Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

lunes, 21 de marzo de 2016

JAVIER DÁMASO: Incluso sin palabras

EL AUTOR
     Jurista y escritor y profesor en la Universidad de Valladolid, Dámaso es un eslabón más en la cadena que desde Quevedo estrecha vínculos entre la Literatura y el Derecho. Surrealista también, al menos en este libro, y devoto en parte de cierta poesía visual y de otros formatos estilísticos que, posiblemente, bebió en la escritura de Francisco Pino. Y vallisoletano, cosa que también se advierte en estos textos, en el lado más primaveral de estos textos.

EL LIBRO
     Libro juvenil, donde se recogen poemas escritos entre 1986 y 2001, a pesar de ver la luz en este momento. Poesía aparcada, dice él, por causa del estudio y de la entrega académica. Un libro de amor, declara también, preñado de citas que componen un auténtico canon de lecturas casi obligatorias, Para devotos y para profanos.

EL TEXTO
Sus ojos
Quien esculpiera la horquilla
de sus ojos
acariciaba ingrávido
la eterna levedad
en un hechizo.

martes, 8 de marzo de 2016

Manos tendidas

     Turbios tiempos en los que las palabras son intercambiables y los mensajes cruzan de acera sin ni siquiera atender al código de la circulación. No diremos que todo es lo mismo, porque afortunadamente no es así, ni que todos son iguales, porque eso es precisamente lo que quieren que pensemos los opuestos a la diferencia. Sin embargo, dentro de la mejora observada en la retórica política (ha habido esfuerzo, no cabe duda), ciertos tópicos siguen enseñoreándose del lenguaje y estimulan nuestras alertas.

     Ocurrió con las líneas rojas, que ya merecieron aquí comentario, y ocurre ahora con las manos tendidas. Como aquellas líneas, también estas manos sirven para todo, que es como decir para nada. Y para todos, es decir, para nadie. Más aún si los hechos, los gestos y las posturas indican lo contrario. Por eso, cuando tanta mano hay tendida, lo que cabe pensar es que alguna no está a la obra. ¿Se tienden las manos para pedir o para trabajar, para saludar o para estrangular, para exhibir o para acariciar? De todo hay al cabo en este muestrario de manos: las hay que se ofrecen y las hay que se rechazan, las que van al pan, que señalan o que se envuelven en un puño, las hay que se llaman limpias pero que son más sucias que el color de sus togas, las hay firmes o temblorosas, las hay manchadas en cal viva y las hay expuestas al sol sin más miramientos. De manera que conviene tener cuidado y no conformarse con significados simples. Hay que desentrañar el sentido último de esas acciones y de sus referentes, no vaya a ser que el sentido amistoso no sea tal.

     Y algo más a tener en cuenta: hay manos pusilánimes y manos que aprietan cuando se estrechan, manos frías como un cuchillo y manos que abrigan, manos ensortijadas, manos con guantes, manos arriba, manitas y manazas. Porque, a pesar de los lugares comunes con que nos castigan, nada es por fortuna exactamente igual ni semejante es el tacto de quien nos palpa. Por eso mismo, tarea trascendente es saber en qué manos queremos estar.

Publicado en La Nueva Crónica, 8 marzo 2016

jueves, 3 de marzo de 2016

El Ateneo y Norberto

     Por segunda vez en dos años, el Ateneo Cultural Jesús Pereda de CCOO, junto a habituales e imprescindibles colaboradores como el Museo de León, organiza una exposición que desde lo local se cuelga con afán de conquistar espacios mucho más allá de la provincia. En 2014 fue el artista y compañero Manuel Jular el protagonista de aquella iniciativa; en 2016 nuestra atención se fija en otro artista y compañero, Norberto Cabezas, a quien mucho recordamos.

     De su obra fotográfica, tanto profesional como personal, podrían realizarse en verdad numerosas muestras, todas ellas de alto interés. Por nuestra parte, ante tan notable despliegue creativo, hemos seleccionado un asunto que resume bien todo el trabajo que Norberto llevó a cabo. Si retrató las tres marchas negras de la minería leonesa no lo hizo sólo por una cuestión periodística a la que se debía, sino también porque con ello daba luz a sus propios compromisos sociales. Unos compromisos que nunca estuvieron ausentes de su tarea, por más que la obligación laboral le exigiera atenciones de todo tipo y color. Sin embargo, la densidad productiva en el seguimiento de estas marchas nos descubre a un hombre que encarnaba a la vez unos ideales reconocibles posiblemente en esas manifestaciones de rebeldía y de resistencia.

