Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

martes, 12 de enero de 2016

Caridad y consumo

     Ido al fin el espíritu navideño, bueno será acompañar su marcha con algunas observaciones acerca de tan engañoso tiempo. Y, examinados a tal fin los titulares que han sido cabedera de los medios locales a lo largo de tan señaladas fechas, hete aquí que dos constantes se han repetido como expresión sobresaliente de cuanto hemos vivido o padecido: caridad y consumo.

     Abundante, muy abundante ha sido la cosecha de la virtud o del sentimiento solidario, según se mire: gala de la Asociación de Caridad que, además, ofrece más de 300 comidas al día; carrera solidaria con galochas en Carracedelo; fiesta solidaria para recoger pijamas; torneo de dardos con el fin de recaudar comida para los necesitados; recogida de libros y juguetes bajo el lema “un juguete, una sonrisa”; partido benéfico para recaudar juguetes; la carrera del Pavo recauda 1.000 kilos de comida…

     No tan notable, exceptuada la propaganda omnipotente, fue el conjunto de entradas referidas al consumo, limitado, como limitadas son las capacidades de la provincia toda, a una triple vertiente: incremento de un 30% en la caja de la hotelería leonesa; el comercio confía en unas buenas rebajas tras el éxito de la Navidad; la ocupación de turismo rural para fin de año llega a un 63%...

     Y eso fue todo. Lo demás: unas luminarias con poco estilo, unos dulces, la lotería esquiva una vez más, los valses y las polkas de los Strauss y sueños, muchos sueños de felicidad que se resumen como casi siempre en las dos actividades de referencia: caridad y consumo, más de lo primero que de lo segundo porque no está el tiempo bueno todavía. Ni pinta tiene de que vaya a estarlo, pues en pleno estallido del jolgorio y otros fastos sin límite apenas si conseguimos reducir las listas del paro en 127 personas, mientras que sufrimos la disminución de un 0’13% en el número de afiliaciones a la Seguridad Social. No obstante lo cual, empresarios y administraciones locales se felicitaron por la marcha positiva de la economía: demasiada Navidad.

Publicado en La Nueva Crónica, 12 enero 2016

martes, 5 de enero de 2016

Sólo para fumadores

Diez y cinco años se cumplen por estas fechas desde que los gobiernos (aquéllos, pero cualquier gobierno al fin y al cabo) legislaron para reducir el espacio en el que los adictos al tabaco podían expresar sus devociones en público. No se estrechó el mapa del humo, pues humos sigue habiendo de las más diversas procedencias en nuestro envoltorio cotidiano, incluso malos humos. No, lo que se determinó entonces fue el ostracismo de los fumadores, resaltado especialmente con unas pancartas equívocas que colgaron en las fachadas de las subdelegaciones de gobierno, donde se identificaba a los fumadores como la causa de nuestros muchos males. Nunca antes se había visto cosa igual; es más, nunca hubo otra pancarta, ya podía haber habido guerra en cualquier lugar del mundo o epidemias de hambre, que nadie reparó en problemas tan menores en comparación con el que entonces nos ocupaba. Fue, en fin una pancarta de triunfo y de humillación. Como las propias leyes.

Y ocurrió que por aquel entonces, diez años atrás esta vez, Moderato Cantábile disponía de un hueco sonoro en la parrilla de la Radio Universitaria y decidió, puesto que ni entonces ni ahora ha ocultado sus vicios ni sus pecados, abrir la emisión con un cantable de Tonino Carotone, el titulado Sé que bebo, sé que fumo [https://www.youtube.com/watch?v=8kS2sGyH_qA], y echar mano para el guión de un libro recomendable del siempre recomendable Moncho Alpuente, el titulado Sólo para fumadores. Lo abría el hoy desaparecido Moncho con una dedicatoria inigualable que no ha perdido ningún sentido: “A mi abuelo, que me enseñó que los ideales se liaban”.

Pues bien, como homenaje a su autor, fallecido como decimos en marzo del año pasado; como acta del décimo y quinto aniversarios de las dichosas leyes; y como advertencia para aquellos que, al principio de todos los años se hacen el firme propósito de dejar de fumar, ofrecemos hoy este inventario de canciones fumables y ahumables.

