún sentido hizo de ella otra honky tonk woman. No es extraño, pues, que de inmediato se apropiaran de la canción de los Stones y construyeran una versión mucho más rítmica, más ennegrecida, aunque por aquellos tiempos la pareja ya estuviera instalada en el firmamento musical. Es decir, no había afán de superación, no lo necesitaban, sino de adueñamiento decidido de un modelo que se encarnaba a la perfección en las maneras de Tina.

     Pero Honky tonk women había sido concebida en origen como una especie de country acústico, a pesar de que sus creadores y recreadores la hubiesen llevado a la postre hacia otros cánones más próximos al rock. Hizo falta que apareciera la figura poderosa de Gram Parsons para que todo se recolocase. Es más, Parsons se sitúa en la célula primera del tema, pues no en balde su amistad con Richards había llevado a que éste bebiera en más de una ocasión, no sólo literalmente, de los modelos del country. De ahí que la grabación que hiciera el artista estadounidense sea tal vez más original que la original propiamente dicha. Son cosas del fluir de la música y de los músicos, es el laberinto de la creación. Hay ocasiones en que no resulta fácil distinguir lo que fue antes, si el dios o la obra.

     En fin, no estamos aquí en el terreno simple de las versiones. Más bien, volviendo sobre el comienzo de esta reseña, se trataría de auténticas reencarnaciones. La materia prima es el cantable. Sus intérpretes no dejan de ser meros canales de transmisión, aunque, eso sí, admirables.

Publicado en genetikarockradio.com, 28 octubre 2014

jueves, 23 de octubre de 2014

Brotes, raíces y plantas carnívoras


     Entre tantas inquietudes y desasosiegos, dos pronósticos pueden darse por cumplidos: hay brotes y hay raíces. Poco importan los adjetivos que les adjudicaron ni si las raíces son verdes y los brotes vigorosos o a la inversa. Lo único extraño del proceso es que llegasen primero los brotes y luego las raíces, pero nadie puede discutir que están ahí y han venido para quedarse. Gracias a ello y por si todavía hubiese dudas, hemos de convenir también que los decires de Elena Salgado y de Mariano Rajoy no sólo son consecuentes sino complementarios y que, en suma, responden a un mismo proyecto de sociedad.

     Hablamos de una sociedad poscontemporánea que poco tendrá que ver con la que vivimos en los mejores momentos del siglo pasado. España es, de hecho, un modelo de esa involución, pero también la vieja Europa, que por algo la nombró así el muy ilustrado George W. Bush. Si pensamos, por ejemplo, que las predicciones de la OCDE incluso algunas veces se cumplen, habremos de tener en cuenta que esa organización prevé que en 2050 Europa no pintará gran cosa en el concierto internacional, ni en lo económico ni en lo político. ¿Cuál será el lugar, pues, de aquel país que según el Presidente Zapatero jugaba en la Champions? ¿Habrá Champions? Sobre cómo llegaremos a esa decrepitud tienen mucho que ver algunas decisiones que se andan cocinando a oscuras, sobre las que conviene hacer luz. Me refiero a la negociación del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos (TTIP en inglés), algo así como el siguiente eslabón en el florecimiento salvaje: después de brotes y raíces, llegará el esplendor de las plantas carnívoras.

     Esto del Tratado parece un asunto del más allá, que no debiera tener incidencia directa sobre nuestro ser cotidiano y minúsculo en el contexto global. Pero no es así. Porque de confirmarse los objetivos con que trabajan los negociadores, vuelven a estar en riesgo algunas bases que creíamos sólidas en nuestro modo de vida: los derechos laborales (los que van quedando, que no es poca cosa frente a lo que se avecina), la protección ambiental y la seguridad alimentaria, los servicios públicos e incluso la soberanía democrática, ya de por sí bastante mancillada a lo largo de los últimos años y de los últimos gobiernos. Es, en suma, la barra libre para las grandes transnacionales.