     Por otro lado, el punto de vista de Norberto, capital en un fotógrafo, cuenta además con un componente narrativo que nos ayuda a observar y comprender mejor el relato de aquellas tres caminatas. No se trataba de exaltar valores épicos ni de acentuar melancólicos episodios de la lucha de clases. No, su ojo veía mejor que los nuestros –y la evolución de los tres episodios así lo demuestra- que la estirpe agonizaba y que lo hacía sin doblegarse, de un modo natural y llano. Como sucede en general con los trabajadores y trabajadoras, esa gente humilde pero importante.

Texto para el catálogo de la exposición Norberto en marcha, marzo 2016

martes, 1 de marzo de 2016

Vientos de marzo y otros meteoros

Cuentan que el viento es otro meteoro más, algo así como una corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales. Un asunto vulgar, como se ve. Y sin embargo, esa vulgaridad, ese meteoro molesto según su intensidad, ha generado un sinfín de expresiones, un sinnúmero de términos para describirlo, un puñado de refranes y dichos, y, desde luego, todo un baúl de canciones. Cuentan así mismo que marzo, el mes dedicado al dios de la guerra, es precisamente el mes de todos los vientos (al menos hasta que el clima empezó a trastornarse), y aunque muchas sean las otras festividades que en él se acomodan, desde el día de la mujer hasta el equinoccio de primavera, nadie podrá evitar en un primer momento pensar en marzo como un ser eminentemente ventoso. Ese matrimonio entre el tiempo cronológico y el meteorológico es lo que lleva a Moderato Cantábile a indagar por esa vía del cancionero.

Dos cantables nos parecen imprescindibles para abrir este capítulo: Blowin’ in the wind de Bob Dylan [https://www.youtube.com/watch?v=vWwgrjjIMXA] y Candle in the wind de Elton John [https://www.youtube.com/watch?v=-ohT6EBhh4o]. El primero es la cuna de todos los cantares, no importan su contenido o su firma, ningún otro como éste ocupa un lugar tan destacado en el cancionero colectivo desde que Dylan lo puso en el aire allá por 1962. Sobre ella indicó el propio artista: No hay mucho que decir sobre esta canción, excepto que la respuesta está soplando en el viento. No está en ningún libro o en una película o en un programa de televisión o en un grupo de discusión. Está en el viento, y está soplando en él. Muchas de estas personas me dicen donde está la respuesta pero no voy a creerme eso. Sigo diciendo que está en el viento y al igual que un trozo inquieto de papel tiene que bajar un poco… Pero el único problema es que nadie recoge la respuesta cuando baja, por lo que no mucha gente llega a ver y saber… y luego se va volando. Algo más de una década después, Elton John añadió un eslabón a ese vendaval para acercarlo a la llama de una vela, porque, como ella, ligera es y efímera no sólo la respuesta sino también la fama y la juventud, por cuya pervivencia y esplendor todos nos interrogamos en algún momento de nuestras vidas. Justo antes de que se nos lleve un viento.

En fin, bien decimos que soplan con fuerza los vientos en los campos anchos del cancionero. Pero al igual que ellos reciben nombres distintos según su orientación o su circunstancia, también el tema merece a los creadores enfoques diferentes. Así, nos encontramos con una actitud muy anglosajona en la que se asocia al meteoro con expresiones más que adversas, ya sea para afirmar que “todo lo que somos es polvo en el viento”, como hace Kansas en Dust in the wind [https://www.youtube.com/watch?v=tH2w6Oxx0kQ], ya sea para concluir, como le ocurre a David Bowie en Wild is the wind [https://www.youtube.com/watch?v=PkBZ7qpJxCI], que “mi amor es como el viento, salvaje es el viento”. Por el contrario, la sangre latina no resulta ser tan radical y prefiere hacerle guiños a ese mismo viento según convenga; así procede Violeta Parra en Según el favor del viento [https://www.youtube.com/watch?v=aXLO18OeYkQ] y así remata Bunbury en El viento a favor [https://www.youtube.com/watch?v=f_ri4CacNe0]: “Haz un último esfuerzo / espera que sople el viento a favor”. Pero, sea como fuere, el trío ventoso por excelencia, según nuestro gusto, lo forman Raimon, Kiko Veneno y Amparanoia. En Al vent [https://www.youtube.com/watch?v=b0wEzoEBFfk] el cantante de Xativa encontraba en el viento la metáfora de la vida y con él nos empujaba en los que fueron años y décadas de calma chicha. Después, el rumbero más venenoso nos señaló que el Viento de Poniente [https://www.youtube.com/watch?v=r6w3rafq4kw] “dobla los juncos por la ribera (…) dame un soplito, ponte a mi vera”. Y, por último, Amparo Sánchez nos convenció en Somos viento [https://www.youtube.com/watch?v=5AZR9UWArNk] de que “somos el viento que baila y que canta, / si estamos juntos somos huracán”. Aunque en verdad, para remate de la faena, ninguna banda ha sonado como Burning a la hora de soplar Como un huracán [https://www.youtube.com/watch?v=6ID7OrKHaXA].