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo comenzó el consumo del tabaco en Europa, y aunque tal costumbre, según cuenta Alpuente en su libro, se atribuye a las recomendaciones que el embajador Nicot hiciera en 1560 a la reina de Francia sobre el uso del tabaco como medicamento, parece indudable y hasta lógico que los primero fumadores fueran los marineros que acompañaron a Colón en sus viajes a América. Hay testimonios de que el personal se embarcó “echando pestes” y volvió “echado humo” por boca y narices, y mucho antes de que Nicot naciera. Los fumadores, naturalmente, tenemos una deuda más con aquel continente, que saldaremos aquí al menos con dos referencias: la dura de Paquita la del Barrio con Ni un cigarro [https://play.spotify.com/album/1RtpahAj03HtfXhsxyhYSj?play=true&utm_source=open.spotify.com&utm_medium=open] y la popular de Víctor Jara con El cigarrito [https://www.youtube.com/watch?v=hesTpJ4oGvk]. Aunque si alguien quisiera entrar mucho más a fondo en latitud y materia, no debería dejar de lado la obra Cimarrón y tabaco del gaucho José Larralde [https://www.youtube.com/watch?v=oOblc1cqiwg].

El caso es que el tabaco se extendió por el planeta y habitó entre nosotros durante siglos. Hasta que, como advertía Moncho Alpuente, “la diosa Salud vino a sustituir a la diosa Razón y los sacerdotes de bata blanca y escalpelo presto, que siguen practicando día a día asépticos sacrificios humanos en sus quirófanos inmaculados, se convirtieron en los abanderados del nuevo culto. Fumadores y no fumadores habían convivido hasta ahora en paz y armonía, pero la cruzada antitabaco, reafirmada por las estadísticas consideradas como nuevos textos sagrados, les ha convertido en antagonistas”. Y es así como por el camino nos quedan canciones que, como los cigarrillos, se han ido consumiendo con absoluta delectación, aunque hoy quizá sean ya pura y simple arqueología. ¿Se atreverán sus intérpretes a mantenerlas en el repertorio? ¿Serán multados por la autoridad gubernativa si así lo hicieran al tratarse de un caso evidente de apología del cigarro? ¿Podrán ser interpretadas en último término en ausencia de menores y advirtiendo de que el tabaco mata?

Nos referimos, por ejemplo, a la muy popular en tierras leonesas A la luz del cigarro, que entre otros grupos tantas veces ha encendido en público el grupo Plaza Mayor [http://www.masmp3s.com/escuchar-mp3/aa_81bb6b3/Plaza-Mayor-A-La-Luz-Del-Cigarro/]. La tan divertida como irreverente Que corra la nicotina de los galaicos Siniestro Total [https://www.youtube.com/watch?v=5bdsCjUe1kM]. La sinfónica Have a cigar de los muy sinfónicos Pink Floyd [https://www.youtube.com/watch?v=KUDpc04r_QM]. La más que brillante Tabacco Road del trío franco-americano Fredericks Goldmand Jones [https://www.youtube.com/watch?v=B99V7b8tjnM]. O la reciente entrega de Russian Red Cigarettes [https://www.youtube.com/watch?v=7heIA4te5JY]. Como puede observarse, no hay género que se haya escapado del creativo poder venenoso de la nicotina.

A pesar de lo cual y volviendo sobre nuestro texto de cabecera, “el habitante de la urbe, que acumula en sus pulmones los gases más tóxicos y los hollines más espesos, se irrita cuando observa el humear de una colilla en un cenicero próximo y convierte en chivo expiatorio a su vecino. Pero nosotros, los fumadores, no somos apóstoles; creemos que el tabaco propicia la comunicación y el diálogo, favorece la reflexión y relaja los nervios en tensión; y es cierto que muchas veces pensamos que a alguno de esos no-fumadores histéricos que arremeten contra nuestras humildes brasas no le vendría mal un cigarrillo para calmarse, pero no se lo ofrecemos por si lo considera como una provocación más”.

Y con esto llegamos al final. Diez y cinco años después de la promulgación de aquellas leyes cada cual habrá sacado ya sus conclusiones, así que sobran más homilías. Si acaso, por darnos un poco más de gusto humeante, cerremos la colección con un último cantable de esos que llaman históricos, aunque su letra no tenga mucho que ver con el tema tratado, el Smoke on the water de Deep Purple: “humo sobre el agua / fuego en el cielo” [https://www.youtube.com/watch?v=3CNtg5P44TE].