     Mas no nos pongamos fatalistas, que es lo peor que podemos hacer en tal coyuntura. Los tratados de comercio no son en sí un mal. Los pueblos siempre han comerciado entre ellos, al menos cuando no se han hecho la guerra. Y bien está, por tanto, gobernar una materia por lo general bastante desordenada y falta de equilibrios. Ahora bien, para que su formalización fuese en beneficio de las personas y no de los poderes oscuros, desde el punto de vista sindical habría que reclamar varias condiciones que no están hoy por hoy en las agendas y respetar los siguientes principios y normas: la transparencia ante todo; los principales convenios de la OIT; las leyes y normas nacionales y regionales de la Unión Europea que protegen los derechos de los trabajadores, en particular las referidas a seguridad y salud en el trabajo; las normas que promueven la seguridad energética y la protección del medio ambiente; la exclusión de los servicios públicos y bienes comunes de las disposiciones del Tratado; el establecimiento de procedimientos contra el fraude y la elusión fiscal; y la participación en el seguimiento y control por parte de los interlocutores sociales y otras organizaciones representativas de la sociedad civil. Es decir, existen mimbres para hacer un buen caldero. Lo que no está claro es que exista voluntad política para obrar de esa forma.

     De tal manera que, ante los enunciados anteriores, no estamos ante un asunto menor, ni mucho menos. Y que tendrá su repercusión sin duda en lo local, pues no es asunto sólo de despachos. Sin ir más lejos, atendiendo a algunas potencialidades productivas de nuestro territorio, la agricultura sufrirá, lo harán las redes de manufactura y comercialización agroalimentaria y lo hará así mismo el espacio  natural todo, sometido a las reglas de la depredación sin barreras. Merece la pena, por tanto, que los ciudadanos de esta provincia le echen una ojeada al contenido del Tratado, lo que se sabe de él, y actúen en consecuencia. Será el único modo de evitar que brotes, raíces y demás plantas carnívoras conviertan nuestras vidas en una auténtica selva.

Publicado en Diario de León, 22 octubre 2014

lunes, 20 de octubre de 2014

Manual de estilo


     Escribe Javier Cercas: "Un error o un abuso son un abuso o un error lo cometa quien lo cometa, y casi estamos más obligados a denunciar los de los nuestros que los de los demás. Para no corrompernos. Para no perder la razón". Poco más de dos líneas para contener todo un programa político o sindical o empresarial o de la naturaleza que estimemos. Todo un manual de gestión, de actuación y de estilo para cualquier organización política o sindical o empresarial o lo que estimemos.

     Tanto es así que, en tiempos de reformas constitucionales, éste debiera ser uno de sus principios más elementales. Lo mismo que un lema de adhesión para quienes ingresan en todo tipo de asociaciones o para quienes juran o prometen una nacionalidad. Resume un comportamiento, que es casi como resumir en poco más de dos líneas todo el ser. Lo demás son casi aditamentos, adjetivos, complementos circunstanciales o vanidades. Quien así piense o actué, sea individuo o unidad de destino en lo universal, no sólo es digno de mención sino ejemplo de nobleza en medio de la podredumbre o de los gorgojos en la sopa. Porque se empieza por distraer larvas en los platos que servimos en los comedores escolares y se acaba por regatear el IVA, por olvidar una herencia en un paraíso fiscal o por morder la manzana de una tarjeta venenosa.

     Todo esto nos hace daño y mucho. Por el dinero evadido o abusado, sí, pero sobre todo porque no nos merecemos ni a esos individuos ni a esas sociedades. El esfuerzo diario individual de la ciudadanía en general es de tal calibre que debiera ser atendido con mejores honras por parte de sus organizaciones políticas o sindicales o empresariales o lo que estimemos. Del mismo modo que todos nosotros, ciudadanos o ciudadanas, integrados en ellas o no, debiéramos saber separar paja de grano y valorar con justicia y sin generalidades los comportamientos individuales o colectivos. Para no dañarnos más. Y porque la sociedad democrática debe unirse en ese tipo de organizaciones absolutamente imprescindibles.

Publicado en La Nueva Crónica, 21 octubre 2014

miércoles, 15 de octubre de 2014

Dinarama / Deluxe / Fangoria


     La creatividad incuestionable del pop español de los ochenta se prolonga de cuando en cuando gracias a reediciones con afán nostálgico, pero también con la recreación de algunos himnos que los convierte en imperecederos. Por esa vía saltan épocas o estilos, e incluso se reinterpretan a la luz de los nuevos tiempos, no siempre espléndidos.