Marzo, decíamos, y meteoros. Porque al cabo estamos ante un mes de tránsito entre estaciones, un mes mudable y caprichoso, tan pronto invernal como apuntando hacia las primaveras. Por ese motivo, conviene acompañar al viento con otras muestras meteorológicas que merecerían también una entrega en exclusiva: nieve y lluvia.

La memoria de la nieve es la reminiscencia del invierno que todavía colea por estas fechas y que nos adorna con dos joyas cantables: Tombe la neige del muy francés Adamo [https://www.youtube.com/watch?v=OQKSU6j1-8U] y Roses in the snow de la muy country Emmylou Harris [https://www.youtube.com/watch?v=RalmbOEN5FA]. La primera, melancólica y llorosa, nos invita a la búsqueda de abrigo porque no está el tiempo bueno todavía: “Cae la nieve, / tú no vendrás esta noche / y mi corazón se viste de negro”; mientras que la segunda, como un cascabel, parece arrojarnos al exterior para reanimarnos frente a los amores perdidos: “Hemos tenido sol en diciembre / y arrojó las rosas en la nieve”. Por el otro lado, la lluvia regresa ahora para regar los campos después de los fríos y de las heladas, para nutrirnos y limpiarnos, para esponjar la tierra y los corazones ateridos. Así lo cantan la más que italiana Gigliola Cinqueti en La pioggia [https://www.youtube.com/watch?v=AtiHniGIXfs]  y el más que americano profundo John Fogerty en Have you ever seen the rain [https://www.youtube.com/watch?v=JnuB_DjhC0M]. Cándida la una (“La lluvia no existe / si me miras tú”) y existencial el otro (“Quiero saber si alguna vez has visto la lluvia / caer en un día soleado”), coronan un mes que, junto al viento, barrerá las borrascas y nos situará en la temporada del renacimiento.


Y para concluir, antes de desconectar este dial y entregarnos a la levedad de nuestro ser, puesto que de meteoros hemos tratado, honremos al cancionero con una última cita musical más que recomendable: Los meteoros de Los Cardiacos [http://www.dailymotion.com/video/xw1c86_los-cardiacos-los-meteoros_music], un auténtico himno dedicado a las sensaciones atmosféricas. Salud.

NOTA: Texto destinado a la revista SABA, que ha dejado de publicarse. Con la misma regularidad bimensual, seguiremos publicando artículos no obstante hasta concluir la serie.

martes, 23 de febrero de 2016

Paisaje

     La última entrega de la Encuesta de Población Activa, la que cierra el año 2015, ha sido muy glorificada por el Gobierno en funciones y vendida como una muestra de sus excelencias. Sin embargo, observada con detenimiento, nos permite descubrir el estado de postración irremisible en que se encuentra la economía regional y, sobre todo, la provincial.

     Se aprecia a través de ella la reducción del número de personas en nuestra comunidad menores de 54 años y el incremento de las mayores de esa edad. Destacan en especial las fuertes reducciones habidas durante esos años de gloria en los tramos de 20 a 24 años, de 35 a 44 y, más todavía, de 25 a 34. Un dato más que preocupante si se tiene en cuenta que estas edades se corresponden con las edades fértiles y, por tanto, tales reducciones tendrán futuras consecuencias negativas.