Publicado en Saba 19, enero 2016

martes, 29 de diciembre de 2015

Siniestra recuperación

     Seguimos rastreando en páginas oficiales a la búsqueda de nuestra realidad menos propagandística y nos detenemos una vez más en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, donde, como en ocasiones anteriores, volvemos a descubrir informaciones más que relevantes. El turno le corresponde ahora a la siniestralidad laboral.

     El balance de los diez primeros meses del año, hasta donde llega el cómputo oficial, es más que desalentador. A simple vista, continúa el incremento notable y generalizado de accidentes de trabajo respecto al mismo periodo del año 2014, destacando el aumento en un 12,5% de los accidentes mortales en jornada de trabajo, y el número de trabajadores que han perdido la vida en ese periodo alcanza ya la cifra de 511. Toda una barbaridad que también se observa en el ámbito local, por más que sea éste un espacio en franca decadencia. Así, en la provincia de León, entre los meses de octubre de 2014 y 2015, el número de fallecidos fue de 5 frente a 2 en el periodo equivalente anterior, y el aumento de accidentes llegó hasta el 6’39%.

     Son otras muestras no publicitadas de que la recuperación existe, sí, aunque se trata más bien de una recuperación siniestra y desigual. Lo primero porque las crisis y las reformas han ocasionado un inquietante descenso de atención en todo lo que se refiere a prevención y un incremento simultáneo de la temeridad motivada por el presentismo forzado. Lo segundo porque la brecha de la desigualdad, motivada por las mismas causas, tiene expresión allá donde se mire, no importa la materia, los protagonistas o la geografía. Por ese motivo la provincia de León ofrece datos menos graves, precisamente porque su actividad es mucho menor y se distancia cada vez más del ritmo general del país.

     Así que, frente a lo no escuchado en la campaña electoral, bueno será que el nuevo Gobierno acometa, también en esto, un cambio de rumbo en las políticas preventivas que nos permita frenar una situación de auténtica categoría de alerta sanitaria.

Publicado en La Nueva Crónica, 29 diciembre 2015

martes, 22 de diciembre de 2015

Más polvo que paja

     Conviene comparar las emociones que vivimos los habitantes de la vieja Europa durante el pasado verano a causa de la crisis de los refugiados con la actualidad hostil de este fin de año. Entonces hubo manifestaciones, amplios gestos de solidaridad general, brazos abiertos… y hasta Angela Merkel pareció una madre coraje. Hoy, si repasamos solo los titulares de un diario nacional aparecidos en los primeros días del mes de diciembre, encontraremos la siguiente retahíla penosa: la UE ofrece más dinero a África para que contenga la inmigración; el sueño europeo se ha desvanecido; Eslovenia empieza a construir barreras en la frontera con Croacia; miles de personas quedan varadas en la frontera entre Macedonia y Grecia; la ONU alerta de la falta de atención a la salud de las refugiadas; la UE plantea ampliar a dos años los controles en sus fronteras interiores; Turquía detiene a 1.400 migrantes tras la firma del acuerdo con la UE. Y así sucesivamente.

     Cabe preguntarse, pues, por lo que ha ocurrido en ese tránsito temporal para que el paisaje humano se haya modificado de un modo tan notable y, seguramente, todos podremos enunciar algunas claves de dicho cambio: que si el terrorismo, que si la avalancha, que si la limitada capacidad de acogida, que si el control de las fronteras… Lo que sea, sobrarán razones para explicar lo sucedido cuando ya alguien había decidido convertir una tragedia humana en una parodia al estilo de lo que filmó Luis García Berlanga en su película Plácido allá por 1961: donde entonces se trataba de sentar un pobre en la mesa navideña, todos quisimos ahora compartir nuestra vida con un sirio. Digo sirios porque ésa fue la primera criba que propusieron los poderes para ordenar el tráfico de masas, no valía cualquier cosa y mucho menos si se trataba de un migrante normal y corriente, sin pedigrí y sin carga bélica para lavar nuestras conciencias. Aunque al final ni sirios.