     De hecho, algo que advertimos al comparar, lo que no deja de ser una estupidez, es que, al lado de la fiebre creativa, existía entonces una intención de divertimento que dudosamente encontramos en la actualidad. Las canciones y los grupos son en esta nueva edad demasiado serios, crípticos incluso. No es raro que el inglés sea en muchos casos su idioma, que no su lengua materna ni la de sus audiencias. Es como si la intención comunicativa hubiese sido sustituida por la melódica sin más. No es bueno ni es malo, pero en muchos casos es más aburrido.

     Perlas ensangrentadas es un buen ejemplo de cuanto decimos. Nació con Dinarama en 1983, como parte de su álbum «Canciones Profanas», cuando ya los Pegamoides habían saltado por los aires y se había depurado, por fortuna, su espontaneidad más grosera. Era una canción redonda, cuyo relato se acomodaba perfectamente a la narrativa del vídeo-clip naciente por entonces, que encumbró para siempre la firma de Carlos Berlanga. Escribe sobre ella Raúl Alonso: “hay canciones que emocionan sin por ello querer decir que sean conmovedoras. Simplemente tocan algún hilo imperceptible que pende de nosotros con conexión directa a lo más hondo de uno mismo, como si la banda sonora de nuestras vidas formase parte del propio tejido. Perlas ensangrentadas es una de ellas”.

     Deluxe, una marca de otra hornada, y Xoel López, un músico de altura parecida a la de Berlanga, se encaprichó de esa canción, se la apropió para demostrar su condición perenne y le dio por interpretarla en directo. Hay en ella ya otros acentos y otros desgarros, pero no deja de ser una interpretación adecuada a los nuevos tiempos, mucho más severos, bastante menos alegres. Pero no pierde ni un ápice de energía ni de gusto. Lo mismo que quiso hacer probablemente Fangoria, otra marca del antiguo linaje, sabedores sus líderes, Alaska y Nacho Canut, de que no todo había terminado con el supuesto fin de la historia pregonado por Fukuyama. En este caso la electrónica bailable tampoco desdice del pentagrama original, por más que algunas actuaciones suyas (como la del vídeo que acompañamos) se parezcan bastante poco al espíritu que en su día animó a la pareja y a otros con ella. También ése es el signo de los tiempos, sin duda.

     De todos modos, nunca está de más volver sobre los himnos gloriosos, sobre todo sin no tienen tono bélico ni sirven para levantar fronteras. Bastante necesitados estamos de aquellos aires.


Publicado en genetikarockradio.com, 16 octubre 2014

viernes, 10 de octubre de 2014

El síntoma Juan Goytisolo


     Un amigo francés, profesor en la Universidad de Tours, me encargó el pasado verano que le buscase en las librerías leonesas un par de novelas de Juan Goytisolo que necesitaba para el nuevo curso: Juan sin Tierra y Makbara. Pero del mismo modo que a él le fue imposible encontrarlas en las librerías francesas, tampoco la suerte nos sonrió a este lado de la frontera. Y no es que no apareciesen estos títulos en concreto, es que ni en sus estanterías ni en sus trastiendas había una sola obra disponible del escritor catalán. Al acudir a sus bases de datos, me aseguraron que lo único al alcance era una edición de las obras completas, en tres tomos, bajo el sello de Galaxia Gutenberg.

     No es un autor raro este Goytisolo. No lo son ninguno de los tres hermanos Goytisolo. Por unas u otras razones, su actualidad no ha dejado de estar viva. En el caso de Juan, además, sus colaboraciones periodísticas le colocan de forma habitual en el escaparate de las tribunas de opinión, aunque esto no parece ser suficiente para alcanzar los escaparates literarios que en otros tiempos ocupó. Tal vez sea que los profesores de Literatura ya no proponen sus obras a los alumnos como textos de trabajo, al contrario de lo que al parecer sucede en Francia, o tal vez ocurra sencillamente que la locura editorial sepulta con extrema facilidad aun a los dioses de las letras y a otros miembros que habitaron esas mismas alturas. Tal vez esta ausencia se deba también a las llamadas crisis o a estos tiempos poscontemporáneos que todo lo transforman o, sencillamente, lo degluten. No sé.