     Notable es también el puesto de Castilla y León, a la cola de las comunidades autónomas, en cuanto a porcentaje de personas mayores de 16 años que tienen titulación universitaria; algo que choca con la idea generalizada de que la proporción de universitarios es elevada entre nosotros. La explicación no es otra, en parte, que la huida de jóvenes con cualificación hacia el extranjero u otras regiones para buscar oportunidades laborales que el tejido productivo del entorno no les ofrece.

     Por último, más que desoladora nos parece la posición de la provincia leonesa en lo que se refiere a tasa de actividad y de empleo. La primera mide el porcentaje de personas de entre 16 y 64 años que están ocupadas o en desempleo, un ranking que sitúa a León en el último puesto y en el que, junto a Soria y Zamora, es donde las reducciones han sido más intensas en el pasado año. La segunda mide el porcentaje de personas que cuentan con empleo o que trabajan por cuenta propia, y también coloca a la provincia en el puesto más bajo. Para acabar de coronarnos, pensemos que en dichas tasas Castilla y León en conjunto está en todos los casos por debajo de las cifras nacionales.

Publicado en La Nueva Crónica, 23 febrero 2016

miércoles, 17 de febrero de 2016

Los trabajos en el siglo XXI

      Lo que siempre fue un concepto tan elemental como sólido y sus protagonistas, una clase medianamente organizada y sentida, reclaman hoy los plurales y una más fina lexicografía. Lo primero porque la desintegración laboral así lo aconseja y lo segundo porque no vaya a ser que alguien se ofenda. Aun con todo, algunas notas se pueden ir redactando ya acerca del ser de los trabajos y del alma de sus actores en esta nueva edad.

     Al margen de las crisis y de sus trastornos, unos pasajeros y otros no, parece evidente que son numerosos los factores que contribuyen a redefinir la idea clásica del trabajo. Ramón Alós enuncia en su libro El sindicalismo ante un cambio de ciclo seis agentes del cambio, que serán una constante durante los próximos decenios: 1) el paro y la precariedad en el empleo; 2) la noción misma de trabajo; 3) la dispersión y la fragmentación de la producción, a las que se añade la subcontratación; 4) las relaciones triangulares, por las que una persona contratada por una empresa presta sus servicios en otra; 5) la gestión de los recursos humanos, y 6) la globalización y “financiarización” de la economía. Diego Beas en La reinvención de la política añade todavía un número 7) el vertiginoso desarrollo de la informática [y de las tecnologías, podemos matizar nosotros] a lo largo del último medio siglo.

     ¿Quiere esto decir que la selva laboral será el único paisaje que conozcan los poscontemporáneos? No necesariamente. Aunque los factores antes nombrados ya están haciendo efecto sobre los trabajos, otras fuerzas actúan a la vez como contrapeso, entablándose de este modo una nueva dialéctica que está por resolverse. Es en ese otro plato de la balanza donde se coloca la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada por la ONU el pasado mes de septiembre. Entre sus 17 objetivos incluye el del trabajo decente, al que dedica expresamente el Objetivo 8: “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”. Este objetivo global, reforzado por metas específicas relativas a la protección social, la erradicación del trabajo forzoso y del trabajo infantil, el incremento de la productividad, la acción a favor del empleo de los jóvenes, la creación de PYME y el desarrollo de las competencias, es una respuesta precisa a las necesidades económicas y sociales de las personas y de los gobiernos en todo el mundo. Y apunta, frente a lo arriba indicado, otro rostro y otra expresión de los trabajos.

     En esa misma línea, no se debe olvidar tampoco una referencia fundamental, la de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), fundada en 1919 y a punto por tanto de cumplir su primera centuria. En su seno, los 186 estados miembros comparten al menos en la teoría cuatro objetivos estratégicos no discutidos: 1) promover y cumplir las normas y los principios y derechos fundamentales en el trabajo; 2) crear mayores oportunidades para que mujeres y hombres puedan tener empleos e ingresos dignos; 3) mejorar la cobertura y la eficacia de una seguridad social para todos; y 4) fortalecer el “tripartismo” y el diálogo social.