     Por eso, de un modo berlanguiano, podríamos concluir que el resultado de la catástrofe ha producido mucho más polvo que paja y, desde luego, mucho más que grano, aludiendo a la expresión referida a la tarea de aventar el cereal y trillarlo en la era. Se separaba entonces el grano –lo útil, lo valioso- de la paja –lo inútil, lo superficial- y el polvo era el acompañante incómodo de esa labor. Nosotros, los europeos y europeas, nos hemos perdido una vez más en el polvo y nos hemos quedado tan anchos mientras el drama continúa bien alejado, intencionadamente alejado, del primer plano.

     Pero he aquí que otras noticias simultáneas deberían movernos de nuevo a la reflexión. Por ejemplo, la que nos advierte de que España ha batido el récord en emigración desde el inicio de la crisis a pesar de la supuesta recuperación económica: en el primer semestre de este año más de 50.000 españoles y españolas se han ido al extranjero, un 30% más que en 2014. Y es que todos en cierta manera somos refugiados en busca de algún refugio, no importa si las guerras que nos llevan y nos traen son de naturaleza armada o financiera, si los movimientos se producen por represión política o por asfixia climática, si somos hijos o hijas de la miseria o de la locura. Lo que está claro es que somos, todos, mucho más que polvo y mucho más que paja, que es el máximo valor que la Unión Europea ha concedido a los refugiados y a los migrantes, tanto da.

     Sea como fuere, lo mismo que la ciudadanía se situó por delante de los estados hace meses, así acaba de ocurrir ahora con la representación sindical, patronal y de otras organizaciones civiles que forman parte del Comité Económico y Social Europeo (CESE) que acaba de superar también a los gobiernos. En su seno y con enorme mayoría se ha llevado a cabo otra importante labor de trilla en cuanto a qué se debe considerar país de origen seguro para otorgar el status de refugiado. Y se dice en el dictamen que, entre otros criterios, deberá garantizarse en ellos el pleno respeto de todos los Derechos Humanos, incluidos el respeto y la protección a la igualdad de género, de los colectivos LGTBI y de las minoría étnicas o culturales. Es dudoso, por tanto, que se puedan considerar seguros, tal y como pretende la Comisión Europea, países como Kosovo, Albania, Turquía, Serbia, Bosnia, Montenegro y Macedonia  El CESE aprobó también a mediados de este mes una resolución sobre la crisis de los refugiados en la que se vuelve a defender la necesidad de cumplir la legislación internacional que obliga a la acogida y de adoptar urgentemente una posición común de la UE que incluya la redistribución de los refugiados por países.

     Son noticias de interés sobre un asunto que no debe ni puede perder actualidad, a pesar de que ya no llame la atención de los medios de comunicación. Y son tareas destacables que nos acercan mucho más al grano que a la paja y al polvo con los que se envolvió la crisis y se le permitió luego diluirse a medida que fueron progresando posiciones profundamente reaccionarias, cuando no xenófobas o racistas, en el ánimo de los gobiernos.

Publicado en Diario de León, 22 diciembre 2015

martes, 15 de diciembre de 2015

La delación

     La acción de delatar tiene mucho que ver con el chisme, la traición, el soplo e ir con el cuento a alguien. Lo mismo que el delator está emparentado con el chivato, el acusica y el soplón. Así lo describe el Diccionario de María Moliner, donde dicha entrada, aparte de su estricta definición, aparece cargada de connotaciones más bien negativas y despreciables.

     Sin embargo, la delación ha vuelto a ponerse de moda en esta España de costumbres rancias y filas prietas, animada por un Gobierno experto en ocurrencias y mala leche. Impulsado por unos contextos más que adversos que le sirven de coartada, no ha dudado en reavivar en nosotros las maneras guerracivilistas a la par que nos va convirtiendo a todos en sospechosos o en espías. Así procedió el Ministerio de Empleo y Seguridad Social con su Buzón de lucha contra el fraude laboral donde, bajo el absoluto anonimato, podías sacarle los colores a un vecino jubilado que seguía con sus chapuzas en el pueblo. Con ese mismo sistema, ahora podemos también sumarnos a la campaña Stop Radicalismos promovida por el Ministerio del Interior y, gracias a nuestro sano juicio y mejor olfato, identificar a individuos con pinta radical (a saber). Todo ello, naturalmente, con el soporte oficial y desde las propias páginas web gubernamentales. Limpio y radiante comportamiento cívico.