     El caso es que nos convencen de que vivimos en la época de la comunicación y del conocimiento y de que todo habita al otro lado de un simple clic, siempre y cuando nos sometamos a los formatos digitales y dejemos para los nostálgicos el fetichismo del papel impreso. O quizá vivimos en un engaño dirigido. El también editor Jaume Vallcorba, fallecido el pasado mes de agosto, recordaba en una conferencia que “lo infinito de Internet, como cualquier otro infinito material sin límites, se asemeja peligrosamente al desierto”. En lo que aquí nos ocupa, el caso de Juan Goytisolo es un síntoma evidente de tal afirmación.

     La poscontemporánea es, sí, una edad desértica. Y como el propio desierto conjuga las cualidades del calor abrasador y del frío más recio. Hay un calor de cantidad, de ruido, de profusión, de abundancia y de barullo. Y hay un frío de soledad, de aislamiento, de vacío, de privación y de alejamiento. La literatura y sus mercados no son ajenos a esa doble realidad. No negaremos que hay algarabía, bastante en general, pero tampoco que hay penuria, y no en escasa medida. Y las redes, ese nuevo mundo, las dirigen tanto el comercio como la ideología, no cualquier comercio, no cualquier ideología. Su objetivo es la uniformidad con rasgos plurales, la puerilidad con aspecto de madurez y el pensamiento monolítico con tintes democráticos. Su reflejo en la vida analógica residual tampoco se escapa de tales patrones. No desaparecerá el libro impreso, pero su dimensión se limitará a las leyes mercantiles, no a otras menos cuantificables, mucho más brumosas, como el simple deseo de los lectores o la relevancia de las obras literarias. Mientras tanto, los poetas y su público seguirán de espectáculo en espectáculo, de performance en performance, como titiriteros, convencidos de su papel redentor. Pero nadie los encontrará en las librerías.
Publicado en Tam Tam Press, 10 octubre 2014

martes, 7 de octubre de 2014

Pinche de cocina


     Circula por los medios un falso relato sobre la recuperación como el eco de la estrategia de los gobiernos. Es normal que así sea y que la fábula crezca a medida que nos acerquemos o entremos de lleno en el año 2015, el año de todas las elecciones. Conviene pues estar alerta y afrontar las ficciones con suficiente conocimiento de causa; el que da la observación de la vida cotidiana, por supuesto, pero también el de los datos que no se difunden. O que no se quiere difundir.

     Cierto es que llevamos meses de aparente mejoría. Mas no conviene ignorar que son 740.000 los hogares sin ingresos, en los que viven 1.404.000 personas; que el desempleo de larga duración afecta a más de 2,5 millones de personas; que su tasa de cobertura se ha reducido en 20 puntos hasta situarse en el 58,5%, en tanto el Gobierno presenta unas cuentas en Bruselas que dicen que este año se va a ahorrar en gasto por desempleo unos 5.000 millones de euros. Se cuenta también que el desempleo en términos generales ha disminuido, pero ocurre que en el segundo trimestre de 2014 se han trabajado menos horas que en el mismo trimestre del 2013: la jornada total ha caído un 0,7% al bajar de 581,6 a 577,7 millones de horas semanales. No hay, por lo tanto, más empleo disponible, que es lo que mide el total de horas, sino un reparto de esas (menos) horas entre más personas. Solo así se explica que con crecimiento económico débil se esté generando empleo aunque a niveles reducidos, cuando en realidad se está destruyendo productividad. Y, en fin, sigue cayendo así mismo la afiliación a la Seguridad Social en el régimen general ––el de asalariados– con 28.362 cotizantes menos en septiembre, dato que se oculta parcialmente por el aumento temporal de  afiliados en el sistema especial agrario.

     El corolario de todo esto nos lo ha proporcionado la información del Servicio Público de Empleo, según el cual, durante el último año, la ocupación más ofertada en Castilla y León  es la de ayudante de cocina: el nuevo modelo productivo.

Publicado en La Nueva Crónica, 7 octubre 2014