     De momento, los dos polos que pugnan por el futuro laboral no están equilibrados. La situación actual inclina más bien la balanza hacia el lado oscuro: el 46% de los empleos en todo el mundo son de “mala calidad”, unos 1.500 millones de personas lo padecen, y el desempleo alcanza ya a otros 197 millones. No estamos como para sentarnos en un queso y comer de otro.
Publicado en Tam Tam Press, 16 febrero 2016

martes, 9 de febrero de 2016

Zarrapastrosos

     Zarrapastrosa, dice Víctor García de la Concha, es nuestra manera de usar la lengua hoy en día, y seguramente tenga razón el director del Instituto Cervantes con sólo advertir que apenas si utilizamos 2.000 palabras de las casi 94.000 que tiene la lengua española. Aunque cabe decir que zarrapastroso ha sido casi siempre el trato concedido por los hablantes a sus lenguas, si exceptuamos a filólogos y a otros viciosos de esas humanidades tan improductivas. Todos sabemos al fin y al cabo que las lenguas evolucionan a partir de sus empleos más corrientes y, de hecho, a nadie le debe extrañar que afirmemos que nuestra lengua no es otra que un latín vulgar, bastante vulgar en verdad; más o menos como la lengua catalana o la gallega, que en esto no hay independencias que valgan: todo, me temo, se lo debemos a los lacayos de Cicerón.

     Sin embargo, lo que no dice el sabio es que zarrapastroso es nuestro mundo en general y que la lengua no escapa de esa condición de descuido que todo lo invade. Que hubo y habrá tiempos más elegantes no se duda y que en paralelo también en ellos el uso de la lengua fue y será más pulcro tampoco. Por lo tanto, lo que nos debe inquietar es en realidad todo ese desaliño maleducado que tiende a convertirse en noma y que incluso es reído de un modo impúdico. Zarrapastroso es el modelo que encarna, por ejemplo, Donald Trump con toda su corte y zarrapastrosa es la política de la Unión Europea en materia de refugiados. Zarrapastrosa es la actual legislación laboral y su coro de voces laudatorias, lo mismo que la corrupción toda y sus excusas de baja estofa. Y Zarrapastroso es un país donde uno de sus ídolos más venerados se llama Torrente o que envía al zarrapastroso festival de Eurovisión para representarlo una canción en inglés, que es una lengua germánica vulgar. Todo esto sin atender a la lista de los programas más vistos en televisión, en cuyo caso lo zarrapastroso supondría llevar demasiado lejos la licencia poética, como diría don Mariano Rajoy.

Publicado en La Nueva Crónica, 9 febrero 2016

martes, 2 de febrero de 2016

Herencias

Los artistas
     Ocurrió que en plena bronca por los despidos de quienes han prestado durante años sus servicios telefónicos a lo que fue la Caja local o regional, ni se sabe ya qué fue aquello, es decir, en medio de otro episodio en su progresivo desmantelamiento, llegaron hace días unos severos analistas de la entidad que ha heredado el negocio y nos dijeron que “la economía leonesa quedará rezagada en el escenario de recuperación generalizado”. Y añadieron que “León crecerá este año por debajo de la media autonómica: 2,4% frente al 2,8%. La evolución del empleo evidencia debilidades estructurales y lastra el avance”. Y se quedaron tan anchos.

     Estos individuos, embajadores ya digo de la firma heredera, incluso han publicado un estudio, pues al parecer se dedican a eso, donde recogen este tipo de originales profecías, aunque seguramente ignoren, dada su alarma repentina, que la provincia de León agoniza desde hace años y que la dichosa crisis no ha hecho más que acentuar sus males; que, de hecho, hemos perdido ya la cuenta de trimestres en que esta provincia figura en la cola del total nacional en lo que hace a la tasa de actividad; que su sangría poblacional la ha colocado al borde del colapso y ése no es asunto de ahora mismo; y que, por rematar el cuadro, la pérdida de poder adquisitivo vía salarios ha sido notable en el último lustro, muy por encima de esas otras medias que ellos miden para llegar a conclusiones tan novedosas. Y van y se hacen una foto con el Rector de la Universidad, lo que ya es osadía de los unos y torpeza del otro.