     En suma, que no contentos con todos los mecanismos de control, vigilancia y observación indiscriminada de la ciudadanía, no satisfechos con cámaras, radares, pinchazos telefónicos, tráfico de datos y otros rastros digitales o analógicos, no lo bastante sonrojados por los casos Assange, Snowden y Falciani, los gobiernos han decidido metamorfosear a sus súbditos en presuntos delincuentes o en presuntos policías y transformarnos en actores de un más que peligroso juego de acecho e insidia. O lo que viene a ser lo mismo: el simple ojo orwelliano mutado en compuesto ojo de insecto con infinitas unidades receptivas para que nada escape al examen del Big Brother.

Publicado en La Nueva Crónica, 15 diciembre 2015

martes, 8 de diciembre de 2015

Esas galaxias

A nadie debe extrañar el enésimo retorno de la saga galáctica que nos invadirá durante este fin de año con todo su despliegue publicitario y comercial. No es un hecho aislado, sino que se inscribe en una renovada forma de mirar al universo bien distinta de la que nuestros ojos alumbraban allá por 1977, cuando George Lucas firmó la primera entrega. Agotado entonces el Programa Apolo como buque insignia de la colonización lunar, otras crisis económicas anteriores a la actual pusieron muy en cuestión el gasto que se efectuaba en las aventuras espaciales y toda aquella odisea, sustituida por iniciativas menos espectaculares, se convirtió en melancolía o en romanticismo. Triunfó, por continuar con el ejemplo cinematográfico, el espíritu de ET o de Encuentros en la tercera fase: en lugar de viajar al exterior, era éste el que venía a nosotros de un modo mucho más barato y familiar.

Mas, como hemos dicho, no fue el fin ni muchos menos de esa tendencia tan humana que nos anima a conquistar el espacio, ya sea con un telescopio rudimentario, ya sea con un invento robotizado. Y ocurrió entonces, tránsito entre centurias, algo muy propio de la fiebre romántica: fuera por simple casualidad o por intención oculta de las agencias de noticias, coincidiendo con las fechas que servían de puente interanual y sólo con ésas, quizá por un sentido apocalíptico o iniciático, los medios de comunicación solían llenarse de galaxias recién descubiertas, de satélites en fuga, de exoplanetas y de agujeros muy negros. Todo era misterioso y narrado como sin atractivo, de un modo más que rutinario, donde sólo se salvaban algunos nombres sugerentes de las sondas espaciales Voyager y Pioner o del robot marciano Opportunity.

Sin embargo, todo ha vuelto a transformarse a medida que hemos ido cayendo en esta edad poscontemporánea. Tal vez sea a causa del efecto psicológico de todas las crisis que nos agobian y que nos llevan a buscar respuestas más allá de lo cotidiano en una fe fundamentalista, en una aldea desconectada o en la basura espacial que cae sobre los campos españoles como un  maná achatarrado. O tal vez sea, con mucha mayor probabilidad, que el planeta se agota y no queda otro remedio que volver a mirar al universo con afán de supervivencia, guiados en unas ocasiones por la voz metálica de Stephen Hawking y en otras por la cámara de Ridley Scott como en The Martian. El caso es que de nuevo todo ha vuelto a sufrir un giro copernicano y tornamos a hacer de ese más allá una realidad al alcance de la mano o del sueño, según convenga. Así, un grupo de científicos de Teruel, ahí al lado, han conseguido identificar nada menos que la materia visible escondida y perdida desde el Big Bang; así también, las redes se pueblan de iniciativas y apoyos para dar el nombre de Cervantes y de toda su troupe a un conjunto de estrellas; y así, por último, en esta incompleta enumeración de cuanto nos sucede, hace apenas un par de años, después de otros cuatro de observación, nos dejó boquiabiertos una estrella, a 1.500 años luz de nosotros y oficialmente designada KIC 8462852, que podría albergar una civilización tan desarrollada que habría construido una especie de huerto solar espacial de dimensiones cósmicas.

Es la mirada mágica o mítica la que se ha impuesto al fin sobre aquella otra de pura ciencia-ficción o la estrictamente romántica. Y, puesto que todo es escepticismo, no nos queda otro remedio que acudir a la magia o al mito, porque al cabo también en materia científica somos incrédulos o austeros. Eso sí, a pesar de las crisis de todo tipo, al contrario de lo que ocurrió en la década de los años setenta, ahora nadie cuestiona las noticias del universo. Será también necesidad de creer.
Publicado en Tam Tam Press, 8 diciembre 2015

martes, 1 de diciembre de 2015

Precariedad y pobreza

     
     De los informes oficiales se puede extraer siempre una imagen de la realidad que casi nada tiene que ver con la propaganda oficial u oficializada. Lo que ocurre es que esta última es mucho más poderosa y publicada que aquéllos, por lo general poco difundidos y mal trillados, convertidos al fin en un mar de cifras que obligan a su interpretación.

     El último que hemos conocido es el de la Agencia Tributaria relativo al Mercado de trabajo y pensiones en la fuentes tributarias del año 2014. Es interesante, pues en él se recogen los ingresos declarados por rentas laborales, es decir, salarios, pensiones y prestaciones por desempleo (aunque es una lástima que no se incluyan las rentas de los autónomos). Por lo que hace a Castilla y León, hemos sabido así que son 1.569.226 las personas declarantes por esta vía, con una media de ingresos por persona y año de 16.813 €, lo que viene a ser el 98% de la media total española. Y hemos sabido también que la retribución salarial media fue de 20.648 €; la de las pensiones, 13.794 €; y la de las prestaciones, 4.786 €. Elocuentes cantidades.

     De interés también resulta conocer que las percepciones por persona nos indican cuántos empresarios ha tenido de media cada trabajador o trabajadora en el año, para hacernos una idea de la mayor o menor precariedad laboral. Pues bien, esa media es 1’27, lo cual quiere decir que pocos, muy pocos, tuvieron un solo empleador y un solo empleo en 2014.

     Y, por último, clasificados los asalariados por tramos de salarios, descubrimos  que el bloque mayor (184.190 personas) es el que cobra menos del 0’5 del SMI, el nivel más bajo de la tabla. De otro modo: junto a la precariedad, pobreza. Pero, entre los pensionistas, el bloque más amplio es el que se sitúa entre el 1 y el 1’5 del SMI. Así que preguntémonos: con los salarios anteriores, ¿por cuánto tiempo se mantendrá esta anómala situación en la que los pensionistas reciben más ingresos que los activos? ¿Qué pensiones tendrán esos parias? ¿Habrá pensiones?

Publicado en La Nueva Crónica, 1 diciembre 2015

martes, 24 de noviembre de 2015

O tempora, o mores

     Pues no, no se trata del tiempo de los moros, como mal traducía la exclamación ciceroniana un estudiante de bachillerato y así se recogía en una de aquellas antiguas antologías del disparate. Aunque, con toda franqueza, tampoco estamos lejos del desvarío y de la contradicción cuando de tiempos y costumbres tratamos en esta edad disparatada.

     Porque, como bien podría sentenciar el ilustre intelectual y orador don Mariano Rajoy, una hora es una hora y un minuto es un minuto. O tal vez no, según la misma oratoria alejada del modelo de Cicerón. En esas cuestiones andamos metidos de nuevo y no son fáciles de resolver en el actual reino de lo indefinido. Ni los relojeros suizos ni el Apple Watch nos proporcionan muchas pistas, más allá de lo que enuncia el catedrático de Filosofía Política y Social Daniel Innerarity: “La palabra futuro nos evoca algo inmediato, lo que tarda en caducar nuestro iPhone, un año y medio más o menos”. O lo que dura un viaje del AVE con cualquier origen y destino, puesto que al cabo las distancias no son hoy más que duración del viaje: el mapa sustituido por el cronómetro.

     O tal vez no, decimos y diría Rajoy, porque también eso del tiempo es relativo. Desde luego, no es lo mismo la gran magnitud temporal, por más que achicada, que los usos temporales cotidianos. Estos, al contrario que aquélla, tienden a extenderse casi hasta lo insoportable. Sobre todo en la medida de la jornada laboral. Es curioso, cuando casi todo el mundo a finales del siglo XX pensaba en el porvenir como la edad del ocio, aparece la que fuera Directora de Planificación del Departamento de Estado del gran imperio, Anne-Marie Slaughter, y advierte: “Para muchos estadounidenses, la vida se ha convertido en una competición permanente. Trabajadores de todo el espectro socioeconómico, desde camareras de hotel hasta cirujanos, cuentan cómo trabajan 12 y 16 horas diarias (muchas veces sin que les paguen las horas extra) y sufren ataques de ansiedad y agotamiento. Los expertos en salud pública han empezado a hablar de una epidemia de estrés”. Así que he aquí una nueva paradoja poscontemporánea: el presente o no dura nada o dura demasiado.