     Naturalmente, nada dicen estos vasallos de los ilustres herederos acerca del papel que a la Caja y a sus enterradores les corresponde en este duelo provincial. Nada hay del daño causado a esta entidad y a otras como ella, aquella banca semi-pública que hoy se echa de menos, debido a la estrategia general contra todo lo público que encontró en los tiempos de crisis el terreno abonado para la gran liquidación. Cierto es que hubo pecados internos que era necesario purgar, pero cierto es también, aunque apenas se diga, que ha sido al cabo la banca privada la agraciada por dicha purga al beneficiarse con esa suculenta tajada del negocio. Por eso, cuando tanto se ha hablado y se hablará tanto de herencias recibidas, bueno es no ignorar a estos disimulados herederos del ahorro popular y de la naturaleza social de aquellas cajas definitivamente pasada a mejor vida. No hay ya obligaciones ni sociales ni populares. Sólo lucro e interés.

     Desde esa posición es fácil hacer previsiones a favor de obra. Eufóricas previsiones incluso, como las de los ilustres estudiosos antes citados u otros intérpretes de encuestas de población activa. A nadie extrañe que continúen con su márketing de optimismo y nos hablen de “recuperación generalizada”. Ellos no necesitan leer los recientes informes de la OIT sobre la tendencia laboral en 2016, que anuncian un panorama global aterrador; tampoco los de Intermón relativos a la enorme y creciente desigualdad; ni siquiera los del Banco de España relativos a la escasa disposición de metálico por parte de las familias, la cifra menor en el pasado mes de septiembre desde 2005. Del mismo modo que tampoco tienen que atender a otro tipo de herencias con las que cargamos los débiles a nuestras espaldas. ¿Para qué esa perspectiva social en sus análisis?

     Obvian de esta manera que junto a la evolución negativa del empleo los débiles sufren también otros dolores que afectan al reparto secundario de la renta, los que se derivan de destruir lo público en beneficio del negocio privado; tal y como ha sucedido no sólo en lo que aquí tratamos, sino y sobre todo en sanidad y educación: casi 10.000 millones se han perdido en gasto sanitario y 7.300 en el educativo entre 2009 y 2013, según los últimos datos confirmados. Los grandes servicios públicos y las prestaciones sociales —las de desempleo a la cabeza— pagan las consecuencias de los recortes, en un proceso aún no terminado de involución del estado social, de jibarización de lo público.

     Modificar el sentido de esta herencia recibida no será fácil. Otras políticas serán necesarias para permitir, sí, el equilibrio en las cuentas públicas pero de forma más pausada y que, necesariamente, habrán de pasar por modificar los objetivos y ampliar los plazos de la consolidación fiscal del Programa de Estabilidad 2015/2018, por incrementar los ingresos y no reducir más el gasto público en porcentaje del PIB, y por impulsar una reforma fiscal que aumente la suficiencia y la equidad del sistema. Todo esto en términos generales, porque lo que también es evidente es que esta provincia requerirá además otro tipo de impulsos complementarios, sin los cuales es difícil pensar en otro futuro diferente a la emigración y al definitivo agotamiento.

Publicado en Diario de León, 3 febrero 2016

martes, 26 de enero de 2016

En la irrealidad

     Frivolizar con el éxito o anticiparlo de forma temeraria suele producir unos efectos colaterales más que negativos. Sobre todo cuando los destinatarios de esa frivolidad, de esa temeridad, son personas que han sufrido por encima de sus posibilidades durante los últimos años y sólo desean que su destino cambie cuanto antes. Por ese motivo, el espejismo electoral levantado a lo largo del pasado año y la exhortación al consumo como panacea para todos nuestros males han creado una vana sensación de final de la agonía que ahora tiende a desvanecerse.

     Es el Banco de España el que se ha encargado de contarnos que las familias españolas acumulaban 72.940 millones de euros en metálico a finales del pasado septiembre, la menor cantidad de efectivo desde junio de 2005. Esto es así, según el organismo regulador, como consecuencia de combinar la presumida recuperación económica, apoyada casi en exclusiva en el auge del consumo, con la languidez en la mejora de la renta de los hogares. Es decir, que las familias cada vez gastan más, pese a que su renta crece muy levemente, y el resultado no es otro que la reducción del ahorro y una menor disposición de dinero en metálico.

     Sucede así cuando en un sistema se fuerza alguna de las piezas que no acaba de encajar en su sitio: de inmediato repercute sobre todas las demás y el conjunto se tambalea. Queríamos a toda costa un año 2015 con resultados pregonables así en las campañas como en las sedes internacionales que nos dirigen y fue fácil conseguir que todos, con una ingenuidad más que justificada, entrásemos al trapo. Pero la resaca la viviremos, como poco, durante el año que ahora empieza con un retorno inevitable a la casilla de salida.