     Y resulta que tales expresiones temporales no sólo provocan angustia o vértigo individuales. Otra consecuencia perversa se produce sobre la vida social y política que, si bien se mira, también desasosiega. Lo deja ver en un comentario la cronista Esther Palomera: “Se confunde regeneración democrática con renovación estética y la moda impone la jubilación de todo aquél con memoria o experiencia”. Pareciera, pues, que el pasado no tiene cabida en esta nueva conjugación, que los pretéritos estorban sobre todo si son imperfectos y que no queda otra que aferrarse a la irregularidad verbal. Son costumbres y tiempos, podría decirse, y a cada tiempo su costumbre. Sin embargo, siendo así y no siendo extraño, algo perturba el panorama más de la cuenta. Es esa referencia a la moda, es decir, el énfasis sobre lo efímero, lo intercambiable y movedizo que no mantiene buena relación con las ideas sólidas y fundamentadas, con el pensamiento. Menos todavía en el ámbito político, donde se debiera exigir algo más que simples eslóganes o imágenes brillantes. Malos tiempos estos en ese sentido, donde, como también advierte Innerarity, “la lógica de la moda ha invadido la lógica política y lo que tenemos son productos de temporada”. ¡Ojo, que hay elecciones en el horizonte!
Publicado en Tam Tam Press, 24 noviembre 2015

martes, 17 de noviembre de 2015

Horarios y jornadas

Mientras en países más avanzados que el nuestro se exploran fórmulas para reducir el tiempo de trabajo que no suponen un descenso de la productividad, que permiten un reparto del empleo y que facilitan la conciliación de la vida laboral y personal y una mayor formación, en nuestro país, con altas tasas de desempleo, seguimos en un modelo de empleo con un gran volumen de horas extraordinarias, muchas de ellas no remuneradas, y con largas jornadas laborales. De ahí el contraste entre, de un lado, el exagerado optimismo con que el Gobierno celebra la disminución del desempleo y el incremento en los valores de las grandes cifras de la economía española durante el último año, y, de otro, la realidad en la que se mueve el grueso de la población trabajadora.

Así se deduce si se analizan algunos detalles de la Encuesta trimestral de costes laborales, elaborada por el INE, que suelen pasar bastante desapercibidos. Observaremos así algo que ya es más que común: la creciente precarización del mercado laboral, especialmente en nuestra Comunidad, ya que hay en ella más trabajadores a tiempo parcial que en España por término medio y además trabajan, de media, menos horas al mes. Advertiremos también que se continúa reduciendo el número de horas no trabajadas (vacaciones, licencias, enfermedad…) tanto en la media nacional como en la referida a nuestra Comunidad, lo cual demuestra la exageración en el discurso sobre el absentismo laboral. Y notaremos, en fin, que en Castilla y León el sector de actividad en donde se pagan más horas por trabajador y mes, por término medio, es Industria (164,7), seguido de Construcción (163,4) y de Servicios (142), sector en el que la contratación a tiempo parcial tiene mayor presencia. Pero, con todo, lo más preocupante que descubre la Encuesta es el aumento de la utilización de horas extraordinarias en unos momentos en que tantos miles de personas buscan empleo y en donde el peso de la contratación a tiempo parcial, como hemos dicho, sigue creciendo.

Publicado en La Nueva Crónica, 17 noviembre 2015

martes, 10 de noviembre de 2015

Perder el Norte


            Lo que siempre fue el Norte hoy se llama el Tropical. Nada es inmutable, desde luego, y mucho menos los bares, que no obstante han sido a lo largo de décadas una seña de  identidad ciudadana más que importante. Desde tiempos remotos, a la orilla del hoy desparecido paso a nivel del Crucero, se situaba un típico bar de barrio con solera, con humo y con partidas en la sobremesa. Se llamaba el Norte, quizá por la cercanía ferroviaria que hacia el norte cardinal orientaba sus raíles, del mismo modo que hay todavía un bar Ferroviario y otras referencias cercanas de ese estilo que tienden a la desaparición. En el caso que nos ocupa, se perdió primero la solera a la par que las costumbres han ido transformándose; luego le llegó el turno al humo, hace ahora una década, como consecuencia de leyes y de otros hábitos dicen que saludables; finalmente, no se sabe si fruto de todo lo anterior o porque sencillamente la gente se muere y es sustituida por otra gente, huyeron los naipes, las fichas de dominó y la algarabía que les servía de envoltorio. El bar languideció, como languideció el barrio todo y su identidad obrera tradicional. Ahora, después de varios episodios fracasados que mantuvieron su raíz a base de tapas de callos y cafés bien hechos, el local se ha actualizado definitivamente: ha pasado a llamarse el Tropical y a ser habitado casi en exclusiva por inmigrantes latinos con sus nuevas maneras a cuestas, sus ruidos, sus aromas, sus ritmos y sus sentimientos. Es otra identidad, como es otra, ya digo, la del entorno entero. Y otros son los tiempos.


     Porque en eso de perder el norte, el rumbo, la brújula, el oremus o la tramontana, que tanto da, tiene mucho que ver la idea de identidad mal entendida. Románticamente entendida podríamos decir, en lugar de hacerlo con lógica o con propiedad, que al cabo es lo que indica el dicho: apartarse del comportamiento considerado lógico. Sí, la estrella polar que indicaba el norte y que buscaban los antiguos marineros para orientarse sigue ahí, en la cola de la Osa Mayor, pero a nadie se le ocurriría en la actualidad acudir a ese procedimiento. El rumbo, bien lo sabemos, lo indican hoy las cartas náuticas y todos los instrumentos que las apoyan, pero sobre todo el radar, el GPS y otros sistemas electrónicos. Podemos sentir nostalgia del pasado y novelarlo, pero da igual: sin haber desaparecido del todo, por supuesto, la identidad del concepto navegación no puede ser ya la misma.

     Algo así sucede, está sucediendo, con las identidades nacionales. Por más que argumentemos con la lengua (una realidad más que evidente), con la bandera (sometida al efecto de la polilla y otras personalizaciones de lo simbólico) y con la historia (muy manipulable), el resultado acaba remitiendo necesariamente al sentimiento, es decir, a lo que no es lógica ni razón, y en ese caso la posibilidad de perder el norte es inmediata. Tanto monta el norte global español como el norte desconectado catalán. Y por eso mismo resulta tan difícil construir de un modo artificial nuevas identidades regionales, como ocurre en el caso de Castilla y León, porque sin sentimiento no hay lógica ni razón que valgan.

     Ahora bien, ni se gobiernan los sentimientos, pues nunca el romanticismo se sometió ni a dueño ni a señor y por eso mismo llama a la desobediencia de las leyes, ni los gobiernos pueden ser sentimentales sin más. No. Puesto que mutamos, y en este siglo a mayor velocidad que en ningún otro momento histórico anterior, lo que nos permite construir país, región, barrio o lo que sea es el acuerdo, es decir, la política, cuya ausencia ha resultado atroz en el proceso independentista, así en el lado de los unos como en el de los otros. Es el ejercicio de la política, con lógica y razón, lo que asegura la evolución de los pueblos, de las regiones, de las naciones o de lo que convengamos; a través de ella se anticipan los cambios y se actúa sobre ellos para resolver el conflicto de intereses; y con su intervención, en fin, se hace frente a la necesaria evolución de la identidad individual o colectiva, que es un proceso obligatoriamente cambiante, obligatoriamente sometido al diálogo y al pacto. Si no se asume esto, mejor apagar la luz y volver sobre la estrella polar o al siglo XIX como están haciendo muchos.

     Es la política, en suma, la que permitirá que convivan la memoria del Norte con la actualidad del Tropical y que lo hagan con salud en un mestizaje que ya forma parte indeleble de nuestro ser. Sur y norte van y vienen por esas cartas de navegación, se mezclan pero no se confunden, se alían para progresar y se respetan. Lo demás, por no ser más crudos, es barbarie y sentimentalismo trasnochado.
Publicado en Diario de León, 10 noviembre 2015