     Ahora, cuentan, nos mantienen a flote los precios bajos del petróleo, mas lo que no puede soportarse es que este país dependa siempre de variables ajenas que no controla o de ficciones propias que gusta crear. O del sol, que al menos, cambio climático mediante, nos continúa naciendo todas las mañanas.

Publicado en La Nueva Crónica, 26 enero 2016

martes, 19 de enero de 2016

Tarde de sábado en la Gran Vía

     Durante el siglo XX el comercio internacional persiguió en vano su máxima liberalización, pero sólo conquistó una sopa de letras y una serie de sucesivas rondas de negociación. Fueron los tiempos de interminables conversaciones en La Habana, Marrakech, Annecy, Torquay, Tokio, Punta del Este, Montreal, Bruselas y Doha.  Fueron así mismo los tiempos del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y, finalmente, de la OMC (Organización Mundial del Comercio). Eso si, con todo ese ir y venir se sentaron las bases de lo que ya en el siglo XXI es el paso decisivo hacia la ansiada liberalización en forma de siglas todavía más incomprensibles, las de los Tratados de Libre Comercio, ahora de tipo regional o bilateral: ALCA, TLCAN/NAFTA, APTA o el que se cierne sobre nuestras cabezas TTIP.

     Naturalmente, nadie piensa en todo esto, ni falta que hace, mientras deambula una tarde de sábado por la Gran Vía madrileña. No, el paseante ignora ese contexto prediseñado por los opacos poderes multinacionales y, aturdido por el guirigay, se limita sencillamente a observar y asombrarse por esa ceremonia de lo irreal y por ese frenesí de consumo. No obstante, en medio de la confusión recuerda algo que leyó no sabe bien cuándo ni donde, algo sobe el neuromarketing que guía los movimientos de esa masa amorfa de compradores/espectadores y una frase de un periódico que firmaba un tal Luis Grau: “nuestro mundo funciona a base de crear necesidades ilusorias, agotarlas pronto y concebir velozmente otras nuevas para sucederlas”. Uno de los ejes de esa estrategia coincide en el mapa precisamente con este enclave madrileño, aunque toda la ciudad, como otras de referencia mundial, es una auténtica capital del shopping, el puerto de entrada de los flagship store de las marcas de moda.

     Nadie, ni siquiera el paseante escéptico, se pregunta “¿cuánto es suficiente?”, tal y como le gustaría a María Novo, la catedrática de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible. No, lo que dirige el peregrinar de las gentes son los consejos de los nuevos predicadores: “debes quererte más, darte más gustos, cuidarte más”, como advierte Adela Cortina, otra catedrática de Ética y Filosofía Política. Porque el consumidor de la edad poscontemporánea sabe bien que nada es para siempre, ni un abrigo, ni un trabajo, ni una vivienda, ni una pareja, ni una religión. Por el contrario, todo es tan efímero que quienes entran y salen del reino de la cadena irlandesa en boga, 15.000 metros cuadrados en el número 32 de la Gran Vía, sólo se pondrán aquello que han comprado una media de 0’9 veces. Es decir: no importa tanto lo adquirido como el hecho de formar parte de esa nueva liturgia social masiva del consumo low cost.

     Costumbre y obligación en cualquier caso, se trate del black friday, de los ocho días de oro o de las periclitadas rebajas de enero, a todo se nos acostumbra y se nos obliga, dos términos casi sinónimos en esto del comercio. Así es como iremos, poco a poco, haciéndonos al inédito formato de los establecimientos comerciales, no importa la materia de que se ocupen, que se reducirán en breve a dos únicos tipos: el lujo (junto al gran lujo) frente al saldo, la franquicia, el rastro, el outlet y la segunda mano. Ni huella de otros establecimientos intermedios con los que estábamos familiarizados, donde se conjugaban calidad, buen trato y precios aceptables. No existirán más. También del ámbito del comercio se enseñoreará la desigualdad como norma general que habrá de presidir nuestro ser y nuestro estar en los tiempos venideros, TTIP mediante. O casi ya en los presentes, como se puede observar una tarde de sábado en la Gran Vía.
Publicado en Tam Tam Press, 18 enero 2016